Un Ceo Quiere Vivir by ElwingVS at Inkitt
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Un CEO quiere vivir

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Summary

El CEO Gil parece invencible. Con una fortuna que lo coloca en la cima del mundo, muchos lo ven como un hombre imparable. Pero tras esa fachada de poder y éxito, su realidad es muy distinta: una guerra constante, no solo contra su llamada familia, sino también contra su propia salud. Cada desafío que enfrenta pone a prueba su fuerza y sus ganas de vivir. La soledad, su eterna compañera, susurra palabras de derrota, haciéndole aún más difícil encontrar motivos para seguir adelante. Sin embargo, cuando todo parece perdido, una luz se asoma al final del túnel: una mano extendida, dispuesta a ayudarle a respirar en el frío y vacío mundo en el que vive. Gil no está dispuesto a rendirse. Hará lo que sea necesario para salvar su mundo y aferrarse a esa mano que le ofrece una nueva oportunidad, una chispa de esperanza en medio de su oscuridad.

Genre
Romance
Author
ElwingVS
Status
Complete
Chapters
42
Rating
5.0 2 reviews
Age Rating
18+

Capítulo 1

Matthew

Bajo las escaleras para ir en busca de la salida de la casa, hoy iré a divertirme con unos amigos y a conquistar algunas chicas. Voy muy animado, pero mis pasos se detienen al escuchar a mi padre hablar.

—Matthew, porque no vienes conmigo hoy a ver los negocios y así continúas aprendiendo hijo.

Me giro a verlo con cara de pocos amigos.

—¿Pa de nuevo? Ya me has tenido todos estos días allí, enseñándome todos tus trucos. Solo tengo diecinueve años los cuales acabo de cumplir el mes pasado, por cierto, déjame disfrutar de mis vacaciones. Me he esforzado bastante para sacar buenas notas por lo que creo que merezco un descanso.

—Hijo, yo no necesito que tú obtengas buenas notas, lo importante es que aprendas de verdad. Tú eres mi heredero y si el día de mañana no estoy, tú te harás cargo de todo lo nuestro. Y sabes mejor que nadie, la familia que nos rodea, hienas sin corazón que no dudaran en destrozarte entre risas.

—Pa, lo sé, pero por favor no digas que no vas a estar ni en broma, cómo viviremos sin ti.

—Ja, adulador, anda, vete a disfrutar antes de que me arrepienta.

Me acerco y lo abrazo, luego salgo corriendo cuando veo su intento de tocarme la cabeza.

—¡Pa, el pelo no! ¡Me lo acabo de arreglar!

Ambos nos reímos, la relación entre nosotros era de oro, mi padre sabía todo de mí, era mi consejero para todo, especialmente, en cuanto a chicas y demás. Desde pequeño me ha apoyado, era mi confidente, mi primer y único amigo. Mamá decía que jamás se perdió un momento importante de mi vida, la primera vez que llegue a este mundo, mis primeros pasos, las primeras palabras. Las diferentes competencias en las que participé siempre estuvieron ahí.

Cuando tenía 5 años escogí practicar kickboxing, pues me apasionaba ver como lo practicaban en una película. También amé aprenderlo y cada vez que me presentaba a un intercambio donde ganaba, papá gritaba emocionado y me cargaba en sus hombros o me encerraba en sus brazos. Era un ser único y leal como nadie, era mi ejemplo para seguir. Ojalá hubiese podido estar el día en que los perdí. Ya sé, posiblemente yo también estaría muerto, pero al menos hubiésemos estado juntos.

El día que le negué a mi padre ir con él a la empresa, fue desgraciadamente el último día que volvería a escuchar su voz, nunca más íbamos a hablar. Al día siguiente tanto él como mi madre dejarían de existir, abandonándome en este mundo y poniendo sobre mis hombros una carga enorme. Una empresa con grandes proyectos, un personal increíble y una reputación envidiable para cualquier negocio. No obstante, mantener todo eso tenía un enorme precio, empezando por los enemigos.

Por años he tenido que luchar contra mi propia familia, que siempre ha querido manipularme y aprovecharse de mi juventud. Todo para adueñarse de lo que mi padre me dejó, soy el único y total heredero de todo lo que manejo.

Ojalá pudiera decir que el camino no estuvo difícil, que no estaba solo, pero sería mentir, ya que una desgracia siguió a la otra sin detenerse. Como, por ejemplo, que nuestras acciones decrecieron aceleradamente, por el hecho de que muchos retiraron sus fondos por falta de confianza en mí. Hasta cierto punto era algo lógico, pues era un jovencito que no había probado absolutamente nada. Sin embargo, lo que era inverosímil era la forma en que rápidamente se estaban retirando sin ni siquiera escuchar mi plan de acción para mantener a la empresa a flote.

Más tarde, gracias a uno de los inversionistas que se mantuvo fiel, sabría que todo era obra de mi tío. ¡Ah, sí! Por culpa de esa maravillosa familia, por parte de padre, que no escatimaba esfuerzos en hacer trampas y debilitarme a cualquier precio. Todo con tal de derribarme y arrebatar la empresa de mis manos.

Lo que ellos no sabían era que mi padre ya conocía sus ambiciones y por eso me había entrenado desde temprano, durante toda mi corta vida para defender este negocio. Sin contar que mi IQ no es bajo, es inclusive superior a la media y adoro resolver problemas complejos. Aprendo rápido y me adapto a las situaciones sin entrar en pánico, casi nunca, gracias de nuevo al señor Gil. Súmele a todo eso que el equipo que dejó mi padre para apoyarme es fuerte, listo, está lleno de entusiasmo y compromiso para sacar adelante a la empresa.

Otra cosa que le debo agradecer a papá, ya que tenía vista larga. Bien larga porque poco a poco se fue deshaciendo de su anterior equipo para sustituirlo por jóvenes promesas. Se dio cuenta de que los primeros lo estaban traicionando y dando secretos a sus enemigos. Quien iba a decir que no hay contrario más tenebroso que tu propia familia por ambición.

En fin, logré levantar mi empresa casi de sus cenizas y resurgir como fénix gracias al equipo que me apoyó incondicionalmente. Y no podemos olvidar a los trabajadores que confiaron en mí laborando sin descanso, aun cuando gente externa, me acusaron de aplicar las estrategias más locas en el mercado. Poco me importo lo que creyeran, esto no era por mantener mi estatus como persona pudiente o para lucirme frente a millonarios. Era por esas personas que por años confiaron en mi padre para salir adelante. Él los dejó a mi cargo y no podía decepcionarlos.

Trabajaba día y noche sin descanso, me dolían horriblemente los ojos y tenía una tensión espantosa en los hombros. Toda esa presión que recaía sobre mí me afectó severamente la salud. Estaba constantemente cansado, perdía el apetito y como era lógico comencé a bajar de peso. No entendía por qué mi salud iba en descenso, aunque sabía que me estaba esforzando al límite entre trabajo y universidad. Es que siempre me he ejercitado en el gimnasio y jamás he perdido el apetito, por el contrario, nunca había dejado de comer.

La pareja que tenía en ese momento comenzaba a preocuparse por todo lo que estaba cambiando. Nada más llevábamos cinco meses, pero nos iba bien, nos entendíamos a las mil maravillas y era divertido estar juntos. Era una chica muy atenta y por eso fue la primera en notar mis morados, esos que sin siquiera haberme dado un golpe se me formaban. Recuerdo que solía justificarlo con que de seguro me había golpeado, aunque no lo recordaba o que sencillamente era el estrés.

Cuando los síntomas se fueron agravando a un punto ya no justificado, decidí ir a ver al hijo de uno de los mejores amigos de mi padre, que era un gran doctor. De hecho, me atendió desde niño, era mi doctor de cabecera, siempre había contado con él. Llegué a su consulta a verlo, donde luego de saludarme y de algunos análisis me dijo que no le gustaba lo que veía. Por lo que me iba a remitir con otro médico que era muy amigo suyo. Hubo un momento en que sentí que algo estaba pasando y aunque traté de saber que era, no quiso decirme nada más, simplemente me envió a ver a Carl Sandoval.

El día que fui a ver al otro doctor, Claudia fue junto conmigo, insistió en que debía estar a mi lado. Al llegar al hospital nos guiaron el camino hasta la consulta y allí nos dimos cuenta de que era el área de oncología, por lo que mi corazón se paralizó. Respiré varias veces y me dije que no podía adelantarme, todo tenía una explicación y no tenía por qué ser algo tan negativo. Mi novia apretó mi mano y me ayudó a entrar en la oficina. Allí nos recibió muy educadamente el doctor Carl, quien primero se dedicó a leer los resultados de mis análisis y a hacerme preguntas, para luego dejarme caer la gran bomba. Esa que explotó y se llevó hasta los cimientos más fuertes que había logrado levantar.

Era, sencillamente, un paciente con leucemia. Ahora había que hacerme la prueba de la médula ósea para darle un diagnóstico completo a mi enfermedad. Sin que tuviera siquiera tiempo para realmente procesarlo me deje guiar hasta el lugar donde iban a pincharme. Procedieron a hacerme las pruebas enseguida y luego de soportar todo aquello, me retiré a mi casa con mi novia, quien se veía más pálida que yo.

La verdad es que, aunque estaba en total estado de asombro, no fue difícil notar su cambio de actitud. Aun cuando seguía perdido en el momento, su frialdad fue evidente. Supongo que era debido a que aún no se creía lo que estaba pasando. No la culpó, puesto que ni yo entendía todo lo que ocurría. Recuerdo pensar en que la vida estaba siendo muy cruel conmigo. Aun así, traté de no derrumbarme frente a ella, no quería verme débil y hacerla sentir peor. Pero una vez que entré al baño el mundo se vino abajo y lloré como niño pequeño. Debo reconocer que me costó unos días adaptarme a la idea, leí todo sobre mi enfermedad y supe que Carl era uno de los mejores médicos en el campo en nuestro país. No me dio alivio, no obstante, me hizo sentir algo de seguridad, si eso tiene algún sentido.

Luego de una semana volví a aquel consultorio y al final supe que tenía Leucemia linfocítica aguda (LLA), ahora debían saber si era estándar o de alto riesgo. El doctor me explicó que el tratamiento se compone de fases separadas. Terapia de inducción la primera fase del tratamiento, la segunda la Terapia de consolidación. La tercera fase es la Terapia de mantenimiento. Por último, el tratamiento preventivo de la médula espinal y hasta esa última palabra, todo parecía una nube de frases sin sentido.

Mi cara al parecer lo decía todo, pues Carl dijo que era normal el sentirse aturdido. Que eran demasiados términos médicos, pero que lo entendería con el tiempo e incluso lo entendería hasta mejor que él. La pregunta era, quería yo entenderlo, no le veía la menor gracia en tener más conocimiento que mi propio médico. En fin, la primera tortura que debía que conocer era pasarme por la quimioterapia y ver como reaccionaba la enfermedad ante esta.

Por la forma en la que reaccioné al ponerme el medicamento, esperaba que la enfermedad por milagro de Dios se debilitará tanto como me hizo a mí. Las náuseas y los vómitos eran constantes, terribles, me sentía como basura y sin fuerzas. Los efectos adversos desaparecieron en unos pocos días, pero ese tiempo fue suficiente para que aquella que dijo que no me abandonaría, volara. La que tomó mi mano durante esa consulta donde me enteré de mi situación, la cual le provocó un cambio sin igual y radical al punto que decidiera salir corriendo de mi lado. Volví a quedarme solo y sin el apoyo de nadie, sin tener dónde descansar mis penas, pensé que hasta Dios me había abandonado en ese momento.

Mas no me quedaba otra cosa que continuar, por lo que regresé al hospital y Carl clasificó mi enfermedad una vez más, luego de una punción medular, mi LLA quedaba como que era de alto riesgo. Por lo que al final lo más aconsejable, luego de hacer todas las quimios, era un trasplante de médula ósea o de células madre, como también se le conoce.

A partir de entonces se inició la búsqueda de un donante, a través de REDMO, pues no tenía familia con la que contar para esto. Mi enfermedad era tratada bajo explícita confidencialidad para que no saliera a la luz y mis parientes no se aprovecharán. Para eso inventé toda una estrategia como si me fuera de viaje por un tiempo, cuando en realidad estaría en el hospital.

Se me hizo un ciclo de quimio nuevamente cumpliendo con la primera terapia. Me sentí de nuevo muy enfermo, necesité antibióticos y transfusiones, además de administrar medicamentos para aumentar los recuentos de glóbulos blancos. Luego de un mes se me realizó otra vez un pinchazo en mi espalda, odiaba las agujas y cada vez que las veía sentía horror, puedes culparme(?)

Días después el resultado de mi prueba mostraba que había pocas células de médula ósea, así que se continuó con el protocolo y se comenzó la fase de consolidación. Tuve que contratar a una enfermera para que me ayudara en casa e indicará a mi nana. Quien volvió a cuidarme cuando se enteró de mi enfermedad un día que fue a visitarme, me regaño por no haberle dicho antes. No me importo que me dijera de todo un poco, puesto que agradecía en el alma que estuviese a mi lado, pues la soledad es terrible en este tiempo. He de decir que tengo amigos verdaderos, no obstante, nada más podía contarlos con las manos y todos vivían en otros países, así que, qué podían hacer por mí. No necesitaba echarles a perder su tranquilidad con noticias tan tristes e impactantes.

La realidad es que el solo pasar tu cumpleaños sin nadie importante en tu corazón ya es deprimente. Cada noche antes de dormir pides un milagro. Te das cuenta de que nunca nadie podría estar preparado para algo así. Pero no queda otra que pensar en cada amanecer que escogemos seguir, aunque nos estemos cayendo a pedazos.

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Good Writing

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Strong Dialog

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