ANTE TUS OJOS

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Summary

Heme aquí, observando tus ojos. Ya no reconozco lo que veo atravéz de ellos. No sé quién eres o lo que escondes, al igual que tú, qué no sabes quién soy. Siento escalofríos al pensarlo, ya no te conozco. Oh, suplicio mio, ya no me conozco. 𝗔𝗡𝗧𝗘 𝗧𝗨𝗦 𝗢𝗝𝗢𝗦 - 𝗞𝗼𝗼𝗸𝗧𝗮𝗲. 𝗢𝗯𝗿𝗮 𝗲𝗻 𝗽𝗿𝗼𝗰𝗲𝘀𝗼. Taehyung, un omega de una familia de cambiantes, huyó de un pasado marcado por la tortura y el abuso. Ahora, bajo la protección de un gentil alfa, Taehyung intenta reconstruir su vida destrozada junto a su hijo. Pero el destino tiene otros planos ante su deseo de paz. Taehyung conoce a Jungkook, un alfa apuesto y encantador que parece ser su tabla de salvación. Sin embargo, lo que Taehyung no sabe es que Jungkook ha encontrado a Taehyung con el fin de llevarlo de vuelta al infierno que desconoce. A medida que Taehyung cae presa de la seducción de Jungkook, las sombras de su pasado acechan cada vez más cerca. ¿Podrá escapar de aquellas garras? ¿O terminará atrapado en un ciclo interminable de sufrimiento y desesperación? +16 (lig)

Genre
Romance/Fantasy
Author
Eris
Status
Ongoing
Chapters
27
Rating
n/a
Age Rating
18+

Proemio

Estaba muerto.


Era consciente que de alguna forma debía de saber cuáles fueron los acontecimientos que lo habían llevado hasta terminar con la sangre de aquel hombre bajo sus manos, en un intento desesperado de que la misma dejara de brotar, más no lo lograba y el miedo impedía que su mente pudiera notar todo lo que debió ocurrir para que el desenlace se diera de esa manera.


Era tan cálida, la temperatura de la sangre, nunca se había detenido a pensar en algo como eso con anterioridad, por lo que le resultaba impactante aquella temperatura, mientras se deslizaba entre sus dedos, empapando sus rodillas las cuáles estaban sobre el cemento frío conforme sus propias lágrimas obstaculizaban su vista, parpadea tan fuerte como le era posible para terminar haciendo que rueden por sus mejillas y así poder ver todo con mayor claridad.


Entre el miedo y la agonía que experimentaba su mente da paso a la resignación de que estaba muerto


Estaba muerto.


Aquellos latidos que anteriormente eran débiles se habían detenido por completo con el pasar de los minutos.


Estaba realmente muerto.


Pudo notar como su cuerpo comenzaba a sentirse cálido aun por sobre el dolor que sentía, el calor que lo inundaba era tan acogedor que resultaba similar al recibir un dulce abrazo.


Aparta las manos del cuello del hombre ya inerte, dejando que su cuerpo termine sentado sobre el piso mientras observaba sus manos, empapadas al igual que su ropa y sabía que de alguna forma también su rostro por haber intentado secar sus lágrimas.


Solo habían pasado segundos para cuando levantó la vista, dirigiendola en dirección al gran lobo que se encontraba a unos metros de distancia, moviéndose de un lado al otro. Podía oírlo respirar de forma agitada, aquellos ojos oscuros tan similares a los suyos parecían aún impacientes mientras se acercaba lo suficiente para asegurarse de que realmente ya el hombre no respiraba.


No lo hacía.


Levanta la vista, acerca su hocico pasándola sobre su mejilla, ese pequeño toque, aquello había sido todo lo que necesitaba para llegar al límite de su tolerancia, los que habían sido sollozos terminan por convertirse en llanto cuándo su espalda chocó contra el suelo, al dejarse caer, se abraza a sí mismo y los gritos lastimeros podían oírse con tanta claridad.


Todo pasaba a ser involuntario, su propio cuerpo necesitaba liberarse, lo necesitó por tanto tiempo que en ese punto era imposible controlarlo, así que simplemente se deja envolver por el dolor que salía desde su alma hasta el exterior. Por todas aquellas ocasiones en las que no había podido hacerlo, por todas aquellas en las que el dolor lo había apuñalado pero no tuvo oportunidad de sangrar, en honor a todas las lágrimas que habían merecido ser libres pero tuvo que encarcelar en su interior, se dejó envolver por el llanto.


No había notado en qué momento las gotas habían comenzado a mojar su rostro y aquel lobo se había acurrucado a centímetros suyo, pero sí pudo notar que aún ante aquella mísera situación el miedo había descendido para así dar paso a un sentir que hacía tantos años no había experimentado, protección.


Volvía a ser un niño, era uno distinto al que fue en sus años de inocencia, era un niño que se encontraba seguro y aquello era todo lo que su alma necesitaba.