Año nuevo, nueva sorpresa
El deseo de Amy era crear una tradición familiar, así que cada año se realizaba un amigo secreto invitando unos pocos familiares y celebrando con una deliciosa cena de año nuevo. Sin embargo, ese día las cosas no se desarrollarían como siempre.
El comportamiento de Amy se había vuelto irregular desde hacía dos semanas y eso no pasó desapercibido por Marlon, lo primero que hizo fue preguntar a su esposa pero no obtuvo una respuesta; buscó ayuda en sus hijos, sin éxito; incluso siguió a su osita durante una semana y el resultado fue negativo. Su esposa no era un libro abierto como su hija, así que era difícil conocer sus pensamientos. De pronto, una voz conocida lo sacó de su burbuja y giró la cabeza.
—¿Estás bien?
Hablando del diablo.
—Uno no puede pensar en ti porque apareces como fantasma, Calabaza.
Ann sonrió.
—Ese es uno de mis súper poderes, papito —formó un corazón cruzando su pulgar e índice, al estilo de los idols coreanos—. Pero en serio, ¿estás bien?
—Claro, ¿Por qué la pregunta?
Ann bajó la mirada hacia los cinco tenedores que estaban sobre el mantel, solo debía ser uno. Marlon recogió los cuchillos sobrantes y volvió hacia su princesa con una sonrisa que daba entender que allí no pasó nada.
—Imagino que es por los vómitos de mamá que estas así.
—¿Vómitos? —Marlon abrió más los ojos— ¿Cómo es que no sabía de eso?
—La escuché esta mañana después de que te fueras a la tienda.
—Gracias, Calabaza —Dejó los cubiertos en la mesa y en un parpadeo estaba en el marco de la puerta que daba al pasillo. Subió de dos en dos las escaleras, pero se detuvo a la mitad y bajó su cuerpo hasta ver a su hija—. Termina de colocar la mesa, es una orden.
Ann abrió la boca mientras fruncía el ceño, cuando su padre desapareció por las escaleras formó un puchero mostrando su descontento y tomó los cubiertos faltantes.
Marlon abrió la puerta de un golpe, eso hizo que la madera se devolviera y le diera en la cara. Empujó de nuevo y vio hacia el armario encontrando a su esposa, quien escondía una caja de regalo, supuso que era del amigo secreto que le había tocado, así que no le tomó importancia.
—¿Vomitaste?
Amy se quedó callada unos segundos procesando el golpe directo que le habían dado. En ese momento Marlon entendió que había ido directo al grano.
Eso explica mucho de Riley, pensó.
—Lo siento, cariño. Lo que quería decir es: si estas bien y si te llevo al hospital.
El entrecejo de Marlon se fue suavizando mostrando ahora un rostro preocupado. Amy no pudo evitar reírse un poco por lo lindo que se veía. Se levantó del suelo para cerrar el armario y caminó hasta quedar frente a su esposo. Su mano fue directo a su mejilla dejando leves caricias dando a entender que no había nada de qué preocuparse.
—Estoy bien, Osito. Nada más el desayuno me cayó pesado.
Amy no tenía que ser una genio para saber quién le había hablado de su vómito, puesto que fue su hija quien la atendió en todo momento. Ahora tenía que despistar al amor de su vida.
—Sabes que anoche comimos la comida de Ann.
—¿Entonces por qué Riley y yo no amanecimos mal? —levantó una ceja, su mano cubrió la de su esposa.
—Porque ustedes comieron poquito. Yo la supervisé, así que tuve que probar más y sumando el desayuno, todo terminó revuelto en mi estomago.
—Eso tiene sentido —Marlon se acercó y depositó un tierno beso en su frente—. ¿Te hago una bebida?, ¿una sopa?, ¿Comprar algún medicamento?,
—No, no y no —Tocó con el índice la punta de la nariz de Marlon—. Ya estoy mejor.
—Dulzura.
Amy conocía ese tono meloso, por lo que era momento de cortar la conversación. No quería sentir dolor de cadera toda la noche.
—¿No estabas organizando la mesa?
—Deje a mi asistente a cargo –sonrió con cinismo.
—Sabe que ella te lo va a cobrar después, ¿verdad? —Amy se cruzó de brazos.
—Si, pero yo tengo su boleta de calificaciones, no me va a chantajear una mocosa de dieciséis años.
—A veces me pregunto quien de los dos está peor —tomó una gran cantidad de aire y salió de la habitación.
—Al menos no soy infantil.
Amy se detuvo y miró a los ojos a su esposo.
—¿Quieres que hablemos de eso, Marlino?
Marlon levantó los brazos en signo de rendición. Cuando su esposa le hablaba por su nombre de pila era mejor no contradecirla.
El tiempo se escapó como un jaguar y sin darse cuenta el reloj marcó 6:00 de la tarde, los autos comenzaron a estacionarse frente a la casa anunciando la llegada de los invitados. Marlon llamó a los gemelos desde el primer piso y entró a la sala a saludar a su familia, en segundos vio a sus endemoniadamente angelicales hijos gemelos, que de angelical solo tenían el rostro.
—¡Primas! —exclamó Ann, mientras corría hacia las ocho muchachas para darles un enorme abrazo.
Riley movió la mano en forma de saludo hacia sus familiares los cuales lo correspondieron de la misma forma. Margaret, la abuela paterna, se acercó al chico y le extendió un sobre.
—Feliz año nuevo, conejito.
Riley se avergonzó un poco, pero en forma de agradecimiento extendió su mejilla permitiendo que su abuela le diera un beso.
—Esto es un sobre rojo muy característico de China. Se da a los más jóvenes para transmitirles buena suerte y fortuna.
Marlon movió su cabeza de un lado a otro, su madre era una viajera imparable y su conocimiento de otras culturas se expandía en cada reunión familiar. Sintió un ligero movimiento en su cabello y vio a su hija abrazando a su abuela con una enorme sonrisa.
—¿Entonces no me deseas buena suerte y fortuna, abuela?
Margaret rio a carcajadas.
—Por supuesto que si, monita —sacó otro sobre rojo de su chaqueta de cuero negro y se lo extendió—. Estos regalos son para mis nietos favoritos.
Los otros nietos lanzaron un quejido y Margaret sacó un montón de sobres rojos dándoles a padre e hijos.
A las 8:00 p.m. empezó el juego del amigo secreto. En poco tiempo, la sala se encontró cubierta de envolturas y cajas de regalo. El presupuesto no fue mucho, permitiendo así la creatividad, talento que tenía la familia de Marlon. Por parte de Amy, eran más meticulosos y calculadores en sus regalos, pero no dejaban de lado la creatividad. Dos familias muy opuestas que se llevan bien.
Finalmente, era el turno de Amy. No le había tocado su esposo, sino su suegra, así que extendió la misma caja que Marlon había visto en la mañana. Margaret observó la caja que estaba envuelta en papel con rayas azules y verdes, representando los ojos de Marlon y Amy. El moño también era de dos colores: morado y azul, representando a Ann y Riley.
Estaba muy segura de lo que había dentro de esa caja. Aquella emoción no la había sentido desde hacía 16 años. Miró a su hijo que insistía de forma discreta que abriera la caja, por lo que supuso que él no sabía todavía. Desató el moño y quitó la tapa. Sus ojos se llenaron de lágrimas y su esposo la abrazó sin saber qué sucedía.
Los ojos de los invitados fueron directo a Amy buscando respuestas, pero ella no apartaba sus ojos de los de su esposo. Entonces, Margaret no los dejó con la incertidumbre y levantó el osito de peluche con la prueba de embarazo positiva y un babero que tenía escrito en inglés "Hello, grandmother"
Marlon buscó algo para sostenerse, a pesar de estar sentado. Una de sus hermanas lo sostuvo del brazo; se le había bajado la presión. Los gemelos se miraron incrédulos y volvieron a su madre, ella todo lo que hizo fue un corazón coreano.
Otro Cooper se sumaba a la familia.