Entre universos distintos

Summary

Aquí encontraran OS o drabbles para el evento Vampire Week de la página “Es de fanfics”. Si no les interesa las historias o el shipp dejen de leer, así como dejar comentarios negativos u ofensivos. Los personajes no me pertenecen, sino a Jun Mochizuki. Doy sus respectivos créditos. La imagen de la portada no me pertenece, doy créditos a quien pertenezca.

Genre
Other
Author
Futakubl
Status
Complete
Chapters
7
Rating
n/a
Age Rating
16+

Una noche inolvidable

Día 1: Royalty/Realeza (Banquet/Banquete-Bite/Mordida-Amnesia/Amnesia)

En un reino, donde los plebeyos, los nobles y la realeza vivían con tranquilidad.


Este pertenecía a un único rey y sus dos nietos.


Lo que le parecía un tanto extraño a las personas, es que su rey aparentaba no envejecer.


Pero solo eran rumores que se esparcían por el lugar, ya que la familia de Sade no ha hecho nada cruel, al contrario, su amabilidad es lo que los caracteriza.


Algo que mostró con facilidad el rey cuando acogió a un niño, al cual vestía con ropa rasgada, además de que tiene la peculiaridad de poseer el cabello de color blanco.


Aquel niño, por fin tenía un lugar al cual llamar hogar. Además, de que sentía que ya pertenecía a una familia. Una a la que en verdad pertenece.

Los años pasaron, y los niños eventualmente crecieron.


Toda la gente apreciaba a Noé, ya que él es de caminar por el reino y saludar amablemente a cualquiera. También ayudaba a quien lo necesitara.


A todos ellos, les parecía lindo el verlo emocionarse por cada cosa que le pareciera interesante o le gustara demasiado.


La siguiente era Dominique, a quien veían de vez en cuando en compañía del peliblanco. A ella la consideraban tenaz, muy risueña y generosa.


A su hermano Louis, él es un tanto reservado y un poco serio con respecto a cualquier persona, a excepción de su familia.

Mientras el pelimoreno y Noé se encontraban en la biblioteca, alcanzaron a escuchar claramente los pasos que resonaban por el lugar, oyéndose apresurados.


En solo segundos, las puertas son abiertas. —¡Se me acaba de ocurrir algo!— anuncia la pelimorena con alegría.


—¿Y de qué se trata esta vez?— comenta su hermano sin apartar la vista del libro que está leyendo.


Por otra parte, el peliblanco fue contagiado por aquella alegría, y alzó la mirada para verla con emoción. —Vamos Domi, cuéntanos.


—Como ya sabemos, el abuelo estará de regreso en unos días, por su viaje a la capital— les recordó. —Así que, ¿por qué no hacer un banquete para su bienvenida? Podemos invitar a aquellos a quienes aprecia.


—Es un tanto molesto invitar a muchos, en especial si invitas a los que son como nosotros y… humanos. Sabes que eso no terminara muy bien, querida hermana— explica Louis, cerrando el libro para verla, interrumpiendo a Noé también. Quien iba a dar su opinión al respecto.


—Lo sé— responde sin llegar a ver al peliblanco, al saber que estaría un tanto desanimado por su respuesta. —Así que me di la tarea de elegir cuidadosamente a los invitados, que no serán muchos.


El pelimoreno, observo a su hermana por unos segundos antes de sonreír con cierta gracia. —Oh, ya sé a quién quieres invitar, y uno de ellos es Jeanne.


—¿Qué tiene de raro que invite a una buena amiga?— se defendió.


—Nada— respondió con desinterés y desviando la mirada.


—Domi— comentó Noé acercándose a ella. —¿Crees que podría…?


—Lo siento Noé, pero no va a ver… personas esta vez— contestó al saber lo que iba a preguntar.


Al tomar el valor de verlo, nota que está triste, así que alza su mano para tocar su mejilla—. No te entristezcas, para la próxima podremos invitarlos.


—¿Para qué? ¿Para que sean nuestra cena?


—¡Louis!— lo regaña Dominique, mientras dirige su mirada hacia él. —Sabes que las personas que viven en el reino, a ellos nunca debemos de hacerles algo. Eso es algo que nos ordenó el abuelo.


—Lo sé, lo sé. Solo bromeo— comentó antes de ir a dejar, en uno de los estantes, el libro que sostenía.


La pelimorena resoplo, al no haberle parecido graciosas sus palabras. —No sé qué le pasa últimamente, actúa distinto cada vez. Y detesto decirlo, pero a veces es molesto.


—Ya se le pasará— la reconfortó tomando la mano que lo tocaba, para sostenerla. —Mejor enfoquémonos en el banquete— palabras que claramente cambiaron de humor a la pelimorena.

Ambos habían preparado todo, con la ayuda de los sirvientes también.


La invitación solo había llegado a la familia del Conde Ruthven, donde la peliblanca cuidaba del sobrino de este.


Justamente aquel día, esperaban su llegada.


La más emocionada era Dominique, al poder ver a su amiga después de un largo tiempo.


Al peliblanco le alegraba verla de esta manera, ya que fácilmente comprendía su sentir. Como suele pasarle muy a menudo.


Alcanzaron a ver a lo lejos la carroza distintiva de la familia Ruthven. Así que una vez que se detuvo, Jeanne bajo, y de inmediato la pelimorena se apresuró para abrazarla. Siendo correspondida segundos después.


—Conde Ruthven, es un gusto verlo de nuevo— lo saludo Noé al acercarse al pelirrojo. —También a usted joven Luca.


—Y para nosotros es un gran honor que nos hayan invitado— admitió. —Aunque debo disculparme de antemano por haber invitado a alguien más.


Ambos parecían confundidos por tal declaración, y que el pelirrojo pareciera alegre por ello. Incluso provocó que Dominique soltara a la peliblanca. —¿Y su invitado viene con ustedes?


Ruthven desvió la mirada para verla. —Por desgracia no, ya que me informó que tendría asuntos que atender, así que podría llegar un poco tarde— explicó.


La pelimorena estaba un poco insegura al no saber de quién se podría tratar, aunque tampoco quería ser irrespetuosa al preguntar.


Por eso aprovecho, cuando el peliblanco los guio hacia adentro, mientras ella estaba al lado de Jeanne. —¿Te puedo preguntar algo?


—Por supuesto— responde con una sonrisa.


—¿Sabes quién es el invitado que menciono el Conde Ruthven?


La peliblanca cambio de expresión mostrándose fastidiada por tener que hablar de él. —Por desgracia sí— contesta con un poco de desagrado. —Hace poco menos de un mes, el Conde Ruthven conoció a un tipo. Que a primera vista parece alguien agradable y educado, hasta que habla.


De solo recordarlo, la hace enojarse—. No hace más que alardear del buen médico que es. Y conmigo es con quien recurrentemente lo hace. Por suerte puedo alejarme de él cuando estoy junto al amo Luca— se desahogó por fin con alguien. —Ese Vanitas. Cuanto lo detesto.


A Dominique le parecía nuevo el verla de esa manera, e incluso le parecía un tanto divertido. Aunque eso no era lo primordial que quería saber. —Una cosa más, ¿él es…?


—¡Jeanne!


—¡En un momento amo Luca!, lo siento, tengo que ir— sin esperar alguna respuesta, se alejó.


La pelimorena había perdido su oportunidad de preguntar al respecto de aquel misterioso invitado, ya que desafortunadamente ya no pudo hacerlo más adelante por las innumerables interrupciones, por ello se resignó a descubrirlo cuando este mismo se presente.

Luego de un tiempo, el pelimoreno apareció para saludar. Se había aburrido un poco al seguir leyendo y quería distraerse haciendo otra cosa.


No paso mucho cuando uno de los sirvientes, anunció la llegada de aquel otro invitado.


Por más extraño que pareciera, Noé alcanzó a distinguir un ligero aroma, dándose cuenta al instante, que se trataba de una persona.


—Una disculpa por haber llegado tan tarde— mencionó el pelinegro al entrar a la sala. —Tuve una emergencia con un paciente, ya saben—. Saludo inclinando ligeramente la cabeza, hasta que noto a la peliblanca. —Jeanne, no olvides que tenemos una conversación pendiente.


Ella suspiró con molestia, escondiendo un poco su enojo.


Ahora Dominique conocía la verdad, y estaba un tanto intranquila por ello.


—No te preocupes por eso— contesta el pelirrojo. —Lo importante es que aquí estás— habló al comenzar acercarse hacia él para guiarlo y presentarle a los demás.


Por otro lado, el peliblanco permaneció sin voltear, ya que sintió que sus colmillos habían emergido.


Algo extraño, puesto que jamás había dado indicios de beber la sangre de alguien, menos si se trataba de un humano.


—Noé, ¿qué sucede?— preguntó el castaño disimuladamente, al haber visto que las pupilas de color morado, se tornaron rojas. —¿Tienes hambre?


—Lo siento, pero por favor joven Luca, mencione a los demás que me retiraré por un momento— comentó con rapidez, antes de irse apresuradamente.


—Noé— dijo Ruthven cuando se acercaba para presentarle a Vanitas.


—Mencionó que se retirara por un momento, tío— explicó como se lo había pedido. —Tal vez cuando regrese, podrías presentarle… al señor— recalco la última palabra, mientras veía al pelinegro con cierto odio.


Para Luca no era de su agrado que Vanitas se acercara a Jeanne, es por eso que inventa cualquier escusa para que ella se aleje de él.


Por el contrario, el pelinegro es consciente de lo que el castaño trama, y tampoco es algo que le agrade.


—Si está enfermo, yo podría…— se ofreció al dar un paso, solo que Luca se lo impidió colocándose frente a él.


—No es necesario, él está perfectamente bien de salud, y el mismo dijo que regresara— intervino, ya que él es quien por el momento sabe la verdadera razón del porqué se marchó.


Aunque también Louis, tenía una ligera idea de lo que estaba sucediendo.

El peliblanco había llegado hacia su habitación.


Quería quedarse ahí por un tiempo hasta que calmara sus instintos.


Por la simple razón de que no quiere morder al único humano que se encuentra en ese momento en el castillo.


Camino de un lado al otro, pensando en cualquier cosa que no involucrara aquel delicioso aroma que hace poco lo había tentado.


Al sentir que sus colmillos se habían retraído, dio unas cuantas inhalaciones y exhalaciones, antes de salir para enfrentar lo que está por venir.

Noé regresó nuevamente, así que se propuso a actuar con normalidad. —Por fin estás de regreso— comenta el pelirrojo al haberlo notado primero.


—Por supuesto, no iba a ser tan descortés con el invitado.


—No se preocupe por mí, yo ya estoy acostumbrado a ello— contestó.


—Noé déjame presentarte al médico, Vanitas.


—Encantado, príncipe— comentó mientras hacia una ligera reverencia.


—Oh no, no soy un príncipe como tal. Solo dígame Noé, como todos lo hacen— aclaró.


De pronto un brazo lo rodea sobre sus hombros. —No digas eso— interrumpe el pelimoreno. —El abuelo, Domi y yo, te consideramos parte de la familia, aunque no tengas nuestra sangre— dice con una sonrisa. —Conde Ruthven, ¿podría hablar un momento con usted?


—Por supuesto, si me disculpan— declaró al comenzar a alejarse.


—Los veo después— anunció. Al dejar al peliblanco, paso detrás de él, no sin antes empujarlo por la espalda.


Esta acción lo hizo tropezar y caer justamente sobre el pelinegro.


—¡Por favor, discúlpeme!— comunicó estando tan avergonzado por lo que había hecho sin intención e intentaría levantarse.


—Fascinante— comenta con emoción. —Sus pupilas eran de un color morado y ahora son rojas.


Aquellas palabras no solo alarmaron al contrario, sino también a la pelimorena que había visto lo sucedido—. Creía que solo Jeanne podía hacerlo, pero al parecer no es así. Puede que sea característico de los que tienen el cabello de color blanco.


—Tal vez sea así— interrumpe Dominique con una risa nerviosa, mientras ayudaba a Noé a levantarse. —Vete por un momento, yo lo distraigo— le susurró, además de haberle dado un ligero empujón.


Luego de unos segundos el peliblanco reacciono y volvió a retirarse.


Aquel incidente no era más que perjudicial, ya que la pelimorena temía que Vanitas comenzara a comentarlo a cualquiera, y empiecen los rumores que solo harían que el miedo emergiera en el reino. En especial que comiencen a decir que toda la familia real son vampiros como muchas leyendas cuentan. Lo cual es cierto.


Pero toda inquietud se fue cuando escucho que el pelinegro decía que puede que se deba a alguna reacción a la luz o alguna otra cosa, ya que el mismo menciono que no era mucho de creer en todos los cuentos que decían las personas, al menos que él lo vea con sus propios ojos.


Es un hombre de ciencia, no de cuentos ficticios.

Unas horas más tarde, el rey regreso. Junto con más personas o más bien vampiros, a quienes quería presentar a sus nietos.


Así que solo permanecería un humano dentro de ese castillo.


Estos no tuvieron más opción que aparentar como siempre, ante su presencia.


Estaban todos sentados frente a la mesa, charlando de cualquier cosa con tanta alegría.


Noé, por otra parte, parecía más distraído e intranquilo. Ya que frente a él se encontraba Vanitas, quien conversaba alegremente.


El apetito ahora no era su mejor amigo, más si no dejaba de observar el cuello del pelinegro.


El que más notó esa actitud fue Louis, así que quería probar algo. —Abuelo ¿Puedes permitir que los invitados se queden por esta noche?, ya sabes, para que descansen por el largo viaje que tuvieron.


—Abuelo, no creó que esa sea una buena idea— comenta Dominique. —Usted sabe qué hay… un humano presente— gesticula con su boca las últimas palabras.


—No le sucederá nada— aseguro el pelimoreno. —Nadie podría atacarlo en medio de la noche, ¿cierto Noé?


Al escuchar que lo nombraron, desvío la mirada para verlo. —¿Sí?— respondió sin tener la menor idea de lo que estaban hablando.


—Entonces está decidido— comenta el pelirrubio, antes de anunciárselo a sus invitados.

El peliblanco permanecía dentro de su habitación, volviendo a caminar de un lado al otro. Esto porque tenía hambre.


Anteriormente, había ido a escondidas a la cocina para comer algo, lo que encontrara, solo que no era eso lo que realmente quería.


Así que ahora decidió dar un paseo, aunque para su sorpresa, se encontraba frente a la habitación donde estaba Vanitas.


Por impulso toco a la puerta, esperando que esta no se abriera. Aunque por desgracia, eso no sucedió.


—Oh, es usted— indicó con una pequeña sonrisa. —¿Necesita que lo ayude con algo?


—Yo… bueno, lo que sucede…— tartamudeo al distraerse al ver directamente a su cuello.


—Si gusta puede entrar y decírmelo— le indicó.


Pensaba que se sentía nervioso por decir algo afuera, donde cualquiera podría oír. Por esa razón era mejor dejarlo pasar.


Aunque esa no fue una gran idea, ya que una vez que Noé ingreso, se lanzó contra el pelinegro. Clavando sus colmillos sobre su cuello.


El peliblanco no había probado tan exquisito sabor, no como aquella sangre caliente que pasaba por su garganta.


Aunque en poco tiempo su razón regreso, e inmediatamente se apartó, horrorizado por lo que acababa de hacer.


Con miedo se apresuró a salir y cerrando detrás de él.


—Así que ni tú has logrado resistirte, querido Noé.


El peliblanco llegó a asustarse gracias a aquella voz, notando que se trataba de Louis. Quien al acercarse, alza su mano para que con su pulgar, lo pasara sobre la comisura de los labios de Noé.


De esta forma toma un poco de la sangre y luego procede a lamerla—. Delicioso— comenta antes de irse con una sonrisa.


El peliblanco se quedó un momento sorprendido por lo sucedido, antes de alejarse rápidamente y volver a su habitación.


Esperando que todo esté bien para mañana.

Casi no durmió por la culpa que sentía, así que muy temprano volvió a aquella habitación.


Le tomo mucho tiempo tomar el valor para tocar, y cada segundo se volvía una tortura al esperar a que abriera.


Lo que esta vez pedía, es que Vanitas se encontrara aún con vida. Lo cual confirmo que fue así, cuando este mismo abrió.


—¿Noé?


—¡Yo lo lamento mucho!— se inclinó, esperando que aceptara sus disculpas. —Lo que sucedió anoche…


—¿Anoche? ¿Sucedió algo?—. Aquellas preguntas llamaron su atención, así que se enderezó para notar que la expresión que mostraba el contrario, era de alguien confundido. —Bueno, recuerdo que llamaste a la puerta. Parecías nervioso al tratar de decirme algo, pero luego de eso… no recuerdo nada.


Cuando despertó, se quejó por el dolor en su cuello. Así que una vez que se levanta de la cama, nota que la sábana tenía una mancha de sangre.


Al verse en el espejo de cuerpo completo que se encontraba ahí, también encontró rastros en su camisa. Sin embargo, al buscar alguna herida sobre su cuerpo, no encontró nada.


Intento recordar lo que había pasado para que estuviera en esas condiciones, pero ningún recuerdo vino a su mente—. Así que no sé de qué debería perdonarlo— concluyó.

Cuando todos los invitados partieron, el peliblanco permaneció afuera observando a la lejanía. —Bien hecho Noé— lo felicita el pelimoreno, parándose a su lado. —¿Qué tanta satisfacción sentiste al morder a tu primer humano?


—Yo no…— murmuró con ligera tristeza.


—Claro que querías hacerlo, eso es lo que nos dice nuestro instinto. Pero velo por el lado bueno, eso seguirá alargando tu vida, aunque la del médico… ya no tanto— le dio una ligera palmada sobre su hombro antes de irse.


Aquellas palabras resonaron en su mente, y no hacían más que mortificar al peliblanco, que nunca busco arrebatarle algunos años de vida a alguien. Algo que ya era irreversible.