Adicto a ti

Summary

Lo último que le apetece a Jeno es pasar aquellos cuatro días de vacaciones encerrado en un hotel, mientras su novia acude a todas las actividades del Club de Antiguas Alumnas de su universidad. Y aún le apetece menos tener que soportar a ese tal Jaemin. Esta historia no me pertenece, todos los créditos son a quien corresponda Repito. Esta historia NO es mía. Esta historia es una adaptación hecha por mí. (+18) Esta historia presenta contenido sobre infidelidades.

Status
Ongoing
Chapters
18
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

―No seas desagradable, Jeno. Ya verás cómo te gustan ―me riñó Yeeun mientras me arrastraba de la mano hacia el vestíbulo del hotel.

Yo intenté contestar, pero la mejor amiga de mi novia y su marido ya estaban allí. Justo al otro lado de la sala, esperándonos sonrientes.

Aquellas eran las primeras vacaciones que tomábamos Yeeun y yo. Llevábamos seis meses saliendo y cuatro viviendo juntos. Yo había planificado esos cuatro días con el mayor cuidado: una pequeña cabaña junto a un lago, pescando, nadando y haciéndole el amor a mi preciosa chica tantas veces como mi polla tardara en recuperarse. Sin embargo, a última hora, Yeeun había recibido la llamada de Yeri, su amiga de la universidad, y todos mis planes se fueron al garete.

¿Cómo voy a decirle que no a Yeri? Me había dicho. Llevaban dos años sin verse. Desde que su mejor amiga se había ido a vivir a Europa. Y precisamente ese fin de semana se celebraba la reunión de antiguas alumnas de la Universidad Leonard M. Miller de Medicina. ¿Cómo no vamos a ir a Miami cuando Yeri ha entrado a formar parte de la organización del congreso a última hora? Así que hablé con el propietario de la cabaña, le dije que ya iríamos en otra ocasión, y compré los billetes de avión para Florida. Me quedaban por delante cuatro días de hotel mientras mi chica acudía a eventos, comidas y ponencias. No era mi ideal de vacaciones, pero... ¿cómo no iba a hacerlo por ella?

Al fin avanzamos por el vestíbulo.

Desde lejos examiné a la pareja sonriente que nos esperaba. A ella la había visto en fotos. A él era la primera vez que lo veía ya que apenas llevaban nueve meses casados. Yeri era delgada, piel blanca, bonita, y con aquellos ademanes que denotan una buena educación. De su marido solo sabía que se llamaba Jaemin, que era fisioterapeuta deportivo y que ganaba una pasta. Me lo había imaginado de otra manera. No sé. Más pijo. Verlo allí, en bermudas, chanclas y camiseta, me gustó. Había esperado a un tipo estirado y repeinado. Pero no era nada de eso. Tenía el cabello azulado un tanto crecido, desordenado. Y sus ojos color avellana mostraban una expresión curiosa mientras nos acercábamos. Era de dos centímetros más bajo que yo y teníamos la misma edad, y parecía tan en forma como yo, solo que él era más delgado.

Al principio me extrañó que estuviera más pendiente de mí que de Yeri, pero comprendí que yo sería su compañero de fin de semana mientras su mujer y mi novia acudían a todas las sesiones del club de antiguas alumnas.

Mientras Yeri se fundía en un abrazo con su amiga, yo le tendí la mano a su marido.

—Lee Jeno―saludé, intentando parecer civilizado―. Tú debes ser Jaemin.

―El mismo. Ya veo que te han hablado de mí. Espero que mal.

―Yeeun me tiene al tanto. Y te aseguro que me ha hablado muy bien. Dice que eres una especie de mago con las manos.

―Es una buena forma de definirlo, pero me temo que exagera.

―Siempre estoy lesionado, entre el trabajo y el gimnasio, espero poder ahorrar para ponerme en tus manos.

―Para ti será gratis, pero... ―entornó los ojos con curiosidad―. Por tu acento no eres de Seúl, y mucho menos de Incheon.

Yeeun y yo vivíamos en un pueblo a cincuenta millas de la ciudad, donde ella pasaba consulta y yo trabajaba en la construcción.

―Soy de Busan.

―¡No me jodas! ¿Eres de los Lee?

―Por supuesto. ¿Y tú?

―Trabajé para ellos hace un par de años. Necesitaban un fisio deportivo y yo estaba buscando un club con el que trabajar. Fueron los mejores años de mi vida.

En casa de mis padres cualquier tema que tuviera que ver con los Lee era prácticamente sagrado.

―¡Vaya! Eso es genial. Cuando lo cuente no se lo van a creer.

Él le quitó importancia con un movimiento de la mano.

―Tú te dedicas al negocio inmobiliario, según me dijo Yeri.

―Eso es mucho decir. Soy carpintero. Como ves, nada comparado con lo tuyo ―noté que me ruborizaba.

―¿Es tu primera vez en Miami?

―Sí. ¿Y la tuya?

―Florida es mi segunda casa ―sonrió de nuevo y me guiñó un ojo ―. Así que mientras las chicas se van por ahí tú y yo podemos dedicarnos a nuestras cosas.

Reconozco que me cayó bien a la primera.

Había esperado a un pelmazo con el que no sabría de qué hablar, y sin embargo Jaemin parecía ser bastante majo, incluso divertido.

Al fin Yeeun y Yeri dejaron su abrazo con ojos acuosos, y mi novia me presentó a su amiga. Era simpática y extrovertida, tal y como lucía en las fotos.

Yeri se había encargado de todo desde Londres, donde vivía el matrimonio.

Cenaríamos los cuatro juntos, aunque temprano, y después ellas se marcharían a la recepción de su antigua hermandad. El programa nos excluía a Jaemin y a mí de casi todos los actos, quitando la barbacoa del domingo y la fiesta de clausura. Antes de conocer a Jaemin, había pensado estar el tiempo imprescindible con el marido de Yeri, y escabullirme a la primera ocasión para disfrutar de la ciudad.

Sin embargo, aquel tipo parecía majo, por lo que decidí darle una oportunidad.

―He reservado en La bonne vie para la cena ―anunció Yeri, como si todos supiéramos qué diablos era aquello―. ¿Vamos?

―¿Jeno? ―peguntó su esposo.

Y los dos caminamos, uno junto al otro, tras nuestras chicas que, dadas de la mano, ya se habían olvidado de nosotros