La santa: dectetive
Hace mucho tiempo fui detective. Me asignaban trabajos como investigar redes criminales, trata de blancas y tráfico de drogas. En una de esas investigaciones fui descubierto e intentaron matarme. Afortunadamente, escapé. Me cambié de nombre y de país. Ahora estoy retirado. Con el tiempo, me acostumbré a mi nueva vida. Vivo junto a cinco amigos.
Hoy me llegó un correo electrónico:
*Hola, esperamos comunicarnos con la persona correcta.
Queremos que investigue un nuevo caso, señor Vtp65. Es urgente. La paga será muy buena, pero, por favor, manténgalo en secreto.*
Ese mensaje me dejó atónito. ¿Cómo saben quién soy?
Decidí acudir a la dirección sin contarle a nadie. Pero cuando iba a salir, uno de mis amigos me preguntó:
—Hey, ¿a dónde vas tan tarde?
—Conseguí un trabajo nocturno, ¿sabes? Necesitamos más dinero. Bueno, me voy, no quiero llegar tarde.
Respondí rápidamente; no quería entablar ninguna conversación.
Al llegar, eran prácticamente las 12:30 a. m. La dirección me llevó a un edificio desgastado: ventanas rotas, basura por todas partes y perros ladrando sin cesar. Toqué la puerta.
Escuché cómo el suelo crujía bajo unos pasos. Agarré una navaja de mi bolsillo.
Me abrió la puerta una joven.
—Hola, ¿puedes decirme qué me trae a este lugar? —me preguntó ella.
—Vtp65 —respondí rápidamente.
Me dejó pasar. Al ver el interior, noté que estaba mucho más limpio que afuera, lo cual me sorprendió.
—¿Ya llegó Vtp65? —dijo un hombre mientras bajaba las escaleras lentamente.
—Sí, señor —respondió la chica.
—Es un gusto. Tengo algo para usted, señor... Vtp —dijo el hombre mientras me entregaba unos documentos.
Agarré uno cuyo título era: “La Santa”. Empecé a leerlo.