My life is so peaceful

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Summary

Un conjunto de historias que conforman una solo historia

Genre
Adventure
Author
Nico
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Prólogo:historia uno

El día comenzó como cualquier otro lunes: monótono, gris y con una sensación abrumadora de rutina. Zack permanecía en su cama, inmóvil, mirando el techo como si estuviera esperando una señal del universo para moverse. No era que estuviera cansado, solo no veía el punto de levantarse temprano para un día que sería tan aburrido como los demás.

Hasta que la puerta de su habitación se abrió de golpe.

—¡Zack! ¡Levántate ya! —dijo Sayo, con ese tono autoritario que usaba cuando estaba decidida a hacer que algo sucediera.

—¿Qué parte de “cinco minutos más” no entiendes? —murmuró él, girándose hacia la pared para evitarla.

Sayo cruzó los brazos, mirándolo con una mezcla de paciencia y exasperación.

—Cinco minutos más significa que llegaremos tarde. Y aunque no esté en tu clase, no pienso dejar que te quedes en la cama todo el día.

Zack suspiró y se sentó, pasándose una mano por el cabello desordenado.

—¿Por qué te importa tanto? No es como si fuera a faltar.

Sayo levantó una ceja.

—Porque si no te levantas, me obligas a venir a buscarte todos los días. ¿Sabes lo irritante que es eso?

—Entonces deja de venir —replicó Zack con una pequeña sonrisa burlona.

Ella suspiró y se dejó caer en la silla junto a su escritorio.

—¿Recuerdas cuando éramos niños? Siempre eras el primero en levantarte. Yo apenas podía abrir los ojos, y tú ya estabas corriendo por la casa.

—Las cosas cambian, Sayo —dijo Zack con un tono sarcástico, poniéndose de pie lentamente—. Ahora soy un hombre sabio que sabe apreciar el arte del descanso.

Sayo soltó una risa ligera.

—Sí, claro. El gran Zack, el hombre sabio... que no se baña si no se lo piden.

Zack frunció el ceño y comenzó a buscar su uniforme.

—Eso fue una vez, y tú lo sacaste de contexto.

—Por supuesto.

Mientras Sayo lo miraba, no pudo evitar sonreír. Habían crecido juntos, y aunque Zack era flojo hasta el extremo, también era alguien en quien podía confiar. Sabía que si algo malo pasara, él estaría allí. Aunque, claro, probablemente se quejaría primero.

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Camino a la escuela

El sol apenas asomaba entre las nubes cuando salieron de la casa de Zack. Él llevaba su mochila colgada de un hombro y caminaba con las manos en los bolsillos. Sayo, como siempre, tenía un paso rápido, como si estuviera constantemente en una misión.

—¿Cómo sobreviviste estas vacaciones sin mí? —preguntó Sayo, con una sonrisa burlona.

—Con mucho esfuerzo y dedicación —respondió Zack, sin mirarla.

—¿Esfuerzo? ¿Dedicación? No hiciste nada, ¿verdad?

Zack dejó escapar una leve risa.

—Define “nada”.

—No me sorprende —dijo ella, sacudiendo la cabeza—. Pero en serio, Zack. Deberías hacer algo con todo ese talento tuyo.

Él la miró de reojo.

—¿Qué talento?

—Eres inteligente, atlético, y aún así, te las arreglas para ser el tipo más flojo que conozco. Si pusieras un poco de esfuerzo, podrías ser el mejor en lo que quisieras.

Zack se encogió de hombros.

—¿Y para qué? Todo sigue igual al final.

Sayo lo observó por un momento, queriendo decir algo más, pero decidió dejarlo pasar. Con Zack, las cosas siempre eran así.

Mientras caminaban, un sonido familiar interrumpió la charla. Desde lejos, Zack vio a Yamato acercándose corriendo.

—¡Zack! ¡Sayo! —gritó Yamato, saludándolos con la mano.

Yamato era uno de esos chicos que siempre parecían tener una energía inagotable. Si Zack era conocido por su desinterés, Yamato era su opuesto total. Sonriente, animado y, sobre todo, siempre dispuesto a hacer que todos a su alrededor participaran en cualquier cosa.

—¿Qué tal tus vacaciones, Zack? —preguntó Yamato al llegar junto a ellos, respirando ligeramente agitado por la carrera.

—Lo mismo de siempre, aburridas —respondió Zack sin mucho entusiasmo.

—¿Aburridas? ¡Eso suena terrible! —exclamó Yamato—. ¿No te gustaría viajar por el mundo, hacer algo interesante? El próximo verano me voy al extranjero. ¿Por qué no te unes?

Zack levantó una ceja, mirando a Yamato con una ligera sonrisa.

—¿Ir al extranjero? ¿Y cómo piensas financiar eso?

—No te preocupes por los detalles, Zack —respondió Yamato, guiñándole un ojo—. Solo imagina la aventura. ¡Puedo mostrarte cosas que te harán salir de tu zona de confort!

Zack le dio un vistazo a Sayo, quien solo se encogió de hombros, como si no fuera a intervenir en la decisión de Zack.

—¿Y qué haría yo allí? —preguntó Zack, con una leve sonrisa burlona—. No soy precisamente un viajero.

Yamato se mostró entusiasta.

—¡Te prometo que sería épico! Vamos a ver lugares nuevos, probar comida rara... ¡Sería genial!

Zack suspiró y se rascó la cabeza.

—Lo pensaré —dijo, sin mucha convicción, aunque algo en la idea comenzaba a picarle la curiosidad.

Sayo se detuvo un momento y miró a Zack.

—Hazlo, al menos para salir de la rutina. No te vendría mal una experiencia diferente.

Zack asintió lentamente, pero no dijo más. Era difícil imaginarse a sí mismo en un lugar tan diferente, pero tal vez, solo tal vez, valdría la pena.

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Escuela

El aula estaba tan caótica como siempre cuando Zack llegó. Se sentó en su lugar habitual junto a la ventana, cruzó los brazos y cerró los ojos. El bullicio de sus compañeros le pasaba desapercibido, hasta que la profesora entró al salón con su acostumbrada seriedad.

—Muy bien, chicos —dijo la profesora mientras se dirigía a la pizarra—, es hora de comenzar la lección de hoy. Abran sus libros en la página 19.

Zack levantó la mirada brevemente hacia ella, su mente todavía en otro lugar. Mientras la profesora escribía en la pizarra, una brisa inesperada comenzó a flotar en el aire, trayendo consigo una sensación de extrañeza que nadie más parecía notar. Las luces del aula parpadearon ligeramente, y una corriente de aire frío se coló por las ventanas cerradas. Zack miró hacia arriba, sintiendo un escalofrío que le recorrió la columna vertebral.

De repente, un susurro bajo llenó el aula, como si el aire mismo estuviera vibrando de una forma que no se podía escuchar. La profesora dejó de escribir y se volvió hacia la clase con una mirada de sorpresa en su rostro.

—¿Qué... qué es esto? —preguntó, mientras sus palabras se perdían en el aire.

Zack se enderezó en su asiento, mirando alrededor con un leve temblor. Los demás estudiantes seguían concentrados en sus libros, pero la energía en el aire se había vuelto más densa, como si algo estuviera a punto de romperse. La profesora extendió la mano hacia el centro del aula, y fue entonces cuando un círculo de luz brillante apareció en el suelo frente a ella, su resplandor de un azul que no tenía sentido dentro de esa habitación.

El zumbido se intensificó, llenando cada rincón de la sala con una vibración que Zack apenas podía sentir. El suelo bajo sus pies comenzó a desvanecerse, y una fuerza invisible lo arrastró hacia el centro del círculo de luz.

Zack intentó gritar, pero su voz no salió, y de repente, el aula desapareció ante sus ojos. Todo se volvió un vacío de luz y oscuridad.