Cuánta Tranquilidad
Se encienden las luces de la habitación más apartada de la, llamemosla, mansión. Esa habitación que parece huir del resto, de los habitantes y visitantes, esa habitación que quiere estar oculta a pesar de que su puerta esté en mitad de todo. Un armario, un baño, una puerta más entre todas las que hay en aquella mansión, o lo que fuera aquél lugar. Esa puerta que miras durante unos segundos, una puerta que te atrae pero que nunca eres capaz de abrir. Esa puerta que te llama pero que, por el contrario, tu cerebro hace que huyas. Esa puerta que siempre está ahí, siempre ha estado ahí. La habitación en cuestión es una sala de cine, aunque a veces hace de teatro. En cualquier forma, es una sala donde te cuentan historias. O más bien las muestran para que él las cuente. Siempre limpio, siempre impecable. Erick Roderick. Es bajo, pero no es más que un adolescente, de pelo marrón y ojos oscuros, tiene la espalda ancha y las manos grandes, siempre en traje de chaqueta. Te saluda y te pide que entres. El joven deja una taza de té en la mesita de caoba colocada en el lado derecho de un mullido sillón oscuro de piel. Se dirige a unas columnas de cristal en cuyo interior se movía un extraño líquido multicolor, blanquecino, Fluido Creador quizás. Te pide que te sientes donde quieras, menos en su sillón. Va inspeccionando cada una de las probetas hasta encontrar una que le fue interesante. Abre el pequeño grifo y vierte parte del líquido en una tetera y de esta en la taza de la mesita. Luego se sienta en aquél mullido sillón oscuro y toma un sorbo.
“Cuanta tranquilidad”, dice en voz alta. Y, a continuación, comienza a narrar.
Imaginad, por un momento, la oscuridad más espesa que exista; pero no hay miedo, solo oscuridad. No hay nada más, no lo podéis ver. Es corto, así que utilizaré el escenario. Imaginad un escenario lleno de oscuridad, esa oscuridad espesa que te hace permanecer expectante de lo que ocurrirá a continuación. Podéis notar parte del proscenio, no hay telón, pero sí deducís el encuadre, el rectángulo dónde se encuentra dicho escenario. Sentaos por ahí, por donde haya hueco, no sé quién va a venir a leer esto. Mirad al escenario. Y ahora una luz. Ahí no, no me gusta, no puede iluminar todo: apágala. Una luz, un foco Blanco, que ilumina directamente una pequeña mesa en el centro del escenario. En la mesa hay un proyector conectado a un ordenador portátil que está en el suelo. Es antiguo, aún tiene disquetera, es gris y grande, los cables son totalmente visibles desde aquí. Por supuesto, no te lo he dicho, tú eres un espectador. Ahora entra alguien en escena: PERSONAJE. Va completamente de Blanco. Tú decides quién es, su aspecto completo es cosa tuya, solo te diré que es un ser humano y que está vestido de Blanco. Su rostro no tiene expresión. Se acerca al ordenador y abre un caja de DVD, no sé de dónde han salido, desde aquí solo se ve que la caratula está dañada y que tiene un papel que reza “Todo estará bien” como título del contenido. Esa persona coge el CD-DVD, abre la disquetera del ordenador y mete el objeto. Espera unos segundos hasta que comienza a reproducirse directamente en el fondo del escenario. Recuerda que el ordenador está conectado a un proyector que apunta al fondo del escenario. Las imágenes son... uff, preciosas... Digo, grotescas. Personas atadas de pies y manos siendo apaleadas, madres devorando carne cruda, violaciones con objetos prácticamente medievales, animales siendo comidos por gusanos, fuego, bebés llorando, sonrisas gigantescas… Todo esto mientras no para de sonar canciones infantiles, de fiesta, de circo... Precioso.
PERSONAJE.- Cuánta tranquilidad.
Mientras se siguen proyectando esas encantadoras imágenes, PERSONAJE camina por el espacio. Una segunda luz lo sigue en su recorrido. PERSONAJE se para en una esquina y busca entre la oscuridad. Es como ver un mimo tocar algo intangible. Lo ha encontrado: saca de la oscuridad dos peluches infantiles, dos animalitos coloridos. Están sucios, algo descosidos, uno de ellos tiene un ojo saltado. PERSONAJE se sienta en el suelo y juega con ellos.
PERSONAJE.- (Se hace pasar por uno de los peluches). ¡Hola, hola, amigo! Estoy paseando por la selva. Es muy divertido pasear por lugares desconocidos, vivir aventuras. Corro, corro, salto. Corro, corro, salto. (Cambia de peluche). ¡Hola, hola, amigo! ¿Llevas mucho tiempo aquí? (Cambia de peluche). ¡No! Yo solo estoy paseando por la selva. (Cambia de peluche). ¿Puedo unirme a tu paseo? (Para. Mira hacia arriba, cierra los ojos. Deja de utilizar los peluches). ¿Puedo unirme a vuestro paseo? (Llora).
El contenido del DVD sigue reproduciéndose con rapidez, mostrando el contenido del mismo cada vez a más velocidad. Siempre las mismas imágenes repitiéndose una y otra vez. PERSONAJE se enfada, grita, se pega en la cara, en los muslos, en el estómago... Se tira de los pelos, golpea los peluches... Ahora se levanta.
PERSONAJE.- ¿Por qué siempre me dejáis de lado! ¿Por qué no puedo unirme a vosotros en vuestro juego! ¿Debo de quedarme todo el tiempo aquí en la oscuridad mientras espero a que me saquéis de la cárcel! ¡Casa, casa! ¡Estoy en casa y nadie puede hacerme daño! ¿Alguien puede salvarme? ¿Por favor?
Un tercer punto de luz aparece, ilumina una pequeña mesa donde hay una taza de té. PERSONAJE se acerca a la mesa, investiga: la taza está caliente, se puede ver el vaho desde tu asiento. Decide sentarse en la mesa y sopla varias veces para que el líquido se enfríe. Coloca las manos alrededor de la taza para notar su calidez. En realidad se está quemando, pero no le importa. ¿Lo notas? Toma un sorbo. Le gusta. Toma otro sorbo. Le gusta. Se está quemando la lengua pero no le importa. Comienza a tomar todo el contenido con ansia, parte del contenido se derrama por su ropa manchándola por completo, sale humo. El té está muy, muy, muy caliente... Pero no le importa. PERSONAJE suelta la taza, con el rostro rojo por el calor, y lame sus labios como un perro.
PERSONAJE.- (Con los ojos llorosos y una gigantesca sonrisa). ¡Cuánta tranquilidad!
Oscuro.
Ya está. Se acabó. No hay más. Mi taza está vacía y no hay nada más que contar de este PERSONAJE. Puedes completar la historia para ti como quieras. Elabora teorías sobre dónde está, cómo llegó allí, qué pasó, quién es... Yo no tengo más. Para mí su historia comienza y termina aquí: en ese escenario, en soledad. Aunque... Nosotros estamos aquí, ¿no? Observándole siempre que queramos, con una buena taza de té...
Espero volver a verte por aquí. Tengo muchas cosas que hacer y no sé cuándo podré narrar de nuevo, pero espero que vengas muchas más veces. Tengo muchas más historias que contar. Adiós.
Te ha dejado fuera de la habitación. Escuchas voces que hablan entre sí. Hay pocas luces y no puedes ver bien el camino, pero por suerte encuentras a alguien que te guía. Una cabra azabache con rostro humano, de anciano. Te deja fuera, arriba de la escalinata. “¡Cuánta tranquilidad!”, dijo antes de cerrar la puerta.