Las cenizas del pasado

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Summary

Casir siempre pensó que el destino tenia una forma muy egoísta y cruel de transformar las vidas de las personas: Algunas viven en un cuento de hadas, otras en una monótona y sin carencia de sentido, las que vivían un martirio todos los días y luego estaba su vida, como un tipo de montaña rusa improbable que hacia que los buenos y los malos momentos surgieran espontáneamente. Debido a esto, intento establecerse como detective privado, evitando cualquier caso que lo llevara otra vez a su pasado. Pero por culpa del destino, tendrá que aceptar un caso que lo arrastrara hacia aquel pasado que ha querido borrar, encontrándose con los ecos y sombras que ha tratado de ignorar. Teniendo también que volver a verse cara a cara con la ultima persona con la que debió cruzarse en la vida, alguien que representaba sus mayores dilemas morales. En un mundo donde las verdades esconden sombras mas densas que la noche y los recuerdos pesan en la conciencia mas que cadenas. Casir descubrirá que el precio de la justicia no siempre es la redención, y que algunos lazos son imposibles de romper. "se podrán negar muchas cosas, menos los sentimientos". Adéntrate a esta historia con tintes policiacos, romance oscuro y tensión psicológica, donde cada decisión puede significar la diferencia entre la libertad y la destrucción.

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

Prologo

—Déjeme ver si entendí—digo con cierta diversión en mi voz—¿Quiere que hable con la persona más peligrosa de este lugar... solo por un asesinato?—inquirí sirviéndome un poco de agua. Que ironías de la vida.

—Era mi hija—replicó con la mandíbula tensa. Estoy seguro de que me quiere matar o poner tras las rejas, alguna de esas dos. —Es tu deber, averiguar...

Lo corto antes de que siguiera, sé hasta donde quiere llegar. Deje la jarra transparente a un lado agarrando el vaso en mi mano.

—Disculpe, pero no es mi deber—enfatizo en lo último. —El deber es de la policía. Hasta mí, llegan muchos casos. Yo no tengo la obligación de tomarlos todos—contradije desarmando al canoso policía, mientras agitaba un poco el contenido del vaso.

—Creí que alguien como usted me ayudaría—confesó, abatido mientras se hundía en la silla, marcando más sus rasgos.

—¿Por qué?—cuestionó—hasta donde sé, la policía tiene una mala imagen de mi—lo mire con una mueca de hastío.

Tomé un poco de agua. Por mucho que quisiera, no podía darme más que vergüenza ajena este hombre. Parecía que no dormía en las noches, como si una culpa lo carcomiera por dentro, aunque era de esperarse viendo el informe que me trajo.

Su hija, Alba Charry, había sido encontrada en la playa muerta, en circunstancias extrañas, pues no tenía heridas en el cuerpo ni habían encontrado veneno en su sistema, según el informe que me trajo. Parece que se ahogó, pero la encontraron muy lejos del mar, como si alguien se hubiera tomado la molestia de arrastrarla. Mire la foto del cadáver, sus ojos reflejaban miedo en sus retinas, aferrándose a su vida incluso cuando estaba al borde de la muerte. Algo en mis tripas se removió, no se si fue asco o algo más.

No había testigos, ni nadie cerca de esa zona al momento en que la encontraron. Raro si me lo preguntan.

“Tal vez debería ayudarlo", pienso, en un momento fugaz, que logro quitar de mi cabeza.

Un portazo me hizo levantar la mirada, saliendo de mis pensamientos, y no fui el único, pues el policía pareció perder el poco color que tenía, que era un tono grisáceo.

—¡Ya no puedo más!—exclamó entrando por la puerta como un vendaval.—Ayuda a este pobre hombre. Por favor, Casir. Ten un poco de compasión—reclamó con esa actitud que odio. Como si con eso hiciera que saliera el sol en este día tan nublado, como siempre.

—Mary, ¿alguna vez has oído hablar de la privacidad?—le sugerí apretando los labios hasta volverlos una fina línea mientras dejaba el informe y el vaso en el escritorio.

—No, hasta que dejes de ser tan orgulloso—contratacó haciendo que la mire con el ceño fruncido.

Mire al viejo. Parecía que la interrupción de Mary le había devuelto el color a su blanca y esquelética piel, en sus ojos hundidos, vi un brillo de esperanza, algo que me recordó a mí mismo, cuando estaba detrás de la muerte de mi mamá. Su solo pensamiento me hizo tener un sentimiento de culpa enrollándose en mi estómago. Apreté los dientes al sentir la mirada insistente de ambos en mi nuca.

—Está bien—farfulle con resignación, cerrando los ojos.

—Muchas gracias. Le enviaré cualquier información—fue lo único que dijo el viejo con un tono de renovado ánimo, antes de que se escuche sus pasos apresurados seguidos por un portazo.

—Ya estarás contenta, ¿No?—le pregunté entre dientes abriendo aparatosamente mis ojos.

—Por supuesto, además este caso será fácil—exclamo con un entusiasmo, como si ella fuera la detective y no la simple recepcionista de un motel.

—Te recuerdo que tengo que hablar con Manrique—le recuerdo parándome, tomo un poco de agua buscando tragarme ese nudo que siento en la garganta—¿Sabes en lo que me metiste?—Mi mano empieza a temblar, lo bueno es que estoy de espaldas.

Mire hacia la calle por la ventana redonda, que ahí al lado derecho de mi escritorio. A veces me sentía atrapado en este departamento. Había poca gente afuera, pero aún se podía tener ese sentimiento claustrofóbico por la presencia de la neblina, que parecía el aliento de una boca, con los edificios cuadrados y disparejos.

—Sí, lo sé—declaró, por su tono parece que se dio cuenta de su error o también puede que esté pensando en algo más—. Pero tal vez, si hablas con él, no esté involucrado—animó con entusiasmo.

Será imposible que él no tenga nada que ver, pues Manrique tiene una red tan extensa y meticulosa, que me es imposible tomar un caso sin que él esté involucrado de forma indirecta. Algo que normalmente me deja sin trabajo y, a su vez, me aburre la existencia.

Solo quisiera poder descartar este caso también.

“Me dejas ser detective y yo no me meto con tu gente”—esa conversación se vino a mi mente tan espontanea que incluso a mí me asusto.

Suspire con pesadez. Mire el vaso de agua. Por un segundo no vi mi reflejo en el agua, sino el de él, Ricardo Manrique, la sombra que representa gran parte de mi oscuridad. Sus ojos cafés clavados en mí, con ese brillo tan ardiente como mortal. El único criminal al que no soy capaz de enfrentarme. Reprimí mi temblor en el brazo derecho, era un tic que tengo desde que Manrique estuvo a punto de partírmelo, trague grueso en su lugar.

Ojalá me lleve el diablo antes que tener que verlo.

—Tú me ayudarás en este caso—decidí, mirándola de reojo, asustando un poco a Mary.—No creerás que te vas a salvar de esta, ¿No?—una media sonrisa paso por mis labios volteándome completamente en su dirección.

Ante esa afirmación cambio su expresión abruptamente de sorpresa a una de seguridad, con ese brillo en los ojos de valentía que a veces confundo con locura.

—Por supuesto que no—afirmó con una sonrisa de oreja a oreja, mientras hincha el pecho, como si quisiera demostrar algo—es emocionante, por fin te ayudare a descubrir a los asesinos. ¿Puedo utilizar una pistola?.

Tal respuesta hizo que se me borrara la sonrisa torciendo a una mueca. La sola imagen de Mary con una pistola, me dio la sensación de peligro que le daría a alguien si le diera un cuchillo a Chucky, aunque se ve inofensiva, es muy hiperactiva como para confiar que no podría disparar un arma.

—ni loco—le respondí con los ojos abiertos.

Me volví a posicionar en la silla poniendo el vaso en el escritorio, sopesando mis ganas de seguir adelante mientras movía el vaso en mi mano. El caso ya se veía difícil desde que ese uniformado cruzo mi oficina, pero ahora me dolía la cabeza al pensar en que tuve que aceptar por culpa del síndrome de heroína que tiene Mary. Ahora tendré que hacer frente a un caso que, espero, no dure mucho tiempo y no se lleve nada de mí.