La Alevosía De Los Kim

Summary

Mi primer intento de piratería. Espero que les guste. 🚫 PROHIBIDO LA COPIA Y/O ADAPTACIÓN DE ESTA HISTORIA 🚫

Status
Ongoing
Chapters
24
Rating
5.0 1 review
Age Rating
18+

Prólogo

Seokjin se removió inquieto por los extraños ruidos que se percibían desde las afueras de la celda en la que se encontraba. Se obligó a levantarse del sucio piso y se acercó con lentitud a la puerta para mirar a través de los gruesos barrotes de hierro, sus facciones se llenaron de temor al presenciar el como degollaban a uno de los guardias.


— ¿Jin? — escuchó un susurro detrás de él — ¿Qué ocurre? ¿Qué está pasando?


Seokjin se acercó al azabache, mientras hacia muecas por el dolor de sus tobillos.


— Kook, creo que están atacando a-


Sus palabras se vieron interrumpidas por el grito desgarrador de algún hombre.


— ¡¡MANTÉNLOS A TODOS!!


Aquella voz ronca resonó en toda la mazmorra.


Seokjin se paralizó por los gritos que inundaban el lugar. Jungkook miró con miedo la puerta, rezando a algún Dios para que los protegiera... Pero aquellas plegarias no fueron escuchadas.


Los dos jóvenes se paralizaron ante la mirada morbosa de un hombre con cicatrices en el rostro.


— Vaya, vaya. ¿Qué tenemos aquí? — habló lentamente, tan siniestro como repulsivo.


Seokjin cubrió a Jungkook con su cuerpo, sus manos temblaban, su mirada buscaba con desesperación algún objeto para defenderse, algo, lo que fuese, pero entonces recordó que sus tobillos estaban atados a unas cadenas al igual que los de su amigo. No tenían escapatoria.


Nunca la tuvieron.


Un fuerte sonido seco resonó en la celda cuando la puerta de gruesos barrotes fue derribada por uno de los intrusos. Seokjin se abrazo con fuerza a Jungkook, pero no sirvió de nada. Un hombre de piel oscura agarró el azabache del cabello y lo hizo gemir de dolor, Seokjin quiso ayudar a su amigo, pero sintió el jalón de una mano ajena que sujetaba fuertemente las hebras de su nuca, lo habían inmovilizado.


— ¡SUÉLTENLO! ¡POR FAVOR! — suplico, sus ojos se llenaron de lágrimas que recorrieron sus mejillas, sintiéndose miserable. Maldito — ¡Por favor! No le hagan daño.


Su cuello fue rosado por el peligroso filo de una daga.


— Shh, ¡Maldición! — siseó el hombre que lo sujetaba —. Las perras chillonas me fastidian — gruñó.


Seokjin apretó su mandíbula con fuerza, sus ojos llenos de lágrimas no se apartaban de su amigo.


Jungkook estaba siendo desnudado por aquel asqueroso hombre.


— Por favor, no — pidió entre lágrimas, temblando por el miedo, giró su rostro en  busca del castaño, gritando desesperadamente mientras miraba con fijeza a quien se había convertido en su amigo.


Los gritos de Jungkook se mezclaron con las risas de burla del hombre que rompía sus prendas hasta que el azabache quedó completamente expuesto.


— Eso es — relamió sus labios — una puta virgen.


— ¡NO! — Grito Seokjin, luchó con las pocas fuerzas que tenía para zafarse del agarré, pero eso no pasaría.


— ¿Qué mierda hacen?


La voz de un tercer hombre se hizo presente en la putrefacta celda.


Seokjin notó como su agresor se paralizó con la voz del hombre y tomó la oportunidad para zafarse con una fuerte mordida al dorso de la mano ajena. Con las pocas fuerzas que tenía llegó hasta su amigo y lo cubrió con su cuerpo.


— Mi señor, permítame explicar ...


— Creo que el capitán fue lo suficientemente claro, ¿No es así? — espetó —. Maten a todos. Sin excepción.


— Mi señor...


— ¿Tuviste la osada estupidez de desobedecer a tu capitan? — interrogó, el hombre de piel castaña.


El morboso agresor negó con prisa, pero antes de poder decir una palabra para defenderse, una bala atravesó su cráneo dejándolo expuesto y salpicando manchas carmesí por todo el lugar.


— Mi señor... — se arrodilló quien sujetaba a Seokjin — discúlpeme. Se lo suplico — llevó su frente al piso, aterrorizado —. No volverá a pasar.


Jungkook se atrevió a levantar su rostro, su mirada barrió sin ningún tipo de disimuló al hombre frente a él. Tenía el cabello sujetado por una coleta, sus facciones eran varoniles y sus labios finos.


— Ken — llamó de repente, cortando el silencio gélido.


Un hombre alto de piel clara entró a la celda, su ropa estaba completamente manchada en sangre — Mi señor.


— Agarra a esos dos — ordenó, refiriéndose a Seokjin y Jungkook —. Y llévalos al barco — sonrió de manera perversa.


— Como usted ordené, señor Kim.


Ken se acercó a los dos jóvenes, notó las cadenas en sus tobillos y embozó una sonrisa de lado. «Esclavos» pensó. 


Desató las cadenas y se atrevió a cubrir la desnudez de Jungkook con su camisa ensangrentada. El azabache era delgado y bajo, aquella prenda cubrió hasta la mitad de sus muslos.


— Muévanse — ordenó gélido.


Jungkook ayudo a Seokjin a ponerse en pie y dieron —por primera vez en cuatro meses — un paso fuera de aquella mugrienta celda.



Se apoyaron mutuamente para caminar por el ancho pasillo, sus manos temblaban y bajaron sus cabezas para no tener que ver lo que ocurría a su alrededor.


Los gritos eran lo único que se escuchaba, el joven castaño miró de reojo y presenció la muerte de un hombre más, Seokjin lo reconoció, el hombre que siempre lo golpeaba y escupía, era el mismo hombre que estaba siendo apuñalado sin piedad por otro sujeto. 


— ¡Basta! ¡No! — imploró una voz femenina.


Jungkook levantó su rostro y miró dentro de una celda, dos o quizás tres hombres sujetaban a una chica mientras desgarraban sus ropas hasta desnudarla.


Se sintió miserable e inútil, él no podía hacer nada para ayudarla; y asqueado porque ese sería su pronto futuro.


Llegaron hasta las afueras de las mazamorras, las escenas que se desarrollaban no eran diferentes a las que vieron antes. Hombres peleando y asesinado a los oficiales. Todo era un caos entre gritos y sangre.


Los jóvenes siguieron caminando, obligándose a mantener su cabeza gacha, escucharon siseos y comentarios asquerosos.


Después de tanto caminar llegaron al muelle y quedaron estupefactos ante el barco que tenía frente a ellos.


— Jin... — murmuró Jungkook, aferrándose con fuerza al brazo del castaño.


— Son piratas — confirmó.




El viento removió el cabello rubio del chico que sollozaba quieto, sus labios temblaban y sus pagarías eran quebradas por su llanto.


— Dios mío, tu que me escuchas, ten piedad de mi, proteg-


— ¡Basta! — lo interrumpió una chica —. ¿No lo entiendes? Aquí no existe ningún Dios que nos salve — exaspero —. Seremos las putas de esos piratas y cuando se hayan cansado de nosotros... Nos matarán.


Jungkook miró con atención a la chica, sus labios estaban agrietados, sus ojos azules completamente apagados y sus uñas mugrientas.


Seguramente... Otra prisionera que sería vendida como esclava por los militares.


Movió su vista a su alrededor, estaban a bordo del barco, amarrados de brazos y pies a una viga de madera cerca de unos barriles con aroma a licor.


La noche era fría, no había luna y el cielo estaba despejado por las nubes dándole el protagonismo a las estrellas. Sus ojos comenzaron a moverse por el lugar, habían muchos hombres y —muy pocas— mujeres. 


No había manera de escapar de ese lugar.


— ¿Que carajos es esto? — preguntó un chico alto, que llevaba puesto una pañoleta roja cubriendo su cabello castaño oscuro —. El capitan ordenó que no trajeran basura al barco. ¿Quien es él maldito responsable? — exigió saber.


— El señor Kim me ordenó traer a esos dos chicos — respondió Ken, manteniendo su mirada fija sobre Seokjin.


— ¿Taehyung lo ordenó? — Inquirió. Volvió a posar su mirada sobre los jóvenes e hizo una mueca de disgustó por sus apariencias andrajosas.


Ken afirmó.


— Llévalos al camarote de Taehyung — embozó una sonrisa maliciosa —. Son su basura. Que él se encargué de limpiarlos.


Y con esas palabras, el hombre se alejó.


Ken tomó las cuerdas de Seokjin y Jungkook y los hizo levantarse.


— Caminen — les ordenó y ellos no tuvieron más opcion que obedecer.


Seokjin movió sus ojos por todo el lugar, los hombres vestían pantalones rasgados y botas negras. Algunos tenían camisas y otros no, pero todos estaban manchados de sangre.


Ken los hizo bajar por una escalera de pocos escalones. El sitio era lobrego y estaba lleno de cofres de madera.


— ¿A dónde nos llevas? — se atrevió preguntar Jin.


— Ya escucharon a Hoseok, los llevaré al camarote del señor Taehyung — respondió con simplicidad.


Jungkook recordó el rostro del hombre, y sintió un temor al recordar su extraña sonrisa.


— ¡Ken! — El mencionado se giró y miró a la fémina de pie al inicio de las escaleras — El capitán te quiere allá fuera.


— Iré en un momento.


— El capitán te necesita ahora — lo miró con desdén — yo me encargo de esos dos llorones — no espero una respuesta de Ken, la mujer le arrebató las cuerdas que los mantenían atados de manos y los arrastró por el pasillo.


Los dirigió hasta una puerta y empujó a Jungkook dentro del camarote con una fuerte patada —. Si intentas una estupidez, te degollaré lentamente — sonrió con sorna —, se una buena puta y espera al señor Kim — dijo, cerrando la puerta con fuerza.


Sujeto a Seokjin de sus cabellos y lo arrastró hasta una segunda puerta.


— Asqueroso — escupió los pies descalzos del castaño y lo empujó hacia el camarote.


Seokjin cayó de espaldas al suelo, hizo una mueca por el dolor insoportable que sentía en sus muñecas y tobillos. Se levantó con dificultad y miró una enorme cama de madera con una calavera tallada en su espaldar. Había un estante con libros, muchos de hecho. Solo habían dos lámparas encendidas y una pequeña vela a medio consumir sobre un escritorio cerca de una ventana.


— ¿Dónde estoy? — musitó para si mismo. Camino por el lugar, con miedo de tocar algo, se acerco a una esquina justo al lado del escritorio de madera y se dejó caer sobre sus rodillas. Sus párpados pensaban horrores y el dolor en su cabeza era infernal, su cuerpo comenzó a ceder ante el cansancio y agotamiento mental y, terminó por caer sobre el frío piso de madera.


No estaba completamente dormido, su mente se encontraba en alerta, preocupado por Jungkook.


No sabía cuánto tiempo había pasado tirado allí, pero unos ruidos extraños lo hicieron abrir los ojos..


— ¡¡AH!! ¡¡SI!! — alzó su rostro del suelo y vio que los ruidos provenían de una mujer que daba pequeños saltos sobre la inmensa cama — ¿Se siente bien, capitán? Dígame si le gusta.


Seokjin cerró sus labios abruptamente. La escena era vulgar, su pecho subió y bajo con fuerza. La mujer seguía saltando y logró ver la figura de otra persona..


Sin saber que hacer. Se obligó a mantenerse en silencio, pero su cuerpo comenzó a temblar de miedo cuando notó al hombre mirándolo fijamente desde la cama mientras sujetaba con fuerza los muslos de la mujer, haciéndola mantener un ritmo preciso en sus saltos. Seokjin trago seco, aterrado, sin poder apartar la vista de quien seria su verdugo.