Ojos Oscuros (Toll/ TWS+18)

Summary

-¿No me tienes miedo? - Pregunto el de ojos oscuros brillosos, que aunque estuviera entre las sombras podía verlo con claridad esos ojos completamente oscuros. - No. - Podría hacerte daño... - ¿Me hará daño, señor?.- Pregunto con timidez - Nunca - Contesto. - Entonces porque te tendría que tener miedo - dijo e hizo sacarle una sonrisa que se veía desde la oscuridad, esos colmillos sobresalian y eran tan brillosos, solo lo veía desde las sombras, esos ojos oscuros viéndolo. En la oscuridad estaras asalvo

Status
Ongoing
Chapters
13
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capitulo 1

La alarma empezó a sonar, fue lo que lo había despertado, estiro su mano buscando con su tacto su celular, tenía mucho sueño, se había dormido tarde viendo la serie de L&O unidad de víctimas especiales, además de que nadie se daría cuenta de que se había quedado despierto tan tarde, vio su celular donde la luz le cegaba los ojos, era muy brilloso, vio y se volvió a apagar la alarma.

Vio de nuevo, 7:43 a.m. ¡Era tarde! Se maldijo mil veces por no escuchar la alarma pero tenía el sueño pesado, dejo eso a un lado y corrió al baño, dándose una ducha en tiempo récord, se vistió tan rápido como pudo.

Se vio en el espejo, era la único manera de poder ponerse la corbata roja, se la puso y se vio para ver si todo estaba en su lugar.

“Te vez bien”

Esa voz, siempre la escuchaba y pensaba que tal vez, era como esos niños que tienen amigos imaginarios, pero a la edad de 16 años, pensaba que era muy infantil pero se preguntaba ¿Entonces porque la seguía escuchando?

Suspiro, tomo su mochila y guardo su celular dentro de la mochila, salió de su cuarto y bajo las escaleras encontrando en la mesa la misma nota de todas la semana.

“Ahí está el dinero de la semana, si necesitas algo llama a mi secretaria”

Su padre trabajaba y ni lo veía, era raro que estuvieran en la misma casa, tomo el dinero ignorando eso, fue a la cocina y tomo unas barritas de fresa junto con un jugo, tomo las llaves y salió de casa con la barrita en la boca.

Cuando llego al salón, ya estaban comenzando las clases, fue bueno que el conserje lo dejara entrar, respiro varias veces tratando de darse valor para poder entrar al salón.

Se acercó a la puerta y toco varias veces, el maestro abrió la puerta y lo vio.

— Siento el retraso.— Se disculpó con un hilo de voz. — Puedo entrar.

— Pues ya interrumpiste la clase. - Le reprocho. - Entra, pero tienes falta.

Otra falta más y no podría presentar su examen, se sentó en su lugar, la primera fila y en el primer asiento, saco sus libros para seguir con sus clases.

Las horas pasaban y cambiaban de maestro, había un escándalo cuando se tardaba un maestro pero él se quedaba en su lugar, no tenía amigos o personas que le hablaran en ese salón, era de esperarse de un niño tímido como el.

Solo sintió el golpe de la bola de papel que le aventaron y después las risas de algunos, no volteaba y no sabía si se burlaban de él o de otra cosa.

“Malditos hijos de puta”

A veces esa voz maldecía, le daba risa y quedaba más loco, sus compañeros pensaban que era extraño y no se le acercaban.

El maestro entro y las clases siguieron, cuando el timbre sonó en señal que era receso, guardo sus cosas y solo tomo su dinero, salió del salón y fue a comprarse comida, no quería ser molestado y solo compro un sándwich y un lata de refresco con unas papas.

Salió al patio, el clima de ese lugar era húmedo y casi siempre estaba nublado, al menos ese día no llovería, se sentó en la banca y veía el cielo mientras trataba de hallar una respuesta sin una pregunta.

— Mira ahí tu idiota.— Esa voz la reconocía, volteo y ahí estaban tres chicos dos años mayores.

— Si, hola mi idiota – Saludo el más Grande siendo molesto para el chico de ojos Almendra.

— Ya te dije que me llamo Bill. — Respondió con fatiga, siempre lo insultaba y ya estaba harto.

- Si, es nombre idiota, como tú. - Comento uno de ellos, eran tres chicos y el más idiota de ellos había sacado el peor insulto, eso no le afectaba.

“Que original, imbécil”

Se río de ese comentario que hacia esa voz, le gustaba cuando los insultaba o lo defendía pero esa voz solo lo escuchaba el, a veces pensaba que estaba loco pero esa voz le decía que no, que él no estaba loco.

— ¿Porque llegaste tarde idiota? - El más grande de ellos, era el líder del grupo, lo levantó del suelo, agarrando su camisa y apretándola, empujándolo en el árbol y recibiendo un golpe en su cabeza por la manera tan brusco.

- F-fue... Porque me quede dormido.— Contestó con temor.

- ¿Tú le crees a este idiota?.— Le preguntó a sus amigo.

- No, yo digo que le des una lección Aaron. - Le contesto a su amigo con una sonrisa divertida pero antes de que le hiciera algo el timbre sonó, Aaron chasqueo la lengua.

— Tenemos que irnos, si llegamos tarde nos mandaran a la dirección.

— Mierda - maldijo y vio al chico asustadizo frente a él, sonrió. - Adelántense.

— Si. - Obedecieron y dejaron solo a los chicos.

— Solo lo diré una vez.— Comentó. - Mañana llegadas temprano, tu eres mi idiota y si no te veo en la entrada, te moleré a golpes ¿Entendiste?.— Amenazo, asustando a Bill.

— S-si. — Asintió frenéticamente.

— Quiero que abras la boca.

Con mucho temor Bill la abrió y sintió como Aaron besaba sus labios, no le gustaba, era brusco y sin una pizca de compasión, recorría con esa lengua escurridiza en su boca, cuando quiso dar por terminado el beso mordió su labio y el menor se quejó.

- Estas advertido. – Lo apunto con el dedo y se fue de ahí.

Bill cayó al suelo, no le gustaba que lo besara y siempre lo hacía cuando sus amigos no estaban cerca.

“Hijo de gran puta”

Sí, eso era pero él no podía hacer nada él era mayor que él y más grande a diferencia de él, que era más pequeño y delgado, se levantó del suelo y con su manga de la chaqueta se limpiaba sus labios hasta lastimárselos.

Regreso a su salón, otra vez con una falta por haber llegado tarde, se sentó en su lugar y solo presto atención a su clase.

No era tan bueno en los estudios pero se empeñaba en terminar la secundaria y trabajar después, él si quería ir a la universidad pero el quería pagarse sus estudios, no de su padre que solo le daba dinero.

Las clases concluyeron, el guardo sus cosas y fue el último en salir, todos se empujaban para llegar a la salida, prefería ahorrarse eso y esperar, cuando todos salieron, coloco su mochila en su hombro y salió del salón.

Camino hacia la salida, veía a todas partes de camino a su casa, se le ocurrían cosas cuando llegara a casa, pediría comida y se encerraría en su cuarto, tomando soda y viendo la tele hasta quedarse dormido, no era fan de los video juegos o de las redes sociales, menos salir, prefería quedarse en casa y ver sus programas favoritos.

Cuando llego a su casa, hizo todo lo que había pensado, se encerró en su cuarto y empezó a comer mientras veía la televisión, quería estudiar criminología pero le daba miedo no poder terminar su carrera, mientras trabajara estudiaría para poder pasar el examen de admisión.

“Yo sé que podrás, solo debes esforzarte”

Lo animaba esa voz, le agradecía mentalmente, no lo decía en voz alta, prefería que solo quedara en su mente, pero se había dado cuenta que esa voz se estaba haciendo más parlanchina, rio porque era verdad.

La mañana llego, la noche anterior había puesto tantas alarmas para poder levantarse temprano pero sus sueños eran pesados y no pudo despertarse, cuando fue la novena alarma de esa mañana, fue cuando abrió los ojos.

Reviso la hora 7:42 a.m. se levantó como pudo y se metió al baño todo adormilado dejando que el agua fría lo despertara de golpe, no espero a que se calentara, dejo todo eso y se bañó muy rápido, cuando salió se puso como pudo la ropa.

“Todavía hay tiempo”

¿Cómo que todavía había tiempo? Reviso su reloj y eran las 7:56 dejo de hacerle caso a esa voz, bajo las escaleras y se brincaba algunos, ni tiempo tuvo de agarrar algo de comida, tomo su mochila y corrió por las calles, vio que había trafico pero las luces de los semáforos ya estaban en verde y no avanzaban, al menos nadie estaba de mal humor y andaba tocando el claxon como loco.

Cuando llego vio que muchos chicos apenas llegaba a la escuela, pensó al menos que no era el único pero el sonido de timbre hizo que se apresurara en llegar.

Todos iban entrando al salón, reviso la hora y vio que era las 8:23 a.m. ¿Qué estaba pasando? Se preguntaba pero no había respuesta, se sentó en su lugar y el maestro entro a dar su clase normal, las clases comenzaron y fue dando su curso, cambiando de maestro cada vez que sonaba el timbre.

Cuando dio por sonar el quinto timbre del día, significaba que era receso, fue a la cafetería y compro su almuerzo, fue de camino al lugar que siempre frecuentaba pero recordó la amenaza que le había hecho Aaron, prefirió ir a otro lado.

Se fue a un pasillo, en esa zona estaban reconstruyendo los salones, “mejorándolos” cuando entro a uno de los salones a comer pero cuando iba a cerrar la puerta alguien lo aventó, cayendo al suelo, se asustó, volteo a ver quién era, una sonrisa estaba en los labios de la persona que lo había empujado.

— Así que mi idiota quería escabullirse como la cucaracha que es – Dijo Aaron burlón, se acercaba más a él y el menor retrocedía.

- Lle-llegue tarde - Tartamudeaba, le daba miedo pensar que le haría, solo sintió cuando lo levanto del suelo, lo aventó a la pared mientras lo sostenía.

— De que estas hablando, yo llegue tarde. – Le dijo y Bill se sentía aliviado pero ¿Por qué estaba enojado?. - Siempre vas al mismo lugar pero ahora tomaste otra ruta – Dijo Aaron mientras se acercaba a él.

- P-pensé que me... harías algo. - Dijo Bill con temor.

— Que bueno que elegiste este lugar. - Le susurro en su oído. - Así estaremos a solas.

Aaron tomó de los brazos y volteo con rudeza, quedando de espaldas, Bill sintió algo tocar su trasero y esta vez sí que se asustó, pensando lo peor, esas series que veía donde las personas iban solas y les hacían cosas malas, después los mataban.

— ¡N-no! Aar-on Por favor. – Pedía pero el chico no se detenía.

— ¿Qué pasa? ¿Tienes miedo?.— Dijo Aaron con burla. – Yo soy tu demonio y te hare lo que yo quiera.

Después de esas palabras todo se volvió oscuro pero por desgracia no para Bill, sino para Aaron.

La oscuridad lo había alcanzado.

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