ORIGEN

All Rights Reserved ©

Summary

Javier, un joven atrapado en el umbral de lo incomprensible, se ve arrastrado a los designios insondables de un universo que sangra entre grietas invisibles. Mientras intenta descifrar el origen de su propia existencia y el peso de un destino que lo rebasa, fuerzas innombrables acechan desde la penumbra, devorando las certezas de la realidad. En torno a él, entidades marcadas por la desdicha y el poder —Sad Joy, Nost, White Face, Infernal First, Deevee, Kira, Mistery X y la enigmática Sotevig— se alzan como guardianes en una danza desesperada contra lo impensable. Unidos por la condena de enfrentarse a horrores que trascienden la carne y la mente, deberán contener la embestida de criaturas que ansían someter no solo a Javier, sino a la totalidad de los mundos. Pero más allá de las estrellas, donde el vacío murmura secretos que ningún mortal debería escuchar, se oculta una presencia cuyo nombre retumba como blasfemia prohibida: el Sr. Universo. Su despertar amenaza con desgarrar los cimientos del todo conocido, revelando que lo que Javier teme no es la muerte, sino el verdadero origen del horror.

Genre
Horror
Author
Sad Joy
Status
Ongoing
Chapters
45
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1: “Comienzó”

Era una mañana como cualquier otra, con el sol alto en el cielo, nubes despejadas y un viento apacible. En el cuarto de un joven, similar al de tantos otros, desordenado y decorado con posters de anime, y una cama cubierta con colchas de una serie famosa de aquel momento, residía un héroe sin un brazo, rodeado de un aura de poder. Además, en su habitación había una lámpara de lava azul, cuya base era una calavera, un baúl de estilo gótico y otros detalles peculiares. Sobre la cama, el muchacho, vestido con un pijama decorada con dibujos de samuráis, se había despertado agitado por un inquietante sueño donde monstruos y peleas religiosas se entrelazaban. Sin embargo, ya despierto, intentó mantener la calma; inhaló y exhaló con suavidad, acomodando sus pensamientos desordenados, mientras reafirmaba su convicción de que la religión es solo un refugio para aquellos que, sin nada productivo que hacer, buscan llenar su aburrimiento.


Joven: “Muy bien, creo que es hora de salir a buscar trabajo. Esta vida de ser mantenido por mamá y papá solo me trae problemas; siempre escucho cómo falta el dinero. Solo espero poder convertirme en alguien exitoso para que mi padre y mi madre se sientan orgullosos de mí…” (pensaba el joven, con la mirada cabizbaja. Sus ojos trataban de ocultar la angustia y depresión que lo embargaban, mientras en sus ojeras descansaban sus pensamientos más sombríos).


Se levantó de la cama, ligeramente mareado por el movimiento brusco, y abrió su armario, encontrándolo tan desordenado como el resto de la habitación. Frunció el ceño al ver el caos, pero sin más opciones, comenzó a buscar su ropa para salir a buscar empleo. Encontró una máscara con una raya en medio que separaba dos expresiones: una feliz y otra triste, un hacha, un muñeco vudú, un collar con una cruz, un cerebro de plástico, una cadena pequeña con un gancho al final, y un juego de cartas de casino. Ya cansado y frustrado, se rascó la cabeza, desordenándose aún más el cabello, consciente de que le tomaría tiempo arreglarlo. Finalmente, encontró un traje elegante en uno de los cajones y decidió ponérselo para dar una mejor impresión. El traje era negro, acompañado de una camisa blanca, zapatos negros largos como de duende, una flor roja en el pecho, y un sombrero a juego. Al terminar de vestirse, se sentó por un momento en la cama, mirando al vacío, mientras un pensamiento empezaba a crecer como un árbol en medio del bosque: la duda de...


Joven: “¿Por qué debo trabajar para sobrevivir? Desearía tanto tener la vida de un millonario, vivir con el sueldo de mis padres, tener todo lo que quiero, y no pasar necesidades. Desearía poder vivir, no simplemente sobrevivir esclavizándome en un empleo que seguramente solo me explotará laboralmente…”


Se levantó de la cama y abrió la puerta. Al hacerlo, tomó aire y dijo en voz baja:


Joven: “Sé que podré lograr todo lo que me proponga.”


Se dirigió a la puerta de salida, pero antes de salir se detuvo a observar el retrato de su abuelo por unos instantes. En la foto, su abuelo estaba serio, con una vestimenta muy elegante, un bastón, y un bigote poblado; su mirada fría reflejaba su carácter. Salió por la puerta principal con una sonrisa fingida, disimulando el disgusto que sentía al tener que esclavizarse para llevar una vida "normal". Al salir de su hogar, una pequeña brisa lo acarició, y comenzó a caminar, recordando a su exnovia: una chica bajita, con lentes, cabello muy corto, una linda sonrisa, ojos grandes, y una voz dulce. Al ponerse sentimental, alzó la mirada y se dio cuenta de que había llegado a la plaza de la ciudad. En el centro, una estatua rodeada por una fuente de agua llamaba su atención, y observó un grupo de personas reunidas, vendedores ambulantes de comida, y un vagabundo que exclamó con vehemencia:


Vagabundo: “Todo lo malo le pasa a las buenas personas, y por eso la sociedad pronto caerá en coma.”


El joven, desconcertado por las palabras del anciano, pensó:


Joven: “Vaya viejo loco. Estoy harto de escuchar las tonterías de ese hombre todo el tiempo. Cada quien tiene lo que merece, o lo que Dios manda. Solo hay que ser buenos y agradecidos por lo que tenemos... o eso creo. La verdad, nunca he sido filósofo.”


El vagabundo inhaló profundamente y, casi gritando, dijo mientras señalaba al joven:


Vagabundo: “Dentro de ti hay un potencial por explotar y descubrir, ¿lo podrás lograr antes de morir?”


El joven se quedó con una mirada de confusión, sintiendo las miradas de los transeúntes y escuchando sus murmullos. Se sintió ansioso y, en su mente, exclamó:


Joven: “¿De qué está hablando? Esas son patrañas.”


Dio media vuelta y se puso a caminar. Mientras lo hacía, su piel comenzó a erizarse, un cosquilleo en el cuello lo molestaba, hasta que sintió una mano en su hombro. Volteó rápidamente y vio a su amigo, quien con una sonrisa le dijo:


Amigo: “¿Crees que algo tan sagrado se le dará a un humano tan desconsiderado?”


El joven protagonista suspiró aliviado al darse cuenta de que era su amigo, pero con total disgusto por el comentario, respondió:


Joven: “Cuando el humano aprenda el origen de la existencia como tal, su vida por terminada dará.”


Su amigo lo miró y, con una sonrisa acompañada de un tono burlón, dijo:


Amigo: “Ya veo, señor filósofo. Ilústreme por favor un poco más, ¡hahaha!”


De repente, escucharon un fuerte ruido que provenía de un autobús verde con un símbolo de un loro. Su amigo alzó la mano en señal de despedida y se subió al bus riéndose del joven, quien, cansado, solo lo miró a la distancia antes de seguir caminando. Mientras lo hacía, observaba pensativo las calles por donde pasaba, sin dejar ningún detalle suelto. Miraba a los niños jugando afuera de sus casas, a los perros que eran tan comunes de encontrar, y la línea del tren, donde solían acumular basura al lado. Así continuó hasta que un dulce aroma lo guio hasta las afueras de una iglesia, donde se quedó mirando una estatua de la Virgen María. Su mente trajo el recuerdo de lo que el anciano en la plaza había dicho, provocando que se quedara quieto por unos momentos... Volvió en sí y continuó su camino en busca de empleo, revisando las carteleras de "Se busca empleado" hasta llegar a una calle solitaria. No había personas alrededor; el lugar era silencioso y muy hermoso, con jardines en los patios y un aire puro, muy diferente a su zona residencial, donde el olor a humo de fábrica, drogas, alcohol, y cigarrillos era abrumador. El aroma de los restaurantes cercanos hacía que su estómago, ya hambriento por la caminata, rugiera con fuerza. Sin embargo, sin previo aviso, el joven sintió un fuerte dolor en la nuca. Al girarse, vio una piedra en el suelo, que parecía haber sido lanzada a propósito. La ira se apoderó de él, y con una mirada de odio dirigida a un grupo de niños a lo lejos, les gritó:


Joven: “¡¿Acaso creen, mocosos de mierda, que es divertido andar molestando a la gente?!”


Tras su grito, los pequeños salieron corriendo despavoridos. El joven se sobó la cabeza para calmar el dolor, se tranquilizó un poco y siguió caminando, hasta que pisó un charco y, evidentemente, se tropezó. Como si tropezarse no fuera suficiente, su cabeza fue a parar contra una escalera de la entrada de una casa. Poco a poco fue recuperando la consciencia, aunque no podía ver nada; todo estaba oscuro. De repente, una voz femenina suave y delicada rompió el penetrante silencio, diciendo:


Voz femenina: “¿Me escuchas? Por favor, despierta. Tienes que levantarte. Por favor, vuelve, todo ha ido de mal en peor. Te necesito, todos te necesitamos. Debes ayudarnos; eres el único que puede detenerlos.”


Una calma se apoderó de él, hasta que poco a poco fue recuperando la visión. Se encontraba en una ciudad futurista, llena de luces LED, autos que parecían flotar, edificios exóticos, plantas hermosas, restaurantes con personajes LED en sus techos y puertas. Una variedad de aromas lo envolvieron, algunos fuertes, otros suaves. Pero al mirar donde estaba apoyado, vio que ya no eran las escaleras de una casa, sino bolsas de basura en una esquina. **Refunfuñando, dijo en voz baja:


—Vaya mierda, esto solo me puede pasar a mí, a un idiota. ¿Qué es esa luz? Es muy bonita… ¿Pero qué carajos? Demonios, se está poniendo negra con un sonido infernal.


Delante del joven, una esfera de luz había empezado a brillar con un color blanco, pero de repente, un vórtice negro surgió del centro de la esfera. Comenzó a emanar una luz negra como el vacío y a emitir un sonido de vibraciones tan intensas que provocaron un fuerte temblor en la ciudad. El joven sintió cómo todo a su alrededor comenzaba a distorsionarse, como si la realidad misma se estuviera desmoronando ante sus ojos.


Su visión empezó a oscurecerse, el dolor en su cabeza regresó con una intensidad insoportable, y antes de que pudiera hacer algo más, cayó al suelo. Todo se volvió negro.


Mientras la oscuridad lo envolvía, la voz femenina que había escuchado antes resonó en su mente, suave pero urgente:


—Por favor, despierta… te necesitamos… eres el único que puede detenerlos…


Y entonces, todo se desvaneció, sumiéndolo en un profundo e inquietante silencio.


Concluyendo con la imagen de su cuerpo inerte en la esquina de la ciudad, rodeado por bolsas de basura y la inquietante sensación de que algo más grande, oscuro, y peligroso está a punto de desatarse.