Cuentos: La carta

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Summary

Una seguidilla de cuentos cortos que nos narran historias que me imagino, y que posiblemente estén más conectadas de lo que crees, por lo que espero que disfrutes estos cuentos.

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1
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n/a
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13+

La carta

En un asilo a las afueras de la ciudad se encuentra un anciano, el cual se la pasa mirando el paisaje de afuera por un ventanal, siempre con mirada de añoranza, su estado no le permite estar sin su silla de ruedas, un semblante que ya reflejaba la edad una media curvatura en su espalda, arrugas por toda su cara y los bellos faciales, así como de su cabellera era blanca, blanca como la nieve que caía en ese momento, pues era invierno, el pobre viejo estaba siempre en esa silla de ruedas y mirando un paisaje que dependiendo de la estación cambiaba, lo que era común era que ese ventanal, diera la vista hacia lo que era la entrada del asilo, un árbol, una jacaranda, para ser exactos, y la calle en donde pasaban los coches, día y noche se la pasaba en ese ventanal y en esa silla de ruedas, pero a pesar de lo que muchos pudieran pensar no era callado ni mucho menos infeliz, todo lo contrario, platicaba y decía que vivía sus últimos momentos de vida viendo el mundo de otra manera, este viejo tenía un nombre, se llamaba Antonio, pero en el asilo era conocido como don Antonio, era el más viejo del mismo, tenía cerca de unos 97 años, ya tenía tiempo en el mismo asilo, cerca de doce o trece años, cuando de plano ya no podía valerse por sí mismo, ni su esposa tampoco, si tenía una esposa, y lo dijo de esa manera debido a que ella falleció hace dos años, sin duda su partida hizo que el pobre viejo se la pasara más tiempo en el ventanal, mirando el paisaje y a las personas pasar.

-María… María -gritaba don Antonio, pero claro esto le supuso un esfuerzo por lo que después de gritar empezó a toser.

-Ya le dije que no soy María, don Antonio- decía una enfermera, de por lo menos 35 o tal vez 38 años, de complexión robusta, nariz achatada, cejas pobladas, ojos cafés y de cabellera negra, eso sin contar con el hecho de que le tapaba los ojos los lentes, los cuales le servían para mirar de mejor forma el mundo- Me llamo Clara, pero bueno dígame qué desea…

-Si ya veo María… bueno resulta que quiero que mires el correo y veas si no hay una carta para mí, es muy importante- decía don Antonio mientras seguía viendo el ventanal.

-Clara… si ya iré a ver el correo, pero no creo que cambie la cuestión de un día para el otro, para empezar desde que está aquí pide lo mismo, que revisemos el correo… eso sin contar de que según lo que yo tengo entendido usted no tiene más parientes…. O ¿Me equivoco?

Don Antonio tenía la manía de hacer que el personal o su esposa en su momento fueran a ver el correo, al parecer el pobre viejo espera una carta de una persona, o bueno eso ha dado a entender, pero ¿De quién? Muchos se preguntaban eso, pues hasta donde había contado su esposa antes de fallecer, ellos no pudieron tener hijos, por otra parte, no tenían familiares cerca, debido a que no tenía buenas relaciones con esos familiares, los cuales pueden ser sus hermanos. Por lo que era todo un misterio el hecho de que no supieran quien le enviaría una carta, tal parece que las únicas personas que sabían este hecho era su esposa y él, poco hablaba de la persona de la que espera la carta, pero todo era un misterio, por lo menos para el personal, pero el punto es que ya casi nadie envía una carta, entonces, ¿Cómo es que sabe que le enviara una carta? La otra cosa que se preguntaban todos era ¿Cómo sabe dónde vive el anciano ahora? Las preguntas surgían sin para, pero las respuestas eran pocas, por lo que simplemente decían que iban a ver el correo haciéndole creer al viejo que lo harían, pero hacían otras cosas para que después le dijeran las típicas respuestas como “No había nada para ti” o “Tal vez todavía no llega”, pero de cierta forma el viejo siempre esperaba la carta. Sin alejar la vista del ventanal se podía ver como el viejo observaba a través del reflejo del cristal como es que volvía Clara, con las malas noticias de siempre.

-No llegó nada don Antonio, parece que todavía no llega su carta… ¿Seguro que vendrá una carta para usted? Perdón mi insolencia, pero no cree que la persona que debió de mandarle la carta a lo mejor… bueno ya sabe… pasó a mejor vida.

-Imposible- replicaba don Antonio de manera calmada- Sé que él todavía vive, me dijo una vez que iba a vivir cientos de años, aún no han pasado los cientos de años, por lo que debe de seguir viviendo.

-Si bueno, yo también quiero vivir cientos de años, pero es imposible que un humano viva tanto tiempo… además de que de seguro que no sabe dónde es que se encuentra usted, por lo cual, si le parece ¿Qué tal si se olvida de la tan famosa carta?

-Mmmm no creo en la palabra que él me dijo, me dijo que me escribiría una carta narrando todas sus aventuras, y eso espero… además no creo que se le haya olvidado…. Creo.

- ¿Qué cree el anciano? – decía una voz de niño la cual se oía, estaba detrás de clara, tenía el cabello alborotado, tenía una paleta en la boca y un balón en la axila derecha, unas pecas en su cara y su cabello negro- ¿Carta? Pero eso ya está en desuso, lo de hoy es mandar un correo…

-Cállate Rodrigo, perdón don Antonio, resulta que él es mi hijo, se llama Rodrigo, tiene cerca de 10 años, se supone que lo iba a cuidar mi hermana, pero le surgió un imprevisto, el punto es que le pido que perdone su altanería…

-Oooh vaya María ¿No pensé que fueras madre ya? Pensé que eras una solterona… eso sin contar de qué bueno menos pensé que tendrías ya un hijo, aunque no se parece mucho a ti, ¿Se parece a su padre?

-Si, él se parece mucho a su padre… -decía en tono triste Clara- Además de que me llamo clara.

-Oooh bueno parece que por tu tono no tienes buena relación con el padre de tu hijo… lastima un niño debe de contar con ambos padres.

-Mi padre es un irresponsable… - respondía de manera directa Rodrigo.

-Ehh ¿Tu padre qué? Pequeño no debes de expresarte de esa manera de tu padre, no sabes que sin él no estarías ahora aquí – le contestaba don Antonio.

-Tiene razón don Antonio, Rodrigo te pido que no vuelvas hablar de esa manera de tu padre, si es cierto que tiene sus defectos, pero un hijo jamás podrá juzgar a quién le dio la vida, por más irresponsable que este sea… aaahhh aunque me duela con todo el corazón no puedo negar lo que digo Rodrigo…

-Aaaah ya veo, pero dime ¿Por qué dice el chiquillo que su padre es un irresponsable? Seguro que no lo dijo a la ligera, porque no me cuentas un poco más- decía mientras volteaba la cabeza hacia Clara.

-Mmmm no lo sé, la verdad es que hablar de eso no me parece lo mejor, además ¿No cree que se entromete en asuntos que no le interesan don Antonio? ¿No le parece que eso es ser un chismoso o meterse en la vida de los demás? - preguntaba Clara.

-Pues claro por eso pregunto ahora es una hora muerta, por lo que ningún coche va a pasar, además ¿Por qué crees que estoy en el ventanal? No es solo para ver a las personas o coches pasar, quiero enterarme de la vida de los demás, perdón, pero mi gusanito de chisme me lo dice… - contestaba don Antonio.

-Bien hagamos un trato, yo le cuento sobre el papá de Rodrigo y usted me cuenta acerca de la carta, para que de cierta forma no sea el único chismoso en la vida de los demás, además de que siempre me ha intrigado la persona que espera recibir una carta, por lo que se, desde que está en el asilo, siempre esperaba una carta, pero su insistencia se ha intensificado desde la muerte de su esposa, ¿Si es que me lo puede contar? – decía Clara con una voz calmada, pero tímida.

-Mmm bueno es cierto, pero digamos que desde que mi María falleció, he sentido más cerca la muerte, y ese amigo me dijo que cuando sintiera la muerte cerca me mandaría una carta, o por lo menos eso me dijo, según sus palabras me diría acerca de sus aventuras y me daría un obsequio junto con ella, por lo que desde la muerte de mi esposa… bueno digamos que siento que mi momento está cerca, por lo que acepto tu propuesta,ya te dije una parte ahora dime la historia, la del papá del chamaco- Decía don Antonio, poniendo su silla frente a Clara y mirándola fijamente.

-Aahhh, ¿Cómo empezare?... Ya sé, digamos que él y yo nos conocimos mientras estudiábamos, estábamos en la misma preparatoria, por lo que no fue difícil verlo, además de que éramos del mismo salo, yo era aplicada, él era un delincuente juvenil… vaya, suena a una novela juvenil, pero era la verdad, el punto es que en un trabajo por parejas, nos tocó hacer el trabajo juntos, era un chico problemático, era altanero, eso sin contar que a esa edad ya fumaba y bebía alcohol, eso a pesar de que apenas era nuestro segundo año en la prepa, como sea, durante el trabajo peleamos demasiado y teníamos enfrentamientos muy a menudo, empecé a verlo de otra forma y antes de terminar nuestro segundo año de prepa nos enamoramos y tuvimos una relación loca durante el verano, el punto es que para cuando estábamos en tercero de preparatoria, nos hicimos novios, tenía un complejo con él, ya que de cierta forma quería reformarlo y tenía el complejo de salvadora, ya sabes me dijo que de cierta forma yo era la única que lo cuidaba de buena manera, por lo que caí como mensa en su trampa y me fui enamorando más y más de él… - Decía Clara con cara afligida y con un tono de voz apagada.

-Entiendo de alguna manera pensaste que podrías corregir su camino y hacerlo un humano de bien, en pocas palabras pensabas que por ti y luego por él bebe que tuvieron, ósea Rodrigo luego él cambiaría, ¿No es cierto? Hay muchacha, créeme como decía mi padre, jamás creas en que una persona te baje hasta el cielo, pues éste jamás ha existido, solo es un reflejo del puro del mar, pureza que no tienen esas personas y que lo quieren compensar bajando hasta lo imposible.

-Tiene razón don Antonio, pero me deje enceguecer, y de cierta forma es como usted dice, empecé la universidad y en mi segundo año de la carrera resulte embarazada de Rodrigo, abandone a mis estudios y empecé a cuidar de mi hijo, mientras que el papá estaba “trabajando”, rápido me enteré de que robaba a las personas para podernos dar algo de dinero, pero claro yo jamás pensé que era robado, cuando lo descubrí le pedí que dejara de hacer eso y que se pusiera a trabajar de manera honrada, pero él se negó, dijo que exigía demasiado y que de saber esto jamás se hubiera casado conmigo, porque nos casamos, aunque sea por el civil, el punto a todo ello, es que a partir de que tuve a Rodrigo empezó a verme de una manera diferente y a tratarme de peor manera, me empezó a apegar, claro no tan fuertes, además de que empezó a decirme fea y gorda, pero seguía con é por el niño, hasta que me canse debido a sus problemas con el alcohol siempre nos metía en deuda tras deuda y lo termine abandonando, sé que no fue lo mejor, pero quería que mi hijo si tuviera futuro, solo le aguante tres años, tal vez fui demasiado inconsciente y debí de dejarlo antes, pero una parte, una pequeña parte pensó que si cambiaria. Pero no fue de esa manera, nos mudamos de ciudad y llevamos casi siete u ocho años en este lugar, desde entonces el papá de mi hijo apneasy lo busca, claro no le quitaría el derecho de tener una relación con su hijo, pero quería alejarme de él lo máximo que se pudiera, bueno en grandes rasgos fue mi vida y la del papá de Rodrigo, en cuanto a mis padres… bueno digamos que nunca aceptaron a mi ex, por lo que una vez que me fuge con él me dejaron de hablar y por lo que me dicen viejas amistades, ellos dicen que no me reconocen desde entonces como su hija, espero un día poder hablarles de buena manera y presentarles a su nieto… - Decía desanimada Clara con unos ojos rojos y llorosos, mientras intentaba ocultar su cara a su hijo para que no lo viera llorar.

-Ya veo que lastima, seguro que si un día les hablas ellos te comprenderán, no creo que sean unos malos padres, además estoy seguro que querrán conocer a su nieto, si yo fuera tu padre estaría enojado, pero rápidamente se me pasaría y quería lo mejor para ti y mi nieto, sin duda también pasará con tus padres – Comentaba don Antonio.

-Si mamá, yo pienso lo mismo que don Antonio, de que mis abuelos estarían enojados, pero jamás nos echaría a la calle, además si no tengo un abuelo… ehh bueno empezare a decirle abuelo a don Antoni, no ves que dijo que si fueras su hija- decía en tono burlesco Rodrigo

-Ohhh espera nieto, oh claro si un nieto y ¿Sabes que es lo que te daría como mi nieto? – le preguntaba don Antonio a Rodrigo.

-Ya se unos dulces o tal vez me alzarías y me darías un paseo en el parque o aún mejor dinero para que me compre lo que quiera.

-No un coscorrón, eso es lo que te mereces chamaco, pero bueno supongo que de cierta forma si hubiera sido un abuelo consentidor, pero dejando eso de lado ¿El papá del chamaco no quiere recuperarlos a ambos? Digo que tal si después de que lo abandonaran quiere recuperarlos María – preguntaba don Antonio a Clara.

-No, no creo, y no me llamo María, soy Clara, además por lo que supe al parecer ya está de la mano con otra mujer, por lo que supongo que ya está rehaciendo su vida, aunque claro no es como si hubiera cambiado, sigue siendo el mismo desde la prepa… Pero dígame usted acerca de la carta que está esperando, ya que yo hable dígame acerca de la famosa carta- Decía Clara secándose las lágrimas.

-Bien, muy bien María, pero esta va a ser una excepción, para empezar, déjame decirte que soy un veterano de guerra y ahí mismo conocí a mi mejor amigo… Aaa Mmmm no recuerdo el nombré ahora mismo, pero era sin duda un gran guerrero, tenía una puntería privilegiada, además de que en combate cuerpo a cuerpo era uno de los mejores, pero dejando de lado ese tema, él me rescato miles de veces de tener un encuentro con la muerte en la batalla del altiplano, ya hace unos años.

- ¿Veterano de guerra? ¿De qué guerra habla? – preguntaba Clara confundida.

-Calla las preguntas al final María, primero escucha lo que tengo que decir… bueno prosigo, el punto es que era ya mediodía cuando nos mandaron a vigilar al frente, teníamos la tarea de que no se acercara el enemigo en lo que los generales hacían las negociaciones de paz, que llevaría al mundo a una paz nuevamente, el punto es que durante el entrenamiento militar esa persona era mi superior, ah ya recuerdo era el superior Gidjar, era un hombre alto, de un físico trabajado por años, cabello largo y dorado, orejas que terminaban puntiagudas, una nariz respingada y bien formada y unos ojos que me hace recordar a los ríos, por lo que de cierta forma se podía decir que era un buen mozo, el punto es que en realidad era mi superior y me entreno antes de la batalla, fueron un par de meses de intenso entrenamiento, antes de la batalla del altiplano, por lo que de cierta forma el hecho de que este vivo y contándote esto es gracia a Gidjar, en fin durante ese descanso me acuerdo que me dijo que si ganábamos la guerra me daría una carta en esta me daría un regalo y me platicaría acerca de todas sus aventuras después de la guerra, él quería explorar el mundo y viajar de un lado al otro con el fin de decir que fue el primero en recorrer ese mundo tan grande, pero para ello teníamos que aguardar hasta que las tropas enemigas se rindiera, es decir que retrocedieran, pues a unos kilómetros de donde estábamos estaba una población civil a la cual defendíamos, y las negociaciones podía fallar o el enemigo aprovechar para apoderarse de unas tierras antes de que se firme el acuerdo de paz y decir que ahora esas tierras le pertenecen, el punto es que teníamos que defender el punto, éramos cerca de 100, mientras que el enemigo era cerca de 150, teníamos una desventaja numérica, baja pero era considerable, por lo que nos la tuvimos que ingeniar para que el mismo no entrara a nuestra fortaleza y después a la ciudad más cercana, pero mientras eso pasaba los generales estaban en el acuerdo de paz y el me contó cómo es que fue su niñez y todo lo que vivió hasta ese momento, me dijo que no quería casarse o tener descendencia y que lo mejor es ser un espíritu libre… Tal vez no lo entiendas del todo María, pero esa también es una buena forma de vivir, claro yo me quedo con mi María, no tú si no la que me espera en el otro mundo, el punto es que Dardo nos interrumpió y nos dijo que las tropas enemigas venían marchando desde el este hasta donde estábamos, por lo que nos pusimos en las trincheras, esperando a que el enemigo viniera, con nuestras caravanas y nuestras espadas daríamos la pelea más intensa de esa guerra, no fue fácil, pues ninguna de las dos partes quería ceder, pero… Pero afortunadamente pudimos aguantar el ataque enemigo y con las bajas casi en cero, mientras que el enemigo… se fue sin unos hombres más.

-Wow todo muy heroico y me parece que ya sé por qué espera esa carta, pero don Antonio jamás participó en una batalla, lo sé por qué no estaba inscrito jamás en el ejército del país, además cuando se produjo la guerra más cercana ya casi nadie utilizaba caravanas y ni mucho menos espadas, si no me va a decir la verdad está bien, pero no ande inventando esas historias tan fantasiosas… - decía Clara a punto de irse.

-Alto María, todo lo que estoy diciendo es cierto, no estoy diciendo una mentira, es mi palabra y no me invento nada, lo viví, fue real – Decía don Antonio.

-Mmmm déjame dudar de su palabra, si es así descríbeme a ese tal Dardo, digo si lo que dice es verdad es que me dirá que era una persona y no un ser mitológico, además dígame el nombre de la guerra y los países involucrados, si es que lo que dice usted es verdad.

- ¿Cómo es posible que no me creas? Pero está bien te diré todo lo que debes de saber, para empezar a Dardo, era… Bueno era- decía nervioso mientras Rodrigo y Clara, que lo miraban fijamente- era un ser antropomórfico, verde, cabeza de sapo, así como también su cuerpo… Puede que no se escuche tan convincente, pero deben de creerme, dijo la verdad, teníamos unos petos de lo que parecía ser plata, brillosos, en los mismos petos que nos servían para protegernos estaba estampada el símbolo de la nación que defendíamos, era la cabeza de un lobo que aullaba a la luna, el mismo peto nos protegía en la parte delantera, ya que en la parte trasera solo se podía amarrar, algo también de plata que nos cubría el muslo y que llegaba a la rodilla, eso sin contar de lo que parecía ser una rodillera de plata y una que iba de la parte baja de la misma rodilla hasta el tobillo, todo protegido por la parte de enfrente, sé que no es lo mejor y se lo dije a Dardo y a Gidjar, perono tenía otra opción que acatar las ordenes, mientras que me ponía un casco, el cual era de cobre, no me pregunte el porqué de las cosas, la verdad no sé cómo es que termine en ese lugar, solo cuando acorde estaba en ese lugar, solo recuerdo una luz blanca un silencio y cuando me di cuenta estaba en lo que parecía una gran pradera verde, en la que había uno que otro animal pastando e inmensos árboles y diversas plantas, la misma maleza apenas me llegaba casi a las rodillas, el punto es que me refugie en un país, era el más cercano, creo que se llamaba Cretos, no lo recuerdo del todo, como sea este país estaba en disputa por una porción de tierra, justo la que estábamos defendiendo, por lo que para que me pudieran ayudar, me dijeron que tenía que esperar a que terminara la guerra y que tenía que ayudar, fue en contra de mi voluntad, pero me parece que no tenía más opción, por lo que decidí acceder a su petición, claro no fue fácil, pero de alguna manera Sali con vida de ahí… la guerra se le conoce como la guerra por el rio Grang, ya que por medio de la ciudad pasa un rio, que según el enemigo contiene una cosa especial que ellos estaban buscando, pero la verdad es que ignoro los detalles, el punto a todo ello, es que lo que dijo es verdad, aun no sé qué tipo de carta recibiré, o que tipo de regalo me dará Gidjar. – Decía con un tono serio don Antonio mientras miraban a Clara y Rodrigo, que estos mismos se miraban mutuamente incrédulos.

-Aammm perdón la pregunta señor Antonio – decía de manera educada y confusa Rodrigo – Pero no existe eso en este mundo no hay sapos como usted los describe, además pareciera un reino medieval y no una distopía con cosas avanzadas y cosas que se parecen al inicio de la edad media… Lo sé por qué en mi escuela me dicen que en la edad media se peleaban con espadas, además de que en la misma no mencionan esos países, y si lo que dice es verdad entonces, mmm bueno le ocurrió algo por lo que dice, pero ¿Qué sería?

-Es cierto lo que dice mi hijo don Antonio, creo que la historia que nos dice no es más que eso, una historia que se sacó de su imaginación y no algo que haya pasado en realidad, dijo si no le hubiera dicho algo a alguien más como a su esposa no lo cree, no creo que ella le haya creído en un primer momento – Dijo en tono pasivo Carla.

-Tienes razón, ella me dijo que inventaba eso, ya que estuve cerca de un mes desaparecido, que ella me salió a buscar y que no me hallaron, según yo iba a cazar, pero no regrese hasta un mes después, en cuanto le platique que es lo que me pasó ella me dijo que era un farsante y que pensaba abandonarla, ya que creía que el hecho de no poder tener hijos serían suficientes motivos, pero era erróneo, veras María, mi María tendía a sobre pensar las cosas, por lo que esos miedos le abundaban en la cabeza, pero creo cómo es que los convenceré, con lo mismo que convencí a mi mujer en su momento, fue un regalo que me dio el gobernador del país que defendí, se trata, de… - Decía don Antonio mientras se sacaba una cosa del pantalón que traía puesto, estaba escudriñando hasta encontrarlo con la mano, y después de un rato al parecer lo encontró y se los mostró- Miren María chamaco…

Era una piedra que cabía perfectamente en su mano y que dentro de la misma estaba una flor que flotaba dentro de lo que parecía ser una misma galaxia dentro de una piedra, pues parecía que había planetas y estrellas dentro de la misma piedra, pero eso era el centro de la piedra, ya que a sus alrededores estaba brillando con los colores del arcoíris, la flor que estaba dentro de la misma piedra era de color rojo y parecía que de ella chisporroteaban llamas, por lo que Clara y Rodrigo se quedaron viéndola un buen rato, atónitos por lo que veían, por lo que después de sorprenderse y casi quedarse boquiabiertos se frotaron los ojos, mientras que la cara de don Antonio era la de alguien satisfecho, supongo que debió ser el hecho de que en este planeta no hay algo similar.

-Si es una piedra, bueno para ellos se les llama el grial, pero dejemos eso de lado, me dijeron que solo pasas a la luz del sol, por lo que si se pone en la oscuridad solo parece una piedra normal, por lo miren- decía don Antonio mientras tapaba la piedra de los rayos del sol con sus manos- Ven se puso de nuevo como una piedra normal, jajaja sin duda es un buen regalo de despedida, pero también se lo dieron a los seres más valientes, como a Dardo y Gidjar, en cuanto a Dardo, bueno el no lo acepto, ya que dijo que no lo necesitaba, que él solo quería estar en su granja cuidando de sus animales y cuidando de sus plantas, si en cuanto a animales ja me acuerdo que me enseñó una larva de por lo menos unos cuarenta centímetros de, me asuste como nunca… aunque ahora que lo menciono me dijo que tenía un amiguito más que un día perdió, no se mucho al respecto, solo me acuerdo que me dijo que un día su hermano menor se encontró con una criatura que no era de ese mundo.

- ¿Cómo que no era de ese mundo señor Antonio? – preguntaba intrigado Rodrigo.

-Si me dijo que era extraño, no era que había visto antes, era una criatura pequeña que apenas le llegaba a las rodillas, tenía una capucha azul y que cuando lo vio por primera vez se asustó, ya que no tenía ni ojos ni boca, ni orejas y que tenía la piel gris, además me dijo que su hermano le quito una máscara blanca que este traía, era extraño, pero fue su compañero durante mucho tiempo hasta que este mismo se extravió, claro jamás volvió a mencionar más de este ser, que no supo al final que era. – Decía don Antonio con las manos en el mentón, mientras se guardaba la piedra en el bolsillo.

-Bien parece algo extraño la verdad don Antonio, pero de cierta forma pareciera tan real lo que me dice que no lo puedo creer, no sé cómo es que su esposa aceptó su versión de la historia, me cuesta creer lo que usted me dice, pero supongo que si no quiere decir nada más por algo debe de ser, por lo que no le insistiré más don Antonio, igual me parece que le daremos o bueno pediré que le hagan un examen clínico, o mejor aún que venga la psicóloga a verlo, a lo mejor lo que dice son solo delirios de… De bueno una etapa final. – Decía Clara.

- ¿Qué? ¿Qué dices María? Si yo estoy perfectamente cuerdo, además que cuando se lo dije a mi esposa me hicieron ese examen, me dijo que estaba alucinando, claro también le enseñé la piedra y es una cosa normal que no me crean, pero lo que digo es verdad, en cuanto a qué más puedo enseñarles… bueno tire un papel que me dio el rey y que a la luz de la lunabrillaba con un tono como morado, pero es cierto lo que estoy diciendo, deben de creerme, además María no estoy loco como para que llames a la psicóloga o al psiquiatra… ¿Qué acaso lo de la piedra no fue suficiente prueba? Digo no es como que esta misma la puedas encontrar en cualquier parte del mundo.

-Sí mamá qué tal si lo que dice el señor Antonio es real, qué tal si estaba en un mundo diferente al nuestro, ¿No crees que es bastante interesante?-Decía Rodrigo emocionado al escuchar la historia.

-Oooh claro que es verdad, yo no digo mentiras, por lo que no necesito ningún loquero, eso no es necesario conmigo María. – comentaba enfurecido don Antonio.

-Si…. Bueno el hecho de que me llame María, cuando en realidad me llamo Clara, es algo que de seguro es muy normal, pero bueno solo serán unos pequeños chequeos, nada grave, solo o verán y diagnosticaron, no va a ser nada del otro mundo, ja del otro mundo – Decía mientras se empezaba a reír muy fuerte, pero Rodrigo y don Antonio solo se quedaron en silencio mirando, al escuchar tan lamentable chiste.

-Ja si claro mamá, pero dígame más de ese mundo, siga hablando de ese mundo en donde estuvo durante un mes señor Antonio, que lo que me dice es más interesante que jugar.

-Muy bien chamaco, te diré todas las historias que quieras saber, porque no te sientas, mira trae esa silla que está al lado de la puerta de donde está para tu madre y te la traes aquí cerca del ventanal, así voy a poder seguir mirando mientras te cuento todo lo que viví en ese mundo… - Respondía don Antonio mientras que Rodrigo arrastraba la silla hasta donde estaba el don Antonio, quien empezó a hablarle de sus aventuras – Bien, ¿Por dónde empezar?

-Ya se por el principio, de cuando dijo que cuando acordó estaba en una pradera muy verde – Decía Rodrigo que con todo el entusiasmo empezó a escucharlo.

-Bien que don Antonio te cuente sus historias fantasiosas, mientras deja me quedo en la recepción, a ver si no llega no lo sé, un duende a preguntar por usted, si me necesita solo grite mi nombre CLA-RA entendió mi nombre.

-Si María ahora vete deja le cuento a tu hijo mis épicas aventuras… ahora veras, para empezar si es cierto que desaparecí un mes, pero en el mundo que estuve pasaron cerca de tres años… - Empezaba a decir don Antonio que entretuvo al niño durante un par de horas.

Después de hablar de cómo es que era este mundo, el conflicto que se desató en el mismo y las aventuras que tuvo con Dardo y Gidjar, de cómo es que los conoció y de cómo es que salvo la vida de cientos de razas de ese país se le empezaba a secar la garganta, pues en realidad si parecía que dentro de sus aventuras si habían pasado mucho tiempo, era como si el tiempo que estuvo fuera no solo de años si no de décadas. Mientras que el niño se le quedaba mirando con cara de incredulidad y de asombro ante lo que estaba diciendo el viejo, era claro que lo que decía no era normal, todo lo explicaba hasta con lujo de detalle, no había una cosa que no explicara, pero claro para el niño también todo esto no era más que simple fantasía de un pobre viejo, el cual seguro quería contarle un cuento a un hijo, hijo el cual nunca pudo tener junto a su amada y de lo cual es el único arrepentimiento que tenían en su matrimonió, las horas pasaban y eran casi las cinco de la tarde, había pasado toda la tarde el viejo y el niño hablando sobre el país Cretos, una nación que a palabras de don Antonio era una de tantas que había en ese mundo y que de cierta manera también era poderosa, se decía que la nación Cretos era una de las cinco naciones más poderosas del mundo. La tarde llegaba y con ello la despedida de Clara y Rodrigo que no se des apartó del viejo, pues las historias que contaban realmente eran entretenidas y de mucha fantasía, algo que a Rodrigo le fascinaba.

Era tiempo de empezar a dejar a los ancianos al cuidado del personal de la noche, parecía que el ambiente empezaba a sentirse solo, muchos ancianos empezaron a meterse a sus cuartos, los cuales estaban detrás de recepción, pero don Antonio y Rodrigo seguían platicando, a sabiendas de que pronto el turno de Clara terminaría, estaban sentados cómodamente en lo que parecía ser una sala comunitaria, aunque había dos esa sala en particular era la que más le agradaba a don Antonio, debido a que no había mucha gente ahí, eso debido a que muchos ancianos han sido llevados en contra de su voluntad a ese lugar, por lo tanto algunos prefieren no pensar en que algún día podrán salir de ahí tristemente, en el caso de don Antonio sabía que estaba ahí por propia voluntad, como no tuvo alguien que lo cuidara pago para que cuidaran de su esposa y de él.

Antes de llegar a esta sala había un pequeño pasadizo en donde había bodegas, y recámaras donde comía el personal y guardaban ropas, o sábanas para las camas en donde dormían las personas mayores, así como una bodega de medicinas, la cual solo se podía acceder por medio de una llave, llave que tenía en ese momento Clara, el ocaso del sol dejaba los últimos destellos y la noche aparecía en el horizonte. Clara estaba haciendo unos reportes cuando alguien de la nada entro por la puerta, como Clara estaba tan ocupada para ver en ese instante a la persona espero a que se acercara al mostrador, para poder atenderlo, con la cabeza agachada en el papel solo pudo decir “Espere un momento por favor”, mientras seguía escribiendo en el reporte, en cuanto a cómo es que sabía que alguien entro, fácil la puerta era automática y se abría sola cuando alguien pasaba por enfrente, además de que tenía un timbre que solo hacia ding dong cuando alguien pasaba la puerta, sin duda un buen sistema, al cabo de unos segundos Clara empezó a subir la mirada para atender a la persona que entró.

-Si buenas tardes le puedo ayudar en algo – le dijo Clara a esta persona, pero al término de su frase se quedó mirando de mejor manera a esta misma persona, tenía una belleza sin igual, unos ojos azules como el mar, una cabellera dorada que se la ataba con un chongo en la parte de atrás, eso sin contar de que tenía la nariz fina y respingada, las orejas estaban pegadas, pero en la parte superior de estas estaban un poco largas, como si tuvieran un vértice que se va para arriba, no tenía barba o bigote alguno, además de que parecía medir casi dos metros, sin duda la belleza de esta persona dejo sin palabras a Clara que solo pudo decir con una voz tartamuda – ¿Qué es lo que se le ofrece?

-Hola buenas tardes, disculpe el inconveniente, pero quisiera saber si se encuentra una persona llamada Antonio, vera él y mi padre sin duda tuvieron buenas aventuras cuando eran jóvenes y me dijo que le diera una carta, por lo que me la pase buscando como loco por toda la ciudad, solo sabía que vivía en esta linda ciudad, pero poco más, dígame ¿Aquí está el señor Antonio? – Preguntaba el hombre.

-Si, si creo que, sí es él mismo, está en la sala de estar, pero dígame ¿Cómo es que se llama usted y cómo es que se llama su padre? No quisiera admitir a un extraño, así como así, por lo que le pido que se identifique – respondía Clara con firmeza.

-Jajaja claro, me llamo Guillermo, y a mi padre lo conocen como Gidjar, él me dijo que quería entregarle una carta a un viejo conocido, junto con un obsequio, por lo cual me pidió que se lo entregara, verá mi padre ya está viejo y me dijo que posiblemente el señor Antonio este igual, por lo cual me pidió que antes de que los dos se vallan de este mundo le entregara esta carta o bueno este sobre que contiene la carta.

-Vaya no sabía que Gidjar fuera real, entonces se inventó toda esa historia de fantasía, porque era algo que hacían tu padre y don Antonio, no lo puedo creer, pero bueno supongo que al fin llegó su carta, si me la permite se la entregaré antes de irme, por lo pronto puede marcharse y dejarme el sobre, se lo agradezco mucho – Decía Clara mientras estiraba la mano para recibir el sobre.

-Jajaja fantasía, si supongo que es cierto, pero me dejaría entregarlo yo mismo, siento mucho lo que le pido, pero no me estaría tranquilo solo dejándosela, necesito entregársela a el señor Antonio, para que me quede tranquilo de que se la entregue, digo ¿Si es que no es molestia? – Respondía Guillermo.

-Mmmm bueno, pero que sea rápido a tu derecha hay un pasillo al final esta una sala común, ahí debe de estar don Antonio junto con mi hijo, seguro que estará feliz de recibir el sobre, es más deje lo acompañó, casi es hora de irme y necesito que mi hijo deje en paz a don Antonio, para que descanse.

-Lo entiendo y le agradezco mucho, esto no demorara mucho, y si me hace el favor de guiarme hasta don Antonio, créame me haría un gran favor – Decía Guillermo mientras le cedía el paso a Clara.

Empezaron a ir hasta la sala común en la parte derecha, la puerta estaba cerrada, por lo que durante el trayecto no pudieron ver nada, llegando a la puerta la abrió Clara y empezó a entrar junto con Guillermo, al entrar se pudieron percatar de que don Antonio seguía platicándole de historias a Rodrigo que sin cansancio a la vista seguía escuchando atentamente hasta que Clara y Guillermo empezaron a ir directo hasta donde estaban don Antonio y Rodrigo, quienes platicaban de manera tranquila y relajada, hasta que ellos llegaron, hasta el lugar de don Antonio, Guillermo se le quedó mirando de arriba para abajo y lo mismo hizo don Antonio, quien con asombro y al borde de las lágrimas empezó a decir:

- ¿Gidjar? – Le preguntaba a Guillermo como queriéndolo tocar - ¿Gidjar eres tú? No lo puedo creer, pero ¿Cómo?

-Jajaja debes de ser el señor Antonio, no, no soy Gidjar, él era mi padre o es mi padre, me mandó porque me dijo que lo viniera a buscar para darle esto una carta- Le decía mientras le ponía un sobre en sus piernas- Es la carta que le prometió Gidjar… mi padre, muchos también me confunden con él, pero solo vengo en su representación… - Le decía Guillermo a don Antonio, que quería agarrarlo de la cara, para que viera por el mismo que era real – Me quieres tocar jajaja, bueno, pero solo será un rato, luego me sueltas y te pones a leer tu carta, debido a que mi padre me espera ¿Sí?

Mientras don Antonio le tocaba la cara a Guillermo empezaron a rodarles las lágrimas, incrédulo solo podía tocar y ver como el muchacho que tenía enfrente se parecía a su viejo amigo, aquel que un día le hizo una promesa, promesa que al fin pudo cumplir y que tenía ya sobre sus manos, sus emociones lo atraparon y solo podía llorar, mientras seguía tocando la cara de Guillermo, hasta que este mismo se paró y le insistió en que leyera la carta, el viejo Antonio se secó las lágrimas con las mangas de su suéter y empezó a destapar el sobre, este era de color blanco y tenía un sello rojo en la parte de en medio.

Don Antonio empezó a leer la carta, poniéndose unas gafas para poder ver de mejor manera las letras, empezó a repasar las hojas, que a pesar de que eran pocas, apenas unas diez, parecía que su contenido sin dudad narraba todo lo que paso después de que el se fuera, las aventuras que vivieron Dardo y Gidjar, en esta se enteró de lago sorprendente, al parecer Dardo ya había sucumbido por el tiempo y estaba descansando en su lecho desde hace unos años, al parecer restauro su granja la cual había sido quemada, justo antes de la batalla, según el contenido de la carta, el mismo Dardo dijo en más de una ocasión que quería visitar a Antonio, pero que más allá de esa mala noticia la nación Cretos parecía que vivía unas increíbles épocas de buenas cosechas y una abundante paz, al parecer las naciones de poco a poco empezaron a solucionar sus diferencias por medios pasivos como lo pueden ser los acuerdos verbales, eso sin contar de que les hicieron una estatuas a ellos en la ciudad que defendieron, ya que gracias a su ayuda, la ciudad no fue saqueada ni derrumbada, por último el contenido hablaba de Gidjar, el cual dijo que se la paso de un lado para el otro, explorando el mundo, como se prometió en la guerra, ha sido un camino agotador, pero que ha merecido la pena y justo cuando pensaba que sería todas las sorpresa para don Antonio empezó a leer el último párrafo, en donde empezó a llorar con cada palabra que leía, para al final empezar a poner sus manos en la boca y de poco a poco mirar de nuevo con incredulidad a Guillermo, quien solo pudo sonreír y asentir.

Para finalizar don Antonio solo saco un dije que se encontraba dentro del sobre, se lo empezó a poner y empezó a llorar de nuevo de la emoción y de la alegría, ya que su viejo amigo al parecer no lo había olvidado, claro que el contenido de la misma carta se lo guardó para sí mismo, por lo que después de un rato de haber leído la carta se dirigió a Clara y le empezó a decir.

-Gracias Clara, agradezco de que hayas dejado entrar a Gi… Cof Guillermo – Decía don Antonio un tanto tartamudeando- y a ti Guillermo te agradezco de que me hayas traído la carta, está sin duda es una gran noticia, espero que tu padre esté bien y… Y solo me queda agradecerte todo lo que has hecho por mí.

-Si claro señor Antonio, espero que disfrute de su regalo y en cuanto vea a mi padre le diré que recibió la carta, junto con el regalo, por el momento es todo, pero se que nos volveremos a encontrar, y espero que me cuente más aventuras de mi padre, pero en especial de sus propias aventuras, me ha dicho mi padre de que en realidad era muy valiente, por lo cual me creo que tenga excelentes historias por contar… bueno me despido tengo cosas que hacer, espero que nos volvamos a ver pronto – decía Guillermo despidiéndose de todos y solo viendo por última vez a don Antonio, así yéndose del asilo.

Al poco rato de que se fuera Guillermo del lugar empezó a indagar Rodrigo en el contenido de la carta a lo que don Antonio solo se limitó a decir que era una carta personal y que no era de la incumbencia de nadie, mientras que por otra parte la misma Clara seguía un poco en shock, por cosas que pasaron, como por ejemplo el hecho de que en realidad si había una persona llamada Gidjar, además de que tenía un hijo, que a su parecer era bastante atractivo, eso sin contar con el hecho de que por fin don Antonio le dejo de decir María, pues desde que esta empezó a trabajar en el lugar nunca le dejo de decir María por lo que eso la dejo totalmente fuera de lugar y además de cuestionarse si lo que dijo acera del lugar que para ella sonaba inventado era real, por lo que de cierta forma como su hijo estaba, intrigada pro la carta y por el regalo, el cual era un solo dije que de cierta forma brillaba, pero era por el mismo material, era un dije de una pluma de ave, lo cual ninguno de los dos, ni Clara ni Rodrigo sabían que de especial era ese dije.

Paso cerca de una semana desde que la carta le había llegado a don Antonio cuando este partió de este mundo en la madrugada, parecía feliz, pero al mismo tiempo estaba apacible, como si lo que lo tenía atado a este mundo ya lo hubiera dejado en paz, su vejez era la causa de su partida y las personas más cercanas a don Antonio se pusieron muy tristes, en especial Clara y Rodrigo, este último se quedaba muchas tardes con don Antonio escuchando cientos de historias que vivió en este mundo y en el otro, antes de partir, de hecho un día antes de partir don Antonio le dijo una cosa a Rodrigo, “Ten guarda mi piedra, guárdala muy bien que te lo pediré en algún momento, pero por ahora consérvala y cuídala ”, tal vez era su manera de despedirse del niño, mientras que a Clara ya jamás le volvió a decir María, y aunque se había acostumbrado a que le dijera de ese nombre, se puso feliz cuando por fin la empezó a llamar por su nombre. En cuanto le dije, este jamás se pudo recuperar, ni dijo don Antonio donde es que lo guardo, lo buscaron por todas partes, pero jamás lo encontraron. Habían pasado cerca de un par de meses del sepelio de don Antonio, parecía casi irreal su partida y tanto Clara como Rodrigo, se quedaron muy tristes de su partida, había veces que lo recordaban sin para y contaban entre ellos historias de don Antonio, pero sin duda les dejó una huella muy profunda en ellos, muchas veces se preguntaba Rodrigo si es que don Antonio ya sabía que partiría pronto y es por eso que le dio la piedra, durante una caminata que tuvieron Rodrigo y Clara para poner un poco de despensa en su alacena, se encontraron con Guillermo, seguía igual que como cuando fue al asilo, pero no estaba solo, a lado de él estaba una persona igual de alta que él, además que tenía la piel morena, los ojos verdes y el cabello rojizo, parecían muy contentos hablando en medio de un parque, pues cerca del mismo estaba la tienda que frecuentaban, por lo que Clara pensó en no interrumpirlos y mejor saludar desde lejos, pero Guillermo los vio a ambos, por lo que salió corriendo a alcanzarlos y una vez que los alcanzo empezó a hablar.

-Bien, parece que los alcance y me da gusto volverlos a ver, verán será rápido, me pidió mi amigo que, si podían hablar con él, no es una mala persona… cof, preséntate- decía Guillermo recriminándole a él otro sujeto.

- Disculpa, tú debes de ser, Clara y tú Rodrigo, me hablo mucho Guillermo de ustedes, verán soy un viejo conocido de don Antonio, me dejó una carta última para ustedes dos, en ella les dice lo agradecido que está por pasar esos últimos días con él, y me dijo pequeño que la piedra la siguieras guardando, me dijo que la tomes como un regalo de despedida… - Decía esta persona mientras acariciaba la cabeza del chico – Y en cuanto a mi nombre, soy Dardo, era el nombre de un buen amigo mío que también partió a otro mundo, bueno nos tenemos que ir, mi esposa me espera, ya casi voy a ser padre… - Decía Dardo con una enorme sonrisa

-Bueno, parece que eso es todo, les agradezco su tiempo Rodrigo, Clara, espero que nos volvamos a encontrar- Remataba diciendo Guillermo.

En eso los dos hombres se alejaban del parque, en eso Dardo se paró y volvió a ver a Rodrigo y Clara por última vez los saludo y les guiño el ojo. Clara y Rodrigo se quedaron asombrados con lo que les habían dicho, pero en ese momento se dio cuenta de unas cosas Clara, para empezar el nombre de esa persona, lo segundo, de que don Antonio no había dejado nada y lo tercero, que el aroma ya lo había olido en otra parte, por lo que simplemente se puso las manos en la boca y dijo susurrando.

-Gracias Dardo… o Antonio.

FIN cuento hecho por Grafau Angdid