¿Los recuerdas, Ryoba?

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Summary

Ryoba regresa a la antigua casa de sus padres en el bosque, donde descubre un misterioso espejo que revela secretos ocultos. Mientras explora el entorno, se encuentra con situaciones inquietantes que la harán dudar de sí misma y su entorno. ¿Qué sucede en la casa? ¿Qué secretos esconde el bosque? ¿Podrá Ryoba descubrir la verdad?

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1
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n/a
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18+

Ryoba...

En lo profundo del bosque, donde los árboles se entrelazaban creando sombras, se encontraba la antigua casa de los padres de Ryoba. La estructura de madera, cubierta de musgo y extraños símbolos tallados, resistía al paso del tiempo.

Ryoba, regreso a ese lugar después de varios años de ausencia. La casa estaba alejada de la ciudad, rodeada por un lago tranquilo que reflejaba el cielo cambiante.

Ya ni siquiera recordaba por qué abandono esa casa, dejando todo atrás.

Sus padres se encontraban de vacaciones en el extranjero, y ella, se ofreció a quedarse en la casa para cuidar a las gallinas, que su madre adoraba.

Ryoba se concentró en la rutina de la casa.

Cada mañana, antes de que el sol saliera por completo, caminaba hacia el gallinero. Las gallinas la recibían con cacareos escandalosos y picoteaban el maíz que les tiraba.

El aire fresco del bosque la envolvía, y por un momento, Ryoba se sentía en paz.

Sin embargo, esa tranquilidad se vio interrumpida una mañana. Mientras tiraba el maíz para las gallinas, escuchó un ruido que provenía del sótano. Un crujido apenas audible, como si algo se moviera entre la oscuridad. Ryoba se detuvo, aun con un puñado de maíz en su palma-

¿Qué podría estar ahí abajo? ¿Un animal perdido? O tal vez solo era su imaginación jugando otra vez con ella. Pero, no podía ignorarlo. La curiosidad la guio hacia la puerta del sótano, que chirriaba al abrirse.

La escalera descendía en espiral, oscura, llena de suciedad y polvo..

Ryoba bajó con sigilo, percatándose de la humedad del lugar. La luz desde la puerta, apenas llegaba ahí.

Al estar en el último escalón, observo la habitación pequeña y polvorienta. Estanterías cubiertas de telarañas sostenían cosas olvidadas: libros viejos, frascos con líquidos desconocidos y un espejo.

El espejo era algo diferente a cualquier otro que haya visto. Su marco estaba adornado con gemas que no brillaban por la suciedad, y, el cristal parecía contener un mundo propio.

Cuando Ryoba se miró en el, no solo vio su propio reflejo, sino también vio partes de otros lugares: un bosque fantasioso con una casa de campo en medio, un castillo en ruinas que la naturaleza se comía, una ciudad pequeña en la que vio demonios y unos asesinos escondidos, y por último, un rostro pálido que no reconocía.

Pero había algo extraño. El rostro pálido que vio, era el suyo. Ryoba apretó el espejo en sus manos temblorosas. Cerro los ojos y suspiró, intentando tranquilizarse. Cuando volvió a abrir los ojos, el reflejo en el espejo era de ella.

—Mi imaginación es buenísima —susurró, sonriendo al espejo.

Su mirada se dirigió a su hombro reflejado en el espejo, tenía una mano descompuesta tocándola. Su labio inferior tembló cuando sintió una respiración en su cuello.

—Presta atención por donde caminas, o caerás, como una idiota.

Ryoba grito con todas sus fuerzas dejando caer el espejo al suelo. Salió corriendo del sótano y se encerró en su antigua habitación.

—Es mi imaginación. Solo soy yo saboteándome, Debo dejar de ver películas de terror.

Pronto, Ryoba pudo tranquilizarse, pero recordó una de sus más grandes responsabilidades, su perrito Loki. Corriendo usando toda su velocidad, llego al patio, y grito una y otra vez el nombre de su mascota. Se maldijo mentalmente, no quería estar afuera, estaba aterrada.

Loki salió de unos arbustos moviendo la cola y corriendo. Su imperatividad lo hacía correr muy rápido. Ryoba lo siguió ciegamente, mientras este se adentraba en el espeso bosque.

Su corazón latía con fuerza, y su cabello negro se enredaba con las ramas, lo que la hacía perder tiempo mientras lo desenredaba

Loki desapareció entre los árboles, y Ryoba lo persiguió, sonriendo. No era la primera ni la última vez que perseguía a Loki.

Sus pies tropezaron con un hueco en el suelo, un agujero que parecía haber sido excavado por un oso debido al exagerado tamaño.

Al caer, Ryoba aterrizó en algo de pasto. El hedor a muerto llenó el aire, y la misma voz que le habló en el sótano, volvió a hablarle.

—No enciendas la linterna de tu celular al menos que quieras recordar porque te fuiste de esa casa.

Ryoba frunció el ceño, dispuesta a llevar la contraria encendió la linterna de su celular, lo que vio la dejo paralizada. Trago saliva con fuerza e intento contener las ganas de vomitar.

Eran dos cuerpos adultos descompuesto.

—¿Los recuerdas? —dijo aquella voz.

Ryoba, con las manos temblorosas, giro la linterna de su celular hacia la voz. Ahí, en la esquina más oscura de la madriguera, encontró al dueño de aquella espantosa pregunta.

El rostro era un horror. La mandíbula colgaba desgarrada, la piel formaba capas como hojas de papel, llenas de sangre.

El rostro desfigurado en la madriguera se inclinó hacia ella, sus labios partidos intentaron formar las palabras.

La voz que salió era un susurro áspero, como si proviniera de las profundidades del maldito infierno.

—¿Recuerdas quiénes son estos cuerpos, Ryoba? —preguntó el ser, y su mirada sin pupilas pareció hipnotizar a la joven

Ryoba se esforzó por encontrar una respuesta a la pregunta de ese ser. Pero no encontró las palabras ni en sus propios recuerdos. Una vez más, su mente no la ayudaba.

—¿Por qué están aquí? —murmuró Ryoba, temiendo la respuesta.

El rostro sonrió, una sonrisa que casi llegó a los ojos.

—Porque tú los trajiste aquí, Ryoba. TU LOS SACRIFICASTE.

Ryoba no soporto un segundo más. Con el teléfono en la mano, hizo el mayor esfuerzo para salir de ese agujero, sus rodillas lastimándose por la fricción con la tierra y raíces, sus uñas clavándose en la tierra. La adrenalina hizo que olvidara el miedo y usara todas sus fuerzas para salir de la madriguera.

Al sentir el aire fresco, como pudo, se levantó y corrió hacia el lago. Estar en la casa le daba miedo, sabía que esa cosa también estaría ahí. Ryoba corrió a través del bosque, sus pies tropezando con raíces y piedras.

Se detuvo en la orilla jadeando, luchando por respirar debidamente, dejó caer sus rodillas en el suelo.

—¿Por qué, Ryoba? —la voz emergió de la oscuridad, resonando en su mente—. ¿Por qué sacrificaste a tu familia? ¿Qué deseabas tanto que estuvieras dispuesta a pagar ese precio?

Las lágrimas llenaron sus ojos, agarro su cabeza con ambas manos, gritando. El lago reflejaba su rostro. Pudo ver como su mascota saltaba al lago y ahí, comprendió todo.

—Esta no es mi realidad...

—Todo aquí es real. Hija, aléjate del lago —esa era la inconfundible voz de su madre.

—¿Cuándo llegaste, mamá?

—Hace... unos minutos —dijo acercándose—. No hagas ninguna locura... ¿tomaste tu medicina?

Ryoba apretó los dientes y se puso de pie.

—Yo ya te había asesinado antes de que me medicaran por esquizofrenia, es imposible que sepas de las medicinas. Falsa.

La madre falsa de Ryoba rodó los ojos con desprecio y se acercó a ella. Ryoba retrocedió, su corazón estaba latiendo demasiado rápido, estaba entrando en pánico.

La figura que se hacía pasar por su madre no era humana; su piel se desprendía en capas, revelando carne podrida y ojos hambrientos.

—Te metiste con poderes que están fuera de tu alcance y comprensión. Debes pagar por ello.

Con un último aliento, Ryoba corrió adentrándose al lago. Se sumergió en las aguas. El frío la envolvió. Nado hasta el fondo, donde se vio reflejada tan claramente como en un espejo.

Solo debía tocar su reflejo.

Miro hacia atrás a ese ser terrorífico que se le acerca abriendo la boca mostrando un sin fin de dientes.

Ryoba toco su reflejo, y cerró los ojos. Ya estaba del otro lado. Nado de manera veloz para salir del lago. El cielo estaba gris, y este lago, no reflejaba nada.

Al salir del lago, Ryoba vio a Loki. Ambos estaban mojados.

—La peor experiencia de mi vida. ¡Era un perro!, ¡en ese lugar soy un perro! —dijo el joven viendo a su hermana.

—Otra realidad en la que ellos están muertos —Ryoba apretó la mandíbula.

—¡Una realidad en la que yo no existo como tu hermano! —Loki suspiró con frustración—. Ha sido la peor realidad porque esos seres extraños jugaron con nosotros. Y te hicieron olvidar que tu ibas por nuestros padres. Si no hubiera sido porque yo corrí hasta el lago no te hubieras percatado.

—Ya cierra el hocico —Ryoba camino, adentrándose al bosque de árboles sin vida—. Hay que seguir intentando hasta encontrarlos.

—Esas cosas nos ubicaran. Rompimos todas las reglas.

—Tu nunca sigues las reglas.

Loki asintió con la cabeza y siguió a su hermana.

—Que feo que en esa realidad también los hallas matado.

—Por lo menos, en esta realidad me arrepiento.