Vein: Heartbeats and Hideaways ✦ larry omegaverse!

Summary

Harry no sabía qué esperar de anidar, nunca lo había hecho antes y la primera vez no había salido como esperaba. El círculo de mantas era una de las nuevas incorporaciones que tenía y sólo quería hacer un buen nido, con una buena estructura y un interior cálido. sólo que el primer uso no sucedió como esperaba. O, donde Harry solo quiere anidar correctamente, Louis es demasiado comprensivo y el nido se ensucio demasiado rapido. ✦ abo dynamics omega harry/alpha louis nesting fluff and angst light angst open ending disponible en inglés en ao3, parte del omegaverse fic fest: @littleohs

Genre
Erotica/Romance
Author
kam
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Única Parte

Las gotas caían con más fuerza cada vez, haciendo estruendos contra las ventanas e iluminando la pequeña habitación con cada rayo proyectado en el oscuro cielo. La habitación estaba a oscuras, las cortinas suaves y delgadas de colores claros permitían la luz y las sombras de las gotas de agua se vieran reflejados, solo el ruido de cada gota cayendo se escuchaba con claridad. Tampoco ayudaba que el aire entrara por debajo de las rendijas del balcón, haciendo que el omega en la cama se estremeciera bajo las cobijas.

Harry no quería despertar, quería seguir durmiendo aquella tarde nadando en la sudadera de su novio como había hecho desde que su última clase finalizó. Aunque al parecer eso no iba a ser posible. Estaba cada vez más frío, las puntas de sus dedos estaban casi sin sensibilidad por la temperatura y sus mejillas estaban rojas, su dermis esforzándose para conseguir más calor y mantener su cuerpo en armonía para seguir con la siesta. Las cobijas ya no estaban ayudando tanto aunque estuviera debajo de las telas tibias hasta la cabeza, su nariz se movió de incomodidad y bajó más las mangas de la sudadera para aliviar la incómoda frialdad de sus dedos.

Soltó gemidos casi inaudibles mientras se movía en la cama, viéndose aprisionado contra un cálido pecho y fuertes brazos a su alrededor. Se negó a moverse después de descubrir que Louis ya había llegado, encajando su nariz en el cuello del alfa y metiendo sus manos frías bajo la ropa de Louis, quien apenas notó la intrusión contra su cálida temperatura. Las mangas se subieron a sus codos cuando Louis se acomodó y las manos del omega se metieron aún más bajo su ropa.

El frío dejó de atormentar al omega, pero los ruidos de fuera le seguían causando brincos e imágenes desagradables cada que ocurría uno nuevo. Cerró los ojos con fuerza y se quedó quieto, apreciando el calor que sus manos sintieron y que el olor ya se había esparcido por los alrededores de la cama, solo haciendo que Harry se sintiera más cómodo en el ambiente, a pesar de las imágenes desastrosas detrás de sus párpados.

—Omega… —el alfa le llamó desde el frente. Lo marcó con su aroma hasta que se hizo maleable entre sus brazos para subirlo sobre su pecho.

—La lluvia —empezó—, uhm, no me deja.

Louis tenía serios problemas con la incurable vergüenza de Harry para decirle lo que quería y cómo se sentía. A veces simplemente guardaba sus pensamientos y otras explotaba con sollozos que le quebraban el alma, pero Louis no podía obligarlo a expresarse, sino estar ahí y apoyarlo. A veces él mismo se sentía frustrado con el omega, pero más consigo mismo por no saber qué era lo que su pareja deseaba en el momento preciso.

Tal vez Harry tenía miedo de ser vulnerable, de abrirse y mostrar sus verdaderos sentimientos. Tal vez le preocupaba ser juzgado o rechazado. Fuera cual fuera el motivo, Louis sabía que tenía que ser paciente y comprensivo, ser la roca en la que Harry pudiera apoyarse cuando más lo necesitara.

A pesar de las dificultades, Louis estaba decidido a demostrar a Harry que le quería y le apoyaba pasara lo que pasara. Se aseguró de estar siempre a su lado, de escucharlo y consolarlo cuando lo necesitaba, y de asegurarle que sus sentimientos eran válidos e importantes. Con paciencia, comprensión y un apoyo inquebrantable, Louis esperaba que Harry acabara sintiéndose lo bastante seguro como para abrirse y compartir libremente sus pensamientos y sentimientos. Y hasta entonces, seguiría estando ahí para él, pasara lo que pasara.

Quizá no le dejaba dormir, o le dolían los oídos o no podía escucharlo.

—¿No te deja qué? Dime.

Harry se sonrojó hasta las orejas, pero escuchar la voz de Louis así, apenas después de despertar, era uno de aquellos placeres culposos que jamás diría en voz alta. Tenía el tono ronco y suave, se escuchaba el sueño en sus palabras y la calidez del tono amable en cada oración que le dirigía.

—Dormir —Harry murmuró antes de enterrar su rostro en entre el pecho suave del alfa—. No me deja dormir.

—Ven aquí —el alfa lo atrajo hasta su cuello, pasando sus dedos entre los rizos del omega mientras besaba su frente y soltaba los poros con calma para dejar salir su tranquilizadora esencia, marcando a Harry con su olor como muchas veces hacía cuando se sentían angustiados.

Harry se sintió menos estresado, con los ojos cerrados y una pequeña mueca de felicidad que reemplazó su puchero en los labios apenas perceptible. Su cuerpo se sentía flotando mientras inhalaba con fuerza del aroma de su novio de cerca, se tomó unas cuantas respiraciones profundas para calmarse y hacerse cargo de otras sensaciones que estaban transcurriendo en él para olvidarse de la lluvia ruidosa y molesta. A pesar de que era un fiel amante del frío, no le gustaba la lluvia ni los charcos al día siguiente. Prefería un frío seco, sin agua ni lodo en los jardines que pudiera arruinar sus zapatos.

Escuchó con atención los suaves resoplidos que Louis soltaba a su lado cuando empezó a dormitar de nuevo, sintió el pecho debajo de él subir y bajar en una suave sintonía de respiraciones profundas y suaves, escuchó el latido del corazón de Louis y respiró el olor de ambos combinados en el aire; soltó su cuerpo con lentitud y se relajó por un breve tiempo hasta que cerró los ojos de nuevo.

Sin embargo, su paz duró poco cuando empezó a pensar en que sus exámenes finales iniciaban a la siguiente semana y no había estudiado para nada. Su ceño se frunció con preocupación mientras trataba de no moverse y hacerse pasar dormido. Abrió los ojos cuando su tiempo de descanso se acabó, movió las manos y las sacó de la ropa de Louis. El ruido de la lluvia había disminuido a simples repiqueteos contra las ventanas cuando tomó su decisión; le dolía físicamente separarse de su alfa cuando ambos estaban tan cómodos en su cama, pero su preocupación duró más y se obligó a levantarse.

Cuando Louis se quedó dormido nuevamente, Harry se levantó del apretado abrazo para ir al baño, allí se quedó frente al espejo con las mejillas húmedas por el agua que se había echado para despabilarse y salir de la bruma del sueño que atormentaba sus nuevos planes. Su mente estaba llena de pensamientos acerca de las tarjetas que tendría que hacer el fin de semana para estudiar cada una de sus materias con suficiencia y perfeccionismo totalmente; su cabeza empezó a doler al poco tiempo, así que se apresuró a salir de ahí para caminar a la cocina y tomar uno de aquellos vasos enormes para verter agua dentro como lo hacía todas las mañanas antes de ir a la universidad.

Siempre pensó que quizá era algo perfeccionista, sus amigos en la secundaria siempre se lo decían e incluso hacían ciertas bromas al respecto que a él no le parecían muy graciosas. En la preparatoria tenía muy buen promedio y aseguró su lugar en la universidad desde entonces, aunque era tímido y poco social, siempre se preocupó por llenar su expediente de actividades extracurriculares y buenas para las universidades y las becas que ofrecían.

Había tenido una buena adolescencia si lo pensaba detenidamente. No salió demasiado y no probó ningún tipo de sustancias hasta que llegó a tercer año, tampoco fue a la graduación por quedarse en casa acurrucado con su mamá y siempre fue el niño inteligente y tutor de otros. No sabía porqué otros pensaban que eso no era divertido, nadie más de sus amigos leyó tantos libros en verano y eso no hizo sentir orgulloso cada que lo pensaba.

Sus carpetas en la universidad estaban llenas de hojas con los datos más importantes de su carrera, a pesar de sólo ir a la mitad, siempre se preocupaba por tener todo a la mano y bien organizado; tenía separadores y distintas maneras de prevenir sus apuntes en clase, dejando que Louis le copiase las notas para más tarde.

Se llevó el vaso a los labios mientras empezaba a caminar hasta la sala para tomar su primer carpeta, dispuesto a empezar a estudiar en la madrugada para que sus pensamientos no le quitaran más el sueño. Empezó con las manos temblorosas dejando el vaso en la mesita de la sala, para después empezar a ojear las hojas y destacar las que serían temas más pesados e iniciar con ellos.

No notó que pronto su mirada se dirigió a la esquina de la sala, justo al lado del balcón y en medio de la planta que tenía ahí y la televisión. Se veía un lugar cómodo, quizá si pudiera poner mantas en el piso y rodear con almohadas podría dormir la siesta en la tarde tomando el sol en la espalda como le gustaba hacer. La alfombra era suave en ese punto, nadie caminaba por ahí a menos que tuvieran que regarle agua a la planta o que tuvieran que limpiar los estantes que tenían fotos enmarcadas de sus familias en lo alto.

Respiró hondo, bajando todos sus impulsos a lo más profundo de su mente para dejar de pensar en cómo se sentiría dormir en el lugar que había imaginado, estaba mal que quisiera hacer eso en un lugar tan público y al exterior como lo era la sala. Cualquiera que levantara la vista del otro lado de la acera podría verlo acostado ahí, Louis les aseguró un buen departamento en un piso medianamente alto en el complejo, pero aún así se podía ver el balcón desde afuera.

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

Los nidos habían quedado como una costumbre vieja que sólo los omegas encinta tenían derecho a hacer y utilizar para mantener a sus cachorros a salvo; y él no estaba embarazado. Se sentía mal por pensar así, pero su padre jamás durmió en uno, y mucho menos su hermano. Jamás vio cómo hacer uno y hasta ese momento seguía sin el conocimiento, las clases en la escuela no hablaban de eso con profundidad, mencionaban camas para los omegas que tendrían cachorros y que se tenían que respetar, pero sólo eso.

No le expresaría su impulso a Louis, por supuesto que no. ¿Qué pensaría de él? Seguro se reiría en su rostro antes de abandonarlo y cortar su relación. Había escuchado que algunos alfas los hacían para su omegas, Louis no había tocado el tema y Harry no sería quien lo hiciera sentir incómodo por solicitarle algo que no quería hacer él mismo.

Estaría bien, terminaría de estudiar el primer bloque antes de volver a la cama y dormir por al menos otras cinco horas antes de despertar de nuevo a desayunar y seguir estudiando. Se puso aquellos lentes de lectura que había empezado a usar, y se concentró con el frío de la noche y el ruido de las gotas contra las ventanas. Trató de ser sigiloso mientras se metía en la cama al lado de Louis, dejando que lo subiera a su pecho de nuevo mientras aún dormía, apretando sus cuerpos y por fin durmiendo a su lado, exhausto.

A la mañana siguiente se le hizo tarde, ya que había dormido un poco más de cinco horas, su horario ya estaba más retrasado y tendría que estudiar a diferentes horas de lo que había planeado.

Desayunó con Louis, platicando en voz baja sobre sus sueños y lo que harían en el día, ignorando el hecho de que Harry seguía mirando aquella esquina con emociones confusas. Él y Louis lavaron y secaron los tazones donde habían desayunado cereal, dejando la cocina tan limpia como estaba antes de la comida. El alfa se aseguró de dejar todo como estaba, dado que su cambio de departamento había sido reciente y no quería estropearlo tan pronto.

Se sentaron en el piso de la sala con las carpetas y notas de ambos esparcidas por la alfombra, Harry empezó a acomodar todas las hojas mientras Louis colocaba su lista de reproducción en la televisión. Las canciones hicieron un ruido bajo mientras ambos se ponían más cómodos, la atmósfera era todavía más calmada que antes y las velas que Harry había puesto en la habitación empezaban a llenar todo el apartamento con sus suaves olores.

—Entonces, ya está todo separado por los temas más pesados hasta los más ligeros que dejaros al último. ¿Sí? También tenemos que hacer las maquetas.

—De acuerdo… ¿Podemos ver una película antes? —Louis estiró los brazos por encima de su cabeza mientras lo miraba, una sonrisa relajada y casi coqueta estaba en sus labios mientras hacía su petición.

—Louis —Harry le miró con reproche antes de bajar la mirada a la mesa enfrente de ellos, llena de papeles y lápices—, tenemos que estudiar y después podemos ver una película antes del almuerzo, ¿está bien?

El omega retorció la cabeza hacia su hombro izquierdo mientras Louis le pegaba los labios al cuello del lado contrario, dejando que metiera sus manos cálidas por debajo de su suéter hasta tocar su cintura y subir sus besos hasta los párpados entreabiertos de Harry.

—Está bien.

Estudiaron por un par de horas, dejándolo todo a las buenas organizaciones del omega mientras se dejaba mimar entre los brazos de Louis. En algún momento terminaron más cerca de lo que esperaban, las rodillas de Louis acunaban los costados del cuerpo más pequeño del omega mientras bebía agua y miraba las tarjetas esparcidas por la alfombra en el suelo.

—Mi madre llamó hace dos días, dijo que quería venir para las vacaciones… —Harry soltó en un murmullo mientras se recargaba contra el pecho del alfa. Los brazos de Louis lo abrazaron por debajo de los brazos cuando sintió la necesidad de estirarlos.

—¿En serio? Creí que ya no quería… verte después de lo que pasó.

—Ella se disculpó, alfa.

—Eso no significa que lo que hizo fuera merecedor de tu perdón. Te envió aquí cuando estabas empezando el celo, no sé qué habría pasado si no hubiera estado allí para traerte a casa.

—No sabía lo que estaba pasando… —Harry se encogió ante el tono de Louis, pero se dejó llevar hasta su regazo cuando bajó las piernas para olerlo—. Es mi madre después de todo, sé que no lo hizo con intenciones.

Louis suspiró, pasándole los dedos por la cintura mientras besaba su sien.

—Si quieres que ella venga está bien, pero no esperes que yo esté aquí tan cómoda con ella —el alfa murmuró con calma, sin notar que los ojos del más pequeño se habían llenado de lágrimas ante el sólo recuerdo—. Te quiero mucho, ¿está bien? No quiero personas que te dañen dentro de tu círculo.

—Lo sé.

«Yo también te quiero»

—De acuerdo —Louis lo tomó por la cintura para girarlo y sentarlo correctamente a horcajadas sobre su regazo, de aquellos lugares en los que le gustaba tener a su novio—. Terminaremos de estudiar y te envolveré en una de esas mantas que tienes arriba del armario mientras te lleno de besos, ¿hm?

—No digas eso —el omega se acomodó con los brazos alrededor del cuello del alfa—. No hace tanto frío como para hacer eso.

—¿No? Has estado temblando desde que nos sentamos aquí.

—Bueno… tal vez, pero no necesito de una manta, eres lo suficientemente cálido —Harry se sonrojó hasta las puntas de las orejas, mientras se metía al pecho de Louis para descansar su frente ahí.

Louis sonrió ante la confesión de Harry, sin querer decir nada para no arrebatarle esa pequeña confianza que logró expresar en ese momento. Le besó la punta de la nariz con gracia antes de bajar a sus labios y repartir besos cortos y húmedos en su barbilla y mejillas, sobre el pequeño lunar al lado de su hoyuelo y nuevamente en sus labios afelpados y suaves.

—Podemos estar aún más cálidos… —Louis habló con un toque descarado en su voz, murmurando contra sus labios—. ¿Hmm?

Harry quería decir que sí, gemir contra sus labios y gritarle que hiciera lo que ambos estaban esperando desde hace mucho. Pero aquello no fue lo que salió de sus labios, solamente un jadeo antes de que Louis moviera sus manos más abajo de su cintura. El alfa bajó más sus besos hasta el cuello del omega, bañando sus clavículas con constelaciones llenas de colores apenas rojizos y toques sutiles, dejando estrellas por donde sus labios pasaban a succionar suavemente su piel para no dejarle tantas marcas como siempre quería.

Louis era posesivo con él, siempre marcándolo con su olor y dejando besos en su cuello que fueran visibles por encima de su ropa aunque usara el cuello más alto o las bufandas más anchas y esponjosas; al alfa le gustaba que los demás vieran que era un omega tomado, que nadie se le acercara con malas intenciones.

—¿Quieres eso? Dímelo, bebé.

El omega llenó sus pulmones de aire, simplemente para soltar un lloriqueo ante lo apretadas que se habían puesto las manos del alfa en su trasero, dejando salir una pequeña cantidad de lubricante que manchó su ropa interior con un suave jadeo.

—Dimelo.

—Sí… yo quiero tu —se interrumpió por las lamidas continuas del alfa en su garganta nuevamente. La lengua de Louis se sentía demasiado caliente contra la piel frágil de su cuello, sobre esa parte de piel que algún día llevaría la marca de su pareja de por vida—, tu boca.

—¿Mi boca? ¿Dónde la quieres?

—Alfa… no —Harry se sonrojó hasta las orejas, pegando sus labios al hombro cubierto con la camiseta de Louis—, tú sabes.

—No lo sé, quiero que me lo digas tú.

Harry se negó a decirle, y solamente se juntó lo suficiente a su torso para pegar su pequeña erección al estómago del alfa y poder frotarse por encima de la ropa así. Sus caderas se movieron con timidez contra el frente de Louis, su boca se volvió a abrir sin soltar ningún ruido hasta que unas manos fuertes lo tomaron por los huesos de la cadera para detener sus movimientos sutilmente.

—Así no, dijiste que querías mi boca —el alfa lo tomó por debajo de sus muslos y lo levantó con fuerza, dejándolo con su entrepierna frente a su rostro. Las rodillas del omega se colocaron en el borde del sofá detrás de ambos y sus manos viajaron al respaldo, estirando su espalda en un bonito arco—. Bájate la ropa interior, hasta donde puedas.

Harry se desconcertó por la posición, pero se bajó la ropa que poseía en su zona inferior hasta dejar la tela apretada sobre sus muslos. Vio a Louis recostar la cabeza en el sofá, ahí entre sus rodillas temblorosas. Las manos del alfa subieron desde sus rodillas hasta sus muslos, alzó la cabeza para dejar suaves besos en la piel del omega y dejó un par de marcas de dientes cuando encajó las mandíbulas con suficiente fuerza; siguió recorriendo sus piernas con las manos hasta que llegó de nuevo a sus mejillas y las abrió con delicadeza para exponer su intimidad ante su boca hambrienta.

—¿Aquí es donde querías mi boca?

Harry no tuvo tiempo de responder, siendo atacado por la lengua de Louis sobre su centro ya húmedo, dejó de contener la tensión que sintió por el cuerpo cuando Louis lo tocó, dejando sus rodillas abrirse más y su peso cayendo un poco más abajo en la impresionante humedad de la boca del alfa. Escuchaba los sonidos que el alfa hacía contra su piel, sosteniéndose con sus manos contra el respaldo del sofá nuevamente mientras sentía el músculo bucal del alfa entrar más en él de maneras inexplicables.

Quizá era sólo su imaginación, pero sus oídos se habían llenado de algún tipo de algodón inexistente que le empezó a nublar el sentido para dejar de escuchar correctamente, se sintió tan abrumado en ese momento que no notó cuando Louis ya lo había bajado de su rostro. Estaba en una bruma donde escuchar no era importante, porque sus oídos empezaron con un pitido agudo alarmante que le impidió escuchar por encima de la nube de algodón que los cubría, que no le dejaba de otra más que removerse incómodo por la sensación.

—... Harry, ¿me oyes?

Podía oírlo, pero sus labios se sentían pegados y se sentía exhausto, extraño y distante de su lugar actual. Su lengua estaba pegada a su paladar, casi dormida y sin poder moverse; quería abrir los labios y gemir, gritar el nombre de su pareja hasta que lo sacara de ese lugar muy confuso que le hacía cosas raras a su cuerpo y lo metía en mentalidades que ni siquiera sabía existían.

—Oye, ¿Harry? —Louis trató sin éxito, teniendo una idea de lo que podía estar pasando pero sin saber cómo controlarlo. Bajó a Harry del sofá y trató de despertarlo de la bruma con caricias suaves en sus mejillas—. Omega, déjame ver tus ojos, ¿si? Vamos, mírame.

El ronroneo que Harry dejó salir pudo o no sobresaltar a Louis por la forma en que le habló, dejándole con las palabras en la punta de la lengua, queriendo tenerla en otra zona. Se había asustado al inicio, pero pensando en que Harry podría estar cayendo en ese momento en sus brazos, se compuso con respiraciones tranquilas antes de seguir hablando para mantener al omega seguro.

—Omega, mírame —quizá era el tono, porque apenas habló con su voz de mando ese pequeño omega pudo reaccionar y dar una inhalación profunda—. Ahí estás, hola.

Harry pasó su mirada por toda la sala con temor, hasta que Louis lo guió a su cuello y empezó a marcarlo con su aroma de manera sutil, dejando que el omega se acurrucara contra su cuello en su zona más fuerte de aroma. Había salido de su nube después de escuchar la voz de Louis claramente en su oído, sacándole de esa ensoñación de la que había oído hablar pero jamás había experimentado por su cuenta.

—Me siento muy cansado —apenas pudo decir, pero Louis ya le estaba quitando la ropa que seguía hecha un lío de tela en sus muslos—. Oh, ¿se manchó demasiado? ¿O te lastimé? Lo siento, no sé qué me pasó.

—Oye, nada de eso. Estabas a punto de caer, ¿me oyes bien ahora? ¿Qué tan estresado estás? Sabes que podemos seguir estudiando mañana cuando te sientas más consciente.

—¿Qué? No iba a caer. Seguro simplemente me desconecté un segundo, no estoy estresado ni nada —mintió por una buena causa, o eso fue lo que quiso creer. Había escuchado hablar a algunos de sus compañeros sobre las caídas, estaba seguro de que hacer eso no estaba bien y que si le pasaba algo no podía culpar a su omega de hacerlo.

Louis le pasó las yemas de los dedos por debajo de los ojos, justo donde las ojeras del omega se veían más pronunciadas y oscuras. Besó su frente y simplemente lo atrajo a su pecho con un agarre seguro y protector, cubrió su cuerpo con la manta más cercana que pudo encontrar en el brazo del sofá y apretó su cintura para que ambos se mantuvieran lo más cercanos posibles. Louis se relamió los labios y se limpió la humedad de la barbilla con los pantalones desechados de Harry antes de acercarse más y besar su frente un par de veces extra.

—Sabes que puedes hablar conmigo si lo necesitas, Harry.

El omega negó con la cabeza, sorbiendo su nariz mientras cerraba los ojos.

Cuando Louis se encontró con Oli, estaban en la universidad por la mañana, después de haber salido de su primera clase y antes de encontrarse con Harry. El campus estaba casi vacío, los exámenes tenían a todos muy estresados y llenando la biblioteca y salas de descanso con estudiantes ansiosos que se mantenían despiertos con mezclas de café y bebidas energizantes.

—¿Entiendes eso? Se desconectó de todo, ni siquiera sé cómo pudo volver tan fácilmente.

—Es por eso, ya te lo dije. Hay una forma de hacer que caiga, aunque es peligrosa. Pero si Harry no se siente con la confianza suficiente para caer contigo, puede significar dos cosas: o no se siente seguro o jamás ha caído y no sabe cómo sobrellevarlo.

Louis asintió, respirando hondo mientras consideraba las palabras de Oli.

—Sólo quiero que se abra a mí, que confíe en mí— respondió, sintiendo el peso de sus emociones presionándole.

Oli apoyó una mano reconfortante en el hombro de Louis. —No es fácil, sobre todo cuando alguien ha levantado muros a su alrededor. Pero tienes que ser paciente y demostrarle que estás ahí para él, pase lo que pase.

—¡Louis!

El grito de Harry fue lo que les impidió seguir hablando, porque el omega llegó corriendo antes de derribar a su novio en su espalda, ambos cayendo sobre el pasto. Tener a Harry entre sus brazos era una sensación muy agradable, le ponía los vellos de punta la docilidad con la que su alfa se sometía al omega, los rizos le hacían cosquillas en la barbilla y sus pulmones se llenaban con el dulce aroma que tenía, todo lo bueno.

Queriendo tenerlo así siempre, sonriendo mientras le repartía besos por su rostro y entre la seguridad de sus brazos y pecho, dejándolo a su protección como siempre había querido. Quizá esas muestras de afecto eran por las que Louis podía dejar de respirar con tal de obtenerlas, Harry le robaba el aliento de la mejor manera mientras se tiraba encima suyo para dejarlo bajo su frío pecho, pegándole a su esternón.

Louis se sometió fácilmente, y pudo escuchar la risa de Oli desde su lado, dejándose hacer por su novio omega al que nada podía negarle. Bajo su pequeño cuerpo y justo donde una de sus fuentes de aroma, se sentía seguro y no se avergonzaba de decirlo en voz alta, porque podía gritarle a quien quiera que pasara a su lado sin sentir una mínima pena.

Quizá el pasto fue demasiado mientras estaba acostado, o el hecho de que su camiseta blanca se vería arruinada si seguía recostado con un ligero peso encima que Louis sintió el impulso de levantarse. Sostuvo a Harry de las caderas mientras hacía el esfuerzo de levantarse para dejarle entre sus piernas y empezar él a mimarle como siempre hacía en su pequeño departamento. Le besó los párpados primero, para después bajar a sus mejillas y lamer aquellas pequeñas manchas que tenía por lunares, pasando sus labios una vez más en los hoyuelos de sus mejillas.

Oli se despidió del alfa con una palmada leve en su hombro, retirándose de ahí para posiblemente ir con sus demás amigos y tener un receso decente que no fuera hacer de la tercera rueda. Sabía de las muestras de afecto público con las que Louis se sentía cómodo desde que ambos estaban en la misma secundaria, pero Oli sabía que ese omega tenía otro detalle para causar tanto revuelo en su mejor amigo.

—¡Alfa! —Harry se rió en sus labios cuando empezó a besarlo de manera desordenada; y así era como lo quería tener siempre, escandaloso y risueño—. ¡Ya!

—¿Ah sí? ¿Vienes a derribarme contra el pasto para meterme entre tus brazos y crees que no haré lo mismo? —Louis lo dijo en un tono burlón, pero Harry no lo tomó así y se puso serio en unos cuantos segundos bajo la mirada de su pareja, un sonrojo apareció en sus mejillas cuando dejó de reír.

—No pensé que te molestaría… estaba jugando, lo siento —Harry se retiró de su pecho mordiéndose el labio inferior.

Había salido de una pequeña junta con su equipo de trabajo, porque Louis no estaba en el suyo ante la falta de integrantes en el de un par de amigos más; el final del semestre antes de las vacaciones de invierno eran de lo mejor, y haber acabado trabajos y proyectos de la mejor manera posible con aquellos integrantes había sido el motivo perfecto para hacer una pequeña reunión una vez salieran de descanso.

Así que apenas había salido del aula donde acordaron todo tipo de detalles como la película que verían o el tipo de palomitas que iban a consumir esa noche llegase a un punto confirmado, caminó directamente hasta donde Louis estaría. Y verlo desde lejos con la mirada en uno de sus mejores amigos desde siempre mientras hablaban había sido una de las más perfectas y emocionantes imágenes que podía obtener del alfa; todo sonrisas brillantes y ceños fruncidos de concentración. Por lo que lo mejor que se le pudo haber ocurrido fue derribarlo y mimarle como siempre Louis hacía con él, sin llegar a pensar si a Louis le molestaría, como lo era.

El alfa lo atrajo de nuevo, la ausencia del omega en sus brazos le hizo falta apenas se separó y quizá le repartió más besos en el rostro antes de llegar a sus labios.

—No me molesta, amor. Sólo estaba bromeando. Sabes que me encanta cuando eres así —le tranquilizó Louis, volviendo a atraer a Harry para darle otro beso, ambos sonriendo contra los labios del otro. Lo sostuvo mejor y cerró sus piernas sobre las suyas para seguir besándole. El alfa se tiró nuevamente en el césped, sin importarle si su camiseta se manchaba o no, y abrazó con fuerza al más pequeño contra su pecho.

Ese toque dulce en el aroma de Louis que compensó con todos los fuertes que ya tiene le hizo recordar otro muy importante aspecto que tenía que decirle, eso que se estancó en su garganta con todos los besos que Louis le dio, y que quizá no era tan importante porque no le molestó guardarse el dato, quizá a Louis no le gustaría saber de la descontinuación de su té favorito de cualquier manera.

—Hay que ir a clase ahora, ¿comiste algo? —Harry se sentó en sus talones para después levantarse con su mochila correctamente en su espalda.

—Lo haré en el almuerzo, tuvimos un buen desayuno, omega.

Se tomaron de las manos mientras caminaban por el patio del campus hasta llegar al auditorio en el que tendrían una conferencia, a Harry se le hizo una sonrisa en el rostro al ver que Louis prefería rodear sus hombros que tomarle la mano simplemente. Siempre estaban en contacto físico aunque no fuera muy cómodo cuando hacía calor, estar bajo la protección de Louis siempre era mejor que tener un toque simple pero confortable.

Cuando llegaron al auditorio, se encontraron con un bullicio habitual. Los compañeros de curso conversaban animadamente mientras esperaban al profesor. Harry y Louis se sentaron juntos, como siempre. Harry sacó sus habituales fichas, serían las últimas que usaría antes de las vacaciones, mientras Louis se inclinaba hacia él, rozando su mejilla con un gesto cariñoso.

—¿Qué tienes en mente? —preguntó Louis, notando la distracción en los ojos de Harry.

Harry vaciló un momento, debatiéndose entre la necesidad de hablar y el deseo de mantener la calma que disfrutaban. Decidió que lo mejor era decirle lo que había descubierto, aunque la voz se le quebró un poco al hablar. No sabía cómo se sentiría Louis después de contarle, sabía que había sido su té favorito desde la preparatoria.

—Es solo una tontería —dijo, bajando la voz para que solo Louis pudiera escucharlo—. Es sobre tu té favorito... el de menta.

Louis arqueó una ceja, curioso.

—¿Qué pasa con mi té?

—Creo que lo descontinuaron. No volverán a traerlo a la tienda. Lo supe cuando fui a comprar la semana pasada y...

Louis le interrumpió con una carcajada suave, un sonido suave y lleno de calidez que siempre lograba calmar a Harry. La risa de Louis tenía esa magia especial de deshacer cualquier nudo de ansiedad en su pecho, envolviéndolo en una sensación de tranquilidad y seguridad. Harry observó cómo los ojos de Louis brillaban con genuina diversión, sus labios curvados en una sonrisa sincera que irradiaba cariño. En ese momento, Harry se dio cuenta de lo mucho que apreciaba esos instantes en los que Louis lograba hacer desaparecer sus miedos, aunque solo fuera con una risa. La conexión entre ellos se hacía más fuerte cada vez que Louis mostraba esa capacidad de entenderlo sin necesidad de palabras.

—Oh, creí que sería algo más serio. Está bien, Harry. Me encanta ese té, pero hay muchos otros sabores que podemos probar.

Harry soltó un suspiro de alivio. A veces, su preocupación por los detalles parecía desproporcionada, pero Louis siempre tenía una manera de hacerle ver que no tenía que preocuparse de esa manera.

—Gracias por decírmelo —continuó Louis, apretando suavemente la mano de Harry—. Y gracias por preocuparte tanto por mí. Ahora, vamos a ver qué proyecto quiere esta vez, ¿sí?

El profesor entró en ese momento, llamando la atención de todos los estudiantes. La charla sobre arquitectura moderna comenzó y ambos se sumergieron en los planos, los diseños y las discusiones técnicas, pero siempre con una conexión palpable entre ellos, una corriente constante de apoyo y cariño que les hacía sentir calidez. Incluso la frustración de tener que hacer una maqueta con tantas características y tantos detalles para cumplir las expectativas del profesor y pasar la materia eran compartidas.

Se quedaron en silencio por un momento, disfrutando de la compañía mutua y el buen y ligero calor que hacía dentro del auditorio. Harry pensó en lo preocupado que estaba y en cuánto había pensado en las maneras en que podía decirle a su novio sobre su té.

El día de ambos pasó con sus cabezas llenas de pensamientos distintos, acerca de cómo hablar para que su pareja tuviera una caída saludable y necesaria hasta una solicitud para salir a la tienda de comestibles y obtener una caja de té de un sabor nuevo. A la última clase, que era realmente la última para finalizar el semestre con los exámenes iniciando al día siguiente, decidieron que reunirse a comer con sus amigos les ayudaría a relajarse.

La cafetería a la que acudieron estaba cerca de la universidad y hacía el aire suficientemente helado para que Harry se pegara más de lo común al cuerpo de Louis cuando caminaron hacia allí en medio de bromas y risas comunes. Harry usaba uno de los abrigos de Louis que le quedaba un poco grande en las mangas, por lo que al tomar la mano de Louis ambas desaparecieron bajo la tela ancha y cálida. Estar separados siempre le traía problemas con la temperatura al omega, su cuerpo se regulaba para estar en una calidez mínima. El viento frío cortaba sus mejillas, y Harry agradecía cada vez más el abrigo prestado y el calor que irradiaba Louis a su lado.

Al entrar en la acogedora cafetería, una oleada de aire caliente los envolvió. El olor a café recién hecho y pasteles horneados impregnaba el ambiente, proporcionando un contraste agradable con el frío exterior. Eligieron una mesa junto a la ventana, desde donde podían observar cómo la gente pasaba apresuradamente, envuelta en bufandas y gorros, buscando refugio del viento invernal.

Mientras se sentaban en su mesa, se quitaron los abrigos y Louis no pudo evitar reír al ver cómo el abrigo le quedaba a Harry, casi tragándolo en la tela. Harry, aunque tímido por la atención, sonrió y se acurrucó más en su asiento, disfrutando de la sensación de estar envuelto en algo que pertenecía a Louis. Sus pedidos fueron recibidos mientras todo el grupo continuaba hablando y haciendo muecas al contar experiencias que habían sucedido en todo el tiempo que no pudieron reunirse, a Louis se le iluminaban los ojos y una sonrisa aparecía en su rostro cada vez que volteaba y miraba a Harry reír sin pena alguna y hablar sin inhibición con Zayn.

Le rodeó los hombros todo el rato que estuvieron esperando sus órdenes, dejándolo moverse a su costado como más le gustase antes de que sus comidas llegaran y se vieran en la innecesaria acción de separarse para poder comer.

Harry miró el platillo de Louis cuando llegó, y después al suyo. Louis no tardó en tomar sus platos para intercambiarlos, dejando la ensalada que el omega había pedido en su lugar donde antes había una hamburguesa que tanto quería probar. Harry se sonrojó por toda la comida, dejando en evidencia que aún le sorprendía cuando Louis sabía exactamente qué era lo que quería y cuándo lo hacía. Comió con pena las papas fritas dejando unas cuantas en el plato del alfa.

Pero sólo sucedía que había visto el precio de ambos platillos antes de pedir, y aunque Louis siempre le dijera que no los viera para hacer un criterio de lo que quería o no comer, no podía evitar hacerlo. El precio de la ensalada era más bajo que el de la hamburguesa y todos los cortes de carne que sus amigos tenían, así que lo tomó como mejor opción.

—Harry, ¿está bien el viernes? —Zayn llamó su atención, colocando sus pequeñas manos sobre las suyas—. Me escuchaste, ¿verdad?

Zayn era el único omega aparte de él en el grupo, casi siempre se sentaban juntos y hacían fiestas de pijamas que no involucraban alfas para hablar de ellos y de todo lo que les pasaba. Eran buenos amigos, Zayn había crecido en una familia de omegas y sabía desempeñar muy bien su papel mientras le ayudaba y enseñaba cosas a Harry que no sabía.

—Sí, sí, lo siento. Estaba distraído —respondió Harry, sonriendo para tranquilizar a su amigo—. ¿Qué decías del viernes?

Zayn suspiró con una mezcla de paciencia y diversión. Estaba acostumbrado a la naturaleza distraída de Harry, especialmente cuando Louis estaba cerca. Era una de las razones por las que siempre se preocupaba por él, trataba de cuidarlo.

—Pregunté si está bien hacer nuestra pijamada el viernes. Pensé que podríamos ver esas películas que te gustan y probar algunas recetas nuevas de galletas, todavía no encuentro la perfecta. —Zayn apretó suavemente las manos de Harry para asegurarse de que prestaba atención esta vez—. Pero quiero asegurarme de que no tienes nada planeado con Louis.

—Claro, te veré ahí —Harry asintió, sintiéndose bien por la preocupación de Zayn. Las noches de pijamada con él eran siempre relajantes y una buena manera de desconectar de todo. Además, Zayn siempre tenía ideas creativas y divertidas para pasar el tiempo.

Louis pagó la cena de ambos, dejando el dinero en la pequeña bandeja junto con los pagos de los demás, asegurándose de cubrir el total de la cuenta. Se despidieron de todos sus amigos con abrazos y sonrisas, saliendo de la cafetería y encaminándose hacia sus respectivos destinos. El aire nocturno seguía siendo frío, y Harry se aferró instintivamente a Louis, buscando calor en su pecho.

Harry se pegaba al costado de Louis cuando veía otros alfas, dejando que el aroma fuerte de su novio le reconfortara de la manera que sólo él sabía. Las áreas cerca del campus estaban llenas de estudiantes y, aunque la mayoría no prestaba mucha atención, Harry siempre se sentía un poco más ansioso al cruzarse con otros alfas. La presencia de Louis lo hacía sentir más seguro aunque sabía que no se acercarían a él con malas intenciones.

Harry se preguntaba por qué se sentía tan vulnerable alrededor de otros alfas. No tenía recuerdos ni malas experiencias en su infancia, pero había algo en la presencia de esos individuos que le hacía querer esconderse. Louis era la única excepción, aunque a veces se sonrojaba por pensar en eso.

“No tienes de qué preocuparte, estoy aquí contigo. Siempre estaré aquí” le había dicho Louis la primera vez que le confesó la ansiedad que sentía por caminar solo en un lugar que no conocía del todo a pesar de que ya iba a la mitad de su carrera.

Salir con un alfa era muy distinto a verlos de lejos y en películas y libros.

Su madre le había dejado en claro que tener pareja durante sus estudios era inútil y para nada favorable en su carrera, ya que lo distraería demasiado, incluso algunos hacían que lo que fuera para que sus parejas abandonaran la universidad por irse con el alfa. Y él sabía que su madre tenía razón, una alfa mayor y fuerte que sabía todo acerca de la vida de un adolescente porque su hermano había sido criado a su lado y él tenía éxito como ella lo había planeado; no estaba tanto en casa, pero jamás había visto que tratase mal a su mamá omega o que no pasara tiempo de calidad con su familia los fines de semana.

Sin embargo, llegar a la universidad a una ciudad desconocida y solo, era difícil; ya no podía simplemente llamar a su mamá y explicarle que no se sentía bien y que quizá estudiar tan lejos no era lo suyo. Pero después llegó ese alfa que se sentaba al lado suyo cada vez que tenían una clase juntos, dando sonrisas pequeñas en su dirección y soltando comentarios que le hacían soltar una risa en los momentos menos esperados.

Cada clase compartida con Louis era una experiencia que Harry esperaba con ansias. Empezaron a formar una rutina, una serie de pequeños gestos y rituales que cimentaron su relación. Compartían palabras en voz baja durante las conferencias, discutían sobre los proyectos y Louis lo visitaba con té caliente en los momentos de estrés. Louis siempre encontraba maneras sutiles de hacer que Harry se sintiera importante, lo ayudó a confiar en esos pequeños actos de amabilidad, entendiendo que Louis no solo era un alfa atractivo, sino también podía ser un compañero atento y dedicado.

Hasta que por fin lograron entablar una conversación fuera del campus gracias a un trabajo en parejas del que Harry había estado asustado de no poder hacer. Pero el alfa hizo todo para que se sintiera aún más cómodo en su presencia. Quizá se hicieron amigos más cercanos, y eso no tenía porqué saberlo su madre; había mantenido su amistad hasta que el alfa decidió que presentarle su grupo de amigos sería una buena idea, pero Harry se abrumó de maneras que ni él entendía por todos los olores fuertes y las muchas voces.

Harry se distanció después de eso, no queriendo molestar a Louis por su poca tolerancia a los alfas desconocidos, ni mucho menos porque sabía que no era su culpa, después de muchas noches de acurrucarse en el sofá de Louis, de ver películas y dormir hasta tarde, Harry encontró en Louis un refugio; Harry por fin había confiado al cien por ciento en Louis, un alfa que pronto se habría de convertir en su novio.

—¿Quieres algo más? No terminaste tu comida allá —Louis señaló la bolsa donde habían puesto su mitad de comida para no tirarla.

Harry miró la bolsa y luego a Louis, apreciando el gesto del alfa. Louis siempre se preocupaba porque Harry comiera lo suficiente, especialmente en días estresantes. Harry sonrió ligeramente, aunque su estómago ya estaba lleno y no sentía hambre.

—No, gracias. Puedes comerla tú, era tu plato —Harry terminó por murmurar, dejándose caer en la cama mientras veía a Louis seguirlo—. Quiero dormir, pero tenemos que hacer las maquetas todavía.

Louis observó a Harry con una mezcla de ternura y preocupación. Sabía que los estudios eran importantes para ambos, pero Harry, con su naturaleza ansiosa, a menudo se presionaba demasiado, y Louis quería asegurarse de que encontrara un equilibrio.

—Duerme un rato, te despertaré para que las hagamos unas dos horas, ¿te parece? —Se subió sobre el pecho del omega, poniendo su cabeza justo donde los latidos del omega le dejaban dormir plácidamente como había querido hacer desde hace días.

El ritmo constante del corazón de Harry siempre lograba calmar a Louis, proporcionándole una sensación de paz que era difícil de encontrar. Estar así, tan cerca y sintiendo la vida de Harry bajo su mejilla, le recordaba por qué se preocupaba tanto por él. Harry cerró los ojos, sintiéndose más tranquilo con Louis acurrucado sobre él. El peso y el calor de su cuerpo le brindaban una sensación de seguridad hasta que sus preocupaciones se desvanecieron.

Harry negó con la cabeza, pero no pudo evitar el deseo de poner sus manos en la nuca del alfa para después bostezar y permitir que sus ojos se cerarran con lentitud desconocida. Louis sonrió cuando continúo escuchando los latidos del corazón de Harry, cada vez menos acelerados como su respiración. Podía oler su maravilloso aroma con los labios pegados a sus clavículas y las mejillas casi sonrojadas. Él también cayó dormido después de poner una alarma en su celular justo un par de horas después, dispuesto a cumplir su palabra.

Para cuando despertaron, Harry se seguía mordiendo el labio mientras seguía quitando las pequeñísimas piezas del material que tenían que usar, las máquinas de corte láser facilitaban todo, pero tenían que armar y pegar demasiado para la presentación de proyectos finales al día siguiente. Louis notó la tensión en el rostro de Harry y el ligero temblor en sus manos mientras sostenía la jeringa con pegamento en las orillas de las piezas. Sabía que el omega estaba luchando contra el agotamiento, y aunque admiraba su dedicación, también se preocupaba, acarició suavemente la espalda de Harry, tratando de infundir algo de calma y alivio.

—Sabes, ya estoy cansado y mis piernas se están entumeciendo, ¿podemos irnos ya a dormir? Podemos terminarlas después de dormir un par de horas más… —Louis atrajo al omega a su regazo, besando sus mejillas varias veces tratando de quitarle la carpeta de sus manos para después dejarla en el piso.

—Bebé, vamos, media hora más, ¿sí? Sólo nos quedan unas piezas más —Harry se resistió ligeramente al principio, sintiendo la urgencia de terminar lo más rápido posible.

—Sólo treinta minutos o yo mismo te levantaré y te llevaré hasta la habitación.

—Hecho —Harry le besó la mejilla en un acto de mucha confianza, tratando de seguir leyendo en voz alta para ambos.

Su dinámica de pegar piezas siguió por más de media hora, llegando así hasta convertirse en dos horas de sólo acomodar los muros y los pequeños árboles en las aceras diminutas. Entre ojos medio abiertos y cabezazos por parte de Louis contra Harry por el sueño, Louis se durmió en los muslos del omega en minutos y Harry no se aguantó a la tentación de pasar sus delgados dedos por medio de los cabellos despeinados del alfa, acariciando su cráneo de manera segura y tierna.

—Alfa… —le sacudió por los hombros con vergüenza por llamarlo así, tratando de despertarlo—. Vamos a la cama, ya es un poco tarde.

Louis durmiendo era de las personas más pacíficas que podrían existir, siempre tenía el ceño relajado y su nariz hacía sombras en su piel que sólo se lograban ver desde ciertos ángulos. Tenía la muñeca medio doblada y Harry sabía que le dolería después, pero verle dormir de esa manera tan pacífica era mejor que cualquier dolor en las articulaciones. Le pasó las yemas de los dedos entre el cabello hasta que el alfa se removió cómodo, dejando escapar uno de esos ruidos de placer para expresar lo bien que se sentía bajo sus caricias.

Louis se removió ligeramente en su sueño, emitiendo otro suave gruñido de placer que hizo que Harry sonriera. Sabía que Louis disfrutaba de sus caricias, incluso en el sueño más profundo. Era reconfortante para Harry saber que podía brindarle ese pequeño momento de felicidad, incluso cuando estaba dormido. Continuó acariciando suavemente el cabello de Louis, sumergiéndose en la tranquilidad de ese momento íntimo entre ellos.

—Louis… a la cama —siguió hablándole hasta que por fin abrió los ojos, tallándose los lagrimales sin mucha fuerza para no lastimarse—. Se nos fue el tiempo, perdón.

—No te disculpes —Louis respondió con un bostezo, interrumpiendo sus palabras mientras se despertaba lentamente y se levantó haciendo un esfuerzo extra para llevarse a Harry consigo, depositándolo entre sus brazos para después caminar hasta su habitación.

Ambos cayeron muy dormidos después de apenas tocar la cama de manera poco cómoda. Envueltos en los brazos del otro con una sábana ligera sobre ellos porque la proximidad que tenían les brindaba la temperatura correcta para dormir.

Los sueños vinieron y fueron de la mejor manera posible, sin pesadillas que perturbaran su paz. Aunque hubo algunos manotazos accidentales en el estómago del otro mientras se acomodaban, ninguna molestia pudo perturbar el profundo sueño en el que se sumergieron, abrazados y protegiéndose mutuamente durante toda la noche.

Y si Harry se removió entre sueños porque se les había olvidado imprimir sus láminas de presentación, sólo su inconsciente lo sabía.

Había llegado la oportunidad, él lo haría, sería rápido y regresaría todo a su lugar correspondiente una vez hubiera despertado de su siesta. Tenía un plan, y lo llevaría a cabo de la mejor manera considerando el tiempo del que disponía y la velocidad con la que tendría que recoger todo.

Suspiró, y decidido a hacerlo lo mejor posible, se ató el cabello en un moño antes de empezar; se subió a una silla del comedor para alcanzar las mantas en la repisa más alta de la habitación de invitados, tratando de ser cuidadoso para evitar cualquier accidente. Tomó algunas almohadas y prendas de vestir de Louis, así como una bufanda que recordaba el cálido aroma de su mamá y un pequeño elefante de peluche que su hermano había marcado con su olor la última vez que estuvieron juntos.

No había tantas mantas como esperaba, pero podía hacer lo que pudiera con las telas y la ropa en el lado del armario de su alfa. Sus brazos se llenaron mientras recolectaba todo lo que podía de las habitaciones y tomaba los cojines de los sillones en la sala y las almohadas de todas las habitaciones.

Llevó todo a la sala y empezó a organizar los elementos que había recolectado en esa esquina del lugar; movió un poco algunas macetas para tener más espacio y colocó el edredón más esponjoso y suave que quitó de su cama como base para el nido, también consideró que sería mucho más fácil envolver todas las cosas en él para desmontarlo rápidamente si Louis llegaba temprano o si su alarma no sonaba

Las almohadas pronto rodearon los bordes y la esquina que formaba la pared del departamento lo hizo más fácil de manejar, ya que pudo colocar todo el peso de las otras paredes contra el concreto; se convirtió en un pequeño fuerte para poner el techo con una sábana ligera de color oscuro. Siguió con la ropa que había seleccionado tan meticulosamente cuando la sacó del armario, escogió patrones simples para que todas las prendas se vieran bien estéticamente y las texturas eran suaves y maleables para poder encajar las telas en la forma que quería, colocó todo a los bordes opuestos a las paredes para después probar su efectividad recostando su cabeza sobre ellas.

No se olvidó de marcar todo lo que pudo con su olor, pasando su cuello por cada superficie e incluso quitándose la sudadera de Louis que llevaba puesta y que tenía la mezcla más reciente de sus aromas juntos para darle un detalle extra al nido.

Salió del nido recién construído que hizo sorprendentemente rápido y aunque el círculo disparejo de mantas era pequeño y solo Harry podía acceder a él fácilmente, seguía siendo un nido. Su primer nido.

Se le llenaron los ojos de lágrimas y se aguantó de hacer un puchero con sus labios, presionando sus uñas cortitas en las palmas de sus manos para tragarse el nudo que ya había empezado a formarse en su garganta. Sin embargo, su pecho se llenó de orgullo y de una que otra sensación muy animada cuando entró y nada se desmoronó, el techo ni siquiera se movió y las mantas seguían en su lugar bajo su cuerpo. Estaba muy caliente dentro, tenía la temperatura justa y se quitó el pantalón suave de pijama que antes le pertenecía a su mamá para acurrucarse sobre él también.

Empezó a dormitar apenas llevaba unos minutos dentro, sus ojos revoloteaban y sus labios se habían llenado haciendo muecas tiernas mientras salía y entraba de aquel trance que jamás había experimentado. La sensación de calidez y seguridad que emanaba del nido lo envolvía como un abrazo reconfortante. Cada fibra de su ser se sentía protegida, sus preocupaciones y temores se desvanecieron lentamente en la atmósfera tranquilizadora que había creado él mismo.

Veía todo con fascinación, ahora ya sabía porqué los omegas en estado los hacían. Se sentía más seguro y cómodo que nunca, con las rodillas bien pegadas al pecho y las pequeñas manos entrelazadas por debajo de ellas. El suave susurro de la tela sobre su piel y el aroma familiar de Louis impregnado en las prendas de ropa lo llenaban de una sensación de pertenencia y tranquilidad. Era como si estuviera envuelto en un capullo de olores dulces, donde los problemas del mundo exterior quedaban fuera y solo quedaba espacio para dormir. En ese momento, Harry se permitió entregarse por completo al sueño, confiando plenamente en la seguridad que el nido representaba para él e, inconscientemente, para Louis.

Pero su alarma lo sacó de aquel lugar al que ya quería llegar, abrió los ojos rápidamente para limpiarse las mejillas de aquella humedad que sus lágrimas habían causado, no sabía en qué momento había empezado a dejar escapar de sus ojos rastros de agua salina de esa manera tan pausada mientras dormía. Aunque deseaba quedarse un poco más en el cálido refugio que había creado, sabía que debía enfrentar la realidad y regresar al mundo exterior.

Reunió todo como pudo, soltando un jadeo bajito además de varios gimoteos de dolor que su omega sintió cuando todo su esfuerzo se fue bajo la mesa de la cocina que jamás usaban, justo a tiempo antes de que la puerta del departamento se abriera por un muy cansado Louis. Con un rápido movimiento, Harry se apresuró a disimular el desastre, empujando las mantas y almohadas debajo de la mesa con los pies esperando que Louis no lo notara.

Cuando Louis entró por la puerta, el cansancio era evidente en su rostro, pero una sonrisa se formó en sus labios al ver a Harry, quien trataba de ocultar su nerviosismo detrás de una expresión casual. Louis se acercó y envolvió a Harry en un abrazo reconfortante, el omega le rodeó la cintura en respuesta antes de estirarse por un beso cálido y muy húmedo, desordenado porque Louis no se había agachado como siempre hacía y Harry estaba muy tambaleante en las puntas de sus pies cubiertos por calcetines peludos y tibios.

Siguió gimoteando hasta que Louis lo alzó de los muslos, ya tenía las mejillas rosadas en señal de la extrema vergüenza que le llenó el pecho una vez empezó a soltar esos ruidos que sabía tanto le gustaban a Louis. El alfa empezó a hacer ruidos igualmente, pegando la espalda del omega contra la pared de la cocina. Jadeó en sus labios mientras seguía besando más abajo sobre su mentón y cuello.

Ya había estudiado en la biblioteca con Louis para su último examen teórico apenas salieron de la presentación de ese día, así que sus pensamientos acerca de seguir repasando sus fichas se quedaron en las profundidades de su cabeza cuando Louis pegó sus labios a su cuello y clavículas, haciendo marcas en su piel.

Su boca se abrió en un gemido silencioso, abrió y cerró sus manos en la ropa de gimnasio de Louis, sobre su cabello y también sobre sus hombros. Cada beso de Louis dejaba una marca ardiente en la piel de Harry, una prueba de la excitación que Louis siempre traía después de ir al gimnasio aunque estuviera exhausto. En ese momento, nada más importaba que el calor de sus cuerpos y la conexión intensa que compartían.

Harry se dejó llevar por el momento, entregándose por completo a la devoción de Louis. No había lugar para los estudios o las responsabilidades; solo existían ellos ahí y en ese momento, donde cada beso y cada caricia los acercaba más el uno al otro. Louis siguió succionando besos y marcas en la frágil piel del cuello del omega, la piel tersa se erizaba cada que el alfa pasaba su lengua encima para marcarlo con su aroma.

—Quiero ducharme contigo hoy después, ¿me dejarás, omega? —El alfa lamió una tira larga y gruesa en su mejilla, escuchando más gimoteos salir de los labios entreabiertos y mordidos del omega.

Harry asintió y abrió los labios una vez estuvo más asegurado en los brazos de Louis, entre la pared y sintiendo la pelvis del alfa contra su propia entrepierna. Soltó una que otra lágrima en cuanto Louis frotó sus miembros por encima de la ropa con demasiada fuerza, Harry estaba sensible aún por todo el asunto de su nido que se corrió antes que el alfa y la estimulación que no se detuvo lo hizo cerrar los tobillos en la espalda baja de Louis.

Era raro, porque no había palabras como siempre que hacían cualquier acto íntimo de esa manera. Louis estaba muy callado y no había dejado de embestir su centro de esa manera tan única, suya. Pero era lindo, suave como siempre era, haciendo sentir a Harry de la mejor manera con toques leves y una suavidad extrema cuando el orgasmó lo atacó también, se separó con lentitud de el omega y lo bajó en las puntas de sus pies para que Harry no se sintiera abrumado de ninguna manera.

Sus feromonas le nublaban el raciocinio de maneras inexplicables y no sabía en qué momento habría de acabar esa nube de olores a excitación y posesión. Lo que sí sabía era que la humedad de su propio lubricante y su orgasmo habían llegado a sus muslos por encima de sus pantalones y tenía los labios adormecidos.

Louis lo sostuvo cerca, Harry podía oler el rastro de excitación del alfa como si fuera suyo, había más rastros de olores fuertes que al omega le daba vergüenza mencionar por lo que habían hecho en la cocina en tan poco tiempo. No dudaba que la presión de los exámenes hacía que sus sesiones íntimas de besos y toques se vieran afectadas y reducidas a casi nada, pero siempre había la oportunidad de hacer algo y disfrutar de sus cuerpos fuera del celo.

Los dedos de Louis pasaron por su cabello y él cerró los ojos, dulce y más que cálido antes de empezar a juntar los muslos por lo raro que se sentía; el aroma de Louis disminuyó gradualmente cuando la euforia de sus orgasmos bajó y les permitió estar de pie unos minutos más, siempre sujetando a Harry contra su cuerpo. Eso era parte de la pequeña lista mental que Harry mantenía, acerca de sus pocas actividades favoritas para hacer con Louis.

—¿Irás con Zayn mañana? —Ya estaban en el baño de su habitación, con tazas de té en las manos mientras se secaban con toallas mullidas y los labios hinchados por besarse entre tragos; con Harry bien cubierto por una bata sentado en el retrete con la tapa cerrada y una toalla debajo de su trasero, Louis estaba maravillado y con ojos brillantes mientras miraba de reojo al omega, ocupado en afeitarse y perfilar la barba de días que a su omega le gustaba tanto—. Liam me dijo que él ya había buscado las películas de las que hablaron.

—Oh, sí. Sí, iré.

Zayn vivía con Liam en un edificio de departamentos no tan lejos del suyo, así que no sería muy complicado llegar allí. Liam era alfa, como Louis, con una apariencia que desafiaba su verdadera personalidad, tenía el cabello castaño y uno que otro arete que el mismo Zayn le había hecho. A pesar de su aspecto poco rebelde pero de gran musculatura y altura, Liam era un estudiante dedicado de medicina y mejor amigo de Louis, mostrando una capacidad excepcional para comprender y aplicar los conceptos médicos más complejos. Aunque su camino académico era exigente, Liam siempre encontraba tiempo para salir con ellos.

Zayn era más liberal, de presencia más reservada pero intrigante; contaba con más perforaciones en el cuerpo y usualmente llevaba tintes de colores distintos en el cabello, tanto que al inicio le había costado a Harry aceptar que no todos los omegas eran tan callados y tímidos como su mamá le había enseñado a ser siempre. Estudiaba artes y expresaba sus sentimientos por medio de caricaturas y rayones en sus libros, era muy talentoso y guapo, todo enfrascado en un flacucho y pequeño cuerpo. Pero el final del semestre estaba sucediendo y Zayn lo había invitado a una noche libre de alfas en su departamento.

Harry sabía que ambos eran sus amigos, pero Liam seguía viéndose tan grande e intimidante que casi nunca había podido interactuar con él sin sentirse fuera de lugar. Zayn se veía tan cómodo cuando estaba en los brazos de su novio que Harry no se permitía juzgar mal al alfa, pero aún así.

Así que ahí se encontraba, envuelto en su cárdigan de retazos de colores, con el cabello atado mientras dejaba que Zayn eligiera una película de la lista que ya ambos habían repasado pero Harry no se atrevía a hacer la elección de lo que verían por dos horas seguidas. La televisión que tenían era más grande que la de Harry y Louis, secretamente por eso elegían siempre su departamento para sus reuniones.

Su mirada vagaba en el departamento, ya había estado ahí antes, pero jamás había notado el nido cerca del balcón, era más grande que el que Harry había hecho y tenía más volumen, se veía más alto y acogedor. Era de telas más oscuras y tenía muchísimas almohadas, había alguno que otro peluche en la extensión y se quedó tan embobado viendo la linda construcción que no se dio cuenta que Zayn ya lo estaba mirando también, con una sonrisa de lado en sus labios.

—Muy pequeño, lo sé, Liam me lo dijo cuando lo acabé porque él no entraba cómodo —Zayn se encogió de hombros mientras dejaba el control en el brazo del sofá, y Harry se sonrojó hasta las orejas—. Pero no lo voy a cambiar, me gusta así, mientras más pequeño mejor.

—Uh, sí. Es… lindo.

—Claro que lo es, tardé demasiado y casi no usé muchas mantas; casi dos semanas, y después tuve que ampliarlo un poco para tener más espacio para Liam ahí, así que puse más ropa abajo y no fue muy rápido. ¿Cuánto te tomó a ti?

—¿Qué? —Trató de zanjar el tema, pero Zayn no lo dejaría con la misma sonrisa ladeada mientras se ponía la gorra de la sudadera de su novio que estaba usando.

—Tu nido, ya sabes.

—O-oh, bueno… es que, es algo así como que no tengo uno —Harry terminó por murmurar al final de su oración mientras se acomodaba de lado, subió sus pies al sofá y luego jaló un poco más hacia su lado la manta de lana suave que los cubría a ambos—. No es nada importante.

—¿... No tienes uno? —al omega se le borró la sonrisa, pero acabó por beber más té y girar su cuerpo de igual manera para ver a Harry correctamente— ¿Dónde pasas el celo, entonces?

—En mi cama, como siempre.

—Tu… cama. Oh, bueno. Supongo que todos lo pasamos donde quiera que nos sintamos más cómodos, ¿no?

—Sí, claro…

Harry no dijo nada más cuando la película inició, porque aquel personaje que veía en la pantalla no era nadie más que un actor que podía o no ser un omega de personalidad muy parecida a la suya. Trató de centrar toda su atención en la pantalla plana, pero su omega seguía necio y tenía el impulso de levantarse y analizar bien cómo el nido de Zayn estaba construído tan perfectamente sin un techo y sin paredes tan inestables como el suyo, quería tanto preguntarle a su amigo cómo había hecho para que se mantuviera erguido sin tener una pared atrás como soporte.

Pero la capacidad que tenía para no brincar del sofá y saltar al balcón para ver de cerca se estaba agotando, sabía que quizá los padres de Zayn habían sido muy considerados por haberle enseñado a su hijo omega la manera correcta de hacer un nido. Pensó que si él hubiese quitado su duda cuando aún era muy pequeño, quizá sabría cómo hacer uno, cómo mantener a su omega interno contento y satisfecho en un lugar donde él tendría toda la autoridad posible.

—Uhm… ¿Zayn?

—¿Sí?

—Si no quieres responder, está bien… ya sabes, no quiero molestarte con preguntas que no quieras responder, pero creo que es importante —Harry se olvidó de lo que fuera que estaba sucediendo en la película, ya no podía resistirse a su omega y tenía que soltarlo todo.

—Oye, sabes que puedes hablar conmigo de lo que quieras —Zayn le sonrió con ternura y pausó la película, incluso se sentó más cerca de Harry cuando él también se movió de lugar—. Yo sé que Louis no siempre comprende, es un alfa, entiendo.

—No es… acerca de Louis, todo está bien con él, creo.

—¿Crees?

—Bueno, sí. Hemos salido pocas veces por los finales, pero siempre llegamos a dormir juntos y eso está bien, ¿no?

—Me preguntas siempre si algo está bien. Si algo te hace feliz a tí y no dañas a nadie haciéndolo, no entiendo porqué debería considerarse bueno o malo —Zayn tomó las manos de su amigo con fuerza, recibiendo el mismo agarre como respuesta por parte del otro omega. Ambos tenían ese agarre seguro entre ellos, eran omegas táctiles y siempre que podían estaban en contacto; extrañamente tranquilizador.

Harry se quedó en silencio unos cuantos segundos, sin poder soportar la mirada del otro omega sobre su rostro por más tiempo; se mordió el labio inferior. No estaba muy seguro de cómo podría reformular su pregunta y todo el tema que quería abordar en ese momento. Tenía la confianza de que nadie iba a ingresar por la puerta porque esa noche era de ellos, pero aún así tenía cierta incertidumbre sobre contar lo que quería en voz alta.

—Sí, es bueno —dijo con firmeza, llevando su mirada a la pantalla donde la película seguía pausada. La imagen estaba congelada en una escena tranquila, ver el mar en el fondo de los personajes le recordaba a los ojos de Louis cuando despertaban tarde en las vacaciones—. Es sólo que no sé si lo que yo quiero hacer sea correcto. Y yo no quiero que te sientas mal, porque te admiro y eres uno de mis amigos cercanos, así que por eso quiero hablar contigo —se desvió un poco sobre lo que quería decir, pero alzó la mirada al terminar y vio el ceño fruncido del omega enfrente de él.

—De acuerdo… ¿qué sucede? No estás en, ya sabes, esas sustancias que apenas están sacando…

—¿Qué? No, no —Ambos fruncieron el ceño y hablaron al mismo tiempo—. No es eso, no estoy en drogas, Zayn. No pienses eso.

—Oh, oh. Que bien, un peso menos. Liam dice que hay muchos adolescentes llegando a urgencias… y como andas muy perdido en tus pensamientos, creo que me preocupé demasiado.

—Es sólo… Hace unos días anidé —la palabra se sentía tan extraña saliendo de sus labios, sin apenas llegar a pensar que alguna vez saldría de sus cuerdas vocales de esa manera tan casual—, en el departamento.

—¿En serio? ¿Le pediste ayuda a Louis por su olor y se negó, o algo así? —Zayn volvió a centrarse y a ponerse serio, Liam ya lo había regañado lo suficiente por hacer bromas de cosas raras en momentos poco adecuados.

—Louis no lo sabe.

Si Zayn se sorprendió, lo disimuló perfectamente porque no hubo ningún cambio en su olor y sus ojos se abrieron muy poco a lo que ya estaban. Giró un poco la cabeza en confusión, sabía que Harry era reservado y apenas hablaba con personas nuevas; pero Louis era todo lo que estaba bien en el mundo de su amigo, le contaba todo y siempre estaban juntos. Louis no era alguien de no saber las cosas de su omega, eran cercanos todo el tiempo, simplemente le causó sorpresa saber que esa vez el alfa estaba totalmente fuera de la situación.

—Oh, bueno. Es válido, ¿no? No deberías preocuparte por eso, quizá sólo debas hablar con él de eso cuando estés listo —trató de tranquilizarlo, podía sentir que su agarre se debilitaba y pronto las manos pálidas de Harry se vieron demasiado pequeñas cuando empezó a temblar.

—¿Y si no le gusta? ¿O si quiere terminar conmigo porque cree que no es correcto?

—Si no le gusta, que se tape los ojos —Harry lo miró desconcertado, con una sonrisa pequeña ante el ingenio y la facilidad con la que Zayn siempre tenía una respuesta para cada cosa que escuchara—. Es así, no puedes abstenerte de tener un nido sólo por lo que alguien más llegue a pensar sobre eso.

Zayn sólo lo abrazó cuando sus ojos se llenaron de lágrimas; Harry creía que después de todas las veces que se levantaba de la cama, cuando Louis estaba dormido, para llorar en silencio en el baño por la angustia que sentía, se le habían acabado las lágrimas.

Terminaron de ver la película más cerca que antes, ambos acurrucados sobre el otro en el sofá con una manta extra encima porque cada vez hacía más frío. El aroma de Zayn era un poco fuerte y desconocido para Harry ya que siempre usaba neutralizadores en spray cuando salían, pero aún así era suave en su nariz. No se dio cuenta que ambos estaban ronroneando hasta que sintió el rumor de Zayn en su propio pecho.

Se durmieron en la cama de la habitación de invitados, a Zayn no le gustaba que olores externos entraran en su habitación compartida con Liam. Harry siguió inquieto a pesar de que el sueño hacía que sus ojos se cerraran y su cuerpo se sintiera pesado, aunque su decisión había sido tomada en la confusión de su cerebro. Y aunque se repitió demasiadas veces su plática con Zayn sobre que no había ningún problema en que lo hiciera, aquella moral interna con la que lidiaba no le dejaba de atormentar hasta que decidió ignorarla.

Con el pecho lleno de un sentimiento desconocido, empezó a sacar todas las mantas de la bola que había hecho en el clóset cuando la mesa de la cocina dejó de ser buen escondite para su nido, llevándolas a la sala donde había hecho el primero.

Incluso si Louis estaba durmiendo en su habitación, la culpa le carcomía por dentro cada vez que se ahogaba un sollozo y acomodaba sus mantas en aquel círculo. Todo tipo de tela se iba acomodando en un orden que Harry desconocía pero por el que se dejaba llevar, el puro instinto que le decía dónde y cómo poner las piezas; ese que también le llenaba los ojos de lágrimas que le limitaban la vista a simples borrones de colores.

Con cada capa añadida, sentía una mezcla de alivio y desesperación, como si el acto físico de construir el nido le permitiera procesar emociones que no sabía cómo enfrentar de otra manera. La necesidad de sentirse seguro y protegido era su prioridad en ese momento, y aunque el nido no eliminaba todos sus miedos, le ofrecía un refugio temporal donde podía ser vulnerable sin juicio.

Cada vez que pensaba en la mirada desaprobatoria de su mamá sobre su creación, se le dificultaba continuar y tenía que tomarse unos cuantos segundos para calmarse y luchar contra su propia imaginación y pensamientos negativos. La imagen de su madre frunciendo el ceño se volvía tan real que Harry casi podía escuchar su voz crítica, cuestionando su necesidad de construir un nido en primer lugar. Pero el pensamiento, aquel que le decía que todo iba a estar bien y que sus problemas se desvanecerían una vez estuviese dentro del cúmulo de mantas que se volverían barreras al exterior, le ayudaban a seguir adelante. Esa voz interna, suave y consoladora, era lo único que lo mantenía avanzando, susurrándole que estaba bien buscar refugio y consuelo de esta manera.

Y cuando terminó, se giró en sus rodillas, llevándose las manos al pecho para tratar de respirar hondo algunas veces y callar aquellos ataques de hipidos de sollozos que cada vez se iban haciendo más ruidosos y rápidos. El esfuerzo por mantener la calma era palpable, sus dedos se clavaban en su pecho en un intento desesperado de estabilizar su respiración y detener las lágrimas que corrían libremente por su rostro. Cada sollozo era un recordatorio de cuánto tiempo le tomó darse cuenta de que su omega añoraba tener un espacio seguro, suyo.

Ni siquiera notó que un alfa adormilado se había levantado de la cama, con un costado de la mejilla lleno de marcas de la almohada y el cabello revuelto ya estaba allí; con sentimientos completamente distintos a los suyos en ese momento. Louis, todavía medio dormido, parpadeó varias veces para despejarse la somnolencia mientras observaba a Harry con una mezcla de confusión y preocupación. El contraste entre sus estados emocionales era evidente, Harry se encontraba en medio de una tormenta interna y Louis solo sentía una calma adormilada interrumpida por la necesidad de consolar a su omega.

Louis se le acercó con pasos suaves y lentos, sigiloso, después de haberse frotado los ojos y bostezando un par de veces más, y se arrodilló en silencio para no abrumar más al omega frente sí, que ya parecía estarlo demasiado. No dijo nada al principio, solo se inclinó y envolvió a Harry en sus brazos, ofreciendo su presencia cálida y reconfortante como un ancla en medio del tumulto emocional.

Cuando Harry detuvo su llanto, fue de manera abrupta con la nariz roja y los ojos hinchados, tenía los labios rojizos y con una pequeña herida que se había hecho al morderse el labio inferior demasiado fuerte. La sensación de dolor en su pecho se desvaneció rápidamente cuando el familiar olor de Louis llenó sus sentidos. Era un aroma que asociaba con protección y amor, y que en ese momento, más que nunca, le proporcionaba un consuelo indescriptible mientras soltaba su cuerpo con calma en el abrazo de Louis.

El olor del alfa le llenó los ojos de lágrimas, de otro sentimiento que era más fuerte que la culpa y quiso meter la cabeza en la hendidura de su cuello allí mismo, sabiendo lo mal que se vería que un omega oliese a su alfa de esa manera. A pesar de la intensidad de sus emociones, Harry se permitió un momento para inhalar profundamente, absorbiendo el aroma de Louis que parecía envolverlo en una burbuja de seguridad. Era un acto instintivo, una búsqueda desesperada de alivio y estabilidad en medio de su vulnerabilidad. Aunque sabía que socialmente podría ser visto como inapropiado, en ese momento, su necesidad de consuelo superaba cualquier preocupación sobre su apariencia.

Pero había una seguridad a sus espaldas, algo que seguía llamándolo para que entrase al nido y se resguardara de cualquier cosa que lo pusiera en peligro, como aquella mesa de centro con la que siempre se golpeaba las pantorrillas. El nido, con todas las mantas y almohadas colocadas cuidadosamente, era más que un simple espacio; era su deseo de sentirse protegido y amado. Harry sentía una atracción casi magnética hacia él, una necesidad primordial de esconderse y encontrar paz en medio del caos emocional que lo rodeaba.

Louis alzó su mano hasta su mejilla, lentamente y sacándole de sus pensamientos como siempre hacía cuando lo necesitaba. Le acomodó la palma de su mano en su mejilla, y Harry se inclinó al tacto un tanto temeroso, con las mejillas rojas de vergüenza y mojadas con lágrimas. Sentir la calidez de Louis contra su piel era como un bálsamo. El contacto familiar le recordaba que no estaba solo, que había alguien dispuesto a estar para él en esos momentos tan caóticos. El roce suave y constante de la mano de Louis fue suficiente para comenzar a calmar el torrente de pensamientos que corría por su cabeza.

No necesitaban palabras, pero Louis se acercó hasta besarle la frente con los ojos cerrados, viendo detrás del omega para poder observar aquel nido que tanto le había costado aceptar que necesitaba. Había cierto orgullo llenando el pecho del alfa, Oli le había hablado de los nidos y lo importantes que eran para los omegas, estaba contento de que Harry por fin tuviera uno. Esperaba que ese sentimiento de protección en su omega para cuidarse a sí mismo funcionara, que lo salvara de caer nuevamente.

—¿Quieres entrar? —Su voz salió en un susurro bajo, y sus manos se acomodaron en la nuca de Harry con disimulo experto y paciencia infinita—. Puedes dormir una siesta ahí, ¿eh? ¿Qué tal suena eso?

Louis habló con una ternura que le llegaba al alma, sus palabras cuidadosamente elegidas para no presionar a Harry, pero ofreciendo una opción que sabía podría proporcionarle la paz que tanto necesitaba. Siguió pasando sus dedos por la nuca llena de rizos diminutos mientras trataba de no alterar a su omega, listo incluso para salir del departamento si Harry se lo pedía.

Harry asintió, sus pestañas se habían juntado por la humedad que ya no escurría de sus ojos pero seguía allí, en las esquinas. Louis sonrió al verlo, besó sus párpados y secó las últimas lágrimas de su novio, pasando su lengua con calma por sus mejillas y dejando un beso en sus sienes una vez acabó. El alivio que inundó al omega con tan solo ser tocado por su pareja hizo que todo se sintiera mejor, más fácil.

Louis le quitó la ropa, dejándole en ropa interior como él estaba, y lo levantó por debajo de los brazos para poder meterlo a su nido. Lo hizo con un cuidado extremo, asegurándose de que cada movimiento fuera lo más suave posible para no alterar el frágil estado emocional de Harry. Le costó un poco acostarlo, ya que él seguía de rodillas frente a la zona, lejos de tocar cualquier cosa y moverla. Observó con atención cómo el cuerpo de Harry se acomodaba entre las mantas y almohadas, su figura pequeña y frágil pareciendo encajar perfectamente en el espacio que había creado con tanto esfuerzo.

Y vio cuando la mueva de angustia que Harry portaba, con las cejas casi juntándose y los labios fruncidos en un puchero, desaparecía con el pasar de los segundos dentro de la base, con su aroma y el suyo propio rodeándolo por todas partes. Harry se relajó visiblemente, sus músculos tensos soltándose poco a poco mientras inhalaba profundamente, dejando que el familiar y reconfortante olor de Louis lo envolviera.

Louis se quedó de rodillas a la entrada del nido, observando aquellos ojos somnolientos cerrarse por completo y sus pequeñas manos sosteniéndolo de las muñecas para que no lo soltase, como si su lugar personal y seguro se lo fuese a tragar en cualquier momento. El alfa se quedó afuera, aventando un cojín del sillón al lado del nido para recostarse allí; con la cabeza recargada en el cojín y las piernas juntas, el sueño también se apoderó de él.

Acostumbrarse a tener un nido fue todo menos sencillo.

Los primeros días fueron especialmente difíciles para Harry, quien aún luchaba contra los restos de la vergüenza y la incomodidad. Pero, poco a poco, comenzó a encontrar en su nido una fuente inagotable de consuelo y seguridad. Le gustaba acostarse y mirar por la ventana hacia el cielo, cuando el atardecer lo bañaba en calor y colores naranjas y rojizos. En esos instantes, Harry sentía que todo estaba bien, como si el nido y el cielo fueran sus cómplices en un pacto silencioso de serenidad. También veía a Louis hacer cenas simples cada noche que no se quería levantar.

La sensación de estar envuelto en sus mantas, rodeado por los recuerdos y los olores familiares, le proporcionaba un refugio donde podía desconectar del estrés y la presión del mundo exterior. El tibio calor de su área le daba toda seguridad que llegase a necesitar, y gracias a que los finales habían terminado unos pocos días atrás, ya tenía un par de meses para buscar un trabajo y relajarse dentro de aquella cama informal para ver películas en su computadora.

Louis también se daba cuenta de la importancia de ese espacio para Harry. Respetaba ese nido, haciendo todo lo posible para asegurarse de que su omega se sintiera seguro y amado. Cada noche, se unía a Harry por fuera del nido, veía a Harry quedarse dormido en completa tranquilidad y hacía a su alfa orgulloso de proveer de esa seguridad al omega.

Pero lo que le preocupaba a Harry era otra cosa; había aprendido que nadie iba a juzgarlo, que estaba bien siempre y cuando no le hiciera daño a nadie de ningúna manera, lo preocupante e incluso estresante, era que no había invitado a Louis a entrar a su nido todavía.

Era como si hubiese una barrera invisible entre ellos, una que Harry no sabía cómo cruzar. Cada vez que Louis se acercaba al nido, Harry sentía una mezcla de nerviosismo y anticipación, deseando con todas sus fuerzas poder dar ese paso, pero sin saber cómo. El temor al rechazo, la inseguridad y la duda todavía estaban en su mente, haciéndolo sentir atrapado en sus propias emociones.

Llevaba algunas horas planeando cómo decirle, qué palabras usar e incluso que muecas haría. Ensayaba mentalmente cada frase, cada gesto, tratando de encontrar la manera perfecta de invitar a Louis a compartir el nido con él.

Sentía un nudo en el estómago, un peso en el pecho que le dificultaba respirar con normalidad. Sus manos temblaban ligeramente, y cada vez que intentaba hablar, las palabras parecían atorarse en su garganta. Era como si una parte de él se resistiera a abrirse por completo, a mostrar esa vulnerabilidad ante Louis.

Todo era tan complicado, la vergüenza siempre le llenaba el cuerpo de sensaciones raras aunque tratase con todas sus fuerzas de actuar seguro y confiado, no podía. Sus ojos se llenaron de lágrimas por el pensamiento, ya apretó la bolsa de papas fritas que había estado consumiendo por un rato. Porque pensar en que Louis estaba con él aun si casi nunca le contaba lo que quería era raro, quizá tenía mucha paciencia, pero no era saludable.

El contacto del terapeuta de la universidad siempre terminaba de vuelta en la chaqueta que casi nunca usaba y permanecía bajo un montón de ropa más. Pero eso sería una preocupación para otro día, el ruido de la cerradura abriéndose no le dejó seguir torturandose en su mente mientras buscaba el valor necesario para finalmente invitar a su alfa a entrar en su nido.

—¿Omega?

—Hm, aquí —Harry se enderezó y se limpió las manos en su pantalón corto, tratando de lucir más tranquilo de lo que realmente se sentía—, en el… en el nido.

Louis notó el tono asustado y casi incómodo de la oración de Harry, pero decidió ignorarlo un poco. Esa semana se había tratado de entender cómo se sentía Harry sin saberlo, qué tanto se había presionado a sí mismo para salir de su supuesta zona de confort para crear una real.

—Está bien, solo quería saber dónde estabas —se agachó y besó sus labios unos segundos muy escasos, pero el agarre desconfiado del omega en su cuello le impidió retirarse, decidiendo lamer dentro de su cavidad. Tenía una sonrisa cansada en el rostro cuando se separó, había empezado a trabajar en una pequeña tienda de comestibles y estaba todo el día de pie—. Hola.

—Hola, alfa.

—¿Cómo estuvo tu día? —como el primer día, tomó asiento fuera del nido, y tomó un par de frituras de la bolsa abandonada al costado de Harry.

—Hm, bien. Hablé con mi hermano en la mañana, y llegó el paquete que pediste hace unos días.

—¿Ya lo abriste?

—No —¿Cómo podría él hacer eso? Era un paquete para Louis, no era suyo—, pero lo dejé en el escritorio.

Louis no esperó más, se levantó con prisa y corrió hasta el paquete que seguía bien sellado. Tenía una sonrisa en el rostro cuando salió de la habitación, satisfecho con su compra. La caja no era demasiado grande ni pesada, tenía una cinta con su dirección y el nombre de Louis en la parte de arriba, Harry no sabía qué esperar del contenido.

Las luces de hadas que venían en el paquete colgaron de entre los dedos de Louis con naturaleza, y con una sonrisa más grande empezó a colocarlas en la pared detrás del nido de Harry, terminando por poner una pequeña pieza de cinta sobre los lugares más propensos a caer y conectó el enchufe a la luz.

Harry observó a Louis con una mezcla de sorpresa y emoción mientras colgaba las luces de hadas en la pared detrás de su nido. La luz suave y cálida de las pequeñas bombillas creaba un ambiente más tranquilo que el foco de luz fija en el centro del techo. Las luces se reflejaban en sus ojos mientras Louis se movía con cuidado, asegurándose de que cada parte de la decoración estuviera perfectamente colocada.

El alfa observó la mirada asombrada de Harry cuando las encendió, el anochecer ya se había llevado consigo cualquier tipo de luz que llegase a entrar por la ventana, dejando que las luces iluminaran la habitación de esa manera tan sutil y cálida. Decidió sacar al menos la mitad de la capacidad en su celular de fotos sobre esa escena, con Harry siendo bañado en luz amarilla envuelto en mantas y prendas de ropa.

Harry no necesitó de más gestos extremadamente tiernos para tomar a Louis de las muñecas y tirarlo encima suyo en el nido, llenando su rostro de besos húmedos de saliva y lágrimas que sólo representaban su gratitud hacia todos esos detalles por los que Louis siempre se preocupaba. Tenía ganas de absorberlo, de llenarse los pulmones con su aroma seguro y potente, tan fuerte que si lo inhalaba por mucho tiempo le hacía caer en una nube de la que no podía escapar. Pero él necesitaba de esa nube, de esa solidez y estabilidad de la que tanto huía.

Y mientras más bebía de los labios amorosos y rojizos de Louis, sus muslos más se juntaban en busca de aquella sensación prohibida pero tan necesaria.

Anhelaba tanto sentir a Louis de cualquier manera posible. Lo necesitaba.

Louis se dio cuenta en cuanto notó el cambio de aroma a su alrededor, ese tono dulzón que le picó en la punta de la lengua una vez lo olió en el aire. Un gruñido se formó en su garganta cuando bajó a besar las clavículas del dulce ser debajo suyo. Harry llegó a retorcerse bajo el cuerpo pesado que le había cubierto por completo una vez relajó el cuerpo y su lubricante llegó a mojar la tela de sus pantalones cortos de esa manera tan única.

Harry abrió las piernas con lentitud, colocando sus manos hechas puños sobre su vientre rodeado por ese par de tatuajes simples que le decoraban las caderas. Louis no tardó en acomodarse entre el par de suaves piernas descubiertas, suave piel que rodeó su cintura mientras se acercaba más al omdga dócil debajo de él.

Louis le retiró la ropa que lo cubría después de ponerse de rodillas en el mismo lugar, dejándole en ese suéter suave que le pertenecía al alfa; Louis besó todo a su paso cuando decidió que era mejor cambiar de posición sin molestar la que Harry tenía, lamiendo la piel tersa en sus muslos antes de llegar a esa zona que rogaba por poseer.

Cuando la lengua de Louis por fin llegó a dónde más la quería, Harry tiró de su cabeza hacia atrás en un arco perfecto y simultáneamente tomó en sus manos los cabellos sobre la nuca de Louis, gimió desde lo más profundo de su garganta plantando bien los pies aún con calcetines sobre la base de su nido, ni siquiera pudo llegar a preocuparse por ensuciar las telas y se sintió bien, egoísta incluso.

Louis no tardó en empezar a moverse entre sus piernas, metiendo su lengua y endureciendo la punta para poder tocar más allá que sólo lo que se permitía. Subió la cabeza, con los labios húmedos y la barbilla goteando besó con la boca abierta sobre su entrepierna una vez decidió que fue suficiente, apenas había pasado tan poco tiempo que Harry se quejó en su garganta, bajo y suave.

Harry ya le había enganchado los tobillos en los hombros, pegándole de la mejor manera donde olía y sabía más dulce, donde Harry jamás se cansaba de ser adorado por el alfa que hacía maravillas con la boca. Sus quejas no llegaron a mucho, Louis se relamió los labios de nuevo al escuchar sus ruidos y se limpió la barbilla con la esquina más cercana del suéter del omega.

El alfa le besó la parte inferior de su entrepierna, un beso ruidoso en el silencio tranquilo del nido, antes de introducirla hasta su relajada garganta, donde no le molestaba mucho. Tragó a su alrededor antes de succionar y empezar a mover la cabeza con los labios bien ajustados a su circunferencia.

El omega llenó sus pulmones del aire cargado de feromonas y esencias fuertes antes de soltar el jadeo más bajo nombrando a Louis cuando su orgasmo le tensó el vientre y llenó la boca del alfa como siempre, era incluso un poco vergonzoso saber que no había pasado mucho tiempo desde que empezaron sus actividades, pero una ola de orgullo atravesaba el pecho de Louis cada vez que sucedía.

El cuerpo del omega se relajó, pesado contra las suaves sábanas, apretó la manta al lado de su cabeza y se quejó débil una vez Louis empezó a besar su cansado miembro otra vez, nuevamente dejándolo erguido y todavía ansioso por obtener más. Louis no se detenía después de hacerlo llegar al éxtasis una sola vez, le gustaba tener a su omega lleno de atención, satisfecho, feliz cuando se acurrucaba con él y podía sentir todavía el ligero temblor de las piernas de su pareja contra las suyas.

Louis se colocó de rodillas por segunda vez y se bajó los pantalones con bastante lentitud, con movimientos suaves hasta que llegaron a la curva de sus piernas y tuvo que sentarse para quitar la tela del camino. Sonrió satisfecho lamiéndose una gota de la humedad de su omega que había llegado hasta su pecho y que tomó con su dedo, a sabiendas de la desesperación que Harry tenía por besarlo.

Ante su falta de contacto por esos escasos segundos en los que Louis terminó por desnudarse, no tardó en tomar a Harry por debajo de los brazos para colocarlo a horcajadas sobre sus muslos, mientras él seguía sentado. Le besó la garganta mientras bajaba una de sus manos hasta su propio miembro, frotando suavemente la extremidad húmeda para deslizarse con mayor facilidad en el omega que había empezado a impacientarse encima suyo.

Harry besó sus mejillas y su mandíbula, no se quejó cuando la fina barba del alfa picó en sus labios ni cuando su lengua se raspó al lamer la esquina donde su cuello se conectaba con su mandíbula. No abrió los ojos después de ver el borrón lento de la mano de Louis en su entrepierna, ansiaba sentirlo contra él, en él, pero seguía mortificado por el tamaño que su nudo podría llegar a tener en su interior al expandirse.

Louis tomó su mandíbula con una mano fuerte, segura, giró su rostro para besarlo correctamente y como había estado esperando todo el día. Le gustaba sentir los labios suaves de Harry contra los suyos, cómo siempre se abrían para él y la manera en que a veces quedaban irritados y más rojos si los mordía. Podía pasar horas en ese lugar, siendo besado por su omega y rodeado por su vívido aroma.

El alfa acariciaba la piel suave de Harry con sus pulgares mientras seguía besándolo, dibujando pequeños círculos que enviaban escalofríos por la espalda del omega. Cada caricia, cada roce, transmitía una promesa silenciosa de lo que podía llegar a convertirse en su noche. Harry, sintiéndose abrumado por la ternura y el deseo, enterró sus dedos en el cabello de Louis, tirando suavemente para acercarlo más.

Louis pudo sentir cuando el omega apretó sus muslos alrededor de los suyos, sentía físicamente la frustración de Harry, se separó de sus labios con un chasquido y sujetó al omega con su brazo por la cintura, la fuerza que seguía guiando sus movimientos lo mantuvo quieto y Harry abrió los ojos sólo cuando sintió la ancha presencia de Louis en su abertura.

Una vez el alfa tomó el impulso de adentrarse, Harry lo recibió en el calor y con estrechez sofocante, húmeda y aterciopelada. Ahogó un gemido ronco en el costado de la mejilla de Harry, sosteniéndolo para no dejarlo caer abruptamente. Harry jaló de su cabello con fuerza hacia atrás, poniéndose en una mejor posición sobre las puntas de sus pies. Jadeó ante la sensación y abrió los labios para dejar escapar cualquier sonido que decidiera abandonar su garganta, aunque asegurándose de mantener su sonrojo.

—Alfa —gimoteó cuando sus pieles se juntaron y sus músculos se adaptaron a la entrepierna ajena, apretó sus muslos con fuerza alrededor de la cadera de Louis cuando lo empezó a bajar hasta que estuvo completamente sentado sobre él.

Sus brazos cayeron desde la nuca de Louis hasta su cuello cuando perdió su fuerza por completo, se quedó quieto y en silencio y apretó sus manos en los hombros llenos de pecas del alfa cuando el sentimiento de tener tanta intimidad con su pareja en el nido le llenó el pecho. Sabía que estaban seguros ahí, él había construido el nido así de cálido para ambos y estaba completando su función correctamente junto a la presencia reconfortante de Louis.

Con Louis así de cerca, Harry no podía sentirse menos lleno y satisfecho, jadeando húmedo con la boca abierta contra la mejilla de Louis y sosteniéndose con fuerza de sus hombros. En algún momento sus piernas subieron hasta la espalda baja del alfa, anclandose con los tobillos ante el inminente y nuevo orgasmo que ya había empezado a surgir en su vientre, dejó caer su pecho contra el alfa y su peso se mantuvo en el agarre de sus tobillos. Louis sabía que podía hacerse cargo.

El alfa bajó su mano libre que simplemente había estado pasando sus dedos por la cadera de Harry tratando de tranquilizarlo y hacer que respirara correctamente, sus dígitos desaparecieron entre sus piernas como muchas veces lo habían hecho, pero sólo para sentir el borde de Harry estirándose para recibirlo en su canal.

Harry se sonrojó de vergüenza, no podía cerrar las piernas y su boca parecía demasiado pesada para hablar. Se escondió en el hombro de Louis, relajando su cuerpo cuando Louis simplemente subió la mano hasta tocar los hoyuelos que tenía en la base de la columna. El omega pudo mirar que sus piernas habían perdido su soporte todavía más de lo esperado, estaban inmóviles salvo por los estremecimientos de sus muslos a los lados de Louis y siquiera lo había notado.

Eran pocas veces que habían llegado a tal grado de intimidad, Harry siempre detenía a Louis cuando más de un sólo dedo entraba en él y el alfa no parecía disgustado. Hacían lo que más les gustaba cuando estaban con el ánimo, y Harry podía contar con los dedos de las manos las veces que había estado tan abierto sobre Louis.

Louis tomó una de las piernas de Harry cuando el omega se quejó de nuevo, la curva de la rodilla le sirvió como soporte cuando levantó el cuerpo más pequeño sobre el suyo y lo bajó de igual manera, una velocidad tenue y profunda hizo que Harry se aferrara aún más a su cuerpo y que pusiera los sonidos más exquisitos en sus labios.

Harry seguía poniéndose mojado, su entrepierna se frotaba contra la piel del estómago de Louis, haciendo un desastre de fluidos y marcando al alfa con su olor en su piel más sensible y cercana a su parte odorífera más cercana. Los muslos de Louis se llenaban con esa humedad cada que bajaba su cuerpo, Harry escuchó el sonido pegajoso cuando lo levantó y apretó su cuerpo, incluído su interior. Louis gruñó en su oído cuando sintió el canal de Harry más ajustado a su alrededor, su agarre en la espalda del omega se intensificó y lo dejó quieto, la punta de su entrepierna estaba tocando el lugar de Harry con cada embiste, pero si el omega seguía igual de apretado, se le haría imposible seguir moviéndose.

Los gruñidos de Louis en su oído eran satisfactorios de escuchar, hacían que quisiera retroceder y verlo a los ojos, retorcerse y seguir haciéndolo así de contento. Tan poseído por Louis, su propio miembro quedó contra su estómago, las protuberancias de su pecho estaban cada vez más hinchadas, sus pezones no eran tan sensibles si no estaban en la boca de Louis, pero seguían teniendo contacto con los pectorales del alfa y estaba seguro de que jamás habían estado de esa manera.

Tan dócil y quieto como estaba en ese momento, cerró más sus extremidades en su novio, apretándose contra él cuando el orgasmo le manchó la piel sonrosada y húmeda del estómago, le llegó hasta la barbilla y el dulce líquido blanquecino escurrió sólo un poco antes de caer a la boca dispuesta de Louis. El alfa seguía igual de tranquilo, lo que revelaba su posición era la marcada y agitada respiración que seguía atacando sus pulmones; el sudor estaba por todo su pecho, algunas gotas del orgasmo de Harry cayeron en su pecho y el olor fuerte a pertenencia se podía sentir desde tan cerca.

Pero Louis no se detuvo en ese momento, y fue suficiente con respirar un par de veces el aroma de Harry para levantarse en sus rodillas y ajustar el cuerpo débil del omega contra su pecho para levantarlo y seguir moviéndose con sus huesos bien plantados en la base del nido. Harry se aferró cuando sintió el cambio de altura, no abrió los ojos aunque no sabía en qué momento los había cerrado y jadeó.

Oh, el nido.

Tan corrompido cómo lo estaba en ese momento que no podía siquiera imaginarse todas las cargas en la lavadora del edificio que tendrían que hacer al limpiarlo, seguía llenándose de olores nuevos que Harry quizá no quería en su tranquilo espacio. Pero en ese momento estaban tan juntos y más unidos que nunca, y haberlo hecho en esa zona tan íntima sólo era una manera de muchas de marcarlo como suyo.

Louis siguió moviéndose, cada vez el rango de sus embestidas se acortaba cuando la fuerza de sus brazos de agotó, pero el omega sintió el aguante de su pareja cuando no se detuvo. Sabía que esa resistencia la había ganado en el poco tiempo que llevaba de entrenar en el gimnasio del campus, él mismo había visto al alfa entrenar por tanto tiempo con el solo propósito de correr cada vez más en la caminadora.

El nudo les tomó por sorpresa cuando se enganchó al borde del omega, Louis no esperaba perder el control de esa manera. Harry gimoteó y se escondió más en el cuello del alfa al sentir el estiramiento repentino en su centro; no había sido anudado jamás y no esperaba que su primera experiencia fuera en esa posición tan reveladora y con su alfa tan fuera de sí como él mismo se encontraba.

La primera carga cayó en sus entrañas apenas el nudo tomó su tamaño completo, actuó como un dolor sordo que se extendió hasta sus hombros cuando se atascó en su interior y lo estiró por dentro. Harry había escuchado a Zayn hablar tantas veces de lo que hacía cuando un nudo lo llenaba, pero simplemente no se sentía tan maravilloso como su amigo lo había explicado.

Era como si ardiera por dentro, su estómago se sentía lleno y era desagradable querer cerrar las piernas y tensar el cuerpo cuando sabía que sólo lo haría peor. El dolor no se fue aunque Louis acariciaba su espalda y disminuyó en lo mínimo cuando lo recostó en el nido con cuidado, aunque el nudo tiró por el cambio de posición y sintió como si se fuera a romper, era demasiado. Iba a morir si Louis no lo sacaba pronto.

Sus labios afiebrados se sentían adormecidos también, pero no dudó en colocarlos en la mejilla del alfa en busca de consuelo, con las manos cayendo de los hombros del alfa y haciendo un ruido al chocar junto a su cabeza. En un movimiento brusco gracias al escalofrío que recorrió la espalda de Harry cuando una carga nueva se deslizó en él, el nudo le tiró de nuevo, y quizá aquellos colmillos se expandieron de su tamaño normal.

—¿Alfa? —aún con toda la pena de llamarle así, habló.

La respuesta de Louis se quedó en el aire, vacía, y tuvo que separarse del omega para ver qué ocurría. Un gruñido seguía molestando su pecho, estaba alerta aunque sabía que nadie estaba ahí y que no recibirían visitas sorpresa. Llevó sus dedos al labio superior de Harry, y lo alzó revelando aquellos blancos caninos que nunca había visto en todo el tiempo que llevaba con Harry. Podía decir que el omega se sentía tenso, inquieto o asustado.

—Oh, bien. Está bien, es normal —le besó la frente y regresó a recostarse sobre su pecho. La voz de Louis era suave, tranquilizadora, intentando aliviar cualquier miedo que Harry pudiera tener. Sus dedos continuaron acariciando su mejilla, moviéndose lentamente hasta su cuello en un gesto reconfortante—. ¿Te duelen?

Harry tenía los ojos entrecerrados, pero empezó a gimotear y asintió con la cabeza. La mejilla de Louis estaba muy cerca, rascó las puntas de sus colmillos allí y cerró la mandíbula. Sintió una mezcla de alivio al hacerlo, como si el simple acto de anclar sus colmillos a una superficie le brindara un consuelo inesperado.

Louis sintió la ligera presión de los colmillos de Harry en su mejilla y se quedó inmóvil, el dolor agudo que la mordida de marca de su omega le estaba causando una incomodidad extraordinaria. Bajó los ojos cuando sintió un líquido escurrir por su cuello, era su sangre, cayendo en un río desagradable sobre la boca del omega que no lo soltaba.

Se quedó quieto y esperó, pero Harry no curó la herida, se quedó dormido con las comisuras de los labios manchadas de rojo y con un lazo que había formado sin siquiera saberlo.