Con las alas rotas

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Summary

Carlos,un joven de un pequeño pueblo, llega a Tijuana buscando libertad y una nueva vida. En la ciudad, donde la música y las oportunidades lo rodean, su camino se cruza con el de Joe Vega, un chico musical y rebelde, lleno de misterio y emociones a flor de piel. Mientras Carlos se adentra en el mundo de las redes sociales y la creación de contenido, su relación con Joe lo llevará a descubrir tanto el amor como las cicatrices que ambos guardan. “Con las alas rotas” es una historia de pasión, música y autodescubrimiento, donde los sueños y los miedos se entrelazan en una ciudad que nunca deja de transformarse.

Status
Ongoing
Chapters
9
Rating
n/a
Age Rating
18+

Zero

El autobús avanzaba lentamente por la carretera serpenteante, dejando atrás campos secos y cielos despejados que parecían extenderse hasta el infinito. Carlos tenía la frente apoyada contra el vidrio de la ventana, sintiendo el frío del cristal mientras sus ojos seguían las sombras de los postes de luz al pasar. Cada kilómetro lo alejaba de Tlaxco, y eso era suficiente.

—¿Estás nervioso? —preguntó Tere, inclinándose hacia él con una sonrisa cómplice.

Carlos apartó la mirada de la ventana y se encogió de hombros. —Un poco. No sé qué esperar.

Tere soltó una risa ligera. —Claro que estás nervioso. Es la primera vez que sales de tu burbuja. Pero créeme, Tijuana te va a encantar.

Él intentó sonreír, aunque las palabras de Tere no lograban calmarlo del todo. Dejar Tlaxco no había sido fácil, pero quedarse ya no era opción. El último año había sido una mezcla de lucha y frustración, trabajando en lo que podía para ahorrar lo suficiente. No lo había logrado del todo, pero entre Isma, Chucho y Tere, lograron convencerlo de que debía irse con ellos de una vez.

—¿Crees que Isma esté en casa cuando lleguemos? —preguntó Carlos tras un rato de silencio, desviando la mirada hacia Tere.

—Obvio. Aunque seguro anda corriendo con cosas del bar. Si llegamos y está trabajando, te toca esperarlo —respondió con tono burlón, aunque sus ojos brillaban con diversión.

Carlos se encogió de hombros. Sabía que Isma tenía una agenda complicada, pero aun así estaba ansioso por verlo. Después de todo, aunque la relación a distancia había funcionado, nada se comparaba con estar juntos de nuevo.

—De todas formas, gracias por dejarme quedarme con ustedes —dijo Carlos en voz baja, más para sí mismo que para Tere.

Tere puso los ojos en blanco. —Ay, cállate. Ya te dije que somos roomies, y punto. No te estamos haciendo ningún favor.

Carlos soltó una risa suave, pero el nudo en su estómago no desaparecía. La realidad era que aún no tenía claro cómo iba a sostenerse en la ciudad.

—Oye, pero ya que llegues tenemos que celebrar —dijo Tere de pronto, inclinándose un poco más hacia él.

—¿Celebrar qué?

—¡Pues tu llegada, obvio! Hemos estado esperando este momento todo el año. Yo estoy orgullosa de ti, ¿eh? Pensé que te ibas a rajar.

—¿Y por qué pensaste eso?

—Porque eres Carlos, y a veces pareces... no sé, como que dejas que las cosas te pasen —dijo ella sin malicia—. Pero mira, lo lograste.

Carlos rio con nerviosismo. Apenas estaba acostumbrándose a la idea de estar allí.

—Va, pero apenas me instale, ¿eh? Este viaje ha sido eterno —respondió, encogiéndose de hombros.

—Claro, claro, lo que tú digas. Pero no te me pongas muy cómodo. Tijuana tiene mucho que ofrecer, y yo pienso que lo disfrutes al máximo —dijo Tere con determinación.

—¿Y qué tal la comida? ¿Es tan buena como dicen? —preguntó Carlos después de un rato.

Tere se llevó una mano al pecho, fingiendo indignación. —¿Que si es buena? ¡Es la mejor del mundo! Los tacos de pescado, las tostadas de mariscos... no sé cómo has sobrevivido en Tlaxco.

Carlos se rió, aunque sabía que lo decía en serio. Tijuana sonaba cada vez más emocionante, pero lo que realmente le importaba era estar con Isma.

Mientras el autobús se detenía en una estación para recoger más pasajeros, Carlos revisó su teléfono. Había un mensaje de Isma que decía: "¿Cuánto falta? Me muero por abrazarte."

Carlos sonrió y respondió rápidamente: "Ya casi. Te veo pronto."

Tere lo observó de reojo. —¿Era Isma?

Carlos asintió, sintiendo calor en las mejillas.

—Qué lindo. Aunque no se si voy a poder con toda su miel estando los dos en la misma habitacion|—dijo Tere con una risa ligera.

Carlos evitó su mirada, fingiendo interés en la vista por la ventana. Aunque todavía tenía pena de no poder aportar tanto como los demás, estaba decidido a demostrar que merecía estar allí con ellos.

El autobús arrancó de nuevo, y las luces de la ciudad comenzaron a brillar en la distancia. Carlos sintió cómo la mezcla de miedo y esperanza en su pecho crecía con cada kilómetro. Tijuana lo esperaba, con todo lo bueno y lo complicado que pudiera traer.