Capítulo 1
Soonyoung nunca creyó demasiado en el destino.
Claro, la idea era romántica. Todos nacían con la inicial de su alma gemela marcada en el dorso de su mano dominante, una letra pálida que parecía casi un tatuaje desvanecido, apenas perceptible contra la piel. Esa marca permanecía inerte durante años, sin cambiar, hasta que encontraban a su otra mitad. En el momento exacto en que sus ojos se cruzaban con la persona destinada, la marca cobraba vida, iluminándose con un resplandor que todos describían como cálido y reconfortante, como si algo dentro de ellos finalmente encajara en su lugar. Decían que se sentía como un latido extendiéndose por todo el cuerpo, un susurro silencioso del universo asegurándoles que estaban donde debían estar. Era la prueba irrefutable de que cada persona tenía un hilo invisible conectándolos con quien estaba hecho para ellos, un lazo inquebrantable que la vida misma había tejido desde el inicio.
Por lo mismo, él no era la excepción.
Por eso, la primera vez que vio a Jihoon, ni siquiera miró su propia marca. No lo necesitaba. No había un destello repentino, ni un calor recorriéndole la piel, pero nada de eso importaba. Porque en el momento en que sus ojos se posaron en él, sintió algo distinto, algo que no tenía nada que ver con la luz de su marca y todo que ver con la manera en que su mundo pareció detenerse por un instante.
Quizás era aquella forma en que sus dedos tamborileaban sobre la mesa, siguiendo un ritmo imperceptible para todos menos para él, o quizás era la manera en que arrugaba el ceño cuando escribía, como si cada palabra que trazaba en el papel requiriera de toda su atención, como si estuviera buscando la manera exacta de capturar un pensamiento antes de que se desvaneciera. Su concentración era tan intensa que parecía que el mundo podría derrumbarse a su alrededor y él ni siquiera pestañearía, atrapado en una realidad donde solo existían él y las notas invisibles que parecían danzar en su mente.
Soonyoung había visto a muchas personas, pero nunca a alguien que pareciera tan ajeno a todo lo que lo rodeaba, lo que le causaba curiosidad.
—Tu café se va a enfriar.
Jihoon levantó la vista, sorprendido y con el ceño fruncido, como si acabara de ser arrancado de un mundo completamente distinto. Sus ojos vagaron por el lugar, desorientados por un breve segundo, antes de posarse en Soonyoung. Lo observó sin decir nada, pestañeando lentamente, como si su mente aún estuviera procesando su entorno. Luego, su mirada descendió hasta la taza frente a él, intacta. Hizo una mueca ligera, ladeando apenas los labios en un gesto de reconocimiento tardío, como si hasta ese momento recordara que había pedido algo para beber.
—Ah.
Fue todo lo que dijo. No hubo un atisbo de sonrisa, ni siquiera una inflexión en su tono que indicara algún tipo de emoción. Solo lo miró con una mezcla de indiferencia y ligera exasperación, como si Soonyoung fuera una distracción no solicitada en un momento que consideraba valioso. Sus ojos, oscuros y directos, transmitían algo difícil de descifrar, un muro invisible que parecía decirle que no esperara más que aquella breve respuesta.
Soonyoung sintió una punzada en el pecho. No porque fuera amor a primera vista ni nada de eso, sino porque algo en la mirada de Jihoon lo desafiaba, lo empujaba a mirar más allá de la superficie. Era una mirada impenetrable, calculadora, que ocultaba más de lo que dejaba ver. Como si, en lo más profundo de sus ojos oscuros, hubiera un enigma esperando a ser resuelto. Como si le dijera sin palabras que no iba a ser fácil de leer, que tendría que esforzarse para conocerlo de verdad. Y tal vez, solo tal vez, eso era lo que más le intrigaba.
Le gustó.
Señaló el cuaderno con la cabeza.
—¿Compones?
Jihoon arqueó una ceja, como si no esperara la pregunta. Miró su cuaderno, luego a él, y finalmente dejó escapar un suspiro.
—Algo así.
No era exactamente una invitación a seguir hablando, pero Soonyoung nunca fue de los que se rendían fácilmente. Señaló la silla frente a él con una sonrisa amplia.
—¿Me puedo sentar?
Jihoon lo miró por un instante, con una expresión que oscilaba entre la evaluación y la resignación, como si estuviera decidiendo si la presencia de Soonyoung valía la interrupción de su momento de concentración. Su mirada era aguda, escrutadora, cargada de una paciencia contenida que dejaba claro que no estaba acostumbrado a las irrupciones. Sus ojos se posaron en él con una intensidad que habría hecho retroceder a cualquiera, pero Soonyoung sostuvo la mirada, intrigado. Finalmente, Jihoon volvió a suspirar, un gesto casi imperceptible que parecía una rendición silenciosa, y encogió los hombros con desgano, como si decidiera que lidiar con él era menos problemático que discutirlo.
Soonyoung lo tomó como un sí.
Soonyoung, viendo cómo la conversación caía en una especie de pausa incómoda, decidió dar un giro ligero a la charla. No quería dejar que el tema del destino los envolviera demasiado, así que se inclinó hacia adelante, casi con una sonrisa traviesa en el rostro.
—Entonces... ¿cuál es tu nombre? —preguntó con un tono casual, como si acabara de ocurrírsele.
Jihoon lo miró, un poco sorprendido por la pregunta directa. Su expresión se suavizó ligeramente, aunque no estaba del todo acostumbrado a que alguien le preguntara algo tan sencillo con esa curiosidad tan abierta.
— Lee Jihoon —respondió, con un simple encogimiento de hombros, como si no tuviera mucho más que decir al respecto.
Soonyoung, sin poder evitarlo, sonrió de lado al escuchar el nombre. Algo en el sonido de la respuesta le parecía familiar, pero no sabía por qué. Decidió no detenerse a pensar demasiado en eso y siguió con la charla, manteniendo el aire ligero.
—Jihoon... —repetía, como si se estuviera acostumbrando al nombre. —Es un buen nombre. Tiene algo... intenso, ¿no?
Jihoon levantó una ceja, claramente intrigado por la forma en que Soonyoung pronunciaba su nombre.
—¿Intenso? —preguntó, ahora genuinamente curioso. —Nunca lo había escuchado descrito de esa forma.
Soonyoung se encogió de hombros, sin perder la sonrisa.
—Bueno, es como un nombre que tiene peso. —Hizo una pausa, como si estuviera pensando en las palabras adecuadas. —No sé, tiene algo que suena como si pudiera... marcar algo importante. No sé si tiene sentido.
Jihoon lo miró por un momento, como si estuviera evaluando la respuesta. Parecía pensativo, pero no molesto, solo curioso.
—Nunca había pensado en eso. —Finalmente, respondió, como si esas palabras tuvieran más importancia de lo que realmente parecían.
¿Qué significa “Jihoon”?—preguntó Soonyoung, sonriendo de manera un poco más juguetona.
Jihoon lo miró, un tanto desconcertado por la pregunta. Había algo en la forma en que Soonyoung hablaba que lo hacía sentirse menos tenso, como si, de alguna manera, no necesitara esconder nada.
Soonyoung, viendo la expresión de Jihoon, se rió suavemente.
—Ya sé, suena raro que te pregunte, ¿no? Pero soy malo con las primeras impresiones. —Se disculpó, aunque no parecía del todo arrepentido. —Dime, ¿qué significa tu nombre?
Jihoon lo observó durante un segundo más, como si sopesara si debía darle una respuesta directa o no, pero luego, al final, simplemente se encogió de hombros.
—Significa algo como “sabiduría”, o “sabio”. —Lo dijo sin mucha emoción, como si estuviera acostumbrado a hablar de ello. —¿Y el tuyo?
Soonyoung lo miró con interés, tomando su turno para responder.
—El mío es Kwon Soonyoung, significa “joven” o “nuevo”. Es curioso, ¿verdad? —respondió con una sonrisa, disfrutando de la ligera revelación. —Algo como si estuviera en constante renovación. O al menos, eso dicen.
El tono de la conversación ahora había cambiado, pero en lugar de volverse pesado, se había vuelto algo más íntimo, una curiosidad compartida que hacía que ambos se sintieran un poco más conectados de lo que habrían esperado.
Jihoon, sin embargo, no pudo evitar una ligera sonrisa, que rápidamente trató de ocultar, pero que no pudo evitar del todo.
Soonyoung lo tomó como un sí.
Es ahí donde todo comenzó.
Al día siguiente, Soonyoung no pudo evitar sonreír al ver a Jihoon, como si lo hubiera estado esperando sin saberlo. El sol de la tarde iluminaba suavemente el patio central de la universidad, pero él solo tenía ojos para Jihoon. Estaba allí, como una figura en medio del bullicio, completamente ajeno al caos que lo rodeaba. Estaba sentado en una esquina, solo, con su cuaderno abierto frente a él, totalmente absorto en lo que escribía. La brisa jugaba con sus cabellos oscuros, y Soonyoung no pudo evitar notar cómo su concentración lo envolvía, como una burbuja que lo aislaba de todo lo demás.
A pesar del ajetreo alrededor, Jihoon parecía estar en un mundo completamente diferente, uno en el que no existían los ruidos del campus ni las miradas curiosas. Soonyoung pensó que había algo increíblemente atractivo en esa manera tan ajena a todo, tan... profundo. Era como si cada gesto de Jihoon, cada movimiento con el lápiz, estuviera hecho con una precisión que solo él entendía. Y, sin embargo, era tan sencillo. El hecho de que alguien tan distante pudiera, al mismo tiempo, parecer tan cercano a sus propios pensamientos le despertó una curiosidad casi insostenible.
Soonyoung no pensó mucho antes de caminar hacia él. No era como si estuviera planeando nada; simplemente lo hizo. No pensó en cómo podría sentirse Jihoon al verlo acercarse, ni en si era adecuado o no interrumpirlo. No lo pensó porque en ese momento todo lo que quería era estar allí, en ese espacio que, por alguna razón, sentía que solo él podía compartir con Jihoon.
—¿Sabías que el café se enfría muy rápido si lo dejas olvidado? —comentó Soonyoung, con una sonrisa de esos que no podían esconder su ánimo.
Jihoon lo miró con el ceño fruncido, como si todavía estuviera tratando de ajustar sus pensamientos a la presencia de Soonyoung. Su mirada pasó brevemente por la taza de café, como si fuera una distracción inesperada en medio de su proceso creativo.
—Lo sé —respondió Jihoon con un tono plano, y un leve movimiento de cabeza. Soonyoung se dio cuenta de que su tono no denotaba interés, pero sí algo como un reconocimiento en su respuesta. Aun así, no era la cálida conversación que había esperado.
Soonyoung se acomodó mejor en la silla, sintiendo que había que decir algo más para aligerar el ambiente. Intentó encontrar algo que los conectara un poco más allá de lo superficial.
—¿Qué estás escribiendo? —preguntó, señalando el cuaderno. Esta vez su voz fue más suave, no era solo curiosidad, sino un intento genuino de adentrarse en su mundo.
Jihoon levantó la vista de su cuaderno, como si la pregunta lo sorprendiera. Su expresión seguía siendo la misma, casi impenetrable, pero hubo algo en la forma en que sus ojos brillaron ligeramente que hizo que Soonyoung se sintiera un poco más cerca de descubrirlo.
—Nada importante —respondió Jihoon, encogiéndose de hombros. La respuesta fue directa y corta, pero Soonyoung podía notar la sutil inseguridad en su tono, algo que no esperaba de alguien que parecía tan controlado.
Soonyoung, decidido a no rendirse, trató de darle un giro a la conversación. Se pasó una mano por el cabello, pensando en algo que decir.
—Yo estudio danza —dijo con una sonrisa algo torcida—. De hecho, he estado pensando en cómo algunas composiciones podrían inspirar el movimiento. Quizás, si alguna vez te atreves, podríamos probar a combinar tu música con mi danza. Sería interesante ver cómo se entrelazan.
Esta vez, Jihoon pareció pensarlo por un momento, observando a Soonyoung de forma más detenida, como si estuviera evaluando no solo lo que había dicho, sino quién lo decía.
—Nunca lo había considerado —murmuró Jihoon, y Soonyoung no pudo evitar sentir que esas palabras le daban algo de valor. Era como si, por un momento, Jihoon estuviera dispuesto a explorar algo más allá de su propio espacio.
—¿Qué tal si algún día lo probamos? —Soonyoung insistió, su sonrisa se amplió de nuevo. Era un desafío lanzado de forma casual, pero con una curiosidad genuina que no podía ocultar.
Jihoon lo miró un poco más, y Soonyoung pensó que finalmente lo había hecho reír o, al menos, había alcanzado algo dentro de él. Sin embargo, Jihoon dejó escapar un suspiro, como si estuviera decidiendo si valía la pena hablar más de eso.
—Tal vez —respondió, dejando claro que no estaba cerrando la puerta, pero tampoco la abría completamente.
Soonyoung, al escuchar esa respuesta, no pudo evitar sentir una especie de satisfacción silenciosa. Aunque no había una respuesta definitiva, sentía que algo había cambiado en la atmósfera entre ellos. Tal vez no fuera amor a primera vista, pero era un primer paso, algo que lo conectaba con Jihoon de una forma que no podía comprender completamente, pero que lo atraía como nada más lo había hecho antes.
Soonyoung sonrió, observando cómo Jihoon finalmente dejaba su cuaderno a un lado, al parecer dispuesto a participar en la conversación. A medida que el silencio se instalaba entre ellos, Soonyoung decidió continuar, sabiendo que no quería que el momento cayera en lo incómodo. En cambio, pensó en algo que podía hacer que se sintiera menos forzado.
—¿Sabías que...? —empezó, buscando un tema ligero—, la gente suele ser muy curiosa con las marcas de almas gemelas. Quiero decir, en general te miran la mano y preguntan por la inicial.
Jihoon lo miró de reojo, no del todo sorprendido pero tampoco indiferente.
—¿A qué te refieres? —preguntó, levantando una ceja. Su tono era escéptico, pero no frío, lo cual Soonyoung interpretó como un intento de seguir la conversación.
Soonyoung, un poco juguetón, dejó escapar una risa baja, inclinándose hacia adelante.
—Bueno, es que siempre he oído historias sobre cómo las marcas en la mano se iluminan cuando encuentras a tu alma gemela. El nombre de esa persona aparece y... bueno, al parecer es una gran experiencia, algo místico, ¿no?
Jihoon frunció el ceño ligeramente, observando la mano de Soonyoung sin mucho interés.
—¿Te refieres a esas iniciales? —preguntó, casi como si estuviera recordando algo que no le importaba demasiado.
Soonyoung asintió, su curiosidad ahora más viva que nunca. Sabía que Jihoon no era precisamente una persona fácil de leer, pero este tema... este tema podía sacudir algo en él.
—Sí, exactamente. —Su voz se suavizó un poco, como si estuviera compartiendo algo personal. —En mi caso, tengo una ‘J’. No sé, es raro. Nunca he visto la mía iluminarse, así que no tengo mucha idea de cómo se siente, pero... ¿y tú?
Jihoon lo miró, pensativo, como si la pregunta lo hubiera sorprendido. Entonces, lentamente, miró su propia mano. La marca estaba allí, como siempre había estado, sin brillo, sin vida.
—Yo... no tengo una ‘S’ que se ilumine. —La respuesta fue directa, casi evasiva. Pero el hecho de que lo mencionara hizo que Soonyoung lo mirara con más atención.
Soonyoung se quedó en silencio por un momento, el peso de esas palabras cayendo lentamente entre ellos. No podía negar que una parte de él esperaba, tal vez, que Jihoon dijera algo diferente. El hecho de que su marca nunca se iluminara lo dejó con una sensación agridulce, como si la vida hubiera decidido hacer un truco al destino que todos mencionaban sin darle importancia.
—Eso es... raro —comentó Soonyoung, un poco más bajo, sin saber si estaba tocando un tema delicado o si simplemente hablaba por hablar.
Jihoon suspiró, como si el tema ya le fuera indiferente. Se pasó una mano por el cabello, despeinándose un poco mientras volvía a mirar a Soonyoung.
—La gente suele hacer un gran drama con esas cosas. Es solo una marca. —Lo dijo con una ligereza que no coincidía con la ligera tristeza que se colaba en su tono.
Soonyoung lo observó, buscando alguna pista en su rostro que lo guiara. No quería forzar más, pero había algo ahí. Algo más que no podía ser ignorado.
—¿Crees que el destino se equivoca? —preguntó Soonyoung, sabiendo que era una pregunta demasiado profunda para algo tan casual, pero sintiendo que era la única forma de acercarse más a lo que realmente pensaba Jihoon.
Jihoon lo miró fijamente por un momento, como si la pregunta le pesara un poco más de lo esperado. Finalmente, respondió con una sonrisa pequeña, que, por un instante, fue todo lo que Soonyoung necesitaba para entender que las respuestas de Jihoon nunca serían fáciles, pero tal vez eso era lo que más lo atraía.
—No sé, tal vez. A veces pienso que el destino no es más que una excusa para justificar lo que no entendemos —dijo Jihoon, y aunque sus palabras eran simples, Soonyoung pudo escuchar la complejidad que se ocultaba detrás de ellas.
Soonyoung asintió, pensativo. Esa respuesta lo dejó algo pensativo, porque, en cierta forma, él mismo nunca había creído demasiado en el destino. Pero no podía evitar preguntarse si, tal vez, con Jihoon, la historia sería diferente.
—Tal vez tengamos que descubrirlo por nosotros mismos —respondió con una leve sonrisa, buscando suavizar la conversación.








