Capítulo 1
Mily caminaba con pasos inquietos. Sabía que aquella oscura cueva, tenebrosa en apariencia, era en verdad solitaria. El eco de sus pasos resonaba en la concavidad subterránea. Detrás de ella quedaba la luz de una bulliciosa ciudad; frente a sus ojos, un enorme muro metálico. Mily sabía perfectamente lo que encontraría, no era la primera vez que recorría el camino hacia el muro de metal. Allí la esperaba lo mismo de siempre: nada.
La cueva era enormemente ancha, había una distancia de más de un día caminando de lado a lado y era tan alta que la luz de la linterna que Mily cargaba no alcanzaba a iluminar las rocas del punto más alto. Pero el camino avanzaba casi en línea recta hacia el muro. Ella no miraba a los costados, no miraba hacia atrás. Su vista estaba fija hacia su destino.
A medida que se acercaba al muro, el número pintado en él iba haciéndose más visible. Un ‘47’ enorme en letras rojo oscuro, pintado sobre el metal gris. La muchacha se acercó hasta llegar al muro y apoyó sus manos, dejando caer el peso de su cuerpo sobre él. Miró hacia arriba y contempló la oscuridad. El muro de metal se perdía en la roca y la penumbra. La superficie era completamente lisa. Las junturas de los millares de placas metálicas usadas para armarlo eran apenas visibles. Nada sobresalía del muro, ni siquiera los remaches. Pero a pocos metros del fin del camino había una línea que formaba un rectángulo, apenas visible. Parecía un indicio de puerta pero, si lo era nunca, se había abierto. Tenía las marcas de múltiples intentos de ser forzada, pero todos infructuosos. Mily se acercó y observó detenidamente la línea. Sacó de su mochila una cinta gris brillante y la colocó con esmero alrededor de toda la línea. Extendió un cable mecha por unos 20 metros y se refugió detrás de una roca. Encendió le mecha y esperó. En 20 segundos vería qué se escondía detrás de aquella puerta.
-¡Alto ahí! –gritó alguien y Mily se asustó- ¡Apague esa mecha de inmediato!-
Ella no hizo caso. Miró con atención hacia la puerta en el muro metálico mientras tres haces de luz de linterna se acercaban a sus espaldas. Cuando los tres agentes protectores que corrían hacia ella la tomaron por los brazos para arrestarla, el fuego de la mecha llegó hasta el muro metálico y la cinta gris brillante explotó con fuerza. Cuando se disipó la nube de polvo y humo, una mancha negra rodeaba la línea rectangular en el muro metálico. Nada había cambiado. Si aquella línea rectangular era la evidencia de una puerta, entonces era una infranqueable. Mily, frustrada, dejó de resistirse.