Capitulo 1: Encuentro
El taller de pintura estaba lleno de actividad. Los caballetes estaban dispersos de manera caótica, como si alguien los hubiera dejado caer desde el techo, y el aroma de los solventes y las pinturas se mezclaba con el leve murmullo de los estudiantes. Gustáv ajustó la correa de su mochila mientras buscaba un espacio donde sentarse. Era su primer día en esta clase compartida, un curso obligatorio que reunía a estudiantes de diferentes especialidades artísticas.
Encontró un lugar junto a una ventana, lejos del bullicio. Sacó su cuaderno de acuarelas y sus pinceles, deseando pasar desapercibido. Sin embargo, apenas había comenzado a mezclar los colores en su paleta cuando una voz firme rompió su concentración.
—Oye, ese es mi lugar.
Gustáv alzó la vista y se encontró con un chico de cabello oscuro y una mirada tan intensa que parecía capaz de atravesarlo. Sus manos, manchadas de óleo, sostenían un lienzo bajo el brazo.
—¿Tu lugar? —repitió Gustáv, arqueando una ceja. Miró alrededor—. No veo tu nombre escrito.
El chico frunció el ceño, claramente molesto. —Siempre me siento aquí. Así que sí, es mi lugar.
Gustáv mantuvo la mirada por un momento antes de soltar un suspiro. No quería empezar el día con una discusión. —Bien, lo que tú digas. —Recogió sus cosas y se movió a otro lado, aunque no pudo evitar murmurar para sí mismo—. Qué territorial.
—Te escuché —respondió el chico, mientras se sentaba en el lugar vacío y comenzaba a preparar sus pinceles.
Gustáv decidió ignorarlo, concentrándose en su propia obra. La clase comenzó, y mientras el profesor hablaba sobre composición y teoría del color, ambos trabajaron en silencio.
No pasó mucho tiempo antes de que la tensión volviera.
— ¿De verdad estás usando acuarela para este ejercicio? —preguntó el chico, sin molestarse en disimular el desdén en su voz.
—Sí, ¿algún problema? —Gustáv respondió sin apartar la vista de su trabajo.
—Es solo que... no sé, me parece un poco básico. La acuarela es bonita y todo, pero no tiene la fuerza que necesita este ejercicio.
—¿Y qué sugieres? ¿Que usa oleo como tú, para que todo termine pareciendo un borrón caótico?
La respuesta de Gustáv lo tomó por sorpresa a sí mismo, pero estaba cansado del tono condescendiente del chico. Este levantó una ceja, como si el comentario lo hubiera intrigado en lugar de molestado.
—Al menos un borrón tiene carácter —replicó, esbozando una media sonrisa que parecía más un desafío que un gesto amistoso.
El resto de la clase transcurrió con pequeños intercambios como ese, cada uno defendiendo su estilo como si fuera una extensión de su propia personalidad. Cuando el profesor pasó por sus estaciones para revisar el progreso, se detuvo ante ellos dos.
—Interesante contraste —comentó, observando las delicadas capas de acuarela en la obra de Gustáv y las pinceladas enérgicas del óleo de Sebastián—. Me pregunto qué pasaría si trabajaran juntos en una pieza.
Ambos se giraron para mirarse, horrorizados por la idea.
—Juntos? —preguntaron al unísono, en un tono que bordeaba el rechazo absoluto.
El profesor sonoro, disfrutando de su reacción. —Exacto. Piénsenlo. Dos enfoques diferentes podrían complementarse más de lo que creen.
Cuando terminó la clase, Gustáv estaba guardando sus cosas cuando sintió que alguien se acercaba.
—Sebastián —dijo el chico, extendiendo una mano hacia él.
Gustáv lo miró con escepticismo antes de responder. —Gustáv.
Sebastián irritante, pero esta vez había menos desafío en sus ojos. —Supongo que tendremos que soportarnos si el profesor insiste en esa idea loca de trabajar juntos.
—Supongo que sí —admitió Gustavo, aunque en el fondo no estaba seguro de si quería golpearlo o descubrir más sobre él.
Y así, sin darme cuenta, ambos habían dado el primer trazo en lo que sería una compleja y, quizás, inesperada obra conjunto
CONTINUARA...