Destinado A No Ser by María at Inkitt
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Destinado a no ser

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Summary

El destino puede ser cruel, y la vida de Aria es un testimonio de eso. Desde siempre, ha estado marcada por la desgracia, y cada paso parece llevarla hacia un abismo más profundo, sin embargo, lo que ha vivido hasta ahora no es más que un susurro de lo que está por venir. Pronto descubrirá que sus padecimientos actuales son solo leves golpes, un preludio de la tormenta que se avecina. Dos vidas, un hilo rojo y todo lo que estaba destinado a no ser.

Genre
Romance/Drama
Author
María
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Prólogo

Era una hermosa mañana que anunciaba un cálido día de julio. Sin embargo, hacía más de dos años que la vida de Aria había dejado de percibir la belleza del mundo, sobre todo porque, al despertar esa mañana, corroboró, como cada día, que su desgracia no era parte de una pesadilla de la que despertaría sobresaltada.


–¡Eres una inútil! –gritaba exasperado un enorme, maloliente y desagradable hombre, a quien debía llamar esposo desde hacía poco más de dos años, cuando su padre decidió que ella ya era lo suficientemente mayor y que había demasiadas bocas que alimentar en casa–. ¡La comida debió estar lista hace más de una hora! –rugió el hombre mientras golpeaba la mesa, que ya estaba bastante maltrecha. Su proceder se volvía cada vez más cotidiano.


Ya no importaba a qué hora abriera los ojos, para esa bestia siempre sería tarde. Incluso había llegado a pensar que lo hacía a propósito, como si disfrutara de atormentar su existencia; su esposo encontraba en ese comportamiento algo que lo hacía sentir superior. Quizá disfrutaba de someterla, pues Aria, sumisa, solo bajaba la cabeza y asentía despacio, dándole la razón.


Jamás protestaba, nunca se quejaba ni murmuraba. El recuerdo de lo que sucedió cuando lo intentó la perseguía constantemente y era suficiente para no intentarlo de nuevo. Desde entonces, se limitaba a sentir y continuar con lo suyo, añadiendo, al menos ese día, una tarea más a su rutina: llevarle la comida a su esposo en los campos de trigo donde trabajaba al acercarse el mediodía.


Cuando llegó el momento, empacó una rebanada de pan en una pequeña cesta y, en un cántaro generoso, sirvió la sopa de cebolla que había preparado. Luego emprendió la larga travesía desde su pequeña cabaña hasta el lugar donde Grimbold trabajaba. Mientras caminaba por la extensa llanura, sus pensamientos giraban en torno a la reprimenda que podría recibir al llegar, pero lo más sorprendente era que la razón de esta sería que la sopa estaba fría, aunque así se la tomaba todos los días.


En ese vaivén de pensamientos, algo dentro de Aria le hizo latir el corazón con fuerza, poniéndola en alerta inmediata. No sabía qué le sucedía y era incapaz de descifrar el significado de lo que sentía. Se tomó un momento para respirar, ya que consideraba que no podía continuar su marcha estando tan impresionada.


Miró a su alrededor y se fijó en el bello paisaje; lo único alterado era su persona. Los árboles seguían el compás del viento, los pájaros acompañaban su tonada... Lo único que desentonaba en aquella sinfonía era su respiración. Cuando logró calmarse, quiso reanudar su andar, pero su mirada no estaba en el camino hacia su esposo, sino fija en un pequeño desvío hacia la derecha.


Estaba tan embelesada que no se dio cuenta de que nunca había visto ese desvío antes, a pesar de que había recorrido el mismo sendero para llevar el almuerzo a su esposo más veces de las que le gustaría. Ensimismada, se desvió sin darse cuenta, sin notar siquiera el sonido de un caballo galopando no muy lejos, ni que, tal vez, aquel mismo caballo había abierto aún más el camino por el que ella ahora andaba sin rumbo conocido.


Continuó por ese sendero desconocido durante unos diez minutos, sin embargo, lo que hasta ese momento había sido un claro se oscurecía cada vez más. Ninguna de las señales que podían advertirle sobre lo equivocado de desviarse fue atendida.


A medio camino, volvió a experimentar la misma sensación; su corazón se aceleraba rápidamente, su respiración era agitada, y lo que antes había recibido con temor, ahora lo aceptaba con una curiosidad inmensa, una que hacía demasiado tiempo no sentía. Aria experimentó en ese momento una euforia indescriptible, sintió por primera vez en mucho tiempo que estaba viva. Su corazón daba tirones, brincos y saltos, como si en un descuido pudiera salirse de su pecho; se tomó el tiempo suficiente para disfrutar lo que sentía, antes de que esa sensación desapareciera tan abruptamente como había llegado.


Cuando recuperó la compostura, siguió su camino con más convicción, con la esperanza de que, al llegar, adonde fuera que sus instintos la dirigieran, podría encontrar la causa de su emoción. Procuraba andar lo más rápido posible, casi corriendo, mientras el sendero, sin que se diera cuenta, la conducía a una arboleda cada vez más espesa.


Cinco minutos después, aunque le parecieron una eternidad, llegó al centro de aquella arboleda, o eso parecía. Allí, como el protagonista de una excelente obra de arte, se erguía un frondoso árbol cuyas ramas bajas lo arropaban, proyectando una envidiable sombra. Pocos rayos de sol lograban penetrar esa maravilla de la naturaleza, pero los que lo conseguían brindaban un asombroso espectáculo iluminando la base de aquel árbol.


Recuperada de su asombro tras unos minutos de contemplación, se dio cuenta de que no había vuelto a experimentar nada más allá de esa extraña sensación que la guiaba. Sin embargo, antes de que la desilusión la invadiera, se dio cuenta de que aquel lugar tenía un encanto singular, y partió con la certeza de que algún día, ojalá no muy lejano, volvería.


Al regresar al camino original, miró al sol, que la acompañaba inclemente; por unos momentos había olvidado la hora y el trayecto que aún le faltaba. Solo por la posición del sol sabía que los insultos que recibiría de su esposo serían peores que nunca. Pero, por primera vez en mucho tiempo, poco le importaba; se sentía viva, vigorizada, como si pudiera conquistar el mundo con sus pies apenas cubiertos por un calzado desgastado.


Poco imaginaba la joven Aria que estuvo a escasos minutos, a escasos pasos y a escasos suspiros de encontrarse con su otra mitad, una que tenía poco o nada que ver con el ogro que esa misma tarde solo supo proferirle maldiciones.

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Good Writing

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Great Character

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Strong Dialog

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