Nada tiene sentido
Hay una gran cena familiar donde supuestamente se está celebrando el cumpleaños número 22 de Harry, un omega que se encuentra cabizbajo, incómodo y aburrido.
La conversación gira en torno al próximo ingreso de su hermano Simón, de 18 años, a la universidad, a estudiar un pequeño curso de cocina, costura y buenos modales, exclusivo para omegas que estén en edad de contraer matrimonio.
Los brindis son ruidosos, es mucha gente la que vino a compartir la fastuosa cena. Tíos, primos, abuelos, amigos y socios conviven en medio de alegres conversaciones, noticias y risas. Apenas se escuchan algunos comentarios, negativos por cierto, sobre la titulación en unos días de Harry, de la carrera de Ingeniería en Física.
No importa que sea el mejor de su clase, ni que sus profesores ni sus compañeros le tengan un afecto sincero. Tampoco que sea respetuoso, agradable, divertido o sencillo. Para su familia jamás será un buen omega, porque no era sumiso, no agachaba la cabeza ni aceptó a los alfas que intentaron imponerle; es independiente, genuino, amable y alegre. El gran problema de Harry es que jamás será como su hermano.
Simón es bastante más bajo de estatura, su pelo es rubio, sus ojos de color miel y frente a los ojos de la familia, era el ideal de un omega: tranquilo, correcto, siempre obedecía en todo, jamás cuestionaba, no miraba a los ojos a los alfas, se vestía con recato.
Pero Harry que lo conocía perfectamente, sabía que era una mentira. Hasta que tuvo 15 años fueron inseparables, hacían todo juntos, se amaban incondicionalmente. Todo empezó a cambiar cuando Simón se dio cuenta de que era muy fácil manipular a sus padres. Aprendió a fingir dolor y lágrimas, y a inventar excusas. Era flojo y grosero, acostumbraba a apestar todos los espacios con su aroma a rosas, que era demasiado intenso, y sobre todo en los días de calor era insoportable. Pero jamás le llamaron la atención ni lo obligaron a usar supresores, porque Simón llorando les suplicó que respetaran su necesidad de no dañar su capacidad reproductiva y poder ser un buen omega para su alfa. Sus padres no pudieron negarse frente a tan poderosa razón.
En cambio a Harry, que tenía un delicioso y suave aroma a frambuesas recién cosechadas, lo obligaban a ocultarlo porque le molestaba a Simón, y eso era resultado de la envidia feroz que le tenía.
Odiaba no tener la estatura de Harry, ni sus rizos ni sus ojos, o su sonrisa, sus hoyuelos, su voz grave un poco hipnotizante y sobre todo, odiaba no poder transmitir con su mirada esa dulzura intensa, sincera y cálida.
Alguna vez, Simón se enamoró de un bello alfa bastante mayor, que solo se acercó a él para preguntarle por su perfecto hermano. A pesar de mentirle, y pintar a Harry como el ser más despreciable de la tierra, el alfa solo se interesaba más y más, pero finalmente desistió cuando se dio cuenta de que el omega de sus sueños ni siquiera sabía de su existencia.
Entonces, como no puede ser como su hermano, tendrá todo lo demás: atención admiración, amor, aunque eso signifique el sufrimiento de Harry.
—Olvidé decirte Harry, —dijo su padre Cameron una vez que los invitados se retiraron, —que he decidido que para tu próximo celo buscaré a un alfa y se irán a una residencia. Tu último episodio fue realmente algo espantoso y desagradable. Ni siquiera puedes tener un celo decente, eres un omega, deberías ser recatado y no comportarte como la peor meretriz, —escupió con asco.
—Deberías aprender de Simón, sus celos son perfectos, tan pudorosos y castos. Él podrá decir con orgullo que conservó su virtud para entregarla a su futuro esposo como corresponde, —fue el turno de su mamá, Delphine. —Ojalá y ya te cases o te puedas ir de aquí, se supone que para eso te pagamos una carrera. Todas mis amigas han tenido la desagradable experiencia de escucharte durante tus celos, qué vergüenza.
—¿Cuándo debe llegarte? —Preguntó su papá.
—Pasado mañana, el viernes.
—Perfecto, mañana en la tarde el chofer te llevará y volverá por ti el lunes en la tarde.
—Gracias padre, me conmueve tu preocupación, —contestó sarcástico.
—No empieces Harry, —advirtió Cameron, —acuérdate de que puedo echarte como a un perro pulgoso.
—Lo sé, créeme que no lo he olvidado, y yo te recuerdo a ti que tengo plazo de dos meses a contar de hoy para irme. Seré el más feliz de largarme, con permiso, —dijo levantándose y saliendo hacia su habitación.
Estaba hastiado, no tenía ni un poco de cariño por su familia, aunque no siempre fue así, fue algo que aprendió con cada desplante y humillación. Si se había quedado y seguía aguantando fue porque necesitaba terminar su carrera, eso le daría herramientas para mantenerse y vivir solo. Había dejado de creer en los alfas, así como en los destinados y en las marcas. A pesar de su edad, nunca ha besado y menos tenido sexo. La noticia que le dio su padre lo tiene aterrado, nunca imaginó que su primera vez sería con un desconocido, al que no volvería a ver, y que se aprovecharía de su celo.
Sabía que era un proceso natural y que el suyo era excesivamente intenso, pero lo que para los demás era la máxima expresión de la lujuria, para él era una tortura debido al dolor espantoso en todo su cuerpo. A veces lograba calmarlo metiéndose en una tina con agua y hielo, pero eso muchas veces se transformó en gripes fuertes con fiebre descontrolada, y que debido a su mala relación con su familia, debía cuidar solo.
Nunca entendió bien lo que pasó con su hermano, su odio le dolió por muchos años y hasta el último momento esperó que las cosas volvieran a ser como antes. Sin embargo, eso no pasó y cada vez se puso peor. Le dejó pasar todas sus palabras cargadas de veneno, que le quitara sus cosas más preciadas, que le pusiera sal en su café o azúcar a su cena, vinagre en su copa de vino o detergente en su tostada con miel. Que rompiera su ropa o que una vez, mientras dormía, le cortara la mitad de sus preciosos rizos. Muchas veces en pleno invierno, cuando llegaba cansado de sus clases, le tiraba una cubeta con agua solo por el placer de verlo tiritar de frío. Le hacía zancadillas y lo empujaba cada vez que podía.
Tuvo que aprender a vivir en una alerta constante y era agotador. Mantenía ahora todas sus cosas bajo llave, a pesar de los reclamos de su padre que pensaba que Harry desconfiaba de ellos y eso era de las peores humillaciones, sobre todo para un alfa viniendo de un simple omega que era su vergüenza.
Definitivamente detestaba a su familia, pero a su hermano lo odiaba. Jamás le haría daño, pero era imposible no sentirse de esa manera con Simon, se lo ganó a pulso.
Con un gran suspiro preparó su mochila para cuando el chofer lo pasara a buscar. Más que nada llevaba antinflamatorios y analgésicos, incluso pastillas para dormir que consiguió con ayuda de un compañero de clases. También muchas barras de su chocolate favorito, su jabón personal y dos mudas de ropa.
Terminando su celo empezaría a buscar trabajo para poder irse lo antes posible. A escondidas de todos, logró ahorrar una fuerte suma de dinero, debido a trabajos que hacía en la misma universidad, desde ayudar en la cafetería o en la biblioteca, hasta limpiar las salas o los baños. También hizo ayudantías y enseñaba algunas materias a alumnos de cursos inferiores. El dinero ganado le serviría para vivir tranquilamente unos seis meses, pero quería irse con la seguridad que le daba un trabajo estable, aunque fuera por horas o con un sueldo bajo.
Pensó tontamente en dejar esa casa antes que tener que entregarse a un alfa por el que no sentía ni un poco de afecto. Pero hacerlo era realmente estúpido. Un omega en la calle iba a ser presa fácil de abusos y violaciones por parte de alfas sucios y degenerados que podrían, incluso, matarlo. En la residencia, en cambio, estaba a salvo. Era un lugar pagado por su familia, y los alfas que ayudaban en los celos eran seleccionados exclusivamente. Se les exigía exámenes, incluso psicológicos y había un control estricto para que no se sobrepasaran y respetaran a los omegas. Tenían, además, acceso a comidas, bebidas, y juguetes sexuales. Era casi un paraíso, si no fuera porque en el momento del celo, el consentimiento estaba en la delgada línea del ardor sexual y eso a Harry le causaba un conflicto profundo.
No salió de su habitación hasta el momento en que le avisaron que esperaban por él. No se despidió, no era necesario ni le interesaba, aunque en el fondo de su corazón esperaba que su padre cambiara de opinión, pero no pasó.
El lugar era bastante lindo, tenía las habitaciones separadas por pequeños jardines muy bien cuidados. El cuarto que le dieron era el más básico de todos, pero incluso así era agradable. Una cama esponjosa, una gran tina, toallas limpias, una cesta con dulces, otra con cosas saladas, agua por litros y algunos muebles preparados especialmente para hacer más fácil y placenteras algunas posiciones sexuales.
Sacó de su mochila todas las cosas, y dejó a mano sus pastillas y también sus anticonceptivos, que guardaba siempre por si acaso. No es que nunca pensó en sexo, claro que sí, disfrutaba mucho de masturbarse, pero las relaciones casuales no eran lo suyo, menos con la actitud de la mayoría de los alfas que se le acercaron, completamente dominantes y un poco abusadores. Rogaba porque su compañero de celo fuera por lo menos amable y delicado, y no le hiciera daño. Se metió al baño a revisar y se quedó extasiado mirando y oliendo las sales para la tina. Había una deliciosa, con un aroma cítrico y fuerte y otra de frambuesas como él que amaba su olor por sobre todas sus características.
Estaba en eso, cuando sintió la puerta abrirse y cerrarse, haciendo que su corazón saltara de angustia.
Se asomó y lo que vio, hizo temblar sus piernas.
El alfa estaba de espaldas, observando el lugar. Llevaba unos ajustados jeans que marcaban sus gruesas piernas, zapatillas, y una polera sin mangas que le cubría más abajo de las caderas. Pelo corto y desordenado y una chaqueta azul en la mano, junto a una mochila.
—Hola, —saludó intentando no asustarlo, pero fracasó al ver como el alfa se colocaba la mano en el pecho.
—Hola, debes ser Harry, ¿verdad? —Preguntó. —Soy Louis. —Se presentó, y estiró su mano.
—Sí, soy Harry, —contestó intentando sonreír.
Era terriblemente incómoda la situación, ninguno sabía mucho qué hacer o de qué hablar. Lo único de lo que tenían certeza, era que se habían gustado físicamente y que el aroma del otro era deliciosamente perfecto. ¿Sintieron que eran destinados? Sí, pero ninguno creía en eso ya, y les pareció estúpido pensarlo, era mejor desechar esa idea.
—¿Llevas mucho tiempo en esto? —Cuestionó Harry, intentando no sonar entrometido.
Louis sonrió. —No, de hecho es mi primera vez en este trabajo, —respondió avergonzado.
—¿De verdad? —Preguntó Harry asombrado. —Pero, ¿por lo menos tienes experiencia pasando celos con algún omega? No quiero que esto parezca un interrogatorio, pero quisiera saber si vas a ser de ayuda o no.
—No te preocupes. No tengo experiencia, pero creo que no puede ser tan difícil, si básicamente es algo natural entre alfas y omegas. Tendrás tu celo, tu aroma será intenso, eso provocará que quiera tomarte y lo haré si así lo deseas. Si no, puedo ayudarte con baños de agua fría, alguna comida o cuidando tu sueño, lo que menos haré será aprovecharme de ti.
Harry lo miró fijamente, dudando de esas palabras. —¿Y por qué debería creer algo así? Hay una razón para tener este trabajo, o me vas a decir que un día despertaste y dijiste, voy a ir a presentarme a las residencias para omegas.
—Jajajaja, pues aunque te cueste creerlo, así fue. Mira Harry, no me interesa mentirte, no tendría sentido y aunque no debería contarte sobre mi vida, lo voy a hacer para que quedes tranquilo. —Se sentó en una mecedora y tomó un paquete de galletas que comió mientras hablaba. —Vengo de una típica familia adinerada y de buenas costumbres, donde los alfas hacen y deshacen a su gusto. Era el favorito de mi padre, me enseñó solo mierda, y lo entendí cuando supe que engañaba a mi madre desde que estaba embarazada de mí. Me largué de esa casa, aunque sigo en contacto con mi mamá y mis hermanos. He trabajado de todo lo que puedas imaginar: limpiando, haciendo trámites, enseñando, cuidando bebés, paseando perros, en una peluquería, fui asistente de un escritor, me he prestado para ser la pareja de algún omega en eventos sociales... ¿Y por qué? Porque quiero probar todo lo que pueda en este mundo, puedo hacerlo. —Contó muy tranquilo. —Qué me dices de ti, ¿por qué estás aquí?
—¿De verdad existe un trabajo como el de acompañante de eventos sociales?
—Te sorprenderías de la cantidad de trabajos extraños que existen. Hay muchos omegas a los que se les exige ir acompañados a alguna reunión, por temor a que inciten a los alfas. Sí, sé que es ridículo, —explicó al ver la cara desfigurada de Harry, —pero así funciona, es triste.
Cerca de diez minutos estuvo el omega contándole su propia historia, hasta que de pronto, Louis sintió cómo el delicado aroma a frambuesas se volvía más intenso. —Harry, no me has dicho cómo puedo ayudarte, tu celo está comenzando.
—Pastillas, agua fría, chocolate... —Alcanzó a decir antes de caer al piso víctima de una fuerte contracción. —Pase lo que pase, por favor no me tomes... Te lo suplico.
—¿Puedo tocarte? ¿Masturbarte?
—Sí, sí puedes...
Louis corrió por una botella de agua casi congelada, le colocó dos analgésicos en la boca y lo ayudó a beber. Lo levantó y lo acostó, y se asustó al sentirlo tan caliente, incluso con la ropa puesta. Estaba ardiendo, literalmente. Lo desnudó y jamás imaginó que sería tan difícil controlarse, estaba sobreexcitado, a punto de volverse loco. Ninguno de sus celos había sido tan estimulante, pero Harry era especial, lo supo apenas lo vio y sintió su aroma. Ese cuerpo adolorido era perfecto, tan suave que se le hizo agua la boca y su erección dolía espantosamente. Pero se comprometió a cuidarlo, y aunque le costara la vida, iba a cumplirlo.
Harry se retorcía de dolor y eso le ayudó a bajar sus revoluciones sexuales, le conmovía lo horrible de su celo. Fue al baño a preparar la tina con agua fría, y le agregó cubetas de hielo y un poco de esencia de lima limón para que fuera más refrescante. Fue a buscarlo y lo llevó en brazos, dejándolo cómodamente en la tina. Un suspiro de alivio salió de los labios del omega, reconfortando al lobo de Louis en lo más profundo de su ser. Increíblemente la mejoría duro muy poco, por lo que lo sacó del agua que estaba a punto de ebullición. Muy consciente de la fragilidad de los omegas, secó con infinito cuidado su cuerpo y su pelo. Le hizo tomar dos pastillas antinflamatorias con una botella completa de agua y una barra de chocolate.
Los ojos de Harry estaban rojos, pero lo más impactante, era la tristeza que demostraban.
—¿Puedes escucharme? ¿Hay algo que necesites? ¿Cómo puedo ayudarte?
—Alfa... tómame... —Gimió con la voz rota, liberando descontroladamente su aroma a frambuesas, que se volvió dulce y almibarado, enloqueciendo al lobo de Louis.
Sabía que dependía de él, más allá de que eseerasu trabajo y de que estaba al borde de la locura, era su responsabilidad cuidar de Harry. Fue por una fuente de agua con hielo, y con una toalla lo iba enfriando. Cuando fue insuficiente, pensó que quizás marcarlo con su propio olor podría calmarlo. Era definitivamente un celo extraño, cualquier cosa podría funcionar.
Se acostó con el torso desnudo, y llevó hacia su cuerpo el de Harry. La sensación de sus pieles tocándose fue mejor que cualquier otra cosa que conoció. Su piel estaba misteriosamente fría, lo que llevó al omega instintivamente a acurrucarse en el pecho del alfa, que liberó su aroma a lima limón con muchas notas amargas, equilibrando el dulzor de la frambuesa. Asombrosamente, y contra cualquier pronóstico, Harry se durmió y la temperatura de su cuerpo bajó considerablemente. Pasaron cuatro horas en esa tranquilidad, cuando Louis tuvo la urgencia de ir al baño y comer algo antes de morir de hambre.
Con todo el cuidado del mundo se separó y corrió. Por más rápido que se movió, Harry comenzó a quejarse y su temperatura subió una vez más, en cosa de segundos. Se apuró, y tomó al paso una cesta con bocadillos y agua, y prácticamente se lanzó a envolver en sus fuertes brazos al omega, que se calmó en ese mismo momento.
En esas horas que lo tuvo así, pegado a su cuerpo y en las que solo podía escuchar esa respiración suave, supo y entendió que Harry era suyo. Su lobo estaba alerta, atento para cuidar al omega cada segundo, anulando su deseo sexual. Podía jurar que eran destinados y afortunadamente tenía los medios para protegerlo y ofrecerle una vida libre de carencias y llena de mimos. Solo esperaba que Harry se sintiera igual y lo aceptara.
Sabía que el amor aparecería a medida que se conocieran más, si es que eso que tenía a su corazón bombeando con velocidad, no lo era ya.
El celo de los omegas duraba dos días y el de los alfas, tres. Pero el de Harry duró solo uno, en el que únicamente durmió arrullado por el olor, la piel y las palabras de Louis.
El domingo en la mañana despertó el omega sintiéndose mejor que nunca. Le extrañó tener los brazos de Louis apretándolo con tanta fuerza, pero tuvo que reconocer que eso le provocó una deliciosa sensación.
—Buenos días omega, —saludó Louis.
—Buenos días alfa, —respondió Harry, turbado por la manera en que se habían llamado.
—¿Cómo te sientes? ¿Te duele algo? ¿Tienes sed? ¿Quieres comer?
—Tengo mucha hambre, pero, ¿qué pasó? ¿Es lunes ya? —Preguntó confundido.
—Apenas empieza el domingo, tu celo duró un día en el que básicamente dormiste en mis brazos, marcado con mi olor.
—Lo siento mucho si te incomodé o si hice o dije algo indebido, —se disculpó intentando salir de ese lugar tan cómodo.
—Harry, no te alejes, por favor, —rogó. —¿No sientes lo mismo que yo? ¿Qué hay algo que nos une? ¿Qué eres mi omega?
—Claro que no, —respondió mintiendo, asustado de lo que pasaba en su cuerpo. —Creo que estás confundido, quizás mi celo fue muy extraño y estás imaginando cosas.
El corazón de Louis se rompió, se sentía como un estúpido. —Perdón, creo que me voy a arreglar para irme, no tiene sentido que me quede si ya terminó tu celo, —dijo levantándose, con su piel doliendo por separarse del cuerpo del que pensó, era su omega.
Harry se cubrió con una manta, no se había dado cuenta de que estaba desnudo y peor que eso, que estaba completamente mojado en lubricante. Vio a Louis moverse, aun con su pecho sin cubrir y por primera vez sintió cómo se contraía su miembro, provocándole casi una humillación. Su lobo estaba triste, reclamaba a su alfa, su calor, su presencia, pero Harry se negaba a aceptar que era verdad que existían los destinados y que era tan fuerte la conexión, que no sabía cómo iba a vivir sin Louis.
—Estoy listo, ¿hay algo más en que pueda ayudarte? —Preguntó manteniendo la distancia.
—Gracias por cuidarme y por respetarme, —contestó sin mirarlo. —¿Me das un abrazo?
Y la lucha de Louis en su interior fue desgarradora, no quería ni necesitaba más acercamiento con ese omega que en un minuto lo destruyó. —Prefiero que no, no quiero confundirme más, —contestó recordando esas palabras.
—Tienes razón, que te vaya bien... —Se despidió esperando algo, una señal, cualquier cosa que detuviera ese momento.
—También a ti, espero que puedas salir pronto de esa casa y encontrar un trabajo... y que seas muy feliz. —Se dio media vuelta, abrió la puerta y salió.
—No te vayas, —gimió despacio, sintiendo que le faltaba el aire. Se acurrucó en la cama, buscando desesperado el olor de Louis y con su cuerpo temblando de pena. No recuerda cuándo comenzó a llorar, pero no podía detenerse. Su lobo se envolvió en una pena infinita, despedazado. Su alfa, por quien soñaba, al que esperaba, había salido por esa puerta por su culpa.
Pronto un aroma demasiado conocido llegó a su nariz, calmándolo de inmediato.
Louis había vuelto, en realidad nunca se fue, no podía, aunque Harry no lo aceptara, él iba a estar a su lado lo que más pudiera. Se acercó a la cama y acarició los rizos suaves.
—No llores, ¿por qué estás tan triste? ¿Te duele algo? ¿Necesitas un...?
—A ti... Alfa... Eres mi alfa, —interrumpió sonriendo en medio de sus lágrimas, y sintiendo cómo volvía a la vida. —Perdón por tener miedo, por decirte eso, por pedirte que te alejaras.
—¿Estás seguro amor? No quisiera que te arrepintieras, que después...
Y Harry lo besó, lo besó torpemente mientras envolvía sus brazos en su cuello, haciendo que la manta se deslizara por su cuerpo. Las manos de Louis tomaron posesión de sus caderas de inmediato, haciéndolos gemir.
Louis se separó, y lo miró. Necesitaba que sus ojos le confirmaran que no estaba soñando, que lo había encontrado y que tenían una oportunidad de ser felices.
—¿Qué pasa? ¿No quieres besarme? ¿No quieres tomarme?
—Claro que quiero amor, pero no así. Voy a hacer las cosas bien. Debería ir a hablar con tus padres, pero creo que no vas a querer, ¿o sí?
Harry solo movió la cabeza. Alguna vez soñó con una petición de cortejo, cuando apenas era un niño, pero ahora sabía que no podría tenerla, no con una familia como la suya. —No importa, en serio.
—Está bien que te duela amor, no digas que no importa, tus ojos me dicen que te hubiera gustado. No quisiera hacer las cosas a mi manera, no sin preguntarte, así es que lo haré: ¿quieres citas? ¿Quieres que vivamos juntos? ¿Quieres que nos casemos? ¿Estoy siendo muy tonto? No sé cómo ser un buen alfa.
—Eres un alfa distinto, uno perfecto. Nada me ata a mi casa ni a familia, solo necesito encontrar un trabajo y no, no voy a dejar que me mantengas. Quiero todo contigo, quiero que vivamos juntos y que nos casemos, también que me marques, pero siento que vamos muy rápido, somos extraños alfa...
—Que vivamos juntos no significa que vayamos a dormir juntos desde el principio o que tendremos una vida rígida. Tu vida en esa casa es difícil, necesitas salir de ahí. Yo vivo solo, mi departamento es pequeño, pero puedo comprarte una casa o un palacio, lo que quieras amor... Voy a hacer lo que tú quieras, solo no me alejes, —dijo besándolo y cayendo en la cama, aplastando suavemente a Harry, quien se estaba conteniendo porque le avergonzaba estar tan mojado y le costaba demasiado mantener su aroma controlado. Todo eso se fue al carajo cuando Louis comenzó a besar y morder su cuello mientras sus manos tomaban sus muslos ya empapados.
—Perdón alfa... —Susurró.
—¿Por qué te disculpas amor? —Preguntó sin dejar de acariciarlo. —¿Por esto? —Y sus dedos recogieron delicadamente un poco de ese manjar extraordinario que bañaba las piernas de su omega, mostrándoselo. —Jamás te disculpes, —explicó mientras lamía sus dedos y eso provocaba que sus ojos se volvieran de un azul intenso. —Es tu cuerpo reaccionando a tu alfa amor, me enloquece cómo lo hace, —su voz más ronca, raspada.
Pero pese a ese gran deseo que les empezaba a quemar, Louis se detuvo una vez más. Se levantó y buscó ropa limpia para su omega, luego lo llevó a la ducha y esperó a que se diera un baño rápido.
—Tengo miedo, —dijo Harry, una vez que estuvo vestido, acurrucado entre los brazos de Louis, los dos mirando hacia la ventana. —Esto no estaba en mis planes, hace años no dependo de alguien más y no sé cómo ser un buen omega. Me aterra hacerlo mal y que descubras que te avergüenzo y que no quieras que lleve tu marca. No me gusta sentirme así, temeroso, inseguro de mí.
—También tengo miedo y también me siento inseguro por lo mismo que dices. ¿Y si no soy el alfa fuerte y decidido que se espera que sea? ¿Si te avergüenzas de mis actitudes o piensas que solo debería decirte qué hacer, sin preguntarte? ¿Si sientes que soy muy débil y que no podré protegerte? Solo sé con seguridad que no me quiero separar de ti nunca, jamás, que mi lobo reclama tu cercanía y que si necesitas que cambie, lo haré sin dudar amor.
La sonrisa de Harry iluminó toda la habitación. —Cuando te escucho hablar así, entiendo que mi destinado no podía ser cualquier alfa, tenías que ser tú, tan dulce, tan genuino y tan... único, —suspiró. —Puedo pelear contra mis fantasmas si me dices que te gusta como soy cuando me conozcas mejor y prometo hacerte sentir seguro de que lo que siento es real y verdadero y de que voy a amar cada cosa de ti.
—No sé cómo pude vivir sin ti amor, —dijo besando su mejilla. —Ya me enamoré de tu sinceridad y de lo fácil que es tranquilizarme con tus palabras. Le dio otro beso. —¿Quieres volver a tu casa o quieres esperar hasta mañana?
—Si decido esperar hasta mañana, ¿te quedarás conmigo?
—Por supuesto amor, no cambiaría esto por nada. Además, no sé cuándo podré volver a verte.
—Podemos vernos todos los días. Si no tienes trabajo podrías acompañarme a algunas entrevistas.
—Me encantaría amor. ¿Quieres comer algo?
El día lunes llegó demasiado rápido. Aprovecharon todo su tiempo en conversar y darse mimos, conocerse y besarse, descubrirse y acariciarse. Cuando llegó el chofer de Harry, se despidieron ya extrañándose, con un abrazo intenso y un beso que encerraba todas sus promesas.
Lo que no sabían, era que Simón los estaba viendo. La curiosidad fue más fuerte y quería saber cómo era el alfa que estuvo con su hermano para poder burlarse de él cuando volviera a casa. Nunca imaginó ver a semejante hombre, era increíblemente atractivo, lo que siempre soñó. Tendría que ser para él a como diera lugar, ni siquiera se cuestionó la despedida que tuvo con Harry, le daba lo mismo todo, solo lo quería a él como su alfa.
Esperó a que el auto en el que iba Harry doblara en la esquina, y comenzó a caminar con rapidez. Cuando estuvo a cinco pasos, se tiró al piso y gritó de dolor. Louis se dio vuelta y se preocupó, acercándose.
—¿Qué te pasó?
—Me tropecé y me doblé el pie, —dijo dramáticamente, liberando su aroma.
Louis intentó no vomitar ni parecer grosero, pero ese omega era todo lo que nunca le llamó la atención. —¿Puedo llamar a alguien que te ayude?
—¿Sería demasiado pedirte que me lleves a casa? No vivo lejos, —pidió pestañeando coquetamente, seguro de cautivarlo.
—Estoy apurado, mejor dame el número de tu alfa o de tus padres o...
—¿Por favor? Entre que ellos lleguen y tú me ayudes, es más rápido que me acompañes, —insistió.
—Está bien, —contestó cansado. Llamó a un taxi y ayudó a subir al desconocido, que dio la dirección de su casa y a la que llegaron en solo diez minutos.
—Me llamo Simón, ¿y tú? —Preguntó casi en un susurro, mostrándose desvalido y a la vez agradable.
—Louis, —contestó a secas, no le interesaba empezar ninguna conversación. Estaba mareado hasta la médula con el apestoso olor a rosas, rogando por llegar rápido.
—Me doy cuenta de que no tienes omega... ¿Qué tal si te invito un café para agradecerte tu ayuda?
—No, gracias. No quiero ser desagradable, pero tenía que estar en mi casa hace quince minutos, debo irme rápido.
—Pero puede ser mañana, o más tarde, no hay problema. Cuando puedas, yo te espero, —casi rogó, sonando desesperado.
—Escúchame, no tengo omega, pero acabo de conocer al amor de mi vida y no quiero empezar lo que tenemos con malos entendidos ni faltándole el respeto, ¿lo entiendes?
—Estoy seguro de que soy mejor que cualquiera. Puedo ser lo que necesitas, soy un excelente omega, sumiso, puro, no me quejaría jamás, atendería mi casa como corresponde y te esperaría cada noche dispuesto a lo que quieras. —Prácticamente se estaba vendiendo.
—En serio, no me interesa. Estoy seguro de que encontrarás algún alfa que te haga feliz y tú a él. Mi corazón está completamente entregado, —dijo justo cuando llegaron a la casa de Simón.
—No quisiera molestarte más, pero ¿podrías ayudarme a entrar?
—No, ya hice mucho con llegar hasta acá.
En ese momento se abrió la puerta y apareció Delphine, quién estaba asombrada al ver a su hijo tan cerca de un alfa que no conocía y que seguramente, no era de buena familia.
—¿Qué le hiciste a mi hijo? ¡Más te vale que te largues antes de que te denuncie por acosador! —Gritó indignada.
—Mamá, no es lo que imaginas, él solo me está ayudando. Estaba paseando cuando me tropecé y me doblé el pie, y Louis fue tan amable que me acompañó hasta acá, deberíamos invitarlo a cenar.
—Oh, perdón por tratarte mal, por favor pasa, —se disculpó la mujer, casi empujándolo al interior de la casa. —De inmediato pido que coloquen otro plato.
—No es necesario, debo irme, tengo un compromiso, —intentó una vez más, pero no era escuchado.
Fue arrastrado al comedor, donde ya estaba la familia sentada, incluido un sorprendido Harry que no entendía lo que pasaba.
—Este hermoso y preocupado alfa ayudó a nuestro Simón en una situación terrible. Ya he llamado al médico para que lo revise, y por mientras, y en modo de retribución, lo invité a cenar, —explicó.
—Nunca podríamos agradecerte lo suficiente, —habló Cameron. —Siente esta casa como la tuya.
Louis no hablaba, solo intentaba comunicarse telepáticamente con Harry, que pese a todo lo extraño que parecía la situación, sabía que su alfa no lo estaba engañando. Los dos unieron los cabos sueltos y fue fácil entender lo que había sucedido.
Cuando llegó el médico, Simón salió hacia el sofá de la sala en compañía de su madre, y ahí aprovechó de decirle otra pequeña mentira: que Louis intentó sobrepasarse y que lo había tocado, pero antes de que Delphine pusiera el grito en el cielo, le explicó que había sentido desde el primer minuto, que era el alfa de sus sueños, y que no le importaba nada más que hacerlo feliz. Le pidió ayuda para comprometerlo en una segunda visita, ya que le dijo que era un alfa tímido y no se atrevía a hablar con ellos directamente.
La omega estaba conmovida de la templanza y la generosidad de su hijo, que era capaz de olvidar un momento de confusión para poder entregar su amor sanador a ese alfa que lo haría feliz.
—No te preocupes bebé, haremos hasta lo imposible para que puedan casarse y seas muy feliz. —Aseguró Delphine, quien volvió decidida al comedor.
—El doctor Williams está atendiendo a nuestro pequeño. Louis, quisiera que por favor aceptaras nuestra invitación a almorzar mañana, ya sé lo que pasó entre ustedes y aunque no estoy de acuerdo con tu comportamiento, el altruismo de Simón lo hace perdonar cualquier mal entendido. Quisiera también, que vinieras con tus padres para formalizar esta relación tan bonita.
Louis y Harry se miraron incrédulos. ¿Qué estaba pasando? ¿Qué historia se estaban inventando?
Louis estaba decidido a ser claro, aunque le costara la vida literalmente. Estar en la casa de un omega, cenando con sus padres era casi un compromiso ineludible y no asumir su responsabilidad era motivo suficiente para tener un enfrentamiento con el alfa jefe de hogar.
Harry, que siempre toleró todos los sucios movimientos de Simón, sintió cómo su sangre hervía de rabia, y el deseo de venganza y muerte lo abrazaba. Solo imaginar a su alfa con su hermano o con cualquier otro, en vez de ponerlo triste, le infundía una fuerza y determinación desconocida hasta ahora. —Sé que no es de mi incumbencia, —habló muy despacio e intentando parecer preocupado por su hermano, —pero, ¿no es apresurado?, no sabemos bien lo que sucedió, quizás el joven Louis nos podría contar.
—Primera vez que no dices una estupidez, —escupió Cameron. —A ver, ¿cómo sucedieron las cosas?
—Yo iba caminando hacia mi departamento y de pronto escuché a Simón quejarse desde el suelo. Le dije que me diera el número de ustedes o de su alfa para llamarlos porque tenía apuro. No quiso e insistió en que lo trajera. Finalmente lo traje en un taxi, pero siempre mantuve mi distancia. No pensé que podría prestarse para malos entendidos, y de una vez les digo que no me interesa su hijo, porque estoy enamorado de otro omega.
—La versión de Simón es un poco diferente. Él dice que te sobrepasaste con él y que lo acosaste, pero que puede olvidarlo si haces las cosas bien y le pides cortejarlo.
Harry escupió el agua que estaba tomando, para gran disgusto de su familia.
—Retírate, eres un omega asqueroso, —dijo Delphine.
Harry salió, y alcanzó a escuchar una parte de la conversación entre el médico y su hermano, donde quedaban de acuerdo en decir que tenía un esguince de mucho cuidado, y que necesitaba del alfa que conoció para mejorarse.
Si las miradas mataran, Simón estaría muerto, al igual que sus padres. No podía creer hasta dónde llegaba la estupidez humana.
Mientras tanto en el comedor, Louis era amenazado por Cameron, que no permitiría que la honra de su pequeño omega se viera comprometida.
—Mañana a las dos de la tarde debes presentarte con tus padres, de lo contrario, considérate hombre muerto.
—No es necesario que me amenace, tengo muy claro lo que debo hacer. Me retiro, con permiso, —habló muy serio y salió dando un portazo.
Cuando Simón sintió eso, corrió demasiado rápido para alguien con un esguince de tanta gravedad. —Papá, ¿qué le dijiste para que se enojara? —Preguntó angustiado.
—Le dejé claro que aparecía mañana con sus padres para formalizar, o podía considerarse hombre muerto, —explicó.
—Pero papá, lo asustaste, no debiste tratarlo así, —gimió, comenzando a llorar desesperado. —Ahora no va a volver, —cayó al piso casi colapsando.
Delphine gritaba desesperada por ayuda para su hijo consentido, solo aumentando el caos. —¡Es tu culpa Cameron! ¡Tu culpa por ser un alfa bruto y tonto! —Acusó.
—Cuidado omega, no te pases de la raya o tendrás consecuencias, —amenazó, ya completamente molesto. —Y tú no exageres, o si no también serás castigado, ¿me escuchas?
—Pero papá...
—Pero nada, ya me tienes harto también, siempre hay que cumplir tus caprichos y nunca estás conforme con lo que hacemos. Ojalá y te cases con ese idiota y ya te largues. No sé por qué la vida me castigó con dos mierdas de hijos. Agradezcan que no los mato con mis propias manos.
—¿Qué dices Cameron? —Preguntó espantada Delphine. —Jamás te escuché hablar así.
—Tu hijito me metió en un gran problema con uno de mis socios más importantes. Fue a la empresa y acusó al hijo alfa de Bob de acoso, en frente de su madre y de su omega. A ella le dio un infarto y estuvo a punto de perder al bebé que esperaban, y el mismo Bob casi mata ahí mismo a su hijo. Cuando a Peter, el secretario, se le ocurrió revisar los videos de las cámaras, supimos que todo fue un invento de este idiota. Bob casi me cancela los contratos, y ¿sabes qué pasaría si eso sucede? ¡Nos vamos a la ruina! —Gritó. —El mismo Bob, y por supuesto su hijo, lo tienen amenazado, no puede aparecer por la empresa, —terminó demasiado molesto.
—Simón, ¿por qué hiciste eso? —Preguntó asombrada Delphine. —Sabes que no necesitas buscar atención, eres más que suficiente para cualquier alfa.
—Es que me enamoré de él mamá, —trató de explicarse.
—¡Apenas lo viste por diez minutos! ¿Qué mierda estás diciendo? —Volvió a gritar Cameron, golpeando la mesa. —Más te vale que ese estúpido que trajiste se haga cargo de ti, porque si no es así, te vas a tener que buscar a cualquier alfa que te mantenga. Tienes el mismo plazo para largarte que la escoria de tu hermano y por tu bien, espero que no vuelvas a meterme en problemas, —amenazó saliendo a su habitación.
Simón lloraba en el piso y su madre no sabía qué hacer. Estaba dividida entre su rol de madre y el de esposa, y tenía muy claro que solo podía elegir su matrimonio. De lo contrario terminaría en la calle, repudiada.
—Esperemos que tu padre se calme y que mañana tu alfa aparezca, ahora vete a dormir, —le habló suavemente.
Apenas Simón la vio caminar, sus lágrimas se secaron rápidamente. Estaba preocupado, las cosas se estaban saliendo de control y se estaba arriesgando demasiado. Pero Louis valía la pena, pensó, lo acusaría de violación si era necesario, pero tenía que ser para él, era tan bonito y olía maravilloso. Lástima que ya se había acostado con el repulsivo de su hermano, pero fingiría demencia y seguiría adelante. Por ahora debía pensar cómo lograr que Louis volviera a la casa, porque estaba seguro de que después de las amenazas de su padre, jamás regresaría a ese lugar.
Lamentablemente para él, no pudo encontrar el celular de Harry, desde el que planeaba inventar una conversación y así el alfa apareciera en la casa. Pero como su hermano ya sabía de lo que era capaz, se encerraba con llave en su habitación y además, el número de Louis lo guardó con otro nombre y borraba cada mensaje que se enviaban.
Y aunque parecía que a Simón todo le estaba saliendo mal, tenía otra idea. Necesitaba actuar rápido, ya que lo sucedido con el hijo del socio de su padre no fue el único episodio en el que se inventó supuestos acosos. Eran varios, demasiados quizás, pero aún no salían a la luz. Apenas amaneció, estaba Simón desayunando con su madre y decidió que era un buen momento para ejecutar su plan. Estaba muy callado y se había colocado un poco de ají en los dedos.
—Hijo, ¿estás bien? —Preguntó Delphine.
—No mamá, ayer te mentí... —Dijo comenzando a llorar.
El corazón angustiado de su madre reaccionó. —¿En qué me mentiste?
—En lo que pasó con Louis, —respondió llorando y cubriendo su cara con sus manos. El ají hizo su trabajo, irritando su piel y provocando lágrimas reales. —Él me violó, me robó mi honra, mi primera vez, ¡me tomó a la fuerza!
—¡Santo Dios Simón! Esto es muy grave, debemos denunciarlo de inmediato.
—¡No mamá! Por favor no, no quiero que mi nombre sea manchado de esa manera, —sollozó. —La única reparación que necesito es casarme hoy mismo con él.
—Pero hijo, esto es muy grave, no podemos dejar que este tipo ande por ahí abusando de los demás. Además, imagínate, puede haberte contagiado alguna enfermedad o incluso... haberte preñado. ¿Te anudó? —Preguntó horrorizada.
—No mamá, como lo hizo dentro del auto no tuvo tiempo. Afortunadamente logré que no me marcara, —dijo ya más tranquilo.
—Mi pequeño bebé, has sido tan valiente y eres tan bueno... Ve a descansar a tu habitación mientras pienso cómo solucionar esto.
—Sí mamá, gracias, —la besó antes de caminar por el pasillo.
Se dedicó a flojear todo el día. Cuando llegó la noche, se escapó para ir a un bar recién inaugurado, solo le avisó a su madre que tomaría una pastilla para dormir para que no lo molestaran. Se arregló con extrema dedicación porque necesitaba encontrar una víctima que quisiera pasar un rato agradable con él. El problema, es que era reconocido en los bares de la ciudad por promiscuo, por lo que este nuevo bar le convenía al estar en las afueras de la ciudad.
Apenas llegó, tomó tres o cuatro copas de licor de menta, su favorito porque le ayudaba a desinhibirse. Coqueteó con varios alfas, consiguiendo una cerveza por aquí, un cigarro por allá, alguna pastilla divertida en el baño. Bailaba moviendo su cintura, intentando ser sensual pero fracasó rotundamente, estaba demasiado borracho y drogado.
Un alfa robusto y de aspecto desagradable no lo perdió de vista y sonrió maliciosamente. Se acercó a la pista y comenzó a bailar junto a Simón, tomándolo de las caderas, haciéndolo jadear y lubricar. Pronto estaban besándose y manoseándose a la vista de todos, por lo que nadie se extrañó de verlos salir por la puerta de emergencia. Justo por fuera, había un callejón oscuro y sucio.
El alfa apenas se vio solo con su presa, bajó los pantalones de Simón, que no opuso resistencia, y sacó su inmundo y horrible miembro, lleno de verrugas y que olía peor que mal. Sin esperar, lo tomó en brazos, lo apoyó en la muralla y lo penetró duramente hasta anudarlo, cosa que sucedió en menos de un minuto. Cuando pudo separarse, dejó a Simón solo, tirado en el piso y él se largó, ya no le servía para nada.
Ese mismo día, en la mañana, Harry había desayunado en soledad en la cocina. Después envió su hoja de vida a varias empresas y en realidad, a cualquier lugar donde pudiera trabajar aunque fuera de vendedor. Solo necesitaba un trabajo urgente. A la hora de almuerzo, le extrañó ver a su padre en la casa.
Cuando empezaron a comer, escuchó una conversación que lo dejó helado.
—Envié a dos tipos a darle una lección al estúpido de Louis. En este momento está en el hospital y ya está advertido de que apenas salga debe casarse con el idiota de Simón y llevárselo lejos. Les voy a dar una fuerte suma de dinero para no volver a ver sus caras patéticas y asquerosas.
—Pero Cameron, no me alejes de mi pequeño...
—Lárgate con ellos si quieres. No debí dejarme influenciar por ti que le alcahueteaste todo. Eres una vergüenza de omega, no pudiste darme un hijo alfa, o al menos un omega decente del que pudiera estar orgulloso. Solo dos malditas mierdas que no sirven para nada.
—Tu hijo fue violado por ese alfa, y tú solo piensas en castigarlo y en deshacerte de él, es indignante, —reclamó.
—Delphine, cuando llegué esta mañana a la empresa me estaban esperando cuatro socios... ¡Cuatro! Tu super hijo había intentado sobrepasarse con todos, provocando incluso que dos de ellos tuvieran graves problemas con sus omegas. Los otros dos se sintieron tan avergonzados que guardaron silencio, ¡Simon se desnudó frente a ellos, por Dios! Están todas las pruebas y aún faltan alfas que no se atreven a hablar, agradecidamente no lo denunciaron. Lo peor de todo es que me quitaron la participación en tres de los proyectos más grandes y me humillaron diciendo que yo era un asco de alfa... En esos proyectos puse mi vida los últimos meses, ahora estamos casi en la ruina, —terminó de hablar con una cara de frustración enorme, que no dejaba espacio para más preguntas o quejas.
—Estoy segura de que todo esto es tu culpa, —arremetió Delphine contra Harry, —siempre has sido un mal ejemplo para todos en esta familia.
—No te preocupes madre, me iré en unos cuantos días, apenas encuentre una pieza o algo así, —sonrió cínicamente.
—Por lo menos una buena noticia, —dijo Cameron antes de levantarse sin haber probado bocado.
A los pocos minutos, Harry quedó solo y no pudo evitar llorar. Por eso Louis no contestaba sus llamadas ni sus mensajes, estaba en el hospital quien sabe en qué condiciones y acusado de violación. No podía entender tanta maldad de parte de su hermano ni de su familia. Le dolía no poder ir a verlo ni preguntar por él, nadie debía saber que se conocían, podía ser perjudicial.
Había decidido durante la noche ir a vivir con su alfa, pero ahora no podría hacerlo. Tendría que esperar unos días y por mientras arrendó una pieza a la que llevaría de a poco sus cosas, en caso de que sus padres quisieran revisar su mochila antes de salir.
Fue un día angustiante, pero nada preparó a la familia para la noticia que recibieron al amanecer. La policía estaba golpeando la puerta con fuerza.
Delphine, Cameron, Harry y la gente del servicio aparecieron en pijamas, con sus peores caras al haber sido despertados de esa manera.
—Buenos días, ¿esta es la casa de la familia Styles? —Preguntó el oficial.
—Así es, ¿qué sucede?
—Tengo una lamentable noticia que entregarles. El joven Simón Styles fue encontrado muerto en un callejón a las afueras de la ciudad.
Solo se escuchó un grito en medio del silencio. Delphine estaba en shock, gritaba mientras se tomaba la cabeza y caminaba de un lado a otro.
—¿Qué sucedió? ¿Se sabe la causa de muerte? —Preguntó Cameron, quien parecía no estar afectado.
—Según las primeras pericias, parece ser una sobredosis de drogas, heroína en este caso. Hay varios testigos que lo vieron durante la noche beber, drogarse y salir con un alfa. Al parecer también hubo sexo de por medio, —informó el policía. —Necesito que alguien reconozca el cuerpo para poder entregarlo al cementerio que elijan.
—Harry, irás tú, yo tengo negocios que arreglar, —ordenó, yéndose a vestir para salir prontamente.
—Acompáñeme por favor, —pidió el oficial.
—Sí, me cambio en un minuto, —contestó corriendo hacia su habitación.
Quince minutos después, el corazón de Harry se detuvo al ver el rostro pálido y sin vida de su hermano. Era impactante mirarlo, notar sus labios azulados, su piel demasiado seca, hasta su pelo se veía más oscuro. La rigidez de la muerte conmovía. Alcanzaba a observar la cicatriz fresca en su pecho, donde hicieron la autopsia hace apenas unas horas y que no necesitaba el consentimiento de la familia, al ser una muerte en la vía pública.
Tenía en sus manos el certificado de defunción: Sobredosis de heroína. Además, tenía enfermedades venéreas, sífilis y gonorrea y un comienzo de cirrosis. Harry no lo podía creer. Sabía que su hermano no era un santo, pero tenía una doble vida inimaginable.
Con sus dedos tocó las frías mejillas y se acercó hasta murmurar algo en sus oídos inertes. No podía ser escuchado, pero él tenía que decírselo. No necesitaba ni quería una respuesta.
Salió de la morgue, y esperó a que llegara la gente de la funeraria, para comenzar con los trámites para el velorio. Estaba en eso, sentado en la fría sala, cuando sonó su celular.
—Diga, —contestó sin ánimo.
—¿Hablo con Harry? —Preguntó una dulce voz femenina.
—Sí, soy Harry, ¿con quién hablo?
—Me llamo Elisa, soy hermana de L y solo quiero decirte que él está bien dentro de todo, pensando en ti, y apenas le den el alta te llamaré. Adiós.
Harry tuvo que hacer todo su esfuerzo para no desarmarse. Si algo necesitaba en ese momento, era la paz que le entregaba su alfa hermoso. Por primera vez deseó llevar una marca, así al menos podría sentirlo y lograría calmar su angustia.
—Están listos los papeles, en una hora estará el cuerpo en el parque que nos indicó, —le informó el encargado, acostumbrado a ese tipo de información.
—Muchas gracias.
Llamó a su casa, pero le informaron que su padre no había vuelto y su madre estaba sedada por el shock. El resto de la familia no podía asistir, ya que estaban de vacaciones y tampoco querían verlo a él. No había amigos a quien contarles la triste noticia, por lo que estuvo solo en el funeral, más triste que cualquier otro. El día estaba soleado y cálido, las calles ruidosas llenas de gente, pero en el cementerio, frente a ese gran panteón familiar, sólo Harry le daba el último adiós a su hermano. A Simón, ese ser que nunca pudo ser feliz, que vivió para aparentar y que había olvidado qué era el amor sincero y real, ese que Harry le mostró en su niñez.
Con su muerte se fue también su pasado y solo quedaba empezar una vez más. Dejó una rosa en el frío cemento y caminó sin prisa. Llegó a la casa tarde, cansado y sin ganas de hablar.
El lugar estaba en silencio, con las luces apagadas. Pasó a la cocina por algo de comer, y se sentó a devorar un sándwich y un vaso de jugo, mientras miraba el techo y recordaba todas las imágenes de las últimas horas. Ahí lo encontró su madre, por completo demacrada, con ojeras y las huellas de su llanto marcadas en sus mejillas.
—Gracias por ocuparte de los trámites, —dijo secamente.
—Alguien debía hacerlo, —contestó restándole importancia.
—Tu padre no quiere dar la orden de investigar... Deberías ayudarme a convencerlo... —Sugirió.
—Yo me voy mañana de esta casa, no tienes derecho a pedirme algo así, no después de maltratarme por años, —contestó con un poco de rabia.
—Eres un malagradecido, después de que te hemos mantenido... Siempre supe que eras un estúpido mal nacido, —habló molesta.
Harry sonrió. —Nunca podría ser suficiente, hace tiempo dejé de intentar ser más para ustedes, ahora ya no me duele. Quédate en tu palacio, disfrútalo sin mí, sin el hijo que te avergüenza y que solo te ha dado malos ratos. Que descanses. —Se encerró en su habitación, estaba tranquilo de saber que sería su última noche ahí.
Cameron volvió diez minutos después, desganado, apenas respirando. Hizo hasta lo imposible por arreglar los problemas ocasionados por Simón, pero fue inútil. Lo sacaron de la sociedad, esa que le costó años construir, a la que le dedicó tantos amaneceres, trasnochadas, soledades e incomprensión de parte su omega. Fueron tan felices, hasta que llegaron los hijos, llevándose toda la atención de su mujer. Pese a todo siempre intentó complacerla, haciéndole caso en todo y aprendiendo a odiar a Harry, a pesar de saber que su hijo mayor era un excelente muchacho.
Entró en su habitación y pudo ver a su omega, a la que tanto amó, deshecha en llanto.
—Debes decidir qué hacer con tu vida, —le dijo muy serio. —Me he quedado sin participación en las empresas y quizás mañana me largue de aquí.
—Supongo que me llevarás contigo, soy tu omega, llevo tu marca, —contestó molesta, secándose rápidamente las lágrimas.
—Me da igual lo que hagas, si quieres irte o quedarte... Ya nada tiene sentido... Quizás lo mejor será acabar con esta mierda de vida. Lo único que puedo ofrecerte es que mueras aquí conmigo. —Se acercó a su maletín y sacó dos jeringas y unas pastillas. —Debes decidirte Delphine.
La omega lo miró, primero con horror, y luego entendió que no había más opción. Se levantó y sirvió whisky en un vaso. Estiró su mano, donde Cameron depositó cuatro pastillas y las bebió de golpe. Luego estiró su brazo y dejó salir un pequeño quejido al sentir el pinchazo, pero sonrió. El alfa repitió el mismo ritual, y se acostó, acurrucando a su omega entre sus brazos.
—Pese a todo, gracias por acompañarme mi pequeña. Has sido lo mejor de mi vida, siempre te he amado, y moriré amándote.
—Lamento no haberte demostrado más mi amor... Pero nunca he dejado de hacerlo. Contigo aprendí a vivir, y estoy feliz de morir a tu lado.
Lentamente cayeron en un profundo sueño del que ya no despertaron.
Cuando Harry se levantó al día siguiente, salió de su habitación con su maleta lista. Quería despedirse de sus padres, aunque para ellos no fuera importante, sentía que era lo mínimo que podía hacer. Cuando llegó a la cocina, le extrañó ver a la gente que trabajaba ahí nerviosa y angustiada.
—Harry—, llamó la cocinera. —Tus padres no contestan sus teléfonos, tienen la puerta cerrada, pensamos que algo pudo pasar.
El omega sintió que su corazón dejó de latir, y corrió con las llaves que siempre estaban colgadas.
Cuando abrió la puerta, con la gente detrás, supo que ya no había nada más que hacer. Sus padres estaban abrazados, muertos.
Lo lamentó profundamente, y fue un golpe duro, pero no iba a llorar ni a amargarse, ellos lo formaron frío y carente de sentimientos. Llamó a la policía y esperó que llegaran para que le dijeran qué hacer, y volver una vez más al cementerio. Por cortesía volvió a llamar a sus otros parientes, esos que también lo humillaron y que no mostraron una pizca de interés en la muerte de su hermano, y tampoco ahora. También les informó la noticia a los socios de la empresa y al abogado de su padre, seguramente había papeles que firmar o algún trámite de herencia, que a él le daba igual, pero había trabajadores que finiquitar.
Estaba agotado ya, quería terminar con eso y volar a ver a su alfa que seguía en el hospital sin síntomas de mejorar.
Se llevaron los cuerpos, y el abogado le informó que todas las posesiones de Cameron, que eran la casa, un par de automóviles y una cuenta en el banco, eran suyos, al ser el único heredero.
Harry anotó los nombres de todos los empleados, y quedó de depositarles sus finiquitos una vez que todo fuera vendido. Lo que quedara, lo donaría a alguna fundación, no quería ni una cuchara de sus padres.
Salió del lugar, dejando todo cerrado y haciendo entrega a la corredora para que se hiciera cargo. Llegó a la pieza que había arrendado, dejó su maleta y salió hacia el hospital. Conoció a la familia de su alfa, excepto a su padre, con mucha vergüenza de saberlo ahí por culpa de Cameron.
—No es tu responsabilidad, —le dijo Elisa al notar su mirada. —Entra, te está esperando.
Casi se desmaya al verlo todo golpeado. —Alfa... lo siento... —lloró con toda la angustia que lo envolvía.
—Amor, estaré bien, —contestó con dificultad. —¿Cómo estás? ¿Qué ha pasado? ¿Tu hermano sigue empecinado en querer casarse conmigo? Elisa me dijo que van a denunciar a tu padre, pero yo no quiero.
—Están muertos... Simón fue encontrado sin vida detrás de un bar en las afueras de la ciudad, mis padres se suicidaron anoche, —contó, secando sus lágrimas. —Me has hecho mucha falta, —terminó como si estuviera hablando de peras y manzanas.
—Harry... ¿Es verdad lo que me dices? No puedo creerlo, —dijo consternado.
—No podría mentirte con algo como eso, suena fuerte y todo, pero finalmente cada uno eligió como terminar. Tuve que reconocer el cuerpo de mi hermano, estar solo en su funeral, encontrar a mis padres, hacer los trámites... Creo que me hace falta descansar, pero te necesito... Y me siento egoísta, porque, Dios, te golpearon tanto, se me rompe el corazón de verte así...
—Soy un alfa amor, me recuperaré pronto y podré consentirte, ten un poco más de paciencia, ¿sí? Mi mamá es abogada, puede ayudarte si lo necesitas. ¿Vas a abrir una investigación por la muerte de tu hermano?
—No, creo que no tiene sentido, mi padre no quería hacerlo, y aunque lamento su muerte, parece que murió en su ley. Tenía una doble vida.
—Lo siento mucho amor, pero, ¿cómo es eso de doble vida?
—Te cuento después, por ahora solo sal pronto de aquí.
—Lo prometo.
Una semana después pudo cumplir su promesa y en todos esos días, y con ayuda de su hermana, le fue dando pequeños regalos a su omega: flores, bombones, ropa, libros, joyas. Harry lo acompañó todo el tiempo, y no quiso aceptar los regalos, a excepción de las flores y los bombones. No quería ser un gasto para Louis, porque no podía retribuirle de la misma manera, no todavía. Por mientras se acostumbró rápidamente a la familia del alfa, que estaban felices con su relación. Aún no encontraba trabajo, pero decidió de todas maneras que vivirían juntos.
Gran parte de la rápida recuperación de Louis tuvo que ver con Harry. Conversaron mucho, pero por sobre todo, se besaron y acariciaron con demasiadas ganas, necesitaban más, sentirse desnudos, dar otro paso. Para el alfa era imperioso poder tomar y marcar a su omega, era más importante que respirar, pero es que según sus propias palabras, Harry lo enloquecía.
La casa de Cameron y los automóviles se vendieron rápidamente, y el dinero fue depositado en la cuenta de Harry al igual que los ahorros de su padre. Finiquitó más que generosamente a los trabajadores de la familia, y el resto del dinero lo donó a una granja que cuidaba animales que habían sido maltratados.
La primera semana juntos fue casi una tortura. Intentaban pasar los días conociéndose y mimándose, pero Louis tenía reposo estricto, por lo que seguían sin poder avanzar, pero lo entendieron y lo disfrutaron. Crearon una nueva rutina, Harry le cocinaba deliciosos platos, lo ayudaba a bañarse, terminando empapado y luego desnudo. Se reían mucho, se acostumbraron con naturalidad a estar juntos.
Al empezar una nueva semana, y frente a un fuerte dolor en su espalda, Louis se dio cuenta de que se le habían acabado los analgésicos.
—¿Amor, te quedará alguna pastilla para el dolor o para la inflamación? Lo olvidé y no te dije para que me compraras la nueva receta.
—Claro, busca en mi mochila, deben quedar de las dos, —contestó sonriendo, mientras guardaba su ropa en un cajón, hasta que se dio cuenta de su error. —No alfa, espera...
Louis tenía una jeringa en su mano y lo miró profundamente, leyéndolo. —¿Qué es esto, omega? —Preguntó imaginando la respuesta.
—¿Una jeringa? —Respondió, tratando de zafar de la situación.
Supo que fracasó, cuando por la mirada del alfa apareció un brillo distinto, como una pincelada de orgullo, y el aroma a lima limón lo hizo temblar de deseo.
