El día Gris
—¿Tu que crees que encontraremos por aquí?
—¿Algo más que solo silencio, planetas y estrellas?
*Comento sarcástico, el vice capitán.
—No seas boludo, vinimos por algo ¿no? Tu y Ness tienen más información que nosotros. Supongo que sabes para que venimos.
Antes de llegar ah- ¿algún lugar? Todo luce igual viendo a la izquierda o la derecha, o ver al frente y atrás. Todo estaría en silencio si no fuera por las constantes pasos acompañados por ese sonido chillón del trapo frotando los suelos que mantenía la limpieza por aquí, al menos el olor a cloro me hace saber que mi nariz aun esta funcionando. Aveces puedo escuchar un suave sonido de un golpeteo suave al menos unos tres *tap tap tap* entre esos golpeteos puedo ver volar unos polvillos pálidos de un rosa asalmonado que al pegarse en su piel la hace lucir de un tierno rosado, como esas muñecas de parcelas de mejillas regordetas y rojas. Junto a la muñeca escuchaba el rápido tecleo de su admirador, ¿tendrá un tercer ojo?, al asomarme veo sus manos moverse como las patas de una araña sobre la tableta llenas de botones y letras, pero al ver su mirada no está en la pantalla mira a la muñeca como un niño admirando un precioso juguete en la vitrina, me pregunto como puede escribir y admirar a la vez. Me hubiera gustado poder hacer eso en la secundaria, ver mi teléfono mientras realizaba mis deberes.
Cuando estoy enredada entre cables, como las lanas de una abuela ayudándola a desenredar cada fibra de su lana, escucho los suspiros resolgones de nuestro líder. Suelo verlo de reojo, siempre luce amargado a pesar de tener un café dulce de acompañante, cuando hago preguntas sus respuestas son tan cortas y limitantes que solo términos preguntando ¿Que dijiste? Para recibir por respuestas otro suspiro acompañado por las puertas cerrándose con el, si no supiera que las puertas son automáticas podría decir que ese aura de irritación y estrés asustaría hasta la puerta para abrirse sola y no tapar el camino de ese gigante enojado. En el ventanal de la sala solo veo ese manto oscuro con la decoración de ciento de estrellas lejanas que rodean todo el panorama donde actualmente llamo "trabajo", en el silencio suelo hablar con la computadora del piloto automático, se que sus respuestas son automatizadas, con monotonía en su hablar al menos es una compañía en el trabajo. También le pregunte ¿cual es nuestra razón para estar aquí? Pero solo responde que le pregunte a los líderes... Y aquí estoy intentando sacarle algún fideo a la sopa que tiene guardado el segundo a mano.
—¿No conoces la paciencia? Ya lo dijieron, cuando nos den la luz verde podremos empezar el trabajo en serio.
¿Paciencia? Solo estoy aburrida, la espera solo aumenta mi impaciencia por hacer algo más que solo mantenimiento.
—Se que te aburres, no hablaras pero tus expresiones hablan por ti.
Solo ten paciencia, puedes quizás leer o ir a la sala. Se que la televisión solo tiene un canal pero al menos puedes entrenarte un rato, solo estar en mantenimiento como lo haces llevaras a agotar tu propia energía.
—Claro... supongo que podría hacer algo de tus sugerencias. Pero sería igual que intentar sacarle una oración entera al gigante enojado.
Supongo que noto mi claro aburrimiento y reproche en mi respuesta, escuche un pequeño chistido entre sus dientes como una risa aguantada por la expresión que mi rostro llevaba. Sentí su mano palmear mi hombro, al son de sus pasos alejándose del lugar de nuestra charla.
—¿Que tal si cuentas cuantas maquinas automáticas están andando en la nave? Escribilas y dimelas, consideralo un trabajo.
Un trabajo, al fin tenía uno que pudiera mantenerme ocupada. Iré en busca de alguna libreta para empezar, no me gustaría que en la próxima vista con el segundo al mando no tenga ni la mitad de las máquinas anotadas. No me gustaría que termine vista como una vaga en mis obligaciones, sería mal visto en mi reporte.