00. Una noche de Lágrimas y Dolor

Para ser invierno en Eaststars, la noche resultaba bastante calurosa y húmeda dentro del castillo. Las velas ardían en sus candelabros alrededor de la habitación que titilaban ante la calurosa brisa que entraba por la ventana abierta de aquel cuarto sencillo... demasiado sencillo como para que ahí se refugiara un rey como el gran Rey Velcan que estaba sentado en una butaca a los pies de la cama con doseles y sábanas de seda roja ribeteado con dorado; junto a la cama había una mesilla descolorida con un cuenco de fruta, una jarra de vino y un cáliz de plata.Las gotas de sudor descendían por la frente y las sienes de Velcan hasta caer bajo su mandíbula y algunas —con mucha suerte— bajaban por su cuello hasta perderse en el interior de la raída camisa que apenas cubría su cuerpo. Los gruesos dedos enjoyados tamborileaban sobre sus muslos entre la ansiedad y los nervios de la situación, elpelo negro lo tenía humedo y revuelto como si recientemente hubiera salido de la cama, pero la cama tras de él estaba completamente intacta. Velcan se hubiese quedado en esa posición para siempre, como un mero adorno más de la habitación sino hubieran llamado tres veces a la puerta de aquellos aposentos. El rey emitió un débil“pasa”y la mujer que yacía fuera del cuarto entró contorneando sus amplias caderas de forma danzarina y con una sonrisa boba en el rostro que desapareció en cuanto notó la desesperación del monarca en el ambiente, y fue aún más evidente que ella no había sido llamada por el motivo en el que creyó en un principio.
—Su majestad. —dijo ella en modo de saludo junto con una reverencia que el hombre ignoró.
La mujer aguardó unos pocos segundos antes de reanudar su paso y colocarse frente a su majestad. La brisa cálida le hizo ondear la falda del vestido azul cielo levemente, al igual que unos pocos mechones de su cabello colorín que llevaba sueltos a los costados de su rostro; sus ojos marrones bajo unas espesas pestañas negras se fijaron en la corona de oro que Velcan tenía junto a sus pies descalzos y luego lo miró a él sin pronunciar ninguna palabra, colocando entre el rey y ella un silencio tan sofocante como el calor dentro del cuarto.
—Deilah está dando a luz en el cuarto contiguo.
—La escuché al pasar, su majestad. —confirmó ella.
—Deilah siempre fue muy fértil, la tomé como esposa cuando era bastante joven... pero no es una mujer capaz de traer a los niños vivos al mundo. —se lamentó.
—Su majestad, la reina Deilah consiguió traer al mundo a uno de esos niños...
—¡Una niña! —rugió.
La pelirroja dió un paso hacia atrás ante la sorpresa y el miedo por los arrebatos de cólera de su rey pero trató de mantenerse tan serena como le fue posible. Ella mejor que nadie sabía que Velcan quería un varón, su legado debía continuar sí o sí con un varón y se negaba a dejar solo una hija incapaz de manejar su reino.
—Su alteza, tenga fe en los dioses, ellos lo bendecirán con un varón fuerte y sano. Con él su linaje será basto.
Ante las palabras de la mujer, el rey Velcan sonrió irónico como si lo que saliera de la boca de aquella mujerzuela no fueran más que fantasías alumbradas por un anhelo, una necesidad, un deseo... El hombre levantó la mirada pero solo se fijó en los senos de ella, voluptuosos y apresados en el escote del vestido en el que ella estaba enfundada.
—Tú me hubieses dado varones, Vanya. —sentenció— Hijos fuertes y grandes.
Los labios de ella titubearon y luego se convirtieron en una sonrisa melancólica, le dio la espalda al rey y dió unos pasos hacia la ventana para observar el pueblo.
—Pero no sangré mi rey... una mujer que no sangra está condenada a la desgracia. —declaró con la voz tan firme como el dolor de su alma se lo permitió.
—No te mandé a llamar por eso al fin y al cabo. Necesito que entres en el cuarto de mi esposa y te quedes allí hasta que el niño nazca. —la mujer se volvió para mirar a su rey— Quiero que lo veas y luego me digas que es.
—¿Qué pasará si la reina Deilah trae al mundo un varón muerto o una niña?
—Si es un muerto se enterrara de inmediato, si es un varón vivo, habrá una celebración de siete días por mi heredero, pero si es una niña... se anunciará al reino y la educaré como he criado a Alanys. Me buscaras una amante joven pero madura, fértil pero virgen, ¿te quedó claro?
—Su alteza... es una petición difícil.
—¡Pero no imposible! ¡No para ti, Vanya! —exclamó golpeando su propia pierna— ahora vete. Haz lo que tengas que hacer. —ordenó el hombre.
Vanya optó por guardar silencio y no molestarlo más, hizo una reverencia ante el rey y se apresuró a abandonar la habitación.En cuanto la pelirroja abandonó los aposentos de su majestad, todo signo de amabilidad desapareció de su rostro, con pasó firme fue hasta la puerta que se suponía era el cuarto de la Reina Deilah que era custodiada por una criada, la quitó del camino con un solo empujón y entró en la habitación abriendo de un portazo la puerta de madera. Deilah estaba recostada en la cama con la camisola manchada de sangre al igual que las sábanas blancas sobre las cuales la reina estaba recostada; una criada de no más de doce años sostenía su mano mientras que otra de la misma edad le limpiaba el rostro perlado de sudor. La partera estaba entre las piernas de la reina tratando de sacar al niño de dentro de su madre.
El cuarto apestaba a sudor, sangre y humedad. Esto hacía del ambiente uno pesado y sofocante que disgustaba a Vanya quién no sé molestó en tratar de disimularlo; se acercó a la partera y le golpeó el brazo para llamar su atención.
—¿Qué sucede? ¿Por qué no ha nacido todavía?
—¡Lárgate! —exclamó la reina entre sollozos y el insoportable dolor de parir.
—El niño viene al revés... —anunció la anciana mujer— si lo saco...
—¡Olvidalo! —grito la pelirroja— si es un niño, el rey lo necesita... Corta el vientre de la reina y saca vivo al niño.
—¡No! —aulló la joven de castaños cabellos con el rostro desdibujado por el horror.
—Pero, lady Vanya —comenzó la partera.
—Nuestro rey necesita a ese niño con vida, Deilah ¿podrás soportar el desprecio de mi rey cuando ese niño nazca muerto? ¿soportarías la mirada indignada del pueblo al ver que no pudiste dar un heredero al trono? —Vanya se paseo por la habitación como si fuera suya— ¿vas a soportar la idea de tener otra hija que no sea amada por su padre y que él sólo la va a criar por obligación?
—Lady Vanya... —pero la pelirroja levantó la mano y le sostuvo la mirada a su joven reina.
—Mi rey me encomendó buscar una amante, una nueva, alguien joven, fértil y virgen. Él tendrá su varón contigo o sin ti puesto que un rey sin primogénito varón no es un verdadero rey. —aseguró.
La pequeña reina no tardó en deshacerse en llanto por su incapacidad de dar al trono de Eastars un heredero, se rindió a las manos de las mujeres allí presentes y el destino que los dioses le impusieran. Deilah se entregó totalmente a su cruel destino.
Para cuando Vanya volvió a entrar en los aposentos del rey Velcan, entre sus brazos sostenía un pequeño bulto en una manta gris con manchas de sangre y por un único momento, un segundo solamente, el rey sonrió a Vanya emocionado por lo que ella tuviera en los brazos fuera su amado y anhelado hijo pero la sonrisa murió tan rápido como nació en cuanto sus ojos se toparon con la mirada de la pelirroja y temió pronunciar las palabras que no quería escuchar, pero aunque el rey no las pronunciara, sabía que las escucharía de su amiga y confidente.
—La reina Deilah falleció, mi rey. La partera hizo cuanto pudo pero...
—¿Causa? —la interrumpió.
—Se desangró, el bebé venía de pie y la única forma de que naciera vivo fue cortando el vientre de su esposa por la mitad.
—¿Niña? —inquirió.
—Una hermosa y sana, su majestad.
El rey loco enfureció en cuanto la escuchó, se levantó de golpe y tiró el taburete, se volvió, arrancó las sábanas de la cama y también las tiró, rodeó la cama y pateó la mesilla junto a ella; la jarra rodó por el suelo de piedra desparramando todo el vino al igual que las frutas del cuenco y el cáliz. El escándalo de Velcan despertó a la bebé que comenzó a llorar con un sonoro grito, la pelirroja trató de calmarla meciéndose en sus brazos pero el llanto de alguna manera consiguió detener la ira de Velcan quién dejó de causar destrozos en la habitación al escuchar a su hija. Por un momento Deilah temió que el rey pudiera hacerle algo a la bebé en su ataque de furia ciega pero no, Velcan solo se acercó a la pelirroja para quitarle a la menor y mecerla él mismo en sus brazos. El rey miró a su hija con intensidad por unos minutos, la bebé era idéntica a su madre.
—Bella... segunda princesa de Eaststars. —proclamó el azabache a su amante en la intimidad— con Deilah muerta, las cosas cambian... Consigueme una esposa para mañana mismo. —sentenció el rey.
—Como usted ordene, mi rey. —Vanya hizo una reverencia e hizo abandono del aposento de su majestad y del palacio en sí.
Fuera del castillo a la pelirroja le esperaba un corcel marrón con su jinete en la montura, un tipo alto, calvo, de piel oscura que no llevaba más que una camisa descolorida junto con un pantalón marrón y botas de montar; su cara era adornada por una tosca cicatriz en su mejilla derecha. Miró a la pelirroja de refilón y por la cara de pocos amigos que ella tenía, supuso que las cosas no iban muy bien y que debían partir a la brevedad.El hombre le tendió la mano a su señora par ayudarla a montar detrás de él, solo cuando Vanya le rodeó la cintura con firmeza el hombre asió bien las riendas del caballo y dió inicio a una feroz cabalgata a través del jardín del palacio que luego atravesó por completo el pueblo.
El camino no fue demasiado largo, unos treinta minutos a todo galope, el moreno y Vanya arribaron a las afueras del pueblo cerca de un frondoso bosque dónde se levantaba una gran edificación de dos pisos. Un burdel de fachada cuestionable. La pelirroja saltó del caballo como si no fuera nada y avanzó con gran prisa hacia la puerta no sin antes gritar:“Kyle, ten listo el caballo para antes del amanecer”y entró en el que debía ser su hogar.
Sus chicas estaban todas reunidas en el vestíbulo, bromeaban y reían entre sí sin importarles algo más que sus vacías vidas. Vanya pasó entre ellas con su paso airado y apremiante, subió las escaleras y allí entró en la última habitación que se suponía era la suya; era un aposento demasiado lujoso para una simple mujerzuela, la cama tenía doceles y hermosas cortinas semi-transparentes de color carmín, había un taburete acolchado de terciopelo beige, mesas rebosantes de comida fresca, jarras de vino y cálices de plata. En una mesa más pequeña joyas por doquier al igual que vestidos sobre otro taburete al costado del cuarto. Sobre su cama había una joven que no era demasiado joven para Vanya, su cabello era tan rubio que podría confundirse con el color blanco muy fácilmente y lo llevaba más largo que cualquiera de las mujeres que vivieran en esa casa; era una mujer hermosa ligeramente pálida enfundada en una camisola blanca manchada de sangre entre las piernas, sus uñas eran largas y tenían un color negro mientras que sus orejas levemente puntiagudas eran adornadas con aretes de oro puro... Ella estaba amordazada y nadie se tomó la molestia de quitarle el pedazo de tela de la boca.
—Cloé. —llamó la pelirroja sin inmutarse por la joven.
Una mujer de estatura muy baja envuelta en un vestido azul remendado y con el cabello trenzado entró en la habitación cargando un bulto entre sus pequeñas manos.
—¿Y a esta qué le pasó?
—No resistió lady Vanya, el niño venía en mala posición, luché para acomodarlo pero no sirvió de nada. Ella perdió demasiada sangre
—¿Niño? —interrumpió la pelirroja— ¿Tuvo un niño?
Vanya no le dio ninguna oportunidad a Cloé de responder a su pregunta sino que se agachó y le arrebató al retoño de los brazos. Cuando miró dentro de la manta efectivamente solo vio a un niño rozagante de rosadas mejillas y cabello idéntico al de su madre plácidamente dormido, la pelirroja suspiró y volvió a depositar al pequeño los brazos de la mujercita.
—Mantén al bastardo en tu habitación junto con los otros tres, alimentalos de momento con leche de loba y... bueno ya veré que hacer después con ellos.
—¿Es qué mi lady no hará lo de siempre?
—Si te refieres a si se los voy a vender al Cuervo, sí, lo voy a hacer pero no aún. Debido a que son lactantes, el cuervo me paga menos porque aparte es una gran pérdida de tiempo cuidarlos, atenderlos y alimentarlos, cuando se aburre suele dejarlos morir de hambre y me sube la tasa de impuestos por lo que he pensado mejor en que los cuidemos hasta los 4 años para luego venderlos por 100 monedas cada uno, obtendré un buen un botín pues para entonces ya sabrán caminar, hablar, comer y limpiarse el culo por sí solos tal vez y Cuervo les podrá sacar muchísimo provecho dependiendo de cómo los use y no sé, probablemente en unos 10 años más o 12 tengamos a uno de estos de vuelta aquí, ya sabes que al Cuervo no le importa nada y negocia lo que sea que le pueda dejar dinero sin embargo mientras me de mi parte todo tendría que ir bien. Ah, y quiero que hagas un encargo para mí. Quiero que vayas a la casa de mi padre y les digas lo siguiente con exactitud:“La espera ha tenido sus frutos, finalmente se les dará lo que tanto han querido por lo cual quiero que envíen a mi encantadora e insoportable hermanastra al burdel en este momento y yo me encargaré de hacerla que llegue a su nuevo hogar dónde su esposo pondrá sobre su cabeza una puta corona.”y vuelve pronto.
Si Cloé iba a preguntar de que trataba todo eso, no lo hizo. No cuestionaría nunca su señora pues le debía su vida, la comida y el tener un lugar dónde dormir; solo asintió e hizo abandono de la habitación de su ama Vanya llevándose con ella al bebé y dejando a su ama con el cadáver de la joven pelirroja
Vanya rodeó la cama para acercarse a una de las mesas que tenía una jarra de vino, se sirvió una copa y la bebió tan rápido que pareció que la copa siempre estuvo vacía.
—Menuda treta del destino querida, desde que supiste que estabas embarazada siempre dijiste será una niña y que tu padre vendría a buscarla —habló con tranquilidad y diversión a la fallecida—, pues déjame decirte querida que tuviste un varón y dudo que alguien venga a reclamarlo si nunca nadie te reclamó a ti. Que te sirva de consuelo el saber que no se parece a él y que lo mantendré vivo hasta los 4 años, luego de eso que los dioses se apiaden de su alma.
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Sin más que decirles, gracias por leer mis locuras y espero que disfruten lo que un corazón roto y mucha imaginación pueden hacer.
Besitos, Victoria.