Capítulo 1
La Guardería Secreta
Capítulo Especial
ALEgría Navideña
Ahora les contaré de la primera Navidad que pasé en La Guardería, una que por cierto nunca he de olvidar. Ya desde los comienzos del mes de diciembre, en aquella ocasión todos comenzaron a enloquecer por la celebración, el ambiente se puso navideño y alegre incluso antes de que las niñeras pusieran las decoraciones (lo que sucedió más o menos por el día 15 del mes) y se sentía además una cierta ansiedad por la llegada de Santa. Los días se pusieron más calurosos por la inminente llegada del verano y esto contrastaba con las decoraciones de muñecos de nieve y del polo norte, situación que siempre me ha parecido muy curiosa en esta parte del mundo. En fin, el punto es que "El Espíritu Navideño" nos invadió en tal forma y con tal intensidad, que muchos eventos interesantes, divertidos y geniales se presentaron a lo largo de todo ese mes.
Primero he de contarles algo curioso, pues nunca se me habría ocurrido que sucedería, y es que de todos los que estaban tan emocionados por la fiesta, el más emocionado de todos era Ale. Ni siquiera Oliver, Sauly o Emily, los más pequeños y tiernos entre todos nosotros, sentían tanta emoción y estaban tan llenos del Espíritu de la Navidad como él. Esto fue algo que me sorprendió en gran manera, ya que su forma de comportarse y de ser cambiaron tanto y se hicieron tan notorias, que ni siquiera David (quien por lo general se lleva toda la atención) lo podía opacar. Fueron de hecho días muy curiosos para mí, en los cuales logré conocer verdaderamente a Ale y hacerme mucho más próximo a él. El primer indicio de esto fue en los primeros días del mes, cuando lo oí tarareando villancicos repetidas veces y notando que se encontraba más alegre y expresivo de lo habitual. Lo siguiente que noté sucedió unos días después, cuando jugamos a los superhéroes y Ale insistía mucho en tener poderes de hielo y que su base estaba en el polo norte, sin mencionar que quería tener una supermascota llamada "Rudolf". Además, Ale consiguió de no sé dónde, unos cascabeles que se los ató a la muñeca y no dejaba de usarlos ni para dormir. Sin embargo, todo aquello no fue nada comparado con lo que hizo el mismísimo día en que las niñeras habían terminado toda la decoración. Se paseó por toda La Guardería como 20 veces, observando cada pequeño rincón que tenía alguna luz, adorno o lo que fuera navideño. Veía con gran admiración el gran salón principal lleno de luces y brillos de colores, el gran arbolote de Navidad principal y los diferentes adornos tales como muñecos de nieve, renos y diferentes versiones de Santa por todas partes, incluyendo a unas que se movían. También se mantenía por mucho tiempo observando las luces de los patios y pasillos, e incluso se enfadó al ver que algunas partes no estaban decoradas, como por ejemplo nuestro salón de clases. Así, no me cabía la menor duda ni a ninguno de los demás, de que Ale sentía una gran fascinación y alegría por las fiestas de fin de año, más de lo que cualquiera de nosotros; por lo tanto, sentí muchísima curiosidad en saber el por qué, y precautelando que pudiera ser un tanto invasivo con mi pregunta, fui primero con Kim en lugar de preguntarle a Ale directamente. Me costó un poco hallar el momento apropiado, mas tuve la oportunidad perfecta un día en que Kim y yo necesitamos un cambio de pañal urgente al mismo tiempo, por lo que al terminar con ello pudimos hablar y le dije en forma casual:
- Andy: Oye Kim, ¿has notado que el más entusiasta con la Navidad es Ale?
- Kim: (riendo un poco) ¿Cómo no notarlo? Está como loquito yendo de aquí para allá, es más, aquí entre nosotros, Lorena me dijo que las niñeras están algo nerviosas por su causa, ya sabes, porque siempre está paseándose por todas partes y temen que algo le pudiera pasar.
- Andy: Ya veo... mmm... y te quería decir...
- Kim: ¿Qué cosa?
- Andy: Tú... ¿sabes por qué está tan así?
- Kim: Ah, pues... algo así... no estoy del todo seguro.
- Andy: Es que me da mucha curiosidad saberlo.
- Kim: Bueno... para serte sincero, no sé mucho más que tú, pero sí sé algo.
- Andy: ¿Qué es lo que sabes?
- Kim: Bueno... sé que Ale tiene unos primos, los cuales le disgustan mucho.
- Andy: Ay pero, ¿y eso qué? No tiene nada que ver con la Navidad.
- Kim: No digo que sí, pero... ellos son la razón de que él esté aquí. Quizás tengan algo que ver.
La respuesta de Kim me dejó sumamente confundido, puesto que yo no podía relacionar de ninguna forma el hecho de que Ale tuviera tal disgusto por sus primos y que eso influyera a su vez en su locura por la Navidad. Más aún, mi curiosidad se volvió todavía más profunda al saber que Ale estaba en La Guardería a causa de sus primos, por lo que no pude evitar preguntarle a Kim algo ansioso:
- Andy: ¿Cómo es que los primos de Ale hicieron que llegara aquí?
- Kim: Pues... no tengo todos los detalles Andy. Cada vez que alguien quiere hablarle del tema, se cierra completamente y se escapa o habla de otra cosa. Lo poco que sé me lo contó una de las niñeras y la verdad no es mucho.
- Andy: No importa, dime lo que sepas.
- Kim: (dando un suspiro) Está bien... bueno... todo lo que sé, es que Ale tiene dos primos menores, que son de su familia muy cercana. Son hijos de la hermana de su mamá, si mal no recuerdo.
- Andy: ¿Y qué más?
- Kim: Am... se supone que no le caen bien, aunque no estoy muy seguro por qué. Y... lo último que sé es que... mmm... digamos que le "invadieron" su vida y eso provocó que terminara aquí.
- Andy: Entonces... ¿no sabes nada más?
- Kim: Lo siento, no.
- Andy: (frustrado) Chispas, de verdad que es muy poco. Pero... ¿no fuiste tú quien lo trajiste?
- Kim: Nopi, yo no lo recluté como a ustedes.
De verdad me quedé frustrado, siendo que la información que Kim poseía en serio era muy poca, casi nula, generando que mi curiosidad se volviera aún mayor. Fue así que me puse sumamente inquisitivo, más que de costumbre y procuré develar el misterio por mí mismo. Para cumplir dicho objetivo se me ocurrió en primer lugar, ir directamente con Ale y preguntárselo sin vueltas, así que pensé que el mejor momento para hacerlo sería justo después de la siesta, momento en el cual todos se encontraban de mejor humor. Por lo tanto, esa misma tarde, me aseguré de estar despierto antes que él después de la siesta y me aproximé a donde estaba, aguardé hasta que finalmente se despertó y cuando estuvo del todo consciente le dije sin demora:
- Andy: Oye Ale, ¿puedo preguntarte algo?
- Ale: (bostezando) Eh... sí, eso creo amiguito.
- Andy: Bueno, me gustaría saber... ¿por qué te emociona tanto la Navidad? Digo, yo sé que a todos nos emociona, pero tú eres el más feliz con todo esto y me gustaría saber por qué.
- Ale: (sonriendo) Ah, pero, ¿cómo no estarlo? Si la Navidad es una época tan súper bonita, llena de color y magia y muchos regalos y alegría.
Su respuesta me dejo algo frustrado nuevamente y me hizo pensar que su alegría por la Navidad era simplemente eso, siendo que no había otro motivo en particular que lo motivara a estar tan contento. No obstante, lo que Kim mencionó sobre sus primos también me tenía demasiado intrigado, así que le pregunté un tanto temeroso de cómo pudiera reaccionar ante ello:
- Andy: Aaahhh... Ale... y te puedo... ¿preguntar otra cosa?
- Ale: (distraído jugando con Rex) Mmm... sipi dipi...
- Andy: Es que... ya sabes... tú y yo nunca hablamos demasiado de otras cosas que no sean nuestros juguetes o algo así y... quisiera saber... bueno... cómo llegaste a La Guardería.
- Ale: Ah eso, pues, vine en un auto.
- Andy: Ah... no, no... yo me refería... ¿por qué terminaste aquí?
- Ale: Ay Andy, por lo mismo que todos los demás, por ser un bebé.
En ese instante comencé a impacientarme mucho, no sabiendo realmente si Ale se estaba burlando de mí y evitaba el tema a propósito, o si verdaderamente no comprendía lo que yo le quería decir. Entonces traté de guardar la compostura lo más que pude, respiré profundo y procuré ir directamente al grano con mi duda, a riesgo de hacerlo enfadar o algo parecido.
- Andy: Em... Ale... supe que... bueno... tienes unos primos menores y... que por eso terminaste viniendo a La Guardería.
- Ale: (poniéndose sumamente serio de repente) ¿Quién te contó sobre eso?
- Andy: Aaahhhh, yo, es que...
- Ale: ¿Fue Kim verdad?
Yo me quedé atónito, en silencio contemplando la manera en que Ale había reaccionado, algo asustado al verlo actuar de ese modo que parecía tan impropio de él, sin mencionar el hecho de que Ale pareció enfadarse seriamente con Kim y lo dejó más claro aún cuando me dijo momentos después:
- Ale: ¡No puedo creer que lo dijera! Le pedí que no dijera nada de eso a nadie.
- Andy: Ale, yo no quería...
- Ale: (ignorando a Andy y hablándole a su peluche) ¿Puedes creerlo Rex? Tú te acuerdas que yo se lo pedí, en serio, ¿por qué lo hizo?
Jamás había visto a Ale tan irritado, es más, nunca lo había visto ni siquiera un poco molesto y en consecuencia fue demasiado extraño el conocer tan de repente ese lado de él. De inmediato traté de componer el error cometido y puse mi mano sobre su hombro para llamar su atención y le dije con cuidado:
- Andy: Ale... yo... no era mi intención, no te pongas así porfa, no volveré a mencionarlo.
Ale no me respondió, simplemente se limitó a verme por unos instantes, frunció un poco la boca y luego se dio vuelta para revisar con la vista todo el salón donde tomábamos la siesta. Casi en forma instantánea supe que estaba buscando a Kim, el cual por cierto ya no se encontraba allí y asumí que se había levantado mucho antes que nosotros. Luego, al notar la ausencia del bebé legendario Ale se puso en pie y sin decirme nada salió furioso de la habitación tan rápido como pudo. Yo lo seguí tan veloz como me lo permitieron mis pies sintiéndome bastante culpable por estar provocando tantos líos. Perseguí a Ale casi por toda La Guardería y para ser honesto fue muy agotador, ya que Kim no se encontraba por ninguna parte y pasó mucho tiempo antes de que diésemos con su paradero, hasta que por fin lo hallamos cuando yo ya estaba casi sin aliento de tanto ir erráticamente de aquí para allá. Él se encontraba en un lugar poco inusual, sitio que normalmente no frecuentábamos tanto. Se trataba de una especie de jardín al cual las niñeras por lo general no nos permitían acercarnos. En ese lugar habían flores de muchos tipos, árboles y arbustos muy bien cuidados y tenidos, y fue allí donde hallamos a Kim finalmente. Ni bien arribamos, Ale se le aproximó violentamente y viéndolo a los ojos con firmeza le dijo muy decidido:
- Ale: ¡Kim! ¿Por qué rompiste tu promesa?
- Kim: Pr... ¿promesa? ¿cuál?
- Ale: No te hagas al tontito, tú sabes muy bien de lo que hablo.
Kim se veía algo confundido y sacado de onda, mas al percatarse de mi presencia, intercambiamos miradas por unos segundos y seguidamente él le dijo con voz algo temblorosa a Ale:
- Kim: Ah... eso... Andy me lo preguntó y yo...
- Ale: ¡Pero no tenías por qué decírselo! ¡Diablos Kim!
Fue de lo más desconcertante ver a Ale de ese modo, no sólo por el hecho de verlo tan enojado, sino porque lo estaba con Kim, a quien normalmente le tenía mucha admiración y respeto. Es más, fue una de las únicas veces en que lo escuché llamarlo por su nombre propio en lugar de decirle "Líder" o algo parecido. Simultáneamente a considerar todo lo anterior, me pude dar cuenta de que Kim sentía mucho miedo en verdad, realmente se encontraba entre la espada y la pared; no decía nada, simplemente alternaba su mirada entre Ale y yo, procurando encontrar alguna salida a su predicamento. Consecuentemente, Ale se puso algo ansioso al no recibir respuesta alguna y le dijo en un tono aún más firme y enérgico:
- Ale: ¡Kim! Tú eres el único que sabe algo de eso y te pedí no decir nada. ¿Por qué? ¿POR QUÉ?
Luego de eso, Kim me vio de reojo por unos instantes y de algún modo pareció tomar suficiente valor para contestar, por lo que unos segundos después y tras haber respirado profundo dijo tan calmadamente como le fue posible:
- Kim: Ale... no fue mi intención lastimarte. No... pensé que te enfadarías tanto. Lo lamento mucho.
- Ale: ¿Lo lamentas? ¿Es todo lo que vas a decir? No se vale Kim, qué malo eres.
En ese momento, la expresión de Ale cambió en forma sumamente radical, cambiando su enojo previo por un berrinche y lágrimas en sus ojos. Tanto Kim como yo lo vimos alejarse llorando tan rápido como pudo, sin que pudiésemos hacer nada al respecto. En adición, me percaté que Andreita estaba extrañamente cerca de ese lugar y que incluso nos estaba observando. Sentí curiosidad por ello para variar, sin embargo no me detuve a pensar mucho en ello, ya que el tema de Ale era muchísimo más importante. Me acerqué a Kim sintiéndome sumamente culpable por lo sucedido y le dije consternado:
- Andy: Lo lamento Kim, todo esto fue mi culpa, no debí mencionarle nada de eso. Ahora Ale está enfadado contigo.
- Kim: (resoplando) Aaahhh, descuida Andy, no fue tu culpa, creo que es cierto, yo no debería haber dicho nada.
De repente se produjo un silencio incómodo entre los dos, situación que sinceramente no pude soportar y le dije la primera cosa que se me ocurrió para romper la tensión:
- Andy: Kim... ¿qué estabas haciendo aquí?
- Kim: (muy nervioso) Em... yo... sólo... em...
- Andy: ¿Qué cosa? Casi nunca venimos aquí, las niñeras se molestan mucho cuando lo hacemos.
- Kim: Aaahhh, lo sé, pero... em...
- Andy: ¿Si?
- Kim: (mintiendo) Vine a... a buscar algo...
- Andy: ¿Y no sabes por qué Andreita está tan cerca de aquí también?
- Kim: (mucho más nervioso todavía) Es que... ella me estaba ayudando, sí... eso es...
- Andy: ¿Y qué estaban buscando?
- Kim: (desviando el tema) Am, no importa mucho, creo que será mejor arreglar las cosas con Ale.
- Andy: Es verdad, ¿y qué piensas hacer?
- Kim: Debería disculparme con él, ¿me acompañas?
Yo acepté por supuesto, dado que me sentía sumamente culpable por la situación. Así pues, ambos fuimos velozmente en busca de Ale, tratando de seguir el camino que había tomado para huir del lugar. Nos tomó un poco de tiempo y lo encontramos jugando con David en la sala de los juguetes, nos aproximamos con cuidado y cuando estuvimos lo suficientemente cerca se me hizo evidente que, a pesar de estar jugando, lo hacía bastante desanimado. Me pareció que Kim también notó ese último detalle, ya que se apresuró en hablarle tratando de no incomodarlo:
- Kim: Ale... escucha... de verdad lo siento mucho... no fue mi intención... ¿me disculpas?
Ale ni siquiera se volteó a ver a Kim y continuó jugando con un camión de juguete, entonces Kim volvió a insistirle a Ale nuevamente:
- Kim: Ale... vamos... ¿acaso no somos amigos? De verdad lo siento, te juro que me siento terrible.
Pero fue inútil, Ale ignoró deliberadamente a Kim y bajo ninguna circunstancia le daba una respuesta. Kim le insistió una y otra y otra vez con su disculpa, hasta que finalmente Ale se hartó de escucharlo, se puso en pie casi de un salto, le saco ruidosamente la lengua y volvió a escapar. En consecuencia, Kim se lanzó de espaldas sobre la mullida alfombra y dijo frustrado:
- Kim: ¡Yo y mi bocota! Ahora Ale no va a quererme hablar.
- David: (confundido) ¿Qué pasó?
- Andy: Es una larga historia, mejor te la cuento después.
- David: Ooowww, está bien, pero estábamos jugando con Ale y se fue.
- Andy: Oye Kim, ¿no sería mejor ir tras él?
- Kim: Ya viste lo que sucedió, será inútil. Solamente lograremos incomodarlo más.
- Andy: ¿Entonces qué haremos?
- Kim: Mmm... no estoy muy seguro... voy a tener que pensar en algo. Aunque...
- Andy: ¿Aunque...?
- Kim: Está enojado conmigo, no contigo, y quizás puedas... ya sabes... mantenerte cerca, quizás podrías ayudarme así.
Yo acepté la premisa casi de inmediato, siendo que me sentía sumamente culpable por lo sucedido. Así, acordamos que yo me mantendría muy cerca de Ale mientras a Kim se le ocurría un plan para que este lo perdonara, aunque tal cosa no fue precisamente sencilla; de hecho, pasaron como tres días antes de que Kim intentara algún movimiento otra vez. Mientras tanto, Ale evitaba a Kim y lo ignoraba por completo, procurando además el estar alejado lo más posible. Se mantuvo muy apegado a David por esos días y yo también tuve que hacerlo, generando que los tres jugáramos juntos casi todo el día. Por otra parte, yo no me animaba a sacarle el tema a Ale de ninguna manera, pues me dio miedo que él se enfadara conmigo también. En conclusión, no pude averiguar nada de nada, aparte del hecho de que Ale ahora tenía extrañamente el mismo alocado razonamiento de David, ya que a momentos ellos se hablaban y no entendía absolutamente nada. Por ejemplo, un día jugábamos a los robots espaciales y, en determinado momento del juego, me perdí por completo cuando Ale y David empezaron a mencionar cosas como "Zapatiatlia", "Coñufurua" y "Satrelanba", ni siquiera estoy seguro de haberlo dicho bien y no sé si se trataban de planetas, extraterrestres o qué; fue verdaderamente confuso jugar con ellos la mayoría del tiempo, a pesar de que eso tenía cierto encanto al ver a ambos tan felices y armonizados. Quedó más que claro para mí que Ale estaba feliz como siempre en tanto Kim no se le acercara y nadie mencionara el tema de sus primos otra vez. No obstante, como ya he mencionado, me estaba agotando un poco de esperar la movida de Kim y en determinado momento, una mañana mientras jugábamos, yo me fui con la excusa de que tenía calor y me fui en busca de nuestro líder para descubrir si ya tenía un plan o no. Salí al jardín y lo encontré prontamente en los columpios jugando solo, muy pensativo y poco animado, asoleándose de forma indiscriminada.
- Andy: Hola Kim... ¿qué haces?
- Kim: Oh... hola Andy. Estoy pensando...
- Andy: Eso veo. ¿Ya se te ocurrió algo para solucionar las cosas con Ale?
- Kim: Creo que sí, aunque no estoy seguro si vaya a funcionar.
- Andy: ¿Y cuándo lo pensaste?
- Kim: Ayer.
- Andy: (un tanto molesto) ¿Ayer? ¡Kim! No quiero molestarte pero... no había estado tan confundido desde que la maestra nos enseñó la regla de 3 en la escuela.
- Kim: ¿Confundido por qué?
- Andy: Ale y David me están enloqueciendo un poquis sabes, a veces pienso que hablan otro idioma.
- Kim: (soltando una risita)...
- Andy: ¡Vamos Kim! ¡Esto no es gracioso!
- Kim: De acuerdo, de acuerdo... es que no estoy seguro de que funcione.
- Andy: No importa, hay que intentarlo. No creo que puedas echarlo más a perder, ¿o sí?
- Kim: Creo que tienes razón.
- Andy: Entonces, ¿cuál es tu plan?
- Kim: Te lo diré, pero dime primero, ¿tú qué averiguaste?
- Andy: Nada, la verdad nadita Kim.
- Kim: ¿Y eso?
- Andy: Como te dije, a ratos parece que Ale y David hablaran otro idioma, además, no quiero mencionar ese tema y hacerlo enfadar.
- Kim: Oh bueno, descuida.
- Andy: Entonces, ¿cuál es tu plan?
Ahora el que se sentía un tanto enojado con Kim era yo, dado que no se me hacía muy justo que él se la pasara pensando tanto y yo me quedara en ascuas, empero tal enfado se desvaneció cuando Kim me contó su plan:
- Kim: Pensé que, como disculparme solamente parece no funcionar, sería un buen gesto darle un regalo.
- Andy: ¿Qué clase de regalo?
- Kim: Se me ocurrió que podrían ser unas galletas. Andreita se preocupó por todo el asunto y mencionó que su nana prepara unas deliciosas galletas navideñas todos los años. Se ofreció a hablarle por teléfono y se las enviará pronto, creo que llegarán esta tarde. Es por eso que aún no había hecho nada, lo siento Andy.
- Andy: (más tranquilo) Está bien amiguito, no pasa nada.
De ese modo, acordamos con Kim esperar hasta esa tarde y que yo continuaría "espiando" a Ale hasta entonces. Así lo hicimos, y luego de tres o cuatro juegos bizarros, la hora del almuerzo y la siesta, nos reunimos con Kim nuevamente y le pregunté muy ansioso cuando lo vi colgado de las barras en nuestro parque de La Guardería:
- Andy: Kim, ¿crees que ya llegarán esas galletas?
- Lorena: (llegando por detrás e interrumpiendo de repente) En realidad ya llegaron mis bebés. Andreita fue por ellas a la puerta. ¿Están muy ansiosos por comerlas?
- Andy: Am... algo así.
- Lorena: Bueno, pero no coman demasiadas o les harán daño, ¿de acuerdo? Los veré luego.
- Kim y Andy: De acuerdo.
Aguardamos a que Lorena se alejara lo suficiente y cuando estuvo fuera del alcance de nuestra conversación continuamos hablando:
- Kim: Vamos a la puerta Andy, a por las galletas, ya no soporto más estar peleado con Ale.
- Andy: Oki doki.
Fuimos deprisa hasta la entrada de La Guardería y ni bien estuvimos cerca de la gran reja, divisamos a Andreita que estaba recibiendo un paquete junto a una de las niñeras. Momentos después, la niñera pareció decirle algo importante a ella, lo cual por cierto no pudimos oír, dando lugar a continuación a que le pudiéramos hablar libremente.
- Kim: (ansioso) ¿Esas son las galletas?
- Andreita: Sipi dipi, de seguro te van a encantar.
- Kim: Eso no importa, sólo importa si le gustan a Ale.
- Andreita: ¡Oye! ¡Estás hablando de las galletas de mi nana!
- Andy: Fantástico Kim, ahora Andreita también estará enojada contigo.
Ambos me vieron con una expresión de reproche y nuevamente me sentí como un tonto por haber hablado demás. Luego, recuperaron la compostura y Kim continuó hablándole a Andreita:
- Kim: Lo sé Andreita, estoy seguro de que son deliciosas, es que estoy muy preocupado.
- Andreita: De acuerdo. Y si no te perdona con esto, no sé con qué lo hará.
El argumento de Andreita sobre las galletas navideñas de su nana parecía muy contundente, provocando una nueva seguridad para el éxito de la misión en Kim e incluso en mí. Este último no fue capaz de esperar por más tiempo y abrió el paquete, descubriendo una magnífica bandeja llena de toda clase de galletas navideñas: árboles de navidad, muñecos, estrellas, bastones de dulce y muchas cosas más, todas de jengibre de apariencia y aroma muy agradables, tanto así que yo no pude resistirme y procuré tomar una de allí.
- Andreita: (golpeando la mano de Andy) ¡Andy!
- Andy: ¡Auch! ¿Qué? Se me antojó una.
- Andreita: Pero no seas grosero, al menos pudiste pedirlo.
- Andy: Está bien... ¿me das una galleta?
- Andreita: ¿Y las palabras mágicas?
- Andy: (algo irritado) Por favor...
Y nuevamente, como en muchas ocasiones anteriores, Andreita actuaba como si fuera nuestra mamá, situación que francamente ya no podíamos evitar. Aún así, valió la pena seguirle el juego en aquella ocasión, ya que las galletas no solamente eran buenas, sino que (y a riesgo de sonar muy exagerado), eran celestiales. Jamás había probado galletas tan deliciosas, ni siquiera cuando mi mamá compraba en alguna ocasión las que hacían en el supermercado. No, estas eran por demás superiores, me dejaron extasiado y la verdad quería acabármelas todas, mas yo sabía que eso no era posible, las necesitábamos para que Ale perdonara a Kim. Me costó un buen rato volver a situarme en la realidad actual y cuando lo hice me di cuenta de que Andreita me veía con una expresión muy graciosa en el rostro, para posteriormente decirme con tono victorioso:
- Andreita: Te lo dije, las galletas de mi nana no tienen comparación.
- Kim: (algo tímido) Yo también quiero probar...
- Andreita: ¿No dijiste que eran para Ale?
- Kim: Unita... ¿si? Solamente una.
- Andreita: De acuerdo, pero le darás el resto a Ale.
Kim se comió una galleta de pino navideño y sobra decir que también se quedó sumamente fascinado con el sabor, arrepintiéndose de haber prometido el no comer más que una. Pasado eso, y unos cuantos berrinches de parte mía y de Kim, nos dirigimos a la locación de Ale vigilados acertadamente por Andreita, ya que muy probablemente si no hubiese sido así, nos hubiéramos terminado toda la bandeja sin remedio. En cuestión de pocos minutos hallamos a Ale, jugando con David para variar y Kim se le puso enfrente firme pero gentilmente, le mostró las galletas y le dijo en modo humilde:
- Kim: Estas son para ti amiguito...
Ale vio las galletas y se le iluminaron los ojos, dejó rápidamente lo que estaba haciendo y las contempló por varios segundos antes de tener otra reacción. Al percatarse de que Ale no estaba hostil, Kim le dijo de nuevo en tono humilde y lo más tranquilo que pudo:
- Kim: Toma una, te gustarán.
El ofrecimiento era sumamente tentador y Ale no solamente tomó una galleta de comienzo sino al menos unas tres, las que comenzó a devorar como si no hubiera comido en días. Su reacción fue positiva y supimos que el plan estaba funcionando, por lo tanto yo me sentí sumamente satisfecho e imaginé que Kim también lo estaba. Luego, David tampoco pudo evitarlo y asaltó la bandeja de galletas, profiriendo sonidos muy notorios de satisfacción al comerlas. Kim y yo aguardamos a que ellos terminaran de engullir las galletas y cuando finalmente sucedió Kim procedió a disculparse:
- Kim: ¿Te gustaron? ¿Verdad que están ricas?
- Ale: (aún con la boca llena) Sí...
- Kim: Me alegro de que te gustaran. Este... em... ¿ya estamos bien?
- Ale: (tragando) ¿Bien?
- Kim: Ya sabes... por lo de... de lo que mencioné a tus primos.
Al oír la palabra "primos" se le borró a Ale toda la satisfacción que tenía en el rostro, se puso sumamente serio y le dijo a Kim con una voz un tanto quejosa:
- Ale: ¡Y lo volviste a decir! ¿Qué es lo que te pasa?
Inevitablemente, Ale volvió a huir del lugar y Kim se tiró al suelo sumamente frustrado, empezó a patalear y haciendo un berrinche como nunca se lo había visto hacer, dijo con voz muy audible:
- Kim: ¡Aaaaahhhhh! ¡Estuve tan cerca! Tonto Kim, tonto Kim, ¿por qué tuve que decirlo? Aaaaahhhh...
Yo también sentí la frustración, me senté desalentado y lo único que me hizo sonreír fue que David continuaba relamiéndose después de haber ingerido tantas galletas, encontrándose de tal manera fuera de la realidad, que parecía que ni siquiera había notado la dramática salida de Ale.
- David: Yumi, ¡super galletas! ¿De dónde las sacaron?
- Andy: La nana de Andreita las hace.
- David: ¡Entonces ella es super nana!
- Andy: (soltando una risita) Eso creo amiguito.
Hubo una pausa corta, nos quedamos todos en silencio y seguidamente le dije a Kim algo consternado:
- Andy: Lamento que no funcionara Kim.
- Kim: Es mi culpa, no sé por qué tuve que abrir mi bocota.
- Andy: Encontraremos otra solución.
- Kim: ¿Pero cuál? Esta vez metí la pata el doble, no me va a perdonar jamás.
Yo quise responder a ello, pero no pude hacerlo ya que Andreita se apareció junto a nosotros y me ganó el uso de la palabra.
- Andreita: No seas negativo Kim, Ale no puede estar enfadado contigo para siempre.
- Kim: Lo sé, pero me hace sentir demasiado mal que lo esté. No puedo disfrutar de nada si estamos peleados.
- Andreita: Se nos ocurrirá algo, ya lo verás.
- Andy: Andreita tiene razón Kim, ya pensaremos en algo.
Con el último comentario de Kim me sentí aún más culpable de lo que ya estaba, teniendo en mi conciencia el peso del malentendido entre ambos. Vi que Kim se encontraba sumamente nervioso, muchísimo más que antes y lo único que atinó hacer fue ponerse su chupete en la boca para contrarrestar la sensación. Entretanto, yo me dispuse a perseguir a Ale nuevamente, lo cual hice a modo de no sentirme tan impotente por toda la situación.
- Andy: Iré a buscar a Ale, ¿de acuerdo?
- Kim: (asintiendo en silencio)...
- Andreita: Está bien, ve, nosotros te esperamos.
Salí de la habitación tan pronto como pude y hallé a Ale muy cerca de la puerta, el cual había sido interceptado por Lorena al momento de salir al jardín. Fui hacia ellos con cautela y le dije a Lorena en tono casual:
- Andy: Lore, ¿qué sucede?
- Lorena: (limpiando a Ale) Sucede que este pequeñín comió demasiadas galletas y está sucio. ¿Se las acabaron todas?
- Andy: Em, sí, David y Ale se las comieron todas.
- Lorena: ¿Todas? ¡Pero si eran un gran montón! Ay bebés, sí que no tienen remedio...
Luego de emitir su comentario, ella terminó de limpiarle el rostro, las manos y la ropa a Ale y mientras lo hacía yo vi que este último aún se veía muy serio y enfadado. Acto seguido, la expresión algo firme de Lorena cambió bastante y nos dijo a ambos con una voz más dulce y calmada:
- Lorena: Casi lo olvido, la niñera Sophie me dijo que les dijera, que mañana harán sus cartas a Santa.
¡A Santa! Ese aviso nos llenó de muchísima emoción, tanto así que Ale pareció olvidar por completo su altercado con Kim, abrazó a Rex con tanta fuerza que provocó que su canción comenzase a sonar y le preguntó a Lorena muy entusiasmado:
- Ale: ¿De veritas? ¡Estuve esperando esto!
- Lorena: Qué bien bebé, y claro que sí, mañana lo harán todos.
- Ale: ¡Genial! Ah... ah... pero...
- Lorena: ¿Sucede algo?
- Ale: Bueno... sí... ¿las niñeras nos van a dar crayolas mágicas para hacerlo?
- Lorena: (algo sorprendida) ¿Crayolas mágicas?
- Ale: Sipi, es que las crayolas normalitas no sirven para escribirle a Santa.
- Lorena: (siguiéndole el juego) ¡Oh, claro! ¡Por supuesto! Usarán crayolas mágicas bebé.
- Ale: ¿De verdad? ¡Grandioso! Y... ¿si tienen la dirección de Santa cierto?
- Lorena: Claro bebé, no te preocupes. Pero ya, vayánse a jugar, de eso hablaremos mañana.
Lorena se marchó a continuar sus deberes como ayudante de las niñeras y yo me alegré al ver que Ale se sentía tan contento, de una manera tan profunda que el reciente incidente con Kim parecía no haber sucedido nunca. Me sentí agradecido de que Lorena mencionara lo de la carta a Santa, no sólo porque Ale se alegró de repente, sino porque yo también olvidé un poco del problema con Kim y empecé a pensar en cómo sería el hacerlo, sobre todo considerando que yo nunca lo había realizado antes y eso me emocionaba muchísimo. Me quedé sumamente pensativo al respecto por un período de tiempo que no puedo determinar, el cual finalizó abruptamente cuando Ale me dijo supremamente emocionado y feliz:
- Ale: ¡Andy! ¿Puedes creerlo? Haremos nuestras cartas.
- Andy: Sipi, es cierto. Me gusta muchísimo la idea.
- Ale: ¿Verdad que si? ¡Será estupendo! ¿Ya sabes lo que vas a pedir?
No pude responder, para mí aquello resultaba imposible. La mera verdad es que no había pensado absolutamente en nada, considerando que, como dije, yo nunca había hecho una carta a Santa Claus; es más, si recibía algún regalo tenía que sentirme muy agradecido, porque hubieron ocasiones en que no tuve nada. Este pensamiento me hizo sentir un poco mal, sacándome un tanto de la alegría recién obtenida y volví a recordar el hecho de que Ale se encontraba peleado con Kim. Por un momento pensé que sería buena idea interrogar a Ale ahora, puesto que estaba tan alegre y radiante, pero luego preferí hablarlo primero con Kim y planificar bien las cosas para no echarlo más a perder. Luego, cuando terminé de meditar sobre esto, miré a Ale y el mismo estaba demasiado impaciente aguardando por mi respuesta, así que para salir del paso simplemente le dije:
- Andy: Claro, ya lo había pensado amiguito.
- Ale: Igual yo, será de lo mejor, ya no puedo esperar.
A continuación, él se fue saltanto muy alegre tarareando un villancico en dirección a donde estaba David y yo me imaginé que volvería a jugar con él. Aquello me alivió un tanto y lo primero que se me vino a la mente fue que debía hablar con Kim otra vez. Esperé que Ale desapareciera de la vista y luego me fui en la misma dirección, encontrando a Kim y Andreita momentos después muy cerca del lugar donde se encontraban previamente.
- Andy: Hey, Kim, ¿oíste que haremos mañana nuestras cartas?
- Kim: (algo desanimado) Ah, sí, Lore nos lo acaba de decir.
- Andy: Vamos, anímate un poquis, ahora Ale está muy contento y creo que será más fácil que te perdone.
- Kim: No lo sé Andy... no sé qué más intentar.
- Andreita: Se nos ocurrirá algo, ya verás.
- Kim: Bueno, pero creo que quiero estar solo, si piensan en algo díganme.
Eso me dio mucha tristeza, no me gustaba ver al bebé legendario tan bajoneado y falto de ánimos, sin mencionar que me sentí aún más culpable que antes. Andreita y yo lo vimos alejarse inevitablemente hacia otro lugar, muy lentamente y cargando a Kian con una sola mano. La sensación que tuve en el estómago mientras observé la escena fue horrible, tanto que parecía que iba a devolver la galleta que acababa de comerme.
- Andreita: Pobre Kim, hay que pensar cómo ayudarlo.
- Andy: Tienes razón. Mmm... creo que mañana Ale tendrá un mejor estado de ánimo, podría ser el mejor momento para hablar con él.
- Andreita: Sí, vamos a tener que esperar. Lo que no entiendo es, ¿de verdad es tan grave?
- Andy: Creo que a Ale no le gusta para nada hablar de ese tema, por eso se enfadó tanto con Kim.
- Andreita: Yo creo que está exagerando, o sea, ¿qué tan grave puede ser?
- Andy: No lo sé, pero sea lo que sea realmente le incomoda a Ale.
Al discutirlo con Andreita, mi curiosidad sobre el asunto volvió a ser sumamente profunda y me decidí a interrogar a Ale me cueste lo que me cueste, especialmente porque si lograba hacerlo, el tocar el tema ya no sería tabú y lograríamos evitar tantos problemas en el futuro. Finalmente, decidimos pensar por nuestra cuenta y comunicarnos luego por si algo se nos ocurría, dejándolo objetivamente para el día siguiente, cuando Ale estuviera aún de mejor humor.
Al día siguiente, pude notar que Ale se había despertado más temprano de lo habitual, se salió de la cuna y se sentó en el suelo abrazando a Rex mientras veía hacia la ventana, susurrando algo que no pude escuchar. No me animé a abordarlo en ese momento, pues de ninguna forma quería incomodarlo. En cambio, me detuve a pensar lo que pondría en mi carta, pero por más que lo pensara, no se me ocurría casi nada. Ni siquiera sabía cómo empezar, así que finalmente me di por vencido y decidí esperar hasta el mismísimo momento de hacerla, de modo que pudiera imitar la forma en que los demás lo hacían. Aparté entonces lo de la carta de mi mente y en su lugar comencé a razonar sobre el problema de Kim y Ale, lo cual resultó ser todavía más frustrante, siendo que no sólo no se me ocurrió nada, sino que además me daba vuelta y lograba ver a Kim dormido, aunque con una expresión que no denotaba tranquilidad en absoluto. "Pobre Kim...", fue lo que pensé y me decidí a componer las cosas ese mismo día, me costara lo que me costara, ya no soportaba el verlos distanciados de esa manera.
La mañana de ese día fue relativamente tranquila, al igual que la hora de comer y la siesta, llegando la verdadera emoción poco después, cuando Lorena llegó y nos anunció que todo estaba listo para hacer nuestras respectivas cartas.
- Lorena: Escuchen mis bebés, todo está preparado para que hagan sus cartas a Santa en el salón de juegos, así que si me siguen ordenadamente...
La emoción no se hizo esperar, explotando como una bomba nuclear de dulces y alegría navideña, avasallando la autoridad de Lorena de manera ruidosa e indisciplinada. Todos salieron del lugar gritando y demasiado enloquecidos como para oír a Lorena, por lo que ella simplemente se dio por vencida, puso los ojos en blanco y se dispuso a seguir a la horda infantil, no sin antes aproximarse a mí, que fui uno de los únicos en guardar la calma, siendo el otro por supuesto Kim, ya que ambos estábamos demasiado preocupados como para enloquecer.
- Lorena: ¿Qué te sucede bebé? ¿Acaso no estás emocionado por hacer tu carta como los demás?
- Andy: Sí lo estoy, es sólo que...
- Lorena: Ah, ¿tiene que ver con Kim y Alejandro?
Escucharla llamar a Ale por su nombre completo me provocó algo de extrañeza y es que nunca lo llamábamos así. Me mantuve en silencio por unos instantes como tratando de reaccionar y luego le respondí algo neutral:
- Andy: Sip, es eso, ¿ya lo sabías?
- Lorena: Así es, Andreita me lo comentó ayer. Pero me parece de lo más raro, si todos ustedes se llevan muy bien.
- Andy: Lo sé, por eso me siento tan culpable.
- Lorena: Bueno, si quieren mi opinión, denle tiempo, ya se le pasará el enfado, en especial ahora que estamos tan cerca de la Navidad.
Lorena tenía razón, tarde o temprano Ale tenía que ablandarse, considerando que mientras más pasaban los días, el aire navideño ponía a todos más alegres y cariñosos. Esto fue un aliento para continuar, de modo que me puse en pie para ir junto con Lorena, pero antes le hablamos a Kim por supuesto.
- Andy: Kim... vamos a hacer nuestras cartas, te hará sentir mejor.
- Kim: (abrazando a Kian y desviando al mirada) No tengo ganas.
- Lorena: (agachándose para ver a Kim a los ojos) Vamos bebé, no te hagas al difícil. Escucha, todo se va a solucionar, no existen niños más tiernos y unidos que ustedes, ese problema se solucionará pronto.
- Kim: ¿Y si no lo hace?
- Lorena: Claro que lo hará, ya se le pasará el enojo a tu amiguito. Mientras tanto, no vas a solucionar nada quedándote aquí. No te vas a perder de algo tan bonito por estar refunfuñando solito. Ven conmigo...
Después de eso, Lorena tomó a Kim de la mano cuidadosamente y, al ver que este le hizo un pequeño berrinche y no quería levantarse, se puso algo firme con él y logró que se levantara para salir de la habitación. Tal acontecimiento se me hizo algo divertido, pues era curioso el ver a Kim tan berrinchudo y viéndose tan infantil frente a Lorena, la cual tenía su misma edad. Ese comportamiento era algo impropio de Kim, al ser el bebé más valiente e intrépido de todos nosotros. Reflexioné sobre eso por un par de minutos y volví a la realidad cuando caí en cuenta de que Lorena y Kim casi llegaban a la puerta. Entonces, fue gracioso porque sentí algo de celos de Kim, en el entendido de que yo también quería recibir atención especial y ser llevado de la mano, así que me acerqué tímidamente a Lorena y vi su mano libre con expresión suplicante, notándolo ella casi al instante y me dijo condescendiente:
- Lorena: Bebé, ¿qué tienes?
- Andy: (avergonzado) Yo... yo...
- Lorena: ¿Te hace falta algo? ¿Acaso necesitas un cambio? Dime.
- Andy: (mirando al suelo) Es que... pues...
- Lorena: Vamos bebito, no seas tímido y dímelo pronto, después de todo, no hay tiempo que perder, de seguro los demás ya comenzaron con sus cartas.
Recuerdo que me costó bastante tomar el valor suficiente para decirle lo que en verdad quería, sin embargo logré hacerlo y le dije con una voz muy poco audible y falta de autoconfianza:
- Andy: Yo también quiero que me lleves de la mano...
La expresión de ternura que le dio a Lore fue indescriptiblemente intensa, endulzó su voz muchísimo más que antes y me habló de una manera tan maternal, que sentí como en ocasiones anteriores que el ser tan sólo un año menor que ella no valía para nada, y que tal diferencia podría bien ser de 10 años.
- Lorena: Ooowww, bebito, pero si eres un encanto. ¿También quieres atención verdad que sí? No te preocupes, debiste haberlo dicho antes mi tímido bebé.
Ella tomó mi mano sin vacilar y yo me sentía tan indefenso y pequeño que por reflejo comencé a chuparme el dedo. Después de eso, al tenernos a ambos sujetados de la mano, ella nos llevó prontamente hasta el salón de juegos y en la puerta estaba la niñera Elizabeth quien le dijo algo extrañada al vernos llegar:
- Niñera Elizabeth: Lorena, ¿qué ha sucedido con esos dos? ¿Acaso se han portado mal?
- Lorena: Nada de eso, es que estaban algo berrinchudos para venir, eso es todo. Yo los convencí para que se tranquilizaran y vinieran conmigo.
La niñera no escondió su asombro en absoluto, por el hecho de que Lorena hubiera sido capaz de manejarnos tan bien, diciéndole unos segundos después muy orgullosa:
- Niñera Elizabeth: Bien hecho Lorena, parece que te estás convirtiendo en toda una experta. Vamos, entren ya, todos los demás ya han comenzado.
Y fue justamente así, Lorena siguió las instrucciones de la niñera, de modo que nos condujo dentro de la sala, la que a estas alturas estaba repleta con todos los bebés de La Guardería los cuales hacían un gran bullicio, proporcionándonos luego papeles de colores y diciéndonos que habían muchas cajas de crayolas que el resto estaban utilizando. Acto seguido, ella se fue para otra parte y casi por inercia Kim se fue con Andreita y yo con Ale y David, los cuales estaban en un rincón muy entusiasmados haciendo sus cartas. Los dos estaban acostados sobre su estómago, abrazando a sus peluches con una mano y escribiendo con la otra, lo cual me pareció divertido y los imité sin dudarlo.
- Andy: Holis amiguitos, ¿les molesta si los acompaño?
- Ale: (distraído) Nopi.
Tanto Ale como David se encontraban sumamente distraídos con la tarea, a tal grado que prácticamente no notaron mi presencia. Entretanto yo trataba de figurarme cómo hacer mi carta, no tenía ni la menor idea de cómo empezar. Pensé en ello por varios minutos sin ningún resultado, por lo tanto en mi desesperación miré de reojo la carta de David, que es la que me quedaba más cercana y vi el encabezado de la misma. Sentí como si copiara en un examen, incluso me sentí algo culpable, dándome cuenta yo mismo en cuestión de nada de que eso último era algo tonto. Así, comencé por fin a escribir luego de un buen rato de pensar y pensar, tomando para ello un crayón de color azul marino, que fue el primero que tenía al alcance de mi mano, y puse en letras bastantes grandes: "Querido Santa: ". El enunciado me salió algo chueco y extraño, haciéndome entender que la falta de práctica al escribir me había afectado bastante. Luego me quedé viendo lo que había escrito y no tuve la menor idea de cómo continuar, quedándome bloqueado nuevamente y sorprendentemente falto de inspiración. Me mantuve así por muchísimo tiempo, tan sólo tratando de descifrar cómo realizar tal tarea, convirtiendo algo que se supone era muy simple en un enigma imposible. De hecho, fue tanta mi falta de inspiración que me quedé viendo al papel sin escribir ni una sola letra como por hora y media, tiempo en el cual todos terminaron de escribir sus propias cartas. Eso lo supe porque cuando alguien acababa, se ponía en pie, se acercaba a las niñeras y a Lorena que estaban cerca de la puerta, ellas ponían la carta en un sobre especial y la guardaban en una bolsa roja especial, muy similar a la bolsa mágica de juguetes de Santa Claus. El salón se vaciaba cada vez más y más, e incluso David ya había salido muy contento con su carta terminada. Pocos minutos después, me percaté de que en la sala sólo quedábamos Ale y yo, siendo que él se había tardado también porque me pareció que había hecho muchos dibujos acompañando a lo que había escrito. Y, cuando por fin hubo terminado, exclamó con voz audible y una expresión de satisfacción en el rostro:
- Ale: (besando la carta) ¡Quedó perfecta! Es la mejor carta para Santa que haya escrito.
Se quedó admirando su "obra de arte" por un buen tiempo y luego, justo cuando se disponía a ponerse en pie y salir como todo el mundo, notó que yo no había escrito nada más qu el encabezado, por lo que algo consternado me preguntó:
- Ale: ¿Qué sucede Andy? ¿No le vas a pedir nada a Santa este año?
- Andy: No... no es eso...
- Ale: ¿Entonces?
- Andy: Es que yo... no... no sé cómo hacerlo.
- Ale: (sorprendido) ¿De verdad? No te creo.
- Andy: Es en serio Ale, nunca lo he hecho antes, es la primera vez.
Ale se me quedó viendo absolutamente perplejo, como si combinar esas palabras en una misma oración fuera el peor pecado del mundo. Luego, yo me puse algo impaciente e inquieto y Ale reaccionó a tales efectos, diciéndome en forma muy amigable:
- Ale: Si quieres yo te puedo enseñar cómo hacerlo, es facilito.
- Andy: ¿De veras? Eso... eso me gustaría Ale.
- Ale: ¡Super! Entonces hay que empezar, hay muchito que hacer.
Y como suele suceder con gran frecuencia entre los niños, el que tiene aunque sea un ápice más de información que el otro, se encuentra en una posición superior y de cierta autoridad. De esa forma se sentía Ale, y pude verlo en sus ojos, pues lo veía como si estuviese en la cima del mundo enseñándome sobre algo que, para ser francos, era su especialidad.
- Ale: Bueno Andy, mira, luego del saludito es importante que pongas primerito que te has portado bien. Y no digas mentiritas, porque los duendes de Santa ven en su computadora cuando te has portado mal, no los puedes engañar. Primero dile todo lo bueno que has hecho, así Santa te pone en su lista de niños buenos, porque sino, aunque le pidas un masillón de juguetes y dulces, no te los va a traer.
- Andy: De acuerdo, pero... ¿qué le digo?
- Ale: Algo como lo que yo escribí, mira: "Querido Santa: Este año me he portado súper bien, he sido un niño bueno, me he comido mis vegetales, aunque no me gusten muchito, pero los como. Digo siempre por favor y gracias y trato de ser bueno con toditos, incluso con las niñas, que tú sabes que no me gustan muchito, pero igual lo hago para estar en tu lista de niños buenos. Y porfis olvida la travesura que ya sabes, no fue nadita, la mayoría del tiempo me porto muy biencito, ¿sale? ..."
Encontré la carta de Ale divertida, tierna y muy cautivante, lo cual me inspiró al fin para hacer la mía propia. Él continuó leyéndome su bastante larga introducción hasta acabar, y cuando lo hizo me dijo muy seguro de sí mismo:
- Ale: ¿Lo ves? Es sencillito, sólo cuéntale así como yo lo hice, ¿sale?
- Andy: ¡Sale y vale! Gracias por ayudarme Ale.
- Ale: No hay de qué Andy, además, ya viste que soy niño bueno y eso me da puntos con Santa también. ¿Quieres que te ayude con el resto de la carta?
- Andy: Em... si no fuera mucha molestia...
- Ale: Claro que no lo es, va a ser divertido.
De esa manera comencé a escribir mi carta e inicialmente le conté a Santa por qué era yo un niño bueno. Después de eso, Ale me dijo que debía pedirle a Santa todas las cosas que quisiera, incluyendo todo con muchos detalles para que él no se equivocara en forma alguna. Lo hice siguiendo sus indicaciones al pie de la letra y posteriormente me señaló que debía añadir muchos dibujos de todo lo que había pedido, señalando cada cosa con su nombre. Lo hice de este modo y para finalizar Ale me dijo que tenía que agradecerle a Santa y firmar la carta con mi nombre, lo cual también hice y al cabo de de un rato más mi carta estuvo al fin terminada.
- Andy: ...te espero hasta el día de Navidad, el niño bueno que te quiere mucho, ANDY. Uff... listo, ya terminé.
- Ale: ¿Lo ves? ¡Te quedó genial! Bueno... no tan genial como la mía, pero igual genial.
- Andy: Je, gracias Ale, no lo hubiera hecho sin ti.
Tengo que decir que hacer aquella carta para Santa en esa ocasión fue una de las cosas más divertidas que haya hecho, además de haber servido como un gran acercamiento a Ale. Ni siquiera me importó que fuésemos los únicos en todo el salón y que tardamos muchísimo más que el resto en salir. Ale también se veía muy entretenido y contento, como si pudiésemos continuar con ello todo el día. Ambos admiramos por unos segundos nuestras cartas, las cuales terminaron siendo de muchas hojas, incluídos los dibujos que hicimos. Entonces, cuando Ale ya se disponía a salir de allí, tuve la impresión repentina de que tenía que aprovechar la oportunidad de tenerlo tan contento, así que le dije pronto antes de que me arrepintiera:
- Andy: Oye Ale... ¿no crees que ya deberías perdonar a Kim?, está muy arrepentido.
La expresión de Ale cambió radicalmente como yo esperaba, tornándose sumamente serio, con un gesto algo severo y viéndome en silencio. Luego, lo vi directamente a los ojos y le dije algo suplicante:
- Andy: Ale... vamos... todos somos amigos... Kim no quiso lastimarte.
Ale no me respondió en absoluto y se limitó a voltearse ignorándome sin importar lo que le dijera o cuánto le insistiera, lo cual me puso sumamente nervioso e impaciente, hasta que de la absoluta nada tuve un tremendo ataque de genialidad; con ello me sentí como un verdadero genio, saboreé la sensación de triunfo por fracciones de segundo y luego dije muy decidido:
- Andy: Ale... ¿crees que a Santa le gustaría que estuvieras tan enojado con Kim?
Él se dio vuelta al fin y me vio con una expresión como de asombro y susto combinados, como si acabara de recibir una gran revelación. Había funcionado, era evidente que lo que le acababa de decir había sido completamente contundente. Entonces, él se sentó frente a mí y me dijo algo angustiado:
- Ale: ¿De verdad crees que Santa se enfadaría conmigo por eso?
- Andy: Sí, claro, no creo que sea de niños buenos quedarse tan enojado con un amigo.
- Ale: (casi llorando) ¡Ay no! ¿Qué hice? Ahora Santa me pondrá en la lista de niños malos, y yo que le dije tantas cosas de ser niño bueno. Se dará cuenta de esto, estoy perdido.
- Andy: Tranquilo, tranquilo, no pasará eso.
- Ale: ¿Cómo lo sabes?
- Andy: Bueno, creo que puedes arreglarlo.
- Ale: (muy nervioso) ¿Cómo?
- Andy: Pues, dicen que una buena acción, borra una mala acción, ¿verdad? Si te abuenas con Kim ahora, creo que estarías a tiempo de ser niño bueno todavía.
- Ale: ¿De verdad lo crees?
- Andy: Claro que sí, es más, hay que hacerlo ahora mismo.
- Ale: Sí, sí, antes de que los duendes lo cambien en su computadora.
Por fin, la misión fue exitosa y Ale estaba dispuesto a perdonar a Kim, nada más que mi racha era demasiado buena y no pude evitar el abusar de ella. Ale estaba bastante vulnerable en esos momentos, así que saqué ventaja de ello y le dije calmadamente:
- Andy: Claro Ale, pero...
- Ale: ¿Pero...?
- Andy: Antes de ir con Kim... ¿me puedes responder la pregunta que te hice antes? Cuéntame, ¿por qué no quieres hablar de tus primos?
Ale vaciló por unos instantes, miró su carta para Santa, me vio a mí y de regreso a la carta un par de veces más, para luego decirme algo consternado y dándose por vencido:
- Ale: Está bien Andy, te lo diré. Pero porfis, porfis, por lo que más quieras, no le vayas a decir a nadie lo que te voy a contar, ni siquiera a David o a nadie más, ¿me lo prometes?
- Andy: Te lo prometo.
- Ale: Promételo por Osín...
- Andy: Sipi, lo prometo por Osín, no se lo voy a contar a nadie, tienes mi palabra.
- Ale: Bueno, te contaré...
Al haberme dicho esto último, tomó un respiro muy profundo, se acercó más a mí sentándose en una posición más cómoda abrazando a Rex y empezó con su relato:
- Ale: Resulta que, como creo que ya te enteraste, tengo dos primos menores. No te voy a decir sus nombres porque, porque me hace sentir mal. Sólo te diré que son mis primos hermanos, por desgracia demasiado cercanos. El punto es que ellos siempre me hicieron sentir muy mal y menospreciado, especialmente porque, bueno, es algo que tiene que ver con mi abuela. Los padres de ellos no les prestan atención en absoluto, o más bien debería decir que sí, pero... ¿cómo se dice? No los... no los educaron bien. Es mi abuela la que los educa un poco y se hace cargo de ellos, pero aún así son muy malos.
- Andy: ¿Ah, si?
- Ale: Sipi, son muy malcriados, consentidos y lo peor de todo es que son intocables. Me refiero a que no puedes hacerles nada, porque su mamá, mi tía, se pone como loca si les tocas un solo pelo.
- Andy: Qué mal.
- Ale: Así es. Ni siquiera pude quitármelos de encima cuando se burlaban de mí o me trataban rudamente, no sin que todo el mundo se enojara injustamente conmigo. ¿Pero sabes qué es lo peor de todo? Eso no es nada, porque por alguna razón, a mi abuela le pareció buena idea que yo fuera como el modelo a seguir de ellos, así que encima de soportarlos y sufrir con sus boberías, nunca pude ser yo mismo delante de ellos porque era su supuesto modelo. ¿Sabes lo molesto que es no poder hacer nada, ni siquiera una pequeña travesura, por el miedo de que me criticaran de estarles enseñando cosas malas? Es horrible.
Yo estuve escuchando a Ale tan atento y concentrado como me era posible, al punto de olvidarme por completo el tiempo y lugar en el que estaba. El relato de él era en extremo fascinante y a este punto, la verdad es que ya sentía demasiada lástima por él, aunque todavía faltaba más.
- Ale: Yo era el bebé, Andy, y ellos llegaron y lo arruinaron todo. Yo era el consentido, yo era el niñito de la casa, cuando de repente llegaron esas dos plagas y me echaron a perder toda mi felicidad. Lo peor de todo es que frecuentaban mi casa y la casa de mi abuelita también, todo el tiempo. Pocos eran los momentos que yo tenía para estar solo. Sin embargo, desde que llegaron, nadie me volvió a tratar como un niño, me trataron... como adulto.
- Andy: ¡De tan sólo oír esa palabra me dan náuseas!
- Ale: ¡Lo sé! ¡Imagínate! Fue de lo peor, tenerlos molestando todo el tiempo.
- Andy: Cielos Ale, ya te comprendo súper bien, y dime una cosa, ¿ellos tuvieron que ver con el hecho de que tú vinieras aquí?
- Ale: Algo así. Es que, en determinado momento, mis primos incluso terminaron cambiándose a mi misma escuela y en determinado momento conocieron a mis amigos más cercanos, lo cual provocó que mis amigos se alejaran un poco de mí, porque desde el primer momento los detestaron, entonces como que les molestaba mucho que yo fuera tan "unido" a ellos. Pero yo no era unido, simplemente me mantenía cerca porque no podía hacer nada más, me volvieron responsable de ellos de repente, y... y... eso fue de lo más feo. Y bueno, con tanta presión junta, un día no pude más con todo eso y exploté, diciéndole a mi mamá que ya no podía más y que quería ser de nuevo un niño y que me traten como tal. Mi mami se preocupó mucho cuando le dije eso, lo hablaron con mi papá y me llevaron a ver a una doctora. Al principio tuve mucho miedo, pero la verdad es que eso fue mi completa salvación.
- Andy: Adivinaré... la doctora les dijo a tus papás sobre La Guardería, ¿cierto?
- Ale: ¡Así es! ¿Cómo lo sabes?
- Andy: Es que a mí me pasó algo muy parecido. En fin, no importa mucho, sígueme contando.
- Ale: Claro, em... como te decía, la doctora les habló de La Guardería a mis padres, ellos estuvieron de acuerdo y me enviaron para acá. No tengo que decirte que cuando llegué para mí esto era como el paraíso. Todo completamente infantil, colorido, bonito, muchos juguetes, cuidados, leche en biberón a toda hora y lo más genial para mí, completamente libre de mis molestos primos. Al principio me costó muchísimo ser yo mismo y actuar natural, pero el tratamiento de las niñeras y el contacto con los otros bebés me ayudó muchísimo. Y así llegué hasta aquí y no podría estar más agradecido por eso.
El relato de Ale fue muy conmovedor, la verdad es que ya estaba a punto de llorar, empero antes de que eso sucediera, le hice una última pregunta para completar de satisfacer mi curiosidad:
- Andy: Ale... ¿y el que estés tan contento en la Navidad, también tiene que ver con ellos?
- Ale: En parte. Es que sabes, todos los años íbamos a pasar la Navidad en casa de mis primos y eso era bastante feo.
- Andy: ¿Por qué? Digo... aparte de que tus primos eran muy molestos siempre.
- Ale: Es que era súper horrible porque, haz de cuenta que ellos recibían como 50 regalos y yo con suerte unos dos o tres. ¿No te parece injusto que eso pasara? Eran unos niños ultra malcriadísimos, malos y traviesos, y el niño bueno era yo. ¿Por qué recibían tantas cosas? Eso me hacía sentir de lo peor. Creo que su mamá de ellos, como era muy famosa, engañaba a Santa para convencerlo de que eran niños buenos y recibían muchas cosas. No... no se vale, ¿o qué dices tú Andy?
Con eso último, Ale no pudo evitarlo y comenzó a llorar, de modo que también se me contagiaron las lágrimas y le dije con la mayor sinceridad del mundo:
- Andy: Tú eres un niño bueno, te mereces que Santa te dé muchos regalitos y dulces. Ellos son los malitos.
- Ale: (llorando aún más) ¿Verdad que sí?
El momento se volvió aún más intenso que antes, con Ale llorando y moqueando descontroladamente, logrando que yo tuviera un muy renovado cariño por él y dándole un abrazo le dije:
- Andy: Claro que sí, tú eres buenito Ale. Ya pasó, descuida, ya no verás a tus primos malitos nunca más, no te harán daño de nuevo.
- Ale: (secándose las lágrimas) Gracias Andy... y... por eso es que me gusta tanto la Navidad y estoy tan alegre, porque sin ellos cerca, puedo disfrutarla de verdad.
Ahora todo tenía sentido finalmente y lo que dijo él al último me hizo reflexionar profundamente. Aquello me hizo dar cuenta de que debía disfrutar más no solamente de la época festiva sino también de todo lo demás, después de todo, es una fortuna el haber llegado a La Guardería y tener grandes amigos con quién compartirlo.
Ale y yo nos vimos en silencio por unos momentos más y le dije para terminar con la conversación que su secreto estaba a salvo conmigo. Entendí perfectamente el por qué él no quería hablar jamás de sus primos y la razón de que se hubiera enfadado tanto cuando los mencionaban. Era obvio que quería olvidar todo su pasado y disfrutar de la vida siendo él mismo sin que nadie lo molestara. Y así, luego de tan fuertes emociones, me puse en pie sosteniendo mi carta y le dije muy animado:
- Andy: Ale, creo que es hora de entregar nuestras cartas y de que hables con Kim, ¿no crees?
Él simplemente asintió con la cabeza, tomó también su propia carta y se puso en pie con algo de dificultad. Después de eso nos encaminamos a la salida y pusimos al fin nuestras cartas en sus sobres especiales con ayuda de una de las niñeras que se quedó cuidando el lugar, porque a estas alturas incluso Lorena ya se había marchado. Luego nos fuimos de allí para buscar a Kim, no sin que antes la niñera nos limpiara un poco el resto de las lágrimas que teníamos y nos sonara la nariz. Dimos algunas vueltas al patio y al jardín y al no hallar a Kim por esos lugares concluimos que podría estar cerca del edificio principal, lo cual comprobamos de manera casi inmediata cuando lo vimos junto con Andreita charlando en forma muy poco animada, sentados a la orilla de unos escalones. Nos apresuramos en llegar allí y ni bien lo hicimos, tanto Kim como Andreita se sorprendieron un poco y dejaron de hablar de un momento a otro.
- Ale: Hola Kim...
- Kim: Ho... hola...
- Ale: ¿Qué haces?
- Kim: Nada... sólo... aquí...
- Ale: Qué bien, bueno... te quería decir... lo... lo siento...
- Kim: (sorprendido) ¿Qué?
- Ale: Yo no... debería haberme enfadado tanto contigo. Lo lamento mucho.
- Kim: No, no, tenías razón en enfadarte. El que lo siente soy yo.
- Andreita: Bueno, ambos lo sienten.
- Ale: (esbozando una sonrisa) Sí... em... no quise hacerte sentir mal.
- Kim: Ni yo a ti amiguito.
- Ale: Entonces... ¿amigos?
- Kim: ¡Claro que sí! Y te prometo que nunca más volveré a contar tus secretitos.
Ambos se abrazaron fraternalmente y sobra decir que la escena fue sumamente conmovedora e intensa. Lo mejor de todo es que ya no había más peleas, todo se había solucionado y me sentí muy orgulloso de haber sido yo quien lo propiciara. Y al haber pasado todo eso, la armonía regresó por completo entre nosotros y fue incluso mejor que antes. En adición, yo gané un renovado gusto y placer por todo lo que significaba la Navidad, por lo tanto me la pasé los días siguientes yendo de aquí para allá junto con Ale, admirando las brillantes luces, los adornos y cantando villancicos aunque no supiéramos bien la letra.
Pasados los problemas y principalmente las desaveniencias entre Kim y Ale, los días restantes hasta la Noche Buena fueron relativamente tranquilos y alegres, siendo que los eventos más significativos y notables sucedieron cabalmente el día 24. La mañana de ese día, todos sin excepción nos levantamos muy muy temprano, dejando implícito que la mayoría no había podido conciliar el sueño la noche anterior. La alegría y la algarabía se multiplicaron por mil y sentíamos una gran emoción por la inminente llegada de Santa esa noche. Fue algo espectacular el poder compartir tantos sueños, alegrías y deseos infantiles con todos mis amigos, una experiencia que jamás olvidaré. Y les contaré un par de cosas divertidas que pasaron ese día en la víspera de Navidad. Sucede que por la tarde, Ale, David y yo estábamos muy emocionados cantando, riendo y divirtiéndonos muchísimo con el ambiente navideño a flor de piel. Todo iba normal, con nosotros haciendo mucho ruido y pasándonolos de lo mejor, no obstante pasó algo sumamente inesperado. En determinado momento pasamos por la habitación principal y nos detuvimos como siempre a admirar todas las luces y el colorido, nada más que ahora, las tres niñas se encontraban dentro.
- David: Miren, ellas tres están ahí... eso no es nada bueno...
- Andy: ¿Por qué lo dices?
- David: Ay Andy, sabes que siempre que las niñas se reúnen de esa forma están planeando algo.
De comienzo tuve la impresión de que David estaba imaginando cosas, pero no tardé en comprobar que tenía toda la razón. Entramos al salón y quisimos acercarnos al árbol principal como era de costumbre, sólo que las niñas nos detuvieron esta vez.
- Luz Marina: (con expresión pícara) ¿A dónde van tan apuraditos?
- Ale: (algo tímido) Sólo queremos ver el árbol, ya sabes, como siempre.
- Luz Marina: Sí, lo sé, siempre vienen aquí todos los días...
- Andy: ¿Nos dejan pasar?
Ellas quisieron responder, aunque no pudieron porque coincidentemente Kim se apareció allí, entrando por la puerta y diciendo apresurado:
- Kim: Amigos, amigos, Lorena dice que... ¿qué hacen?
- Ale: Queremos ver el árbol, líder, pero ellas no nos dejan.
- Kim: (viendo extrañado a las niñas) ¿Por qué?
Y las chicas respondieron la pregunta, aunque no verbalmente. De un momento a otro, las tres nos acorralaron y lograron que retrocediéramos mucho, viéndonos con una expresión algo escalofriante.
- Kim: ¿Por qué nos miran de ese modo? Me están asustando.
En ese preciso momento, Andreita vio hacia el techo y todos lo hicimos también, notando que habían algunas plantas allí. Pasaron algunos segundos de tensión que parecieron horas y Kim volvió a romper el silencio:
- Kim: ¿Qué es eso?
- Andreita: (haciendo una pausa) Muérdago...
Y de la absoluta nada, sin aviso alguno, Andreita besó a Kim en la boca y este no pudo hacer nada al respecto. A la par, el resto de nosotros quedamos en shock y lo siguiente que sucedió es que Emily se me aproximó mucho y dijo suavemente quitándose el chupón de la boca:
- Emily: Muédago...
Mi mente inconsciente sabía lo que iba a suceder, solamente que no pude reaccionar y lo siguiente que supe es que ella también me estaba besando. Sentí mariposas en el estómago, como nunca antes y los labios de ella tenían algo de sabor a fresas. Fue bastante lindo, totalmente contrario a lo que hubiera podido pensar momentos antes, por lo que no hice absolutamente nada para detenerla. De reojo vi a Kim y supe que él había tenido una reacción similar a la mía, pues parecía estarlo disfrutando también. Después, fue Luz Marina quien también entró al juego y pude percatarme de que vio con mucha picardía a David y Ale, diciéndoles también:
- Luz Marina: Muérdago...
- David y Ale: (asustados)...
- Luz Marina: ¿Cuál de ustedes va a besarme?
- David y Ale: ¡Yiiiiiiuuuu! ¡Asco!
- Luz Marina: (algo enfadada) Tienen que hacerlo, es la regla...
- Ale: ¡Yo ni loco!
- David: ¡Ni yo!
Dicho eso, ambos escaparon a toda velocidad del lugar y Luz Marina fue tras ellos totalmente amenazante. Y, cuando sus gritos y escándalo dejaron de escucharse, volví a estar completamente concentrado en el beso, el cual terminó unos segundos después. En eso, Emily me vio con una expresión muy inocente, tan linda como siempre y me perdí en sus ojos brillantes no pudiendo evitar el sonreír. Acababa de tener mi primer beso y apenas lo estaba asimilando, puesto que nunca pensé que fuera tan pronto y menos tan cerca a Navidad, aunque sí estuve seguro de una cosa: Por algún motivo, estaba muy feliz de que Emily fuera quien me había besado.
Al haber pasado la artimaña del muérdago, todos volvimos en sí y Andreita fue quien habló primero:
- Andreita: Kim, ¿qué es lo que venías a decirnos?
- Kim: (algo impactado todavía) Ah... sí... cierto... em... Lorena me dijo que vayamos al salón de clases, las niñeras quieren hablarnos a todos.
- Andreita: Oki doki, bueno, en ese caso démonos prisa, tenemos que avisar al resto.
Y así lo hicimos, de modo que avisamos a todos los que pudimos y fue muy gracioso cuando encontramos a David y Ale, porque se estaban limpiando frenéticamente la cara y la boca con expresión de asco. Luz Marina no se encontraba cerca, pero no hacía falta ser un genio para descubrir que ella los había besado por todas partes, provocando que estuvieran tan molestos y asqueados.
- David: ¡Pulgas, pulgas!
- Ale: ¡Gérmenes de niñas! ¡Puaj!
- Andreita: (enfadada) No sean exagerados, ¡y no existe tal cosa como los gérmenes de niñas!
Con el regaño de Andreita ambos se quedaron quietos, a pesar de que continuaban muy molestos. Después de eso, Andreita volvió a hablar:
- Andreita: Las niñeras quieren vernos ahora, tenemos que reunirnos.
Con ello, Ale y David parecieron haberse olvidado un poco de lo sucedido con Luz y se nos unieron para ir al salón de clases. En el camino reclutamos a otros más, incluyendo a Ariel, el cual estaba sumamente distraído jugando en las resbaladillas, hasta que por último llegamos a nuestro destino. El lugar ya estaba repleto y parecía que casi todos ya habían llegado, nos hicieron aguardar unos minutos más y cuando estuvo el quórum completo, las niñeras con la ayuda de Lorena lograron que se hiciera el silencio y la niñera Sophie se dirigió a todos nosotros:
- Niñera Sophie: Mis bebés, como saben, hoy es Noche Buena y como les habíamos informado hace unos días, tuvimos un acuerdo con sus familias. Ellos estuvieron de acuerdo en dejar que pasaran esta noche aquí y mañana todos irán a sus casas, regresando otra vez aquí después de las fiestas, ¿entendido? Solamente serán unos días. Por otra parte, el plan para esta noche es que tendremos una pequeña convivencia navideña, dentro de unos minutos más, para que luego se vayan a dormir muy temprano, ¿entendido?
Ese último comentario provocó el desagrado de la gran mayoría de los que estábamos allí, pero el bullicio y el berrinche generalizado se esfumaron cuando la niñera continuó diciendo con firmeza:
- Niñera Sophie: Recuerden mis niños que si no se duermen temprano y de forma obediente, Santa no vendrá a dejarles sus regalos.
Al haber dicho esto, se produjo un silencio sepulcral en la habitación, totalmente contrastante con lo que sucedía tan sólo uno o dos minutos antes. Además, todos o al menos creo que la mayoría nos intimidábamos mucho con la semejanza de la niñera Sophie con su gemela malvada, la niñera Nicole. En fin, la cosa es que todos se tranquilizaron con eso y aceptaron irse a la cama temprano sin protestar. Después de eso, la niñera prosiguió con una voz igualmente firme, pero más dulce esta vez:
- Niñera Sophie: En pocos minutos, nos iremos a la sala principal, en donde van a comer varias cosas deliciosas, cantaremos algunos villancicos, les vamos a tomar algunas fotografías para el recuerdo y finalmente los acostaremos, dando lugar a que Santa venga con sus regalos, ¿entendido?
Todos asentimos en forma sumisa y nos sentimos nuevamente emocionados, porque nos encantaban las convivencias que las niñeras y Lorena siempre armaban para nosotros. De esa manera, estuvimos distraídos en el salón de clases por unos 20 minutos, jugueteando y hablando entre nosotros, hasta que llegó la hora de ir al salón principal. Las niñeras nos condujeron hasta ese lugar y cuando llegamos no lo podíamos creer. En cuestión de muy poco tiempo habían cambiado en forma radical toda la habitación, con varias mesitas, sillas de colores y música muy alegre y a tono con la fiesta. Nos acomodaron en las distintas mesas del lugar y yo terminé en una mesa con Ale, David, Bobby, Emily y Ariel. Fue de lo más divertido estar allí, porque el alma de la fiesta (o sea David) se encontraba con nosotros. Momentos más tarde, las niñeras llegaron con bandejas atiborradas de galletas, dulces, pasteles y toda clase de cosas ricas; y luego, casi de inmediato, nos sirvieron un delicioso chocolate caliente (pero no tan caliente realmente) en nuestras tacitas entrenadoras. Comimos tanto que todos quedamos algo empanzados, aunque no sintiéndonos mal, solamente muy satisfechos. Después de eso, las niñeras nos enseñaron a cantar varios villancicos y fue de lo más divertido cantarlos todos, sobre todo porque a momentos les cambiábamos la letra y era de lo más divertido. Por ejemplo, en lugar de decir: "Pero mira como beben los peces en el río", algunos decían "Pero mira cuantos bibes se bañan en el río"; de sólo recordarlo, me muero de la risa. Y bueno, para finalizar, solamente queda decir que las niñeras nos tomaron muchas fotografías y pusimos las galletas y la leche para Santa, además del agua para sus renos, acciones que fueron dirigidas en su mayoría por Ale, el más entusiasta de todos.
- Ale: Hay que poner una galleta por cada uno de nosotros y un sólo vaso de leche.
- David: ¿Por qué solamente un vaso?
- Ale: Ay, es fácil, porque solamente se toma un sorbito, ¿te imaginas si se tomara tantos vasos de todos los niños del mundo? Le darían muchísimas ganas de hacer pipí.
- David: Nopi, no es cierto, Santa tiene una... una... ¿cómo se llama?
- Andreita: ¿Vejiga?
- David: ¡Sí, eso! Tiene una... bueno... eso que dijo Andreita, es mágica.
- Ale: Ay, pero igual, no tiene tiempo para tomarse tantos vasos de leche, por eso solamente le da un sorbito.
- David: (soltando una risita) Está bien.
- Andy: Espera Ale, y si le da solamente un sorbito a la leche, ¿por qué deben haber tantas galletas?
- Ale: Andy, Andy, Santa tiene que saber que todos le dejamos una, para que sepa cuántos somos.
- Andy: Tú eres el experto Ale...
Una vez que todo estuvo preparado para la llegada de Santa, nos cercioramos de que hubiera suficiente espacio bajo los tres árboles del salón principal para albergar a todos los obsequios, siendo Ale nuevamente el que dirigió toda la operación. Finalmente, las niñeras nos bañaron, pusieron los pijamas y nos acostaron haciéndonos énfasis de nuevo en que debíamos dormirnos para que Santa llegara. Nadie objetó aquel mandato, sin embargo nos costó muchísimo trabajo el dormir, ya que todos estábamos demasiado emocionados. Nos pasamos como un par de horas de pie en nuestras cunas, hablando entre nosotros y cada cierto tiempo alguien sugería que durmiésemos, pero como podrán adivinar esto nos resultaba imposible y volvíamos a empezar. Aún así, con todo y la gran emoción, nuestro itinerario ya se había vuelto tan marcado que a cierta hora terminamos durmiéndonos uno por uno, generando el silencio tranquilo de la Noche Buena.
A la mañana siguiente despertamos todos los bebés de ambas habitaciones muy temprano, en efecto dominó por cierto, siendo que bastó que uno abriera los ojos e hiciera mucho ruido para que el resto también lo hiciera. Salimos de nuestras cunas muy apresurados y los segundos que tardamos en llegar al gran salón parecieron horas, segundos durante los cuales yo me moría de ganas de descubrir lo que había sucedido durante la noche. Entonces, cuando atravesamos la puerta del gran salón principal, pudimos ver claramente la hermosa decoración increíblemente radiante, los tres árboles repletos de regalos en su parte inferior y al acercarnos más, el vaso de leche a medio tomar y mordidas grandotas en algunas galletas...
"La ilusión es, según la perspectiva astuta de los triunfadores, la medida en que sentimos la felicidad fluir a través de todos nosotros. Una vida sin felicidad no lo es en absoluto, por lo tanto, vivir sin ilusión es perderse entre la niebla del gris concepto que los hombres han dado por nombre, realidad"
Fin del Capítulo Especial
