Los sabores del amor

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Summary

Artemisa tiene una panadería prácticamente en banca rota, Olivia, la mejor amiga de su hermana y quién tiene un crush con ella desde la primera vez que la vió, va a intentar ayudarle a salvar el negocio que le dejó su madre, y quizás con suerte hacer que en ese proceso, la diosa de la caza y castidad, se enamore de ella. Olivia ya no es más la niña pequeña que unió a su mamá Pauline y su mami Juliana, para que estuvieran juntas, ahora es una joven adulta que siempre ha tenido un crush con la hermana de su mejor amiga. Esta vez su plan se centra en unirse a ella misma con su crush antes de marcharse con la beca de pastelería de primer nivel que ganó en Francia. Quizás en su plan no solo se logre unir a Artemisa, sino que también una los pedazos rotos del corazón de su crush, que hace mucho metió y guardo en un cajón, para no querer volver a sentir el desgarrador dolor de perder a alguien. En un panadería dónde entre sabores, descubrirán ambas, que sabor tiene el amor.

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18+

1 Crush de varias

Olivia tenía un crush con una diosa griega, lo tenía desde que tenía uso de razón y desde que la madre de dicha diosa en cuestión estaba viva y trabajaba en la panadería de enfrente. Ya que dicho lugar quedaba lo suficientemente cerca del restaurante de su mamá Pauline, pero no lo suficientemente lejos para no admirarla desde la distancia.

—Persi, Persephone levántate que llegarás tarde a la universidad.

—Cinco minutos más Ar.

—Ya pasaron quince desde hace cinco minutos y no vas a irte otra vez sin desayunar —la destapa.

—¡Artemisa! —grita enojada—. Hace frío.

—No me digas. Arriba o la próxima vez nadaras con los peces —le tirará un vaso de agua.

Deja a su hermana menor en la universidad y se va a hornear a la panadería para estar lista a la apertura y comenzar otro día como cada día con su rutina. A primera hora, como casi cada día llega su primer clienta desde hace años.

—Buenos días —entra saludando con una gran sonrisa.

—Buenos días, Olivia.

—¿Cómo está Persi?

Bien. Aquí está tu pedido y es lo mismo de siempre.

—Gracias. Dales mis saludos a tu hermana.

—Serán dados. Ten, un buen día.

Y así como vino, se fue. La interacción nunca dura más de 15 minutos. Olivia cada día es la primera clienta en comprar, ella le ayuda a su madre en el restaurante, recibe proveedores o pasa a ayudar cuándo hay mucha gente. Por Persi, Artemisa sabe que Olivia estudió alta cocina y está habiendo un curso de pastelería, ella y su hermana son muy unidas, casi desde que su madre le compró a su padre esta panadería con todos sus ahorros, para que él cumpliera su sueño, que solo duró 3 años, el tiempo que ella vivió para verlo realizarlo a su lado.

—Artemisa —la puerta se abre de nuevo y es Olivia de nuevo—, casi lo olvido pero mi mamá, Juliana, me dijo que les dijera, si quieren ir a cenar esta noche. Es noche de torneo de pizzas.

—Claro, pregúntale a Persi, yo no tengo problema.

—Bien, adiós.

—Adiós.

Cierra con llave hasta la hora de la apertura, se apoya en la mesa de trabajo exhausta. La rutina de amasar y hornear todo sola, la tiene completamente cansada. Mira a un costado y ve una foto de Persi el primer día de universidad con una gran sonrisa, ella es quién la motiva a seguir adelante y como no puede costear un ayudante tiene que hacerlo todo sola.

—Bueno a trabajar, que ese título no se pagará solo.

Para tener tan solo 26 años parece una persona de unos 80, solo trabaja, tiene un solo mejor amigo que es el panadero que le enseñó todo, Ambrose. Ni siquiera ha salido a citas. Pero siendo honestas ¿con qué tiempo? Sí, abre temprano, para trabajar en la masa que dejó el día anterior, hornea, le deja la panadería a su única empleada mal pagada, va a comprar en su vieja Ford los sacos de harina y todos los productos, los deja en la panadería y vuelve a casa para cocinar el almuerzo, vuelve a cerrar, trabaja dejando la masa lista para el día siguiente y vuelve a casa agotada, a veces ni siquiera cena, solo se baña y se acuesta. Lleva en la misma rutina desde los 17 años y está realmente agotada.

—Hola Artemisa, buen día.

—Buen día, Louisa.

—Dime Lu, sueño cómo mi abuela cuándo me llaman por mi nombre. Ya bastante malo es que me lo pusieran.

—Sabes que se me hace raro llamar a alguien por un apodo o diminutivo, solo lo hago con mi hermana —la chica rubia con la punta de su cabello rosa suspira y se limita a sonreír.

—Te traje una taza de café y un pie de arándanos, de chocolate blanco, con chispas de chocolate que te gusta —esta panadería vende lo muy básico, no tiene presupuesto y la verdad que tampoco tiene buena mano con lo dulce—. ¿Mucho trabajo?

—Lo normal.

—Sabes que si quieres puedo venir más temprano y ayudarte.

—Sabes que no puedo pagarte horas extras.

—Lo haría con gusto —a Lou le gusta mucho Artemisa—. El fin de semana hay un concierto de un solo de piano ¿Quieres ir... ¿Conmigo?

—Louisa —la mira seria—. Soy tu jefa, y no creo que...

—Solo te invité a un concierto de piano, no es una cita —se defiende. Claro que pensaba transformarlo en una cita— ¿Hace cuánto que no sales o disfrutas algo que te guste

La repuesta es desde hace casi 10 años que tuvo que hacerse cargo de su hermana, abandonar la escuela y siendo tan solo una adolescente, trabajar en la panadería para mantener a ambas, mientras su padre llegaba borracho cada noche y vomitaba por dónde pasaba.

—Puede ser.

—Eso no es un sí.

—Es un puede ser.

—No vendrás ¿Verdad? —suspira mirando el suelo.

—¿A dónde no irá el pitufo gruñón de mi hermana?

Entra Persi, una castaña con un piercieng en medio de las fosas nasales, muy parecida a su hermana solo que ella tiene pómulos prominentes y una mandíbula algo más chica y menos marcada que la de Artemisa. Saluda con un abrazo a Lou y le da un beso en la mejilla a Artemisa, a Lou le encantaría poder ser quién besa a si a la castaña de la que lleva casi enamorada 6 meses, y por la que viene a trabajar, ya que el sueldo es bastante poco. Deja sus cosas colgadas en el perchero al lado de la puerta del baño, lava sus manos y se pone un delantal para ayudarle a amasar o a sacar el pan caliente del horno.

—Le decía que hay un concierto de piano, que viene el sábado y ella está buscando una excusa para no ir.

—Definitivamente tienes que ir, amas tocar el piano y hace mucho que no sales ¿Cuándo es?

—Este fin de semana, el sábado a las 7 p.m. en el auditorio Mozart.

—Ahí estará.

—¡Perséfone! —la rubia y su hermana se sonríen y no le prestan atención— ¡Louisa! —ella se va a atender adelante en cuánto siente la campanita de la puerta—. Me corresponde a mí decidir si quiero ir o no —su hermana le resta importancia con un ademán de su mano— ¿Qué haces aquí tan temprano?


—Nos retiraron temprano por amenaza de bomba —se encojé de hombros, mientras su hermana la mira preocupada—. Algún estúpido que se quiso salvar de un parcial ¿Dónde dejo esto? —la castaña le señala dónde poner la bandeja caliente y mete otra tanda de pan al horno— Con respecto a —cierra la puerta que da adelante—, lo del concierto de piano ¿Por qué no quieres ir? —antes de que diga la respuesta que ya conoce de memoria— ¿Sabes que usarme de excusa para vivir en tu baticueva, dejará de ser efectivo más temprano que tarde, verdad? Ya no soy una niña, soy una universitaria y por el amor de Dios, Artemisa, necesitas conocer gente, sobre todo gente con la cual hacer cosas de adultos —le hace la seña de tener sexo.

—No voy a hablar contigo de mi vida sexual, Perséfone.

Desde que Artemisa le confesó ser bisexual, ella ha tenido la fantasía de tener una cuñada, ya que sus cuñados eran unos idiotas y quizás elija mejor a las mujeres.

—Bueno, no hay nada de que hablar de todos modos. Con Tontín estuviste 3 meses y lo terminaste, Dios que deprimente y que poca dignidad que tenía para venirte a llorar en la puerta de la panadería, con Peter saliste dos veces, y el otro imbécil ¿Cómo se llamaba? Parker el imbécil, que solo hablaba de los riesgos de la bolsa, las inversiones y el gimnasio, ah y andaba contigo y con ¿Tres más? —Artemisa sonríe mientras corta los pedazos de masa—. Lo odiaba.

—Casi ni se notaba.

—No uses el sarcasmo conmigo —la amenaza con la manga de la crema, mientras come un merengue—. Me dijo Oli que estamos cordialmente invitadas a cenar esta noche a su casa —su hermana asiente— ¿Puedo pedirte que seas más sociable, uses más palabras que solo monosílabos o de más de cuatro letras?

—Sí.

—Ar.

—De acuerdo.

—Artemisa.

—Bien.

—¡Artemisa! —le dice exasperada y su hermana sonríe—. Que tonta eres —le tira un pedazo de masa y le saca la lengua—. Eres más antisocial que el Grinch —se encoje de hombros—. ¿Ni siquiera te importa verdad?

—La única persona con la que tengo que ser sociable es contigo y porque eres mi hermana.

—Auch, eso dolió —se toma el pecho—. no ni siquiera me importa —le saca el dedo medio.

—Mira a la insolente. Te cortaré ese dedo Perséfone —la amenaza con un cuchillo—. Solo tengo que ser social contigo y bueno Ambrose, que es mi amigo.

—¿Te das cuenta lo deprimente que es tu vida? Solo te hablas conmigo porque tienes que, con Ambrose y con Louisa porque ella te obliga a hablarle prácticamente.

—¿Para qué más? Si lo único que tengo que hacer es trabajar y...

—Arte —coloca una mano en su brazo y sabe que cada vez que usa ese diminutivo que usaba su madre viene algo serio—, no tienes que seguir postergando tu vida —intenta refutar—, sí, lo haces. Pero honestamente ya no estoy segura si es por mí o por ti —deja de amasar—. Mereces ser feliz hermana, ¿lo sabes? —asiente—. Entonces deja de cerrarte. Estoy preocupada —ella blanquea los ojos e intenta alejarse—, Arte, lo digo en serio. Yo eventualmente haré mi vida, y no quiero que seas la señora de los gatos, ya tienes uno y por algo se empieza.

—Lucifer es un amor y lo amas.

—Lucifer es tu viva imagen, hasta te mira con desdén —ella se ríe—, y encima tuviste la genial idea de ponerle Lucifer —su hermana ríe—. Eres joven Arte y aunque no te lo creas también hermosa, lo sabes bien, pero no lo aprovechas que es diferente. Hasta —quiso decirle que hasta Lou lo veía, pero si se lo decía era muy probable que cancelara la cita del concierto, porque claro es eso será una cita—, que te des cuenta de lo que eres.

Artemisa mira sus manos llenas de pedazos de pegote de masa, y se pone a pensar que ella sabe que su hermana tiene razón. Es una chica joven, por el amor de Dios, solo tiene 26 años, es atractiva, está soltera, tiene su propio negocio, un gato infernal, y cabello lacio castaño digno de una campaña de shampoo, por supuesto que sus ojos color miel que se ponen un poco más claros cuándo se enferma, o más oscuros cuándo se enoja, hacen que ella sea una mujer deseable, ciertamente su altura le aporta elegancia, y los músculos de sus brazos y manos de tanto amasar hicieron más de una vez fantasear a Lou con ella y poca ropa de por medio en la mesada mientras la harina caía al suelo y la tomaba entre sus fuertes brazos.

—Hornearemos dos tandas más, dejo la masa leudar para cuándo venga a cerrar y nos vamos a almorzar.

—Vendré contigo, no quiero que lleguemos tarde a cenar por tu culpa —ella blanqueó los ojos.

—Cómo si ser impuntual fuese mi defecto genético. Ese es tu placer culposo, hermanita.

—Entonces vendré contigo, para que yo no llegue tarde a cenar.

Ambas rieron, Artemisa sonrió negando con la cabeza y Lou que la miraba desde la puerta algo abierta se derritió ante la sonrisa de su jefa, que pocas, sino es que ninguna vez sonría con alguien más que no fuera su hermana.