ÚNICO
Cierta mañana sabanera TaeHyung abría nuevamente sus ojos, cerrandolos de nuevo casi al instante, por los rayos de sol que atravesaban las cortinas de aquella suite del edificio donde ahora vivía con su pareja de apenas dieciocho hermosos meses.
Volteó su cuerpo hacía el lado contrario de la cama, tanteando con una mano el lugar que debía estar ocupado por un cálido cuerpo, separando sus párpados extrañado al notar que ese lugar se encontraba frío, dando por entendido que hacía tiempo que estaba desocupado.
Notando en ese momento el sordo ruido del agua que caía de la regadera.
Se volteó de nuevo hacia la mesita de noche, encontrándose con el móvil propio y el de su novio. El cual repentinamente vibró y alumbró su pantalla, avisando un nuevo mensaje. El pelinegro por pura curiosidad se acercó al objeto para ver el emisor de aquel texto, llevándose una muy mala sorpresa cuando leyó un “amor, te espero en el mismo lugar, hoy a las tres” agendado con el apodo de 'mi gatito'; no se molestó, no hizo una rabieta, no quiso perder el juicio e interrumpir la vida de su pareja.
Tan sólo se levantó. Se preparó algo de desayunar. Dio de comer al perro, para mimarlo un rato después.
JungKook llegó hasta la sala donde el de su misma edad se encontraba; depositando un suave beso en sus labios junto a un saludo. Y él no dudó en corresponder a ambos.
A pesar de ese desliz que el pálido había tenido, su amor seguía ardiendo, sus besos aún eran una de las mejores cosas, su presencia aún le hacía feliz. Aunque sabía que dentro de muy poco eso ya no sería así.
El de rasgos fornidos informó que saldría para hacer el super. El otro no refutó nada más que un “está bien” luego despidiéndose. Sin embargo, Tae no se quedaría sólo mirando como el otro, al que aún amaba, se iba sin más.
JungKook ya regresaba de su mandado. Entró a la casa, dejando las llaves en el tazón de la mesa cerca de la puerta. Colocó las bolsas de compras en la isla de la cocina. Saludó al perro. Pero no había rastro de su novio, y menos de una nota que indicaba que había salido.
Un tanto preocupado subió a la habitación que compartían, encontrándose con el pelinegro de espaldas mirando por la ventana, luciendo muy provocativamente; especial y cuidadosamente arreglado así como no lo había visto en algún tiempo.
Se acercó a él por la espalda. Cayendo directo en la trampa de quien lo acechaba.
Kim no objetó nada, siguió la lujuria propia y de su pareja, regalándole un maravilloso encuentro sexual.
Acariciando con delicadeza el cuerpo impropio, ambos llegando a los puntos favoritos del otro. Explorando cada faceta del otro, mientras descubrían más de su pareja. Ambos con un amor intenso y renovado, disfrutando de ese último grandioso momento, aunque claro, uno de ellos ignoraba ese hecho por completo.
Luego del acto y que ambos se recuperaran. El pálido buscó con desespero su celular, queriendo cancelar la cita de esa tarde y, de una vez, toda relación que tenía con esa persona. El chico contrario se percató de esto cuando regresó a la cama luego de limpiarse en el baño.
Y con total paciencia y amabilidad que aún le restaba, llevó su mano hasta el aparato para bajarlo con suavidad, obteniendo la mirada curiosa y sorprendida del aún su novio; y este sólo respondió con un “lo sé”. La cara del pálido se congeló en exaltación por aquella confesión. Sintiéndose completamente idiota y arrepentido.
—A-Amor, yo- -—sus palabras fueron cortadas por el otro chico.
—No tienes que decir nada, desde este momento eres libre. Entiendo que lo nuestro se enfrió, que ya no sientes todo lo que yo aún siento por ti— y su mirada comprensiva lo mataba, la culpabilidad se lo comía vivo.
—Confieso que eso me pasó, que creí que nuestra pasión había llegado a su fin—. Las lágrimas de sus ojos impedían que viera con claridad, y un par de rebeldes resbalaron por sus mejillas— Pero, ahora, después de esta demostración, te juro— llevó una de las cálidas manos hasta su boca, besando sus nudillos— que te amo mucho, que eres lo mejor que me pudo haber pasado. Que te quiero el resto de mi vida conmigo. Me dejé llevar por la calentura, pero esa persona ya no estará, cortaré todo contacto, no lo volveré a hacer, perdón— y aunque esos ojitos suplicantes casi logran que TaeHyung flaquee, luchó con seguir adelante con su decisión. Llevó una de sus manos hasta la carita del castaño y secó sus lágrimas.
—No es necesario que apartes de tu vida a esa persona ahora; lo siento, tú ya habías tomado la decisión, y ahora yo tomé la mía. Te sigo amando, de verdad, no puedes decirme que tú aún me amas con todo tu corazón por qué, sí así fuera, no habría alguien más; pero, voy a irme, por el bien de ambos. Esto fue una demostración, quería que supieras que conmigo podrías tener lo mismo o incluso más que en otros lugares. Yo también tengo mis encantos y trucos. Aunque buscaste por otro lado lo que yo podía darte, ahora espero que no olvides hablar bien en tu siguiente relación, dejar en claro todos tus gustos y disgustos y luches por mantener viva su brecha.
Te deseo toda la felicidad que pueda existir. Tal vez más adelante nos volvamos a ver, y espero que no me hagas de lado y, aunque sea, me saludes a lo lejos y me recuerdes como una persona que te ayudó a aprender una lección de vida. —se levantó de la cama, se vistió rápido, tomó una maleta que horas antes había alistado, y con lágrimas en sus ojos se dirigió a la puerta de salida, siendo perseguido por el pálido con sólo unos pantalones flojos como prenda, quien se encontraba mudo ante tal error —adiós— una sonrisa seguida de la espalda ancha del contrario fue lo último que vio, para escuchar el sonido de la puerta cerrándose.
¿Qué demonios acababa de pasar?
Justo estaba cometiendo el tremendo error de dejar volar a la persona más hermosa que en su vida conocería; no obstante, no podía ser más egoísta e ir tras él luego de todo lo que acaba de acontecer. Y es que el de pelo negro tenía razón en cada palabra.
No le quedó de otra que tirarse en la cama y llorar por tan importante pérdida, y aprender la lección como antes le había dicho su, recientemente, ex pareja.