1ª PARTE
M: “¡No lo entiendo!... Después de todos estos años rescatándola, ¿ella aún no quiere que sea su novio?”
Mario tiró su característica gorra roja encima de una pila de su ropa sucia que tenía en una esquina, se desabrochó su overol y se tiró boca abajo sobre su cama. No era en lo absoluto su mejor día, pues tras los eventos de Super Mario Odyssey muchos se morían de ganas de ver cómo su ship se haría realidad. Pero Peach no estaba tan ilusionada.
La princesa del Reino Champiñón siempre estaba feliz de que su héroe viniese a rescatarla, pero con todos sus quehaceres como princesa no tenía tiempo para centrarse en una relación amorosa. Además, aunque ella quisiera, Mario no era descendiente de ninguna familia real, y por lo tanto nunca podría casarse con ella. Pero a pesar de esa regla Mario se aferraba a sus esperanzas…. hasta ahora.
Tras muchos años, Mario trataba de convencer a Peach para que se casase con él, a pesar de las reglas y sus deberes, pero incluso con todas sus súplicas Peach nunca le haría caso.
La respiración de Mario se hizo más pesada y las lágrimas comenzaron a salir de sus ojos. Se echó su sudado cabello para atrás mientras dejaba que la brisa que entraba por su ventana le refrescase. Sabía que esta era la última vez que lo intentaría y se prometió a sí mismo que iba a olvidarse de ella para siempre. Mario sentía como sus párpados le pesaban y que se iba a quedar dormido, pero entonces escuchó cómo alguien abría la puerta principal de su casa.
L: “¡Bro, estoy en casa!” Luigi gritó mientras cerraba la puerta detrás de él con el pie. Mario no tenía ganas de ir a recibir a Luigi, solo quería que le dejasen a solas. El pequeño se acercó a la habitación del mayor mientras tarareaba. “Bro, he ido al mercado y he encontrado…” Al abrir la puerta de la habitación su sonrisa desapareció al ver a Mario desde el marco de la puerta. “¡H-hey! ¿P-por qué estás tan deprimido Mario?”
Mario se puso de pie tratando de imitar la pose de Luigi, aún con sus ojos llorosos. Luigi sabía que algo malo le estaba pasando, ya que su hermano mayor no reaccionaba así y siempre era al revés. Él era el que siempre buscaba la comodidad en Mario, pero hoy era diferente.
M: Podía sentir los ojos de su hermano pequeño mirándole fijamente al alma y buscando el consolarlo. “Luigi… yo… en verdad aprecio que trates de ayudarme, pero… este es mi problema…” Miró al suelo y Luigi dio un paso acercándosele más.
L: No podía soportar ver a su hermano mayor así de destrozado. “E-está bien, bro… Tus problemas son también mis problemas, y tú siempre me ayudas cuando lo necesito. ¿Por qué no puedo hacer yo lo mismo por ti?” Se acercó y se agachó para verle su rostro, el cual estaba empapado de sus lágrimas. “¿Puedo?” Preguntó con un tono reconfortante.
M: Dejó de llorar y sonrió débilmente. “O-ok.”
L: Le sonrió también y se puso de pie. “Vamos, voy a preparar un té que compré en el mercado. Estoy seguro de que te hará sentir mejor.” Ya en la cocina hirvió agua y una vez calentada la vertió en una taza y sumergió en ésta una bolsita del té añadiéndole una cucharadita de miel y unas gotas de limón. Agarró la taza y se la pasó a Mario. “Aquí tienes, big bro. Este té proviene del zumo extraído de las cerezas, y para que tenga un mejor sabor, le pagué amablemente a la Abeja Reina (*Nota de la autora: creo que se refiere a la de Super Mario Galaxy.*) cuando la visité en su reino y ella me dio un poco de miel. También le puse un poco de limón para darle un toque ácido. Espero que te guste.” Mario agarró la taza y pudo oler el dulce aroma a cerezas mientras Luigi tomaba otra taza, tomó asiento frente a Mario y dio un sorbo a su taza. “E-entonces…” Dejó su taza en la mesa donde ellos dos comían. “¿Qué es lo que le está tirando a mi hermano mayor de su overol?” Mario soltó una pequeña risa por la broma del pequeño. (*Nota de la autora: lo traduje tal y cómo venía en la versión original.*) A ambos les encantaban los chistes y los juegos de palabras y se reían con éstos.
M: Dejó su té en la mesa tal y cómo Luigi hizo con el suyo. “Bueno… se trata de Peach…”
L: “No me lo digas. Te rechazó de nuevo, ¿verdad?” Cruzó sus brazos y piernas. Mario le miró inseguro y avergonzado. “No hace falta que me lo digas, tu cara lo dice todo.” Tomó otro sorbo. “Yo… entiendo por lo que estás pasando, yo también lo he vivido. Daisy nunca estuvo realmente interesada en los chicos, solo en los deportes, pero no puedo culparla. No digo que Peach sea como Daisy, pero las dos tienen mejores cosas que hacer: Peach se toma muy enserio su trabajo como princesa, cuidar de millones de Toads no es una tarea fácil y tú lo sabes. Peach solo quiere lo mejor para sus habitantes, es todo. Solo debes entenderlo.” Las palabras de Luigi fueron un golpe bajo para Mario, pero había algo que lo estaba molestando. “Dime algo, Mario, y quiero que seas honesto conmigo… ¿Qué es lo que te hace sentirte tan apegado a ella?” Esa pregunta lo golpeó.
Mario rebuscó en su mente el por qué ese deseo por Peach: ¿Era su inteligencia? ¿Su hermosa sonrisa? ¿Sus cálidos abrazos? ¿Su amabilidad?.... Tal vez era algo de lo que él se avergonzaba de quererlo, ya que así le haría parecer un pervertido. Quizás… ¿su cuerpo?
Su mente se quedó en blanco y sentía que se ahogaba al hablar mientras Luigi le veía luchando por articular palabras.
L: Tomó un último sorbo de su té. “¿Es… por su cuerpo?” El corazón de Mario se detuvo ante la deducción de Luigi y éste último suspiró. “Tal vez tienes todas tus esperanzas puestas en todos esos sentimientos sexuales y eróticos por ella que no te dejan disfrutarla como quieres que sea.” Mario sentía una mirada llena de vergüenza por parte de Luigi. Se avergonzaba de tener esos pensamientos, y encima tener que explicárselos a su hermano pequeño. Luigi se puso de pie, se llevó las tazas al fregadero y una vez limpias volvió a la mesa y tomó una bolsa de papel. “Bro, tal vez yo pueda ayudarte.” Mario no estaba seguro de qué tenía Luigi en mente, pero sintió curiosidad. Luigi le reveló una caja de varillas de incienso. “Las encontré en el mercado y las compré. Esperaba que tal vez las necesitarías algún día y… tengo la sensación de que hoy las vas a necesitar. Vete al baño, yo iré contigo en breve.”
Mario se sentó en el váter esperando a Luigi y que éste último encendiese algunas velas y las varillas de incienso. Se quedó mirando lo limpio y brillante que se veía su cuarto de baño. Era bueno que Luigi se quedase en casa mientras él estaba fuera del Reino Champiñón, ya que era quien cocinaba, limpiaba y aseguraba que todo en casa estuviese bien organizado.
L: “Estas varitas desprenden un olor a melocotón… Las vas a necesitar.”
M: Solo miró a Luigi dudando. “¿Y cómo va a ayudarme esto exactamente?”
L: Tarareaba mientras llenaba de agua tibia la bañera. “Ya lo verás.” Mario sintió un escalofrío ante aquellas palabras. No era para sentirse mal, solo se sintió incómodo. “Está bien. El siguiente paso es muy importante para que esto funcione: básicamente te voy a dar un masaje, pero, sin embargo, tienes que estar desnudo. No esperarás meterte en la bañera estando vestido, ¿verdad?” El mayor se sonrojó a más no poder. “Tranquilo, yo también estaré desnudo.” Fue una petición bastante incómoda para Mario ya que no pensaba que Luigi quisiese verle desnudo. “Vamos, Mario. Ya nos hemos visto desnudos durante años, no creo que sea tan vergonzoso. Mira, aquí tienes una toalla para que te cubras.” Le pasó una toalla y se giró en dirección opuesta a su hermano. “No miraré.”
M: “*No estoy seguro de lo que Luigi tiene planeado para mí, pero… confiaré en él.*” Empezó a desnudarse lentamente. Cuando terminó de quitarse toda su ropa avisó a Luigi.
L: No perdió el tiempo y también se desnudó. Ya en pelotas se metió en la bañera. “Vamos, solo necesito que estés a mi lado.”
Mario tragó saliva. Él ya sabía que su hermanito nunca le haría nada que le hiciese daño, pero intuía que algo no iba bien, per aun así tenía que confiar en él. Metió sus pies dentro de la bañera y mientras trataba de sentarse se retiró la toalla asegurándose de no mojarla.
La habitación se sentía tranquila y con un toque agradable. Mario pensó que en verdad Luigi sí que quería ayudarle. El hermano pequeño sonrió mientras tomaba al mayor de sus hombros.
L: “Comencemos, ¿de acuerdo?”
Uy, uy, uy!
Esto se va a poner muy picante!
En el próximo capítulo, que es también el último, viene lo bueno 🌚
Nos vemos 💕