Prólogo: Dulce Introducción Al Caos
Aquel centauro se alzaba imponente ante él.
Nathan estaba en el suelo, una mano en el vientre, aguantando el ardor de la herida; la otra, sujetando la de una chica desmayada. La sangre caliente le chorreaba por los costados.
Vio cómo la bestia se acercaba con pasos lentos. Apretó la suave mano de la chica.
El dolor, la sangre, la debilidad: nada de eso era un muro que no pudiera atravesar.
La distancia con el centauro dejó de existir. La criatura extendió el brazo y apuntó con su arma al cuello de Nathan.
Él solo sonrió. Miró a la chica.
—Prometo... que te salvaré, V—
El centauro no le dio ni un segundo más: lanzó un tajo a su cuello.
Su cabeza cayó a centímetros del cuerpo de la chica. La sangre la empapó por completo.
Y Nathan... ¿Realmente te fuiste de este mundo?








