NASKASH

Había pensando que mi forma de vivir era normal, que todo el mundo en algún punto llegaba a crecer como lo hice yo. Arropada en una manta con olor a orín, zapatos rotos y la ropa sucia por el barro del suelo. La comida que tía Ealan conseguía no era un festín, pero el culo del pan duro era algo, ¿no?
Su salario nunca fue el mejor aunque para ser franca en la Ciudad Arkala, bueno, en la parte donde vivimos no dan un buen dineral, los edificios a penas eran terminados y ni hablar de las casas sin techos. Era el lado del infierno, mientras el otro lado tenían torres como casas y arroyos con aguas frescas.
Una noche, a penas cumpliendo la década vi a tía Ealan ser golpeada por los guardias del Palacio, gritándole barbaridades que no eran ciertas y llamándola bruja esquelética. En vez de llorarle, sufrir en silencio y esperar a que ellos terminasen, lo que hice fue gritar mientras corría hacia ellos con mis dos puños al aire. Recuerdo el gemido agudo de uno de los guardias cuando le di en las pelotas, y esa fue mi primera defensa para todo el mundo. Incluyendo a las mujeres víboras que escupían a mi tía de espaldas. Tiempo después descubrí que morderle el pezón de ellas eran un punto débil.
Ahora aprendí a robarle a los mismísimos Pavv, los piratas de la Ciudad Arkala. Tengo cuatro dagas, dos nuevas y dos gastadas, una espada metálica y unas cadenas negras, fueron mi arma favorita hasta que Bryt las recuperó.
No soy una pirata Pavv de sangre ni mucho menos fui escogida por ellos, a mi me suda las reglas y el protocolo sin sentido.
Soy Naskash Dawnless, la huérfana y la que pronto tendrá las escamas de la dragona Vixra en manos.








