Insaciable [Kuroko No Basket] by Vermuth at Inkitt
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INSACIABLE [Kuroko no Basket]

Summary

Momoi Satsuki había estado persiguiendo un sentimiento que no podía identificar hasta que finalmente lo logra, pero eso no la ayuda a superarlo. Momoi está hambrienta; siempre lo ha estado: hambrienta de amor, de aprobación y, sobre todo, de victoria. Insaciable [imposible o difícil de saciar o satisfacer]

Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
16+

Uno| Primer Paso


“I am hungry, I have been hungry, I was born hungry, what do I need?"

Abbey – Mitski

El sol comenzaba a salir cuando despertó. Momoi empezó a escuchar los ruidos de la ciudad que también despertaba. Eran las 5:15 AM y el hábito adquirido en su tiempo en Teiko se negaba a abandonarla.

Se escabulló de la habitación en silencio hasta llegar al baño para prepararse para el día. Antes de que Aomine-kun pasara por ella para ir juntos a la escuela, salió de su casa con sumo cuidado; no quería despertar a su madre, a quien odiaba despertar a horas inapropiadas, aunque cualquier hora del día parecía ser mala.

El frío le golpeó el rostro y podía ver su propio aliento escapar.

— Te he dicho que esperar afuera es peligroso —La voz de Aomine la hizo saltar.

— Buenos días para ti también —saludó mientras comenzaba a caminar.

— Eres incorregible —se quejó su amigo, pero caminó a su lado.

Le gustaba caminar junto a Aomine; no tenía que preocuparse por los pervertidos en el metro. Aun así, el sentimiento de vacío no la abandonaba. Solo eran dos piezas de un rompecabezas de siete piezas de la llamada generación de los milagros. A Momoi nunca se le consideró parte de ella; siempre relegada fuera de la cancha, haciendo su propio movimiento milagroso.

— Estás más callada de lo habitual —Daiki la sacó de sus pensamientos—. ¿Tu madre te ha dado problemas?

— Nada fuera de lo normal, nada de lo que preocuparse —alejó la preocupación de su amigo, pero no logró acabar con las propias—. ¿No extrañas a los demás?

La expresión en el rostro de Daiki fue ilegible por unos instantes, solo para darle una mirada triste.

— Déjalo ir, Momoi. Nunca fuimos amigos, solo jugábamos juntos, eso es todo —pudo sentir cómo se le formaba un nudo en la garganta, y aguantó las ganas de llorar.

— Sí, tienes razón —dejó escapar un suspiro tratando de calmarse—. Perdón, no es mi mejor mañana.

Durante el trayecto en tren, a pesar de la incomodidad, Aomine la dejó esconderse entre la pared del tren y él cuando un grupo de oficinistas la miraba demasiado.

El camino fue incómodo para ambos, pero no tanto para Momoi, quien había mantenido su mente ocupada recordando el último partido en Teiko, cada jugada, cada palabra, cada respiración que dio en ese partido, tratando de recordar hasta la última grieta en su grupo de amigos.

Algunas chicas le hablaron durante el día; no se dejó engañar por sus cumplidos o sonrisas. No querían ser sus amigas, solo querían estar más cerca de Aomine. Se enojaron cuando decidió ignorarlas, pero debería haberse molestado porque intentaron engañarla. Sin embargo, había un sentimiento que la acompañaba desde que despertó, uno que ocupaba cada parte de ella, aunque no podía identificarlo.

El ruido del equipo de Tōō no podía ahogar el sentimiento que la había acompañado desde que despertó. Aomine no había ido a la práctica como de costumbre; normalmente, ella lo hubiera buscado, pero hoy no estaba de humor para una pelea sin sentido.

— Son geniales, ¿no cree, mánager? —Ryō Sakurai parecía emocionado por el partido que estaba frente a ellos.

— Sí, son buenos —respondió forzando una sonrisa. Sus pases eran lentos, sus jugadas predecibles. Entendía por qué su amigo prefería saltar; la práctica era aburrida, seguía el balón sin mayor esfuerzo, haciéndola sentir aburrida. Tomó nota del partido de práctica para el entrenador.

El balón se resbaló de las manos de Kōsuke Wakamatsu, desviándose hacia ella. Nadie alcanzó a detenerlo; en cambio, se quedaron esperando que el balón la golpeara.

Satsuki observó el balón venir directamente hacia ella, y lo desvió con su mano dominante como Tetsu-kun le había enseñado. Su palma le ardió al instante que tuvo contacto con el caucho.

Lo entendió cuando vio la cara del equipo, que parecía impresionado. Tenía hambre, había despertado hambrienta de algo que el equipo de Tōō nunca podría llenar. El tiempo en Teiko había despertado un hambre en ella que no podría saciarse con jugadores de poca habilidad.

Tomó sus cosas lo más rápido que pudo, salió corriendo del gimnasio ignorando las preguntas y disculpas de Kōsuke.

Corrió hasta que sus piernas le dolieron. Cuando se detuvo, estaba al otro lado de la academia. Se dejó caer, sintiendo cómo las lágrimas caían por su rostro. Amaba el baloncesto, amaba ayudar, ser parte de un equipo y dar lo mejor de ella para ganar un partido, pero nunca estaría satisfecha en Tōō o en cualquier otra escuela. Había seguido a Aomine porque pensaba que era una buena manera de sentirse satisfecha ayudándolo a ganar, pero él se había aburrido rápidamente del equipo que no estaba a su nivel, dejándola sola.

Se levantó sin molestarse en quitarse la tierra de su falda y comenzó a caminar hacia la salida de la academia, de vuelta a su casa, a pesar de que el entrenamiento no había acabado.

El silencio que reinaba en su casa al abrir la puerta la tranquilizó solo unos instantes, ya que un ruido de algo quebrándose salió de la cocina. Se apresuró a buscar el origen del ruido y encontró a su madre tratando de mezclar bebidas en claro estado de ebriedad.

— Llegas temprano. ¿Ya se cansaron de ti? —su madre solo la miró unos segundos antes de volver a su vaso. No le dio importancia a la pregunta, siempre ha sido así.

— La práctica terminó antes —no esperaba respuesta, comenzó a recoger los pedazos rotos de vidrio con un paño de cocina. Podía ver que su madre estaba descalza, pero no parecía importarle—. No te muevas, podrías cortarte —advirtió.

Por supuesto, ella no hizo caso y pisó uno de los pedazos. Eso no impidió que le diera una patada que la hizo caer sobre algunos vidrios pequeños.

— ¿¡Qué está mal contigo!? —le gritó por instinto. En busca de una respuesta, sintió cómo sus lágrimas se acumulaban en sus ojos al ver a la persona que debería amarla más preocupada por su vaso que por ella o incluso por su propia persona.

— Eres tan sensible, Momoi. Deja de llorar —su madre no parecía importarle haber golpeado a su hija, causándole cortes con los vidrios.

— No te importa, ¿verdad? —esta vez buscó una respuesta.

— Ay, no comiences otra vez. Me cansas con tus quejas —su madre estaba claramente molesta, y podía sentir el vacío en su estómago.

— ¿¡Cansada tú!? —pudo sentir la ira recorrerla—. ¡Yo estoy cansada de arrastrarte hasta tu cama cuando te duermes en la cocina por el alcohol, estoy cansada de comer comida instantánea después de limpiar tu desastre!

— ¡Si estás tan cansada, lárgate! —las palabras de la mujer no la hirieron. Le dedicó una última lágrima a la persona que debía haberla amado, y se dirigió a su habitación por última vez.

Solo tomó lo que creyó que necesitaría. Entre esas cosas estaba el portátil que había recibido en Teiko por parte del equipo para su cumpleaños. Todo fue a su bolso de viaje de Teiko. Salió de su casa cuando ya estaba anocheciendo. Pensó en ir a la casa de Aomine, pero la madre de Aomine era demasiado tradicional y no podría permanecer más de un día allí. Aunque su amigo abogara por ella, Tetsu la recibiría sin preguntas, pero nunca había ido a su casa ni conocido a su familia, y le avergonzaba dar una mala primera impresión a la familia del chico que le gustaba.

Marcó el número con la esperanza de que no estuviera ocupado. Se le hizo un nudo en el estómago con cada zumbido de la llamada, temiendo ser ignorada.

— ¿Bueno? —la voz del otro lado la calmó.

— Ki-chan, necesito un favor.

— Claro, lo que quieras, Satsuki-san —no le dio tiempo a decir otra palabra cuando Ryōta aceptó sin siquiera preguntar de qué se trataba. No sabe cuándo comenzó a llorar, pero sabe que se siente feliz por primera vez en el día.


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