El primer héroe, El demonio de ciudad cristal (Libro primero de la saga)

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Summary

"No hay santo sin pasado, ni pecador sin futuro" (Historia de ficción y héroes ambientada de forma realista) Un hombre decide volver a la ciudad que lo vio nacer, después de veintitrés años exiliado, solo para darse cuenta de que el lugar que alguna vez llamo hogar se convirtió en un basurero. Ocurrirá un accidente que lo obligara a convertirse en el primer héroe de la historia, y en el camino encontrara amistades que lo ayudaran en su misión imaginando que sería algo de niños, sin percatarse de que el camino estaba lleno de riesgos. Sin darse cuenta se convertirán en las personas que dieron inicio a un nuevo mundo, el cual no estaban preparados para recibir, y tendrán que enfrentarse a los cambios que ellos produzcan en su realidad.

Status
Ongoing
Chapters
30
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo -I-

Una mujer corría aterrada por las calles de una de las ciudades más peligrosas y delictivas del mundo. Gritaba por ayuda mientras las lágrimas le caían. Nadie la ayudaría, pues quien se dignara a hacerlo sufriría un destino similar al suyo o peor. Tres hombres le seguían el paso como sabuesos hambrientos buscando su presa. La mujer vio en medio de su carrera una casa abandonada y no dudó en internarse en ella. Subió las escaleras tan rápido como sus piernas se lo permitían, mientras escuchaba a sus perseguidores gritar y reír. Llegó al tercer piso y pensó que era el último al que podía llegar. Esperaba no ser alcanzada allí, pero al ocultarse detrás de una vieja caja de madera, escuchó cómo estos depravados subían lentamente por las escaleras.


—Vamos, mi amor, sal de tu escondite, hermosa —dijo uno de los hombres, rasgando un cuchillo contra la pared mientras se lamía los labios.


La mujer se tapó la boca, intentando que sus sollozos no se escucharan. Esperaba no ser encontrada, pero la suerte no parecía estar de su lado. La caja fue empujada violentamente y ahí estaban: tres hombres depravados y sonrientes, dispuestos a hacer lo que fuese con ella. La tomaron de las muñecas y la levantaron del piso. Ella gritó por ayuda mientras uno de ellos le pasaba la lengua por el cuello y los otros dos la agarraban de los brazos.


Pensaba que aquel lugar sería el escenario de su masacre, pero entonces la sorpresa superó su miedo cuando observó a las espaldas de los tres hombres dos destellos rojos que parecían flotar y avanzar lentamente. Al acercarse más, notó una figura humana formándose de las sombras. Aunque no parecía serlo, esta figura tocó el hombro de uno de los abusadores.


—Vete si no quieres problemas —le respondió, apartando la mano, pero sintió de nuevo el toque en el hombro—. Oye, pedazo de mierda, te dije que...


La mujer cayó entre cajas de cartón tras ser soltada por los abusadores, y los tres hombres retrocedieron asustados. Se armaron de valor en segundos y resolvieron golpear al espectro con un tubo metálico que recogieron del suelo. Le lanzaron un golpe a la cabeza, pero el metal se dobló sin que el espectro rojo retrocediera ni un poco. Un golpe seco hizo que uno de los hombres volara hacia la pared. Otro intentó dar un puñetazo limpio, pero fue tomado del brazo y, después de un movimiento giratorio, este se rompió, obligando al criminal a soltar un grito fuerte.


—Muy bien, hijo de perra, ahora morirás —mencionó la cabeza de los tres hombres, apuntando con un arma a quien les atacaba.


—Dispara.


—¡No estoy bromeando, putito, jalaré el gatillo y te irás con dios!


El espectro dio un paso adelante, confirmando que no tomaba en serio la amenaza del criminal; se escuchó un estruendo y una bala plana cayó al suelo. No ocurrió ningún asesinato y aquello aterró aún más al hombre que disparó la pistola; el espectro rojo se quedó inmóvil observándolo por unos segundos. El hombre que disparó fue tomado del cuello y su cabeza fue estrellada contra el suelo.


El hombre que tenía el brazo roto se arrastraba por el suelo, esperando poder alejarse de esa sombra brillante en rojo. Sintió como algo lo agarraba de la pierna; hubiera podido reaccionar, pero sus habilidades eran muy flojas como para hacerlo. Su cuerpo fue arrojado contra la pared con tanta facilidad que parecía pesar lo mismo que una hoja de papel.


El espectro se movió por aquel espacio de una manera tan lenta que hizo pensar a la mujer que era una máquina, un robot hecho para eso. Ató a los tres hombres de manos y pies y, después de aquello, puso a uno de ellos en su hombro, arrastró con su otro brazo a los que sobraban y se acercó a la ventana para arrojarlos uno por uno. Estos cayeron dentro de un contenedor de basura y, cuando aterrizaron, se escuchó sus huesos crujir.


—¿Quién eres? —le interrogó la mujer viéndolo al borde de la ventana.


El espectro se detuvo un momento en el marco; mas no respondió; por el contrario, elevó el brazo hacia la pared vecina; sonó un chirrido agudo, y de este pareció salir un hilo metálico que lo columpió desde el tercer piso hasta el suelo. La mujer corrió hacia aquel agujero y vio cómo aquella cosa se iba montado en una moto.


••


"Nuevo crimen registrado en Ciudad Cristal", decía el titular de una noticia en la televisión. —Un grupo de tres hombres ha sido atracado por un ente misterioso; todos terminaron con el rostro desfigurado y varios terminaron fracturados. La Policía, por su parte, determinó que se ayudará a estos hombres y que se cubrirá parte de sus gastos. Hay una declaración no oficial de una mujer, pero la policía la ha dejado de lado por no presentar pruebas— la noticia continuó con varios testimonios de personas entrevistadas.


Una realidad que existía en Ciudad Cristal desde la guerra que los alcanzó hace treinta años. Pocos periódicos se animaban a decir la verdad, pues la verdad misma era definida por la alcaldía de la ciudad, que era independiente del Gobierno.


La moto en la que iba montado salió de la ciudad y ahora se introducía en un bosque al que la gente no entraba por miedo a las bestias que allí habitaban. Dentro de este bosque se encontraba una cueva que tenía puertas estratégicamente camufladas, cubiertas con hojas y pasto; fue ahí que entró. Las puertas se abrieron automáticamente, dándole paso a un garaje oscuro que se iluminó por algunas luces en rojo. Ahí dentro, lo esperaba un hombre mayor, asiático, soportándose a sí mismo con un bastón.


—¿Has logrado encontrarlo? Percy —le dijo con una sonrisa.


—No, abuelo —respondió la máquina quitándose el casco para dejar ver quién estaba dentro—, no he encontrado ninguna pista sobre él.


La sonrisa del abuelo se borró y entonces presionó algunas teclas cerca de la puerta donde estaba parado y la moto se sumergió en un agujero en el piso para ella después de abrirse una placa hacia el subsuelo.


—Mañana habrá más oportunidades; vamos a tomar té.


—No es tan simple; después de todo, es mi responsabilidad.


—Eso no significa que no puedas tomar té.


Percy se quitó también la armadura presionando el pecho; esta se comprimió en placas consigo misma y terminó convirtiéndose, después de muchos mecanismos, en una maleta que se resguarda dentro del suelo también.


Tomó una toalla y se secó el sudor que generó su cuerpo, se puso una bata de color rojo y fue entonces a una sala de computadoras que iba analizando datos grabados con su armadura. Desde videos a los cuales se les estaba filtrando el audio, hasta un mapeo general de las cámaras de seguridad de la ciudad.


—Debes tomarte un descanso —le dijo el abuelo, acercándole un té—; te matarás si sigues sin descansar.


—Descanso de día, y pronto dejaré de hacerlo.


—¿Por qué lo dices? Hijo.


—La "S.I.C." tiene a varios de sus agentes investigando los recientes secuestros ocurridos; mañana buscaré la forma de conseguir una vacante ahí y sacar algún tipo de información que me pueda servir para encontrarlo.


—Me alegra saber que buscarás amigos.


—No iré a buscar amigos, iré a buscar criminales.


Se levantó de su asiento sin tomar el té y se dirigió hacia el garaje nuevamente, quitándose la bata que llevaba puesta.


—¿Saldrás de nuevo?


—Mira las cámaras, hay otro secuestro en curso.


La armadura salió del piso, y después de que él se pusiera de pie encima de la maleta, esta cubrió su cuerpo, estirando cada una de las placas que tenía. Cuando lo cubrió completamente, a sus ojos se mostró una pantalla virtual con distintos datos y a sus oídos sonó un asistente virtual.


—Bienvenido de nuevo, señor.


—Yany, muéstrame un mapeo hecho con las cámaras de la ciudad del automóvil con placa "1845-BHT" y dame información sobre el vehículo.


La computadora de la armadura inició el análisis de datos mientras el hombre con armadura se montaba en la moto que salió del piso. Necesitaba su huella dactilar para encenderla; el dedo pulgar de su armadura se replegó, dándole la facilidad de encender su máquina tecnológica. Cuando la encendió, el dedo fue cubierto de nuevo y la moto comenzó a hacer funcionar su sistema. Parecía ser que todo estaba conectado a la inteligencia artificial que le habló.


—Datos obtenidos y mapeo registrado según logística: llegará al punto del coche en 10 minutos. El dueño registró el robo del vehículo y este mismo está pintado de negro; su color original era rojo —le respondió una voz femenina.


—Perfecto, Yany.


—Hijo, no te esfuerces mucho en este objetivo; sé que dices que es tu culpa, pero... ojalá no hubieras salido a la ciudad —le dijo el abuelo—, podrías volverte loco.


—Yo soy la persona más cuerda que conozco.


La moto arrancó a gran velocidad, tanto como una bala. Las noticias comunicaban los incidentes que ocurrían en la ciudad a partir de unas semanas; de manera errónea se daban a conocer las noticias.


Fue hace dos semanas que este extraño personaje apareció en la ciudad, y hace un mes que los secuestros han comenzado, ¿coincidencia? Los expertos afirman que "no es nada más que una consecuencia de la ineptitud y los ojos ciegos de las autoridades".


"No podemos dejar que este sujeto se siga entrometiendo en asuntos que no le competen; para esto tenemos a nuestros policías y militares. Este sujeto se ha creído un dios y un salvador cuando se sabe que solo es un hombre".


"Puede ser un hombre, sí, pero el favor que le ha hecho a la ciudad lo hace más que eso, lo hace diez veces mejor que cualquier alcalde de la ciudad, comparado solamente con los héroes que nos protegieron en la Primera Guerra Mundial hace treinta años". La gente lo llama de distintas maneras: "El demonio de Ciudad Cristal" o simplemente "Rojo"; otros lo llaman "monstruo", pero en mis tiempos a personas como él se les llamaba héroes".


«Noticia de última hora»: tres periodistas y comentaristas de televisión han desaparecido en circunstancias dudosas. Muchos alegan que es por sus comentarios positivos ante el héroe conocido como Rojo, pero las autoridades afirman que estos mismos tenían problemas con la mafia. Volvemos en instantes.


Rojo llegó como una bala sobre un puente, el cual era paralelo al camino donde se encontraba el camión negro, donde se encontraban secuestrados los periodistas que vio en sus cámaras antes de salir del garaje. A su alrededor se encontraban varios autos; la gran mayoría de ellos los esquivaba y otros tantos se hacían a un lado.


—Yany, conduce la moto.


—Entendido, jefe.


Rojo se puso de pie sobre el lomo de su moto, calculó, y luego saltó. Aterrizó perforante en el techo del vehículo; su impacto fue tan fuerte que obligó a un zigzagueo que finalmente terminó en un giro de campana. El ruido de las bocinas eliminó la tranquilidad de la avenida. Varios autos se detuvieron, frenando de golpe por el accidente, y algunos conductores salieron de sus vehículos protestando, hasta que una de las puertas de la parte trasera del coche negro salió disparada por un golpe y de dentro del coche salió Rojo sosteniendo a un hombre por su cuello.


—¿Dónde los llevan? —le preguntó, estrellándolo contra el auto mientras lo sujetaba de sus prendas y lo observaba.


—No sé a qué te refieres.


—¿Dónde llevan a los secuestrados?


La respuesta se hizo esperar, y fue entonces cuando recibió disparos. Por un lado, era un rifle AK sostenido por uno de los secuestradores, pero no le hizo daño alguno; la armadura era lo suficientemente fuerte. Volteó aún con el hombre sostenido del cuello con su mano y lo lanzó contra el que llevaba el arma. Se escucharon huesos rotos y quejas de dolor, pero a Rojo no pareció importarle.


Un helicóptero se hizo presente a lo lejos con el sonido de sus hélices y con la luz de su lámpara.


—Cuando alguien va en su contra son buenos para aparecer —dijo uno de los ciudadanos mientras observaba, apoyado sobre la puerta de su coche.


Rojo se apresuró a tomar al conductor y lo sacó del auto, lo puso contra la plancha del auto y acercó a su cuello una espada de doble filo.


—¿Cuál era el final de su ruta? — dijo; su voz sonaba profunda y gruesa, intimidante sin intentarlo.


—Un barco, de las empresas "CEMBH".


Varias bombas de humo rodearon al coche para cubrir lo que estaba pasando e impedir que la gente que estaba grabando pudiera obtener imágenes de lo que ocurría. Rojo se apresuró y abrió la parte trasera del coche; ahí estaban los periodistas, los sacó y los liberó de las ataduras.


—Señor Rojo, yo siempre confié en usted, pero no creo que ahora podamos salir de aquí.


—Los votaré al río; ustedes tendrán que escapar por su cuenta y salir de la ciudad.


—¿Qué será de usted?


—Yo tengo medios.


Tomó a los periodistas de sus prendas y, haciendo cálculo en el humo, los aventó rumbo al río. Una vez terminada esa parte, sacó una placa del tamaño de una moneda de entre su armadura y la arrojó contra el coche; esta se pegó como un imán. Revisó una vez más el contenido para ver si encontraba algo, y justo detrás del chofer encontró una cápsula metálica con partes vidriosas que mostraban un líquido verde que parecía moverse por sí mismo.


—Yany, ¿sabes qué es?


—Contenido no encontrado.


—Perfecto, trae la moto.


Cuando salió del coche, varios militares de operaciones especiales lo esperaban, armados con rifles y escopetas; otros habrían levantado las manos, pero él se mantuvo firme y llevó su mano a los estuches de su espalda. Preparó una granada circular, de color negro, y salió rumbo a ellos.


—Por crímenes contra la población de Ciudad Cristal y por robo al gobierno, estás arrestado.


Rojo no respondió, los observó por unos segundos y luego lanzó la granada frente a ellos. Todos se cubrieron, pero esta no generó explosión alguna. Cuando la granada se activó, jaló todas las armas de los presentes y las juntó alrededor de la esfera que lanzó, causando un gran caos entre los oficiales; quienes estaban cerca también fueron afectados. Sus pertenencias metálicas fueron arrancadas. Para cuando la granada magnética se detuvo, Rojo desapareció del lugar.


—Maldito hijo de puta —dijo el capitán— se salió con la suya otra vez.


Quiso acercarse a inspeccionar la granada, pero antes de que pudiera dar tres pasos, explotó, destruyendo las armas y las pruebas de su aparición y empujando con la fuerza de la explosión al capitán.