Prólogo
Una joven doncella es arrojada al suelo de manera brusca, su cuerpo tiembla, su largo cabello está revuelto y sin las tantas plumas de lechuza que solían adornarlo en una trenza, su vestido, hecho de pieles de conejo, está manchado de su propia sangre y ahora de la de su amado, cuyo cuerpo se mantenía colgado a la roca del muro con las cadenas sujetadas a ambas manos y las rodillas dobladas al suelo. Su pecho tenía incrustada una daga cuya empuñadura estaba hecha de oro con incrustaciones de gemas preciosas, un citrino, un rubí y una esmeralda, las dos primeras brillaban con una extraña intensidad.
—Quebradora de almas — susurró al reconocer el arma, su arma, que había sido robada un año atrás.
—Así que al fin pudiste reconocerla, — dijo un joven mayor que le sonreía retorcida mente mientras entraba a aquella celda — luego de robarla de tu santuario, la hice mía y le hice algunos cambios en su función, ahora captura las almas en gemas vacías que sirven como recipiente y gracias a la obsidiana en mi pecho puedo usar la magia proveniente de esas almas como si fuera mío y así incrementar mi poder. Cuando termine de obtener el alma del imbécil de tu destino, usaré su magia para conquistar a todos los reinos y volverlos uno solo, como siempre debió ser.
—No dejaré que lo hagas — dijo con determinación.
Ella pudo notar su piel tan blanca como el papel, con negras venas resaltando en sus sienes, cuello y manos descubiertas, además de que sus ojos estaban extrañamente rojos. En su pecho colgaba un collar con un espejo de obsidiana, una piedra negra con un brillo morado en el centro, qué se iba intensificando conforme él dejaba ver su propia magia.
—¿Y cómo piensas detenerme, Cihuacóatl? — dijo con burla dando pasos seguros hacia ella — Eres débil, tu magia es inútil para un combate, no eres rival para mí, ni siquiera con tu entrenamiento como grulla podrías tener una oportunidad.
—Aunque me cueste la vida, voy a detenerte — dijo — Y creo que solo hay una manera para lograrlo…
Antes de que el contrario se diera cuenta y pudiera reaccionar, sacó la daga del pecho de su amado rápidamente y con ella cortó la palma de su mano libre, mezclando su sangre con la de su amado en el proceso, activando su poder de una manera que, según su antiguo maestro, estaba prohibido, era un ritual antiguo demasiado peligroso y el usarlo solo incrementa a él riesgo, sin olvidar el enorme costo que podría significar, pero estaba en una situación desesperada y solo quería salvar lo poco que quedaba de las personas que amaba y al resto de su pueblo, así estaba dispuesta a correr el riesgo y pagar lo que fuera con tal de lograrlo, aceptando lo que el destino eligiera para ella.
Él la vió hacer aquel acto, sintiendo un fuerte escalofrío cuando pudo ver rayos rodeando su cuerpo y un intenso color azul brillaba en sus ojos, enseguida detuvo su andar, mirándola con ira.
—Ni siquiera intentes…
—Vincent Renaud, príncipe del reino luna, — dijo ella mientras que se ponía de pie y de sus manos salía un hilo rojo que llegaba hasta el meñique derecho del contrario y que poco a poco se tornaba negro conforme ella lo tejía con sus manos — con ayuda del destino y de los grandes ancestros, yo, Cihuacóatl Itzmin, uso la sangre de mi destino y la mía, aceptando las concecuencias de este ritual antiguo, para castigar tu alma por todas las injusticias que has hecho durante tu reinado a todos los habitantes de la tierra…
—¡No te atrevas! — gritó furioso — ¡Te mataré antes de que la termines!
—Hoy arrojó una maldición sobre ti que te acompañará todos los días de tu vida hasta que venga una nueva generación, un equivalente a las almas que tomaste en este tiempo, con el poder suficiente para derrotarte, no morirás hasta ese día llegue, sin importar cuánto lo intentes…
—¡DETENTE!
—Lo que usaste con otros ahora se volverá contra ti, las guerras no acabarán en tu territorio y tus aliados te abandonarán cuando pase, te debilitaras y todo lo que construiste con dolor y lamentos se volverá ruinas…
—¡CÁLLATE!
—Ofrezco mi sangre y la de mi destino para sellar esta maldición hasta se cumpla, — dijo ella alzando la mano herida hacia el cielo y dejando que az de luz saliera de esta, marcando el hilo negro tejido simulando cadenas y cráneos en su otra mano que se iba apretando conforme terminaba de hablar — nosotros… ¡ARGH!
—¡Te dije que te callaras! — dijo Vincent en su oído una vez se acercó a ella, tomando la misma daga y clavándola en su abdomen, justo en su estómago — ¡No dejaré que termines esa maldición y manches el destino que yo mismo construí!
—Nosotros… ¡Mgh!... N-No descansaremos hasta que llegue el momento de tu fin… —dijo mirándolo con odio. — Recordarás tu pecado cada día… Hasta… ¡ARGH!
Vincent no la dejó terminar, sacó la daga de su abdomen y luego la pasó por su garganta, el corte fue tan fuerte que faltaba poco para separar la cabeza de su cuerpo, Cihuacóatl cayó inerte al suelo, con su cabeza en dirección a su amado en una extraña posición, el brillo de sus ojos se apagó y el hilo negro, antes rojo, que estaba todavía en sus manos se tensó con sus últimas palabras y luego desapareció, la maldición se había culminado.
Frustrado por no haber podido evitarlo, Vincent cayó de rodillas a su lado gritando molesto, procediendo a apuñalar consecutivamente el cuerpo de la joven, sin notar que la gema esmeralda de la daga comenzaba a brillar con cada puñalada, hasta estar de la misma intensidad que el rubí.
—¡Maldita sea! ¡Maldita, maldita, Maldita! — gritaba furioso — ¡No dejaré que me arrebates mi destino! ¡No lo permitiré! ¡Te perseguiré hasta donde estés y te haré pagar por eso!
Un hombre mayor, vestido con una armadura debajo de su gabardina, entró a al calabozo donde estaba y lo tomó de los hombros.
—¡Mi Señor, debemos irnos! — suplicaba — Los ejércitos de los demás reinos vencieron al nuestro y nos tienen rodeados, ¡tenemos que huir!
—¡No! Puedo hacerlo, aún puedo derrotarlos — decía Vincent desesperado.
—Mi señor, ya no hay tiempo, hay que huir.
Con fuerza, el mayor levantó a Vincent y a base de empujones y forcejeos lo hizo correr a unos pasadizos, dejando en el cuerpo de la joven aquella daga, con las dos gemas brillando intensamente. Notas.
Nombres, origen y significados.
*Cihuacóatl (Siwakoatl) del náhuatl, significa “serpiente femenina” y es el nombre de la diosa mexica de la tierra, la fertilidad, madre de los dioses y creadora de los humanos.
*Itzmin, del náhuatl y significa “trueno”
*Vincent, francés, significa “conquistar”
*Silvie, francés, significa “madera o bosque”
*Renaud, francés, significa “decisión fuerte”
*Valdemar, vikingo, significa “gobernante famoso”