El orígen de un apaciguador
Camino en silencio mientras sostengo la mirada baja, observando las cadenas en mis brazos solo para sentir como una mano de uno de los capitanes que me capturo me sostiene el mentón con fuerza para mirarlo directamente sus ojos negros cuyas pupilas amarillas como el oro lo hacen parecer mas a un demonio. Su voz no me decepciona ante su apariencia cuya piel pálida como cadáver junto a una armadura de plata exhala de una forma terriblemente ronca.
-¿Un caballero? Ah no espera… Es un clérigo, es la primera vez que veo uno tan cerca.
Sonríe maliciosamente ante sus pensamientos dichos en voz alta solo para soltarme y hacer una señal.
-Llévenselo y hagan que nos revele su información del lado humano, yo estaré frente a varios asuntos.
Dice mientras deja que varios guardias de una prisión en un fuerte haciendo que me comiencen a llevar con fuerza, intento seguirles los pasos, pero caigo al suelo, pero sin poder levantarme porque los soldados que me escoltaban solo comenzaron a patearme con fuerza hasta que se cansaran.
-Humano arrogante y despreciable.
Farfulla uno de los guardias por su misma ira, solo para sostenerme de uno de mis brazos obligándome a seguirlo los caminos parecían laberintos al caminar y adentrarse cada vez más llegando hasta mi celda completamente putrefacta y helada cerrando las puertas dejándome con mis propios pensamientos, solo para sentarme y murmurar en mi interior.
-¿Por qué deje que esto pasara?
Me pregunto mientras comienzo a recordar mi pasado y como llegue acá.
***
Era tan solo un adolescente cuando de pronto les dije a mis padres como si fuera una bomba de tiempo.
-Quiero ser sacerdote.
Mis padres me observaron con sus ojos atónitos cuyas expresiones faciales expresaban como si intentaran escarbar el porque de mis palabras, siendo mi madre la primera en reaccionar.
-Oh! Hijo me alegro tanto que te vayas con el camino del señor.
Exclamaba con alegría a la par que mi padre comenzaba a abrazarme en consecuencia con cariño solo para exhalar.
-Ojalá te vuelvas parte del clero secular.
Dice mientras me sigue abrazando junto a mi madre, solo para apartarme de ellos levemente y decir con una pizca de temor en mi voz.
-Pero quiero ser… Clero regular.
La felicidad de mis padres parece haber desaparecido ante mis palabras, mi madre por su parte solo ocultaba su cara solo para que mi padre frunciera el ceño a tal punto que su rostro paso a ser completamente rojo.
-¿¡Como mi hijo se va convertir en uno de esos limosneros!?
Grita mi padre con un toque de indignación solo paso seguido hablar de manera frenética, pero con un tono controlado.
-¿Por qué harás eso? Tu destino es tener tierras y seguir la palabra de Dios.
Mis ojos parecían quebrarse ante sus palabras solo para que le conteste.
-Pero yo no quiero aprovecharme de los que están debajo de mi ¡Solo quiero seguir la palabra de mi Dios!
Mi padre parece elevar su frente completamente sacado de quicio solo para responderme observándome directamente a los ojos
-No deshonraras a nuestro nombre convirtiéndote en parte de la plebe, nuestra familia con un gran sobre nombre por estar a la mano de Dios por nuestras habilidades como sanadores no dejara que te manches. Y nosotros no lo permitiremos.
Dice solo para intentar sujetar mi brazo, pero rápidamente aparto mi brazo de el mientras no puedo observar su cara directamente corriendo hacia mi habitación. Mi sueño de ser parte de ser del clero regular nunca se desvaneció a pesar de las múltiples peleas que tenia entre yo y mi padre hasta que un día…
-¿Qué?
Pregunto en voz alta sosteniendo mi mirada en mi padre que estaba sentado bebiendo un poco de café en su sofá.
-Ya lo oíste hijo, iras como Clérigo a la caballería.
Exclama con tranquilidad como si lo que hubiera dicho fuera cualquier cosa.
-¿Por qué querrías que fuera a la guerra?
Pregunto mientras comienzo a caminar hacia él.
-¿Guerra? No hay ninguna guerra solo tomaras tu puesto, así desarrollaras tus habilidades curativas, todos los hombres de nuestro linaje lo han hecho y no ha pasado nada malo.
Dice mientras toma otro sorbo de café a la par que sigue leyendo su libro sin mirarme directamente, talvez no quiera, pero no me importa en lo más mínimo.
-¿Y como te ha ido por allá?
Me poso delante de él, pero al parecer sigue evitándome con la mirada.
-No, como te digo solo serán 7 años de practica y volverás para volverte parte de clero secular.
Dice solo para que un silencio abrumador remplace el ambiente de la sala.
-No iré al clero secular y no iré con las tropas.
Mi padre deja el café un lado cerrando el libro solo para levantarse y dirigirse hacia mi como si fuera una presa.
-Iras y te volverás el mejor clérigo, uniéndote al clero secular, y si no lo haces te desheredo y estarás deambulando como un patético vagabundo.
Antes que lo afronte observo por el rabillo de mi ojo como mi madre estaba mirando lo que estaba sucediendo y aunque prácticamente si fuera por papá estaría completamente bien que me dejara libre, pero ¿qué pasara si dejo a mi madre?
Quedo un momento callado mirando al suelo solo para asentir con docilidad. Mi padre ante este gesto solo sonríe y hace que las sirvientas alisten mi ropa para ir a la caballería.
Los primeros 3 años comenzaron bien, aunque era un aprendiz logre dominar varios encantos y formas de curación, sentía que avanzaba solo para que al cuarto año escuche que se estaba desarrollando una guerra con una nueva raza de criaturas avistadas a las afueras del reino, cuyas tierras eran lejanas. Al principio solo fueron pequeñas infanterías a revisar el regular, las criaturas inevitablemente se volvieron cada vez más violentas al reclamar como hubo unos saqueos humanos en sus tierras haciendo que todas las personas del reino sintieran miedo, pero ese miedo no era una casualidad el gobierno se hizo cargo de hacer que los rumores acerca de lo que han hecho esas criaturas se expandieran para desviar las sospechas de tratados turbios de los nobles y así no haya una revolución entre los pueblerinos, funcionando haciendo que varios comiencen a sentirse resentidos ante ellos, solo para que uno de los pueblos cerca del reino se halla envuelto en llamas, y a pesar que no se halla encontrado un culpable completamente, los nobles solo apuntaron y acusaron a las criaturas, ahora llamados por ellos mismos, demonios, fueron los responsables de dicho acto tan atroz. Todo se desarrolló tan rápido que al quinto año se desarrollara la guerra.
Ya que tenía algo de experiencia podía ir hacia una parte del territorio de la nueva raza “demoniaca” siendo denominada por nosotros mismos de esa manera he inherentemente nos auto dominamos como nuestros caballeros; tropas de la humanidad.
No pude desistir las ordenes de ir propuesta de mis superiores porque aún me faltaban dos años para terminar solo para observar a lo lejos a mi teniente Hank que fue quien me fortaleció ante mis días de entrenamiento, antes de la partida fui a dirigirme a él.
-Buenos días teniente Hank.
Exclamo con un tono de respeto dando una leve reverencia ante él, solo para observar como el alza una mano y niega con la cabeza.
-Caballero, al único que debe inclinarse es a su Dios y su a majestad.
-L-Lo siento…
Digo solo para que el suspire.
-No te preocupes, solo es una recomendación de este vejestorio, y solo quiero que recuerdes que iras a la guerra contra verdaderos demonios.
Exclama mientras su leve sonrisa se esfuma en un parpadeo, para responder.
-Lo se… He escuchado que esos seres son enviados de Lucifer, son demonios sedientos de sangre y que comen crías de otras razas, ¡hasta de humanos!
Digo solo para que el capitán pose su mano en mi codo suspirando en el acto.
-El punto es que esas bestias en la batalla son feroces. Cuídate novato.
Dice solo para nuevamente reincorporar su postura. Pero antes de irse saca algo de su bolsillo.
-Toma, esto te servirá en la batalla.
Exclama mientras deja ver una caja de mas menos medio brazo, siendo un cuchillo parecido a una daga, pero ligeramente mas grande que esta. Tomando con delicadeza el cuchillo decido ajustarlo en mi cintura donde yacía mi armadura.
-Gracias… Capitán.
Digo solo para que Hank sonría.
-Puedes llamarme como quieras te lo permito, sea teniente o capitán, solo ten cuidado.
Asiento mientras siento su preocupación.
-Usted igual tenga cuidado.
Digo solo para que el asienta con su característico ceño fruncido.
Soy consciente de que mi misión no era tan importante como el del capitán que era dirigir las tropas al frente de la batalla junto a otros dos comandantes que tenían el mismo propósito, el mío y la de mi tropa solo era ir a exterminar demonios de las afueras de su propia ciudad.
La caminata junto a varios kilómetros recorridos por la pequeña tropa fue exhaustiva, pero nuestra recompensa rápidamente llegaría al observar como a lo lejos observamos una aldea sin ningún tipo de vigilancia por parte de las tropas enemigas.
-Talvez sea oportunidad de reclamar lo que nos fue arrebatado.
Dice uno de los caballeros, haciendo que su comentario me dejara pensativo.
-¿Te refieres a la aldea quemada de hace un año?
Pregunto solo para que el asienta haciendo que algunos otros soldados enfaticen frente a la idea. Solo siendo interrumpidos por el jefe de las tropas.
-No tenemos la necesidad, solo debemos tomar la pequeña ciudad que yace varios kilómetros rio arriba, no se enfoquen en eso.
Dice mientras todos los caballeros siguen el paso del jefe solo para que la noche se haga inminente y tengamos la necesidad que dormir a las afueras, solo para que en medio de la noche me despierte por una pequeña pisada al frente mío.
Retrocedí rápidamente al escucharlo sosteniendo con fuerza el cuchillo, solo para observar cómo varios caballeros tenían sus miradas fijas y estáticas en mí, solo para que me levante con lentitud.
-¿Qué hacen despiertos a altas horas de la noche?
Pregunto solo para que uno levante algo redondo y lo deje caer ante mis pies. No puedo observar con exactitud que es, pero decido prender una antorcha, solo para que quede asombrado palideciendo ante lo que acabo de ver.
-¿U-Una cabeza?
Pregunto solo para marearme por el hecho de observar la cabeza del monstruo haciendo que vomite al no poder reaccionar adecuadamente ante el momento.
…
Escucho atento a mis compañeros que tenían algunas heridas en su cuerpo mientras los sanaba. El jefe de la cuadrilla parece reprender a uno solo para acercarse al caballero que estaba curando.
-¿Por qué lo hicieron?
Pregunta el jefe con su expresión fruncida, solo para que el caballero responda.
-No tuvimos opción fuimos atacados.
El jefe le da una patada manchando su rostro con el barro de sus botas.
-Si eso fuera cierto, todos nos hubiéramos despertado al instante.
Exclama el jefe solo para no dejar hablar al caballero siguiendo con su sermón.
-Arrasar el pueblo de los demonios no era parte de nuestras ordenes, aprende a escuchar.
Termina solo para darle la espalda y caminar hacia el horizonte donde al parecer el sol estaba anunciando su llegada.
-Sigamos, y para los que están cansados podrán descansar apenas tomemos la ciudad.
Comenta para hacer una señal de su brazo anunciando la partida de las tropas.
Al parecer las tropas parecen quedar en silencio por lo sucedido dando paso a varios pensamientos en mi mientras iba montado en el caballo, cada galope hacia que recordara la expresión de ese demonio, parecía que agonizaba antes de ser decapitado, solo para que uno de los caballeros si dirigiera a mí.
-Oye ¿estas bien?
Pregunta con su cuello levemente inclinado en tono de duda, solo para responderle con un leve asentir.
-Oh! Que bien, pensé que estabas preocupado por algo, si es respecto a como vamos a tomar la ciudad, sé que nuestro jefe va a dirigirnos.
Comenta mientras sigo cabizbajo solo para que el caballero note esto y siga hablando.
-Talvez temes a los heridos.
Dice solo para que reaccione mirándolo de reojo, haciendo que asienta.
-Es normal en todo novato que se tenga ese miedo, pero recuerda el hecho de que estemos acá es porque somos enviados de Dios para apaciguar a esas bestias.
Comenta solo para rebasar su caballo del mío dejándome nuevamente con mis pensamientos; talvez solo sean mis propios miedos y empatía las que hacen que flaquee. ¿Por qué debería tener corazón a bestias que no lo tendrían conmigo?