Capítulo uno: El comienzo del fin
En las profundidades de un complejo de laboratorios subterráneos, oculto bajo la bulliciosa ciudad de Nova, un equipo de científicos trabajaba incansablemente. Su objetivo: crear un virus capaz de erradicar todas las enfermedades conocidas, un hito en la historia de la medicina que garantizaría una humanidad libre de padecimientos.
El Dr. Alistair Thorne, un hombre de mirada intensa y obsesionado con su trabajo, lideraba el equipo. Meses de investigación y experimentos habían culminado en la creación de un virus sintético, al que llamaron "Omega". En teoría, el virus debía atacar únicamente las células enfermas, dejando las sanas intactas. Sin embargo, lo que Thorne y su equipo no habían previsto era la impredecible naturaleza de la vida.
Durante una prueba de rutina, una pequeña muestra del virus se filtró accidentalmente, escapando de la contención de nivel máximo. En cuestión de horas, el virus se propagó por las instalaciones, infectando a los investigadores y al personal de mantenimiento. Los síntomas iniciales eran leves: un simple resfriado, una ligera fiebre. Pero pronto, la enfermedad mutó, volviéndose más agresiva y letal.
Los infectados experimentaron una rápida degeneración física. Sus cuerpos se retorcían de dolor, sus órganos fallaban uno a uno. La piel se ennegrecía y se descamaba, revelando una masa de tejido putrefacto. En cuestión de días, la ciudad de Nova se convirtió en un infierno. Los hospitales se desbordaron, los muertos se amontonaban en las calles y el caos se apoderó de la población.
El gobierno intentó contener la epidemia, pero fue en vano. El virus se propagó más rápido de lo que podían imaginar, saltando de ciudad en ciudad, de país en país. Las comunicaciones se interrumpieron, el comercio se paralizó y la civilización se desmoronó.
En los laboratorios subterráneos, Thorne y los pocos sobrevivientes de su equipo luchaban por encontrar una cura, pero era demasiado tarde. El virus había escapado de su control, convirtiéndose en una fuerza imparable que amenazaba con extinguir a la humanidad.
Mientras el mundo se sumía en la oscuridad, Anya, una niña de apenas cinco años, se encontraba en un refugio subterráneo con sus padres. Escuchaba las noticias por radio, aterrorizada por las historias de muerte y destrucción. No comprendía del todo lo que estaba sucediendo, pero sentía un profundo miedo.
Años más tarde, Anya emergería de las sombras, buscando respuestas y tratando de reconstruir un mundo destrozado.