Único
Era una noche tranquila en el departamento de Jimin, las luces estaban atenuadas, y el silencio era casi palpable. A pesar de estar casado a sus treinta y seis años, su esposo apenas le prestaba atención; los días pasaban sin que una caricia o una palabra cariñosa rompieran la monotonía.
Una noche, Jimin decidió que necesitaba un cambio, algo que lo sacara de la rutina, está vez estaba solo ya que su esposo había salido de la cuidad para ir a casa de sus padres, había una reunión familiar, donde el no estaba invitado ya que no era muy querido en ese lugar.
Aún así, con el estómago rugiendo, decidió pedir una pizza a domicilio, se acercó al teléfono y tras hacer el pedido, comenzó a buscar su tarjeta de crédito. Sin embargo, después de revisar varios cajones y su bolso, se dio cuenta de que no podía encontrarla.
Una sonrisa se tallo en su angelical rostro, había una manera de resolverlo, rápidamente fue a su habitación, debía verse presentable y deseable si quería que su idea funcionara a la perfección. Su cabello morado estaba bien peinado, el escote de su suéter blanco con moñitos dejaba ver con determinación su blanquecino pecho, no frecuentaba a usar maquillaje pero está vez se había echo un maquillaje sumamente lindo, resaltando aún más su belleza.
Pero lo que más llamaba la atención era el bonito pantalón negro que se aderia muy bien a sus piernas y trasero.
Al mirarse quedó satisfecho con su imagen, cuando el timbre resonó fue directamente hacia la entrada. El peli-morado abrió con una sonrisa nerviosa, pero sus mejillas se tiñeron de rojo al mirar al repartidor.
Era un chico joven, quizá un estudiante de preparatoria, moreno y demaciado alto, aún así era sumamente atractivo, no pudo evitar morder sus labios, tomo la caja de la pizza para ir hacia la cocina.
Cuando regreso a la entrada busco su tarjeta en las bolsas de su pantalón fingiendo buscarla pero solo hizo desesperar al chico, al notar que Jimin no tenía su tarjeta o dinero en efectivo, el repartidor le sonrió de manera juguetona.
—Podemos arreglar esto de otra manera, si es que no puede pagar—Sugirió el repartidor, acercándose un poco más.
Jimin sintió un escalofrío recorrer su cuerpo, había funcionado como lo había planeado, aunque estaba un poco nervioso pero aquello lo excito a la vez.
—¿A qué te r-refieres?—Preguntó Jimin con falsa confusión, sintiendo cómo su corazón latía más rápido al notar la mirada del chico sobre su cuerpo.
Al distraerse, el repartidor dio un paso adelante, sujetando su hombro con suavidad, acariciándolo para subir hasta su barbilla.
—Quizás podríamos encontrar un método alternativo para saldar la cuenta... tu boquita se mira muy bien— Sonrió, tocando con su pulgar los regordetes labios de Jimin, eran tan suaves y esponjosos a su tacto, no podía esperar por verlos alrededor de su polla.
El mayor lo miro con ojos suplicantes, aún así ambos se adentraron para poder cerrar la puerta de su departamento. La falta de atención en su matrimonio había dejado un vacío que ahora parecía estar siendo llenado por esta inesperada oportunidad.
Con un ligero movimiento de cabeza, aceptó la insinuación del repartidor, acercándose al más alto para tocar su pecho.
—¿Cuál es tu nombre cariño?— Pregunto Jimin, mirándolo fijamente.
—Namjoon— Respondió, al sonreír mostró unos lindos oyuelos en sus mejillas, sin duda alguna era un chico muy guapo.
Le devolvió la sonrisa, se paró de puntillas para poder unir sus labios, fue un gesto tan adorable para el menor que lo cargo para unir sus labios en un desesperado y demandante beso, sus lenguas se tocaban entre si, suspiros salían de la boca de Jimin ante la suave sensación.
La lengua del chico era demaciado grande a comparación de la suya, aún así se dejó llevar por aquella deliciosa situación, jamás lo habían besado de aquella manera. Gimió cuando las manos de Namjoon apretaron su trasero.
Aún si, no se detuvieron, los besos bajaron hacia su cuello, lamiendo la piel de Jimin, evitando dejar marcas, sabía que estaba casado por el caro anillo que tenía en el dedo anular. No le importaba en lo absoluto, solo quería tener sexo con el.
Era un hombre muy lindo, era mayor que el pero eso tampoco le importo, le calentó de sobremanera que fuera un hombre casado.
Al separarse, Jimin se arrodillo frente a él quedando cerca de su entrepierna, con su boquita bajo la bragueta de su pantalón, ayudándose con sus manos para bajarlo hasta sus muslos, cuando dio un vistazo, observo el bulto que sobresalía de sus apretados boxer.
Lamió la punto con su lengua tratando de jugar con su paciencia, al notar la expresión de desesperación de Namjoon bajo está vez su boxer, dejando al aire su gorda polla la cual reboto en su abdomen. Jimin quedó asombrado por el tamaño, ni siquiera la de su esposo llegaba a medir ese tamaño. Sin duda era algo asombroso, los jóvenes de ahora tenían buenos atributos.
Acercó su mano libre a su cara, escupiendo una buena cantidad de saliva antes de tomar su longitud con fuerza, comenzando a moverla sobre toda su polla, sus dedos apretaron bien mientras sus ojos se mantenían fijos en el chico frente a él.
Namjoon lo miraba desde arriba con una expresión sumamente caliente, su mano presionó el glande y un gemido bajo salió de sus labios. El peli-morado sonrió con burla, aunque acerco la polla a su boca, saboreandola hasta que empezó a chuparla con lentitud.
Se tomó su tiempo para introducir su polla hasta lo más profundo de su garganta, movió su cabeza con lentitud sin que le dieran arcadas. El moreno solo tomo el cabello del mayor, no aguantaba más por follarse su boca como un onahale.
Ante el brusco movimiento, logro que el mayor gimiera aún con el pedazo de carne en su boca, aún así no dejo de usar la boca de jimin a su antojo, sus caderas se movieron al compás de las succiones. Sus testículos rozaban la barbilla del más pequeño, su saliva escurría a los costados de sus labios, la cual estaba mezclada por el presemen de Namjoon.
El moreno gruño al sentir como estaba cerca de correrse, sujeto con fuerza su cabello para buscar su propia liberación, cuando sintió que ya iba a correrse, dio una profunda embestida, llenando la boca de jimin con su semilla.
Jimin apretó los muslos del más alto, tragando lo más que podía de esa espesa y deliciosa corrida.
—¡Mmmh!— Gimió Jimin, alejándose para limpiar los restos de semen que estaban sobre la polla aún erecta del chico.
Cuando limpio todo, Namjoon lo ayudo a pararse del suelo, pero al estar nuevamente de pie fue acorralado, su pecho estaba pegado a la puerta, tembló al sentir como su pantalón fue arrancado con fuerza.
Su mirada se centro a su trasero, era gordito y blando, cuando lo acaricio noto como las braguitas de Jimin estaban humedas por sus fluidos. Sin quitarlas, las hizo a un lado, revelando su coñito empapado, los labios vaginales sobresalian un poco.
—Que putita eres, tu esposo estaría muy decepcionado de ti si te viera de esta manera ¿No lo crees?— Dijo con burla, deslizando sus dedos en su cavidad vaginal sin cuidado alguno.
Jimin no pudo decir nada, los dedos del más alto eran muy largos, lo hacían sentir extraño, el sonido de chapoteo se escuchaba junto a su agitada respiración.
—Solo follame ya. Quiero tu polla, no nombres a mi esposo en esto, p-porfavor— Suplico con los ojos llorosos, al mirarlo no pudo negarse por lo que sus dedos salieron de su interior, bajando su braga por completo.
Palmeó y frotó la punta de su polla en su coño, lubricando su glande con sus fluidos para meterla sin que lo lastimará, cuando noto que estaba lo suficientemente mojado, entro de una sola embestida.
Jimin solo mordio sus labios para no hacer ruido, estaban en la entrada y era altamente peligroso, podría ser escuchado por sus vecinos. Lo que menos quería era que sospecharan de su genuina infidelidad.
Gimió cuando el menor comenzó a mover sus caderas con suavidad, solo pudo sostenerse de la puerta, la posición solo hacia que su cuerpo se sintiera increíble. Daba justamente en su punto dulce ya que la polla del moreno entraba en lo más profundo de su coño.
Llevo su mano derecha hacia su vientre, podía sentir como la punta del pene de Namjoon sobresalía. Era increíble que fuera posible, no se arrepentia de lo que estaba haciendo, además la culpa era de su esposo por no satisfacerlo y follarlo como a el le gusta.
No tenía la culpa de ser una esposa cachonda, su coño buscaba ser follado con rudeza como Namjoon lo estaba haciendo.
—¡Ah, a-ahi! Namjoonie~ ♡— Balbuceo, moviendo su trasero, queriendo que el menor lo tomara con más fuerza.
—¡Mmh, la vagina de un hombre casado es lo mejor! Si quieres más, con gusto te lo dare— Dio un fuerte azote en su trasero, tomando con fuerza sus caderas.
Las embestidas fueron cada vez más fuertes que las anteriores, la mente de Jimin se perdió por completo, de sus labios solo salían lindos gemidos y balbuceos nada coherentes, llegaba tan profundo, le estaba machacando el útero.
Aquello lo volvío aún más loco. Su vientre ardía, pero no quería que parara, quería el semen de Namjoon en su interior, hasta que lo dejara repleto de el.
La pelvis del repartidor golpeaba una y otra vez en su culo, la vista era malditamente caliente ante los ojos del chico, gruñó cuando Jimin movió su cadera en círculos, ayudandole, quería que se corriera rápidamente, no quería esperar más.
Su polla estaba siendo apretada con fuerza, succionandolo de una manera tan exquisita, pero maldijo internamente. Era el mejor coño que había follado, podía volverse adicto en toda circunstancia.
Jimin se quedó quieto cuando sintió las embestidas cada vez más profundas, hasta que la polla de Namjoon se clavo en su coño sin salirse, se movió sacudiendo su miembro en las paredes vaginales del peli-morado, quien se encontraba mordiendo sus labios.
El semen del moreno salió a montones, llenandolo como tanto lo estaba esperando, se quedó dentro del mayor por unos minutos, hasta que salió de su interior. Mirando como su semen escurría del coñito de Jimin junto a los jugos de su corrida, cuando se recupero de su orgasmo, abrió su trasero dándole una mejor vista de sus dos entradas.
—Quieres más ¿No?— Pregunto Namjoon, bajando hasta quedar a escasos centímetros de su trasero, cuando el mayor asintió a su pregunta, pego su culo en su cara, ante esto resivio un fuerte azote en su trasero.
—D-duele— Se quejo, haciendo un puchero ya que su trasero ardió ante la nalgada, pero dio un pequeño brinquito en su lugar cuando sintió algo húmedo.
Su lengua se deslizó en su coño, probando su propio semen, no le desagrado en lo absoluto, por lo que recorrió sus pliegues, hasta meterla en su entrada, cerro la boca en su coño para succionar, haciendo un vulgar beso entre sus labios y los labios vaginales de Jimin sin olvidarse de su clítoris, el cual lamia en círculos para estimularlo aun más, cada vez sentía que estaba por venirse.
Namjoon se detenía y bajaba la intensidad, los fluidos del peli-morado sabian tan dulces, cuando siguió lamiendo, su cabeza fue sujetada con fuerza.
—¡Ah! ¡M-me corro!— Hablo Jimin entre gemidos, corriendose en la boca de Namjoon, quien sostuvo sus temblorosos muslos para no dejar que el mayor se desplomara.
♡★♡
Cuando ambos estuvieron satisfechos, el repartidor acomodó su uniforme, que había quedado desordenado. Antes de irse, se despidió de Jimin con un tierno beso en la frente, debía regresar a su trabajo y no quería arriesgarse a ser despedido por tardar más de lo habitual.
A raíz de este encuentro, el peli-morado se sintió sumamente satisfecho y comenzó a llamar cada día para pedir una pizza, aprovechando el pretexto de querer pasar tiempo junto a Namjoon. Sin embargo, este hábito también tuvo sus consecuencias: Jimin notó que había ganado peso.
Curiosamente, esto solo hizo que Namjoon lo encontrara aún más atractivo, lo que alegró a Jimin y fortaleció aún más su vínculo.
—A ganado peso— Sonrió Namjoon, entrando al departamento de Jimin, sujetado su cadera abultada.
El mayor no dijo nada, solo tembló ante el toque del repartidor, aún así estaba impaciente por qué lo tocara y follara. Gimió cuando las manos del chico tocaron sus muslos, apretando la suave carne, la considerable piel rechoncha le parecía muy linda.
Sabía que había ganado algo de peso gracias a que esté pedía pizza todos los días con tal de verlo, además se miraba más sensual de esa manera. Había más de dónde agarrar, sus pechos igual habían aumentado de tamaño.
Jimin era una belleza que no estaba siendo muy bien atendida, el lo haría si su esposo no lo hacía. Además el mayor disfrutaba de las caricias que Namjoon le daba, era como sentirse más vivo y joven.
Por lo regular siempre follaban en la sala o en la entrada de su departamento, pero está vez lo habia invitado hacia su habitación, que más daba si su marido se daba cuenta.
Solo quería disfrutar los buenos momentos con aquel repartidor todo el tiempo si era posible.