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Un Mar En Declive

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Summary

En la remota ciudad de Asterin, un lugar olvidado por el tiempo, se celebra cada 300 años un misterioso evento que marca el comienzo de una noche interminable. Esta vez, la Luna Roja se alza sobre el mar, desencadenando una catástrofe de proporciones inimaginables. Las temperaturas descienden a niveles abismales y la fría oscuridad se cierne sobre la ciudad, transformando a sus habitantes en monstruos de pesadilla, criaturas deformes y parásitos hambrientos.Astra, la comandante de Asterin, es la única que no sucumbe al horror que devora su mundo. Pero no es humana; su sangre oculta un secreto que podría ser la última esperanza de la humanidad. Mientras el mar se convierte en un abismo rojo y vacío que amenaza con consumirlo todo, Astra deberá huir y enfrentarse a horrores indescriptibles, con el peso del Apocalipsis sobre sus hombros.Acompañada por Atan, un aliado tan enigmático como letal, Astra se embarca en una travesía desesperada para detener la locura que ha desatado la Luna Roja. Pero, a medida que se adentran en las entrañas del terror, descubrirán que los verdaderos monstruos no son solo los que se ocultan en la oscuridad, sino también los que habitan en los rincones más profundos del alma humana.Con el tiempo corriendo en su contra y el mundo desmoronándose, Astra deberá enfrentarse a su propia naturaleza y salvar lo que le queda de humanidad.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

El Alzamiento De La Luna Roja

1/

Año 20// ?


Asterin, la ciudad eterna bajo un manto de nieve, se preparaba para El Untal, la celebración más esperada en 300 años. Las calles, siempre envueltas en un frío permanente, estaban llenas de vida. Los niños, con las mejillas enrojecidas por el viento gélido, jugaban en la nieve, sus risas resonando entre los edificios de piedra antigua. Los adultos, envueltos en abrigos pesados, se movían con propósito, perfeccionando cada detalle de la festividad sagrada. En el horizonte, el bosque nevado esperaba ser explorado, y grupos de cazadores y leñadores, jóvenes y viejos, se adentraban en sus sombras, ignorantes de lo que acechaba más allá de los árboles cubiertos de hielo.


En la cúspide de la ciudad, en la imponente fortaleza de los guardianes, la comandante Astra Winslow se ocupaba de sus deberes con la misma frialdad que la caracterizaba. A sus 2.90 metros de altura, su presencia era tan intimidante como hermosa, una visión de poder en un mundo que temía y admiraba su fuerza sobrenatural. Sus ojos, uno morado y el otro rojo, eran tan penetrantes como las hojas de una espada, y su cabello, rojo como la sangre, caía en cascada sobre su armadura, reflejando la luz pálida del día que lentamente se desvanecía.


Astra estaba acompañada por su fiel amiga, la teniente Carelia Husserl, y juntas disfrutaban de un raro momento de relajación. Se reían, jugando un antiguo juego de mesa mientras devoraban golosinas y gaseosas, un contraste surrealista con la atmósfera solemne que rodeaba la ciudad en preparación para El Untal. Pero el leve respiro se cortó abruptamente cuando el comunicador de Astra emitió un zumbido agudo, seguido de una llamada entrante.


Astra levantó una ceja y tomó el dispositivo, la pantalla parpadeando con una notificación urgente. Con un gesto casi casual, aceptó la llamada, pero en el mismo instante en que la conexión se estableció, el aire a su alrededor pareció congelarse aún más. Al otro lado, no se escucharon palabras al principio, solo un caos espeluznante: gritos desgarradores, el rugido de la multitud en pánico, y algo más… un sonido grave, profundo, que resonaba como un lamento inhumano en el fondo.


Carelia dejó caer su carta ganadora, el color drenándose de su rostro. Astra, sin embargo, mantuvo su expresión imperturbable, pero algo en sus ojos, en esa mezcla inquietante de morado y rojo, se endureció.


-¿Qué demonios está pasando ahí?- Demandó, su voz cortante como el hielo.


La respuesta llegó en fragmentos entrecortados, entre jadeos de terror: “¡La luna… la luna está… roja! ¡Algo salió mal! ¡Todo se está…!” La llamada se cortó abruptamente, sumiendo la habitación en un silencio sepulcral que solo era roto por el suave zumbido del comunicador.


Astra se puso de pie de inmediato, su sombra alargada cubriendo la mesa de juego, mientras Carelia trataba de procesar lo que acababan de oír.


-No es posible…-murmuró la teniente, mirando a Astra con ojos llenos de una nueva y creciente ansiedad.


Astra no respondió. En lugar de ello, se acercó a la ventana y apartó la gruesa cortina. Afuera, en lo alto del cielo sobre Asterin, la luna llena había cambiado. Su resplandor, que siempre había sido un faro blanco en la oscura noche nevada, ahora era un orbe rojo, brillante y ominoso, como si el propio cielo sangrara.


Los gritos en la distancia comenzaron a multiplicarse, convirtiéndose en un coro de horror que se extendía por toda la ciudad. Y en ese momento, Astra supo que la celebración que tanto habían esperado se había convertido en el preludio de una pesadilla que nadie en Asterin había previsto.


-Carelia, estamos bajo ataque- Vocifero finalmente, su voz llena de la fría determinación que la había convertido en leyenda.


-Prepara a las tropas. Lo que sea que esté sucediendo, debemos enfrentarlo de frente.


Mientras la luna roja se alzaba sobre el mar, Astra se dio cuenta de que Asterin ya no era el refugio seguro que siempre había sido. Ahora, era el epicentro de un terror que se extendía como la marea roja, incontrolable, imparable… y profundamente mortal.


La luna roja colgaba en el cielo como una sentencia, su luz carmesí bañando las calles de Asterin con un brillo antinatural. Astra se giró hacia Carelia, sus ojos bicolores ardiendo con una intensidad fría.


-Nos estamos quedando sin tiempo - Murmuró, ya en movimiento. Cada paso resonaba en la fortaleza vacía, como si el eco anunciara la llegada de algo oscuro e inminente.


Carelia, aún recuperándose del choque inicial, la siguió de cerca, su mente corriendo para entender la magnitud de lo que estaba ocurriendo. La ciudad, tan acostumbrada a la calma gélida, ahora vibraba con un terror que crecía a cada segundo. Y lo peor de todo, la luna... Esa maldita luna roja… era solo el comienzo.


Cuando las puertas de la fortaleza se abrieron con un crujido estridente, Astra y Carelia fueron recibidas por un espectáculo de caos. Las calles, que hacía apenas unos minutos habían estado llenas de vida y celebración, ahora eran un hervidero de pánico. Personas corrían en todas direcciones, empujándose, tropezando, algunas cayendo y siendo pisoteadas en la locura. Pero lo que más heló la sangre de Astra no fue la desesperación en los rostros de los habitantes, sino los cambios que comenzaban a tomar forma en ellos.


Al principio, eran pequeñas alteraciones: un brazo que se alargaba de manera antinatural, ojos que se tornaban de un amarillo brillante, dientes que sobresalían como colmillos afilados. Pero mientras la luz roja de la luna se intensificaba, las transformaciones se volvieron grotescas, deformando a los habitantes de Asterin en algo mucho más siniestro. Lo que alguna vez fueron humanos ahora se convertían en bestias, sus gritos de terror transformándose en rugidos inhumanos.


-Astra…-La voz de Carelia era apenas un susurro, llena de horror.


Frente a ellas, una mujer que había sido una de las organizadoras de El Untal, ahora era un monstruo retorcido, su cuerpo cubierto de escamas negras, su rostro completamente desfigurado. Su boca, ahora una fisura vertical llena de dientes irregulares, se abrió en un grito ensordecedor antes de lanzarse hacia un grupo de niños que lloraban, atrapados entre las ruinas de un puesto de comida.


Astra actuó sin dudar, desenfundando su espada con un brillo metálico. En un movimiento rápido y preciso, decapitó a la criatura, que cayó al suelo con un sonido sordo, su cuerpo contorsionándose espasmódicamente antes de quedar inmóvil. Pero el alivio fue breve. Por cada monstruo que caía, tres más se levantaban de la multitud, sus cuerpos deformados por el oscuro poder de la luna.


-No podemos salvarlos a todos- dijo Astra, su voz baja pero firme.- Tenemos que llegar al centro de esta maldición. Detenerla desde su fuente.


-¿Pero cómo?- Preguntó Carelia, su mirada oscurecida por la desesperanza.


-El mar…-Astra giró su mirada hacia el horizonte.


Desde la cima de la fortaleza, podía ver el océano más allá de la ciudad, donde un abismo comenzaba a formarse. El agua, que normalmente brillaba bajo la luz de la luna, ahora se veía oscura, como si estuviera drenando hacia un vacío sin fin. Y allí, en el centro del vacío, un resplandor rojo surgía del abismo, pulsando como un corazón latente.


-El mar está vacío- dijo Astra, su tono cargado de una mezcla de fascinación y horror. -Algo ha despertado en sus profundidades, algo que no pertenece a este mundo.


Mientras hablaba, una nueva ola de gritos llegó desde la parte baja de la ciudad. Astra entrecerró los ojos, su mente ya calculando el próximo paso.


-Tenemos que ir al puerto. Sea lo que sea, viene del mar. Es allí donde detendremos esto.


Carelia asintió, aunque la duda aún nublaba sus pensamientos. Sabía que seguir a Astra significaba enfrentar algo más allá de cualquier pesadilla que hubierdo. Pero también sabía que no había otra opción.


El viaje hacia el puerto fue un descenso hacia la locura. Las calles se llenaban de monstruosidad tras monstruosidad, las mutaciones de los habitantes volviéndose cada vez más extremas y aterradoras. Los edificios, antes robustos y permanentes, ahora se desmoronaban como si el propio suelo se estuviera resquebrajando, tragándose todo a su paso.


Finalmente, llegaron al borde del mar. Allí, en el borde del abismo, Astra y Carelia se detuvieron, contemplando el espectáculo surrealista que se desplegaba ante sus ojos. El mar, o lo que quedaba de él, era un remolino de oscuridad líquida, girando hacia abajo como un desagüe que succionaba la realidad misma. Y en su centro, la luz roja pulsaba con una intensidad que hacía doler los ojos, iluminando figuras que se arrastraban hacia la superficie.


Astra apretó los puños, su mente ya planeando el enfrentamiento. “Esto no es un accidente. Alguien, o algo, ha provocado esto… y debemos detenerlo antes de que todo Asterin se pierda.”


Pero antes de que pudieran avanzar, el agua comenzó a burbujear y agitarse. De las profundidades del vacío emergió una figura gigantesca, su silueta apenas visible en la penumbra, pero lo suficiente para que ambas comprendieran la magnitud del terror que se avecinaba. Una monstruosidad, más antigua que el tiempo, se estaba despertando.


Y Astra supo, en ese instante, que su lucha por salvar Asterin apenas estaba comenzando.


.


.



.

.

.



El monstruo emergido del abismo había caído, pero su derrota no trajo la paz que Astra y Carelia esperaban. Mientras la criatura gigantesca se disolvía en el aire con un rugido final, el mar, que había sido un vórtice imparable, se detuvo bruscamente. Un silencio antinatural se extendió por el puerto, un momento de calma antes de la verdadera tormenta.


Astra, jadeando por el esfuerzo, apenas tuvo tiempo de asimilar lo que sucedía. Las aguas del mar, que alguna vez fueron tan azules como el cielo en invierno, comenzaron a oscurecerse, tornándose de un color rojo carmesí que se extendía con rapidez, tiñendo todo a su paso. El olor a sangre y metal llenó el aire, y una sensación ominosa cayó sobre ellas como una manta fría.


-Esto no es normal- Murmuró Carelia su voz cargada de una ansiedad que luchaba por contener.-El mar… está muerto.


Astra asintió, sus ojos bicolores fijos en el horizonte enrojecido. La tranquilidad del puerto ahora era inquietante, y ambas sabían que no podían quedarse allí ni un segundo más.


-Tenemos que regresar a la ciudadela- Dijo Astra, en un tono urgente.-La verdadera catástrofe está empezando.


Sin perder más tiempo, ambas comenzaron a correr hacia Asterin, dejando atrás el puerto y la monstruosidad derrotada. Mientras avanzaban, el frío se intensificaba, y la nieve, antes tan blanca y pura, comenzaba a teñirse de rojo también, como si la misma tierra estuviera siendo contaminada por la oscuridad que emanaba del mar.


Al llegar a la ciudadela, la escena era mucho peor de lo que esperaban. El caos reinaba en cada rincón, los gritos de terror resonaban por todas partes mientras los habitantes se enfrentaban a un horror indescriptible. Los parásitos, conocidos como Carmitis, habían comenzado a emerger de las sombras, mutando con rapidez, devorando todo lo que encontraban a su paso. Las criaturas, con cuerpos retorcidos y mandíbulas llenas de dientes afilados, se abalanzaban sobre los humanos, corrompiendo la ciudad con su presencia.


Astra y Carelia, luchando contra el pánico creciente, se abrieron paso entre la multitud enloquecida, protegiendo a todo aquel que podían. Astra se detuvo un momento, levantando a un niño aterrorizado que se encontraba solo, sus ojos llenos de lágrimas.


-Tranquilo, estarás bien-Le aseguró, aunque su mente sabía que la situación era todo menos segura.


Carelia se mantenía cerca, cubriendo sus espaldas mientras avanzaban hacia el puesto de control principal. Los Carmitis se multiplicaban a un ritmo alarmante, sus cuerpos mutando de formas cada vez más horribles y letales. La ciudad que alguna vez fue su hogar, ahora se estaba convirtiendo en un campo de batalla infernal.


Finalmente, llegaron al puesto de control, donde Astra rápidamente activó la sirena de emergencia. Su sonido penetrante resonó en toda Asterin, una llamada de auxilio desesperada para cualquier fuerza capaz de ayudar. Pero Astra sabía que solo un despliegue militar masivo podría tener alguna esperanza de contener lo que estaba sucediendo.


Con los Carmitis avanzando rápidamente, Astra no dudó en emitir una señal de alerta a nivel internacional. Sus manos se movían con rapidez sobre los controles, enviando la petición de intervención militar de alto rango a todas las naciones que alguna vez habían confiado en su liderazgo. Al recibir la confirmación, Astra sintió un mínimo alivio, pero sabía que la ayuda tardaría en llegar.



-Tenemos que sacar a los civiles de aquí - mencionó Carelia, mientras observaba por la ventana cómo la ciudad se desmoronaba bajo el ataque imparable de los parásitos. Astra asintió, ya formulando el próximo movimiento en su mente.


-Al bosque Wyatth- decidió Astra. -Es nuestra única oportunidad de proteger a los sobrevivientes. Las criaturas no nos seguirán allí... al menos no fácilmente.


Con la decisión tomada, Astra y Carelia comenzaron a reunir a todos los niños y civiles que podían encontrar, guiándolos hacia un camión abandonado en la periferia del puesto de control. El vehículo era grande y resistente, diseñado para soportar los climas más duros, pero incluso así, Astra no estaba segura de si sería suficiente para escapar de la pesadilla que se estaba desatando.


Mientras subían al camión, Astra se aseguró de que todos estuvieran a salvo en el interior, sus ojos escaneando constantemente el área en busca de cualquier amenaza. Los Carmitis seguían mutando, sus cuerpos distorsionados y deformes arrastrándose por las calles, devorando a aquellos que no habían logrado escapar.


-¡Vamos, Astra!- gritó Carelia desde el asiento del conductor.


El motor del camión rugiendo en la fría noche. Sin dudarlo, Astra saltó al interior, cerrando la puerta tras ella con un estruendo. El camión comenzó a moverse, alejándose a toda velocidad de la ciudadela, mientras los gritos de los que quedaban atrás se desvanecían en la distancia.


El camino hacia el bosque Wyatth era oscuro y traicionero, las sombras de los árboles alargándose bajo la luz roja de la luna. El silencio dentro del camión era palpable, solo roto por los sollozos de los niños y el rechinar de los neumáticos sobre el suelo helado. Astra se sentó junto a Carelia, su mirada fija en el camino, sabiendo que lo peor aún estaba por venir.


El bosque Wyatth, siempre un lugar de misterio y leyendas oscuras, ahora parecía más aterrador que nunca. Las ramas de los árboles se alzaban como garras contra el cielo, y una niebla espesa comenzaba a envolverlos, ocultando lo que pudiera acechar más allá.


Astra respiró hondo, preparando su mente y cuerpo para la siguiente fase de la pesadilla. Sabía que no habría descanso, no hasta que encontraran un lugar seguro, si es que tal cosa aún existía.


“Cualquiera que sea el origen de esto,” dijo Astra en voz baja, “lo enfrentaremos. Y lo destruiremos.”


Carelia asintió, su rostro endurecido por la determinación. El camión se adentraba en las profundidades del bosque Wyatth, llevándolos hacia un destino incierto, mientras la sombra de la Luna Roja seguía acechando sobre ellos, implacable y aterradora.


La verdadera batalla por la supervivencia estaba a punto de comenzar.




Díganme les gustó?

Estaba confundida por subir esto ya que es algo confuso y lo se pero esto es solo una parte del primer episodio.

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