Cambio de Naturaleza
Vuelvo a casa después de mucho tiempo, sintiéndome emocionado por ver a Antonela y darle una sorpresa. A esta hora de la madrugada, ya debe estar dormida, después de un largo día de trabajo en la peluquería.
Al atravesar la puerta, subo por las escaleras lo más silenciosamente posible. Me tomo un minuto para observar la habitación, luego me acerco al lado derecho de la cama y me siento con suavidad, sin poder resistirme a acariciar su rostro. Mi piel pálida contrasta con la suya, la cual es como recordaba, cálida y suave. Ella, al parecer, lo siente, porque abre los ojos y tarda unos segundos en darse cuenta de que soy yo. Al ver su expresión, sonrió feliz.
Su grito despierta a Miguel. Cubro su boca con la mano y, con la otra, lo empujo a él contra la pared cuando trata de atacarme. Ella me mira horrorizada con lágrimas en los ojos. Trata en vano de apartarme, mientras mis largas uñas se incrustan lentamente en su cuello.
Había pensado en esto desde que desperté, sin saber en dónde me encontraba, pero teniendo presente en mi mente la traición de mi amada esposa, que, junto a su maldito amante, me había atacado y abandonado en la tenebrosa oscuridad del bosque, medio muerto.
Lugar donde ese ser bestial, sin nombre para mí, me convirtió en algo que aún hoy no entiendo ni comprendo del todo.
Lo que recuerdo de ese momento, son unos aterradores ojos amarillos observándome de frente, los cuales brillaban como una luz infernal. También, un aire frio, que me rodeo y penetro mi carne hasta los huesos. Pero sobretodo, sus grotescos colmillos, que clavo con furia en mi piel, para luego desaparecer.
Tal ataque, provocó en mí un dolor que caló hasta en lo más profundo de mi alma, dejándome después con nada más que hambre. Un hambre que solo la carne humana pudo apaciguar. Lo que me permitió vivir para estar aquí, donde por fin tendría mi tan ansiado banquete.
Fin.








