UNO
⸺¿Puedo ayudarla?
La delgada figura vestida con un abrigo hasta los pies no pareció oir al guardia de seguridad.
El joven, recién incorporado a la empresa Jeon, se aclaró la garganta.
⸺Perdone, señorita. ¡Señorita! ⸺la llamó, levantando la voz.
En ese momento la diminuta figura se detuvo en seco. Cuando se volvió, la hermosa melena pelirroja rozó su pálida, su casi hermosa cara.
⸺Señora ⸺lo corrigió ella.
Danielle respiró profundamente. No podía culpar al pobre guardia de seguridad por no conocer su estatus marital cuando su propio marido lo olvidaba cuando le resultaba conveniente y cada día parecía convenirle más a menudo, pensó con tristeza.
⸺Señora, necesito ver su identificación.
⸺Soy la señora Jeon ⸺dijo Danielle. Pero eso no pareció impresionar al guardia⸺. La esposa de Jeon Jungkook.
«Tu jefe», le habría gustado añadir. El genio, como lo llamaban en las revistas de economía; un hombre que, en diez años, había convertido aquella pequeña empresa de informática en una multinacional.
⸺Voy a ver a mi marido. No se preocupe, está esperándome... ⸺siguió diciendo entonces. Era una mentira pero pensaba que tenía derecho a mentir, dadas las circunstancias.
¡Y las circunstancias eran que su marido era un mentiroso y un falso!
La expresión del joven guardia de seguridad se endureció.
⸺Tendrá que inventarse algo mejor. El señor Jeon está arriba, pero la señora Jeon está con él... lleva toda la noche con él ⸺dijo, con aire de triunfo.
Otra vez la misma historia, pensó Danielle, desesperada.
Su marido había olvidado que iban a cenar juntos para celebrar su tercer aniversario, pero estaba tan eufórica que hubiera podido perdonarle casi todo... casi todo.
En los tres años de convivencia se habÍa acostumbrado al inusual concepto del tiempo que tenía Jungkook y, aunque llegaba tarde, consiguió mantener una sonrisa en los labios, anticipando su expresión de alegría cuando le diera la noticia. Pero tres horas después, cuando la cena que había preparado con todo su amor estaba helada, el rencor se clavó en su corazón como un cuchillo.
Danielle había llamado a su despacho, pero no contestó Jungkook. Contestó Haneul, su ex mujer. Y su refinado tono de voz convirtió el rencor en auténtica cólera.
⸺Lo siento, pero debo pedirle que se marche ⸺anunció el guardia de seguridad, interrumpiendo sus pensamientos.
⸺Señora Jeon... ¿cómo está?
Al volverse, Danielle vio otra figura uniformada. Afortunadamente, era alguien conocido.
⸺Muy bien, Alec. Iba a subir al despacho de mi marido ⸺suspiró, ante la sorprendida mirada del joven guardia⸺. Le he traído algo de comer ⸺añadió, mostrando una bolsa donde había guardado los restos de la cena que nunca iba a celebrarse.
⸺Ah, muy bien ⸺sonrió Alec, pulsando el botón del ascensor⸺. Buen provecho.
Danielle respiró profundamente, preparándose mentalmente para lo que iba a encontrar en el despacho.
Y había hecho bien.
Porque sentados en el sofá, Jungkook y su ex mujer, Haneul, estaban brindando con champán. No la oyeron entrar, tan embelesados estaban el uno con el otro.
⸺Feliz aniversario, cariño ⸺dijo ella entonces, vaciando el contenido de la bolsa encima de su marido.








