Manada | KookV

Summary

Jeon Jungkook, comandante de la manada del Norte, es envíado para buscar al omega que le pondría fin a la guerra. Lo que parecía ser un trabajo sencillo, se convierte en una amalgama de problemas y misterios, mientras el camino frente a ellos se vuelve más complicado. Pues para Kim Taehyung, el omega del Valle, aquello no solo era un viaje, sino una prueba de supervivencia.

Status
Ongoing
Chapters
35
Rating
4.9 7 reviews
Age Rating
18+

Prólogo

Taehyung avanzaba por el pasillo de su enorme hogar, la Gran Casa del Valle, mientras hacía su mejor esfuerzo para mostrar seguridad. Detrás de él caminaban otras tres omegas que le hacían compañía y dos alfas quienes se encargaban de escoltarle. No tenía nada que temer, ni siquiera de la llamada de su hermano hasta su despacho.

Era el alfa líder de la manada, pero seguía siendo su hermano.

Al poco tiempo visualizó la puerta que estaba custodiada por más alfas. Por el aroma, Taehyung logró descifrar qué se trataban de alfas puros, los eslabones más altos de la jerarquía social; sin embargo, pasó a su lado como si aquello poco le importara. Era la primera vez que salía de su habitación en semanas, pero debía mantener la cabeza en alto, como si ninguno de ellos conociera su deprimente situación. Aun así, el orgullo poco le ayudó cuando por fin entró a la habitación. Sintió una punzada característica en su estómago que era la señal de que algo pasaría, un mal presentimiento que le provocaba un nerviosismo desagradable.

Sus instintos le llamaban por huir de ese lugar, pero era más fuerte su temor que lo obligaba a mantenerse quieto. Sabía que no podría escapar de las consecuencias de desobedecer.

Ninguno de los presentes se dignó a anunciar su llegada.

—Es extraño que me llames hasta aquí —dijo Taehyung como saludo después de varios segundos de silencio. Su hermano observaba algo más allá de la ventana, ofreciendo a la vista nada más que su espalda. Lo estaba ignorando por completo—. ¿Sucedió algo?

El alfa no se molestó en girar. Movió una mano y el resto de personas en la habitación se dirigieron a la puerta sin dirigir una mirada al omega recién llegado. Era como un fantasma, un cuerpo invisible, un objeto tan imprescindible como cualquier mueble de la habitación. La puerta se cerró tras el último de ellos, ahora estaban solos. Taehyung decidió quedarse quieto para evitar dar luz a cualquier indicio de nerviosismo.

—La manada Norte tiene planeado marchar hacia acá. —La voz del alfa retumbó en la gran habitación vacía. No volteó, se limitó a unir sus manos por la espalda, únicamente haciendo más intimidante su postura—. Su ejército es más grande que el nuestro, tienen más alfas a sus órdenes y están mejor entrenados.

—La manada Norte siempre fue bien conocida por sus guerreros —asintió utilizando palabras escogidas con cautela—, y nuestra manada es bien conocida por no dejar que entren a nuestras tierras. Tenemos ventajas estratégicas y geográficas.

—Únicamente geográficas —gruñó su hermano por fin volteando hacia Taehyung. Era mucho más alto que el omega, su cabello castaño iba a la perfección con sus ojos color miel, a diferencia de Taehyung, con cabello rubio brillante. Ambos tenían la piel color canela, cortesía de su padre omega. En realidad, no se parecían demasiado, el alfa era mucho más intimidante—. Recientemente asignaron a un nuevo líder y a un nuevo comandante, el mismo que se las arregló para doblegar a la manada del Bosque en su propio territorio. —Taehyung perdió el aliento un segundo. Todos habían escuchado la noticia de la manada del Bosque, pues, hasta hace poco menos de un año, cualquiera veía imposible ganar una batalla en ese bosque de la muerte. Pero ahora... —¿Aún crees que tenemos ventaja?

Taehyung se mordió el labio inferior. Aquellas preguntas eran trampas cuando se trataba de su hermano. Contestar o no hacerlo, cualquier cosa podía ser incorrecta a los ojos del mayor.

—No entiendo tu punto —se sinceró con voz un poco más temblorosa que segundos atrás—. No soy parte de tu junta de guerra, no espero que pidas mi consejo.

—La decisión sobre esta guerra ya fue tomada. —El alfa se acercó a Taehyung con paso dominante, el omega tragó saliva y se obligó a no moverse aun cuando sus instintos se lo pedían—. No podemos ganar esta guerra.

—¿Te rendirás?

—El líder de la manada Norte se ha vuelto demente, a la vez que fuerte. —Detuvo su paso a escasos centímetros del omega—. Esa guerra que ha durado décadas llegará a su fin con ellos en la victoria de una forma u otra.

—¿Cederás nuestras tierras? —La preocupación en la voz de Taehyung no se camufló como él quería, su expresión lo delataba y era consciente de que ya no podía reprimir su incomodidad.

Esas habían sido sus tierras desde la Gran Guerra. Eran una de las manadas más fuertes de la Zona Alta y la más numerosa. Si cedían sus tierras solo le esperaba una gran pérdida a la manada, a su gente. No habría suficientes tierras de cultivo o lugares de caza, el hambre comenzaría a amordazar a los pobres e inquietar a los poderosos. No podían arriesgarse a que todo se derrumbara de ese modo y el alfa lo sabía.

—Por supuesto que no —siguió hablando a costa del ceño fruncido del omega—. No estamos en posición de ceder tierras.

—No... no entiendo.

—Lo platiqué con nuestra junta de guerra. —Comenzó a caminar alrededor de Taehyung con amenazante lentitud. El omega los seguía con la mirada, sin la confianza para darle la espalda—. Tuvimos una reunión con el líder de la manada Norte, muy joven, al igual que político, logramos acordar un tratado de paz. —Se detuvo justo cuando se encontraba en la espalda del menor y lo tomó por los hombros con suficiente fuerza para causarle dolor. Taehyung se estremeció, una mueca apareció en su expresión, pero no hizo ningún intento por apartar al alfa—. La unión de un lazo es lo único que aceptará como testimonio de nuestra alianza.

Taehyung tragó saliva, sintiendo su nerviosismo desbordarse. Temblaba ligeramente y apenas si era capaz de escuchar a su hermano sobre el sonido del pulso de su corazón en sus oídos. Pero sabía que el silencio del alfa solo podía significar que esperaba una respuesta. Y también sabía que no podía hacerlo esperar por mucho tiempo.

—Pero tú ya tienes una omega. —Señaló girando su cabeza sobre su hombro para ver los ojos miel de su hermano—. ¿No pensarás dejarla, cierto? Los omegas podríamos morir si intentan romper el lazo.

El alfa sonrió, no era una sonrisa cálida en absoluto, no mostraba sus dientes y sus ojos fríos le hacían dar una imagen aterradora. Taehyung conocía esa sonrisa y sabía que el mal presentimiento se volvería realidad. Comenzó a temblar con más fuerza cuando su hermano se agachó un poco, dirigió su mirada al frente con miedo y se sobresaltó al sentir los labios del alfa demasiado cerca de su oreja. Pudo sentir su aliento cuando este le susurró:

—Por eso es una suerte que tenga a un hermano omega que aún no esté marcado, ¿cierto?

Taehyung abrió más sus ojos, su rostro palideció de forma drástica y no fue capaz de moverse aun cuando su hermano se apartó de él. Sintió su alma caer al suelo mientras su mirada se perdía en algún punto lejano.

«No, no, no».

—Llévenselo. —Escuchó a su hermano decir, pero parecía tan lejano. Tal vez era él mismo quien estaba lejano en el aturdimiento, pues solo reaccionó cuando uno de los alfas lo tomó por el brazo.

—No —dijo en un quejido—, no puedes hacerme esto, ¡soy tu hermano! —gritó al ser arrastrado por un alfa hacia la puerta. Intentó empujarlo, pero fue inútil. Su propio hermano caminó con desinterés hacia la misma ventana en la que se encontraba minutos atrás, lo estaba ignorando por completo—. ¡No puedes! Sabes lo que le hacen a los omegas extranjeros en otras manadas, no puedes solo desecharme así ¡Soy tu hermano!

—¿Seguro? —habló el alfa girando su cabeza con brusquedad, logró ver las primeras lágrimas caer por el rostro de Taehyung—. Porque para papá tú nunca fuiste su hijo, aunque creo que al final fue buena idea conservarte. —Sonrió con hipocresía y regresó la mirada hacia la ventana con sus manos unidas en su espalda—. Llévenselo a su habitación, no tiene permitido salir hasta que los de la manada Norte vengan por él.

—¡No! —Volvió a hacer un intento por liberarse, esta vez presa del pánico. No quería volver a su habitación, no quería que lo llevaran a otra manada, no quería que lo marcaran. No quería ser el objeto de su hermano para que cumpliera sus metas—. Por favor, alfa, ¡por favor, no! —Suplicaba entre lágrimas. Cuando lo arrastraron al pasillo vio como las puertas se cerraban en su cara con pesada lentitud. Un segundo antes de que ocurriera, llamó por última vez en un grito—. ¡Dakho!

Y para cuando las puertas se cerraron, él sabía que no podría hacer nada para evitar lo que vendría.



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