Capítulo 1
Aviso: Este libro es parte de la saga "Señorita Grammer".Cronológicamente es el segundo libro.
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Disfruten la lectura.
Los nombres de los personajes en negrita indica quien narra.
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Dominica
Luego de lo que paso en esa terrible noche en la mansión Grammer, con mi supuesto
tío perdido, con el tiroteo, Miqueas, el viejo Grammer y sus hijas, me detuvieron y me llevaron a una celda. Fue horrible esperar mi juicio, sin tener a nadie a quien llamar y con la certeza de que me esperaban largos años en prisión.
El día de mi juicio, bien temprano por la mañana, un hombre de traje, alto y con el cabello castaño me hizo una visita.
Yo estaba recostada en el banco cuando un oficial llego, rápidamente me senté.
—¿Dominica Imhoff?— preguntó con una pequeña sonrisa de lado.
Fruncí el ceño, crucé los brazos y aclaré —Si, soy yo. ¿Lo conozco?
—Soy Ángel Tanner tu abogado defensor.
De pronto el oficial de policía se acercó con unas llaves en mano y abre la celda. El tipo me acercó una bolsa de papel y aclara —Toma, es ropa para tu audiencia.
—Yo... no pedí ningún abogado —.dije pensativa.
—Tranquila, la corte me asigno el caso.
Estaba muy confundida ¿la corte podía hacer eso sin mi consentimiento?
—Una oficial te acompañara a una habitación para que te cambies, luego te llevara a una sala apartada para hablar conmigo. Solo si tu quieres —su voz me sonaba muy amablemente, pero aún mantenía la distancia, no estaba segura de si debía creerle. El tipo dejo la bolsa en el
piso y se retiró. La oficial llego y me espero impacientes.
Me vi acorralada, ¿y si me metía en problemas otra vez?
Aúnque... ya estaba en una celda, ¿que más me podría pasar?
No tengo nada que perder.
A la mierda.
Camine dos pasos y tome la bolsa, salí de la celda y la oficial me tomo del brazo y me llevo hasta un baño, este estaba apartado y parecía que las personas no iban allí con frecuencia. Tuve que cambiarme frente a la mujer, fue muy incomodo. En la bolsa había pantalones azules de vestir, camisa blanca, zapatos y una toalla. Me vestí, me lave la cara y luego acomode un poco mi despeinado cabello.
La mujer me esposo las manos y me llevo a una sala donde había una mesa en el centro, dos sillas y en unas de ellas estaba el hombre esperando, el tal abogado.
—Oh que bien, la ropa te quedo. No te conocía, debía adivinar tu talla, mi sirvienta fue a comprar la ropa —.comentó al verme, se acomodó derecho en la silla y acomodo su corbata roja.
La oficial se fue. Me acerqué y me senté frente a el —No necesito que me defiendas.
—Esta casi todo hecho, tu solo tienes que decirle al juez, si es que te lo pregunta, que estabas en la casa para trabajar de mesera en la fiesta. —sugerí comprensivo, se puso unas ridículas gafas negras y comenzó a leer unos papeles.
—Pero eso no fue lo que paso —dije y de pronto todas y una de las situaciones de aquella noche llegaron a mi mente.
—Se lo que paso, Dominica. Pero si dices la verdad, te darán de siete a diez de prisión.
Rei —Pues me lo merezco.
—Eso no es lo que dijeron los de la Datrax, los Grammer y claro los empleados de la mansión, apuesto a que les pagaron para no digieran la verdad.
—¿De que hablas?
Dejó los papeles a un lado y me miro a los ojos —Los de la pandilla jamás se culpan entre ellos. Y esa mujer...Liso y su padre dijeron que tu ayudaste a que escaparan.
Bueno, es lo que paso, pero hay un contexto detrás...
Las dudas me invadió y debía preguntar —¿Y Bella Grammer?
—La hermana menor... ella decidió no dar testimonio, ni tampoco levanto cargos. Creo que dos días después de lo que paso, ella salió de la ciudad.
Mi Bella, se a ido y no pude explicarle realmente lo que paso. Esperaba al menos que su padre o su hermana le comentaran de mis acciones.
El celular del tipo sonó, lo atendió, dijo unas palabras y corto de inmediato —Tu audiencia es en media hora. Te daré unas indicaciones para cuando estes ahí. Esta lista, Dominica?
Suspire —Lista.
Esta parte es la más aburrida, así que resumiré los detalles: Me llevaron en la patrulla hasta el juzgado, el juicio empezó, en la sala no habían muchas personas, relate lo que ordenó el abogado y el juez dictamino —Como no hay cargos contra la señorita Imhoff, la declaro inocente y le concedo la libertad.
Mi rostro se llenó de felicidad, un oficial se acercó a mi y me quitó las esposas, por fin libre estreche la mano de Tanner, el abogado que estuvo conmigo en todo momento. Salimos de la sala y luego al estacionamiento —Ven, te llevare a tu casa— dijo el.
—Como cree, ya a hecho mucho por mi señor Tanner.
Soltó un risita —Por favor, llámame Angel.
—Bueno, coincido, a sido como un angel.
Sonrió —Insisto, además, esto aún no termina —levantó la manga de su saco y mostró que en su brazo estaba tatuado, marcado por la Datrax.
—205, eres de la pandilla —aclaré entre dientes.
—Shhhh. Alguien te puede escuchar —dijo mirando hacia los lados —Sube al auto Dominica, te lo explicaré en el camino.
—Me mentiste, nadie del gobierno te asignó el caso, te mandó él. Como puedo confiar en ti.
—Por ahora, soy la única persona que tienes para ayudarte.
—Jodete —dije enojada, le di la espalda y comencé a caminar a la salida.
Cuando el sol del medio día tocó mi piel, me sentí libre, llené mis pulmones de aire fresco y felicidad, mi mente de actividades que hacer y mi corazón de esperanza y nuevas oportunidades.
Voltee una solo vez para asegurarme de que el tal Angel no me siguiera, luego camine segura de mí misma por las calles de la ciudad.
Pase por el centro, cerca de la gran pastelería donde alguna vez trabajaba mi madre. La pastelería de Lena se llama el lugar. Me traía recuerdos de cuando yo salía de la escuela y debía esperarla sentada en un pasillo cerca de la cocina, era genial porque comía delicias como pastelillos, panes dulces o porcines de tortas con chocolate.
Seguí caminando, obviamente se me antojaba un pan dulce y como instinto toque el bolcillo de mi pantalón, recordé que tenía dinero guardado en mi casa y apure el paso para llegar pronto.
Fui por detrás de los edificios para ahorrar tiempo, unos vagabundos que estaban sentados en el suelo del callejón se ponen de pie y caminan tras de mi. Balbuceaban cosas como "Te acompañamos?" o "Que nena bonita" y "No tan rápido"
Sentí sus pasos cerca de los míos, me llene de rabia y me di vuelta de golpe, los asquerosos hombres se sorprendieron y rieron ante mi valentía. —¿Quieres compañía?— preguntó uno.
—Les conviene dejarme en paz.
—Una chica ruda —rió otro, trato de tocar mi hombro.
Lo golpeé en el brazo y se separó. Eso lo hizo enojar, trato de darme unos golpees en con su puño, pero los esquive fácilmente. El otro hombre me agarro los brazos por detrás, era fuerte y carajo que olían mal. Rieron, uno trato de acercarse, pero levente mis piernas y lo patee en el pecho haciendo que caiga piso lejos de mi. Le pise el pie al que me tenia y luego hice la cabeza hacia atrás con fuerza y le di un cabezazo. Me soltó y me sentí mareada por un momento, pierdo el equilibrio y me caigo. De pronto, una persona se acerca, me estaba ayudando a lidiar con los vagabundos, peleaba con ellos y los ahuyentó. Se acerca a mi y lo veo con más claridad, era Ángel, después de todo si me estaba siguiendo.
Me ayuda a parar, sentía mis ojos pesados y mis pies no me respondían, cierro los ojos, sentía mucho sueño de repente.
Despiertó, estaba en un auto —Que bueno que despertaste, temí que algo malo te pasara.— dijo Ángel mientras conducía.
Me puse derecha —¿Como me deshago de ti?
—No podrás.
De pronto el auto se detiene, bajamos, estaba en el lado sur de la ciudad, pues se podía escuchar el mar y sentir el viento fuerte. Ángel señalo una casa, una gran y lujosa mansión para ser exactos —Vivirás aquí.
Ríe —Tengo una casa, gracias.
—Tu tío me pidió que te cuide, no puedo cuidarte si estas en aquel barrio. Además ahora, se sabe en las calles que eres la sobrina de Ortega. Podrían buscarte y hacerte daño por venganza o darle un mensaje a la pandilla.
El tipo, que aun tenia esas ridículas gafas, tal vez tenia razón, pero... ¿quien era 205 para mandarme?
—Tengo planes, no puedo vivir encerrada por miedo.
—Vivirás aquí mientras retomas tus estudios, la universidad de ciencias económicas está cerca de aquí y no debes preocuparte por trabajar... nada te va a faltar.
—Es un año de estudio.
—Lo sé. un año, luego consigues un buen trabajo y te dejaremos.
—"dejaremos"??
—Tu tio y yo. Él solo quiere que tengas un buen futuro.
—¿Ahora quiere eso? Hace unos meses quería que trabaje robando en las calles.
—Eso es un tema de familia, no me meteré.
Pensé, pensé, pensé.
Seria bueno comienzo para mi, a partir de ahora solo debo concentrarme en mi y en nadie más.
—Como sea —dije caminando a la entrada de la casa.