Mirarnos

Se encontraba el director de la universidad de Bath, en Inglaterra, con un gran dilema. Por primera vez estaba presentando solicitud de ingreso una persona no vidente y realmente no sabía qué hacer, por lo que citó a una reunión con los profesores de las áreas más importantes y así conocer sus opiniones.
—Creo que es una oportunidad maravillosa de aprender, —dijo Louis Tomlinson, director y profesor del área humanista. —Por lo menos en lo que a mi área respecta, estaré encantado de recibirlo.
—Soy de la misma opinión, —habló ahora Zayn Malik, encargado del área de artes.
—También yo. —Fue el turno de Niall Horan, responsable del área de matemáticas y economía. —Estoy seguro de que podremos ayudarlo y guiarlo. Espero ansioso el comienzo de clases para poder conocerlo.
—Entonces así será. Estoy seguro de que todos los demás estarán de acuerdo. Gracias por asistir a esta improvisado consejo y no los retengo más. Señor Malik, por favor quédese.
Los profesores se miraron cómplices y salieron, dejándolos solos.
—¿Qué necesita Señor Payne? ¿En qué lo puedo ayudar director?
—Necesito con suma urgencia, mínimo un par de deliciosos besos. ¿Qué dice?
—Que amo a mi Liam mandón, —contestó sentándose en las piernas del director y perdiéndose en su boca.
Al final del día se encontraron los profesores en un precioso café. Eran amigos desde que estudiaban en esa misma universidad, hace ocho años.
—¿Cómo les va, ahora que por fin se mudaron juntos? —Preguntó Niall a Zayn, en referencia a la relación que tenía con el director.
—Ha sido lo mejor. Ya eran tres años de relación, había que dar otro paso y con Liam todo es muy fácil.
—Se les nota lo enamorados, y estoy muy feliz por ustedes, —comentó Louis.
Hicieron un pequeño brindis con café.
—¿Y? ¿Están listos para un nuevo año? Ya quiero torturar a mis alumnos y hacerlos pintar y esculpir como locos, —sonrió Zayn.
—Pienso igual, quiero ver sus cerebros exprimirse con cálculos y números, —confirmó Niall.
—Son terribles. Yo estoy muy ansioso por el nuevo alumno no vidente. Me intriga saber cómo se desarrollará, debe tener una sensibilidad diferente.
—Oh, ahora que lo dices voy a llegar a revisar qué textos se pueden encontrar en braille, —dijo Niall.
—¿Cómo no lo pensé antes? Es super necesario, quizás deba modificar mi planificación.
—Estuve mirando la universidad y me di cuenta de que apenas hay una rampa para las personas con movilidad reducida. Creo que vamos a tener que estar atentos a las necesidades de nuestro alumno, pero esperar a que él nos guíe.
* * * * * * * * * * * * * * * * * * * *
El día del inicio de clases llegó inevitablemente, ruidoso, caótico, expectante. A pesar de ser una pequeña universidad en un pequeño pueblo, llegaban muchos estudiantes atraídos por las excelentes referencias. Ése era el caso de Harry, quien vivió toda su vida siempre en Bournemouth y hace dos años se mudó a Winsley, a un poco más de diez minutos en tren.
Vivía solo, pues su madre, su única familia y compañía, también ciega, había muerto hace dos años dándole el dolor más grande de su vida. Ella había perdido la visión debido a una enfermedad degenerativa muy agresiva, a los treinta y cinco años, que le heredó a su hijo.
El padre de Harry los abandonó cuando supo que Harry también perdería la visión, no pudo soportar a dos “anormales” y simplemente se largó y rehízo su vida sin mayores problemas. Pese a todo eso, Harry era bastante independiente, había logrado adaptarse a su entorno, era genuinamente dulce y alegre. Siempre había tenido muchas ganas de aprender y conocer más, y sus intereses estaban en el arte, sobre todo en la escultura. Su departamento era pequeño, pero muy bien decorado. Lo conocía al detalle, así como el sistema Braille y muchos programas y aplicaciones para computador y celular, que lo habían ayudado a estudiar.
Ese primer día no estaba nervioso. Solo quería que llegara y empezar sus clases, tenía muchas expectativas y esperaba con su corazón que se cumplieran.
Apenas puso un pie en el lugar, supo que había elegido bien.
Estaba Zayn esperándolo, porque la primera clase de Harry era “El arte en la literatura”.
—Bienvenido Harry, mi nombre es Zayn Malik, director del área artística de esta universidad y también, tu profesor. Desde ya te pido mil disculpas por no saber cómo guiarte, pero en compensación puedes pedirme lo que sea, —dijo riendo, lo que alegró el rostro de Harry.
—Gracias profesor, estoy muy feliz de estar aquí y no hay problema, ya el que me hayan aceptado es algo muy importante para mí. Solo necesito que camine conmigo hasta el salón y que me cuente como es todo.
—Bien, eso puedo hacerlo.
Se demoraron casi 15 minutos en un recorrido que no demoraba más de cinco, pero que para Zayn fue muy divertido. Harry era un chico sencillo, de sonrisa fácil, muy concreto y con muchas preguntas.
—Al lado izquierdo hay una gran pared, muy larga donde están los casilleros. Solo tienen uno desde el segundo año en la universidad. Al lado derecho hay tres baños, uno de ellos para silla de ruedas y tiene mudador. Antes de terminar el pasillo principal, hay un corredor que da a los salones, en medio de los cuales hay un gran patio, con áreas verdes, asientos y algunas mesas. Hay dos pisos, la escalera está al fondo. Al terminar este pasillo está la cafetería y al lado la biblioteca. Es una universidad muy pequeña si la comparamos con la de Londres por ejemplo, pero es excelente no solo en lo académico, también en lo humano.
—Me gusta, es fácil de memorizar. ¿Hay otros baños?
—Sí, en la cafetería y en el segundo piso también.
—¿De qué color son los pisos?
Zayn lo miró extrañado, por lo que se demoró su respuesta. —Son claros, como un gris con destellos suaves de blanco.
—¿Se pregunta el por qué de mi inquietud?
—La verdad es que sí.
—De alguna manera puedo sentir los colores. Los tonos oscuros se sienten densos y pesados, y los claros, livianos y un poco alegres.
—Eso es muy interesante y me encantaría seguir escuchándote, pero ya llegamos. Tengo una pregunta ahora, ¿quieres que te presente con los demás?
—Sí, por favor.
—Bien. ¿Te molesta si tomo tu brazo?
—Solo si no me avisa.
—Entiendo. Voy a tomar tu brazo porque hay una tarima con escalones, ¿está bien?
—Sí.
Harry caminaba con su bastón, siendo muy cuidadoso y estando muy concentrado.
El salón, con capacidad para 30 alumnos, tenía, en ese momento 26 asientos ocupados.
—Buenos días. Mi nombre es Zayn Malik, decano de la facultad de artes de esta universidad, y profesor. Antes de profundizar más en lo que haremos este año, quiero presentarles a Harry. Él es nuestro primer alumno no vidente, por lo que les pido que sean amables y cooperadores con cualquier inquietud o necesidad que presente.
Harry sonreía, y con esa sonrisa, fue acompañado por una linda chica hasta su asiento en la primera fila.
Esa primera clase avanzó extremadamente rápido, y Harry estaba muy cómodo. De inmediato formó un grupo de estudio, que no sabía en ese momento, lo acompañaría hasta el final de la universidad. Su segunda clase era de lenguaje, donde ese año, y a petición de Zayn, tendrían un ramo de teatro.
Cuando Louis llegó al salón, ya estaban sus 30 alumnos ocupando los asientos. De inmediato supo quién era su alumno especial, y no pudo evitar sentir una cosa, un algo que le costaba definir, un calor diferente en su pecho, una ternura inusitada cuando vio al lindo chico de suaves rizos, y contrario a lo que imaginó, con unos perfectos lentes transparentes que solo acentuaban sus hermosos rasgos y sus bellos ojos.
—Buenos días, soy Louis Tomlinson. Soy el encargado de toda el área humanista de la universidad, y por este año, seré su profesor de lenguaje, de redacción y de teatro. En esta clase elegiremos la primera obra de que leeremos y analizaremos, y al finalizar el último trimestre representaremos. Voy a pasar lista, por favor levanten la mano y contesten.
Cerca de 10 minutos se demoró en eso, porque miraba a cada uno, intentando memorizar los rostros de todos.
—Harry Styles.
—Acá, profesor, —habló el estudiante.
—Qué bueno conocerte Harry, —contestó con una tímida sonrisa, que contrastaba con la grande y luminosa que recibió.
Luego de 5 alumnos más, terminó con esa parte de la clase.
—Bien, vamos a empezar de inmediato con la lectura de “Sueño de una noche de verano” de William Shakespeare, una obra del año 1595. Quiero que la próxima clase, es decir el miércoles, traigan un resumen, y una pequeña biografía del autor. Por ahora, pueden acercarse a tomar un ejemplar del libro.
Al notar que Harry no se levantó, pero parecía nervioso, Louis le llevó su copia, para que pudiera leer como todos.
—Gracias profesor, —dijo el alumno, con esa voz grave, pausada y esa sonrisa otra vez, que estaba descolocando a Louis.
¿Cómo podía tener esa energía, esa aura tan vibrante? ¿Por qué lo miraba y lo recorría un electricidad?
—¿Has leído la obra?
—Por supuesto, aunque no es de mis favoritas.
—Eso me gustaría discutirlo, ¿te parece?
—Me encantan los debates, —contestó sin dejar de sonreír.
La clase continuó perfectamente tranquila. Cada alumno con un personaje, se fueron turnando para leer, y Louis haciendo pausas para explicar algunos puntos importantes.
Al terminar, el propio profesor ayudó a Harry a bajar los escalones y luego lo dejó con sus nuevos amigos para irse a su próxima clase.
Harry estaba más que feliz. Se sentía apoyado, aceptado e incluido, todos eran muy amables, pero de una manera sana, sin esa vaga sensación incómoda que rodea a la lástima. Podía ser él mismo, sentirse al mismo nivel de los demás, y solo esperaba que el resto del tiempo funcionara igual.
Le llamó la atención desde el primer momento la energía que transmitía el profesor Tomlinson. Era muy diferente a la del señor Malik, ¿por qué? Los dos parecían tener edades similares, pero mientras Zayn le parecía alguien relajado, Louis Tomlinson se le aparecía como un hombre más reflexivo, más inquieto mentalmente, más introspectivo y a la vez, mucho más cálido.
Harry podía notar algunas sombras, había realizado todos los tratamientos posibles para por lo menos, detener el avance de su enfermedad, y por eso aún lograba captar algunas muy pequeñas cosas. Sus lentes eran antirreflejos y con mucha protección contra los rayos solares, así evitaba cualquier daño extra. No le gustaban los lentes negros, le hacían perder su poca sensibilidad, por eso prefería los trasparentes, que además, según el chico de la óptica, le quedaban muy bien.
Si pudiera describir a Louis Tomlinson, sería una palabra en ese momento: suave. Su pelo, su piel, su mirada. Podía relacionarlo a un género suave, pero resistente, como el suéter que le tejió su mamá y que le gustaba acariciar antes de dormir.
Le pasaba bastante seguido que conocía personas que le provocaban muchas sensaciones. El mismo profesor Malik le parecía un hombre enamorado y no sabía bien por qué, quizás el amor realmente podía escucharse en alguna frecuencia especial del sonido y tocar ciertas notas dentro de tu cerebro. Una de sus compañeras tenía el cansancio impregnado en sus palabras, y después supo que sufría de insomnio.
Le gustaba pensar que tenía una especie de superpoder para conocer a las personas solo con escuchar sus voces o tocar sus manos, aunque esto último era poco probable que sucediera porque por lo general, no había mucha gente a su alrededor y eso ahora ya había empezado a cambiar.
La última clase fue con el profesor Horan y definitivamente, fue la más difícil de todas. Le costaba acostumbrarse a los números en Braille, sobre todo a las operaciones más complejas, pero estaba decidido a darle una dura pelea hasta resultar vencedor.
Cuando ya todos iban saliendo, felices de haber terminado ese primer día, Louis se acercó hasta Harry.
—Si no tienes apuro por llegar a tu casa, el director quisiera hablar contigo.
—No tengo apuro, pero ¿dónde es?
—Puedo acompañarte si te parece bien, es al fondo del pasillo del segundo piso.
—Sí, por favor. ¿Podría pedirle que me contara por dónde vamos pasando? Necesito recordar lo que me dijo el señor Malik en la mañana.
—Me encantaría, ¿necesitas que tome tu brazo?
—Si no le molesta, estaría muy agradecido.
—Claro que no, vamos.
Con mucha delicadeza, Louis pasó su brazo por debajo del de Harry y comenzaron a caminar lentamente, sin apuro.
Al llegar, Louis lo ayudó a sentarse, y le dijo que iba a esperarlo afuera para ayudarlo con la salida, gesto que Harry agradeció con una de sus hermosas sonrisas.
—Hola Harry, mi nombre es Liam Payne, soy el director de la universidad, y quería darte la bienvenida.
—Muchas gracias señor Payne.
—Quería preguntarte por este primer día, saber cómo te sentiste, si crees que hay algo que podamos mejorar, algo que te haya molestado, en fin, lo que quieras comentarme.
—La verdad es que se han superado mis expectativas, han sido todos muy amables, y muy cariñosos. Incluso los profesores han sido muy preocupados, y me encantaría que se pudieran implementar suelos podo táctiles, aunque sé que probablemente es una inversión importante.
—Cuéntame más de esos suelos, la verdad soy un ignorante en el tema.
—No hay problema. Es un suelo con una superficie en relieves, que pueden sentirse al caminar y ayudan en el uso del bastón. Incluyen señales de advertencia que se instalan en zonas peligrosas.
—Claro, las conozco, pero no sabía su nombre ni su utilidad. Voy a evaluar y pedir presupuestos, me encantaría que pudiéramos implementarlas. ¿Hay algo más?
—La verdad es que por ahora no, pero agradezco mucho la preocupación.
—No hay por qué. Puedes retirarte, no te entretengo más.
—Hasta luego señor Payne.
Harry se levantó y con un poco de dificultad encontró la puerta.
—¿Cómo te fue? —Preguntó Louis, ya listo para ayudarlo.
—Bien, no sé cómo agradecerles a todos tanta preocupación.
—No tienes que hacerlo, por el contrario, nos estás enseñando mucho. ¿Vas hacia tu casa ahora?
—A mi departamento en Winsley, ¿conoce por ahí?
—¿Me estás bromeando? También vivo en Winsley.
—Oh, qué coincidencia.
—Podemos irnos juntos algunas veces, ¿te parece?
—Claro que sí profesor.
—¿Vamos? Así me vas contando de ti.
Con un brazo entre el de Louis, y el otro en su bastón, Harry caminó hacia la estación de trenes con el señor Tomlinson. Así pudo contarle de su historia, de cómo se adaptó a su nuevo departamento y entorno, de cómo ya tenía un local de verduras y frutas favorito, y de que recibía una pensión que le dejó su mamá. Además había hecho algunas traducciones de libros “normales” a Braille, con ayuda de algunos programas de computador, y eso le daba un ingreso extra.
Louis le contó de que vivía solo, que había terminado una relación importante hace dos años, y en ese momento se mudó a Winsley. Sus padres y hermanos vivían en Londres, y se veían cada vez que podían, porque tenían una maravillosa relación. También le explicó la relación entre él, Niall, Zayn y Liam, y le narró algunas aventuras que tuvieron cuando estudiaban.
Así fue como llegaron a la estación de destino, donde Louis acompañó una vez más a Harry. Esta vez, hasta su propio departamento. Luego caminó hacia el suyo, que estaba apenas a dos cuadras.
* * * * * * * * * * * * * * * * * * * *
Un par de semanas después, todo parecía tranquilo en la universidad. Harry participaba cada día más en cualquier actividad donde pudiera estar, incluso en un taller de baile clásico o en un pequeño curso de tejido. Estaba siempre rodeado de amigos que lo acompañaban a todas partes, a sus clases, a almorzar, o a salir al parque.
Louis no estaba muy feliz. Le hubiese gustado poder compartir más con su alumno, escucharlo hablar, mirarlo por horas, verlo sonreír y sentirse como un estúpido adolescente. Definitivamente le gustaba, le gustaba mucho.
—¿Podrías intentar disimular? —Pidió Niall, riendo.
—Por favor, se te está notando demasiado, —confirmó Zayn.
—¿Ah? ¿De qué hablan?
—Louis, por Dios, no somos tontos. Se te nota a leguas que cierto chico te tiene interesado.
—Sí... —Suspiró.
—Louis, aterriza por favor. Puedes tener algún tipo de problema.
—Lo sé, —dijo bajando de su nube. —Pero es más fuerte que yo.
—¿Te gusta?
—Mucho.
—¿Seguro que eso y no es... otra cosa?
—¿A qué te refieres? ¿A lástima?
—Sí, a eso mismo, —contestó Zayn.
—Jamás. Jamás lo miraría así, como alguien inferior. Al contrario, creo que yo soy tan poca cosa a su lado...
—¿Y de verdad no te importa su ceguera?
—¿Debería hacerlo?
—Creo que sí. Una cosa es verlo acá, otra es el día a día. Hay muchas cosas que supongo no puede hacer, ir al cine, ver una puesta de sol, mirarte... No lo sé, no es fácil, —comentó Niall.
—No quiero que sea fácil, solo quiero que sea... Lo que tenga que ser. Pero no tiene sentido, de todas manera él no sabe qué existo. Cada vez que intento acercarme aparece alguien más, y me encanta que tenga compañeros amables y preocupados, y al mismo tiempo quisiera poder tener el privilegio de tomar su brazo...
—Bueno, igual no sabemos cuál es su experiencia en temas amorosos, sin contar con que le sacas ocho años, que es bastante en estas circunstancias, —opinó Zayn.
—Lo sé, sé que puedo solo mirarlo, porque es algo solo mío, solo puedo soñar con él...
Niall y Zayn se miraron preocupados y con pena. Después de esa última relación que tuvo Louis, y con la que nunca estuvieron de acuerdo, era primera vez que lo veían entusiasmado con alguien y les dolía saber que era algo sin futuro.
* * * * * * * * * * * * * * * * * * * *
Ni siquiera el corazón destrozado de Louis pudo evitar que el tiempo siguiera pasando y rápidamente el primer trimestre de clases se esfumó, las vacaciones se evaporaron y estaban en la primera semana del segundo trimestre.
Era un día viernes al medio día, cuando Louis ya se iba a su departamento porque no tenía más clases, cuando se encontró con Harry que estaba más pálido de lo normal, afirmado en la pared al lado del baño.
—¿Qué te pasa? —Preguntó acercándose rápido y muy preocupado.
—Estoy mareado, —contestó con la voz rasposa. Un segundo después comenzó a toser.
—Estás resfriado, necesitas ir a descansar.
—Para allá iba, pero no pude seguir...
—Vamos, yo te llevo.
—Pero, ¿y sus clases?
—Los viernes salgo temprano, no te preocupes. Caminemos a tu paso, no es necesario que te apures.
En la estación de trenes, Louis compró caramelos de miel para Harry, y una botella de agua. Al llegar al departamento, el profesor sacó las llaves del bolsillo de Harry y abrió la puerta.
Quedó impresionado, el lugar era muy lindo, con muy buen gusto, aunque eran notorios los pocos muebles y lo espacioso del lugar.
—Llévame a tu habitación... No, perdón, no quería decirlo así, es solo que, tienes que acostarte y yo...
La risa de Harry lo llevó al cielo. —Está bien, es por acá.
Louis lo vio caminar con propiedad, tocando las paredes con las manos, porque su bastón lo dejó en la entrada, hasta que llegaron a una bonita habitación, con una pequeña cama y un gran estante con libros, un mueble para el portátil y un antiguo closet. Al fondo, una ventana con un descanso muy acogedor.
—Tu habitación es muy bonita, está muy ordenada.
—¿Usted es desordenado?
—Tengo mis días, —contestó sonriendo, pero cambiando su cara cuando vio a Harry doblarse de la tos.
—Debes acostarte, dime qué hago. ¿Salgo para que te cambies? Puedo ir a la cocina a prepararte un té.
—Eso sería maravilloso, se lo agradecería mucho...
—Bien, voy a cerrar la puerta para que te desvistas tranquilo.
En la cocina puso el agua a calentar. Buscó hasta encontrar el té y la miel y preparó una gran taza.
Caminó hacia la habitación.
—¿Puedo pasar?
—Sí profesor.
—¿Tienes un botiquín o algo? ¿Tienes termómetro y analgésicos?
—Tengo termómetro, pero no tengo nada para la fiebre.
—Empecemos por el principio y tómate el té, a ver si te sientes mejor.
—Gracias, pero ¿por qué no se sienta? ¿O ya debe irse?
—Claro que no debo irme, pero cuéntame algo. ¿Te habías enfermado antes, viviendo solo? Perdóname si mis preguntas son incómodas...
—No lo son, y prefiero que sea todo lo genuino que quiera, y no, es primera vez, y como verá no tengo mucha idea de qué hacer...
—Entonces, yo te voy a cuidar, por lo menos este fin de semana, ¿te parece?
—¿Cómo me va a cuidar?
—Voy a vivir aquí hasta el lunes en la mañana si no te molesta. Voy a cuidar que no tengas fiebre y que te levantes lo mínimo. Voy a ir ahora a mi departamento, a traer algunas cosas, ¿quieres comer algo en especial?
—Señor Tomlinson, no es necesario, de verdad no se moleste...
—No es molestia Harry, —dijo acercándose. Atrevidamente tocó su pelo.
Las mejillas de Harry se colorearon, pero no sabía si era por la temperatura o por nervios.
—Profesor, no quiero ser una molestia, además no lo conozco lo suficiente y ya está en mi habitación...
—Lo siento, lo siento mucho... Harry no era mi intención pasarte a llevar...
—No, no, no, —interrumpió. —Creo que no quiero que piense que le abro mi intimidad a cualquiera...
—Jamás lo pensaría, y si así fuera, eres un hombre adulto Harry. Tienes derecho a hacer lo que quieras.
—Lo sé, perdón, creo que no me siento bien.
—¿Dónde está el termómetro?
—En el baño...
—Voy a buscarlo. —Apenas un minuto después volvió. —Bien, ¿te lo quieres colocar tú?
—Sí, gracias.
—Puedes tutearme, me siento extraño cuando me hablas así aquí...
—¿No le molesta? Siento que le falto el respeto.
—No lo haces. Dentro de la universidad puedes tratarme como a tu profesor, pero afuera... como a un amigo, ¿qué dices?
—Que tenemos un trato. —Intentó sonreír, pero sus ojos le pesaban mucho.
—Harry, ¿puedes pasarme el termómetro?
Pero ya no tuvo respuesta. Lo sacó él mismo, con mucho cuidado y delicadeza. Estaba ardiendo en fiebre y no tenía idea de qué hacer. Tomó las llaves y salió directamente a la farmacia, por suerte había una al lado del edificio. Le dieron indicaciones y antipiréticos, y voló al lado de Harry. Buscó unas toallas y una olla pequeña, a la que llenó de agua fresca.
Se quitó la chaqueta y se subió las mangas. Sacó dos pastillas y acercó un vaso de agua a los labios de Harry, que había logrado sentarse. Pudo tragarlas y luego se derrumbó en la cama. Louis se dedicó diez minutos a ponerle paños fríos en la frente, con un cuidado que sobrecogía el corazón.
—Mamá... Te veo mamá... —Harry estaba desvariando y Louis se asustó. —Lo busco... lo hago...
—¿A quién buscas pequeño? —preguntó Louis muy conmovido. —¿Soy yo lo que buscas? A veces pienso que puedo verlo en tu sonrisa... porque tú si eres lo que siempre busqué, mis brazos están libres para ti... Creo que mi corazón puede desbordarse en cualquier momento, pero no sé cómo acercarme, no sé cómo amarte...
Por momentos parecía que la fiebre cedía, pero luego volvía aparecer. Louis se fue a la cocina y revisó la despensa y el refrigerador. Necesitaba preparar una sopa que jamás había hecho. Tomó su celular y llamó a su mamá.
—Hola monito, ¿cómo estás?
—Hola mamá, estoy más o menos, necesito tu ayuda.
—No me asustes, ¿qué pasa?
—¿Qué sopa es buena para el resfriado y la fiebre? Necesito que me digas los ingredientes y las instrucciones, porque...
—Respira monito. Lo clásico es una sopa de pollo, pero en realidad cualquier sopa caliente es buena. ¿Qué ingredientes tienes?
—Hay ajo, cebolla, papas, zanahoria, apio... Hay una pechuga de pollo, veo jengibre, limón...
—Tienes de todo. Pon la pechuga de pollo en la olla con un poco de aceite para sellarlo. Luego le pones todo lo que me nombraste picado fino y lo cubres con agua. Lo dejas cocinar una media hora y lo vas probando. Cuidado con el jengibre, y no olvides la sal. Antes de servir, ponle unas gotitas de limón. El pollo lo puedes servir aparte con una ensalada. Ahora dime, ¿es alguien especial?
—Lo es, es un chico que me gusta mucho, pero yo no le gusto a él... Es menor que yo 8 años, es mi alumno, y yo...
—Lo tuyo no es gusto mono loco, lo tuyo ya pasó a querer, lo escucho en tu voz.
—¿Eso es bueno?
—Siempre es bueno sentir, siempre es bueno volver a ilusionarse. Ojalá él pueda conocerte y ver que eres un hombre maravilloso.
—¿Dirías lo mismo si te dijera que él...?
—¿Él...?
—Es ciego...
—¿Y el problema es...?
—¿No te importa?
—¿Te importa a ti?
—Absolutamente nada.
—Entonces a mí tampoco. Estoy segura de que es especial, de que su sensibilidad te atrajo, y también estoy segura de que es muy bonito. Su ceguera, ¿es de nacimiento?
—No, la perdió por una enfermedad, aunque puede notar algunas sombras.
—Eso es excelente. He leído de avances que hablan de una mejoría en esos casos, quizás necesita una nueva evaluación, pero en Londres.
—Se lo voy a comentar, por ahora necesito apurarme con esta sopa. No quiero dejarlo solo. Gracias mamá, eres la mejor del mundo y te amo...
—Te dejo besitos mi monito hermoso.
Cuando colgó, Louis ya tenía las verduras picadas y el pollo sellado. Les puso el agua y dejó que se cocinara mientras volvía al lado de Harry.
Le colocó el termómetro y de los 39 grados que tenía, ahora estaba en 38 y pudo suspirar de alivio. siguió colocando las toallas húmedas, mientras acariciaba su pelo.
—Te veo... Eres tú... —Harry empezó a moverse, seguramente estaba soñando. —Me gusta tu aroma, tu voz... —sonrió.
Y el corazón de Louis se desangró. Había alguien en la vida de Harry y no era él.
Pese a eso lo cuidó con dedicación y todo su cariño.
Toda la tarde estuvo el estudiante delirando. Sobre todo, llamaba a su madre y eso era algo que cada vez derrumbaba el mundo de Louis.
Al llegar la noche, la fiebre había cedido, dando lugar a una inofensiva febrícula.
Harry despertó, sintiéndose muy cansado, y sintió un delicioso aroma.
—¿Cómo te sientes?
—Profesor, ¿qué hace aquí?
—¿No lo recuerdas? Te sentías mal en la universidad, te traje, he estado cuidándote toda la tarde. ¿Te sientes mejor? Tuviste mucha fiebre, ah, y prometiste tutearme fuera de las clases, —explicó sonriendo. Sabía que Harry no lo podía ver, pero no podía evitarlo.
—Ahora recuerdo... Me siento un poco atontado, es solo eso. ¿Qué ese olor? Tengo mucha hambre.
—Te voy a traer, hice una sopa de pollo para que te sientas mejor, y no debería decirlo yo, pero quedó deliciosa.
—No sabía que también cocinabas, —dijo sonriendo.
—No me voy a dar los créditos. Cocino, porque vivo solo, pero para hacer esta sopa de pollo llamé a mi mamá y ella me dijo cómo hacerla, —contestó amorosamente, y Harry volvió a sonreír.
—Entonces, voy a probar tu mano y la de tu mamá al mismo tiempo.
Louis salió, tan alucinado, que chocó con la pared. Pero en vez de quejarse, solo se puso a reír. Harry le reiniciaba la vida, se la estaba llenando de color.
Puso el tazón en una bandeja de madera, junto a un trozo de pan y una limonada.
—¿Puedes sentarte?
—Sí, dame un segundo. —Con algo de dificultad logró hacerlo, hasta quedar bien apoyado en el respaldo.
—Bien, toma. Está caliente, pero tomable. Espero que te guste.
Harry tomó la cuchara y el tazón, y comenzó a tomar en silencio, hasta que se la acabó.
—Debo y puedo decir, que estaba más que deliciosa. La mejor sopa de pollo que he probado, deberías vender la receta, —dijo echando su cabeza hacia atrás y hacia al lado, en un gesto adorable.
—Me siento halagado, ¿tienes hambre? Puedo traerte la pechuga con ensalada de tomates.
—Me da vergüenza, siento que estoy abusando de tu tiempo, y ya has hecho demasiado por mí.
—Créeme que no es así. ¿Quieres que comamos juntos? ¿Si me das de tu cena?
—Me encantaría...
Una vez más Louis llevó la comida, y se sentó a los pies de la cama.
—Dime Harry, ¿has tenido novios? Si estoy siendo muy entrometido no tienes que contestar.
—No lo es. No he tenido novios, solo sexo casual.
—¿Sólo sexo casual?
—¿Te extraña?
—La verdad sí.
—¿Por qué?
—Perdóname, pensé que quizás, ¿eras más de relaciones?
—Lo soy, y es lo que buscaba, pero la otra parte nunca pensaba lo mismo. Supongo que querían tener la experiencia de estar con un ciego, —contestó sin malestar.
—Supongo que esas actitudes te hirieron...
—En su momento sí, pero ya no. Es decir, creo que enamorarse es algo tan bonito, y que te correspondan debe ser lo más grandioso de la vida. Tiendo a pensar que romantizo al propio amor, pero aunque me rompieran el corazón mil veces, quiero siempre creer en él. Tu relación, ¿por qué terminó?
—Él me engañó, varias veces y yo no me quise dar cuenta. De alguna manera me acostumbré a sus migajas, yo me conformaba. Me costó mucho salir de eso, hasta que lo vi con mis propios ojos.
—¿Dónde lo viste?
—Salía del trabajo, y pasé a comprar comida china para celebrar nuestro aniversario de mes, y mientras esperaba escuché una conversación. El local tenía una pequeña separación, con un delgado biombo. Por el otro lado habían mesas para comer en el lugar. Yo esperaba mi pedido, y escuché que alguien decía, “no te preocupes, el idiota de mi novio no se da cuenta de que mi ropa tiene un olor diferente, tu perfume me encanta, solo bésame” y la otra persona le contestaba, “¿cuándo lo vas a dejar? Ya quiero ser el oficial”. En ese momento entendí que la voz que escuchaba era la de mi novio, y la otra, era de suprimo.
—¿Su primo?
—Así me lo había presentado, claramente me vio la cara de estúpido. Lo peor fue la última respuesta, no lo voy a dejar hasta que logre sacarle un poco más de dinero. Mantenerte no es barato amor”.
Harry estaba con la boca abierta, e incluso así era hermoso. —¿Qué hiciste?
—Olvidé mi pedido, y me di la vuelta, solo para verlos besarse. Tosí a propósito y cuando me miraron... Nunca olvidaré sus caras de espanto. No les dije ni una sola palabra, me fui a mi departamento y saqué todas sus cosas, excepto las que le había regalado, como los relojes, y consolas de videojuegos.
—¿Te quedaste con ellos?
—No, a mí no me servían. Las vendí y ese dinero, que no era poco, lo doné a un hospital.
—Eso fue un lindo gesto. ¿Volviste a saber de él?
—Sí, esa misma noche intentó hablar conmigo, pero yo ya había cambiado la chapa y dos días después me mudé a esta ciudad.
—Es una historia difícil, ¿quieres volver a enamorarte?
—En ese sentido pienso igual que tú... creo que estar enamorado es una sensación única, y de las mejores del mundo. Sueño con un amor que me corresponda, que sea honesto y sincero, que quiera un futuro conmigo y que me acepte como soy.
—Me extraña que no lo tengas aún. Eres...
—¿Qué? ¿Soy qué?
—Nada, olvídalo... ¿Qué hora es?
—Las nueve.
—Es muy tarde, deberías irte. Por favor hazlo con cuidado.
—¿De verdad puedo irme? ¿Y si te sientes mal de nuevo? No vas a poder llamarme.
—Voy a estar bien, te lo prometo. ¿Puedo invitarte a desayunar? Como agradecimiento...
—¿A qué hora llego?
—¿A las diez? No quisiera despertarte tan temprano.
—No te preocupes por eso, pero estaré a las diez en punto. Si necesitas algo, lo que sea, por favor llámame. ¿Puedes guardar mi número?
—Sí, ¿puedes alcanzarme el teléfono? No sé dónde lo dejé.
—Acá está, toma.
—Gracias. A ver. —Apretó un botón y una voz le dio un menú con opciones. Eligió la de guardar contacto, y agregó el número de Louis.
—Listo. Anda tranquilo, y Louis... Nunca voy a poder pagarte esto, en serio. Muchas gracias...
—De verdad no tienes que agradecerme, descansa y cuídate, no estés pasando frío, ¿sí?
—Prometo portarme bien.
—Hasta mañana Harry...
—Hasta mañana Louis...
La noche pasó tranquila y la mañana llegó más rápido de lo que pensaban. Puntualmente llegó Louis, con una deliciosa tarta de manzanas casera. Se había levantado temprano, tenía clases que planificar y aprovechó de cocinar.
Estaba feliz, nunca imaginó que su fin de semana estuviera tan lleno de Harry. Había descubierto a un chico tan sencillo y simple, tan verdadero y auténtico, tan concreto y seguro que le temblaban las rodillas de solo recordarlo, tan distinto a él a esa edad y tan parecido al mismo tiempo. Tocó el timbre nervioso, estaba acostumbrado a desayunar solo, con la televisión de fondo y apenas un café la mayoría del tiempo y podía asegurar que Harry se había esmerado para atenderlo.
—Hola Harry, ¿cómo amaneciste?, —saludó.
—Buenos días Louis, adelante. Estoy bien, dormí maravillosamente y no he vuelto a tener molestias.
—Me alegra mucho escucharlo y déjame decirte que te ves muy lindo hoy... más lindo...
—¿Soy lindo? —Preguntó sonriendo. —Gracias, debe ser el descanso. Llevaba algunos días muy nervioso, pero siéntate por favor. ¿Quieres café?
—Sí, por favor. Traje una tarta de manzanas, pero creo que no estará tan rica como todo esto...
—Es mi tarta favorita, ¿la hiciste tú?
—Sí, aún está tibia.
—¿Puedes servirme un poco? ¿Quieres huevos?
—Sí, aunque te advierto que voy a comerme todo lo que hay en la mesa si no te importa. Hoy desperté con mucha hambre.
—Eso me encantaría. Lo preparé con mucho cariño y te agradezco con todo mi corazón el que me hayas cuidado. Es uno de los gestos más bonitos y sinceros que alguien ha tenido conmigo.
—Entonces, gracias por este desayuno y quiero que sepas que estoy aquí para ayudarte, siempre, cuando lo necesites, incluso para alguna locura, siempre estaré para ti...
—Eso es muy lindo, pero me veo tentado a preguntar... ¿todo esto es por lástima?
—Supongo que te acostumbraste a eso, pero jamás lo haría, eso sería tan horrible, sería mirarte en menos y eres muy valioso... Eres un chico increíble, más independiente y seguro que muchos de los que conozco. Harry, créeme cuando te digo que puedes burlarte de la lástima, y que si alguien te ve así, es porque simple y llanamente es un estúpido.
La sonrisa de Harry era grande, hermosa y profunda, emocionada. —No puedes imaginar lo que significan esas palabras viniendo de alguien como tú... Gracias...
Louis no quería que el momento se sintiera incómodo, por lo que decidió cambiar el tema. —Dijiste que habías estado muy nervioso, ¿puedo preguntar por qué?
—El profesor Malik nos dio el proyecto para el examen del final del tercer trimestre en la primera clase del primer trimestre, y no logro saber qué hacer. He tenido algunas ideas, pero no me convencen y ya estoy estresado.
—Zayn se caracteriza por eso. Le gusta poner presión en los alumnos y es muy de él este juego. Les da los tres trimestres completos de tiempo, pero al mismo tiempo los mantiene en ese estado de preocupación constante. ¿Qué ideas tenías?
—Quería hacer algo con greda, arcilla o un material parecido, pero no tengo un torno para practicar, y está bien, pero mi mayor problema es que no sé qué hacer. Es decir, para serle sincero, sí sé qué me gustaría, pero me cuesta hacerlo realidad...
—No entiendo mucho...
—¿Conoces las calles de Tailandia?
—No.
—Intenta dibujarlas aunque no tengas ninguna referencia.
—Imposible.
—Así me siento.
—Entiendo. Pero, ¿hay algo que si conozcas y que puedas utilizar?
—Quiero hacer el rostro de una persona.
—¿De tu mamá? Ayer la llamaste todo el tiempo.
—Me encantaría hacerlo, pero hay cosas que ya no recuerdo. Las manos también pierden la memoria y...
—¿Y...?
—Me da un poco de pudor...
—¿Qué cosa? —Preguntó Louis sin entender.
—No me he atrevido a pedirle a alguna de las chicas o de los chicos que me dejen tocar sus caras para recordar las proporciones...
—¿Te sirvo yo?
—¿Lo harías?
—Sería un honor Harry, me encantaría.
—Entonces, terminemos de desayunar y luego me dejas tocar tu rostro.
No fue necesario apurarse, ya estaban a punto de terminar y la mesa solo estaba llena de migajas. A la tarta de manzana apenas le quedaba mitad y el termo con agua estaba sin una gota.
—¿Puedo ayudarte a limpiar y a lavar?
—¿Tú lavas y yo seco?
—Perfecto.
En diez minutos ya estaba todo listo. Después, Harry le pidió a Louis que se sentara en el sillón, y él colocó una de las sillas de la mesa de la cocina y se sentó al frente.
Los dos respiraron profundamente y cerraron los ojos.
Las manos de Harry se sentían cálidas, tibias, suaves y firmes. Louis sentía cómo lo estaba leyendo y se sentía tan íntimo y hermoso, tan profundo y real, una experiencia que nunca imaginó vivir y que era perfecto, delicadamente intenso y sobrecogedor.
Los dedos de Harry tocaban milímetro a milímetro toda la piel de Louis. Su frente, su bella nariz, sus cejas, sus pómulos, su mandíbula y sus labios. También su pelo y su sedosidad, sus orejas. Una y otra vez repasó, intentando aprender el camino del rostro de Louis.
—¿Puedes sonreír?
Y Louis automáticamente lo hizo.
—Hey, tienes hoyuelos... Y se te hacen arruguitas cerca de los ojos. ¿De qué color son tus ojos?
—Azules.
—No recuerdo cómo se ve el azul, pero estoy seguro de que son hermosos. Tienes lindas pestañas también. ¿Puedo tocar tu cuello?
—Lo que quieras... Quiero decir, lo que necesites, y las veces que lo necesites.
—Ya terminé, —dijo alejándose con cuidado. —¿No te incomodé? Lo siento si fui muy...
—Fue muy bonito, en serio... Me gustó mucho hacerlo.
Un silencio que no era incómodo apareció, pero los asustó porque era demasiado personal.
—Gracias...
—Creo que debo irme, va a ser la una, no sé cómo pasó, —dijo riendo.
—No puede ser, ¿estás seguro?
—Sí, pasó demasiado rápido, pero me encantó pasar tiempo contigo, y sobre todo, que ya estés bien. Nos vemos el lunes...
—Te acompaño a la puerta... Adiós Louis.
—Adiós Harry.
Un tímido abrazo fue su despedida.
El resto del día y el domingo, cada uno lo pasó terminando sus pendientes, y Louis cayendo lentamente en el abismo que era su alumno. No dejaba de repetir la imagen de él siendo observado por las manos hermosamente tibias de Harry, cada toque que se sintió como una caricia, como una declaración. O eso quería pensar, sabía que era solo su imaginación.
El domingo en la noche, Louis se atrevió a llamar.
Pero colgó al segundo tono.
Volvió a llamar.
Pero colgó al tercer tono.
Cuando iba a volver a llamar, se dio cuenta de lo estúpido que estaba siendo. El programa del celular de Harry le avisaba quién llamaba, no es como si pudiera quedarse en el anonimato.
Estaba a punto de darse con algo, con cualquier cosa en la cabeza, cuando su propio teléfono sonó con una llamada de Harry.
—¿Está todo bien? Se cortaba la llamada, —dijo Harry, preocupado.
—Sí, todo bien... No sé qué pasaba que no entraba, —contestó disimulando. —Mañana tu primera clase es conmigo, y quería preguntarte si querías que nos fuéramos juntos...
—Me encantaría, pero ¿no es un problema para ti? No quisiera ocasionarte una complicación en la universidad.
—No lo haces, no te preocupes. No hay nada malo en que vivamos tan cerca y por lo mismo podamos compartir algunos viajes de ida o de vuelta.
—Tienes razón. Entonces, ¿me pasas a buscar?
—A las siete y media, ¿está bien?
—Sí, perfecto.
—Buenas noches Harry...
—Buenas noches Louis...
El viaje fue muy tranquilo, el profesor tuvo el brazo de su alumno todo el tiempo enredado en el brazo izquierdo, pero al llegar a la universidad, Liam lo llamó a la dirección.
—Señor Tomlinson, espero que no tenga problemas por mi culpa.
—De verdad no te preocupes, voy a estar bien. Allí están tus amigos, nos vemos en unos minutos.
Louis caminó nervioso, estaba seguro de que estaba en problemas.
—Hola Liam, ¿me necesitas?
—Siéntate. ¿Sabes por qué estás aquí?
—No, realmente no.
—¿Te interesa Harry? Te lo pregunto como tu amigo.
—Yo... él... Creo que lo quiero...
—¿Entiendes que es una situación un poco difícil?
—Lo sé, pero Liam, es un tema mío, él no me corresponde, no hay nada entre nosotros y puedo ser objetivo y profesional, te lo juro.
—Jamás dudaría de tus capacidades y lo sabes, y sé también que no tienen una relación. Por si no lo sabes, en esta universidad el único problema de que estuvieran juntos, es que no podrías ser su profesor, nada más.
—¿En serio? Me alegra, pero como te digo, es mi ilusión, solo mía, no tienes de qué preocuparte.
—Bueno, pero de todas maneras, intenta no estar tan distraído, ¿sí?
—Lo juro, permiso amigo.
Cuando llegó al salón, ya estaban todos sus alumnos en sus lugares.
—Perdón por el retraso, vamos a empezar de inmediato. ¿Aprendieron sus pasajes de la obra? Espero que sí. Quiero a cuatro voluntarios adelante ahora mismo.
Entre esos cuatro, estaba Harry y Louis no pudo disimular su sonrisa.
Era difícil no verlo, era muy bueno con sus líneas y muy expresivo. Tenía excelente memoria y lograba improvisar. Tenía mucho talento, no podía negarse. Esa intervención se le hizo muy corta, y muy largas las demás.
—Bien, para la próxima semana, haremos algo parecido, pero llevará nota. Deben aprenderse los diálogos de la página 56 a la 60 y además, elegir otra obra de teatro y presentar un informe con el resumen y los puntos más importantes. Pueden retirarse, que tengan un buen lunes, —se despidió.
De inmediato una de las chicas se acercó a Harry para ayudarlo y acompañarse hasta la próxima clase, y Louis se quedó sentado mirando al techo, mientras los alumnos de “Introducción al Lenguaje Moderno” ocupaban sus lugares.
Lunes y jueves, Harry y Louis llegaban juntos a la universidad, y esos días aprovechaban de conversar mucho. La relación entre ellos era de mucha confianza, y se hacía cada vez más fuerte.
Louis tenía cierto temor, no quería enamorarse, y se negaba incluso a pensarlo. Había eliminado esa palabra de su cabeza, sobre todo después de que Harry repitiera lo mucho que lo admiraba, porque era un gran maestro y un maravilloso amigo, despedazando su alma en cientos de pequeños pedacitos.
En esa tónica, llegaron al final del último trimestre.
Harry se había eximido de la mayoría de sus exámenes, y Louis lo sabía porque el chico le contaba todo lo que hacía y pasaba en la universidad. Sin embargo, su proyecto de la clase con Zayn era todo un misterio que no quería revelar y Louis se sentía muy mal por eso, porque sentía que en el fondo, Harry no le tenía tanta confianza y estaba seguro de que sus compañeros sí sabían lo que pasaba.
En su clase de teatro, Harry sacó máxima calificación y Louis se aseguró de exigirle incluso más que a los demás. Tenía alumnos brillantes, entre ellos Harry, y por eso sabía hasta dónde podía llevarlos. Estaba orgulloso, muy orgulloso. El Harry que llegó ese primer día, había crecido enormemente, ahora era más decidido aún, más empático, más independiente. Incluso, más dulce y alegre. Había estado yendo a constantes evaluaciones por lo de sus ojos, y si bien su enfermedad no había avanzado, no era mucho lo que había conseguido cambiar. Esperaba algún día poder ir a Londres y comprobar lo adelantados que estaban en las investigaciones de distintos padecimientos.
Harry, por su parte, estaba completamente feliz y satisfecho. En su mente nunca imaginó que su experiencia universitaria fuera tan gratificante, ni que las referencias que hablaban de un lugar increíble para estudiar, eran pequeñas comparadas con la realidad. Sus compañeros siempre amables, el director Payne que incluso logró colocar los pisos especiales para él, sus profesores preocupados, sobre todo el señor Tomlinson...
Estaban reunidos en la cafetería, Louis, Niall y Liam, comiendo algo rápido mientras esperaban que la última clase de Zayn terminara, para poder tener la última reunión de evaluación, cuando apareció casi corriendo, un chico de primer año, a interrumpir.
—Perdón, señor Tomlinson, lo necesitan en el taller de escultura.
—¿Quién?
—No lo sé, solo me pidieron que viniera por usted.
—Esta bien, voy.
Caminó seriamente, se sentía agotado y pensaba viajar a Londres para pasar unas semanas con su familia, aunque su triste corazón se negaba a abandonar a Harry en ese pequeña ciudad.
Cuando llegó al salón, lleno de tornos, greda y arcilla, pudo ver al fondo, la espalda de su alumno.
—¿Harry?
—Profesor... Quería mostrarle mi proyecto de fin de año. El señor Malik me dio nota máxima, dijo que había sido excesivamente preciso en los detalles de mi obra. ¿Qué piensa?
Y Louis no podía cerrar la boca.
Era una representación de él, de Louis, perfecta, maravillosa y sobrecogedora. Ni siquiera si lo hubiese visto hubiese podido lograr ese nivel de exactitud y minuciosidad.
Harry no lo había visto, Harry lo había mirado.
Con sus manos logró conectar con toda la esencia de Louis y transformarla en arte.
—Es... No tengo palabras... ¿Cómo? ¿Cómo pudiste lograr este resultado... ? No lo entiendo...
Harry se mordió el labio, parecía nervioso.
—¿De verdad le gusta? Es para usted, yo, es mi manera de agradecerle todo lo que me ha ayudado y lo que ha hecho por mí...
—Estoy impresionado, aunque estoy consciente de todo tu talento, me has sorprendido. Voy a guardarlo como mi mayor tesoro...
—¿Se encuentra bien? ¿Está llorando?
—Sí, —contestó riendo.
Y Harry buscó con sus manos el rostro de Louis y con sus dedos, y toda su suavidad, secó las cálidas lágrimas que caían cada vez en mayor cantidad, y es que Louis ya no podía más, ya no soportaba tanta cercanía tan lejana, tan fríamente tibia...
—¿Qué pasa? —Preguntó una vez más, Harry, reuniendo toda su ternura.
—Nada... Creo que estoy así por finalizar el año, solo eso...
—Pensé que había algo más... Creo que me equivoqué...
—¿Algo más? ¿Algo cómo qué?
El volumen de las palabras de Louis había bajado notablemente y lentamente el ambiente se hacía más íntimo.
—Pensé tontamente que había alguien en su corazón... No sé por qué, ¿quizás su voz?
—Lo hay, pero no quiero hablar de eso...
—¿Por qué? ¿De qué tiene miedo?
Louis se aferró a las manos de Harry con dolor.
—Yo creo que soy correspondido cuando veo su sonrisa, pero me preguntó si soy yo a quien busca... Tengo miedo...
—No deberías tenerlo Louis... —susurró, erizando la piel del profesor por completo.
—¿Y si no soy yo...?
—Lo eres...
Louis miraba a Harry como si fuera la primera vez, asombrado y perplejo, encandilado y maravillado, sin entender qué estaba pasando, hasta que las manos de Harry lo llevaron más cerca, y pudo sentir esas manos rodeando su cuello, mientras temblaban suavemente. Se apoderó de la cintura de su alumno, recorrió su espalda sin perder el tiempo y antes de acercarse más, hizo una pausa.
—¿Es verdad? ¿Estás seguro de esto?
—Llevo meses soñando contigo, escuchando tu voz, tocando tu cara, sintiendo el aroma de tu piel, imaginando esto y mucho más...
Louis completamente indefenso, lo besó.
Y pareció que el suelo, las paredes y el techo del lugar desaparecieron y los dejaron libres, flotando. Nunca habían disfrutado tanto de un beso, porque fue algo poético, algo que los estremeció y que removió todos sus sentidos y sus miedos. Encontrar la lengua del otro, descubrir la cadencia en esa boca ajena era mejor que un paraíso en medio del desierto, más exquisito, más intenso.
Cuando se separaron, había un poco de vergüenza, un poco de pudor entre ellos, en medio de esa soledad, el no saber qué hacer o qué decir en ese momento.
—¿Tenía razón? ¿Era yo? ¿Lo que veía en tu sonrisa...?
—Siempre fuiste tú, todo este tiempo... Me estaba desesperando porque no te dabas cuenta de todo lo que me hacías suspirar, de que te imaginaba con alguien más y me dolía...
Por toda respuesta Louis lo volvió a besar. Eran besos tiernos, besos tímidos y suaves, puros y cristalinos, besos llenos de amor, de esos que te llenan de ganas de acurrucarte frente a un ventanal a mirar la lluvia caer.
—Hey... Basta, —dijo Harry en medio de una de sus sonrisas más bonitas. —Nos van a descubrir.
—No me importa, te juro que no...
—Louis, ya detente. Mejor, veámonos más tarde, ¿te parece?
—No, no quiero separarme de ti ni de tu boca, —dijo besándolo una vez más.
—Tampoco quisiera separarme, pero tienes una reunión importante y yo estoy muy cansado, llevo dos noches apenas durmiendo.
—Esta bien precioso... Voy a pasar por tu departamento más tarde, anda con cuidado, y mándame un mensaje cuando llegues, ¿me lo prometes?
—Lo hago...
Harry ahora fue el encargado de sellar esa promesa con un beso.
Louis finalmente salió hacia la oficina de Liam, pero iba casi flotando, estaba que gritaba de emoción, solo quería devolver sus pasos y volver a tener a Harry entre sus brazos, porque era una locura lo bien que encajaba su cintura en ellos.
Liam ya había tenido una reunión con los profesores por asignatura, y le quedaba la reunión con los directores de carrera, es decir, Louis, Zayn y Niall.
—Bien, revisé sus informes del año académico y puedo afirmar que ha sido un excelente año y que nuestro nivel está un punto más alto con respecto al año pasado. Estoy muy contento y muy orgulloso de ustedes y lo que han logrado, felicitaciones.
Los tres amigos se miraron sonriendo.
—Lamento romper el momento, pero quiero decir desde ya, que renuncio a la dirección del área humanista de la universidad, —dijo Louis, sorprendiéndolos a todos.
—¿Qué? Es una broma, no puedes hacerme esto a esta altura...
—Lo siento, pero Harry me corresponde y no puedo ser su profesor, entonces, solo puedo renunciar, y...
—¿Te corresponde? —Dijeron al mismo tiempo Niall y Zayn, más que felices por su amigo.
—Están olvidando lo importante, —habló Liam muy serio. —Este año tuviste 10 cursos diferentes, no tengo cómo reemplazarte y me alegro que Harry y tu vayan a ser muy felices, pero entiéndeme...
—Pero Liam, no puedo hacerlo, es decir, ¿qué hago? Dijiste que no podía ser su profesor.
—Ayúdenme a reorganizar los cursos, por favor...
Liam estaba que se ponía a llorar, y Zayn tuvo que consolarlo con pequeños besos.
Se demoraron un poco, pero lo lograron. Ninguna clase de Harry sería con Louis como profesor directo.
—Ahora sí, vamos a celebrar que por fin te fijaste en alguien que de verdad te va a hacer feliz porque es un verdadero tesoro. Estoy muy feliz por ti, y ya quiero verlos juntos y cursis, —exclamó Liam, emocionado.
—Sí, también yo, —comentó Niall. —¿Lo vas a llevar a Londres?
—Sí él quiere acompañarme, mañana mismo.
—¿Tan seguro estás?
—Estoy más que seguro, no necesito tiempo ni pruebas.
—Anda entonces, no te entretenemos más. Recuerden que el próximo jueves nos juntamos en el bar de siempre, lleva a Harry ¿sí?
—Sí, ahí estaremos.
Con un fuerte abrazo se despidieron, y Louis corrió a la estación de trenes. Apenas se bajó volvió a correr y llamó a la puerta de Harry, que se demoró en abrir porque recién se había logrado dormir.
—Hola precioso, vine a dormir contigo, ¿me aceptas?
—Me encantaría dormir contigo, vamos...
Harry lo llevó de la mano y se acostó mientras Louis se quitaba los zapatos, la chaqueta y la corbata. Se tendió al lado, y abrazando el cuerpo de Harry, y dejando pequeños besos en su hombro, se durmieron. No necesitaban hablar, se tenían y estaban juntos, era más que suficiente.
Despertaron a medianoche, con hambre y mucha flojera. Harry se levantó a calentar un poco de arroz y unas hamburguesas. Un minuto después se le unió Louis, lavando unas hermosas hojas de lechuga. Apenas terminó, las picó y aliñó.
Abrazó a Harry desde atrás, besando su nuca.
—¿Dormiste bien?
—Muy bien, aunque tengo mucho sueño aún. ¿Tú?
—Hace mucho no dormía así, —contestó Louis sonriendo.
Soltó a Harry, para no distraerlo, y se puso a preparar té.
—Estás muy callado. ¿Está todo bien?
—No, no lo está... Louis, cómo se supone que vamos a tener algo... ¿quieres tener algo conmigo?
—Lo estoy haciendo amor.
Y Harry sonrió. —No quiero que tengas problemas en la universidad, no quiero tener que cambiarme, no quiero que cambien las cosas... Tengo miedo.
—Nada va a cambiar, es decir, sí. Ya no seré tu profesor.
—¿Ves? No quiero eso...
—Ya lo hablé con Liam. Seguiré siendo director del área humanista y profesor, pero organizamos los horarios para que no tengas mis clases. Está todo conversado, ellos ya sabían que yo te quería...
—¿Me quieres? —Preguntó emocionado, mirando hacia todos lados y luego cerrando los ojos.
—Lo hago...
—También te quiero...
Los dos sonrieron.
—Mañana, o mejor dicho, en unas horas iba a viajar a ver a mi familia.
—Oh... ¿Por cuántos días?
—Cuatro o cinco días.
—Entiendo, te voy a extrañar mucho...
—¿Quieres ir conmigo? Estoy loco de ganas que conozcas a mi mamá.
—¿Y si no me acepta?
—Ella ya sabe de ti... Está ansiosa por saber cómo eres.
—¿Le hablaste de mí?
—¿Te acuerdas cuando estuviste con fiebre y te preparé la sopa de pollo? La llamé para que me diera la receta, y bueno... Tuve que contarle que era para alguien especial...
Cómo amaba Louis, la sonrisa de Harry. Jamás se cansaría de mirarlo ni de sentir esa electricidad en su espina dorsal, jamás dejaría de sonreír como un acto reflejo, jamás.
—Entonces, creo que tenemos un viaje. Tengo muchos nervios, me cuesta desenvolverme en otros espacios físicos, no quisiera que piense que soy torpe o inútil.
—Hey, no, no lo digas ni lo pienses. Estoy seguro de que ella te amará, y mis hermanos también lo harán. Mejor comamos, para que podamos dormir un poco más y luego prepararnos para ir a Londres un par de días.
—Sí... Quiero llamarte de alguna manera, pero ninguna me gusta... —dijo sirviendo la comida y luego tomando asiento.
—Me da igual si me dices amor, bebé, lindo, cariño, cielo, o todas juntas o solo Louis. Lo que me importa es que sé que soy diferente a los demás frente a ti.
—Eso no lo dudes nunca, eres el único.
Cenaron casi en silencio, porque el sueño había empezado a abrazarlos y después durmieron hasta mediodía. Louis se fue a su departamento a buscar su maleta, mientras Harry hacía la propia y luego se fueron en un viaje de un poco más de dos horas.
Harry se detuvo cuando Louis le dijo que ya estaban frente a la bonita casa de paredes rojizas.
—Me arrepentí... —dijo con la voz temblando.
Louis no alcanzó a consolarlo, cuando se abrió la puerta y por ella apareció una mujer hermosa y con una sonrisa encantadora.
—¡Por fin llegaron! ¡Oh, por Dios! ¿Tú eres Harry? Eres tan bonito, estoy tan contenta de que estés aquí, ¿puedo abrazarte?
—Me encantaría, —contestó sonriendo, y Dayan, la madre de Louis, cayó cautivada.
—Tu sonrisa es preciosa, —afirmó apretándolo suavemente. —Déjame decirte, Harry, que has elegido muy bien a tu novio y futuro esposo, mi hijo es un hombre increíble.
—Pero entonces tenemos un problema, —comentó Harry. —Aún no somos novios, —confesó levantando los hombros.
—¿Qué? Pero Louis... Mejor no te digo lo que pienso. Vamos Harry, —dijo tomándolo del brazo con toda propiedad, y llevándolo hacia la casa.
—Mamá, debes preguntarle antes de tomar su brazo... —Nadie lo escuchó, por lo que tuvo que cargar su maleta y la de Harry, pero estaba más que feliz.
Ese día, a la hora de la cena, Harry conoció a los hermanos menores de Louis, y tuvo la misma acogida que le dio Dayan, dándole un sentido de hogar muy impactante, importante y deseado. Añoraba a su mamá, y Dayan era muy parecida a la que perdió.
Al desayuno, estaban todos en la cocina.
—Anoche no escuché ruidos extraños, —comenzó Leonard, el hermano de 15 años de Louis.
—Tampoco yo, —confirmó Dayan.
—No había nada que escuchar porque con Harry nos dormimos temprano, —explicó Louis muy incómodo.
—Harry, ¿me vas a decir que además de no pedirte que seas su novio, tampoco te hace cosas sabrosas?
—Solo besos, los más ricos, —contestó sonriendo, con sus mejillas encendidas.
—Hermanito, yo que tú me pongo las pilas, —dijo Richard, de 20. —Harry está muy bonito y va a llegar otro a darle lo que tú no.
Louis no sabía si ponerse a llorar, enojarse o reírse, por lo que optó por lo último. —Ya basta. Lo que haga o no con Harry es nuestro problema y no lo vamos a discutir con nadie, lo saben, ¿verdad?
Todos rieron.
—Harry, Louis me dijo que tu ceguera es por una enfermedad hereditaria, pero que logras notar algunas sombras.
—Así es. Mi mamá tenía la enfermedad, pero ella quedó ciega cerca de los treinta años, y fue una ceguera completa. Yo he logrado frenarla con diferentes tratamientos, pero no hay muchos más avances en Bath.
—Lo sé. Me tomé el atrevimiento de tomar una hora para ti, para el mejor centro oftalmológico de Londres, para el lunes a primera hora. Si te parece mucho atrevimiento, simplemente la cancelo, pero...
—Gracias, iré feliz, es algo que siempre quise hacer... —Interrumpió. —Sé que no voy a ver normalmente, pero no quisiera perder estas sombras y también me gustaría poder mostrar mis ojos y no cubrirlos con lentes oscuros.
—¿Te gustaría ver? —Preguntó Leo.
—Es algo que me he preguntado muchas veces, y en este preciso momento, mi respuesta es no. Solo quisiera ver por una vez todo y a todos, para poder tener su imagen grabada...
Hubo un silencio ligeramente triste.
—Te aseguro que te arrepentirías, porque si vieras a Louis, no querrías dejar de verlo, —dijo Dayan. —Mi bebé es muy bonito, tiene lindos ojos azules, una preciosa nariz de botón apretable, pómulos afilados y unas piernas... Uf, tremendo monumento.
La sonrisa de Harry eliminó todo rastro de incomodidad.
En medio de historias, preguntas, comidas y juegos, llegó el día lunes.
—Tengo sueño Lou... —Se quejó Harry tiernamente, aferrándose al cuerpo tibio a su lado.
—Ah, ¿pero anoche? Eras el alma de los juegos, y no querías venir a dormir.
—Pero es que tu familia es muy entretenida, hace mucho no me divertía tanto.
—Lo sé, pero ahora hay que levantarse. Podemos llegar a dormir o tomar una siesta.
—¿Podrías llevarme a caminar? Me encantaría ir al palacio, o al Big Ben o al puente o cualquier lugar imperdible.
Esas conversaciones le dolían a Louis. —¿Estás seguro?
—¿Por qué piensas que no tiene sentido? —Preguntó. —¿Sólo porque no puedo verlo?
—Lo siento... Me cuesta entender aún...
—Sé que no es fácil, y te lo voy a preguntar una vez más. ¿Estás seguro de esto? Más allá del amor que podamos sentir, estar a mi lado no es fácil, es mucho más complicado de lo que parece.
—Mi tema no es estar o no contigo, es sentir que es injusto que no puedas ver.
—No tienes que sentirlo si no es a ti a quien le sucede, Lou. Suficiente tengo con mis propios cuestionamientos, lo haces parecer como si me tuvieras lástima y no quiero que sea una interrogante en mi vida...
—Perdóname amor, estoy aprendiendo, ¿podrás ayudarme, tenerme paciencia?
—¿Sabes? Esta misma conversación la he tenido otras veces, sobre todo después del sexo, y ya estoy acostumbrado. El pero, es que es primera vez que alguien me pide ayuda, y eso me demuestra que de verdad quieres intentarlo conmigo... —Pequeñas lágrimas caían recorriendo las mejillas pálidas de Harry.
—Claro que quiero intentarlo amor, —aseguró Louis, acercándose para abrazarlo. —No estoy jugando, lo supe cuando te vi sonreír la primera vez, tu sonrisa me lo dijo, tu sonrisa que me enloquece...
Estaban a los besos desesperados, cuando Dayan golpeó la puerta y entró, descubriéndolos ya vestidos, pero envueltos en las sábanas.
—Me encanta verlos felices, pero ya estamos atrasados. Vamos, par de ca... cálidos chicos, —dijo riendo, y contagiando a Louis y a Harry.
La consulta con el oftalmólogo resultó mucho mejor de lo esperado. Debido a todos los tratamientos que Harry había tomado, la enfermedad estaba en remisión. Y lo mejor de todo, es que en uno de los ojos, a través de una operación láser podría recuperar hasta un quince por ciento de visión en el mejor de los casos, lo que era prácticamente un mundo nuevo para Harry.
Ahora tendría que ahorrar. Sacando cálculos, si ahorraba lo más posible, quizás en seis meses podría optar a la cirugía. Era un buen tiempo, estaba muy feliz.
Los días de esa primera visita a Londres terminaron demasiado rápido. Harry había visitado todos los lugares más famosos de la ciudad, del brazo de Louis y también de Dayan. Había caminado muchísimo, tomado mucho té y reído con locura, quería quedarse para siempre ahí, en esa casa que ahora prometía ser su hogar.
Ese día martes, llegaron de noche, completamente agotados. Querían recuperar fuerzas antes de su junta con los amigos de Louis, evento que también tenía muy nervioso a Harry.
Llegaron al departamento de Harry apenas a quitarse la ropa y dormir. Harry fue el primero en despertar, cerca de las dos de la tarde, pero se sentía completamente agotado y extrañaba sobre todo a Dayan.
Se levantó y fue a ducharse, se sentía pegajoso, sucio y mal oliente. Se demoró en su pelo, y salió más renovado, quizás podrían pedir algo para comer, no tenía ganas de cocinar.
Se sentó en la cama, con una delgada bata, y una toalla para secar su pelo.
—Lou, despierta... Lou...
—¿Mmmm? ¿Qué hora es?
—Pasadas las dos de la tarde, tengo hambre. ¿Quieres cocinar o prefieres pedir algo?
—¿Las dos? No puede ser, parece que recién me acosté... Pidamos amor, no quiero mover ni un dedo...
—Anda a bañarte, te vas a despejar. En el mueble a la derecha hay toallas limpias.
—Podríamos habernos bañado juntos...
—Lamento arruinar tus expectativas, pero es un poco peligroso para mí...
—Vamos a tener que adaptar un baño entonces, no te vas a librar de mí amor... Ya vengo.
Harry sonreía mientras ordenaba y ventilaba la habitación. Hizo la cama, había colocado sábanas limpias y que olían delicioso, gracias a un nuevo suavizante que había comprado. Se sentó a pensar, tenía muchas dudas que debía hablar con Louis. ¿Serían novios? ¿Querría Louis vivir juntos en algún momento? Eso significaría que tendría que adaptarse a su manera de vivir, a una disposición extraña de colocar los muebles y aceptar no realizar ningún cambio en el orden de las cosas. Era algo difícil, más difícil de lo que se pensaba. Exigía ser muy ordenado y meticuloso, no dejar la ropa tirada ni los zapatos, tampoco los platos en cualquier lugar... Era realmente algo que no cualquiera estaba dispuesto, ni siquiera a intentarlo.
Se puso de pie, caminó hasta la ventana para sentir el frío viento de esa tarde. Notaba que era un día oscuro, nublado, así como se iba colocando su corazón lleno de incertidumbres.
Ahí lo encontró Louis, que salió del baño con una simple toalla en su cintura y el pelo con algunas gotas deslizándose hasta caer en sus hombros.
—¿Pasa algo amor?
—Muchas cosas, —respondió sin cambiar su lugar cerca de la ventana. —No quiero sonar desesperado, tampoco como alguien infantil, pero hay cosas que me hacen ruido. ¿Crees que algún día quieras mudarte conmigo? ¿Logras dimensionar lo que eso significa?
—No puedo dimensionarlo, no tengo idea que significa, no soy adivino amor. Pero pensé que habías entendido que no eres alguien para pasar el rato, tampoco eres un experimento... Harry, te quiero... y lo digo en serio, y quiero que sea para siempre. Quiero vivir contigo, ojalá mañana mismo, pero tienes que enseñarme a adaptarme, decirme qué necesitas y qué esperas de mí.
—Nunca me vi en esta situación, nadie me quiso antes, por eso me cuesta, y por eso necesito que me confirmes esto cada cierto tiempo. Y quiero que entiendas que de vivir juntos, deberíamos vivir aquí, porque aunque puedo acostumbrarme a otro departamento, no es lo que quisiera.
—Puedo entenderlo.
—Sé que es una conversación que deberíamos tener cuando llegue ese momento, lo siento por apresurarme...
—Amor, —dijo acercándose, —está bien, no te disculpes. Si son temas importantes para ti, tienes que contármelos, voy a escucharte siempre. Te va a costar entenderlo porque eres muy joven, pero de eso se trata, de la confianza...
—¿De verdad quieres que sea para siempre?
—Creo que si no lo sintiera, no tendría sentido. Creo que las relaciones son sagradas, si te interesa alguien, trabajas en eso, y si no esperas que sea para siempre, entonces debes decirlo. No podría ilusionarte y luego salir con que estoy confundido. En las relaciones estás involucrado o no lo estás, y si ya no lo estás, pues debes ser sincero. Yo estoy listo para este viaje contigo, quiero hacerlo...
Lo envolvió entre sus brazos, y buscó sus labios.
Los besos aparecieron desesperados, ambos sabían qué venía y estaban dispuestos y preparados para el siguiente paso. Louis pensó en un encuentro intensamente carnal y lujurioso, hasta que cayeron a la cama y Harry, después de quitarse la bata y desnudarlo, recorrió su espalda con su dedo índice, revelando y sacando a flote toda su sensibilidad. Su cuerpo se estremeció, su ritmo bajó, sus expectativas desaparecieron y solo quedó el presente.
Porque Louis a pesar de su aura reflexiva, era un hombre apasionado y lo demostraba en su trabajo y también en la cama, donde parecía dejarse llevar por el ímpetu del deseo. Podría ceder a sus impulsos más indómitos y lascivos, pero no, porque Harry lo estaba amando de una manera nueva, a su forma y a su ritmo, obligándolo a bailar con su dulce cadencia en esa primera vez. Porque Harry tocó cada lugar desnudo que encontró a su paso, lo descubrió, lo palpó con las yemas de sus dedos y con su aliento cálido. Y Louis no podía ser menos, se sumó al vaivén lento y sensual por el que lo llevaba su compañero, uno que le estaba enseñando cómo amarlo, cómo disfrutarlo.
Harry tomó el control, dejándolo desprotegido y vulnerable, a merced de lo que quisiera hacerle y deshacer en su cuerpo y en su vida.
—Prepárame, —pidió en un susurro, mientras su mano experta buscaba el lubricante en la mesita de noche.
Louis lo hizo, despacio, de a poco, y ya se estaba desesperando porque los gemidos y la agitación de Harry eran lo mejor que le había pasado en la vida y su desesperado ímpetu quería aparecer fuerte y dominante. Pero los planes de Harry eran diferentes, lo llevó por el camino de la lentitud, del juego, de la calma dolorosamente pausada, mostrándole que amarse, también podía sentirse sensualmente apacible y delicado.
Lo penetró suave, calmado, lento, perdiéndose en el fuego que lo recibía candoroso y puro. Había soñado con mirar el rostro de Harry, estaba desesperado por saber cómo reaccionaría y su pobre corazón estuvo al borde del colapso cuando entendió lo que era el verdadero amor. A pesar de tener los ojos cerrados todo el tiempo, Harry era un poema a la expresividad. Cada poro de su piel reaccionó a sus manos e hizo temblar su pasado y su presente, le gritó en la cara que ése, era el futuro que deseaba y necesitaba.
Con Harry todo era diferente. Quería deleitarse hasta el último milímetro, hasta el último segundo, hasta la última caricia y el último beso. Ya no tenía apuro, quería que esa tarde, esa hora, esos minutos y segundos fueran eternos, no soportaría separarse, ni alejarse del cuerpo que pasaba de un momento arriba, a uno abajo, a otro de lado... Sencillamente se amaron de todas las maneras que pudieron en esa primera vez, se disfrutaron hasta el último aliento. Se fusionaron en su sudor y en sus ansias, temblaron entre los brazos del otro y aceleraban los movimientos solo para ralentizarlos, para devolverlos a sus suaves estremecimientos, para intentar recuperar el oxígeno que se había convertido en susurros, que caía por las paredes transformado en gemidos, que se hacía escaso cuando no tenían la respiración del otro sobre sus bocas secas ya, sobre sus pieles húmedas y sensibles, marcadas y recorridas con ansiedad.
Inevitablemente el final llegó, inevitablemente debían separarse, inevitablemente el temblor de sus cuerpos se detuvo y su respiración recuperó su ritmo.
—Descubrí algo... —apenas susurró Louis, bajo el cuerpo de Harry que se negaba a dejarlo ir.
—¿Qué? —Su voz más dulce que nunca.
—Que no te quiero... Te amo... Acabo de entender qué es el amor y cómo se siente...
Y Harry, apenas levantando su rostro, lo volvió a estremecer cuando sonrió.

PD: Esta historia está inspirada en la canción de 1983, “Hello” de Lionel Richie.