❝A M O R❞│Zʜᴀᴅᴏɴɪᴄ│AU

Summary

⟨⟨ Puede parecer tonto, pero te has preguntado... ¿Qué es el amor, realmente? ¿Es un sentimiento, una forma de vivir, una sensación rara, o... una pesadilla? ⟩⟩ El mundo está roto, sumergido en un abismo apocalíptico invadido por engendros monstruosos e infectados errantes. Los supervivientes intentan vivir en los restos de su antiguo hogar y seguir aferrándose a la esperanza de acabar con el marcado fin; los humanos se extinguieron, no faltaría mucho para que los mobians siguieran su ejemplo. La resistencia tiene bajas cada vez más graves, en un momento, darían todo por perdido. Pero en su último golpe de suerte, han encontrado los trozos faltantes del experimento madre: "Los cuatro fragmentos de AMOR".

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

✦さPRÓLOGOさ✦

Hay un rayo de sol... Muy pequeño, muy débil, muy frágil. Una fisura que no debería estar ahí, y sin embargo, se aferra, una anomalía teniendo en cuenta la realidad.

Está ahí, escondido, no quiere ser visto, solo quiere esconderse y brillar inocentemente.

Oh, las nubes están celosas... Lo quieren opacar

¡El rayo está en peligro!

▮𖤣𖥧៹🥀៹𖥧𖤣▮

Una última vista hacia el lúgubre sitio, un parpadeo... Y un nuevo horizonte

El Sur.

South Zone era la región más habitable y segura hasta ahora, su clima frío y cálido volátiles ayudaban a que la propagación del virus y que los “hijos” de la madre no sobrevivieran por mucho tiempo, ya que las condiciones climáticas o los congelaban o hacían que sus defensas se redujeran y desintegraran, entonces fue elegido como el refugio definitivo para los sobrevivientes de las demás regiones; la resistencia agotó los últimos suministros de energía eléctrica para darle la mejora a los tanques de camuflarse con el entorno, solo así lograron hacer el gran viaje del Norte hacia el Sur sin ser detectados por los errantes y los hijos; después de la muerte del general, se agruparon a todos los refugiados posibles para ser trasladados de emergencia, las ciudades ya estaban abarrotadas de hordas que superaban en número al pequeño escuadrón y sus humildes defensas, South Zone era la única esperanza; por suerte, debido a la falta de humanos, los tanques lograron albergar a miles de mobians aterrados con las uñas clavadas en la vida, hubieron quienes no lograron abordar a tiempo, pero solo quedó rezar que lograrán encontrar algún modo de sobrevivir en soledad o que, desafortunadamente, en el más allá se tuviera piedad de su alma. El único punto de resistencia en South Zone estaba en las cordilleras afuera de la ciudad central, ahí cultivaban algunas verduras feas y almacenaban conservas exóticas, quizás no era lo más saludable, pero después de cuatro años en un infierno apocalíptico, cualquier platillo por asqueroso que fuera era muy bien recibido.

El tanque que encabezaba se detuvo abruptamente cortando paso a la caravana, delante había una enorme masa deforme que se movía erráticamente por los suelos destrozados en la entrada, no veía, pero su sentido de audición era terriblemente agudo que todos contuvieron la respiración. El piloto pasó saliva aterrado, sus manos temblando en los controles con la vista en el obstáculo enorme; miró de reojo al capitán y el recién nombrado general, ambos estaban igual de pálidos y sudando frío, el siquiera abrir la escotilla alertará al monstruo y los podría destrozar sin piedad, estaban acorralados. De la nada una explosión sonó a lo lejos, luego una bengala alumbrar en posición opuesta, la criatura se retorció en busca del segundo sonido dejando libre el camino con algo de baches y agujeros en la tierra, no se hicieron esperar para avanzar lo más rápido posible con una oración de no encontrarse con más de esos monstruos. Pasaron por encima de algunos infectados, el crujir de sus deformidades no alertó a nadie, aunque la capa protectora invisible se perdía poco a poco, el tiempo medido estaba llegando a su fin. El capitán guió hasta la entrada de las montañas, indicándoles a todos que se detuvieran enfrente y estacionaran los tanques de forma que cubrieran las grietas sobresalientes que eran como entradas, mientras menos aberturas, mejor. Los vehículos se estacionaron en lo acordado justamente cuando el conteo se terminó revelando la verdadera naturaleza de los transportes, rápidamente las escotillas inferiores se abrieron y la primera tropa salió a coordinar la entrada y guiar a los refugiados, el general se adelantó para descodificar la entrada al búnker subterráneo con la contraseña que previamente les dio la líder del regimiento sureño.

En el cielo se oían fuertes graznidos y revoloteos, aparentemente estaban en busca de comida y al ver una nueva colección apilada en la orilla de la cordillera llamó atención innecesaria de los voladores, así que esperaban igual que buitres algo que se asomara para atacar. Se les pidió a cada civil que ingresará veloz y silenciosamente hacia el pasaje, uno a uno los tanques fueron vaciándose hasta que solo quedaron los del escuadrón primerizo, cerciorándose de que nadie los siguiera antes de volver a cerrar la entrada y apagar las luces transitorias. Ellos caminaron con linternas fosforescentes siguiendo los apenas audibles sollozos de los niños y las mujeres aguantando el miedo, ni siquiera los pasos hacían ruido. El general y el capitán iban hombro a hombro encabezando de nuevo la caravana, adentrándose en el pasaje amplio y grande como de una carretera, no hablaron, y con la poca luz que tenían, apenas si se vieron para afirmar que todo debía salir bien ahora...

El viaje fue corto en cuestión pues solo se hicieron unos minutos antes de llegar al centro de la ciudad subterránea: Las Catacumbas. Antes, el sitio solo era una vieja ciudad perdida por sobre la construcción de una nueva, pero con el apocalipsis, toda la mano obrera se dedicó a la modificación y recreación de un sitio ruin y en quiebra, dándoles a los sureños la oportunidad perfecta de vivir a salvo de la destrucción exterior. Por supuesto, South Zone era significativamente más pequeño que las otras tres regiones, y por lo mismo en la construcción de las Catacumbas perdieron a mucha gente, entonces más que ciudad parecía vecindario, pero con la nueva integración de más supervivientes, esto iba a sobrepoblarse y tendrían serios problemas con la distribución de recursos y alimentos. Detalles que de hecho tenían que coordinar los líderes.

Los nativos se quedaron asombrados por ver a tanta gente desnutrida y pálida contener un llanto de felicidad y alivio al seguir con vida y encontrar refugio; miles de ojos los vieron como a unos ángeles piadosos en medio del caos aberrante. Pero entre ese pequeño cúmulo de asombrados mobians salió su lideresa; la mujer estaba vestida con un uniforme especial y cómodamente apropiado para el clima inestable, se quitó las hebras que estorbaban en su frente y se instaló frente a los dos hombres encargados, primero con una vista de acero, que luego se derritió en admiración y reconocimiento.

—Me alegra que hayan llegado a salvo y sin inconvenientes. Zally Acorn, general de la resistencia del Sur —se presentó tendiéndole la mano a los varones, ellos la estrecharon con gusto y formalidad.

—Zero Jackal, soy el capitán del primer compartimiento. Y él es Zhadow Doom, general de la resistencia —los presentó, quitándose también la mascarilla especial para respirar tranquilo y que su rostro aspirará el exterior libremente.

—Agradecemos su hospitalidad y la voluntad de alojarnos aquí. Tengo a personas muy bien preparadas y capaces para realizar cualquier labor, quisiéramos estar a sus órdenes de inmediato para contribuir con la estadía —se imitó el erizo, solo que él apenas se quitó la mascarilla buscó entre sus púas un par de anteojos para ponérselos y esclarecer su vista.

—Lo haremos pronto. Ordenaré a mis hombres que les indiquen la distribución, deben de seguir estrictamente las indicaciones y memorizar avenidas y calles, aquí es realmente fácil perderse para los nuevos —la chica dudó por un momento, pero luego reanudó— ah, y... ¿General? Lamento mucho lo de su hermano, yo-

—Está bien, señorita Zally, no quisiera hablar de ello ahora —la chica asintió comprensiva pidiéndoles que la siguieran para ir a la cabina principal, las calles rocosas eran por mucho mejor que los hoyos enormes de afuera; en medio del recorrido Zero aprovechó para poner una mano sobre el hombro de su amigo, cuando obtuvo la mirada roja en él se limitó a sonreír amistoso, Zhadow apenas y movió los labios por el gesto de apoyo, seguía sin entender porqué él tenía que ser el General y no Zero, si lo suyo no era nada de esto, pero por la última voluntad de Zephiles no había mucho para escoger.

Caminaron por otros quince minutos antes de ver a una modesta galera esperarlos, Zally les indicó que sería su pequeña morada mientras terminaban de construir edificios para la guarnición de la capital y del norte, serían ellos dos mientras los demás soldados se instalaban junto a civiles y familias más numerosas para ahorrarse individualidades. Ella los distribuiría personalmente, entretanto los líderes se acomodaban y respiraban luego de un largo viaje; antes de que la señorita se alejara, Zhadow preguntó amablemente dónde estaba el laboratorio, la chica alzó una ceja en duda.

—¿Laboratorio? ¿Por qué tendríamos uno?

—El general es un virólogo profesional, el más capacitado de North Zone. Desde que empezó todo este caos ha trabajado para dar con una posible cura, incluso después de la muerte de Zephiles y asumir el título de su hermano, sigue con la investigación —intervino Zero, un poco arisco por la pregunta obvia y hasta algo estúpida.

—¿Y ha tenido buenos resultados, eh? —ambos se congelaron sin saber qué decir ante ello, el chacal reprimió un gruñido y el erizo bajó la cabeza avergonzado; al final, la mujer aceptó con ironía—. Después de cuatro años dudo que haya algo que hacer, de cualquier forma, veré que consigo para ustedes.

Y así, sin más, Zally abandonó la construcción improvisada, dejándoles un sabor agrio de conformismo y negatividad.

No traían grandes cosas más que unos cuantos harapos y cosas personales, además de su uniforme y armas, así que “desempacar” fue relativamente fácil, incluso el poner su saco de dormir en una superficie con menos protuberancias molestas y filosas que les rompieran el cuello; no pasó mucho para que se olvidarán de reunirse y ver la distribución, quedándose profundamente dormidos recuperando fuerzas y paz psicológica. Un momento de tranquilidad luego de años viviendo en el terror e incertidumbre.

[. . .]

Probablemente era ya medianoche o madrugada, pero unos ruidos cercanos le perturbaron el sueño, bostezó y se frotó los ojos para mantenerlos abiertos mientras revisaba la hora, dos de la mañana... Zero estaba dormido peor que un tronco, de no ser por sus suaves movimientos en el pecho ante cada respiración, podría jurar que estaba muerto; se asomó por la abertura que venía siendo una “ventana” para ver si algún infectado se coló, sacando muy lento su pistola y apuntar hacia el frente. En cambio, se topó con la lideresa estar de pie a una distancia prudente de su estancia, pero lo suficiente para que con agudizar el oído ante el silencio absoluto se oyera todo, junto a ella estaba otra figura, a diferencia de cualquier otro soldado sureño que había visto, éste cargaba con el uniforme auténtico de la base capitalina: la Zone Cop, junto con uno de los cascos de protección del rango A. Internamente se mordió la lengua de la emoción, nunca había visto un equipamiento como ese, no por nada dijeron que si el epicentro caótico no hubiese sido No Zone, los Cops habrían terminado todo rápidamente. Zhadow siguió observando cómo pasaron a murmurar entre ellos, hasta que la mujer alzó la voz, olvidándose momentáneamente de que estaban a la intemperie.

—No. No puedes... Estás loco. Solo te pedí que le prestarás tu laboratorio.

—Precisamente. Es alguien que entenderá de lo que hablo, podré mostrarle mis notas y descubrimientos-

—¡No, lunático! No voy a dejar que nos quites a nuestros salvadores. Sabes bien que South Zone ha estado al borde del colapso desde hace tiempo, con ellos aquí, podremos mejorar, podremos salir adelante y ya no depender...

—¿De nosotros?—una risa seca e irónica sonó—Zally... Hablas como si realmente fueras la que sostuvo a la región Sur por estos años, te estás llevando un mérito que no te corresponde. ¿Sabes quién si debería de decir eso? Rose. Ella es la única que podría tener el derecho de mantenerme alejado del resto de sobrevivientes, porque su padre fue el verdadero líder que protegió y auxilió al Sur.

Zhadow no tuvo una vista clara pero pudo deducir que la ardilla estaba furiosa, conteniendo su descontento y rabia en el hígado para no expresarlo.

—Pero está bien. Voy a obedecerte. Solo te diré una cosa, tarde o temprano, hablaré con ellos, en especial con el general.

Fue lo último que dijo antes de fusionarse con las penumbras y desaparecer, apenas y logró ver su silueta moverse hacia donde era la entrada a las Catacumbas, eso explicaba que él probablemente no residía aquí como todos los demás, extraño... La chica maldijo antes de también irse por otro lado y volver a abandonar la calle. Bueno, eso fue raro. No tuvieron reportes de algún otro destacamento, ¿quizás preferían trabajar solos? Siendo ese el caso, estaba en la obligación de decirle que necesitaban a todas las manos disponibles y debían integrarse sí o sí. Y, además, como el chico misterioso quería hablar con él... Definitivamente cumpliría su deseo.

Regresó a ponerse las botas y mascarilla además de su guerrera, apenas llevándose un revólver y puñal como defensa, tal vez no serían tan necesarios; le escribió una nota a Zero de que exploraría las Catacumbas y no se preocupara, la reunión no iba a suspenderse. Luego de ello salió sin hacer ruido, subiendo primero por una pared para luego emprender un recorrido en los tejados debilitados, tan rápido y ligero que el ruido no iba a despertar a nadie; se memorizó la entrada secreta, no fue muy difícil llegar en poco tiempo a donde suponía era el pase hacia el exterior. Y sí. Con el código único abrió la escotilla en un oxidadoclicy la ventisca le pegó directo al rostro, una brisa gélida con olores de destrucción, muerte, sangre de inocentes y caídos acompañar las ráfagas intangibles. Se aseguró de haber cerrado bien y siguió avanzando por la terracería, había mucho silencio, quizás demasiado, y Zhadow solo pudo pensar en lo triste y trágico qué se convirtió una bella ciudad, y el mundo en general... Un golpe metálico a lo lejos activó sus reflejos, sacando de su estuche la pistola cargada ya lista para disparar, no encontró nada, solo un pedazo de lámina quemada echa pedazos en el suelo, se acercó a examinar dudando de que alguna criatura la haya tirado cuando no tenían esa capacidad; pateó un poco el borde y se dio cuenta de que no fue coincidencia que estuviera ahí, alguien la tiró.

Apenas y esquivó un corte limpio rozarle la nariz, se dobló y saltó hacia el otro lado casi perdiendo el equilibrio tras la serie de cortes que buscaban acertar cualquier parte de su cuerpo,Chaos que intenso. Pese a que el cielo oscuro-rojizo andaba apagado, las filtraciones de luz de las pequeñas lámparas de emergencia, ubicadas estratégicamente, lograron darle una vista rápida de su contrincante, que por fortuna no era ninguna aberración viva, sino el mismo chico que había visto hace ratos, ahora con fuertes deseos de matarlo. Zhadow se encogió tomándolo desprevenido por la espalda, y aunque solo quiso hacer un movimiento para contenerlo, el extraño logró cortarle el hombro sacándole un gemido grave.

—¡Basta! —gritó, sorprendentemente, la figura se detuvo por escuchar voz común, no graznidos y ecos— Oh Chaos, no soy tu enemigo. Perdón si te asusté, no fue mi intención, sin querer escuché una conversación que tuviste con la jefa Zally y quise-

—¡Shhh! —calló poniéndole una mano en la boca, luego le agarró el cuello de su chaqueta y lo lanzó hacia un cúmulo de hojalatas, él mismo se escondió después para guardar silencio.

Entre la penumbra se escuchó el arrastre de un cuerpo demasiado cansado de seguir adelante, luchando por arrastrar los pies y que vocablos inentendibles se oyeran, ambos apenas se asomaron para ver al infectado andar pesadamente en direcciones turbulentas, el general sacó despacio su arma y le apuntó a la cabeza, pero una mano le impidió disparar, giró a ver cómo a través del casco el chico apretaba la mandíbula y negaba.

—Maldición, ¿eres de los nuevos? —Zhadow asintió poco seguro— cuando uno está aquí es peligroso, no debería de estar solo, significa que algo realmente anda mal, no debió de traspasar las trampas... —pareció darse cuenta de algo y se deslizó por una pequeña abertura que los condujo al otro lado de la montaña chatarrera, el oscuro lo siguió en silencio. Cuando ambos notaron la razón, se quedaron helados, el sureño gruñó alterado: las hordas de infectados estaban rodeando los tanques que llegaron en la tarde, mirándolos curiosos, parece que les llamó la atención y ahora querían ver que más había ahí—. ¡Mierda! Ve con el resto y escóndete rápido —le dijo para luego salir y correr en diferente dirección, encendió una bengala, automáticamente los gritos y chirridos se enfocaron en él mientras sacaba un comunicador de baterías para conectarse con el resto—, problemas con la entrada, les han llamado la atención y ahora están dirigiéndose ahí, maniobra Tornado, ¡ahora!

Zhadow ni tiempo tuvo de pedirle explicaciones cuando ya el joven andaba alejando a los zombis, quiso ir a apoyarlo pero se obligó primero a verificar que la entrada siguiera intacta, entonces cuando ya no había nadie cerca se escabulló y revisó meticulosamente el pase y las estrechas fisuras, por suerte nada grave, seguía viéndose escondida. A sus espaldas se oyó un estruendo y una fuerte ventisca lo empujó más lejos de dónde estaba, al levantarse notó un remolino ir tragando uno a uno de los infectados en diferentes partes, increíble... Nunca había visto uno, pero podía asegurar con su poca experiencia que tampoco era natural, tuvo que quitarse la mascarilla para acomodar sus anteojos y ajustarles la graduación para ver mejor; un tipo de fuerza invisible apoyaba al chico en función de un torbellino, él atacaba o empujaba a los infectados a su interior para que no estorbaran, en el cielo se estaban aglomerando las bestias deformes para detenerlo, mas, antes de que le advirtiera, un trueno logró darle a uno y desmoronarse en masilla asquerosa que se regó por los edificios en ruinas, Zhadow ahora elevó la vista y se topó con dos... ¿¡Niños!? Restregó los lentes y volvió a mirar, sí, las siluetas eran pequeñas y delgadas a diferencia de un adulto, el más chico tenía las manos alzadas hacia el otro mientras éste era quien con movimientos de manos guiaba a los rayos para acertar en las criaturas; el cielo tempestuoso empezó a llover primero, pero luego una fuerte nevada arrasó y los chicos se perdieron de vista. Normalizó sus anteojos para entender qué diablos fue eso, hasta caer en cuenta que todo solo fue una distracción, no quisieron pelear en serio.

En cuando al soldado en tierra, el tornado fue congelándose desde lo más bajo hasta lo alto, miles de muertos se quedaron atrapados entre las finuras congeladas y otros destripándose por los trozos filosos de hielo; cuando Zhadow salió de la boca del refugio pudo distinguir que el muchacho se había quedado hasta arriba y luego se resbaló por esa casi montaña, lo malo es que cuando aterrizó la nieve se había vuelto espesa y dificultaba caminar, entonces no se dio cuenta cuando uno de los monstruos deformes emergió de ella para atacarlo, pudo derribarlo por reflejo, pero también se llevó un golpe en la cabeza, tanto que se perforó la parte delantera del casco dejando una abolladura y un pequeño hilo carmín saliendo de la herida abierta en su frente; le prestó atención ya tarde cuando otro golpe le atinó en un costado haciéndole caer sobre la masa gélida y blanca para ensuciarla con su líquido vital, el mareo lo desconectó y pudo haber perdido la oportunidad determinante, sino fuese porque un puñal le perforó la cabeza al monstruo y éste se retorció cayendo a su par. A través de su visor dañado pudo ver un par de botas pararse frente a él, luego a una mano enguantada acercarse hacia su rostro, lo desvió bruscamente al sentir ese roce.

—Te dije... Que fueras, al refugio... Eres un idiota... —balbuceó enfado porque le hayan desobedecido, arrimándose entre la nieve, como si buscará escapar de cualquier contacto que el forastero quisiera tener.

—No puedo dejar a nadie atrás, sería incorrecto, y además, necesitas ayuda —volvió a intentar quitarle el casco para examinar el daño frontal, pero el chico no colaboraba mucho retorciéndose como gusano.

—Piérdete, serás como todos esos malagradecidos, regresa con ellos mejor...

—Si no lo aceptas como un acto de generosidad, entonces acéptalo como una orden —sacó de entre su guerrera una placa, mostrándola frente al joven que dejó de protestar—, soy el actual general del escuadrón Norte, y vas a recibir atención, quieras o no.

—¡No! ¡Espere! —dejó de actuar con hostilidad para comportarse como un niño haciendo berrinche, sus manos estaban obstinadamente pegadas a su protector craneal para que no se lo quitaran.

—¿Qué te preocupa tanto? ¡Solo es un casco! —gritó, teniendo que agarrarle las dos manos con fuerza para hacer el esfuerzo de desactivar el patrón de seguridad y que el mismo mecanismo cediera para su liberación, empujándolo hacia atrás y permitir que su rostro y púas salieran al aire; primero observó las espinas caídas de un azul vivo y eléctrico balancearse con la brisa gélida, luego ya en mejor plano su hocico pálido de lo que debería ser un melocotón recién cosechado, lo identificó rápidamente como un erizo, y sin embargo, cuando revisó un poco más arriba, se mordió los labios al ver una cicatriz opacarle media cara y el ojo derecho de un tono entre carmín y magenta, curiosamente el corte en su frente aún abierto estaba alejada de ella—. ¿El golpe fue tan grave que te ha dejado esa herida?

—No, en realidad no es nueva, la obtuve desde que comenzó todo este caos... —siseó disgustado, esperando a que en cualquier momento el hombre frente a él empezará con sus ataques epilépticos y se desmayara, en cambio, el tipo seguía duro, creando conjeturas que solo él se entendía en su mundo; dejó boquiabierto al erizo joven—. ¿C-cómo es que sigue de pie?

—¿Por qué no lo estaría? Andando —cualquiera en su sano juicio sabría que al menos esos golpes dejaron entumecido su cuerpo y frágil en cuanto resistencia, incluso para caminar, pero cuando trató de apoyarlo en su espalda, el erizo se negó rápidamente queriendo enterrarse en la nieve—. ¿Sucede algo?

—¿Por qué no se ha desmayado? —alzó una ceja en confusión, ideando preguntarle porqué decía tanto eso en otro momento, de mientras, lo agarró a la fuerza apoyándolo en su hombro como un saco de papas, el azul tuvo que cubrirse la boca porque sintió la bilis querer salir cuando su estómago se revolvió; pataleó un poco, obviamente lo más superficial que pudo porque en esa posición se mareaba rápido, o no tenía fuerzas, o se sentía bien tener el apoyo extra, sabrá Chaos.

—No entiendo nada, solo agárrate fuerte, la nieve nos dificultará un poco el paso hacia la entrada.

—N-no puedo ir allí... Me está prohibido —balbuceó, iba a continuar, pero de la nada se detuvo, el de ébano supuso que no sería un tema agradable de tocar, y sin embargo, suponía, era más por desagrado e intervención de Zally, obviamente no iba a darle preferencia a ella luego de ver esto.

—Bueno, desde hoy voy a abolir esa restricción, vamos, necesito tratarte con equipo médico, si continúas perdiendo sangre será algo grave porque dudo que los bancos tengan provisiones para emergencias —se giró para ir hacia la entrada del refugio, en cambio sintió jalones en su espalda y luego un fuerte tirón de sus púas que le obligaron a girarse en dirección contraria, apenas aullando porque lo soltaran y ver a través de la densidad del panorama.

—No lo entiendes. Vamos a otro lugar... Por favor, tengo que decirles que estoy bien —pidió.

—¿A quiénes? —la pregunta se quedó en el aire pues el erizo ya no dijo nada; sería tonto no ir a dónde estaba seguro contaría con recursos médicos para tratar sus heridas, pero por otro lado, también podría conocer la “resistencia” en solitario del erizo, y a los demás involucrados, además de ello, había oído que tenía apuntes que deseaba compartir, podría ser una oportunidad única para estudiarlos antes de ir con Zally a que ponga sus exigencias en la mesa; respiró profundo esperando no arrepentirse luego—. Bien. No hables. Solo guíame.

El erizo asintió, y ocasionalmente hablaba en murmullos para darle indicaciones específicas, las generales solo contaban con señalar direcciones y caminos a tomar, Zhadow de cualquier forma iba a ciegas, no teniendo de otra más que obedecer al chico y mantenerse alerta. Al final, terminaron yendo por un lugar hostil a simple vista por el deterioro, pero que realmente estaba libre y silencioso, hasta incluso despejado. La caminata fue difícil, sobre todo por la creciente nevada y la capa blanda e inestable en el suelo, más que todo por ello, pues realmente el general no podía quejarse que llevar el cuerpo del oficial incurriera en una desventaja, de hecho, era bastante liviano, preocupantemente liviano... ¿Quizás tenía alguna desnutrición o anemia grave? Claro que no se especializó en ello, pero con los fundamentos de medicina general podría ayudarle al menos a tener un diagnóstico, anotó eso mentalmente para cuando se instalaran. Atravesaron por calles vacías, suburbios abandonados, viejos edificios y escombros de antiguos campamentos hasta que el azul le dio la última instrucción y se encontró con una mansión, a pesar de tener sus años notorios, lucía y estaba en muy buenas condiciones, irónico con todo el entorno a su alrededor como una construcción pudiera seguir en pie y con tanta elegancia y belleza, definitivamente impresionante.

Los elogios y exclamaciones sorpresivas se atoraron en su garganta por el olor a óxido, había, literalmente, vigas oxidadas en las puertas que emanaban un olor fuerte por el contraste del metal mojado previamente a la nevada, pero más que eso, también estaba un pequeño río de sangre a la orilla de las escaleras, un charco que estaba adornado como si fuese una fuente de adorno, que tétrico. De la nada el cuerpo que cargaba se deslizó y cayó con gracia en la capa blanca, tomando la delantera aprovechó para quitarse su manopla izquierda y sacar una llave, con ella logró abrir las enormes y pesadas puertas permitiéndole al ónix avanzar junto a él, se acercó a una mesa céntrica para tomar una píldora, sin agua o algo se la llevó a la boca y la tragó con dificultad, ignoró deliberadamente los ojos carmín verlo preocupado.

—Son pastillas naturales, obviamente no sanarán mis heridas, pero me darán tiempo de ignorarlas, funcionan como analgésicos —aclaró, agarrando del otro extremo una barra luminosa y romperle la punta, tuvieron una luz considerablemente buena para adentrarse a la mansión, el mismo viento cerró las puertas sobresaltando al oscuro, que reaccionó con una mano en su revólver, el azul negó decepcionado de sus reflejos tan paranoicos—. Estás a salvo aquí, y, en todo caso, el único peligro sería yo, pero viendo que eres inmune, todo está bien, ahora sígueme. Quiero mostrarte algo.

Pasó saliva con disimulo para caminar detrás del cobalto, claro que sin dejar de ver todo con total admiración y asombro, sus ojos brillando por la novedad—. ¿Cómo es posible que esta casa siga en pie? ¡Qué casa, mansión, es realmente enorme!

—Ni los monstruos, ni los infectados pueden acercarse en un radio mayor al de tres manzanas, tenemos trampas especializadas para evitarlos, pero más que solo eso, están cubiertas por la sangre de nosotros cuatro —contestó, llegaron al final del pasillo y por ende al despacho principal, el picaporte no tenía seguro entonces solo empujó la puerta y entraron, el general se acomodó los anteojos para seguir admirando ahora con más seriedad lo que era la oficina: un laboratorio. Habían documentos regados en la mesa, libros abiertos y resúmenes a sus lados por toda la pieza, tubos y recreaciones al fondo, restos y muestras enfrascadas y etiquetadas debidamente, y en el centro, estaba una gran pizarra con borrones de tiza y anotaciones nuevas, pero en general tenía la figura de un infectado, de una simulación de los adefesios monstruosos y cuatro colores diferentes a sus lados. Reaccionó a lo último que dijo el cían.

—¿Ustedes?

—Sí... —agarró otra varita y la rompió por la mitad, roció el líquido luminiscente en la orilla de la pizarra para que se viera mejor—, voy a suponer que escuchaste algo de mi conversación con Zally, obviamente ni ella ni nadie iba a hablarte de mí, y dudo que sea coincidencia que hayas querido explorar tú solo en la madrugada con numerosos peligros, ¿O me equivoco?

Las mejillas bronceadas se pintaron de un suave rojo de vergüenza, al parecer fue más que obvio y subestimó al erizo en que no lo pensaría así—. No precisamente...

—Cómo sea, no importan los detalles. Necesito que me digas, ¿qué has estado haciendo estos últimos cuatro años?

—Antes de que la crisis empezará yo estaba cerrando un doctorado y presentando mi tesis al consejo, trataba sobre una fórmula capaz de revertir los cambios físicos en las enfermedades terminales posterior a matar a las células contaminantes, supuse... —se calló un momento, reflexionando— cuando empezó esto, quise creer que sí modificaba la fórmula con otras ecuaciones podría revertir los de este nuevo brote, pero ni siquiera pude detectar el patógeno, no puedes tener una cura a algo que ni siquiera sabes qué es.

El azul lo escuchó, y al ver que el erizo no quería continuar exhibiendo su rotundo fracaso y desperdicio de tiempo, fue hasta él y apoyó una mano en su hombro.

—Está bien, no te culpes —el hombre sonrió, un poco conmovido porque alguien después de mucho le haya dicho algo así, pero su sonrisa se esfumó rápido—, no sabías que estabas perdiendo el tiempo y nada de lo que hacías iba a tener frutos algún día, fracasaste de la peor manera posible.

—Oh, ¿gracias? Debí haberlo-

Apretó el agarre solo para retener su atención—. No me malentiendas, me refiero a que no te explicaron nada de esto, trabajaste a ciegas, literalmente, es por eso que tú y muchos otros jamás lograron tener un mínimo resultado —suspiró y fue al tablero para señalar partes específicas— no se trata de un simple virus que salió del laboratorio. Estás frente a un experimento incompleto que salió mal por no haberlo estructurado adecuadamente, dividido, el causante de todo esto —su dedo enguantado presionó al centro, en el esquema de un dibujo amorfo— tiene muchos nombres, pero por toda la masacre y problemas que trajo fue conocido como proyecto: Afección Mortífera de la Obstrucción al Resarcimiento, o bien para simplificar, AMOR.

—¿Qué? —soltó, bastante incrédulo, sino es que sacado de quicio porque viniera un sujeto cualquiera a reformular la historia y sacar algo que nunca se dio a conocer, o que quizás no existía—, ¿de dónde sacaste esa información?

—Te diría que es clasificado, pero a este punto ya es algo ridículo conservar la privacidad del asunto —continuó hablando, siempre apoyándose de sus ilustraciones y a veces garabateando con la tiza podrida que estaba en el borde del pizarrón— AMOR surgió en los laboratorios de élite de No Zone, fue patrocinado por la Zone Cop y algunos miembros importantes del gobierno; su propósito era simple: crear una Forma de Vida Definitiva Orgánica, o por sus siglas FVDO, para innovar el sistema policial y de este mismo poder encontrar nuevas fuentes para la modificación genética de los soldados pequeños, niños... —apretó la tiza partiendo su punta, frunció el ceño mientras seguía— como sea, era un plan maquiavélico que estaba celosamente resguardado, casi nadie conocía de él. Su gestor fue el director del área científica del cuartel central que supo manejar y dirigir la operación con bastante meticulosidad, pero había un problema; su esposa era miembro del escuadrón de reconocimiento, ella un día regresó gravemente herida y como consecuencia quedó en estado paralítico vegetal, estaba despierta, pero a la vez solo era una muñeca de trapo sin más que hacer. El delegado aprovechó las propiedades curativas y regenerativas del experimento madre para recrear uno propio en dónde ayudará a reanimar el sistema y cuerpo de su esposa, aunque estuviera prohibido, y aunque usará medios y recursos horribles. Él fácilmente pudo salirse con la suya y seguir con todo, pero alguien interfirió y es cuando el caos comenzó...

—¿Quién interfirió? —preguntó, ciertamente debería de estar escéptico o atónito por la, definitivamente, reservada información que le estaba revelando ahora, pero no quitaba el hecho de cómo el chico se lo explicaba con detalle y calma le hacía sentir mucha tranquilidad, tuvo el descaro de sentarse en el suelo y quedarse prendido por cada nuevo movimiento, hasta que la última parte le llamó la atención, mas fue ignorado.

—La fórmula de la FVDO perdía consistencia, ya que el director hurtó demasiados de sus componentes básicos, la creación en vías estaba volviéndose inestable y errante, necesitaban rellenar los huecos que dejó y debían proseguir hasta terminar la primera fase de experimentación, pero en cambio, él decidió probar una de sus teorías. ¿Y si la Vida Definitiva no tenía que ser necesariamente un solo receptor de órdenes? ¿Y si fuese como cualquier otra persona que tomaba sus propias decisiones, pensaba por sí mismo y decidía qué camino seguir? Parecía una buena idea, pero no tomó en cuenta cálculos ni posibilidades, se fue por los riesgos, armando un cascarón físico para que el FVDO tuviera un cuerpo tangible más que solo un montón de coágulos, mezclas químicas y ecuaciones, además, como tenía el tiempo medido antes de que le pidieran avances, tuvo que presentar algo excepcional.

Por alguna razón, el moreno pasó saliva, no queriendo pero debiendo preguntar, incluso el azul se mostró disgustado en seguir—. ¿Qué presentó?

Inhala, exhala

—La verdadera naturaleza de FVDO... AMOR. El experimento falló en todos los sentidos, pero cobró vida y conciencia, lo que para el director era lo importante, o al menos, en sus ideales. Rechazó el cuerpo artificial y prefirió elegir uno nuevo que cumpliera todas sus demandas, así que se “mudó” a un nuevo huésped —apretó la quijada, abrazándose a sí mismo con un ligero escalofrío— la criatura se desmembró en cuatro partes principales que pronto se convirtieron en pequeños fragmentos consolidados como gemas, lo demás, lo sobrante... Fue lo que dio lugar a las criaturas, seres amorfos que provienen de los restos del experimento madre sin rumbo o fin, solo existen y cazan por diversión e instinto, se multiplican peor que bichos y evolucionan a cada poco, con una aterradora capacidad de adaptarse lo que dificulta exterminarlos a todos, principalmente por su hostilidad y la propagación rápida de los sucesores.

—Eso explica mucho de las criaturas —dijo casi para él mismo, sin embargo, se rascó la barbilla pensativo—, pero... ¿Y qué hay de los infectados?

—Como te dije, AMOR se apoderó de un nuevo cuerpo y destruyó el suyo en cuatro partes principales; el primer fragmento no necesitó deambular pues encontró rápidamente un hospedador, fue el único que no causó daños. Pero los otros... Los tres fragmentos restantes no quedaron satisfechos en dónde incubaron, a diferencia de lo que se dio a conocer, en realidad no fue solo un paciente cero, sino tres de un solo que alimentó la propagación: el mayor Zobotnik, el comandante Zector y el subcomandante Zespio. Cada uno fue elegido por determinado fragmento, pero en vez de simplemente apoderarse de su mente y cuerpo, las destruyó —pasó a señalar la esquina de la pizarra en un dibujo de la fisionomía de un mobian y la de un humano— estas curiosas piezas reaccionaron como una bacteria carnívora yendo a matar sus defensas, glóbulos y todo protector interno que evitará las infecciones, la bacteria los aplastó para luego ir a su cerebro y... Bueno, algo similar a comérselo, dejando algún tipo de huevecillos en el sitio libre que eclosionaban tan pronto el fragmento dejará el cuerpo. Ni siquiera pasó medio día cuando AMOR se apoderó de un nuevo cuerpo y amplió su dominio creando monstruos, al perderse los fragmentos y saltar de persona en persona fue tan rápido que nadie tuvo tiempo de crear un plan de contingencia y aislamiento, el período de contagio era relativamente corto y fugaz.

Pensando que quizás ya lo había dejado explicar tanto por sí solo, quiso apoyar aunque sea en lo mínimo, por lo que se levantó y fue a prestarle suavemente la tiza; cuando se la dieron dibujó más líneas para reforzar sus explicaciones—. Los infectados empezaban con los síntomas físicos más evidentes, por eso el resto no tenía problemas en abandonarlos tan pronto notarán alguna de sus peculiaridades. Junto con otros compañeros establecimos que hay dos etapas: Contagio que es la primera, hay pérdida de consciencia e identidad, el sujeto adquiere una actitud salvaje y agresiva; tienen un aumento de cabello o pelaje y úlceras en su piel; la esclerótica de sus ojos se torna de un rojizo por las venas y vasos rotos que evidencian el desangramiento. Evolución, la segunda, continúa con la implosión de sus ojos y el hinchamiento de los órganos internos, como el hígado, el estómago y los pulmones; los huesos y dientes sufren de una sobredosificación de calcio haciendo que se endurezcan y alarguen de forma aterradora, traspasan los músculos y la piel ganando una altura del doble de su tamaño original, esto en caso de mobians, los humanos simplemente perdían la piel y sus órganos eran expulsados porque los huesos se extendían desde el interior —terminó sus anotaciones devolviendo el tiz; el nudo en su garganta era desagradable por recordar cosas y haber sido de los que les tocaba estar frente a ellos principalmente para estudiarlos después de muertos y solo traumarse por lo grotesco de los cuerpos para tratar de salvar algo. Quiso aliviar un poco el ambiente con algo de humor ácido, riéndose nervioso—. ¿Estuviste cerca para ver a Zobotnik con cabello? Que loco, no era su estilo.

—Estuve mucho antes de eso, por desgracia. En realidad, fue el más agresivo de los tres solo por ser humano, ellos al parecer eran más sensibles que nosotros y eso molestaba a los fragmentos. Cómo te decía, en cuanto no estaban de acuerdo con un cuerpo buscaban otro, pero dejaban esencia y pus contaminante en el cascarón del infectado que daba lugar a qué cualquiera pudiese infectarse y sufrir los mismos síntomas; ellos eligieron a los tres principales en la Zone Cop, así que sin figuras autoritarias, un plan evasivo y conocimiento del experimento, para los oficiales les tomó por sorpresa y cobró la ventaja, el número de contagios abatió las defensas hacia lo desconocido y cuando los científicos quisieron estudiarlo ya no había nadie sano en los laboratorios —suspiró, quedándose quedito para esperar más preguntas.

—¿Cuáles son las características que piden los fragmentos para incubar y aceptar el cuerpo? —interrogó, el cían lo miró por unos momentos antes de agachar los ojos y levantar sus hombros.

—No lo sé...

—¿Me estás diciendo todo, o falta algo?

—Te he dicho lo relevante, general, exigir los detalles ya es soberbia —contestó con desdén, reacomodó todo sin ver la cara de un mil preguntas y el cerebro trabajando activamente del otro erizo—, al parecer eres el único hijo de la familia en hacer tantas preguntas, ¿o es por tu carrera?

—¿Cómo y qué sabes de mi familia? —le contrarrestó a la defensiva, el azul simplemente rodó los ojos y volvió a alzar los hombros.

—Lo suficiente para tenerles respeto y gratitud. Los Doom fueron héroes reconocidos, si No Zone no hubiera caído tan pronto, definitivamente el señor Doom y su hijo mayor hubiesen hecho ruido en las bocas de los capitalinos. Entonces tengo fe en que eres igual, y sabrás manejar la información que te he dado.

Volvieron a quedarse en silencio, la lámpara empezó a perder su brillo y el ex oficial en vez de encender otra fue a tirar viejos papeles en lo que parecía un espacio de chimenea y crear fuego natural con palillos, pronto el cuarto empezó a tener más calor aunque menos iluminación; el de añil sacó una pequeña caja de la gaveta y luego fue a sentarse frente a las brasas, agarró unos trapos para limpiarse la sangre de su herida y algo de alcohol para desinfectar, cuando estaba por vendarla sintió a otro par de manos quitarle las vendas y hacer una mejor limpieza en el área, no se movió ni le dijo nada. Al final, el moreno suspiró, viendo de soslayo las llamas crepitar entre ellas ya terminando de curarle su laceración.

—Fragmentos... Creo que tengo una idea de qué hacer, pero necesitaría tenerlos aquí para hacerles una prueba y garantizar el parentesco o vínculo. Pero por lo que me dijiste, ya han de estar perdidos... —su tono decaído motivó al dueño a ir a abrir la puerta, el viento entró en corriente y por poco apagaba el fuego.

—Los fragmentos al ser parte de AMOR también tienen vida, no como las criaturas o los infectados, pero sí esa necesidad de ser incubados pronto, así que no pienses que se quedaron como gemas perdidas —suspiró— y no debes de preocuparte, todos están aquí.

—¿En serio? ¿Cómo son, puedo verlos ahora? ¿En qué condiciones se encuentran? —preguntó levantándose y yendo a tomarle por los bordes de la armadura torcida, su repentina curiosidad burbujeando como lava caliente; el cían se alejó con un imperceptible mohín de irritación.

—Tu padre Zlack luchó al frente para darle tiempo a la resistencia de crearse y establecerse. Tu hermano Zephiles se volvió su líder y la dirigió por años, uniendo a North, East y West Zone, quizás no pudo hacer nada por la capital, pero definitivamente fue la esperanza y fortaleza que muchos necesitaban cuando todo estaba perdido y en ruinas. Y tú, Zhadow, al ser el único heredero de los Doom, espero sepas encontrar la solución definitiva con los fragmentos a tu alcance —chasqueó la lengua y llevó su diestra a cubrir su ojo derecho donde la cicatriz también se veía, el fuego cedió a extinguirse, la oscuridad se apoderó del cuarto y de la nada lo sintió más frío que en un inicio.

—¿Qué...? ¿Qué estás...? —se calló, giró muy despacio hacia atrás y se encontró con lo que parecían ojos mirándole, involuntariamente tuvo un respingo y retrocedió hasta el muchacho, por reflejo yendo a tomar su revólver sin dejar de estudiarlos.

Había un par de un verde jade, opaco, sin brillo, se notaban tan cansados y tristes que simplemente parecían dos canicas con un brillo especial forzado; a su derecha estaban dos ojitos ámbar resplandecer con curiosidad e intriga, con inocencia, tan lindos y brillantes que quizás eran los que más alumbraban la pieza; y del lado izquierdo estaba solo uno, un azul mar que le infundió pánico y ganas de alejarse corriendo, la hostilidad que reflejaba era para estar seguro de que no era de diálogos y soluciones pacíficas, y en general de tener cuidado, podría ser realmente peligroso. El vetado sintió cuando éste último se movió hacia el frente, de la nada pequeños copos de nieve le cayeron en la cara y congelaban esa parte, solo pudo pasar saliva y ser expectante de su próximo movimiento.

—¿Eres la famosa rata de laboratorio? Creí que serías más... Fuerte o interesante, pero solo eres alguien insignificante —sí, definitivamente sus oídos lo asociaron con la voz del dueño del ojo azul, una masculina y grave, pero también llena de resentimiento y dolor. ¿Dijo eso por ironía o simple desprecio hacia él?

—Ya hemos hablado de esto —regañó; puso una mano sobre el virólogo y lo empujó despacio para que quedara más cerca de aquellos orbes bien prendidos en la oscuridad, ni le dio tiempo de retroceder pues el de azul sí usó fuerza para tenerlo ahí, ya incluso recurriendo a los gritos de dudas, la voz delicadamente sospechosa del ex oficial le hizo relajarse un poco—. No tengas miedo, no son peligrosos... —una nueva luz se encendió, provenía de una farola portátil que cargaba un ericito albo, en realidad, los otros dos no estaban muy alejados de esa complexión; se atragantó con su bilis por horrorizarse de que esas cosas hayan tomado los cuerpos de unos niños, LITERALMENTE NIÑOS; Zhadow jadeó por notar las pésimas condiciones físicas de ellos, la ropa era secundaria, verles la piel y su apariencia; el azul se interpuso ante ellos en caso de que el científico se pusiera a la defensiva y quisiera atacarlos, susurrando con pesar lo último—. Son solo niños...

“La mayor” (por ser la más alta y una adolescente) era una eriza con pelaje rosa enredado y desaliñado, tenía puntos en la mejilla que casi rozan con la boca y otros en la esquina contraria, los puntos realzaban por sobre su piel demacrada y pálida al extremo, ella tenía los ojos apagados de un verde jade tóxico, usando harapos viejos y descosidos; a su lado estaba el erizo intermedio vestido con un antiguo traje del equipo de espionaje, ni siquiera aparentaba ser mayor de doce años, tenía el ojo izquierdo cubierto por un parche sucio y el otro con una cicatriz notable, su mentón también estaba lleno con quemaduras y cortes ya cicatrizados, las púas hacia abajo de un verde pasto ensuciado con hollín y polvo; el más pequeño tenía quizás ocho años como máximo, cargando con su farola y una gran sonrisa por conocer a alguien nuevo, sus púas suavecitas y albinas eran quizás las mejor cuidadas de todos aunque con una inclinación chistosa, además, era el dueño de esos ojos tan grandes y brillantes, tan inocente, a pesar de que tenía algo horrible dentro. El oscuro se talló los ojos pensando en que podría tratarse de una ilusión, pero volvió a ver a los mismos chicos, de reojo al azul, hace un momento su ojo sano era de un verde esmeralda normal, ahora no dejaba de brillar como el de los otros tres.Esto era tan surrealista...

—Oh por amor a- —las manos melocotón fueron veloces en ir y atrapar al general antes de que cayera hacia atrás; el niño se rió, la chica se acercó a examinar en primer plano y el verdoso resopló inconforme.

—¿Lo matamos tan rápido? Pensé que duraría más.

—Scourge, por favor —el azul volteó a verlo enojado, callándolo con un tono que le hizo retirarse de la habitación, tan pronto se fue, sus ojos regresaron a la normalidad, ahora se dirigió a la rosada y mitigó el tono, refiriéndose a conseguir alguna planta o medicamento que le devolviera lo más rápido posible la consciencia al general—. Rose, puedes...

—Lo tengo —agitó su manga larga y remendada para hacer sobresalir sus dedos, creando una pequeña hojita con un olor fuerte y grotesco que lo traería de vuelta al ponérsela en la nariz.

—Papá, ¿quién es él? —ahora se oyó la vocecita del nene que se arrimó junto al azul, puso cerca su farola para mayor alumbramiento, pero igual buscó ir a esconderse entre el regazo del erizo con cuidado de no lastimarse con la armadura. El cían lo abrazó suspirando, pero realmente no sabía si por alivio o un mal presentimiento.

—Nuestra salvación, Zilver.