1. Familia Luthor
Lionel Luthor, un hombre cuya mirada podría helar el más cálido de los corazones, había sido una leyenda entre los asesinos mucho antes de unir su destino al de Lillian, una mujer fría y sin escrúpulos. Cuando Lillian quedó encinta de Alexander, su primogénito, Lionel consideró la posibilidad de retirarse y vivir una vida tranquila junto a su familia, pero el llamado de la sangre era demasiado fuerte. Lillian, convenció a Lionel de continuar moldeando a su hijo en la imagen de la familia. Así creando una entidad de asesinos de élite dentro de la familia Luthor.
Alexander, a la tierna edad de siete años, fue iniciado en esta oscura herencia por su padre. Comenzó sus prácticas asesinas con pequeñas presas, como ardillas, pero conforme crecía, sus objetivos se volvían más grandes y peligrosos. Con el tiempo, dominó habilidades como el lanzamiento de cuchillos y el manejo de armas de fuego, convirtiéndose en un letal instrumento del caos. A los 16 años, la organización de asesinos lo bautizó como Lex, otorgándole un nombre clave para sus operaciones.
Mientras tanto, la hija menor, Lena, fue sometida al mismo riguroso entrenamiento. Lionel puso a prueba la sensibilidad de ambos hijos, convencido de que la empatía era un defecto en el mundo de la familia Luthor. Aunque Lena demostró ser excepcionalmente talentosa en su trabajo, incluso superando a su hermano, no existía rivalidad entre los dos. Más bien, compartían un vínculo único y comprensivo.
En esta ocasión, Lena enfrentará un dilema moral al recibir la orden de eliminar a su próximo objetivo, Kara Danvers.
[...]
POV de Lena
—Se dirige al norte— escuché la voz de Lex a través del comunicador.
—No lo veo— respondí mientras observaba a través de la mira de mi rifle.
—Espera, se detuvo. Está hablando con una mujer.
—¿Ya?
—Listo. Va en camino— anunció Lex.
—Bien, ya lo tengo— declaré, tomando una respiración profunda.
—Asegúrate de que sea un tiro limpio— instruyó Lex.
—Sabes que siempre lo son— sonreí al presionar el gatillo. Al ver a mi objetivo caer al suelo me dispuse a desmontar cuidadosamente el rifle para guardarlo en su estuche.
—Muy bien, directo en la cabeza. Qué lástima que no terminara su última copa de champagne— comentó Lex.
—Podrías habértela bebido tú, hermanito— respondí con calma, antes de cortar la comunicación.
Bajé las escaleras del edificio con tranquilidad. La policía nunca nos había capturado, ni siquiera cuando estábamos frente a ellos. No sé si eran incompetentes o simplemente se hacían los ciegos. Saqué las llaves del auto, abrí el maletero y guardé el estuche del rifle dentro. Vi a Lex aparecer por la esquina, así que le lancé las llaves y me acomodé en el asiento del copiloto.
—Habíamos acordado que tú conducirías esta vez— señaló Lex mientras arrancaba el motor.
—Avanza y sube. Estoy cansada— respondí, abrochándome el cinturón de seguridad, mientras Lex gruñía entre dientes y comenzaba a conducir.
Después de completar la misión, era hora de reunirse con los jefes para recibir el pago. A veces, las reuniones eran presenciales, pero otras, como esta, recibíamos instrucciones por teléfono. Si era una misión individual, nos indicaban en qué banco podíamos encontrar el dinero, sin levantar sospechas.
—¿Todo listo? — la voz de nuestro jefe hizo eco en el salón.
—Jesse Rath, científico con influencia estatal, eliminado de un tiro en la cabeza por la inigualable Kieran— anunció Lex, refiriéndose a David Harewood, conocido en nuestro círculo como el Marciano. Mientras Lex continuaba con la conversación, yo me sentaba en silencio, esperando a que terminara.
—Uno menos— murmuró David mientras hojeaba papeles en su escritorio.
—¿Qué está buscando, señor? — preguntó Lex.
—Ya que has terminado con él. Aquí tienes. Te irás de nuevo de viaje— dijo David, entregándome varios pasaportes.
—Elige el que quieras, no importa. Y aquí está el dinero. Tienes algo extra para alquilar una casa mientras te envío la información sobre tu próximo objetivo— explicó.
—¿Y a dónde vamos, señor? — preguntó Lex de nuevo.
—Estaba hablando solo con Kieran. Tú, Lex, no estarás oficialmente involucrado en esta misión. Esta vez solo servirás de mensajero. ¿De acuerdo?— aclaró David.
—Entendido, señor— respondió Lex, bajando la cabeza y retrocediendo unos pasos.
—Entonces, Kieran, esta vez tendrás dos objetivos. Del primero tienes la información aquí, el segundo te lo enviaré después. Al finalizar el primero puedes tomarte unos días libres hasta que te envíe la información. Disfrútalos mientras puedas— concluyó David.
—Sí, señor— respondí, asintiendo en señal de entendimiento.
Después de la reunión con el jefe, Lex y yo salimos del edificio y nos dirigimos hacia el auto. La noche caía sobre la ciudad y las luces parpadeantes de los rascacielos pintaban destellos en el horizonte. La conversación entre nosotros era escasa, aunque siempre Lex intentaba decir una que otra cosa. Habíamos compartido demasiadas experiencias juntos como para necesitar palabras constantes, pero a él siempre le sobraban. Una vez dentro del auto, Lex encendió el motor y nos sumergimos en el tráfico nocturno de la ciudad. El sonido de los bocinazos y las luces de neón bailaban en los edificios creando una atmósfera surrealista.
—Vaya, no puedo creer que me hayan degradado a mensajero— rechistó.
—Papá estaría orgulloso— contesté burlándome.
—Si, jaja. Muy graciosa. ¿Te irás ahora o en la mañana?
—En la mañana. Quiero descansar un poco.
—Vale.
Mientras que Lex conducía me sumergí en mis pensamientos. David no había dicho nada sobre el siguiente objetivo y sentía la curiosidad de quien podría ser el próximo en la lista de la muerte. Había matado a tantos que no sabía si esa lista podría tener fin.