Por el resto de mi vida (TogaChako)

Summary

Historia paralela con "Por el resto de nuestras vidas" KatsuDeku. --- Ochako creyó que con aquella sonrisa, sería la última vez que vería a Himiko. Que el sacrificio de aquella villana que solo era una niña llorando sería el fin de sus días y entre la inconsciencia y el dolor de las heridas, solo pudo pedir a los médicos que la salvaran. No importaba como, pero que pudieran mantenerla viva, porque no podía soportar verla morir cuando aún les quedaba una vida entera para hablar. ¿Un acto egoísta o la salvación? Himiko sobrevivió y ahora Ochako debe cumplir su promesa: "Te daré mi sangre por el resto de mi vida". Universo Canon Parejas secundarias: KatsuDeku, KiriMina, KamiJiro

Genre
Romance/Other
Author
Hada
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
13+

Prólogo

Cuando abrió sus ojos, Himiko miró el cielo del hospital pintado de un blanco tan puro que pensó en el paraíso angelical.


Y luego escuchó la maquina de pulso pitar.


Entonces se dio cuenta de que, fuera bueno o malo, estaba viva, aún cuando voluntariamente había dado su vida para salvar a la heroína que no la vio como una villana, sino como la chica más linda del mundo.


No se sorprendió cuando notó que sus manos estaban encadenadas a la camilla. Sí, aunque para ella no fue una villana, seguía siéndolo para la sociedad. Maldijo en su interior y suspiró. Seguramente la enviarían al Tártaro, a la espera de una sentencia.


¿Cuanto le darían por sus crímenes? ¿Cinco años? ¿Ocho años?


Pasaría sus días encerradas en prisión. Sí, hubiera preferido morir.


—¡Himiko!


Giró bruscamente su cabeza hacia el lugar de donde provenía la voz de Ochako.


La encontró, con la ropa de hospital y un soporte con suero del cual se sostenía para no caer. Su rostro se veía cansado y sus ojos rojos. Al instante se dio cuenta de que hace no mucho se encontraba llorando.


Ochako corrió hacia ella aun sabiendo que corría riesgo de que sus heridas se abrieran. La había esperado tres días, quería verla, necesitaba saber que estaba viva.


—Ochako... —susurró Himiko, con la garganta seca. Le costó decir esas palabras y tragó saliva.


Al instante en que llegó junto a ella, Ochako se arrodilló en el suelo y tomó una de las manos de Himiko, llorando.


—Lo siento tanto —sollozó, apretando con debilidad su mano—. No podía dejarte morir... No cuando prometí darte mi sangre por el resto de mi vida.


Ochako había pensado mucho en esos tres días. El impacto que sería para Himiko saber que Tomura había muerto sería un golpe fuerte, aun más considerando que Spinner estaba encerrado y Dabi sobreviviendo a duras penas.


Que la encerraran en una prisión donde estaría mucho más tiempo del que podía pensar, que estuviera sola, que no pudiera ser una villana como lo había sido...


Ochako nunca se había sentido tan egoísta como lo sintió aquellos tres días, donde no pudo parar de pensar en Himiko a pesar de que el chico que le gustaba había entrado en un coma del cual no se sabía cuando despertaría.


Por más tristeza que le había dado enterarse de la noticia de Izuku, lo único en lo que su mente daba vueltas y vueltas era en cómo afectaría a Himiko todo lo que había ocurrido.


¿Ella tenía el deber de dejarla morir o hacer lo que pudiera para salvarla? ¿Aquella decisión la había convertido en una heroína, o la había hecho la villana de la historia?


Sin embargo, recibió un apretón de Himiko. Su mano se entrelazó con la suya y, haciendo esfuerzos, la chica rubia la acercó hasta su boca.


Fue en ese momento que solo con el filo de sus dientes logró romper la piel de Ochako y que brotara sangre, la cual recibió con una sonrisa que a Ochako le pareció adorable.


—Por el resto de tu vida, ¿eh? —dijo Himiko, saboreando el dulzor de Ochako en sus labios—. Está bien, heroína. Tienes que hacerte cargo de tus decisiones. Tu sangre es mía desde ahora y para toda la vida.


Y aunque cualquiera se hubiera asustado con esas palabras, Ochako sonrió entre sus lágrimas.


—Por supuesto —sollozó nuevamente, sabiendo que ese era su deber, pero debatiéndose entre sí lo haría por deber, o por la importancia que aquella chica había cobrado en su vida, entrando como un huracán y transformando su visión de todo.


Todo lo demás carecía de importancia cuando podía ver aquella sonrisa que era la más linda del mundo.