Solo una oportunidad

āĀ”AlĆ©jense de eso!
āĀ”Es un monstruo!
āĀ”No lo miren!
āĀ”Es asqueroso!
āĀ”Dios lo castigó por pecador!
āĀ”No lo toquen que es contagioso!
Nada parecĆa conmover a esas personas hirientes y llenas de maldad, ni siquiera esa mirada que cargaba el dolor del mundo, y que deberĆa haberles provocado ganas de abrazar y contener a ese ser desgraciado, sin luz, ya maldito de tantas veces que se lo gritaron en su cara y en su espalda; pero que jamĆ”s harĆa daƱo, que era un ser bondadoso y tranquilo, con amor infinito en su corazón.
Amor que jamĆ”s podrĆ” compartir, labios que nunca pronunciarĆan un te amo, manos que ni una sola vez acariciarĆan las mejillas arreboladas de alguien mĆ”s.
Amor que no saldrĆ” en forma de lĆ”grimas emocionadas en sus ojos, un amanecer frĆo mientras recita promesas y juramentos.
Amor que no se transformarĆ” en calor ardiente como lava, por cada poro de su piel, reaccionando a ese otro cuerpo que busca al suyo como refugio y como puerto para su mar agitado y lleno de tesoros.
Todo eso lo sabĆa Louis, todo eso le ha pasado por su mente como un cuchillo afilado enterrĆ”ndose en su pecho hasta desangrarlo cada noche, atardecer y madrugada. Louis, quien no es mĆ”s que un simple chico valiente que dio su vida como ofrenda de otros que luego le pagaron con indiferencia y ofensas.
Su rostro desfigurado lo definĆa y le dio una sentencia de muerte en soledad, pero Louis se negaba a terminar con su vida, aunque lo habĆa pensado mĆ”s de mil veces y tenĆa un millón de motivos... Sin embargo, siempre existĆa una razón, dĆ©bil ridĆcula, tonta, y es su sueƱo de amar el que le impide cerrar sus ojos para siempre.
Evitaba ir a la pequeƱa ciudad, porque a veces pensaba que ya no podĆa soportar mĆ”s gritos a su alrededor, pero necesitaba algunas cosas para sobrevivir en su pequeƱa y bonita casa, escondida en medio de un gran jardĆn y bajo la sombra de altos y robustos robles. TenĆa un pequeƱo huerto y Ć”rboles frutales, pero siempre le han gustado los frutos como la nuez, las almendras y las avellanas. TambiĆ©n el chocolate y a veces el vino. Y por su apariencia muchas veces no logra conseguirlos, a pesar de tener sus monedas de oro, mĆ”s valiosas que los mismos puestos en el mercado, pero que pierden su valor en medio de tanta frialdad.
********** **********
Hace frĆo, mucho frĆo, demasiado frĆo. Es de las noches mĆ”s heladas que se han sentido en los oscuros suburbios de Londres.
Un chico, apenas intentando doblarse sobre sĆ mismo para recuperar un poco de calor, fracasando rotundamente y rompiendo a llorar como cada dĆa de su lastimada existencia.
La miseria, el hambre, la soledad lo han ido consumiendo hora tras hora.
Esa maƱana habĆa ganado una libra cargando cajas en el mercado y la gastó en comida. Llevaba dos dĆas sin probar bocado y si no se alimentaba, no podrĆa conseguir otro trabajo, porque estarĆa muy dĆ©bil. Era comer o compartir una manta con alguno de los demĆ”s callejeros, como los llamaban.
Harry no lloraba solamente por el frĆo, el hambre, la decepción o la soledad, sus lĆ”grimas se llevaban cada una de sus ilusiones, cada una de sus esperanzas, cada uno de sus tal vez... Nunca conoció el cariƱo, desde muy pequeƱo sabe que es un estorbo, de los peores, un bueno para nada, un inĆŗtil y un maldito bastardo.
El mercado se ha convertido en su refugio, en medio de cajas de frutas, de comida, de ropa y de artesanĆas; en medio de gritos, de peleas y de charcos de agua sucia. Un refugio que le ha enseƱado a defenderse, a ponerse una mĆ”scara de indiferencia y de apatĆa, porque alguien dulce y bondadoso como Ć©l no tiene cabida en esta tierra. Nadie podrĆa imaginarse lo letal que ha sido ver a tantos caer, a tantos escapar y a tantos no poder volver. Ninguna persona deberĆa tener que luchar tanto para poder respirar ni para intentar sobrevivir, no era justo...
Ha visto su mismo dolor reflejado en los ojos hermosos de aquel que llaman monstruo, de aquel al que jamĆ”s ha visto reaccionar, de aquel que estĆ” seguro, es un alma triste como Ć©l y que se oculta bajo esa capa y ese sombrero. Preguntó por su historia muchas veces, y nadie parecĆa saberla, excepto la seƱora del puesto de manzanas. Una maƱana le contó, en medio de un descanso de su trabajo: Louis era un chico hermoso y apuesto, hijo de una de las familias mĆ”s adineradas de Londres. Una noche, se produjo un gran incendio en ese mismo mercado y uno de sus hermanos menores estaba demasiado cerca del fuego, porque estaba jugando separado de sus hermanos. Louis, al darse cuenta, logró sacarlo justo en el momento en que caĆa una viga encendida desde uno de los puestos, golpeĆ”ndolo y quemĆ”ndolo sin piedad en la mitad de su rostro. Quedó desfigurado en casi el sesenta por ciento de su cara, y fue imposible de recuperar su lozana juventud. Lo dejaron abandonado a su suerte, narraba la seƱora. Nadie sabĆa cómo o por quĆ© vivĆa en esa casa ni cómo se mantenĆa, mucho menos de dónde sacaba esas codiciadas monedas de oro.
Ese relato solo logró aumentar su curiosidad en ese hombre, que ahora sabe es apenas mayor que él.
Esa tarde, en el mercado, luego de casi romperse la espalda cargando de todo tipo de artĆculos, por fin tuvo un pequeƱo respiro. Ganó diez libras, podrĆa comer y compartir una manta por cinco dĆas.
Estaba ordenando unas cajas, cuando escuchó a una seƱora con un bonito perro en brazos, quejarse de la falta de flores en el mercado, y tenĆa razón. HabĆa dos puestos, pero siempre estaban marchitas y descoloridas. Sin saber por quĆ© se acordó de Louis, quizĆ”s en su casa habrĆa flores. El problema es que no estaba seguro de cómo llegar, pero esa noche harĆa el intento.
Al bajar el sol comenzó a caminar, aprovechando que aĆŗn la temperatura era agradable. Le costaba caminar porque le dolĆa mucho la espalda y los pies, ademĆ”s su chaqueta estaba casi transparente y no era mucho lo que lo protegĆa. Tampoco habĆa podido baƱarse en mĆ”s de dos semanas, y apestaba horriblemente. Se sentĆa incómodo, pero una vez mĆ”s era comer o un poco de agua limpia. Tampoco servĆa mucho baƱarse si luego tendrĆa que ponerse sus mismos harapos.
Casi media hora despuĆ©s, divisaba un pequeƱo bosque, un lugar muy bonito y que nunca habĆa visto antes. Del otro lado, el camino hacia Kensington aparecĆa verde y frondoso. Se internó por el pequeƱo bosque, que se hacĆa mĆ”s tupido a medida que caminaba. Casi diez minutos despuĆ©s, aparecĆa la mĆ”s bonita casa que imaginó pudiera existir, aunque apenas se veĆa por entre medio de las altas murallas. Logró escabullirse en medio de una rendija, era lo Ćŗnico bueno de estar casi en los huesos, y pudo entrar hasta el jardĆn. Casi se desmaya al mirar ese lugar mĆ”gico, parecĆa sacado de un cuento, los Ć”rboles con sus frutas jugosas, el pasto perfectamente cortado, plantas y flores de colores que nunca habĆa visto y la pequeƱa casita en medio, con sus luces apagadas a pesar de ser temprano.
No pudo evitar la tentación y tomó una redonda naranja, embriagĆ”ndose con su olor, mientras se le hacĆa agua la boca. Se dio cuenta de que iba a necesitar unas tijeras para cortar las flores y armar unos bonitos ramos que le darĆan unas libras con seguridad. No querĆa estropearlas, ni daƱarlas, solo iba a hacerlo por necesidad algunas veces...
Se devolvió por el mismo camino y una vez en el mercado ya vacĆo, logró comprar una pequeƱa tijera aunque eso le significaba no comer al dĆa siguiente. Se acomodó para dormir un par de horas y levantarse antes del amanecer y asĆ la oscuridad serĆa su ayudante en su arriesgada osadĆa. Estaba tan cansado que se durmió apenas entró en calor, pero luego de apenas cinco horas tuvo que levantarse. Uno de los perros se habĆa orinado encima de sus pies y ahora estaba apestando el doble, y mojado en un hedor de los peores. Sus pobres zapatillas estaban a punto de romperse y con la humedad, serĆa peor.
TenĆa el tiempo justo para ir a buscar sus flores, se le habĆa olvidado que a buen paso, era casi una hora de ida, y no habĆa contado la vuelta, por lo que tomó su tijera, y asĆ como estaba, comenzó su travesĆa. Una vez en el jardĆn, se acercó a un hermoso rosal de rosas amarillas y cortó diez. Hizo lo mismo con las rosas rojas y con las rosadas. De pie, al otro lado de la muralla, les quitó las espinas, para poder tomarlas sin problemas. Luego dio una vuelta, para que pareciera que venĆa desde el otro pueblo en vez de la casa de Louis y despistar a cualquier curioso.
De inmediato se acercó al puesto de la seƱora de las manzanas. Le contó a modo de confidencia, que en Kensington vivĆa una seƱora con un gran jardĆn, y que le habĆa ofrecido ayuda: le entregaba algunas flores y al dĆa siguiente, Harry tenĆa que pagar una pequeƱa comisión para asĆ poder tener mĆ”s flores frescas. La seƱora le creyó absolutamente todo, porque ella misma intentaba ayudar a los callejeros, pero su puesto de manzanas no daba para mucho.
Harry ni siquiera alcanzó a gritar sus rosas. Apenas se sentó, la seƱora que le habĆa dado la idea, se las compró todas. Estaba encantada porque tenĆan un color muy especial, y eran mucho mĆ”s suaves que cualquier otra, y le dio 10 libras, y no solo eso. Con esa venta, podĆa trabajar todo el dĆa y ganar un poco mĆ”s de dinero. QuerĆa comprarse una chaqueta o parka que le sirviera para el frĆo y para la lluvia, luego podrĆa pensar en zapatillas. Por ahora, seguirĆa acarreando cajas.
Una semana se demoró en comprar su chaqueta, usada, en uno de los puestos del mismo mercado. Estaba feliz, era azul con bolsillos, liviana pero caliente. Esa mañana desayunó, pero un desayuno de verdad: pan y leche.
Una semana en que cada madrugada seguĆa robando flores, siempre con mucha vergüenza. QuizĆ”s algĆŗn dĆa podrĆa retribuirle a Louis su ayuda indirecta. De verdad que sĆ querĆa hacerlo.
********** **********
Louis estaba preocupado. Se habĆa dado cuenta de que alguien estaba entrando en su jardĆn, y lo sabĆa porque los rosales estaban menos frondosos sin motivo aparente. Por lo menos agradecĆa al intruso que trataba a las plantas con cuidado y delicadeza. Pero su jardĆn, sus Ć”rboles, sus flores y plantas eran sagradas, les habĆa dedicado su vida y nadie iba a venir a robarle, no en su casa.
Ese dĆa, que habĆa decidido no dormir en toda la noche, hizo pequeƱas siestas, pero al momento de vigilar, como debĆa estar a oscuras, simplemente cerró los ojos un minuto y ya era de dĆa. Decidió, ya que era temprano, ir al mercado. Buscó un sombrero y un cubre boca, asĆ quizĆ”s, lograrĆa comprar algunas cosas que lo tenĆan antojado.
Caminó rĆ”pidamente, con sus monedas tintineando en su bolsillo. Al llegar, afortunadamente habĆa poca gente, por lo que logró adquirir todo lo que buscaba, aunque lo atendieron de mala manera, pero no le importaba. Llevó el triple de cosas, mucho mĆ”s de lo que pensaba, pero tenĆa que aprovechar que nadie le gritó ni habĆa gente a su alrededor ofendiĆ©ndolo.
Iba mirando los puestos, buscando algunas legumbres que recordó, se le habĆan terminado, cuando vio a una adinerada seƱora con sus rosas en los brazos. Eso significaba que el ladrón de flores vendĆa en el mercado, es decir, habĆa un lucro descarado tras los robos y eso lo ofendĆa muchĆsimo.
Sin embargo y aunque lo intentaba cada dĆa, no lograba ver al dueƱo de sus inquietudes. Todos sus intentos fueron en vano, se quedaba dormido sin remedio, pero es que sus horarios eran muy rutinarios, llevaba aƱos viviendo con orden.
Ese dĆa, en especial, se atrevió a hacer algo que no hacĆa hace mucho porque desgarraba su corazón e inevitablemente lo hacĆa llorar con un profundo dolor. Buscó en el fondo de uno de los cajones del mueble de su dormitorio, y sacó un espejo. Sentado en la cama lo tuvo entre sus manos por muchos minutos, quizĆ”s mĆ”s de media hora. Era algo que le seguĆa costando, ver su reflejo era mĆ”s que desgarrador, mĆ”s que horroroso, mĆ”s que desolador, era algo que le quitaba la respiración, que le afectaba tanto que ya habĆa quebrado cerca de cincuenta espejos. Los compraba para eso, sabĆa que de vez en cuando le nacĆa castigarse de esa manera, y cuando lo lograba simplemente lanzaba todo lo que estaba a su paso.
Lentamente su mano se levantó, hasta que tuvo el espejo frente a su rostro y se miró. Vio su cara desfigurada, quemada, arrugada, seca. Su ojo derecho casi cerrado, sin pestaƱas ni ceja en ese lado. La comisura de su labio un poco rĆgida, su pelo que no crecĆa en la parte delantera y un poco de su nariz torcida. Ni hablar de su oreja que no existĆa, tampoco de su rugoso cuello o de la piel de su hombro acartonada. Lo mĆ”s triste, era la mirada de sus ojos, completamente marchita...
Se estuvo mirando por mucho tiempo, incluso abrió su boca lo que mĆ”s pudo, pero no podĆa hacer mucho mĆ”s, le costaba demasiado y era mucho esfuerzo.
No se habĆa dado cuenta del momento en que saladas lĆ”grimas corrĆan por sus mejillas, pero no le impresionó sentirlas ni verlas, era normal, eran parte de su vida, sus raĆces, su pasado, su verdad y su futuro. La imagen de su hermanito a punto de ser golpeado por esa madera encendida seguĆa sobrecogiĆ©ndolo. ĀæLo volverĆa a hacer? Claro que sĆ, aunque supiera de antemano todo lo que tendrĆa que pasar, lo harĆa una y mil veces por Ć©l, porque era su niƱo hermoso, el niƱo de sus ojos, el niƱo que mĆ”s amaba en la tierra. Ese niƱo que ahora ya era casi un adulto, a quien no volvió a ver, pero que le enviaba a escondidas de sus padres brillantes monedas de oro, pero nunca una carta, nunca una nota, nunca un poco de calor. Solo monedas, frĆas monedas, gĆ©lidas monedas.
Monedas que no alcanzarĆan a calmar la culpa de sus padres, aunque tuviera casi cinco centenas de ellas. Sus padres que le dejaron esa casa, y palabras sin amor, cargadas de vergüenza y llenas de hastĆo. Ayudarlo, o llevarlo con ellos era ser seƱalados por la sociedad, por las familias amigas, por aquellos que de todas maneras les dieron la espalda al saber que lo habĆan abandonado.
Esa maƱana, la recuerda bien, cuando despertó aĆŗn lleno de vendas y vio las maletas en la puerta de su casa. No entendĆa nada, solo veĆa el rostro de la que era su familia preocupada por largarse pronto, sin mirarlo, apenas unas palabras para explicarle que ellos se iban a Francia y que a Ć©l le estaban dejando la pequeƱa casa en medio del bosque, que mantenĆan casi escondida, y que era una especie de refugio. Ni siquiera lo ayudaron a llevar sus cosas, simplemente se largaron y Ć©l quedó arrodillado en el piso, llorando la falta de su familia, la falta de contención, de mimos y compaƱĆa. JamĆ”s, nunca imaginó que ademĆ”s de todo lo dejarĆan en absoluto desamparo.
La imagen en el espejo lo trajo de vuelta a su presente, al ahora donde ya no duele tanto o donde ya se ha acostumbrado al dolor y la pena. Sin embargo, su furia no aparece, no hay vidrios quebrados, no hay desorden ni caos, solo pena y tristeza. Respiró profundamente y guardó el espejo en su lugar, se levantó y se sacudió, dispuesto a seguir un poco mÔs.
Fue a la cocina a guardar algunas cosas, otras las dejó en las mismas bolsas, no era su prioridad, cuando recordó una receta de pescado al horno que se le antojó probar, pero no tenĆa pescado en ese momento. SabĆa que si querĆa conseguir alguno fresco, debĆa llegar muy temprano al mercado, por lo que por esa noche no se preocuparĆa del ladrón, solo querĆa dormir. Sin embargo, despertó muy temprano y lo primero que hizo fue asomarse a la ventana y le pareció ver que alguien se deslizaba entre medio de los Ć”rboles. En otro momento hubiese corrido a buscarlo, pero ese dĆa no. QuizĆ”s el mirarse al espejo el dĆa anterior lo tenĆa demasiado sensible, quizĆ”s solo no tenĆa Ć”nimos de moverse, quizĆ”s solo necesitaba respirar.
Se envolvió en su capa, su sombrero y su cubre boca de siempre para salir a la frĆa maƱana, casi de madrugada, y salió a paso rĆ”pido para entrar en calor. Cuando llegó, y tal como lo pensó, estaban los vendedores de pescados con unas piezas muy frescas y bastante grandes. Compró dos, y tambiĆ©n unos hermosos tomates y algunas hierbas como hinojo y eneldo.
Iba ya de vuelta, cuando escuchó una linda voz. Se giró para buscar al dueƱo, y vio a un chico hermoso, aunque sucio y con harapos. Pero lo que mĆ”s le llamó la atención, fue ver lo que ofrecĆa. Eran sus rosas.
Las reconocerĆa en cualquier parte del mundo, porque eran Ćŗnicas. Por un segundo sus miradas se cruzaron y Louis vio vergüenza, y Harry, sorpresa. Pero mĆ”s importante que eso, sus piernas temblaron, sus corazones aceleraron un latido y en un pestaƱar descubrieron un mundo similar en el otro.
Louis deberĆa haber hecho un escĆ”ndalo, estaba en todo su derecho, pero no podĆa. No querĆa llamar la atención, menos en ese dĆa que habĆa sido, tambiĆ©n, particularmente bueno. Sin embargo, ahora estarĆa mĆ”s atento, jamĆ”s podrĆa olvidar el rostro de Harry.
Al llegar a su casa, ordenó sus compras y sonrió. A pesar de todo, su corazón no habĆa logrado marchitarse y era capaz de sentirse agradecido por su vida. Le dolĆa, sĆ, absolutamente, pero tenĆa estos pequeƱos destellos en que su alma sentĆa un poco menos de desolación.
Preparó una rica sopa, llena de verduras, y despuĆ©s hizo un postre de manzanas. Las de su Ć”rbol eran deliciosas, grandes, rojas, dulces y jugosas. Mientras esperaba que se cocinaran sus alimentos, se dedicó a pensar en la mejor manera de acabar con el robo de sus flores, porque no era posible y no era justo. Y un segundo despuĆ©s, imaginaba la necesidad de ese chico por sobrevivir, porque era obvio que intentaba mantenerse de alguna manera, y la habĆa encontrado con sus rosas. Le gustarĆa saber un poco mĆ”s de su vida, quizĆ”s podrĆa preguntar a alguien... ĀæA quiĆ©n? QuizĆ”s la seƱora de las manzanas podrĆa ayudarlo, ella nunca le ha gritado, estaba seguro de eso, aunque lo mira con lĆ”stima, no puede pedirle mĆ”s.
DespuĆ©s de comer, salió a su jardĆn. Revisó que no hubiese maleza creciendo, que el pasto aĆŗn estuviera de buen largo, cortó algunas ramas secas, barrió y limpió, para finalmente regar suavemente. Luego se durmió mientras leĆa una novela de romance en el 1930 de Francia. Cuando despertó, ya era medianoche, habĆa dormido casi seis horas y se sentĆa muy bien, muy despejado y de buen humor. Calentó un poco de sopa y se sentó frente a su chimenea a terminar de leer. Se lavó los dientes y se le ocurrió que quizĆ”s lo mejor era intentar saber por dónde se colaba el ladrón y cerrar ese lugar con mĆ”s alambre.
Tomó una linterna y salió, envuelto en una gruesa capa. Rodeó todas las altas murallas, pero no encontraba el lugar, hasta el final de su inspección. Era una rendija bastante pequeña, lo que le encogió el corazón sin querer. Hablaba de que el ladrón de lindos ojos estaba muy delgado.
Por algĆŗn motivo que desconocĆa, no cerró el paso. Tal vez podrĆan conversar, tal vez no, solo sabĆa que por esa noche, no vigilarĆa. Le darĆa una Ćŗltima noche.
Temprano fue Louis al mercado, sabĆa que estaba casi pisĆ”ndole los talones al ladrón de flores. Pero no, al parecer ese dĆa Harry no estaba en el mercado, lo que le extrañó. A pesar de no necesitar manzanas, de todas maneras compró seis de las mĆ”s bonitas.
āSĆ© que no deberĆa responderme, pero quisiera que me contara quĆ© sabe del chico callejero que estos dĆas estĆ” vendiendo flores...
āOh... Harry, es tan buen muchacho y la verdad es que no hay mucho para contar. Sus padres lo abandonaron antes de los diez aƱos, eran borrachos y drogadictos. Al tiempo murieron sin que a nadie le importara. Desde entonces duerme ahĆ, al lado del puesto de cebollas. Ni un solo dĆa habĆa faltado, siempre le ha peleado a la vida aunque pase dĆas sin comer.
āEs un buen chico entonces...
āLo es, ojalĆ” alguien pudiera ayudarlo.
āGracias por contarme y gracias por escucharme y hablarme sin ofensas...
āLa gente es muy mala y prejuiciosa. Yo conozco tu historia tambiĆ©n, siempre encontrarĆ”s en mi a una amiga.
Y Louis sonrió como hace mucho no lo hacĆa.
El dĆa pasó tranquilo, pero en la noche, Louis puso la alarma a las cinco de la maƱana. Se abrigó y a oscuras puso la tetera para preparar tĆ©, mientras no perdĆa rastro de lo que pasaba en el lado sur de su jardĆn. Pronto un ligero movimiento en las ramas altas del cerezo, le avisó que el hermoso ladrón estaba en su territorio. ĀæQuĆ© harĆa?
Lo vio, Ć”gil y ligero, suave y casi invisible, arrastrarse por el pasto. Lo vio cortar con tanto cuidado los rosales, que su corazón latió con fuerza y luego se paralizó al notar que al parecer, estaba tosiendo demasiado. Estaba enfermo, podĆa asegurarlo.
Su instinto mĆ”s primitivo querĆa ir a ayudarlo, pero al mismo tiempo algo le decĆa que no. No sabĆa cuĆ”nto se iba a arrepentir.
Lo vio armar cuatro ramos con seis flores cada uno, para luego desaparecer. Decidió seguirlo, de todas maneras no tenĆa nada mejor que hacer. RĆ”pidamente tomó su capa, su sombrero y su cubre boca y salió. Vio a Harry caminar a paso lento y desde lejos lo escuchaba toser y maldecir con voz ronca y seca.
Miró con la claridad del dĆa, cómo se ponĆa a un lado del puesto de manzanas y cómo lo estaba esperando la gente, para prĆ”cticamente quitarle de las manos las hermosas rosas de las manos. DespuĆ©s lo vio cargar cajas y cajas con frutas y verduras, y a medio dĆa, apenas comer un pan.
Luego de eso se devolvió a su casa, habĆa visto suficiente. Cerca de una semana lo estuvo observando en el mercado, siempre a lo lejos pero lo suficientemente cerca. Lo que para Harry era una mirada acusadora, para Louis era preocupación: solo querĆa asegurarse de que las flores se vendieran y le pagaran lo justo.
Ese Ćŗltimo dĆa viernes, al llegar a su casa, buscó entre sus cosas y encontró varios pliegos de bonitos papeles, para mĆ”s tarde, ir al jardĆn y con sus propias manos cortar las flores mĆ”s lindas. Habló con ellas, les pidió permiso y disculpas, y luego les quitó las espinas. las llevó adentro de la casa, y las dejó en abundante agua fresca. Seguidamente preparó los papeles, y unas bellas cuerdas para amarrar los ramos, y dejó todo organizado en su bonita mesa de madera.
Se puso a cocinar el pescado y manzanas asadas, eran su postre favorito y nunca preparaba suficiente, hasta que una idea cruzó por su cabeza. Si a Harry le iba bien vendiendo sus rosas, y si pudiera darle una flor de mayor valor, quizĆ”s no necesitarĆa trabajar tanto. ĀæY si empezaba a experimentar para crear una nueva variedad?
Dejó las manzanas en el horno, y comenzó a buscar algunos libros en su vieja biblioteca. Encontró cuatro que podrĆan servirle, y junto a una taza de tĆ©, se sentó a estudiar. ĀæA quĆ© hora se durmió? Afortunadamente solo unos veinte minutos, los necesarios para sacar las manzanas del horno. Se estiró y miró la hora, estaba cerca de las diez de la noche. Apagó todo y se fue a dormir, tenĆa que levantarse muy temprano.
A eso de las cuatro y media de la maƱana se levantó, bien abrigado, y con una tenue luz comenzó a formar los ramos. Le quedaron hermosos. Salió y los dejó a los pies del rosal mĆ”s alto, junto a una nota y un lĆ”piz. Le gustarĆa que Harry le contestara, cualquier cosa, lo que fuera.
Se escondió una vez mĆ”s junto a la ventana, hasta que lo vio aparecer. Daba pena mirarlo, parecĆa cada vez mĆ”s delgado, su pelo largo enmaraƱado y sucio, esa tos horrible que no paraba y que intentaba ahogar en su ropa para no llamar la atención.
Harry estaba apenas en pie, no sabĆa si tendrĆa fuerzas para cortar las flores, sentĆa que se iba a desplomar en cualquier momento. Se sintió peor cuando vio los ramos preparados en el piso y un papel con una letra muy bonita:
Espero que te sientas mejor muy pronto, y si necesitas algo, no tengas miedo de mĆ.
Fue incapaz de contestar, no porque no quisiera, solo que en ese momento era imposible fĆsicamente, ademĆ”s de que apenas podĆa leer, y escribir era un gran desafĆo para Ć©l que nunca fue a la escuela, ni siquiera antes de ser abandonado. Tomó el papel y con esfuerzo lo guardó, tomó los ramos mĆ”s lindos que las estrellas y se fue, casi arrastrando sus zapatillas rotas.
Un feo presentimiento quedó en el pecho de Louis, quien, una vez mĆ”s, decidió seguirlo. Agradecidamente Harry no debĆa ofrecer sus flores, porque al parecer siempre habĆa gente esperando por ellas, y esta no fue la excepción. No alcanzó a llegar cuando ya tenĆa las 24 libras en su bolsillo, el Ćŗnico que le quedaba sin hoyos.
Vio cómo la seƱora de las manzanas se acercaba a Harry y le tocaba la frente y ponĆa una cara triste y de preocupación. Luego de eso, Harry caminó por uno de los senderos que rodeaban al mercado, pero antes de llegar a la mitad de uno, el mĆ”s solitario, se desplomó. Louis que lo estaba siguiendo aĆŗn, aceleró el paso, intentando pasar desapercibido, hasta llegar a un Ć”rbol muy cerca del cuerpo de Harry. Esperó unos segundos, mirando bien para todos lados, y en el momento preciso lo arrastró. Le dolió lo liviano que se sintió ese gesto, le dolĆa Harry mĆ”s que su propia vida incluso.
Tuvo suerte de que al ser tan temprano, habĆa poca gente y los demĆ”s callejeros estaban durmiendo o ya estaban trabajando, por lo que nadie le prestó atención a Harry. Lo tomó en brazos y casi corrió hasta su casa. Apenas entró con Ć©l, lo acostó en el sillón. Se quitó la capa y el sombrero, pero no el cubre boca, no querĆa ademĆ”s de todo, asustarlo. Fue a preparar su cama, le puso sĆ”banas limpias y luego lo fue a buscar, le quitó la desgastada chaqueta que estaba hĆŗmeda, las zapatillas tambiĆ©n lo estaban... Sus pies llenos de tierra, sus uƱas largas, su piel seca y escamosa... Louis lloraba mientras lo desnudaba para meterlo a la tina con agua caliente.
Lentamente lo iba frotando con un suave paƱo y jabón con aroma a rosas que Ć©l mismo fabricaba. No habĆa nada de morboso, ni de sucio en sus cuidados; por el contrario, solo admiración, solo empatĆa y solo ganas de ayudar un poco a aliviar el peso sobre los hombros de Harry. Era peor que una pesadilla ver los huesos asomados por todo ese largo cuerpo, la piel pegada al estómago, y muchos moretones, seguramente debido al dormir en la calle, en cualquier lugar y a cargar esas horribles y pesadas cajas.
Una vez que lo sacó de la tina, lo acostó sobre toallas limpias para secarlo. Estaba ardiendo en fiebre. RÔpidamente colocó una manteca humectante de manzanas por toda su piel, y lo vistió con su propia ropa limpia. Lo dejó apenas tapado y fue a la cocina. Preparó una gran jarra de té, y puso en pequeños pocillos miel, limón y menta; en una bandeja toallas y una fuente con agua.
Corrió al jardĆn a buscar hojas de eucaliptus y manzanilla para humidificar el ambiente y ayudara con la congestión de Harry.
Diez minutos despuĆ©s, estaba sentado al lado, colocando las toallas hĆŗmedas en la frente, el cuello y las muƱecas. Con un algodón iba mojando los labios resecos, esperando a que Harry despertara y pudiera tomar el tĆ© que habĆa preparado.
Casi un dĆa completo pasó en ese estado, con Louis apenas durmiendo, pero cuidando a su paciente con toda la dedicación del mundo. Mientras lo miraba dormir, aprovechaba de seguir con sus investigaciones para crear una nueva flor y ya estaba muy avanzado, no le serĆa difĆcil, su vida era su jardĆn, habĆa aprendido mucho leyendo y practicando.
Al dĆa siguiente, Harry aĆŗn en un estado febril pudo tomar tĆ© y sopa, con alguna dificultad. Era notorio que no sabĆa dónde estaba, pero que era tal su nivel de inconsciencia que aunque hubiese querido, no podrĆa haber salido de ese lugar. Dos dĆas despuĆ©s, por fin la tos se habĆa detenido y la fiebre desaparecido. Apenas abrió los ojos, sintiĆ©ndose mejor que nunca, se sentó en la cama y fue cuando se dio cuenta de que no estaba en el mercado y de que estaba en una casa. Se levantó con dificultad, mirando y tocando su ropa, dĆ”ndose cuenta al mismo tiempo de que estaba limpio y ya no apestaba, incluso su pelo estaba trenzado.
Llegó descalzo a la cocina y vio a alguien cocinando, de espaldas.
āĀæQuiĆ©n eres tĆŗ? āPreguntó, sobresaltando a Louis, que soltó la taza que tenĆa en la mano y que cayó haciendo un gran escĆ”ndalo.
āHola, soy Louis, ādijo dĆ”ndose la vuelta.
Harry lo miró y lo Ćŗnico que pudo hacer, fue salir corriendo. No le importó no tener zapatos, tenĆa que huir lo mĆ”s rĆ”pido posible. Sus pies se lastimaron al pasar por el sendero lleno de pequeƱas y filosas piedras, pero no sintió el dolor hasta que estuvo sentado al lado del puesto de cebollas.
¿Por qué estaba en la casa de Louis?
No entendĆa, no recordaba. Una vez que su respiración se calmó, hizo un nuevo intento y empezó a repasar lo Ćŗltimo que estaba en su cabeza. Estaba enfermo, se habĆa quedado dormido sobre un charco, tenĆa una tos horrible, habĆa encontrado ramos preparados en el jardĆn de Louis, los habĆa vendido, habĆa ganado 24 libras... ĀæDónde estaban sus libras?
Se levantó y se acercó a la señora de las manzanas.
āHarry por Dios... ĀæCómo estĆ”s? ĀæDónde estabas?
āNo recuerdo casi nada, Āædesde cuĆ”ndo no me ves?
āCreo que tres o cuatro dĆas, te ves mucho mejor. Ese Ćŗltimo dĆa ardĆas en fiebre, Āæpor quĆ© estĆ”s descalzo?
āNo lo sĆ©, yo no sĆ©, no entiendo quĆ© pasó... āexplicó. Luego, con voz mĆ”s baja, dijo, āhoy despertĆ© en la casa de ese chico, de Louis...
āĀæY no le preguntaste a Ć©l?
āNo, salĆ corriendo...
āĀæPor quĆ©? ĀæTe asusta?
āĀæAh? No, claro que no, es que solo... Yo me puse nervioso...
No podĆa decir que la vergüenza lo quiso hacer vomitar. Ćl no era un ladrón, y Louis ademĆ”s de no recriminarle, al parecer lo habĆa cuidado.
āDeberĆas por lo menos agradecerle, ese chico necesita mucho afecto.
āLo sĆ©, voy a intentar hacerlo cuando venga por aquĆ.
āBien, ahora anda al puesto de zanahorias, te estaban buscando. Pero mira, antes, pasa por el puesto de don JosĆ© y compra unas zapatillas usadas, despuĆ©s me devuelves.
āGracias.
Salió corriendo a buscar unas zapatillas y luego a trabajar.
Mientras cargaba cajas con zanahorias, iba pensando en las palabras que habĆa escuchado reciĆ©n. āLouis necesitaba afecto...ā Afecto... Le recordó a su infancia, lo llevó de vuelta a esos dĆas en que vivĆa con sus padres, cuando era un niƱo de siete u ocho aƱos y lloraba mucho. ĀæPor quĆ©? Por hambre, por frĆo, por miedo, por soledad. Desde que tiene memoria sus padres eran alcohólicos, muchas veces le pegaron, muchas veces lo dejaron solo, sin ni un pedazo duro de pan. En esos momentos una vecina le alcanzaba algĆŗn pedazo de fruta, una cajita de jugo o de leche. Recuerda estar sentado bajo la lluvia un dĆa que habĆa una reunión en ese pequeƱo departamento, lleno de gente que entraba y salĆa sin prestarle atención. Esa misma vecina le enseñó sus primeras letras y nĆŗmeros, le enseñó que en medio de la oscuridad a veces hay alguien que te tiende la mano, le enseñó que hay que guardar una pequeƱa esperanza...
Volvió su cabeza a sus diez aƱos, cuando ya estaba mĆ”s consciente de su triste realidad. Se habĆa acostumbrado a la indiferencia de sus padres. Algo que lo marcó fue una de esas fiestas, siempre tan llena de gente dispuesta a emborracharse y drogarse, felices de perder su dignidad por un poco de diversión. Eran muchos hombres, que en medio de la noche, violaron a su mamĆ”. AĆŗn siente sus gritos rogando por ayuda, y Ć©l intentó hacerlo, pero fue abusado por un par de ellos. Su vecina con ayuda de otras personas del edificio lograron sacarlo y llamar a la policĆa. Luego de eso, no volvió a ver a sus padres, y antes de que lograran enviarlo a algĆŗn centro de menores, se escapó. Nadie lo buscó, caminó por dĆas hasta que logró subirse a escondidas a un camión que lo llevó a Londres. Desde entonces ha visto el mercado crecer y cambiar, a sus productos y sobre todo a su gente. Ha conocido amigos y algunos que incluso en la calle lo miraron mal. A veces se complicaba porque eran muchos intentando trabajar por una simple libra que era la diferencia entre el hambre o el frĆo, por eso podĆa pasar hasta cuatro dĆas sin comer. AgradecĆa no enfermarse mĆ”s seguido, pero seguramente debido a su vida callejera desde pequeƱo, su cuerpo se habĆa acostumbrado.
Y de pronto, mientras caminaba con las zanahorias en su espalda, recordó a Louis y su manera tan pusilĆ”nime de salir corriendo. Seguramente, ademĆ”s de pensar que era un ladrón, tambiĆ©n querrĆa quitarle la ayuda tan importante que le daba sin querer. Recordó la nota que le habĆa dejado, los ramos preparados y se odió. Louis merecĆa cualquier gesto de agradecimiento, no su cobardĆa.
ĀæY si iba a verlo? ĀæTendrĆa la valentĆa de asumir su error?
No estaba seguro, pero lo iba a intentar, solo esperaba que Louis quisiera verlo y recibirlo.
Louis que estaba triste, pero no molesto. Es mĆ”s, entendĆa perfectamente la reacción de Harry, solo lamentaba no haber tenido tiempo de explicarle, y sobre todo, que se haya ido con sus pies descalzos. Esperaba que se sintiera realmente bien, y que siguiera yendo a buscar las flores. TambiĆ©n sus 24 libras que le habĆa guardado en una bonita bolsa bordada.
Esa tarde, Louis dio inicio a su experimento. Hizo un injerto con parte de la raĆz del rosal rojo y del amarillo, los unió y colocó en una bonita maceta pequeƱa. Le puso algĆŗn tipo de abono y luego la regó suavemente, esperaba que en un algunos dĆas diera seƱales de estar creciendo.
Al llegar la noche se dio cuenta de que iba a haber una tormenta, por lo que rĆ”pidamente buscó unos plĆ”sticos que usaba a modo de capa para las flores mĆ”s delicadas y asĆ evitar los estragos del viento y la lluvia. HabĆa dudado de cortar o no flores, pero finalmente desistió. Si Harry aparecĆa, simplemente lo dejarĆa formar los ramos.
Nunca esperó que su puerta fuera golpeada a eso de las ocho de la maƱana, cuando la tormenta estaba muy fuerte y el dĆa aparecĆa oscuro, gris, y gĆ©lido.
Se levantó a abrir muy nervioso, nadie jamĆ”s habĆa ido a golpear su puerta. Salió de la casa, y rodeó el jardĆn. Iba con un gran paraguas y sus botitas de agua, casi corriendo hasta llegar al portón de fierro antiguo.
āĀæSĆ? ĀæQuiĆ©n es? āpreguntó desde adentro.
āSoy Harry.
āĀæQuĆ© Harry?
āEl ladrón de flores...
āĀæQuĆ© haces aquĆ a esta hora? ādijo abriendo.
āQuerĆa hablar contigo.
āEsta bien, pero pasa, mĆrate estĆ”s todo mojado.
Louis lo arrastró hacia la casa, y en la puerta de entrada le hizo quitar las zapatillas.
āĀæQuieres baƱarte?
āĀæPor quĆ© lo harĆa?
āPorque estĆ”s mojado, te puedes volver a enfermar.
āMe hablas como si me tuvieras confianza... y yo solo he sido un mal agradecido contigo.
āMe tienes nervioso, por favor bƔƱate o por lo menos dĆ©jame prestarte ropa para que te cambies.
āEstĆ” bien, acepto la ropa.
āVen por acĆ”, ādijo llevĆ”ndolo hacia la habitación de invitados y donde dejó una muda completa de ropa, incluso un par de zapatillas secas.
Una vez que se habĆa cambiado, Harry llegó a la cocina, donde ya Louis tenĆa servidas dos tazas de tĆ© y algunos bizcochos.
āĀæTienes hambre? OjalĆ” te gusten estos pancitos dulces, los hago yo.
āĀæMe puedes explicar por quĆ© actĆŗas asĆ?
āĀæAsĆ cómo?
āAsĆ, como si me conocieras o como si yo no fuera un ladrón.
Louis lo quedó mirando, no tenĆa respuesta.
āNo lo sĆ©, Āæte molesta? Creo que siento que puedo confiar en ti por algĆŗn motivo desconocido, pero si te parece mal, pues entonces tendrĆ”s que irte, porque no sĆ© tratar mal a la gente...
āEs que es extraƱo, nadie es amable... O muy poca gente por lo menos.
āDĆmelo a mĆ, ādijo sonriendo con una especie de mueca.
āPerdón... No quise incomodarte...
āNo lo haces. Al contrario, me extraƱa que estĆ©s aquĆ, dime quĆ© pasa.
āFui un cobarde...
āNo lo fuiste.
āSĆ lo fui, no debĆ salir corriendo.
āĀæNo? Claro que sĆ. ImagĆnate despertar y verme, cualquiera se asusta.
āĀæQuĆ©? Louis yo no me fui por eso...
āĀæEntonces?
āTenĆa vergüenza. He estado robando tus flores, me habĆas cuidado y yo simplemente me sentĆ mal... Lo siento si te hice pensar otra cosa, lo siento si mi actitud te lastimó, y gracias por ayudarme, jamĆ”s lo olvidarĆ©.
āNo tienes que agradecerme, es lo mĆnimo que podĆa hacer por ti. Creo que los dos sabemos lo que es pasarlo mal, y de alguna manera sentĆ que si podĆa ayudarte a pasarlo menos mal, Āæpor quĆ© no?
āGracias... āhabló apenas, con la boca llena de pan. āEsto estĆ” muy bueno, deberĆas venderlos.
āNadie me comprarĆa, pensarĆan que los voy a contagiar, ācontestó sin molestia, casi riendo. Harry le provocaba alegrĆa, un algo liviano y desconocido.
āPerdón... Lo sĆ©, la gente es muy tonta... Como si las quemaduras se contagiaran... Aunque piensan lo mismo de los harapos y la mugre, que la pobreza y la miseria se pegan... DeberĆa irme, solo querĆa agradecerte que me hayas cuidado y que me hayas permitido vender tus flores.
āNo puedes irte, la tormenta estĆ” apenas comenzando, y puedes seguir viniendo por mĆ”s flores, por lo menos hasta que queden dos en cada rosal, luego de eso puedes intentar vender margaritas, hortensias, dalias, camelias o magnolias... Incluso podrĆas vender naranjas o limones, o puedo hacer macetas con enredaderas... No lo sĆ©, hay muchas opciones.
āĀæPor quĆ©?
āĀæPor quĆ© no?
āPorque soy un ladrón.
āNo lo eres, eres un sobreviviente. Toma, se te quedaron, ādijo entregĆ”ndole la bolsita con libras. āCuĆ©ntalas, hay 24.
āJamĆ”s dudarĆa de que estĆ©n todas las monedas. ĀæPuedo dejarte algunas? Mal que mal, deberĆa darte alguna retribución...
āEstĆ” bien. Por cada diez libras me darĆ”s una. Ahora, pienso que deberĆas dejar tu dinero aquĆ, y cargar solo con lo necesario. Sabemos que se pueden caer o desaparecer y no serĆa justo que perdieras tus preciadas monedas.
āĀæDónde podrĆa dejarlas?
āMmm, dĆ©jame pensar. Puede ser en una de estas botellas, o tambiĆ©n una fuente, pero me gusta este florero, podemos adornarlo y ponerle tu nombre.
āĀæNo tienes dos floreros iguales? AsĆ tendrĆamos uno cada uno.
āCreo que sĆ, dĆ©jame buscar... AquĆ, son casi iguales, solo que mira, este tiene estos reflejos verdes y este otro los tiene azules.
āMe gusta el azul para la mĆa...
āBien, entonces, cómo deberĆamos decorarlas?
āĀæPero no prefieres que te ayude a limpiar? Soy rĆ”pido.
āMe gustarĆa verlo, ādijo, una vez mĆ”s, tratando de sonreĆr.
āTe vas a quedar asombrado.
Y poniéndose manos a la obra, lavó y secó realmente rÔpido. Luego limpió la mesa y esperó a que Louis guardara.
āIncreĆble, lo haces muy bien.
āAhora sĆ, pero tengo un problema...
āĀæQuĆ© pasa?
āĀæPuedes escribir mi nombre?
āĀæNo puedes hacerlo tĆŗ? āLouis se dio cuenta de la incomodidad de Harry y no fue difĆcil entender. āYo lo hago, pero tienes que decirme cómo.
āAsĆ, de arriba hacia abajo... Tu letra es muy bonita, yo apenas sĆ© escribir mi nombre...
āEstĆ” bien, puedes aprender si es que lo quieres. No te voy a juzgar ni me voy a burlar, no tienes que tener miedo conmigo, espero que lo sepas.
āEs difĆcil confiar, Āæno crees?
āClaro que lo es, es difĆcil y aterrador, pero por lo menos yo he aprendido en confiar en mĆ y en mi intuición, antes que en los demĆ”s, y no me he equivocado. Creo que la soledad y el dolor hacen que tenga un buen filtro.
āNo lo sĆ©... O sea. creo que sĆ es en tu caso, pero yo no funciono igual.
āPorque tus circunstancias son muy distintas. No es lo mismo pensar y reflexionar sentado en un cómodo sofĆ”, con una taza de tĆ© y el estómago lleno, frente a la chimenea, que hacerlo en la calle, con frĆo, hambre y miedo.
āEso es verdad...
āY tengo una pregunta. Si bien entiendo que te cueste leer y escribir, Āæpor quĆ© tu manera de hablar es tan correcta?
āLa seƱora de las manzanas siempre me ha corregido, y cada vez que hablaba bien con ella, me regalaba una manzana. A veces era lo Ćŗnico que comĆa en dos dĆas, y me obligó de alguna manera a intentarlo. Siempre estĆ” pendiente de lo que hago, es muy importante para mĆ.
āElla es muy linda, nunca me ha tratado mal. Me alegra que te haya ayudado, lo ha hecho muy bien.
āSĆ, hace lo que mĆ”s puede y me gustarĆa agradecerle de alguna manera. Espero hacerlo pronto.
Louis volvió a hacer su mueca de sonrisa.
Y Harry lo miró y se perdió en la comisura del labio que no se movió, pero lo hizo de una manera nueva para Ć©l, lo hizo con ternura. Le parecĆa desproporcionado que Louis sonriera en medio de toda su tragedia.
āPodrĆa regalarle manzanas, las de mi jardĆn son el doble de grandes, el doble de jugosas y el doble de ricas, Āælas has probado?
āNo, solo las naranjas, āconfesó ruborizĆ”ndose. āY son realmente muy ricas.
āMe alegra que te gusten. Harry, quiero ser claro contigo. Esta casa es tu casa para cuando la necesites, si tienes hambre, si tienes frĆo, si necesitas conversar o solo baƱarte, por favor ven.
āĀæMe tienes lĆ”stima? Lo entenderĆa.
āNo, no lo hago, ācontestó sinceramente. āMi intuición me dice que eres un buen chico, que tambiĆ©n lo has pasado mal, y que solo necesitas una oportunidad. No hay ningĆŗn rastro de lĆ”stima, no es un sentimiento que conozca realmente. Supe que eras diferente cuando entraste a robar mis flores para venderlas y comer, en vez de robarle a la gente. Me di cuenta cuando vi que eras cuidadoso con el trato a los rosales, que jamĆ”s los maltrataste, que nunca dejaste sucio. Eres un ladrón particular, aunque en estricto rigor no robas, solo hurtas, āterminó de decir intentando entender lo que habĆa dicho.
Y Harry por primera vez en mucho tiempo, sonrió mostrando sus dientes. Se veĆa feliz.
āĀæNo te aburres en esta casa tan grande? āpreguntó cambiando el tema.
āLa casa es pequeƱa, solo tiene dos habitaciones, un baƱo, esta cocina y el pequeƱo living. Afuera hay un cobertizo corto, dando sombra a dos mecedoras y desde donde puedes ver todo el jardĆn. Ese sĆ es grande, creo que no lo has visto completo. Te lo mostrarĆ© cuando no haya lluvia.
āĀæLe temes al agua?
Y Louis volvió a sonreĆr. āClaro que no, solamente no querĆa que te volvieras a mojar.
āEstoy acostumbrado, me da igual.
āĀæEntonces quieres ir?
āQuiero, quiero ver dónde estĆ”n todas esas flores que nombraste.
āVamos.
Salieron en medio de la tormenta, empapĆ”ndose de inmediato y sintiendo cómo el frĆo calaba sus huesos sin piedad. Recorrieron todo el jardĆn, terminando en los rosales.
āEs asombroso, muy lindo, se nota que lo has cuidado mucho y yo lleguĆ© a daƱarlo, lo siento.
āAl contrario. No sĆ© cómo lo haces, pero los cortes han sido precisos, TambiĆ©n has tenido precaución de cortar por diferentes sectores, y eso es asombroso. SerĆas un excelente jardinero.
ParecĆa que no se daban cuenta de lo extraƱo que era estar de pie, en medio de una tormenta, mojĆ”ndose, sin sentir el frĆo ni el sobrecogimiento al sentir los truenos retumbar por el cielo casi negro. QuizĆ”s era normal tener esos momentos cuando encontrabas a alguien con tu mismo dolor, con tu misma necesidad de afecto.
āĀæDe verdad crees que serĆa buen jardinero?
āEstoy seguro. Puedes estudiar en casa, tengo muchos libros y tambiĆ©n te puedo enseƱar a cuidar las plantas.
āNunca pensĆ© en algo asĆ, creo que me acostumbrĆ© a pensar que soy un ser inservible.
āSoy un convencido de que casi no existen personas inservibles, solo personas que estĆ”n perdidas o que no tienen oportunidades de conocer sus habilidades. Pero si te hace ruido, o quizĆ”s se te ocurre algo mĆ”s, creo que puedo enseƱarte. SĆ© mucho de gasfiterĆa tambiĆ©n, o de cocina. En realidad todo lo que tenga que ver con llevar una casa, ya ves que no puedo pedir ayuda, ādijo haciendo un puchero que se veĆa adorable con su boca torcida.
āYa no estĆ©s presumiendo, ācontestó riendo, descolocando a Louis por un segundo y luego haciĆ©ndolo estallar en una carcajada.
āLo siento, no tengo con quien jactarme de mi experiencia.
El ambiente se cortó cuando Harry estornudó seis veces seguidas y Louis tomÔndolo de la mano lo llevó hasta la casa.
āQuĆtate las zapatillas y sĆgueme. Te vas a baƱar, āhabló seriamente mientras tambiĆ©n quedaba descalzo.
āNo es necesar...
āNo te estoy preguntando Harry, hazlo, āinterrumpió.
āNo te enojes.
āNo lo hago, solo me preocupo. BƔƱate, ĀæsĆ? ĀæTe gusta la sopa?
āSi se come o toma, me gusta todo. Yo tambiĆ©n puedo presumir, ādijo cerrando un ojo y cerrando la puerta del baƱo.
Louis se quitó la ropa mojada, y se puso una bata gruesa. Buscó paños para secar el piso, mientras sacaba verduras para hacer algo rÔpido y contundente.
Pronto vio a Harry salir envuelto en toallas, algo nervioso al no saber quƩ hacer.
āVen, āpidió Louis, guiĆ”ndolo hasta el dormitorio de invitados. āEsta ropa es mĆa, me queda grande, yo creo que a ti te puede quedar bien, usa lo que quieras y ponte pantuflas mientras se secan tus zapatillas.
RƔpidamente se fue a baƱar y a vestir para seguir cocinando.
āCreo que me queda bien tu ropa, ādijo levantando los brazos.
āSĆ, te queda muy bien. Si quieres puedes leer algunos de los libros de jardinerĆa sentado en el sofĆ”, por mientras estĆ” el almuerzo.
āĀæPuedo sentarme mĆ”s cerca de la cocina? Si tengo dudas no quiero estar a los gritos.
āBien pensado, puedes sentarte donde quieras.
Harry eligió un libro, y se sentó cerca del horno que estaba prendido y donde estaban los dos pares de zapatillas humeando de humedad.
Louis peló, cortó y sofrió cebollas, ajos, pimientos, zanahorias, papas y un poco de apio. Rellenó con agua y le puso condimentos. Mientras eso hervĆa, preparó una pieza de pan que dejó en el horno mientras hacĆa unas papas asadas y una sencilla pechuga de pollo al sartĆ©n. Cuando estaba haciendo la mezcla para panqueques, miró de reojo a Harry y se dio cuenta de su ceƱo fruncido.
āĀæPasa algo?
āNo entiendo la mayorĆa de las palabras...
āĀæQuieres leer en voz alta y te voy explicando?
āNo te burles de mi rapidez, Āæbueno?
āNunca lo harĆa.
Casi una hora estuvieron en medio de la explicación de tres capĆtulos sobre el cuidado de los rosales y otras flores. Louis era muy paciente y un excelente profesor, Harry estaba encantado.
āYa no puedo seguir concentrado... āexplicó Harry, dando por terminada la clase.
āĀæPor quĆ©? ĀæFue muy aburrido?
āAl contrario, pero tengo demasiada hambre y aquĆ huele delicioso... āSuspiró mientras acariciaba su estómago vacĆo.
āJusto a tiempo, ojalĆ” te guste y estĆ© rico, ven a sentarte, ādijo mientras se movĆa rĆ”pidamente por el pequeƱo lugar.
Puso un plato liso o llano, y encima uno hondo, donde sirvió la humeante sopa con un poco de cilantro picado. Tomó el pan ya reposado y cortó trozos pequeƱos. Ya en la primera cucharada se pudo escuchar el gemido de Harry haciendo sonreĆr a Louis.
āĀ”EstĆ” delicioso! Ā”Y este pan! Es el mejor que he probado.
āĀæY has probado muchos? ĀæO ya estĆ”s alardeando otra vez?
āMe descubriste, ādijo bajando la cabeza y luego levantĆ”ndola mientras reĆa. āĀæPuedo tomar un poco mĆ”s?
āNo, no es la idea. Primero come el pollo, y si quedas con hambre, tomas mĆ”s sopa.
āTrato hecho, aunque ya sĆ© el resultado.
āTambiĆ©n yo, āaseguró sirviendo las papas y el pollo.
Diez minutos despuƩs en que solo hubo silencio, Harry pudo hablar.
āEsto es imposible Louis... Dime dónde aprendiste a cocinar.
āAquĆ, solo. Mi ex familia siempre fue adinerada y crĆ©eme que jamĆ”s nos dejaron siquiera poner un pie en la cocina. Cuando me abandonaron, y tuvieron el gesto de dejarme en esta casa, tuve que aprender a hacer de todo. La primera vez que intentĆ© prender el horno, casi termino muerto, lo mismo cuando quise freĆr o cuando hubo una gotera en el techo. Cada cosa en esta casa tuve que aprenderla.
āLo siento... No era mi intención hacerte hablar de ellos...
āNo hay problema, ya no me duele. He aprendido a agradecer que no me dejaran en la calle, tengo los papeles que me hacen dueƱo de este lugar hermoso, donde he aprendido mucho... ImagĆnate que ahora hasta un amigo tengo, āsonrió mirando a Harry.
āPodrĆa decir que me cuesta entenderte, pero Āæsabes? Me siento igual... Mi vida completa ha sido una pelea por sobrevivir, pero no puedo tener un mal pensamiento para con mis padres... Lamento que terminaran mal, pero no podĆa ser de otra forma. Creo que al final, soy alguien que vive con la esperanza de que en algĆŗn momento voy a estar mejor, y mira... Apareciste tĆŗ...
No siguieron conversando, no podĆan, estaban emocionados de saberse parte importante en la vida del otro. Varios minutos estuvieron solo mirĆ”ndose, hasta que Harry sin querer pasó a llevar un plato que se quebró en muchos pedacitos.
āLo siento, lo siento mucho... Soy tan torpe, te lo voy a pagar, en serio, lo siento, Louis, yo...
āCalma... Respira. No te pongas nervioso o te puedes cortar. DĆ©jame limpiar, no te muevas. āCon la escoba barrió, hasta dejar todo impecable. āNo es necesario que me lo pagues, no te imaginas cuĆ”ntos platos, tazas y vasos he quebrado, y si te confieso algo, ya no me gustaba. Era el Ćŗltimo de ese juego y ahora tengo una excusa para comprar uno nuevo.
āĀæEstĆ”s seguro?
āClaro que sĆ, Āæquieres estudiar un poco mĆ”s?
āNo, voy a lavar los platos y despuĆ©s me voy a ir, ya no llueve.
āClaro que no te vas a ir. Sabes que despuĆ©s de una tormenta como esta, baja un frĆo terrible y tienes la opción de no pasar frĆo. Tus zapatillas aĆŗn estĆ”n un poco hĆŗmedas. QuĆ©date esta noche y maƱana cortamos las rosas y te vas, Āæte parece?
āSiento que estoy abusando...
āNo lo haces, tienes muchos platos que lavar. Mientras empiezas voy a guardar lo que quedó.
āSupongo que serĆ” nuestra cena.
āClaro que sĆ, y va a estar mucho mĆ”s rico. Ni siquiera te ofrecĆ postre... Me acabo de acordar.
āEl postre puede ser nuestra merienda. Creo que solo hoy subĆ como diez kilos.
āMerienda serĆ” entonces, ādijo Louis, pensando en que ojalĆ” subiera rĆ”pidamente de peso. No se daba cuenta de lo delgado que estaba. āSi quieres, puedes ir a descansar en la habitación de invitados, y te levantas cuando te de hambre.
āĀæEn serio? Eso serĆa genial, no me acuerdo cómo es una cama... Cuando me cuidaste no contó porque no recuerdo nada...
Y cómo dolĆa escucharlo.
āVamos, voy a pasarte unas mantas para tus pies.
Harry tĆmidamente se sentó y luego puso su cabeza en la mullida almohada que olĆa a limpio y fresco, como a rosas. Apenas Louis lo arropó, se durmió.
Louis salió de la habitación con cuidado, y con su corazón roto. Encendió la pequeña chimenea, y se sentó al frente, con una taza de té.
Nadie merecĆa una vida como la de Harry, menos Harry. Era realmente un chico excepcional, tan dulce, tan genuino, tan puro de corazón. VeĆa reflejada su alma en el verde jade de sus ojos mĆ”s preciosos que los arrecifes, en su suavidad al hablar y en sus movimientos pausados. MerecĆa que la vida le retribuyera tantas carencias, tanta falta de amor, de afecto, de calor. OjalĆ” Harry pudiera conocer a alguien que lo ame con todas sus fuerzas y le muestre el lado mĆ”s bonito de este mundo, alguien que lo abrace tanto que una sus partes rotas, que lo bese tanto que olvide su nombre, y que le de cariƱo a manos llenas. Se merecĆa un amor de cuentos, se merecĆa su final feliz para siempre.
Lentamente se durmió, sin darse cuenta.
Despertó pasadas las cinco de la tarde, con la voz de Harry desde la cocina.
āDespertĆ© solo por las ganas de comer panqueques. ĀæYa estĆ”s despierto? Llevo hablĆ”ndote diez minutos, ādijo feliz. āTu cama es maravillosa, creo que nunca dormĆ tan bien.
āNo sĆ© a quĆ© hora me dormĆ, ācontestó somnoliento. āDĆ©jame preparar los panqueques, Āælos quieres con miel o frutas, o alguna salsa?
āĀæCómo los comes tĆŗ?
āCon frutas y salsa de caramelo y chocolate.
Harry abrió los ojos sorprendido. āQuiero...
Louis rÔpidamente derritió una barra de chocolate, y preparó un caramelo casero a punto.
Colocó frutas en los panqueques, los enrolló y arriba puso el chocolate y luego el caramelo.
āĀæQuieres comerlo con la mano?
āĀæPuedo?
āClaro que sĆ. Prueba.
āMmmmmmm, delicioso... Tan bueno... ādijo pasando su lengua sobre sus labios, y luego chupando sus dedos. āĀæMe preparas mĆ”s? ĀæPor favor?
āClaro que sĆ.
Y mientras lo hacĆa, Louis evitaba llorar. ParecĆa que Harry le dolerĆa siempre, era terrible darse cuenta que era feliz con tan poco.
āĀæPasa algo?
āNo, creo que aĆŗn estoy un poco dormido, ācontestó disimulando.
āĀæCómo logras que la fruta estĆ© tan jugosa?
āLa dejo reposando en jugo de naranja con una pizca de sal, asĆ logro que sus sabores salgan mĆ”s intensos y que al mismo tiempo, se ablanden solo lo necesario.
āPodrĆas cocinar y yo vendo lo que prepares... Aunque mejor no, no podrĆa venderlos... āEl rostro de Louis que se habĆa iluminado, se apagó casi de inmediato. āTendrĆa que vender todo a medias, no resistirĆa no darle un buen mordisco a cada cosa.
Harry alcanzó a notar el cambio de energĆa en Louis. Se dio cuenta de cómo cada una de sus palabras provocaba alguna reacción, y sintió pena. Percibió lo frĆ”gil que era, y lo sensible, solo necesitaba un poco de afecto, y se sorprendió de sentir tantas ganas de hacerlo sentir bien.
āCreo que siempre es una opción, y que podrĆas controlarte si es que te prometo mĆ”s comida.
āTenemos muchas opciones de trabajo... Lo siento...
āĀæPor quĆ© lo sientes?
āPorque quizĆ”s piensas que decĆa todo esto a modo de broma, y de verdad creo que nos irĆa bien, o a ti te irĆa bien, porque el del talento eres tĆŗ y...
āPara. ĀæPor quĆ© sacas conclusiones tan rĆ”pido? Si llegĆ”ramos a trabajar en algo juntos, asĆ como en las rosas, tienes que entender que tĆŗ eres la mitad. Yo no puedo ir a vender por razones obvias, y sin ti no podrĆa promocionar mis productos. Harry, todo lo que te he dicho es sincero, crĆ©eme.
āLo siento, es solo que hay momentos en que me cuesta entender. ĀæSĆ estudiamos un poco mĆ”s? ĀæAntes de cenar?
Y Louis sonrió.
Esa noche fue tranquila, y tal y como lo habĆa predicho Louis, fue espantosamente frĆa. Cerca de medianoche Louis se levantó, y fue a revisar a Harry. Lo vio intentando no quejarse, pero llegaba a tiritar.
āTe voy a traer un tĆ©, y otras mantas, ĀæestĆ” bien?
āGracias... āmurmuró con vergüenza que Louis no entendió, hasta que se dio cuenta de que estaba acostado con pantuflas. āTenĆa mucho frĆo.
āNo te preocupes, pero debiste ir a despertarme, ya vengo.
Fue primero por las mantas y lo ayudó a sentarse. Puso agua a calentar y encendió la chimenea. Preparó el té, dos tazas, y le llevo una a Harry.
āPronto la casa se va a temperar, es lo bueno de que sea pequeƱa. āHarry no contestó. āĀæEstĆ”s bien?
āEl aƱo pasado hubo una semana de heladas, Āælas recuerdas?
āNunca podrĆa olvidarlas, se me murieron casi todas las flores...
āCinco de los siete callejeros que dormĆamos al lado del puesto de cebollas, murieron de frĆo. Solo Liam y yo sobrevivimos... No sĆ© cómo lo hicimos, y espero que esta noche, no muera alguien mĆ”s.
āLo siento mucho Harry, es terrible lo que me cuentas... Y Liam, Āæes tu amigo?
āNo, no hay amigos en la calle... Si tienes algo para comer, o una manta todos quieren ser tus amigos... Cuando llevas dos dĆas sin comer y no tienes una libra, eres peor que un perro... Pero le tengo cariƱo, a veces ha tenido gestos lindos, como darme el Ćŗltimo pedazo de su pan o prestarme su manta cuando no podĆa pagarla. Creo que le tengo cariƱo.
āĀæCuĆ”l es su historia?
āSe crió con su padre, que era un ladrón de poca monta. Cuando tenĆa quince aƱos, su papĆ” cayó detenido y no ha vuelto a salir. Liam tambiĆ©n robaba, pero dejó de hacerlo cuando pudo comenzar a cargar cajas y a ganarse sus libras limpias.
āEntiendo, quĆ© tristeza que tengan que pasar por tantas cosas...
No pudo seguir hablando, porque en ese momento, escucharon un ruido en el jardĆn.
Louis palideció y buscó una linterna. Salió con sus botas y su capa a revisar, y pronto descubrió el motivo del ruido. Cerca del portón de entrada, habĆa un saco, pequeƱo, con algo adentro. Con desconfianza lo tomó y lo abrió, pero su corazón no estaba preparado para ver algo asĆ. Era un pequeƱo, muy pequeƱo cachorrito que lo miraba con terror, todo mojado y sucio, lleno de barro.
āSanto cielo bebĆ©, ĀæquĆ© haces aquĆ? āLe preguntó mientras lo acunaba en sus brazos. Casi corriendo se devolvió hacia la casa, donde lo esperaba Harry con un cuchillo en la mano. āHarry... Casi me matas del susto...
āEstaba preparado por si aparecĆa un ladrón... Lamento si te asustĆ©... ĀæDescubriste quĆ© pasaba?
āMira... ādijo mostrĆ”ndole al cachorro.
āNo puede ser... Pero si no es la cosita mĆ”s bella de este mundo... āhabló todo tierno.
āĀæCierto que lo es?
āEstĆ” tiritando... ĀæQuĆ© hacemos?
āHay que baƱarlo, secarlo y alimentarlo.
āĀæPor quĆ© insistes en baƱar a todo ser que ha sido tocado por la lluvia?
āPorque es la Ćŗnica manera en que tu cuerpo vuelva regular su temperatura. Si solo lo secamos, va a estar tiritando igual, y asĆ no podrĆ” dormir.
āEntiendo. Entonces, vamos al baƱo.
Casi diez minutos se demoró Louis en baƱarlo, y mientras Harry lo secaba, preparó un poco de carne con arroz, que hizo papilla, para alimentarlo. No tenĆa nada mĆ”s, y esperaba que fuera suficiente.
āMira a este guapo, ādijo Harry, con el cachorro que no era cafĆ©, sino que blanco como la nieve, y con los ojos mĆ”s particulares que vieron jamĆ”s.
āTiene heterocromĆa, ojos de diferente color, y es muy lindo. Veamos si quiere comer.
Lo pusieron en el piso, al lado del platito con comida y de una pequeña fuente con agua. Apenas medio segundo pasó antes de que el cachorro, literalmente, se acostara a comer sobre el plato, para gran contento de Harry y Louis.
āVas a tener que llevarlo al mercado y buscar quien quiera adoptarlo. Puedo ayudar con el veterinario y algo de comida.
āLa seƱora de las manzanas querĆa un perrito hace tiempo, voy a llevarlo y ver si se enamoran.
Finalmente los tres se sentaron en el sillón, y se durmieron.
Louis despertó completamente congelado. La chimenea se habĆa apagado en algĆŗn momento de la noche, y no habĆa llevado mantas. Vio al cachorro enterrado en el cuello de Harry y verlos asĆ le llenó el corazón de ternura.
Eran ya las ocho de la maƱana.
āHarry, despierta, se te estĆ” haciendo tarde.
āNo me puedo mover del frĆo...
āVoy a preparar tĆ© y el desayuno para los tres, Āæte vas a baƱar?
āĀæPor quĆ©? No me he mojado...
āPorque hay que baƱarse todos los dĆas.
āPero entre ayer y hoy no me he ensuciado...
āEstĆ” bien, ādijo riendo. āSolo era una pregunta.
Veinte minutos despuƩs ya estaban los tres comiendo muy contentos.
āĀæCrees que deba comprarle ropita?
āNo lo habĆa pensado, y creo que sĆ, estĆ” muy pequeƱo y necesita calor. Tengo listos los papeles para los ramos, Āæquieres ir a cortar las rosas?
āĀæPuedes ir conmigo? Me gustarĆa que me explicaras bien por quĆ© debo cortar de una forma especĆfica...
āVamos, yo llevo a este bebĆ© debajo de la capa.
Salieron y de inmediato se arrepintieron. La helada era realmente horrible.
āĀæMe puedo ir mĆ”s tarde? ĀæPor favor?
āNo tienes que preguntar. Cortemos rĆ”pido y volvemos por otra ronda de tĆ© frente a la chimenea. Mira, esto de aquĆ es la yema, siempre debemos cortar por encima de ella, siempre en diagonal, Āærecuerdas?
āSĆ, que no es un corte recto.
āExacto, es lo mĆ”s importante y darle un poco de espacio al corte. Lo haces muy bien, Āæcierto bebĆ©? āle dijo al cachorro que se habĆa asomado.
Harry sonrió sin querer frente a la imagen, olvidando el frĆo y un poco mĆ”s.
āTerminĆ©, voy a hacer seis ramos de cuatro rosas otra vez, creo que es lo mejor.
āSĆ, tambiĆ©n me gusta. Hiciste 24 cortes perfectos, vamos a celebrar.
Mientras el cachorro se acurrucaba en el sofƔ frente a la chimenea, Harry armaba los ramos y Louis preparaba una gran tetera con tƩ.
āTerminĆ©, Āæcómo se ven?
āTe quedaron preciosos, pero Āæsabes quĆ©? EspĆ©rame aquĆ, dijo poniĆ©ndose su capa y saliendo.
Harry lo miró por la ventana.
āĀæQuĆ© es eso?
āNo te acuerdas que te mostrĆ©, pero estas pequeƱas se llaman nubes o velo de novia. Quedan perfectas acompaƱando cualquier ramo, y crecen rĆ”pido.
āIncreĆble, se ven mucho mĆ”s lindos.
āĀæCrees que puedas venderlos a esta hora?
āEspero que sĆ, pero estĆ”n tan preciosos que podrĆa asegurarlo.
āĀæCuĆ”ndo vas a volver?
āMaƱana temprano, la misma rutina de siempre.
āBien... ĀæPuedo esperarte con desayuno?
āNo, no es necesario, mucho haces con lo de las flores, āaseguró, pero al notar cómo se apagaba la mirada de Louis, se corrigió. āPero un tĆ© siempre viene bien.
Y Louis volvió a sonreĆr. āĀæCrees que deberĆa comprar un carrito? Para llevar los ramos...
āPiensas demasiado en muchas cosas... Pero creo que es una gran idea, asĆ no se estropean, ya me voy.
āTe acompaƱo hasta la rendija.
Una vez en medio de las murallas, Louis le fue entregando los ramos a Harry, que no quiso salir por el portón, y finalmente le pasó al cachorro. Antes de hacerlo lo besó y le dijo que se portara bien, y que ojalÔ encontrara quien lo amara mucho y para siempre.
Una vez que se fueron, sintió su pequeƱa casa gigante y mĆ”s frĆa que nunca.
Harry le habĆa entregado luz y calidez a esos dĆas, sin quererlo. HabĆa pensado que se estaba acostumbrado a la soledad y a sus conversaciones consigo mismo, pero ahora se daba cuenta de que le gustarĆa que Harry fuera mĆ”s veces para poder hablar y enseƱarle a tener mĆ”s oportunidades. Incluso, Harry podrĆa comprarle las cosas en el mercado, evitĆ”ndole los malos ratos de enfrentarse a esa gente mala y prejuiciosa.
TenĆa tantas ideas, pero las iba desechando una a una. SentĆa que algo no encajaba, como si Harry siguiera inseguro de esta relación que empezaban a formar, como si no terminara de aceptarla y eso le dolĆa, aunque podĆa entenderlo a la perfección. Aunque Louis fuera el mejor hombre del mundo, era feo, raro, extraƱo, y eso no tenĆa remedio, no podrĆa cambiarlo y podrĆa asegurar que Harry lo miraba con algo mĆ”s que lĆ”stima. Tal vez un poco de miedo, tal vez incluso un poco de asco. Y cómo le dolĆa.
Harry en cambio, caminaba pensando en demasiadas cosas. HabĆa llegado a la casa de Louis a dar la cara, a pedir disculpas y a agradecer, y salió de ahĆ con su estómago lleno de deliciosa comida y su corazón lleno de afecto. Compartir con Louis le remeció hasta lo mĆ”s profundo de su ser, jamĆ”s imaginó encontrar a alguien tan dulce, tan amable y expresivo pese a su rostro desfigurado. De alguna manera sentĆa que Louis era demasiado, sobre todo para Ć©l que tenĆa tan poco para ofrecer y le parecĆa muy desigual que fueran amigos, porque Louis tenĆa todo y lo entregaba a manos llenas, y Ć©l era apenas un andrajoso cargador de verduras y ladrón.
El cachorro lo sacaba de sus pensamientos cada cinco minutos, con sus intentos de ladrido y con sus lamidas en su mano. Le sonreĆa y le hablaba, le gustarĆa quedĆ”rselo o que Louis se lo hubiese quedado, pero no se atrevió a plantearlo, ya era demasiado.
Suspiraba imaginando que de verdad, algĆŗn dĆa, pudiera sentirse digno de la amistad de Louis. Lo admiraba, sabĆa que era un gran chico, tan valiente, tan resiliente (le gustaba mucho esa palabra), tan claro y transparente. Tan Louis.
Al llegar al mercado, fue directamente al puesto de manzanas, donde encontró a la casera preocupada por él.
āGracias a Dios estĆ”s bien, tuve tanto miedo de que te pasara algo... ādijo acariciando su pelo. āTe ves muy bien, Āædónde estabas?
āEs una larga historia, pero antes de conversar tengo que vender mis flores, y encontrarle casa a esta preciosura.
Dejó al cachorro en manos de la señora, que de inmediato se enamoró.
āEs hermoso... ĀæPuedo quedĆ”rmelo yo?
āMe encantarĆa, sĆ© que lo va a cuidar bien. Puedo ayudarla con el veterinario y alimento, o eso dijo Louis.
āĀæLouis? ĀæEstuviste de nuevo con Ć©l?
āSĆ, pasĆ© la noche en su casa. Me hizo baƱar, me dio ropa, cocinó para mĆ...
āĀæUstedes tienen algo?
āNo, Āæpor quĆ©?
āNo lo sĆ©, era solo una pregunta.
āĆl es muy amable, pero creo que jamĆ”s podrĆamos mirarnos de otra manera. Estamos intentando ser amigos y hasta eso es difĆcil para mĆ, porque siento que Ć©l tiene mucho y yo nada...
āNo es asĆ, ācontestó dulcemente. āHarry, eres un chico diferente, a pesar de todo sigues aquĆ, eres un sobreviviente y aĆŗn no lo entiendes. No te apresures, dale tiempo al tiempo, estoy segura de que construirĆ”n una hermosa amistad.
āEso espero, porque... ĀæQuĆ© le pasó a sus manzanas?
āEl proveedor perdió muchas ayer con la tormenta. Se le inundó la bodega y no sabemos cuĆ”ndo podremos recuperar...
āEntiendo. Voy a gritar mis flores, y con lo que gane, le voy a comprar un chaleco al cachorro.
Se demoró veinte minutos, y solo porque la seƱora de siempre llegó tambiĆ©n tarde, y se molestó mucho a no poder llevarlas todas, obligando a Harry a prometer que el próximo dĆa le guardarĆa por lo menos tres ramos.
Con sus libras tintineando, compró la ropa para el perrito y se la fue a poner.
āQuedaste hecho un prĆncipe, cosita bella, ādijo meciĆ©ndolo en sus brazos.
āEs verdad, pero dĆ©jalo dormir. Anda a ver a Liam, me parece que no estĆ” muy bien.
Harry corrió hacia el puesto de cebollas, y ahà lo encontró.
āĀæQuĆ© te pasa? ĀæQuĆ© sientes?
āCreo que fue demasiado frĆo, me duele todo, āhabló todo gangoso, lleno de mocos y un poco de fiebre, mientras tiritaba.
āDeberĆas baƱarte, pero es imposible... Voy a comprarte un tĆ© y unos analgĆ©sicos, espĆ©rame.
Volvió quince minutos después con un té grande, cuatro pastillas y dos sÔndwiches de los mÔs gigantes que encontró.
āTómate el tĆ© con cuidado y traga dos de las pastillas. Luego comes algo, te vas a sentir mejor. ĀæTu ropa estĆ” seca?
āSĆ, por suerte no me mojĆ©.
āĀæY los demĆ”s? ĀæEl cojo, el sanguijuela y Josh?
āSe los llevaron esta maƱana... Bueno, a su cadĆ”veres...
āLo sabĆa, hizo demasiado frĆo.
āĀæDe dónde sacaste dinero?
āEstoy vendiendo rosas y me gano unas libras, mĆ”s lo de cargar las zanahorias, me estĆ” ayudando mucho.
āMe alegra, de verdad, ojalĆ” puedas salir de la calle.
āSabes que eso son palabras mayores, solo una pieza son 50 libras mensuales, en cualquier mugre piso de estos lados. Apenas tienen algo parecido a un baƱo, ni hablar de que hay que comer y todo eso...
āTienes razón. Lo bueno de que murieran los demĆ”s, es que me quedĆ© con sus mantas y cuatro libras que alguno tenĆa en el pantalón.
Harry lo miró sin horror, era la cruda y triste realidad de la calle. Sólo pudo sonreĆr, una sonrisa vacĆa, pero sonrisa al fin.
Esa tarde, Louis y Harry se extraƱaron. AsĆ de rĆ”pido se habĆan acostumbrado a la presencia del otro, a esa sensación de algo llamado hogar, de una nueva idea de lo que era la calidez y la sorpresa de encontrar magia en alguien en este mundo, de poder verlo y mirarlo sin mĆ”scaras, sin miedos, sin temor de ser juzgados; poder ser ellos mismos en todo momento, mostrar su vulnerabilidad sin miedo a que fuera daƱada o pisoteada. Al contrario, era celebrada o eso esperaban, era lo que querĆan debajo de sus pensamientos de inseguridad y de ligera turbación.
Harry trabajó arduamente hasta que casi llegó la noche. Inconscientemente querĆa caer rendido para no sentir el frĆo ni la dureza de la calle. Lo consiguió a medias y agradeció por ello.
Cuando abrió los ojos, supo que era hora de ir a ver a Louis, Āæo de ir por las rosas? Bueno, las dos cosas. Se lavó la cara en un charco de agua estancada pero limpia que encontró y miró que su ropa no estuviera sucia o muy arrugada. no querĆa que Louis pensara que era descuidado o algo asĆ. Caminó con prisa, extraƱando la lengua traviesa del cachorro. Entró rĆ”pidamente por la rendija y en la entrada de la casa estaba Louis esperĆ”ndolo con su sonrisa caracterĆstica.
āĀæCómo estĆ”s? ĀæCómo pasaste la noche? ĀæCon quiĆ©n quedó el cachorro? ĀæCómo estĆ” la seƱora de las manzanas, y Liam?
Harry lo miró con la boca abierta, el ceño fruncido y muy serio le dijo:
āDime que lo ensayaste... ĀæCómo podrĆa contestar todo eso? āHabló en medio de una sonora carcajada.
āLo siento, ārio tambiĆ©n. āEs que estaba preocupado...
āEstoy bien, pasĆ© un poco de frĆo. El cachorro ahora se llama Nube, estĆ” con la seƱora de las manzanas que estaba mal, porque su proveedor habĆa perdido muchas unidades con la tormenta y no tenĆa mucho para vender. Liam estaba bien dentro de todo, los otros tres callejeros murieron de frĆo y pudo quedarse con sus mantas. Ayer tenĆa algo de fiebre, pero pude comprarle un tĆ© y un pan y se sintió mejor.
El rostro de Louis era de pesar.
āĀæTres muertos? Harry, eso es terrible... No puedes seguir durmiendo en la calle, por lo menos no cuando hay heladas, promĆ©teme que vas a venir a dormir o que vas a buscar un lugar...
āLouis, es lo que me toca, no puedes estar haciĆ©ndote cargo de mĆ, apenas me conoces y no deberĆas involucrarte...
La mirada de Louis cambió, se oscureció y su energĆa se volvió densa.
āComo quieras, te ofrecĆ todo lo que estaba a mi alcance y no lo quieres. EstĆ” bien, asĆ serĆ”.
āNo te enojes, no quise hacerte sentir mal.
āNo lo haces, ya nadie puede hacerlo.
āLouis...
āVoy a buscar tus ramos, ya vuelvo.
Entró en su casa y tomó los bonitas flores envueltas con tanta perfección que era inevitable no sonreĆr al verlas.
āQue te vaya bien, ādijo entregĆ”ndoselas y luego cerrando la puerta.
Harry se quedó unos minutos sin saber quĆ© hacer. ĀæEs que acaso Louis no podĆa entender su situación? No podĆa pasar de la carencia total de preocupación a un exceso de la misma, no sin cuestionarse si era correcto, no mientras sintiera que Ć©l era poca cosa, que no tenĆa cómo retribuirle. Al parecer no, Louis no lo entendĆa y Ć©l no sabĆa explicarse. Y no querĆa sentir jamĆ”s que Louis estaba molesto, no con Ć©l, y le quemaba, y por mĆ”s que lo evitaba no podĆa detener las lĆ”grimas que caĆan como una cascada por sus lindas mejillas y velaban sus bonitos ojos. Tomó sus flores y se fue, casi corriendo.
Louis lo miraba por la ventana, mientras sus propias lĆ”grimas inundaban su adolorido corazón. ĀæPor quĆ© Harry no entendĆa que solo querĆa darle un poco de alivio a su vida tan difĆcil? ĀæAcaso su ayuda era menos valiosa porque venĆa de Ć©l? ĀæEra su apariencia realmente el problema y Harry no se lo dirĆa?
Los dos pensaron sin cesar en el otro, en lo sucedido, buscaron una explicación, encontraron respuestas equivocadas, se daƱaron con ideas invisibles, mataron sus ilusiones que habĆan empezado a crecer en compaƱĆa del otro.
Louis, aun con toda su pena, fue a buscar la maceta donde tenĆa su experimento, y quizĆ”s como una seƱal, no habĆa raĆz, ni seƱales de vida. Fue un fracaso. Pero no se iba a dar por vencido, aunque fuera lo Ćŗltimo que hiciera por Harry, le darĆa ese Ćŗltimo regalo. Leyó algunos libros, y volvió a intentarlo. Esta vez tomó un trozo de raĆz del rosal rosa, del amarillo, y de las hortensias azules, y les habló. Les pidió ayuda para crear una nueva variedad, hermosa, suave, delicada pero resistente. Apretó la tierra de hoja, la regó muy poco porque la humedad era mucha y mĆ”s agua podĆa ser perjudicial. La dejó cerca de la ventana de la cocina.
El resto del dĆa se dedicó a lavar y ordenar. Con la visita de Harry y del cachorro estaba todo un poco revuelto, y su despensa se habĆa vaciado. Antes de dormir hizo una lista de cosas por comprar en el mercado al dĆa siguiente. Cerró los ojos pidiĆ©ndole a Dios que Harry tuviera una buena noche.
Temprano se levantó Louis a preparar un tĆ©. Por la hora suponĆa que Harry ya habĆa ido por las rosas, y esperaba que hubiese tomado los envoltorios que le habĆa dejado en una bolsa bajo el rosal amarillo. DespuĆ©s de beber su tĆ©, se puso su capa, su sombrero y su cubre boca y salió con una bolsa grande bajo el brazo. El mercado estaba llenĆ”ndose de gente, por lo que se apuró y logró comprar todo lo de la lista. Solo dos personas le gritaron ofensas, y un tipo del puesto de lentejas no quiso atenderlo, pero pudo comprar en otro lugar. Pasó por el puesto de manzanas, y vio que realmente la seƱora tenĆa muy pocas manzanas, y ademĆ”s, estaban en muy mal estado. DifĆcilmente podrĆa venderlas.
āNunca le preguntĆ© su nombre, ādijo Louis a modo de saludo.
āMary, me llamo Mary.
āSus manzanas se ven mal... ĀæquĆ© pasó?
āCon la Ćŗltima tormenta se perdió casi toda la producción y el proveedor nos subió el precio demasiado. No sĆ© quĆ© voy a hacer.
āĀæPuedo ayudarla? Tengo manzanas en mi jardĆn, puedo traerlas.
āĀæDe verdad? EstarĆa tan agradecida, de verdad estoy desesperada...
āVoy a comprar un carrito, āexplicó sintiendo su corazón apretarse al recordar a Harry, āy volverĆ© en una hora y media aproximadamente. ĀæCómo estĆ” Nube?
La cara de tristeza de la seƱora lo alertó. āMe lo robaron, cuando me iba ayer unos tipos me lo quitaron de los brazos, y aunque le he preguntado a medio mercado, nadie lo ha visto...
āPobre bebĆ©... OjalĆ” aparezca, ādijo suspirando. ParecĆa que todo estaba mal. āMe voy, nos vemos en un rato.
Iba caminando lo mĆ”s rĆ”pido con su carrito nuevo, cuando vio algo que terminó de romper su corazón. En el mismo sendero donde encontró a Harry esa vez que estaba tan enfermo, lo vio juntos a unos tipos que claramente lo estaban asaltando o eso parecĆa. Se dio cuenta de que tenĆan a Nube, y Harry les estaba entregando sus libras, su chaqueta e incluso sus zapatillas. Estaba pagando el rescate del cachorro.
Se quedó escondido detrĆ”s de uno de los Ć”rboles hasta que vio a los delincuentes salir corriendo hacia el fondo del sendero con su botĆn, y aunque Harry habĆa perdido todo, le sonreĆa a Nube. Esperó hasta que pasó muy cerca de su escondite, y le llamó la atención ver que al parecer, Harry iba a verlo a su casa.
Se fue detrĆ”s, caminando sigiloso, hasta que lo vio entrar por la rendija. Louis tuvo que rodear el jardĆn hasta llegar al portón y entrar, lo encontró sentado en una de las mecedoras.
āĀæQuĆ© haces aquĆ?
āLouis... Creo que nos debemos una explicación.
āPasa, hay budĆn de papas y manzanas asadas. Espera, no puedo hablar contigo ahora, tengo que ir al mercado otra vez a llevarle manzanas a Mary.
āĀæTe acompaƱo?
āNo, no quiero que nos vean juntos... Puede ser perjudicial para ti.
Y se fue hacia los manzanos, y con ayuda de una pequeƱa escalera comenzó a sacar la fruta hasta llenar su carrito. Puso otras en bolsas, que acomodó y le dio una Ćŗltima mirada a Harry antes de irse. HabrĆa podido decirle que lo esperara adentro, y que hiciera lo que quisiera, pero Ć©l ya no iba a ofrecer nada mĆ”s, porque quizĆ”s habĆa sido su culpa intentar ayudar a quien no querĆa su ayuda.
Volvió cerca de media hora despuĆ©s, porque recordó un atajo que lo llevaba en apenas quince minutos al mercado y que habĆa olvidado porque lo obligaba a pasar por uno de los senderos mĆ”s transitados, pero ahora no querĆa hacer esperar mĆ”s tiempo a Harry.
āVolviste rĆ”pido.
āSĆ.
āLouis, no quiero que estĆ©s molesto conmigo, de verdad lo lamento mucho...
āĀæLamentas quĆ©?
āLo que sea que hice.
āNo estoy enojado contigo, es solo que me molestó ofrecer mi ayuda y que no la quisieras, pero entendĆ que la responsabilidad es mĆa por intentar forzar algo que no quieres.
āNo se trata de eso, y lamento una vez mĆ”s que pienses mal de mĆ...
āĀæQuieres una taza de tĆ©? Nube estĆ” tiritando.
āSĆ, por favor. El tĆ© del mercado no es tan rico como el que preparas tĆŗ, ādijo sonriendo.
Una vez adentro, Louis encendió la chimenea. Nube se acurrucó en el sofÔ y Harry se quedó de pie.
āEn la habitación de invitados estĆ”n las pantuflas, por si quieres usarlas.
āSĆ, gracias, permiso...
Cinco minutos pasaron en silencio, mirando las tazas de tƩ.
āEntonces, explĆcame.
āEs difĆcil de explicar, y mĆ”s difĆcil es decirlo, pero Louis, yo siento que me ofreces tantas cosas y yo no tengo nada, literalmente... En mi vida solo he tenido mĆo mis harapos y mi necesidad, y de pronto apareces tĆŗ queriendo arreglarme el mundo y yo no puedo solo decir que sĆ, porque no estĆ” bien... No es justo, no sĆ© hacerlo, no lo mereces...
āGracias por decirlo, ādijo botando el aire. āLamento si soy muy insistente, solo querĆa alivianar tu carga un poco, lo siento si no me expliquĆ© bien. No quise pasarte a llevar en ningĆŗn momento, creo que de alguna manera conocerte y descubrirte fue... fue como verme a mĆ y mi tragedia y actuĆ© como necesitĆ© que lo hicieran conmigo... Me vi reflejado en ti, lo siento mucho... Creo que quizĆ”s fuimos demasiado rĆ”pido y puedo entender por quĆ©. TenĆamos necesidad de alguien que nos entendiera y fue fĆ”cil āentregarnosā. Pero pese a todo yo no me arrepiento, y si estĆ”s de acuerdo podemos empezar de nuevo, ahora que ya hemos encontrado un amigo con quien compartir los buenos y malos momentos.
āEstoy de acuerdo, explicaste lo que yo no sabĆa poner en palabras, gracias...
āĀæTomemos tĆ©?
RĆ”pidamente pasaron los dĆas y algunas semanas, en esa rutina de armar ramos de diferentes flores y de llevar manzanas a Mary. Nube andaba para todos lados con Harry, incluso cuando cargaba cajas de zanahorias.
El verano iba quedando atrĆ”s y se esperaba un otoƱo frĆo y gris. La que se supone era una Ć©poca cĆ”lida, estuvo llena de episodios de tormentas y heladas, y los que venĆan serĆan peores. La relación entre Louis y Harry era cada vez mĆ”s cercana, no se dieron cuenta de cuĆ”ndo se volvió tan profunda ni hermosa. Se tenĆan mucha confianza, no habĆan secretos, y lentamente habĆan compartido sus sueƱos. Ellos que jamĆ”s imaginaron tener esperanzas o crear escenarios distintos, ahora les empezaba a parecer una posibilidad cierta y real.
Louis seguĆa intentando crear la flor perfecta para que Harry vendiera, aunque secretamente, esperaba no tener que despojarse de ella. HabĆa intentado con la mayorĆa de las flores, y aĆŗn no lograba que creciera ni una sola hoja.
Una maƱana especialmente frĆa, despuĆ©s de que Harry se fuera a vender diferentes flores, decidió cambiar de estrategia. No iba a utilizar mĆ”s macetas, iba a plantar directamente en la tierra. Usó raĆces solo de flores azules y blancas, y les habló, les contó lo que necesitaba, lo que estaba buscando. Hizo lo mismo cuando estaba colocando el abono, y cuando muy despacio le puso un poco de agua. Le habló tambiĆ©n a las plantas y Ć”rboles que estaban cerca, incluso a los pequeƱos bichitos que andaban por ahĆ, y les pidió ayuda para cuidarla.
Una semana después, apareció un muy pequeño brote, que hizo muy feliz a Louis. Era un avance mucho mayor que con cualquier otro de sus intentos, y le hizo sentir muy bien.
āAdivina, ādijo Louis, āĀ”tiene un brote!
āĀæEn serio? Ā”Eso es increĆble!
Se abrazaron con tantas ganas, de manera tan genuina, que no se dieron cuenta de que era la primera vez que se tocaban, que estaban tan cerca, que podĆan sentir el calor del otro.
Se separaron de la misma manera, sin notar nada extraƱo.
āMary le ofreció a Liam vivir con ella. Con tu ayuda, le ha ido muy bien vendiendo frutas y Liam ha podido tener mĆ”s trabajo con las zanahorias, entre los dos se pueden ayudar. Estoy muy contento por Ć©l...
āOh... Se van a acompaƱar, tambiĆ©n me alegro, estaban los dos muy solos. Liam va a ser como el hijo que nunca tuvo Mary.
āLo sĆ©, es una muy buena noticia.
āĀæY tĆŗ? ĀæAlguna vez me harĆ”s caso de venir a vivir aquĆ? ĀæAunque sea a dormir?
āDesde esta noche, ādijo sonriendo nervioso. āPero, te voy a pagar.
āHarry, sabes que no...
āLo es, es necesario. Nuestros floreros ya se transformaron en cajas de monedas. Puedo hacerlo y necesito hacerlo, no me quites eso, Āæpor favor?
āEstĆ” bien, ādijo sonriendo con ganas. Gracias a que ahora hablaba y sonreĆa mĆ”s, muy lentamente la comisura de su labio habĆa empezado a recuperar un poco de su movilidad aunque no se daba cuenta, era Harry quien conocĆa cada milĆmetro del rostro de Louis y lo notaba.
āSiento que la venta de flores se hace mĆ”s difĆcil en esta Ć©poca, quizĆ”s es tiempo de pensar en vender comida, pero no se me ocurre quĆ©.
āLo mĆ”s comĆŗn y fĆ”cil es el pan, los rollos de canela, los bizcochos, las galletas y las tartas.
āQuĆ© rico Louis, pero no puedo asegurar que lleguen completas al mercado.
āPor cada vez que lleguen bien, y se vendan, te preparo un plato especial para cenar, quĆ© dices...
āQue acepto.
Esa noche, Harry durmió en la misma casa con Louis, por primera vez como un inquilino. Se quedaron conversando hasta cerca de medianoche, y al dĆa siguiente estaban arrepentidos cuando el sueƱo amenazaba con no dejarlos salir de la cama.
āEsto es tu culpa, āgritaba Harry desde su habitación.
āNo te quejes, que tu puedes dormir un rato mĆ”s. En cambio yo, ādijo asomĆ”ndose, ātengo que levantarme a cocinar.
āNo podrĆa dormir con ese cargo de conciencia, te voy a acompaƱar en la cocina, aunque sea para ayudarte a lavar.
āGracias por eso, pero no es necesario. Duerme un rato, yo te aviso cuando estĆ© listo.
A pesar de su sugerencia, Louis tuvo a Harry a su lado todo el tiempo, haciendo preguntas, comentarios, cantando, jugando con Nube.
Y Louis se sentĆa pleno y feliz.
Y Harry se sentĆa encantado y afortunado.
āHoy vamos a probar con pan, rollos de canela y algunos bizcochos. En la tarde voy a preparar galletas y un relleno para tarta. ĀæCuĆ”l crees que sea mejor usar? ĀæMoras, frambuesas, fresas? ĀæNueces?
āĀæTodos? Louis, Ć©chale piedras y quedarĆa rico igual.
āEntonces, voy a necesitar que pases a comprar frutos secos, muchos, un kilo de cada uno.
āĀæMe haces una lista?
āClaro que sĆ... ādijo mientras metĆa las masas al horno con mucho cuidado.
āMe voy a ir a baƱar.
āĀæTe sientes bien?
āĀ”Hey! āse carcajeó. āEstoy cambiando, Āæbien?
āBien, āsonrió, āera una broma.
En momentos como ese, Louis y Harry se daban cuenta de lo mucho que siempre sonreĆan cuando estaban juntos o cuando recordaban al otro. Era una sensación a la que se habĆan acostumbrado rĆ”pidamente y que les gustaba mucho. lo habĆan hablado, sabĆan quĆ© le pasaba al otro, no podĆan mantener sus sentimientos ocultos. O eso decĆan.
Una hora y media despuĆ©s, Louis ya tenĆa todo envuelto en hermoso papel de seda, con los precios, guardado en el carrito.
āAnda despacio y con cuidado de que no se golpeen mucho. Le estoy mandando a Mary una pieza de pan, para que se la entregues, ĀæsĆ? Si no logras vender las masas a ese precio, bĆ”jalo. Te voy a dar una moneda de oro para que compres lo de la lista.
āSon muchas cosas... Espero no equivocarme...
āVas a estar bien, confĆa en ti.
āĀæLo crees?
āEstoy seguro, anda tranquilo...
DespuĆ©s de que Harry salió, Louis se dedicó a ordenar las habitaciones, sacudir, ventilar. Y aunque no sabĆa cómo iban a salir las ventas, buscó una receta nueva para hacerle una rica cena a Harry.
Llevaba muchos dĆas en que el nombre de Harry no bastaba en su boca, querĆa llamarlo de otra manera, pero el nombre que latĆa tĆmidamente en su corazón, sencilla y dolorosamente morĆa en sus labios. ĀæSu afecto por Harry se habĆa transformado? Claro que sĆ. ĀæTenĆa alguna esperanza? Ninguna. ĀæPodrĆa vivir asĆ? Por mil aƱos si era necesario. AsĆ como estaban las cosas, era tremendamente feliz.
Nadie podĆa entender quĆ© significaba eso para alguien como Louis. La felicidad era algo que sintió por Ćŗltima vez hace aƱos eternos, y ahora palpitaba en su pecho con fuerza. Nada podĆa ser mejor que esa sensación al lado de alguien como Harry, su dulce Harry, su tierno Harry.
Mientras Louis divagaba en medio de la cocina de su casa. Harry llegaba sano y salvo al mercado. Como siempre, se ubicó al lado de Mary.
āĀæCómo estĆ”s hoy?
āBien Mary, ĀætĆŗ?
āCon dolor de espaldas. Se me ocurrió limpiar la habitación para Liam y algo habĆa pegado en el piso. Se me olvida que a mi edad puede ser perjudicial, ācontó riendo.
āPero si aĆŗn eres joven, no sĆ© de quĆ© hablas, ācontestó contagiado del buen humor.
āĀæY tus flores?
āSolo traje un ramo, hoy vamos a intentar con comida.
āĀæY quĆ© trajiste?
āPan, rollos de canela y algunos bizcochos.
āĀæRollos de canela? Dame uno.
āClaro, toma... Ah, Louis te mandó este pan.
āEse Louis es una cosita linda, Āæno? Siempre preocupado.
āLo es...
Mary no dijo nada, no era necesario, ella ya lo sabĆa.
En apenas una hora, Harry vendió las flores y la comida. DespuĆ©s fue a comprar los frutos secos y ropa nueva para Nube, y dejó todo en su carrito en el puesto de Mary. Se dedicó a cargar todas las cajas de zanahoria que pudo, porque aunque no lo necesitaba, no querĆa sentir que era una carga para Louis o que alguien pensara que se estaba aprovechando, porque jamĆ”s lo harĆa, porque solo quiere ser Ćŗtil, que Louis sienta que puede apoyarse en Ć©l... Quiere que Louis lo necesite para siempre, porque asĆ no tendrĆa que irse nunca de su lado, y podrĆa mirarlo siempre, y ver como su mirada ahora es mucho mĆ”s suave, sus gestos mĆ”s afectuosos, su cicatriz cada vez menos rĆgida, su caminar mĆ”s seguro... Ha sido un todo en el cambio de Louis, aunque eso es un engaƱo. Sabe que Louis no ha cambiado, sabe que es Ć©l, Harry, quien ahora lo ve diferente, quien suspira en silencio cuando lo mira hablar o reĆr y lo ve hermoso como su alma; quien reza suplicando porque Louis estĆ© bien y siga feliz; quien estĆŗpidamente se queda despierto por horas recordando los momentos que le ha entregado el dĆa.
Cuando volvió a casa, ya tarde y muy cansado, un aroma delicioso lo esperaba.
āHola, Āæcómo te fue? ĀæVienes muy cansado?
āHola, ācontestó casi suspirando Harry. āEstoy muerto, carguĆ© demasiadas cajas y ademĆ”s hice varios mandados, pero vendĆ todo, y comprĆ© lo que me encargaste. Nube tambiĆ©n se escapó y me tocó correr...
āOh, fue mucho por hoy. Lo siento, quizĆ”s deberĆamos probar vender solo dĆa por medio, no quiero que te esfuerces tanto.
āEstĆ” bien, no soy un dĆ©bil.
āClaro que no, jamĆ”s dirĆa algo asĆ.
āLo sĆ©... No quiero estar a la defensiva, lo siento...
āNo te disculpes, Āæpor quĆ© no te das una ducha y vienes a cenar?
āSĆ, vuelvo enseguida.
Harry realmente no se demoró, no querĆa hacer esperar a Louis y al mismo tiempo, necesitaba tiempo a solas en su habitación.
āHuele muy rico, ĀæquĆ© es?
āEs solamente la comida tĆpica, pescado y papas fritas, ādijo mostrando una hermosa fuente. āHice un aderezo de crema tambiĆ©n, y una pequeƱa ensalada de col. ĀæQuieres tĆ©?
āMe encantarĆa...
Harry estaba en uno de esos dĆas en que era muy difĆcil no ponerse a llorar, estaba muy emocional y se sentĆa en exceso vulnerable. Lo Ćŗnico que necesitaba era un abrazo, uno muy fuerte y muy largo.
āĀæQuĆ© pasa? āPreguntó Louis preocupado.
āNo lo sĆ©... ĀæTienes dĆas en que solo quieres silencio y que alguien te abrace sin preguntas?
āLos conozco muy bien... ĀæEso necesitas? ĀæQuieres que te abrace?
āPor favor...
Louis se puso de pie y se acercó a Harry que seguĆa sentado, con sus ojos hĆŗmedos.
āVen acĆ”...
Lo envolvió con tanta delicadeza, con tanto amor, que Harry se sintió desfallecer. SentĆa las manos de Louis acariciando su espalda, meciĆ©ndolo suavemente y no pudo evitarlo mĆ”s. Lloró, lloró desgarrĆ”ndose, botando los Ćŗltimos vestigios de soledad, de dolor, de ausencia y de desesperanza.
Louis simplemente lo contuvo, no preguntó, no habló, lo dejó sacar afuera lo que lo estaba asfixiando, tratando de transmitirle todo su amor, toda su calma y su energĆa.
Fue mucho tiempo que estuvieron asĆ, aferrados al cuerpo del otro, no querĆan separarse, se sentĆan en casa, en su lugar, mejor que nunca, tan cĆ”lidos y fuertes, tan intensos y frĆ”giles.
āGracias por estar aquĆ, por acompaƱarme y no preguntar...
āGracias a ti por permitirme intentar darte calma... ĀæQuieres ir a la cama? ĀæPuedo llevarte el tĆ©?
āNo, ni loco me pierdo la cena, siĆ©ntate y comamos, ya estoy bien.
Louis le sonrió y luego le sirvió el té.
āĀæLe habrĆ” gustado el pan a Mary?
āLiam fue a verla a media maƱana, y se comieron la mitad enfrente mĆo, ācontó. āLes encantó, pero los rollos de canela los enloquecieron. Liam compró seis y se los devoraron. Una seƱora compró un bizcocho, y la vi comerlo un poco mĆ”s allĆ”. DespuĆ©s del primer bocado volvió y me los compró todos. Fue super buena venta, creo que nos va a ir muy bien. tengo que llevar otro ramo de flores, siempre se venden, quizĆ”s no como en primavera o verano, pero siempre hay clientes... Louis, esto estĆ” muy rico...
āAsĆ parece, te faltó comer el plato, ārio.
Y Harry se perdió una vez mĆ”s en los labios de Louis. Ya era incapaz de ver la cicatriz, solo veĆa luz.
Una semana despuĆ©s, la flor que tenĆa un pequeƱo brote, ahora tenĆa seis, mucho mĆ”s grandes y firmes. Louis le hablaba varias veces al dĆa, les contaba la historia de su amor y le daba Ć”nimos para crecer fuerte.
El inverno llegó frĆo y seco, las heladas congelaban todo su a paso. Cada maƱana el rocĆo del pasto formaba una capa brillante y translĆŗcida, bella pero gĆ©lida. Harry se quejaba de que ahora, por culpa de dormir abrigado y cómodo, no le daban ganas de ir a trabajar. Pero estaba feliz, habĆa juntado muchas monedas y podĆa darse una pequeƱa licencia, como llegar mĆ”s tarde a cargar cajas con zanahorias.
La venta de comida estaba mejor cada dĆa: mientras mĆ”s frĆo, mĆ”s se vendĆa. Liam y Mary parecĆan una verdadera familia. El chico estaba mĆ”s que agradecido y lo demostraba cada dĆa, era amable y respetuoso. Mary le enseƱaba a sumar y sacar cuentas rĆ”pidamente, siempre con mucho amor.
Nube, era definitivamente un cachorro pequeƱo, no crecerĆa mucho mĆ”s, y cada vez tambiĆ©n, preferĆa quedarse echado frente a la chimenea, y salir con Louis al jardĆn a recorrer y cuidar las plantas.
Cuando terminó el invierno, el mĆ”s seco de los Ćŗltimos 28 aƱos, inició la primavera, sorprendiendo a todos con una tormenta de las mĆ”s fuertes. El viento botó Ć”rboles y tejados, la lluvia inundó algunos sectores provocando graves pĆ©rdidas. La luz se cortó dejando a la ciudad bajo la noche iluminada por los rayos y en un silencio que se rompĆa con los truenos.
Louis se levantó en medio de la tormenta por algo para beber, porque habĆa tenido una pesadilla y por mĆ”s que intentó volver a dormir, no lo consiguió. Estaba de pie en la cocina, cuando algo llamó su atención tanto, que su taza favorita llena de tĆ©, cayó al piso. Sin colocarse la capa ni sus botas de agua, salió corriendo al jardĆn.
AhĆ, debajo del manzano, al lado de las camelias, habĆa florecido su flor, por la que tanto habĆa esperado, por la que tanto se habĆa esforzado, la que llevaba todo su amor, su dedicación, su esencia.
Arrodillado bajo la lluvia, la miraba embelesado, adorĆ”ndola. TĆmidamente acercó su dedo para acariciar sus pĆ©talos azules, algodonados, con bordes irregularmente perfectos que casi flotaban con el aire que los mecĆa al compĆ”s de su danza.
Todo su cuerpo se estremeció al sentir la suavidad en su piel, al mismo tiempo que Harry se sentaba a su lado.
āEs hermosa, āsusurró. āNunca vi nada igual... āconfirmó, mirando a Louis.
āTampoco yo... āmurmuró despacio, correspondiendo la mirada.
āĀæCómo se va a llamar?
āāPara siempreā
āāPara siempre...ā
Estaban perdidos en los ojos del otro, mientras la lluvia los empapaba, llevĆ”ndose sus miedos y dĆ”ndoles valor de aceptar lo que pasaba en sus corazones y que comenzaba a quemar en su interior, que gritaba por salir y que necesitaba compartirse. Ya no podĆan seguir ocultando sus sentimientos, no cuando sabĆan y estaban seguros de que eran correspondidos y que ademĆ”s, serĆa para siempre.
OS inspirado en la canción de 2018, "The Truth Untold" de BTS.









La amƩ completamente!!!!