Before it was love/BL

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Summary

Él podía asegurar quién fue su primer amor, él estaba seguro de haberlo amado como un idiota. Recordaba haber, una vez, deseado hacerle el amor con dulzura, pero en la actualidad solo deseaba destrozarlo. Él no sabía qué nombre darle a sus emociones actuales, lo único que sabía era que.....antes, fue amor.

Status
Ongoing
Chapters
15
Rating
n/a
Age Rating
18+

1-A las 8 en mi casa

Esa mañana era demasiado calurosa, las gotas de sudor recorrían su piel acanelada humedeciendo la camiseta blanca bajo su ropa de deportes.


Los rayos del sol eran demasiado intensos mientras el joven atleta cruzaba la pista de atletismo, y hacían brillar el campus de la universidad en tonos claros y brillantes, una brisa fresca hacía mecer los frondosos árboles y refrescaba a un acalorado Max Bennett.


El sudor recorría su espalda y lo hacía sentir exageradamente sudado, bufó molesto mientras apartaba las hebras castañas de su frente totalmente húmedas de su sudor, definitivamente preferiría estar en la piscina ahora mismo en vez de atravesando el soleado campus con rumbo al departamento de psicología de la universidad.


Claro que su viejo "amigo" estaría en el salón de conferencias del edificio, Max encontró todo un mar de estudiantes una vez atravesó el umbral del departamento de psicología, apretó el asa de su mochila en su hombro y evitó hábilmente a grupos de estudiantes que casi se chocaban con él en una carrera hasta la salida del edificio.


—Vamos Max tú puedes hacerlo— susurra dándose ánimos mientras sostenía el pomo de la puerta del salón de conferencias de psicología sintiéndose repentinamente nervioso.


Una gota de sudor se deslizó con libertad por su frente y de un momento a otro la puerta fue empujada desde dentro por un estudiante que salía haciéndolo trastabillar hacia atrás.


El desconocido pasa por su lado con un pobre "perdona" dejando la puerta entreabierta frente a las narices de Max.


Y entonces lo vio, había pasado mucho tiempo desde la última vez que lo vio, porque a pesar de asistir a la misma universidad ellos ya no tenían nada que ver.


El salón se veía vacío desde su posición y el peli gris recogía los materiales que utilizó para la conferencia de psicología en su mochila, su cabello grisáceo cayendo en suaves cascadas sobre su frente, una expresión calmada adornando su rostro, su piel se veía todavía más pálida de lo que recordaba, casi tan pálida como la blanca camisa que en ese momento el objeto de su observación utilizaba.


La respiración de Max Bennett tembló mientras la puerta se cerraba en sus narices, su mano tomando nuevamente el pomo de la misma.


Max era capaz de aparentar muchísima seguridad incluso si seguro no era precisamente como en ese momento se sentía.


Pero cómo podría tener la poca vergüenza de presentarse ahora frente a él después de todo lo que le hizo pasar?


Sin tomarse más tiempo del necesario meditando aquello tiró el pomo de la puerta hacia su cuerpo y abrió la misma colándose dentro del salón, porque por supuesto que nadie era más desvergonzado que Max en aquella maldita universidad.


—La conferencia terminó— pronunció desinteresado el peli gris sin siquiera alzar su vista en dirección a la puerta, parecía muchísimo más interesante terminar de guardar sus cosas en su mochila y apresurarse a salir del lugar.


Max Bennett modeló una sonrisa petulante en su rostro mientras se acercaba al peli gris que seguía sin mirar en su dirección.


—He dicho que...— el peli gris se cuelga su mochila al hombro y sus palabras quedan atoradas en algún lugar entre su cerebro y sus cuerdas vocales en el momento en que sus ojos se encontraron con el descarado castaño que estaba cada vez más cerca de él.


—Hola— Max saludó agitando su mano animadamente mientras tomaba asiento sobre uno de los escritorios del lugar colocando sus pies sobre una silla —Tiempo sin vernos— retira la mochila de su hombro dejándola despreocupadamente sobre el escritorio en el que está sentado —Víctor Cooper— pronuncia suave mostrando esa sonrisa petulante y socarrona que siempre lo caracterizó.


Víctor Cooper superó la sorpresa inicial de ver a Max allí, Max y su estúpida sonrisa, sonrisa que lo incitaba a querer borrársela a golpes, suspiró con cansancio apretando tanto la mandíbula que sintió sus colmillos y molares doler ligeramente ante la enorme molestia que la presencia de Maximiliam Bennett le provocaba, apretó sus puños hasta que sus nudillos se blanquearon y echó a ver toda la paciencia que poseía para no lanzarse sobre el castaño y azotar sus mejillas con las palmas de sus manos hasta dejarlas enrojecidas, y es que Max le inspiraba demasiadas cosas, pero ninguna era buena.


No obstante a eso se contuvo, puesto que años atrás prometió que no volvería a hacerle daño, al menos no físicamente y al menos no como aquella vez.


—Qué haces aquí?— preguntó secamente agarrando con algo de fuerza el asa de su mochila y da unos pasos más cerca del objeto de su odio —Al fin haz decidido dejar a tus traumas ser objeto de estudio para mí?— preguntó con burla apoyando su palma sobre el escritorio en el que Max estaba sentado.


—Pero qué dices?— preguntó entre risas el castaño no sabiendo lo que su burla provocaba en el peli gris que lo asesinaba con la mirada —No tengo tiempo para eso— hizo un ademán con su mano quitándole importancia al tema.


Él no tenía tiempo ni siquiera para sus traumas.


—Qué coño quieres Bennett?— pregunta con cansancio alejándose unos pasos del castaño que en ese momento bajaba el cierre de su abrigo de chándal y se lo retiraba colgándolo sobre su hombro —Apresúrate y habla, no tengo tu tiempo ni tu disponibilidad— pide en un intento por mantener la calma mientras sus traicioneros ojos no se perdían el manjar del bello torso acanelado de Max moldeado perfectamente por aquella camiseta blanca que yacía empapada en sudor, sus pezones estaban visiblemente erguidos bajo la tela traslúcida. Y aquella cicatriz.


—Tampoco me es agradable verte— pronunció Max alzando su barbilla de forma tan arrogante que a Víctor le causaba demasiada repulsión —No vendría a verte si no fuera importante Víctor— dice abanicando su rostro con ambas manos.


—Joder no digas mi nombre como si fuéramos siquiera conocidos, no te imaginas el asco que me das cuando actúas como si no hubiera pasado nada— escupe con furia pura sin siquiera controlar el volumen de su voz que repentinamente era más alto que de costumbre, al ver la expresión de sorpresa en el rostro de Max, él decide calmarse y dejar sus demonios justo donde estaban, bien escondidos en el sótano de su puta cabeza, aclarando su garganta volvió a hablar —A qué haz venido Bennett? Qué quieres?— pregunta nuevamente, esta vez más suave y bajo.


—Papá quiere que cenemos juntos— anuncia el castaño con su atención en sus manos repentinamente cohibido por las palabras de Víctor —Al parecer tiene algo importante que decir— se alza de hombros y vuelve a mirar a Víctor, pero cuidadosamente, casi podía jurar que estaba evitando a consciencia sus ojos verdes.


—Entiendo— suavizó por completo su expresión, si tenía que pasar un rato amargo por la presencia de Max lo haría por el señor Bennett que tanto había hecho por él —Será en tu casa?— preguntó mirando al castaño que muy extrañamente jugaba con el dobladillo de su camiseta.


—Umm— asiente afirmativamente —Hoy, a las 8 en mi casa— concluye con la mirada gacha.


—Ahí estaré— dijo el peli gris poniendo ambas manos en sus caderas en una pose relajada —Eso era todo?— preguntó ganando la atención de Max sobre él.


—Si— respondió cortamente.


—Levántate— ordenó bruscamente dando un golpe sobre el escritorio donde Max está sentado —Tengo que cerrar antes de irme— dicho esto el castaño obedece y baja del escritorio agarrando su mochila y colgándola en su hombro mientras amarraba el abrigo de su chándal a su cintura.


—Haz cambiado— pronunció en un susurro al estar frente a Víctor y apreciar los pocos centímetros que los separaban. Víctor era más alto que él ahora.


Víctor sólo suspiró y lo miró con desagrado para luego caminar hacia la puerta dejando a Max en el lugar.


—Qué esperas para salir Bennett? Te he dicho que no tengo tu tiempo— la voz amarga y molesta del peli gris lo hace casi trabarse con sus propias piernas justo antes de emprender el camino hacia la puerta saliendo así del salón.


El incómodo silencio sumergió el entorno por un par de segundos que fue lo que Víctor tardó en cerrar con llave la puerta del lugar, segundos que parecieron eternos mientras el nudo en la garganta de Max solo sabía cómo crecer y crecer.


Y entonces lo miró, sus ojos fríos, tan eternos y profundos como la fosa más oscura del océano, y Max pudo ver en su mirada todo aquel resentimiento bien merecido que el peli gris sentía por él.



Cómo podían unos ojos verdes ser tan fríos?


—Creíste que no sucedería?— logró tomarlo por sorpresa porque Max creyó que no respondería —Por supuesto que he cambiado, ya no soy el mismo niño que se arrastraba por ti y moría por tener tu aprobación— sus palabras brotan con tanto desprecio que Max sintió un peso helado cayendo en su estómago —En cambio tú..— sin disimulo alguno lo recorre de pies a cabeza con esa mirada que lograba ponerle los pelos de punta —...sigues siendo el mismo imbécil de siempre— guardando las llaves en el bolsillo delantero de su pantalón sus labios se moldearon en una sonrisa burlona antes de voltearse ligeramente para largarse de allí —Nos vemos en la noche.....Maximiliam— el tono sardónico en su voz era tan evidente al llamarlo por su estúpido nombre completo que Max ardió en cólera no encontrando opción más allá de quedarse petrificado en el lugar completamente sorprendido por la actitud del otro.


Porque Max Bennett era arrogante, orgulloso, era el típico deportista busca pleitos con cero materia gris en su masa cerebral. Max Bennett era un impertinente que alardeaba del dinero que su familia poseía y veía a todo ser vivo por encima de su perfecto hombro.


Era un jodido niñato engreído que no era más que la preciosa cubierta de un cascarón vacío, pero qué hermoso cascarón era ese.


Su belleza solo era comparable a su crueldad siendo capaz de arruinar la vida de un ingenuo estudiante de secundaria que había visto en él a la misma Afrodita personificada. Aunque ciertamente, a los ojos de Víctor Cooper, Max Bennett era muchísimo más hermoso.


Aún recordaba la primera vez que tuvo el placer de verlo sin hacerse una idea de que, ese hermoso rostro con ojos de dura expresión, se transformaría en su infierno personal.


La primera vez que lo vio, luciendo tan perfecto en aquel traje rojo, tan extravagante ante sus ojos, tan difícil verse bien con esas ropas, pero logrando verse incluso mejor que perfecto.


La primera vez que el señor Bennett los presentó, la primera vez que percibió su aroma floral de cerca y estrechó su mano, tan masculina como suave portando una inusual delicadeza.


Pero Max Bennett estaba muy lejos de ser perfecto. Tarde lo supo.


No había una sola persona en su entorno que no lo detestara, y quienes normalmente lo rodeaban lo hacían únicamente por pura obligación, o puro interés.


De su mano recibió la primera bofetada, el primer empujón, el primer maltrato en su cabello, en sus perfectas manos él rompió su corazón, ese que con inocencia se aceleró por el hermoso chico al que osó llamar hermano mayor solo porque el señor Bennett le dijo que podía, y él cometió el error de creer. Pero no se detuvo hasta aplastar también su dignidad, hasta dejarlo deshecho sobre los trozos rotos de su propia vergüenza.


Max se burló de él, lo usó, lo maltrató y molestó durante años. Con sus amigos le tendió una trampa haciéndole creer que le gustaba, y Víctor le creyó, tan ingenuo y tan estúpidamente enamorado que no vio la crueldad de sus intenciones tras la turbia sonrisa en sus labios, esos con una aparente suavidad.




Y Víctor terminó desnudo en una habitación de hotel, siendo su ropa robada por Max Bennett y grabado por sus amigos. Durante años fue la burla de todo el maldito instituto debido a aquel vídeo circulando.


Cada vez que acababa el año Víctor tenía la ingenua esperanza de que al siguiente ya no habría ni rastro del vídeo suyo, que ya nadie hablaría de él, ni recibiría sus burlas. Pero al próximo año Max y sus amigos volvían a distribuirlo en la web de la escuela y en los grupos de amigos de cada clase.


Hasta que un día finalmente el infierno se detuvo. Max dejó de molestarlo, y eventualmente los monos que le seguían también lo hicieron.


El vídeo que en aquellos años fue su mayor tortura siendo superado únicamente por el propio Max Bennett , ya no era posible de encontrar en ningún sitio, había sido eliminado de todos lados.


Si Víctor no conociera el por qué Max hizo algo así, como el resto pensaría que quizá, estaba madurando, que había dejado de ser una maldita escoria de la sociedad, que ser ahora un joven adulto de 23 años y matricular en la universidad lo había hecho crecer como persona.


Pero no era así.


Sus pasos resonaban bajo sus pies haciendo eco en el vacío corredor y Víctor saboreó la sonrisa en sus labios tan solo de recordarlo. Aquella alargada cicatriz que ocupaba de forma perfecta el lugar bajo la clavícula derecha de Max, ese lugar donde, sobre la hermosa piel canela se abría paso una cicatriz hecha por él, mientras otra yacía sobre su ceja, oculta bajo su cabello castaño, ese que recordaba tan suave enredado entre sus dedos.


Por eso se detuvo.


Por eso dejó de acercarse a él, por eso mantuvo la distancia hasta este día. Por eso lo dejó en paz.


Pronto el bullicio de la cafetería de la universidad inundó sus oídos y a medida que sus pasos lo guiaban al final del corredor, las voces eran cada vez más audibles.


Al tener todo el mar de gente a la vista, sus ojos buscaron a una persona en específico dando con ella casi al instante, se encaminó hacia él con una suave sonrisa dibujada en el rostro. Nada comparado a aquella sonrisa amplia que tuvo en sus labios segundos antes al recordar de forma dulce que él también le había hecho daño a Max Bennett.


—Hola— saludó suavemente tomando asiento frente a él. El chico pálido de mirada desinteresada solo asintió con la cabeza y Víctor sonrió más amplio haciéndolo arquear una ceja en su dirección.


Max había destrozado su cordura, había roto su corazón y pisoteado su dignidad, resquebrajó sus límites empujándolo de cabeza a hacer algo de lo que él jamás se creyó capaz. Pero si algo bueno sacó de todo eso, además de la satisfacción de habérsela devuelto, aunque corta, sin creces y sin intereses dejándolo completamente insatisfecho, fue el hecho de conocer a Feis Hollier, quien se convirtió en su único amigo.


—Por qué sonríes así?— es lo que cuestiona el pálido chico de cabello negro dando un corto sorbo a su malteada sin alejar sus ojos astutos del rostro intrigante de su amigo.


—A qué te refieres Feis?— la inocencia que aún reflejaban sus ojitos de bambi nada tenía que ver con la sonrisa desquiciada que tomaba posesión de su rostro.


—Víctor— advierte en un suspiro —La última vez que te vi sonreír así Max Bennett terminó hospitalizado. Te conozco así que escúpelo. Qué sucedió?— y el peli gris solo supo cómo reír.


—Ay Feis a veces odio que me conozcas tan bien— estirando su mano sobre la superficie fría de la mesa que compartían alcanzó una hamburguesa que Feis siempre encargaba para él cada que se tardaba en alguna conferencia o clase.


—Y bien?— indagó Feis alzando nuevamente su ceja, y su expresión se tornó aún más sorprendida en su rostro al verlo bajar la cabeza en un intento fallido por esconder su amplia sonrisa.


—Lo vi.....hoy— es lo que susurró apresando su labio inferior entre sus dientes con la intención de sofocar su sonrisa.


—Qué....


—Fue a buscarme al salón de conferencias del edificio. Acaba de irse— explicó suave y pudo ver en cámara lenta la forma en que los ojos de Feis se ampliaron con una extraña mezcla entre sorpresa y mitigado horror, tan inusual en el siempre estoico Feis Hollier.


—Te buscó dices? Por eso sonríes así?— Feis no daba crédito a lo que oía —Qué era lo que quería Víctor? No es bueno que se junten y lo sabes, recuerda lo que ocurrió la última vez— advierte con un deje de preocupación en su voz.


—Lo sé Feis, él lo sabe también. Por eso me ha dejado tranquilo todo este tiempo— tranquiliza —Si me buscó hoy fue por el señor Bennett— lo oye suspirar con alivio —Aún así..— y la atención de Feis vuelve a caer sobre él con preocupación.


—Aún así?— indagó viéndolo con una intensidad capaz de agujerearle el espacio entre los ojos.


—La cicatriz..— y su sonrisa volvió a hacer acto de presencia en sus labios —..sigue ahí—


Y justo como si lo hubieran invocado, Max Bennett entró en la cafetería, con la blanca camiseta transparentando sus pezones canelas y pegándose a su piel debido al sudor, el abrigo de chándal atado a su cintura y las manos metidas en los bolsillos del pantalón.


Cada paso que daba lo eclipsaba todo a su alrededor, desde sus pasos suaves y relajados hasta la forma grácil en que su cabello castaño se balanceaba sobre su frente, el movimiento suave pero masculino de sus caderas al caminar, la forma en que sus ojos pardos brillaban ante el reflejo de la luz en ellos, la forma en que alzaba la barbilla denotando toda la superioridad con que fue criado, y el como sus labios carnosos se curvaban en una sonrisa socarrona.


Tan perfecto. Y Víctor no perdió de vista ninguno de sus movimientos hasta que tomó asiento en una mesa relativamente cercana con sus amigos.


—Él..— la voz de Feis lo trajo de regreso de su apreciación de Max —Sigue siendo memorable para ti. No es cierto?— suspiró rendido casi en una afirmación y los ojos de Víctor volvieron a posarse sobre Max Bennett, el sonido de su risa resaltando por encima del mundano bullicio.


—Memorable— repitió bajo, tal y como si lo consultara consigo mismo —Feis— llamó, volteando a verlo y apartando por fin sus ojos del rostro de Max.


—Umm— es lo único que pronuncian sus labios, sus ojos volviendo al rostro de Víctor notándose a sí mismo perdido en la mesa cercana al igual que él.


—Alguna vez haz sentido estos enormes deseos de destruir a una persona?— y los ojos de Feis se abrieron como platos —Alguna vez te ha gustado tanto alguien hasta el punto de querer destrozarlo?— la seriedad en su pregunta fue opacada por la carcajada que abrió los labios de Feis Hollier.


Y Víctor comprendía el motivo de su risa, lo entendía porque hasta él deseaba reírse de sí mismo. Deseaba reírse a carcajadas por su estupidez. Y es que. Cómo podía seguirle gustando una persona que le había hecho tantísimo daño? Porque Max Bennett lo lastimó de todas las formas posibles, y él aún sentía esas malditas mariposas.


Solo que estas venían acompañadas de algo más, algo oscuro.


No se rió. Solo esperó que las carcajadas del otro se detuvieran por si solas.


En otro momento quizá se cuestionaría qué demonios había sido tan gracioso. Pero no ahora.


Porque era cierto. Él quería destruir a Max, quería destrozarlo, golpearlo en su punto más débil con toda la fuerza que poseía.


Pero cuál era? Su punto débil? No lo sabía.


Él tenía uno siquiera? Viéndose siempre tan perfecto que Víctor solo deseaba arrancarlo a rastras de ese pedestal en el que llevaba toda una vida postrado para arrojarlo al barro y ensuciar su perfecta imagen hasta el cansancio.


Quería derribarlo por completo y destruir todo ese orgullo que lo hacía ver inalcanzable incluso para quienes estaban siempre junto a él.


Quería doblegarlo y obligarlo a bailar en su terreno, con sus horrores, aunque fuera por la fuerza. Y deseaba poder hacerlo en esta vida porque en serio ya no era capaz de aguantar otro año viendo de lejos todo lo que, con sus manos él quería destrozar.


—Oh vaya— la voz de Feis lo trajo de regreso para captar el momento justo en que secaba sus lágrimas —Perdona Víctor, en verdad lo siento, no sé qué me pasó— aclaró su garganta portando una sonrisa culpable en su rostro al verlo alzarse de hombros —Esa declaración fue....un poco perturbadora realmente. Aunque después de todo el daño que te hizo, todos los años que sufriste sus maltratos y todo el esfuerzo que te llevó recuperar tu vida y la dignidad que ese imbécil destrozó sin ningún remordimiento, supongo que es entendible— explicó suave —De hecho me preocupan más tus inclinaciones....sádicas— una pequeña sonrisa culpable ataca su rostro ante la sinceridad con la que brotan sus palabras, pero si algo valoró siempre Víctor en él, fue esa sinceridad —Seré sincero Víctor, es preocupante. Sufriste sus abusos durante años, es horrible, si estuviera en tu lugar probablemente querría hacerlo pedazos también. Pero la última vez que te dejaste provocar y cediste a tus instintos más bajos, él terminó herido. Gracias a que lograste atenderlo a tiempo la cosa no acabó demasiado grave, pero juro por dios que cuando te encontré en el hospital, con su sangre en tus manos, la sonrisa que llevabas en el rostro era de satisfacción pura— dijo.


—Eso fue....


—Lo sé— lo interrumpe —Conozco tus motivos, créeme que yo mejor que nadie los conozco. Pero Vic, el bullyng es algo serio, y hace a penas un año que dejó de ocurrirte. No haz pensado ir a terapia?— cuestiona con real interés.


Realmente no lo había considerado siquiera. No le interesaba. Él conocía sus traumas, los horrores de su mente y los monstruos bajo su cama, precisamente por eso había escogido estudiar psicología, para comprender la naturaleza de sus pensamientos y cada uno de los traumas dejados allí por Max Bennett, su infierno personal.


Ese que lo debilitaba y hacía sentir un monstruo a partes iguales.


Quizá cualquiera diría que alguien con sus inclinaciones no era apto para la psicología. Pero existía alguien cuerdo realmente?


Un policía no es precisamente una persona justa, un juez no tiene la razón absoluta, y el papa no es dios. Todos son seres humanos llenos de defectos e impurezas, llenos de traumas e imperfectos por naturaleza.


Víctor Cooper no es la excepción. Él conoce sus demonios mejor que nadie, y sabe que los deseos insanos que se desatan en él cada vez que Max está cerca, no son....usuales.


—Creo que hablan de ti— y nuevamente la atención de Víctor voló al otro, para seguidamente enfocar la mesa que Max ocupaba junto a un par de personas que no lograba identificar, y una tercera que si.


—Por qué demonios harías eso? Ni siquiera es mi amigo— el tono de desdén en la voz de Max y la mirada en sus ojos dirigida hacia él lograron que algo extraño se desatara en su interior.


—Es mi amigo, y es mi maldita fiesta. Entendido?— gruñe esta vez un chico rubio de mejillas sonrosadas y regordetas al que si conocía, aunque difería en eso de "amigos"—Ahora vuelvo— lo ve ponerse de pie y caminar hacia la mesa que él y Feis ocupan con una radiante sonrisa en su aniñado rostro.


Micah Goodrich era el mejor amigo de Max desde siempre, jamás participó en los abusos de Max y los otros dos hacia él, y Víctor no le guardaba rencor en lo absoluto, contrario a eso le agradecía haberlo salvado varias veces al ponerse en medio.


No comparto las aficiones de Maxi. Fueron las palabras que le dijo la primera vez que se interpuso entre él y Max deteniendo así la tortura.


—Hola Vic— saludo el rubio con una sonrisa angelical alternando su mirada entre él y Feis —Hola Feis— un gesto suave con su cabeza fue todo, un segundo después estaba dedicando a Víctor Cooper toda su atención —Víctor, estaré dando una fiesta esta noche en mi casa. Recuerdas? Estuviste allí un par de veces— claro que lo recordaba, esas fueron unas de las pocas veces en que Max Bennett lo dejó respirar —Me estaba preguntando si te gustaría venir. Feis también puede venir— una mirada a Feis, un par más de sonrisas y se estaba regresando por donde vino sin darles tiempo para responder.


Ir a una fiesta en la Max Bennett estaría. Claro. Qué podría salir mal?


Y quizá estaba subestimando por completo el peligro implícito en la decisión, pero aún así él iría.






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