CAP. 1: La llegada y un nuevo comienzo
Capítulo 1: La Llegada y Un Nuevo Comienzo
El sonido del viento susurrando entre las calles desiertas fue lo primero que escuchó al despertar. Era un susurro inquietante, como si la ciudad misma hablara en lenguas olvidadas. Estaba acostado sobre el asfalto frío, la cabeza palpitándole como si hubiera sido golpeado. Abrió los ojos lentamente y lo primero que vio fue un cielo gris, cubierto por una neblina espesa que lo envolvía todo. No había sol ni estrellas, solo una luz tenue que se filtraba entre la neblina, iluminando de manera irregular los edificios vacíos a su alrededor.
El chico, cuyo nombre no recordaba en ese instante, se levantó tambaleante, con una sensación extraña de desorientación. Sus manos temblaban al frotarse los brazos por el frío, pero no era el tipo de frío que se siente en el cuerpo, sino uno más profundo, uno que calaba en el alma. Miró a su alrededor; estaba en medio de una calle que parecía haber sido abandonada en mitad de una vida cotidiana. Los autos estaban estacionados al borde de la acera, algunos con las puertas entreabiertas, como si sus conductores hubieran huido precipitadamente. Las ventanas de las tiendas y los edificios estaban cubiertas de polvo y suciedad, pero no había señales de vida.
Caminó unos pasos, intentando recordar cómo había llegado allí. Todo en su mente era un vacío. No podía recordar su nombre, su pasado, ni qué lo había llevado a esa ciudad fantasma. La soledad del lugar se sentía asfixiante, y por un momento, el pánico comenzó a burbujear en su pecho. Pero entonces, algo lo detuvo.
Un sonido suave, apenas perceptible, vino desde la neblina. Un crujido, como el de pasos ligeros sobre el pavimento. Se giró rápidamente, los ojos abiertos de par en par, buscando el origen del ruido. No había nada... o eso parecía. La neblina era demasiado densa. Todo lo que alcanzaba a ver eran sombras, formas vagas e indefinidas que se movían lentamente más allá del velo brumoso.
El chico contuvo la respiración, el corazón latiéndole con fuerza en el pecho. Se dio cuenta de que no estaba solo. Algo, o alguien, lo observaba desde la neblina. Intentó caminar hacia una dirección al azar, pero cada paso que daba hacía que el crujido de los pasos a su alrededor se intensificara. Eran sigilosos, como si las criaturas no quisieran ser vistas, pero susurraban entre ellas con una voz extraña, de pesadilla.
—¿Hola? —intentó llamar, aunque su voz apenas se escuchó en ese vacío. No hubo respuesta, solo el viento y los pasos que parecían acercarse cada vez más.
De repente, una de las sombras se movió con rapidez. Una figura, alta y encorvada, emergió brevemente de la neblina. Su silueta era borrosa, pero tenía algo antinatural en su forma: extremidades largas, más de lo que debería ser posible, y unos ojos brillantes que destellaban por un segundo antes de volver a sumergirse en la bruma. El chico retrocedió con el corazón desbocado. No supo si debía correr o quedarse quieto.
La figura no se acercó más. Simplemente se quedó al borde de la neblina, observándolo desde la oscuridad, como esperando algo.
Desesperado, miró a su alrededor, buscando algún lugar donde esconderse o un camino para escapar. Al final de la calle, vio una puerta entreabierta, la única señal de refugio en esa desolación. Sin pensarlo dos veces, corrió hacia ella. Sus pies golpeaban el pavimento con fuerza, y a medida que lo hacía, los murmullos de las criaturas aumentaban, como si se agitaran al verlo moverse.
Al llegar a la puerta, la empujó con fuerza y se precipitó al interior del edificio. Cerró la puerta de un golpe detrás de él y apoyó la espalda contra ella, jadeando, mientras intentaba calmarse. Los pasos fuera se detuvieron, pero podía sentir las miradas aún clavadas en él, incluso a través de las paredes. La neblina no era solo una cortina física, sino algo vivo, algo que acechaba en cada rincón.
Dentro del edificio, el ambiente no era mucho mejor. Las luces parpadeaban débilmente, iluminando un vestíbulo abandonado. Había papeles dispersos por el suelo y muebles cubiertos de polvo. Parecía una antigua oficina, aunque no podía estar seguro.
—¿Dónde estoy? —murmuró para sí mismo, desesperado por entender qué estaba pasando.
De pronto, una voz suave rompió el silencio, tan cerca que hizo que su piel se erizara.
—Acabas de llegar al Limbo.
Se giró bruscamente y vio, en una esquina oscura del vestíbulo, una figura. Era una mujer, o al menos lo parecía. Estaba envuelta en sombras, su rostro apenas visible, pero sus ojos brillaban con un tono extraño, casi hipnótico. Llevaba una vestimenta que parecía fuera de lugar, como si perteneciera a otra época.
—¿Quién eres? —preguntó él, la voz quebrándosele.
La mujer esbozó una sonrisa tenue, pero fría.
—Alguien que ha estado aquí mucho tiempo. Lo suficiente para saber que no puedes escapar de esta ciudad. Aquí es donde comienzan las cosas... y donde terminan.
El chico sintió un escalofrío recorrer su columna. La neblina, las criaturas, la soledad. Nada tenía sentido, pero una cosa era clara: no estaba en un lugar normal, y lo que fuera que acechaba en las sombras, estaba esperando algo de él.
—Bienvenido —dijo la mujer, antes de desvanecerse en la penumbra—. Este es tu nuevo comienzo.
La ciudad estaba viva, pero no era una ciudad para los vivos. Y ahora, él formaba parte de ella.
FIN DEL CAPITULO 1








