1/1
Lian Kilen Wang, el flamante CEO de la marca de agua Kilen, de repente se había dado cuenta de que era un tipo muy celoso.
¿Y cómo lo descubrió? Bueno, cuando tenías a Kuea Keraati (chico hermoso, personalidad encantadora) como prometido era algo usual que tuvieses que lidiar con sus cientos de… admiradores.
Pero no lo malinterpreten. Lian estaba orgulloso de su talentoso NuKuea, cada que lo veía subirse al escenario su piel se erizaba de emoción y sus oídos se deleitaban con su melódica voz. Porque Lian sabía que Kuea amaba cantar y él amaba ver a Kuea hacer lo que le apasionaba, de eso no había duda.
Pero al parecer no era el único que amaba verlo presentarse en un escenario.
En el pasado, nunca se había detenido a pensar demasiado acerca de los fans de Kirin, pues cada que Kuea se presentaba en el Gemini era obvio que el público en general lo amaba. Todos se volvían locos cuando Kuea tomaba las baquetas y tocaba la batería, él mismo incluído. Pero nunca había pensado en los fans de Kuea como individuos que pudiesen sentir atracción por él, mucho menos se había imaginado que esos fans podrían tratarse específicamente de otros hombres interesados en acercarse a su prometido con otras intenciones.
Sin embargo, comenzó consciente de ese pequeño detalle luego de empezar a ir más seguido a las noches de presentación de Kuea en el Gemini, pues se había vuelto un acuerdo tácito entre ellos que cada jueves se hiciese espacio en su agenda para ir a ver a su prometido cantar. Al principio solo solía concentrarse en su prometido, después de todo su presencia escénica era magnética y te obligaba a no despegarle los ojos de encima mientras estuviese cantando, pero gracias a un comentario desinteresado de Hia Yi fue que Lian fue más consciente de los ojos que perseguían a su bonito prometido.
"Parece que Kirin atrae mucho la atención de los chicos, ¿eh? La mayoría de sus fans son hombres"
Eso era lo que había dicho Hia Yi con tono casual, mientras se llevaba su copa de vino a los labios y miraba el espectáculo sin mucho interés. Su comentario no había sido malicioso, ni siquiera podía detectar una segunda intención detrás de esa vaga observación, pero Hia Lian no tardó en recorrer con la mirada a cada persona que coreaba la canción de Kirin dentro del Gemini.
Enseguida confirmó que, de hecho, la mayoría de los fanáticos de Kuea eran chicos. Aún así, tal realización no había sido algo demasiado relevante para él en ese momento, pues realmente no le veía el problema a la clase de público que pudiese atraer la música de su prometido. Sin embargo, si que se convirtió en un problema en el fondo de su pobre corazón cuando se fijó que, cada que Kuea bajaba del escenario, docenas de chicos se acercaban a él en busca de invitarle un trago o sacarle a bailar.
Trató de no tomarle importancia, carajo, Buda sabe que lo intentó con todas sus fuerzas. Porque su relación con NuKuea estaba cimentada en la confianza después de haber aprendido de sus errores causados por la falta de comunicación en el pasado. Confiaba en él y sabía que su prometido jamás correspondería cualquier intento de coqueteo por parte de los desconocidos que se le acercaban siempre, pues Kuea Keerati solo tenía ojos para Lian Kilen Wang y todos lo sabían.
Pero el problema radicaba en que Kuea era algo… despistado.
Tal vez incluso también un poco ingenuo, pues parecía no notar las intenciones de sus pretendientes y simplemente aceptaba sus invitaciones de tomar una copa con una sonrisa amable en los labios y una actitud educada.
Aún así, Lian nunca decía nada porque no quería arruinar el ambiente y la emoción de Kuea, simplemente se tragaba los celos, apretaba los puños y se mordía la lengua reprimiendo sus ganas de ir y alejar a su prometido de todos esos hambrientos lobos que querían devorarselo.
Sin embargo, esa noche ya no pudo seguir fingiendo indiferencia.
Todo había empezado con normalidad. Era jueves por la noche y el Gemini estaba atiborrado de gente porque esa noche tocaba Kuea, Lian se encontraba bebiendo una copa de vino y hablando de negocios junto a Jay en un sofá algo apartado del escenario.
Cuando Kuea subió al escenario todo el lugar se llenó de gritos, nada fuera de lo habitual. Cantó, el público coreó la canción a gritos junto a él, Lian disfrutó cada segundo de la presentación y luego terminó. Sin embargo, cuando Kuea bajó del escenario rápidamente fue rodeado por un grupo de fans, la mayoría de ellos siendo chicos.
Kuea los atendió a todos con sonrisas amables, respondiendo a sus halagos y felicitaciones con total agradecimiento. Lian solo lo observó de lejos sin querer interrumpir ese momento, dejando que Kuea disfrutara de la euforia y apoyo de su público y esperando pacientemente a que su prometido se acercara a él para elogiarlo.
Pero la sonrisa impresa en los labios de Lian se convirtió en un rictus amargo en cuanto notó cómo uno de los fanáticos de Kuea comenzaba a cruzar la raya de forma confianzuda. Lentamente, el chico se había acercado hasta estar casi pegado como sanguijuela al costado de Kuea, su brazo rodeandolo por los hombros para acercarlos más y hablándole al oído con la excusa de la música alta del bar. Lo peor era que Kuea estaba tan distraído hablando con una chica que le había obsequiado una gorra como muestra de su admiración que ni siquiera se había movido para apartar al tipo.
Los ojos de Lian se oscurecieron y sus dedos se apretaron con fuerza alrededor de su copa hasta que la punta de sus dedos se tornaron blancos. Sintió los celos bullir en su pecho y su estómago se hizo un nudo, sin pensarlo se levantó del sofá de golpe y caminó hacia su prometido dando pisadas fuertes.
—¡Hia! —El saludo de Kuea fue automático en cuanto le vió, su sonrisa volviéndose incluso más radiante que antes.
Lian tuvo que tomar una bocanada de aire para no apartar al tipo lejos de Kuea y, en cambio, metió las manos dentro de los bolsillos de sus pantalones para disimular la tensión y sonrió a su prometido, todavía parado a una distancia prudente.
—NuKuea, ¿ya terminaste? —preguntó, tratando de sonar relajado, aunque fue evidente la rigidez en su rostro.
—¡Ya casi, Hia! ¡Solo un...! —La frase de Kuea se cortó a la mitad, pues la sorpresa de ser estrechado tan fuerte por el tipo a su lado fue grande—. Hey, ¿qué haces?
—Kirin estaba hablando con nosotros, ¿podría volver luego? Estás… interrumpiendo —dijo el hombre confianzudo, dándole una mirada hastiada a Lian.
Lian apretó los dientes, su mandíbula tensandose tanto que la línea de ésta se volvió intimidante y afilada. Dió un paso hacia adelante, dispuesto a armar una escena pues su paciencia por fin se había agotado, sin embargo, la voz de Kuea le frenó.
—Suéltame, no te dí el permiso para tocarme —exigió el baterista, con su típica cara de fastidio que siempre ponía cuando algo le desagradaba.
El hombre parpadeó incrédulo y se alejó vacilante, levantando la palma de sus manos en señal de paz.
—Gracias, ahora discúlpate con mi prometido, le hablaste de forma grosera —señaló, mientras cruzaba las manos sobre su pecho.
—¿T-tu prometido? —tartamudeó el desconocido, alejándose otros dos pasos de Kuea.
—Claro, ¿acaso no lees las noticias? Kuea Keraati es el prometido del CEO de Kilen, Lian Kilen Wang —dijo Kuea con obviedad, como si estuviese insinuando que era un estúpido por no saberlo.
—O-oh, lo siento, no sabía.
—Pues ahora lo sabes. Discúlpate —presionó, aunque su sonrisa volvió a sus labios.
Sin embargo, no lucía para nada adorable, más bien era algo aterrador. Como Anabelle. Ja, quizás Lian no se había equivocado mucho al compararlo con esa muñeca.
—L-lo siento, señor Lian.
Y Kuea se dió la vuelta en cuanto escuchó las escuetas disculpas, tomando el brazo de Lian para arrastrarlo lejos de aquella escena. Por su lado, Lian tuvo que parpadear un par de veces para salir de su aturdimiento, pues realmente no se había esperado esa reacción tan fiera de Kuea ante la situación.
¿Que no se suponía que era él quién debía hacer la escena de celos?
—Gracias por defenderme, creo… —murmuró Lian, en cuanto salieron del Gemini para tomar aire.
Kuea soltó una risita y negó con la cabeza divertido.
—Ví la expresión de tus ojos, fue aterrador —confesó, alzando un poco la mirada para ver a los ojos a su prometido—. Supe que debía intervenir o las cosas se pondrían feas y yo no quiero que tengas escándalos por mi culpa —agregó, encogiéndose de hombros.
—No iba a ser tu culpa, ese tipo…
—¿Acaso estabas celoso, Hia? —interrumpió Kuea, sonriendo traviesamente, justo como un zorro.
Lian bufó nervioso y apartó la mirada, clavando sus ojos en el estacionamiento como si fuese la cosa más interesante.
—No…
—Vamos, Hia, tu cara te delató. Nunca había visto esa mirada en ti —murmuró, acercándose más hasta que sus pechos se tocaron—. Me gustó, aunque no quería que te metieras en problemas, tu modo celoso es… caliente.
Lian tragó saliva fuertemente, su manzana de Adán moviéndose de arriba a abajo a la par. Sin pensarlo mucho, sus manos subieron hasta posarse sobre las caderas de Kuea y presionó sus dedos hasta hundirlos en la suave y tierna carne.
Todavía resultaba gracioso recordar lo tímido que era Kuea al principio de su relación, recordar sus sonrojos y tartamudeos cada que le insinuaba algo sobre sexo le sacaba una risa, pero de ese viejo Kuea ya no quedaba nada. Al parecer su travieso prometido ya había agarrado la suficiente confianza como para atreverse a provocarlo juguetonamente, incluso en el estacionamiento de un bar.
Ah, ¿a dónde se había ido su dulce y tímido NuKuea? Ahora solo podía ver frente a él al rebelde y atrevido Ai'Kuea en todo su esplendor.
—Bien, ¿y qué si estaba un poco celoso? —resopló Lian, deslizando sus manos hacia la espalda baja de Kuea para apretarlo más contra su cuerpo, si es que eso era humanamente posible.
Kuea soltó una risita, sonriendo de lado con satisfacción, el brillo en sus ojos volviéndose algo peligroso.
—¿Te soy sincero? Me encanta, estuve esperando mucho tiempo para ver esa faceta tuya, Hia —confesó el baterista, mientras subía sus manos hasta engancharlas a las solapas del traje de Lian.
Lian frunció un poco el ceño, algo confundido por las palabras de Kuea.
—¿Qué quieres decir con eso? —preguntó, entornando un poco los ojos.
Kuea se encogió de hombros y pintó una expresión inocente en su rostro, luciendo como un niño que no rompía ni un plato.
—No sé, quizás abrazaba a Diao con más fuerza cada vez que nos veías, o le hablaba con más amabilidad de lo debido a Hia Yi para sacarte alguna… ¿pequeña reacción? —tarareó, trazando líneas imaginarias sobre el pecho de Lian con su dedo índice.
Lian volvió a apretar la mandíbula, sintiendo como los celos volvían a invadir su sistema. Ah, ¿ese pequeño rebelde realmente se había atrevido a intentar provocarlo? ¿Y con sus amigos?
—Oh, y quizás aceptaba los tragos de mis fanáticos solo para ver como te ponías rojo de ira a la lejanía —agregó Kuea, meneando las cejas con coquetería.
Lian sintió su respiración volverse espesa y, sin pensarlo mucho, subió su mano para rodear la nuca de Kuea y empujarlo contra sus labios, besándolo con una fiereza y una extraña hambre que bullía desde lo más profundo de su pecho. Enseguida, escuchó el suave y pequeño gemido que se escapó de la garganta de Kuea, un sonido delicado y bajo, pero al mismo tiempo jodidamente caliente.
De repente, todo lo que su mente podía procesar era el deseo de empotrar a su prometido contra cualquier superficie y devorarlo entero.
—H-hia, alguien nos puede ver —gimoteó Kuea, su voz sonando frágil en cuanto sintió los dedos de Lian apretar la suave redondez de su trasero por encima de la ropa.
—Ese sería un excelente castigo por tratar de ponerme celoso, ¿no lo crees? —gruñó Lian sobre los labios hinchados y húmedos de Kuea—. Debería follarte aquí y ahora para que todo el mundo vea que eres mío, mi prometido —susurró, acercándose al lóbulo de la oreja de Kuea para mordisquearla con suavidad.
Pudo notar cómo la respiración de Kuea se volvía tan errática que el aire parecía atorarse en su garganta y también pudo sentir el latido acelerado del corazón de Kuea al posar los labios sobre la base de su cuello, las pulsaciones de su ritmo cardíaco vibrando contra la boca de Lian, tentandolo a encajar los dientes en la zona para dejar una marca.
Pero no lo hizo, pues sentía el cuerpo de Kuea comenzar a temblar contra el suyo y si seguía así su prometido pronto comenzaría a gemir en voz alta y eso…
No iba a permitir eso.
Y es que, aunque podría molestar a Kuea con la amenaza de follárselo en público solo para avergonzarlo, la verdad era que la sola idea le resultaba inaceptable. Porque solo él podía ver el cuerpo desnudo de Kuea, solo él tenía derecho a escuchar los maravillosos gemidos de Kuea y solo él era el dueño de esa imágen vulnerable y sensual que Kuea emitía a la hora del sexo.
Nadie más, solo él, porque era su prometido.
—Vamos, iremos a casa —suspiró Lian, subiendo sus manos a la cabeza del joven más bajo para acariciarle los cabellos.
—H-hia, eres horrible —lloriqueó Kuea algo malhumorado, antes de separarse del cuerpo de Lian para caminar en dirección al auto.
Lian sonrió divertido al ver cómo la cara de Kuea enrojecía intensamente al darse cuenta de la presencia de Foei esperando por ellos al lado del auto, al parecer cayendo en cuenta de que habían tenido público presente durante su fogosa sesión de besos.
Uh-oh, al pobre hombre siempre le tocaba ser espectador de las escenas más embarazosas de la pareja.
Lian caminó tranquilamente para subirse al auto también, viendo de reojo como Kuea cruzaba las piernas para intentar disimular inútilmente el bulto formado entre sus pantalones. Tuvo que morderse la lengua para no reír, pues sabía que si su prometido le atrapaba riéndose de su vergonzosa situación probablemente se enojaría con él y no le dirigiría la palabra en un buen rato.
—Igual no creas que te has salvado de ésta —murmuró Lian, inclinándose sobre el cuerpo de Kuea para poder susurrarle al oído.
Las mejillas del baterista no tardaron en adquirir un fuerte rubor carmesí y se obligó a girar el rostro en dirección contraria a la de Lian en un gesto de indignación.
Pero Lian no se rindió.
—Cuando lleguemos a casa te daré una buena razón para no querer volver a intentar ponerme celoso, NuKuea.
Y Lian regresó a sentarse correctamente en su lugar, disfrutando de la reacción temblorosa de Kuea ante su provocación.
Esa iba a ser una noche… interesante.
Los labios de Lian no tardaron en posarse sobre los de Kuea en cuanto pusieron un pie dentro de la mansión Kilen. Sus manos no tardaron en colocarse sobre la nuca del baterista para llevar el ritmo del beso a su antojo, mientras su lengua se abría paso dentro de la húmeda y cálida cavidad bucal de Kuea, topándose de inmediato con la lengua ansiosa del contrario.
Caminaron a ciegas a través del salón y sin fijarse hacia dónde se dirigían sus pasos, pues ambos estaban demasiado ocupados devorando los labios del otro como para preocuparse por nimiedades. Los dedos de Lian no tardaron en enredarse en el suave cabello de Kuea, apretando ligeramente los mechones sin pensarlo mucho.
De todos modos, había descubierto hace poco que eso parecía gustarle a Kuea.
Pronto, los jadeos bajos de Kuea comenzaron a chocar contra su boca, pero ni aún así se apiadó de él. En cambio, succionó con cuidado la lengua del baterista y sonrió satisfecho al escuchar el agudo gemido que abandonaron sus labios ante el estímulo.
Kuea era… muy oral.
Se derretía cada que le chupaba los labios o la lengua y su cuerpo entero se volvía tan sensible como un nervio crudo con tan solo estimular las zonas correctas de su boca.
Era jodidamente caliente.
—H-hia, por favor… —suplicó Kuea al separarse para tomar un poco de aire.
Lian lo miró a la cara con atención. Los labios de Kuea de por sí eran gruesos por naturaleza, pero tras una sesión de besos intensos parecían duplicar su volúmen, luciendo tan tentadores y prohibidos como la mismísima fruta del Edén. Además, su piel blanca como la porcelana se había teñido de un suave rubor desde la base de su cuello hasta la punta de sus orejas gracias a la falta de aire y la intensidad del contacto. Y sus ojos, sus grandes y tiernos ojos marrones se habían oscurecido por el deseo, sus pupilas tan expandidas que todo lo que podía ver era un negro intenso.
Era tan hermoso. Kuea Keraati era un verdadero ángel bajado del mismísimo cielo para ser corrompido por los deseos carnales de un mortal.
Y solo Lian Kilen Wang era digno de verlo así.
—¿Hia? ¿Qué pasa? ¿Por qué me miras tanto? —susurró Kuea algo cohibido por la forma tan profunda en que los ojos afilados de su prometido le miraban.
Era intimidante y abrumador notar el hambre con el que Lian miraba a Kuea, era como si fuese a devorarselo de un solo bocado.
—Eres precioso, NuKuea, verdaderamente bonito —gruñó Lian, antes de tomar a Kuea por los muslos para alzarlo en brazos.
Las manos de Kuea no tardaron en aferrarse al cuello de Lian, mientras enrollaba las piernas alrededor de su cintura para evitar caerse. Sus labios volvieron a encontrarse, la lengua de Lian no tardó en sumergirse en la boca de Kuea para lamer y succionar a su antojo, reduciendo a Kuea a un manojo de gemidos y suspiros que se veía incapaz de luchar por el mando del beso.
La mente de Lian se sintió caliente y ajena a todo su alrededor, lo único de lo que era consciente era del esbelto cuerpo entre sus brazos que se presionaba contra él como si quisiera meterse por debajo de su piel. Para cuando la bruma despejó un poco su cabeza, se dió cuenta de que había presionado a Kuea contra la barra de la cocina (¿En qué momento había entrado allí? No sabía), dejándolo con la espalda pegada al mármol frío y las torneadas piernas enganchadas a sus caderas para tenerlo tan cerca como fuese físicamente posible.
Las manos frías de Lian no tardaron en colarse por debajo de la camiseta negra de Kuea, tocando la piel cálida con dedos ásperos pero gentiles, sintiendo cómo el cuerpo de Kuea se retorcía en un escalofrío provocado por la frialdad de su anillo de compromiso entrando en contacto con la tersa piel caliente de su pecho. Acarició cada tramo de piel con suavidad, desde sus costados hasta la curva sútil de su estrecha cintura, sus dedos recorriendolo con tal adoración que la piel de Kuea no había tardado en erizarse bajo sus dedos, delatando lo ansioso que estaba por los toques de su prometido.
—Eres tan bonito… —suspiró Lian con un tono casi soñador, mientras sus manos bajaban al botón de los pantalones de Kuea para desabrocharlos—. Tan bonito y tan mío, ¿verdad, NuKuea? —cuestionó, su tono exigente y sus ojos feroces mientras sumergía su mano dentro de la ropa interior ajena.
Pudo apreciar la forma en que Kuea aguantó la respiración en el momento en que sus dedos entraron en contacto con su dura erección, envolviendo sus largos y elegantes dedos alrededor de la base con firmeza.
—H-hia… —La voz de Kuea salió como una advertencia, su mirada necia enfrentándose sin titubear a la de Lian.
Nada tenía que ver con la mirada dulce y dócil que había fingido en el comienzo de su relación, pues ciertamente Kuea no era nada sumiso a comparación de la fachada de Joven Maestro bien portado que había construido para "agradarle". Kuea Keraati era rebelde y travieso, pero sobre todo sumamente terco y orgulloso.
—Dilo, dí que eres mío, NuKuea —susurró Lian, con una sonrisa taimada mientras comenzaba a mover su mano sobre la palpitante erección de Kuea.
Kuea apretó los labios y desvió la mirada hacia otro lado, negándose obstinadamente a mirar a Lian y a responder a su demanda. Por su parte, Lian sonrió burlón y aceleró el vaivén de su mano sobre la hinchada erección de Kuea, viendo con satisfacción cómo el cuerpo ajeno se retorcía de placer.
—¿No piensas decir nada, querido NuKuea? —tarareó Lian, mientras inclinaba su cuerpo sobre el de Kuea para posar sus febriles labios sobre la sensible piel de su cuello.
Kuea pareció ahogarse con su propia saliva ante el toque y Lian supo que estaba a punto de ganarle a la terquedad de su prometido. Sabiendo eso, Lian casi arrancó la camiseta fuera del torso de Kuea para así poder continuar depositando un reguero de besos en cada tramo de la tersa piel, lamiendo y succionando para dejar posesivas marcas por doquier hasta casi hacer del cuerpo de Kuea una constelación de manchas rojizas. Y mientras su boca trabajaba arriba, su mano jamás detuvo sus rápidos movimientos sobre la erección de Kuea, acariciando el grueso falo y apretando su palma para dar una mayor sensación de estrechez.
—H-hia, por favor, n-necesito…
—Mhm, NuKuea, siempre tan exigente y sin dar nada a cambio —murmuró Lian, interrumpiendo la súplica de su prometido—. Yo podría darte todo lo que quieras, solo debes decir lo que yo quiero escuchar. Un trato justo, ¿no?
Un gemido agudo y roto salió de la garganta de Kuea ante sus palabras y Lian se deleitó con la imagen frente a sus ojos. Kuea lucía tan… exquisito. Con sus finas y oscuras cejas torcidas hacia abajo, sus gruesos labios (húmedos por la saliva) ligeramente separados dejando a la vista su lengua, sus hombros pálidos y llenos de manchas rojizas sacudiéndose en pequeños espasmos y su pecho ligeramente marcado subiendo y bajando en erráticas respiraciones.
Si la sensualidad tuviese que ser personificada, entonces definitivamente tomaría la forma de Kuea en ese mismo momento.
—S-soy tuyo, Hia, tu prometido. —Kuea por fin soltó, con sus manos cubriendo su rostro con algo de vergüenza.
—Eso es, eres un buen chico, ¿mh? —tarareó Lian, evidentemente complacido. Kuea no tardó en descubrirse el rostro solo para proporcionarle un manotazo y mirarle con ojos entornados—. Bueno, un buen chico pero solo de vez en cuando…
Kuea abrió los labios para protestar ante sus vergonzosas palabras, pero Lian no le permitió decir ni una palabra pues rápidamente se adueñó de sus labios con un beso duro y demandante. Kuea pareció derretirse como mantequilla bajo sus labios y Lian aprovechó que por fin se había relajado para quitarle los pantalones y la ropa interior, dejándolo completamente desnudo sobre la barra de la cocina.
—Espera, Hia, vamos a la habitación, a-aquí no...
—Aquí es justo dónde quiero follarte —interrumpió Lian, posando sus manos sobre los muslos de Kuea para separarle mejor las piernas—, porque dudo poder esperar un segundo más.
Kuea se mordió el labio inferior, luciendo algo inseguro por el lugar en dónde Lian quería consumar el acto. Pero tras compartir una mirada larga y profunda, Kuea asintió y se relajó por completo, confiando su cuerpo a las manos de su prometido. Daba igual, sabía que Hia Lian iba a cuidar de él aún así estuviesen en un lugar indigno, además, la cocina no era tan mal lugar, ¿cierto? Después de todo, allí había sido su segundo beso.
Por su lado, Lian se dedicó a recorrer cada rincón del cuerpo desnudo de Kuea con sus manos, acariciándolo como si estuviese adorando a una deidad divina. Cada curva, cada lunar, cada imperfección fue trazada por los largos dedos de Lian en un intento por memorizar cada detalle de la anatomía de Kuea, mientras sentía como las cortas uñas de éste se enterraban en la piel de sus hombros dejando marcas que en la mañana serían recuerdos de su acalorada noche juntos.
Sin dejar de besarlo con vehemencia, Lian tanteó con una de sus manos el bolsillo interior de su saco hasta encontrar lo que había guardado allí esa tarde: un pequeño sobre de lubricante. Al sacar el lubricante de su escondite, sonrió con arrogancia y se felicitó a sí mismo mentalmente por haber previsto aquella situación.
Bien decían que un hombre prevenido valía por dos.
Con rapidez, procedió a abrir con los dientes el sobrecito y derramó el frío líquido sobre tres de sus dedos, embarrandolos hasta que consideró que estaban bien húmedos. Sin más, le dió una última mirada a Kuea antes de deslizar su mano a través de su cuerpo hasta que sus yemas rozaron el pequeño borde oculto entre la redondez de su trasero y, con mucho cuidado, lo acarició tentativamente, viendo con atención todas y cada una de las reacciones que cruzaron por el rostro de Kuea.
—Oh, Hia —Kuea suspiró, sus ojos tornándose blancos y sus dedos enterrándose sobre los hombros de Lian para sujetarse de algo, lo que sea que le hiciera anclarse a su lugar.
Lian dejó un cuidadoso beso sobre la frente de Kuea antes de empujar su índice contra la ansiosa abertura, sintiendo la calidez y estrechez rodear su dígito inmediatamente. Para su buena suerte, el interior de Kuea seguía medianamente flexible gracias a que su última ronda de sexo había sido antes de ir al Gemini, por lo que fácilmente pudo deslizar todo su dedo dentro del anillo de músculos hasta que sus nudillos rozaron los glúteos pálidos de Kuea.
—Mhm, H-hia…
Los sonidos que abandonaban la boca de Kuea conforme Lian movía su dedo en su interior para prepararlo solo encendían la llama en su interior, el deseo corriendo por sus venas y expandiéndose por su pecho con tal fuerza que realmente tuvo que morderse la lengua para recordar que primero debía asegurarse de la seguridad de Kuea y no sólo empalarse en él. Pero, joder, era tan difícil cuando tenía a Kuea allí frente a él, completamente desnudo sobre la barra de la cocina, hecho todo un mar de gemidos y espasmos por el placer, mirándole con sus pequeños ojos oscuros y hambrientos que parecían rogarle para que lo tomara con fuerza en ese mismo momento.
Lian reconoció que era un hombre sumamente fuerte y con un autocontrol admirable, porque Kuea era como un pecado y no cualquiera podría resistirse de caer en esa tentación.
Dando una fuerte inhalación por la nariz, Lian torció su dedo dentro del interior de Kuea justo antes de agregar otro a la tarea, comenzando a empujar ambos dedos dentro de las calientes y tersas paredes interiores de su prometido, sin perderse de cómo los labios hinchados de Kuea se separaban ligeramente en un gemido silencioso. Tomando eso como motivación, Lian separó sus dedos en el interior de Kuea, estirandolo para que fuese capaz de tomarlo, para que pudiese recibir todo su tamaño y grosor, ajustándolo solo para él.
Tal pensamiento hizo arder su piel y todo el calor reunido en su cuerpo viajó a su miembro, poniéndose incluso más duro si eso era posible.
Sin dejar de mover sus dedos, inclinó su cuerpo para poder posar sus labios en el pecho de Kuea, su lengua saliendo para lamer aquel botón rosado y sensible, succionando con cuidado hasta que la punta se irritó por la fricción y la humedad, mientras que Kuea se reducía a ser un manojo de gemidos, incapaz de formular una palabra coherente.
Y es que Lian había aprendido cada truco para llenar de placer el cuerpo de Kuea, sabía qué parte tocar para volver a Kuea un desastre de gemidos y sudor. Por ejemplo, sabía que su prometido adoraba ser besado (mucho, sobretodo si había lengua de por medio), sabía que también le gustaba que le jalaran el cabello en una extraña fijación masoquista, sabía que sus pezones y su pecho eran su punto más sensible, oh, y no se olvidaba de que a Kuea parecía encantarle recibir chupetones en los muslos para luego verse en el espejo y encontrar las manchas en la piel que nadie más que ellos podía ver.
Diablos, había aprendido cada secreto del cuerpo de su prometido durante todo ese tiempo.
Guiado por el placer de hacer disfrutar a Kuea, empujó sus dedos con más fuerza en aquel agujero, sintiendo como las paredes se apretaban a su alrededor, como si quisieran succionarlo y llevarlo más adentro, más profundo.
—Hia, ya, p-por favor —exigió Kuea, con el rostro completamente rojo y el borde de los labios húmedos por su propia saliva.
—¿Seguro, NuKuea? No quiero lastimarte —murmuró Lian, mirándole indeciso ya que no había sido mucho el tiempo de preparación.
Porque Lian era así, podría estar envuelto en todo ese juego de castigos y dominancia que a veces usaba para provocar a Kuea, pero nunca se atrevería a hacer algo que lastimase a su prometido, ni siquiera para causarle placer.
—Hia, pude haberte tomado incluso sin que me prepararas, pero sabía que no ibas a acceder y por eso te dí el gusto —aseguró Kuea, con sus pequeños ojos ardiendo en deseo y fiereza.
Lian tragó saliva ante sus palabras, su manzana de Adán moviéndose de arriba a abajo. A veces, solo a veces, realmente le impresionaba lo audaz que podía llegar a ser su lindo NuKuea.
Lian mordió el interior de su mejilla y botó el aire fuera de sus pulmones quizás con demasiada brusquedad, antes de mirar de nuevo a Kuea, sus ojos luciendo ardientes y feroces. Sin darle una sola palabra, Lian tiró de las caderas de Kuea para bajarlo de la barra de la cocina y, cuando tuvo el cuerpo desnudo pegado a su pecho, le dió una sonrisa socarrona.
—¿Hia? ¿Qué…?
—Siempre tan desvergonzado, ¿no? Hia quería ser considerado con NuKuea, pero viendo su actitud creo que es mejor si trato al Joven Maestro Keraati como tanto desea —gruñó, su tono siendo ronco y bajo, casi peligroso.
Kuea tembló contra él, viéndole con ojos impresionados y ansiosos.
Sin decir más, Lian tomó los hombros de Kuea y lo giró, antes de empujarlo contra la barra de nuevo, dejándole con el pecho y la mejilla pegados contra el frío mármol. Pudo notar cómo los ojos de Kuea se abrían con impresión, probablemente sin haberse esperado que Lian lo pusiera en aquella posición.
Y es que Lian siempre dejaba a Kuea tomar el control en algún momento del sexo, pues al parecer a Kuea le encantaba colocarse a horcajadas en el regazo de Lian para besarlo o montarlo, demostrando siempre que podía luchar por el mando a pesar de ser quién era follado.
Pero así, con el pecho contra la barra y el culo levantado, Kuea no tenía ninguna oportunidad de hacerse con el control y eso, para su sorpresa, le hizo ponerse aún más duro si es que era posible.
—Mhm, mi NuKuea se ve tan exquisito desde esta posición —ronroneó Lian, sujetando las manos de su prometido tras su espalda.
Kuea gimió agudamente y trató de empujar sus caderas contra las de Lian, pero no obtuvo ningún contacto como quería. Por otro lado, Lian sonrió al ver la frustración reflejada en el ceño fruncido de Kuea y, sujetandole los brazos con solo una mano, desabrochó el botón de sus pantalones y los bajó junto a su ropa interior, pero solamente lo justo para liberar su erección.
No podía esperar más, quitarse la ropa sería desperdiciar tiempo.
—Hia, por favor… —se quejó Kuea, al sentir como la virilidad de su prometido se restregaba contra su trasero, pero sin hacer amago de penetrarlo.
Lian sonrió ante la urgencia en su voz y se inclinó sobre él hasta dejar su pecho pegado contra la espalda de Kuea y los labios rozandole la oreja.
—Tranquilo, NuKuea, no seas impaciente —murmuró con voz ronca, mientras movía su cadera para rozar la punta de su erección contra los muslos temblorosos del baterista—. Debes aprender a ser más obediente, ¿no crees? No creo que sea bueno provocar celos en Hia cuando estamos en público —susurró, antes de lamer la oreja de Kuea con coquetería.
—No lo haré de nuevo, pero por favor, Hia, solo...
—Haz sido tan malo con Hia, provocandolo incluso con nuestros propios amigos, ¿eso no te hace un mal prometido? —ronroneó, su miembro rozando el agujero de Kuea tentativamente, pero sin entrar en él—. Debería castigarte, dejarte aquí y no follarte por meses, quizás así...
—Lian Kilen Wang, follame ahora mismo o voy cancelar nuestra maldita boda —gruñó Kuea, cortando toda la perorata provocativa de Lian.
Lian soltó una carcajada ante la agresiva respuesta de su prometido pero se dispuso a complacerlo, después de todo solo había querido molestarlo. No se veía a sí mismo cumpliendo con sus amenazas.
Con cuidado alineó su erección contra el borde resbaladizo y enrojecido, sumergiéndose lentamente dentro del cuerpo de Kuea cómo si fuese justo allí dónde pertenecía. Apretó los dientes completamente abrumado por el placer de aquella estrechez rodeando su polla dura y goteante, el calor aglomerandose en su mente y dejándole incapaz de pensar con coherencia. Ah, poseer a Kuea Keraati siempre iba a sentirse como una experiencia nueva, como si fuese la primera vez que lo tomaba y lo hacía suyo.
Avanzó centímetro a centímetro hasta que estuvo completamente dentro de Kuea, su cadera pegada a los glúteos redondos y pálidos. Oh, aquella posición hacía que todo se sintiese más.
Más intenso, más profundo, más apretado.
La intensidad de su propio pensamiento lo obligó a pegarse más a la espalda de Kuea, como si quisiera fundirse sobre él, ser uno solo, meterse bajo su piel y nunca más separarse. Porque, oh, podía sentir cómo las paredes de Kuea se amoldaban alrededor de su polla, casi como si estuviesen hechos para encajar perfectamente como piezas de rompecabezas. Y era tan satisfactorio que no pudo frenar sus caderas cuando estas se movieron rápidamente, dando la primera embestida.
El melodioso gemido de Kuea fue como música para sus oídos, música que solo él podía escuchar y que nunca compartiría.
Y que los fans de Kirin le disculparan, pero él era el fanático con más privilegios, pues no solo podía escuchar a Kuea sobre el escenario, sino también entre sus brazos cuando lo hacía suyo.
Impulsado por esos pensamientos, apretó el agarre sobre las muñecas de Kuea y volvió a embestir con más fuerza, la cocina rápidamente llenándose del ruido que hacía su pelvis al impactar contra las nalgas de Kuea como una sinfonía perversa. Lo folló así, duro y profundo, su miembro enterrándose en el agujero de Kuea con tal ímpetu que el borde de su entrada comenzaba a hincharse y enrojecerse por la constante fricción, luciendo como el frágil capullo de una rosa a punto de florecer.
Era una vista magnífica la que tenía desde su posición. La espalda de Kuea arqueada en una perfecta curva, sus glúteos enrojecidos rebotaban con cada embestida, sus muslos temblando ante el estímulo, su cabello largo pegado a la base de su nuca por el sudor y sus hombros llenos de chupetones sacudiéndose de una forma seductora.
Era precioso, una imagen digna de ser enmarcado.
Por su parte, Kuea sentía que podría morir en ese momento y lo haría feliz. El arrastre del miembro en su interior era magnífico, tan intenso y perfecto que sentía que iba a correrse en cualquier momento sin siquiera haber tocado su propia erección. Cada empuje era certero y a Hia Lian no le había costado encontrar su punto dulce, por lo que con cada embestida podía sentir la punta de la polla de Hia Lian estrellarse contra su próstata, llenándolo de escalofríos y volviéndolo un completo desastre de extremidades flojas.
De sus labios salían los sonidos más obscenos que jamás imaginó emitir, su cuerpo entero respondía a cada movimiento de Hia Lian como si estuviesen conectados y en completa sintonía. Tan lleno de placer que el ardor inicial de la penetración había sido olvidada casi al instante, pues Hia había sabido tocar las partes correctas de su cuerpo para reemplazar el dolor con la pura dicha. Y es que sentirlo dentro, abusando de su maltratado agujero, acariciando cada centímetro de su interior como si hubiese sido hecho para recibirlo, era simplemente magnífico y lo llenaba de una satisfacción que le hinchaba el pecho y le ponía la piel de gallina.
—Hia, Hia, por favor...
Los gemidos de Kuea se volvieron tan ruidosos hasta rozar lo vergonzoso, pero por más que quiso reprimirlos no pudo, pues el placer era tanto que incluso sentía sus piernas tan débiles y temblorosas que tenía miedo de desplomarse sobre el suelo. En un momento en que Hia Lian le soltó las muñecas, Kuea tuvo que aferrar sus manos al borde de la barra, mientras sentía como el objeto duro en su interior lo penetraba como si quisiera romperle las caderas y atravesarlo. Era demasiado, pero no se atrevía a pedirle a Hia Lian que se detuviera, así que simplemente se aferró a la superficie de mármol y cerró los ojos con deleite, dejando que su Hia lo poseyera a su antojo.
Su cuerpo entero estaba cubierto por una delgada capa de sudor que perlaba su cuerpo hasta hacerlo brillar como una fina pieza de porcelana, su mejilla al principio había estado fría gracias al mármol de la barra pero con toda la actividad se había calentado tanto como si tuviese fiebre y sus cabellos ya se habían hecho toda una maraña ondulada y despeinada.
Ah, eran un desastre.
Y es que, cualquiera que entrara a la mansión Kilen se encontraría con Kuea Keraati completamente desnudo y sometido sobre la barra mientras Lian Kilen Wang lo follaba aún con el traje puesto (aunque claramente desordenado y arrugado), lo cual no era una escena común ni muy glamorosa, pero a ninguno parecía importarle.
No cuando sentían el placer y el calor arremolinarse en el sur de sus cuerpos, anunciando que pronto llegarían al orgasmo.
Ante eso, Lian apretó el abdomen y aceleró el movimiento de sus estocadas, sintiendo como sus testículos se apretaban a punto de liberarse. Quiso aguantar un poco más hasta que Kuea también se corriera para llegar al orgasmo juntos, pero no pudo soportar más cuando sintió como el agujero de su prometido se apretaba a su alrededor como si buscara tenerlo más profundo.
—N-NuKuea...
Inevitablemente se corrió, tan intenso e inesperado que ni siquiera le dió tiempo a retirarse para no manchar a Kuea, el líquido espeso chorreando desde el interior hasta escurrirse por los muslos temblorosos.
Tuvo que apoyar su frente sobre la espalda de Kuea para tomar una bocanada de aire e intentar recuperar el aliento, su ritmo cardíaco tan acelerado que temía que el corazón se le saliera del pecho en cualquier momento.
—Te amo, NuKuea —susurró Lian, llevando su mano a la erección de Kuea para ayudarle a llegar al orgasmo.
—Mhgg, H-hia, yo también te amo —jadeó Kuea, sintiendo a su prometido masturbar su hinchada erección.
No hizo falta de muchos movimientos antes de que llegara al clímax y sus fluidos terminaran goteando por su abdomen y parte del suelo. Ante eso, todo su cuerpo se relajó a tal punto de que parecía una muñeca de trapo sobre la barra de la cocina, con los labios ligeramente abiertos para tomar bocanadas de aire y el rostro tan rojo como una manzana madura.
Ah, eso había sido tan intenso.
—¿Estás bien, NuKuea? —murmuró Lian después de varios minutos tratando de recuperar aliento, mientras acomodaba su miembro satisfecho dentro de sus pantalones y trataba de organizar el desastre de su traje.
—Mnn, si, solo demasiado cansado para levantarme e irme a la cama —se quejó Kuea, todavía boca abajo sobre la superficie de mármol.
Lian rió enternecido al ver cómo su perezoso prometido parecía dispuesto a quedarse dormido sobre la barra. Se acercó para darle un suave beso sobre sus cabellos húmedos antes de levantarlo entre sus brazos al estilo nupcial, acunando su cuerpo desnudo y sensible con cuidado mientras se hacía camino hasta la habitación principal.
—Iré a limpiar el desastre. Descansa, cariño —susurró Lian, acomodando el esbelto cuerpo de Kuea sobre el colchón y asegurándose de taparlo correctamente con las suaves sábanas.
—Mhm, no tardes, quiero dormir de cucharita —suspiró Kuea con un puchero en los labios, Lian rió de nuevo ante la actitud caprichosa y consentida de su prometido.
—Bien, no tardaré —aceptó, besando con ternura la esponjosa mejilla de Kuea un par de veces, sabiendo que al joven le gustaba ser mimado justo después del sexo.
Cumplió su promesa de no tardarse, limpió el desastre de fluidos en la cocina lo más rápido posible y no se olvidó de poner la ropa sucia de Kuea en el cesto de la lavandería. Para cuando regresó a la habitación Kuea todavía seguía medio despierto, con la mitad de la cara hundida en la almohada y la sabana cubriendole hasta el hombro mientras se acurrucaba en una pequeña bolita. Lian sonrió ante la adorable imágen y procedió a darse una rápida ducha para lavar los fluidos de su cuerpo, hubiese obligado a Kuea a lavarse también, pero el pobre estaba tan cansado que prefería dejarlo descansar, ya mañana se ducharia. Cuando terminó se puso la pijama y rápidamente se metió a la cama al lado de su prometido, rodeandole la cintura con los brazos y enredando sus piernas juntas.
—Te amo, Hia. —El murmullo de Kuea salió tan bajo que si no fuese por la cercanía, Lian no lo hubiese escuchado.
Lian sonrió ante las modorras palabras de su prometido y dejó suaves besos por todo su rostro, permitiendose recorrer cada parte de la cara ajena con ternura y cariño, antes de responder:
—Yo también te amo, NuKuea.
Se amaban, eso ni los pequeños celos de Lian Kilen Wang podrían cambiarlo.
Kuea suspiró satisfecho al bajar del escenario del Gemini justo después de haber terminado su presentación. Un poco de sudor le bajaba por la frente y la nuca por el esfuerzo de haber tocado la batería durante tres canciones seguidas, pero no le tomó verdadera importancia, no cuando le urgía llegar a su prometido.
Lian le miraba atento desde su sofá habitual alejado del escenario.
—¡Eso fue magnífico, Kirin! ¡Eres realmente asombroso! —dijo uno de sus fans, pues había sido interceptado por un pequeño grupo de gente nada más bajar.
Kuea les sonrió agradecido y dió pequeñas reverencias en muestra de su gratitud, después de todo él se debía a sus fans.
—Debería ser un delito que un chico tan guapo toque tan bien la batería, ¿no creen? Debes ser excelente con las manos.
Kuea rápidamente miró a la persona que dijo eso y alzó una de sus cejas al ver que se trataba de un joven de casi su misma edad, bien parecido y con una sonrisa confiada. No era el mismo de la noche anterior, ese que él y Hia Lian habían ahuyentado, pero definitivamente parecían igual de valientes al atreverse a coquetearle a pesar del evidente anillo de compromiso que brillaba en su dedo anular.
Porque Kuea no era tonto, sabía reconocer cuándo alguien intentaba coquetearle (había captapado las intenciones de Nuer nada más mirarlo), que se hiciese el tonto era muy distinto. Después de todo, solía aceptar con cierta indiferencia y fingida ingenuidad los coqueteos, pero solo para ver la reacción que su querido Hia Lian tendría.
Pero el malestar en su cadera y el ligero dolor en su trasero fueron un buen recordatorio de las consecuencias que traían intentar poner celoso a su prometido (en serio, ese día había despertado con la mitad del cuerpo entumecido y la piel del pecho plagada de manchas posesivas), por lo que le sonrió sin ganas al chico y trató de esquivarlo.
—Gracias por su apoyo, ahora debo irme —dijo con tono educado, antes de dar un paso lejos del grupo.
—¿Tan rápido? Te puedo invitar una copa y así hablar un poco más —insistió el fanático atrevido que intentaba coquetearle.
—No, gracias, debo irme…
—Anda, por favor, solo una copa —El insistente hombre le bloqueó el paso con su cuerpo, impidiendo que Kuea pudiese dirigirse hacía su prometido.
—Me encantaría, lo juro, pero me están esperando —bufó Kuea con tono ligeramente exasperado, pues la perseverancia del hombre era irritante.
—No creo que la persona que le espera se enoje si se toma el tiempo para aceptarme una copa, ya...
—Pues si me enoja, él ya te dijo que no —La voz de Lian hizo acto de presencia y automáticamente Kuea sintió que su corazón se agitaba de júbilo al verlo.
—¡Hia!
Kuea rápidamente hizo a un lado al hombre que le interceptaba, usando quizás un poco más de fuerza de la necesaria, para poder lanzarse a los brazos de su prometido con entusiasmo. No le importó recibir la mirada curiosa de todo el grupo de fanáticos a su espalda, él simplemente enterró el rostro en el pecho de su Hia y se colgó de su cuello como un pequeño koala.
—¿Todo bien? —murmuró Lian sobre su oído, evidentemente preocupado por el hostigamiento del hombre.
Kuea asintió y suspiró satisfecho de sentir las manos cuidadosas de su prometido acariciarle la base de la espalda, casi como si supiera que todavía le dolían las caderas por la actividad de la noche anterior.
—Disculpen, mi prometido y yo debemos irnos, gracias por apoyarlo —Lian dijo con tono tenso pero bastante educado, sonando casi tan elegante como un príncipe.
—No se preocupe, señor Kilen, ¡que tengan una linda noche! —dijo una chica, que miraba con ternura a la pareja, casi echando corazones por los ojos.
Aún desde su posición Kuea le dió una última mirada engreída al tipo que había tratado de coquetearle, antes de separarse de su Hia para caminar lejos de ahí. Por la cara que puso el hombre, estaba seguro de que no solo había visto su expresión, sino que muy probablemente Lian también le había dedicado una mirada, aunque apostaba que, en cambio, la de él se trataba de una cara amenazante y fría.
—Ah, todos quieren robarse a mi NuKuea —suspiró Lian cuando ambos estuvieron fuera del Gemini, mientras le pasaba un brazo alrededor de la cintura y le depositaba un suave beso en la sien.
Kuea rió y apoyó la cabeza en el hombro de su Hia, antes de juguetear con la linda corbata que hacía juego con el elegante traje que vestía esa noche.
—Ah, mi Hia siempre tan celoso —canturreó Kuea con una sonrisa traviesa en los labios, antes de alzarse sobre la punta de sus pies para poder depositarle un dulce beso sobre los labios—. No te preocupes, nadie podrá robarme de ti.
Y Kuea no mentía, aunque su Hia fuese un poco celoso, nada iba a separarlos nunca, habían pasado por demasiadas cosas cómo para que eso rompiera su relación. Menos si esos pequeños celos terminaban con sexo maravilloso en la cocina (o en cualquier superficie, no se quejaba).
Por él, su celoso Hia podría seguir haciendo de las suyas siempre que quisiera.