Buscando empleo
Empezar un nuevo trabajo siempre es difícil, sentimientos de alegría e incluso temor a lo que te puedas encontrar, ya sean tus nuevos jefes o compañeros, el lugar al que tengas que ir y la labor que tengas que desempeñar es bastante natural.
La incertidumbre de pensar en si saldrán las cosas bien o no invaden nuestra mente.
Pero ahora pienso, que esa sensación o miedo a lo desconocido, podría ser tu propio subconsciente, avisando que algo va a salir mal, aunque no sepas porqué.
La siguiente experiencia, es una de las más aterradoras que he experimentado, ha marcado mi vida, aunque las pesadillas no cesan, y lo que viví fue horrible, de alguna manera ayudó a fortalecer mi espíritu y coraje, pero algo tengo muy claro, y es que no deseo, que otra persona pase por la misma situación.
Mi historia comienza aquí:
Me llamo Steven, soy vigilante de seguridad, hasta hace dos semanas estaba sin trabajo, la empresa anterior para la que trabajé cerró, por lo que encontrar un nuevo curro, se había convertido en mi hobby favorito.
Una tarde, recibí la llamada de una persona, me ofrecía vivir y trabajar en el mismo sitio, me informó que tendría un sueldo bastante alto, del cuál me hablaría al día siguiente en una entrevista.
Estuve ansioso por ir, no pude dormir en toda la noche, una parte de mí, que no entiendo porqué, un presentimiento tal vez, me decía a gritos que no era buena idea.
-¡Vamos Steven!, ¡todo va a salir bien!
Auto animándome y la necesidad de trabajar, callaron esa voz interna, me preparé y salí camino a la entrevista.
El trabajo consistía en vigilar y proteger una antigua fábrica, la cuál, se dividía en un par de naves industriales de diferentes tamaños y un chalet con piscina, que se convertiría en mi residencia por el tiempo que durara allí.
Ganaría mil euros semanales y gozaría de todas las prestaciones legales, que me correspondían cómo trabajador.
Cada semana un supervisor iría a verificar que todo estaba bien y a llevarme lo que me hiciera falta, ya fueran alimentos o productos de higiene.
(Todos los gastos correrían por parte de la empresa).
Sólo habían unos pequeños detalles:
El único trabajador que estaría allí día y noche sería yo y no podía entrar nadie más,
no podía salir del recinto, sin avisar el tiempo que estaría por fuera y tendría que esperar, a que llegara alguien a reemplazarme durante ese tiempo, ya que la preocupación más grande que había, era que ocupasen a la fuerza el chalet o demás edificios o que robaran la maquinaria de alto valor que aún seguía ahí.
-¿Estás de acuerdo? ¿ Tienes alguna duda?
(Preguntó el entrevistador mirándome
fijamente)
-La verdad está todo muy claro, me gustaría trabajar.
(Dije sin hacer ninguna pregunta).
-¡Perfecto!, firmemos el contrato ahora y empiezas mañana.
Sin pensármelo dos veces firmé.








