Anhelos internos

Summary

Luego de una noche alocada en un club nocturno, Amy despierta avergonzada y triste por el sueño revelador sobre un amor tan apasionado. Anhela desde lo más profundo de sí, conocer a esa persona, que aunque fuera de un tiempo y edad diferente, la había marcado en su corazón. »------------------🌺--------------------« ⁜ Fan-fic basado en el mundo de Sonic. ⁜ Historia completamente original. ⁜ Portada hecha en Canva. ⁜ Creado: 12/02/2025 ⁜ Publicado: 15/02/2025 »------------------🥪--------------------« Espero que, así como a mí, sea de tu agrado. Gracias a esas personitas especiales quienes me acompañaron en todo el proceso del fanfic, sin ellos no habría sido posible su publicación al internet. Es el primero de muchos, prometo no borrarla ❤.

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1
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n/a
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16+

Capítulo único.

Han pasado tantos años desde la última que he escuchado tu voz que ya la he olvidado. Aquella particularidad al masticar fuerte, la necesidad de proteger a todo el mundo, esa maldita costumbre de siempre llegar tarde a todos lados, que hasta el día de nuestra boda sigo recordando lo aterrorizada y destrozada que estuve pensando en que te habías acobardado.

Tú has sido el único que conoce cada defecto en mí y aún en los momentos tristes como alegres, ambos juramos pasar nuestras noches y días, hasta los últimos años de vida.

Nuestra historia no estaba del todo escrita, partiste mucho antes de lo esperado, fuiste tan egoísta al irte y dejarme a mi suerte. El odio era tanto que muchas veces intente engañarte, todo con tal de olvidar el enorme vació que dejaste en mí.

Eres un desgraciado al dejarme a mi suerte, robándote como si nada mis anhelo y sueños personal. Esas promesas rotas junto al tonto sueño de formar una familia fue enterrado y olvidado.

Eres mi maldición eterna, porque por más que intente reanudar mi vida con otro, recordaba ese brillo tan único como especial de tus ojos que nada me parecía suficiente.

Volver a casa y estar en completa soledad, sin ninguna pizca de amor o calidez, era horrible.

¿En qué momento me volví tan débil?

¿Por qué permití que me hicieras tal daño?

¿Qué pecado tan grave había cometido para sufrir de esta forma?

Durante las noches despertaba llorando teniéndote entre mis brazos, todo para que volviera a la maldita pesadilla de siempre, a la cruel y dura realidad.

Me haces sentir enferma hasta los huesos.

¿Cuándo estarás listo para dejarme ir?

¿Podré olvidarte y recordarte como lo bueno que fuiste conmigo?

Han pasado cuarenta años y aún estoy enamorada de ti, tal como la primera vez.

Lágrimas caían sobre aquellas páginas, la pluma que sostenía con debilidad aquella eriza temblaba a tal punto que el manuscrito termino por ensuciarse. Este ser lamentable, se llamaba Amelia Rose, esas arrugar bajo el pómulo de sus ojos demostraban no sólo el paso de sus años, sino también del dolor que lleva cargando. Cuentan que cada noche, antes de dormir, escribía en su diario la amargura que le causaba la falta de calidez de su amado. Su terapeuta ya le había advertido de realizar tales prácticas, necesitaba aprender a dejarlo y continuar viviendo, mas su terquedad sumada a la edad, era tan fuerte como esos sentimientos que guardaba por su marido. Sentimientos de amor que la acompañaban desde la infancia, siendo imposible olvidarlo.

Cuando finalmente logra calmarse, cierra el diario con fuerza y lo guarda en su mesita de noche, se prepara para dormir colocándose su camisón preferido de camelias rosadas, el reloj apenas marcaba las siete de la tarde, pero sus ojos sumamente cansados, la obligaron a tomarse esa merecida siesta que, con algo de suerte, no tendría que volverlos abrir para el día siguiente.

Sufría de una depresión bastante severa, ya que en cuanto tuvo el diagnóstico temía ser internada en un psiquiátrico sin la oportunidad de escapar así que tomo una decisión, la cual concluía en no volver a terapia. Tomó una medicina que contrarrestara su insomnio toda la noche, incluso hasta más.

Ver los primeros rayos de sol sólo significaban una cosa, que su deseo más oscuro no se cumplía, una vez más. Suspira decepcionada, levantando de a poquito su columna vertebral, últimamente le dolía la espalda baja como el infierno. Siendo la primera cosa que hace del día, es tomar un analgésico que le permitiera tolerar el dolor para bajar de la cama.

Antes de arreglarse, observa su reflejo, aún no puede creer que ya está en la vejez y la única prueba de ello sean sus arrugas de la cara por tanto lamento. Ni siquiera sus cabellos eran del todo grises. En lo que respecta su cuerpo, mantenía esa figura bien cuidada debido a sus cuidados en la juventud, su único problema era la espalda y su rostro, le avergonzaban a tal grado que nunca salía de casa sin su sombrero para evitar otros la miraran.

Preparada con su ropa de jardinería, pasa todo el tiempo en su jardín. La temporada primaveral le permitía disfrutar el florecimiento de sus bellas flores, emocionaba particularmente por sus tulipanes, los cuales estaban cerradas esperando el momento adecuado. Tiene todo clasificado, desde árboles, hortalizas, frutas, junto a un invernadero para aquellas caprichosas.

Ese día se sentía con ganas de salir. Procuraba no ir al supermercado cuando le faltaba leche y mantequilla, pero si era extremadamente necesario, marcaba al local y pagaba para que alguien más le abasteciera. Tampoco gastaba en joyería, ropa o zapatos, ya que le gustaba confeccionar por sí misma lo que portaba. Era alguien tan bendecida de dones, no había algo que no pudiera hacer por su cuenta.

Se cubre su cabeza con su sombrero especial, tenía un largo moño color rosa pálido que hacía contraste ante sus cabellos grisáceos y rosados. Los fuertes rayos de sol le nublan la vista que decide no colocarse sus anteojos.

Durante el trayecto, fija su mirada en un parque llena de personas. Hay niños jugando con sus padres, jovencitos tomándose de las manos de forma temblorosa, adultos tocando melodías rítmicas con sus instrumentos, ancianos paseando a sus mascotas; todo a su alrededor estaba tan lleno de vida que sonríe sin darse cuenta. En otro momento sentiría tanta envidia que sería capaz de gritar un montón de obscenidades y arruinarles su día, sin embargo el día estaba reluciente que sentía el calor recorriendo su interior.

Hoy sería uno de esos donde la depresión se desvanecía, eso hasta que tuviera una fuerte recaída. Sintió como una lágrima silenciosa recorría por su mejilla, no entiende del todo por qué su corazón se siente inquieto, le pican los ojos que quiere llorar ahí mismo, mas su vergüenza es tanta que evita parpadear, solo hasta que se encuentre más tranquila.

Un ruido interrumpe su concentración, entre dos edificios se encuentra un callejón sin salida, usado normalmente para la basura, de ahí el olor tan repugnante. Su curiosidad le permite acercarse con pasos lentos, sea lo que fuera le daría un vistazo para aprovechar en acomodarse el sombrero y limpiarse las lágrimas.

Observo a un sospechoso hurgando entre las bolsas de basura, se le notaba molesto porque rompía bolsa tras bolsa, quizás buscando algo de valor. Aunque aquel indigente no parecía como tal uno, ya que llevaba una camisa de vestir blanca arremangada hasta los codos, incluso sus manos estaban cubiertas por guantes obscuros. Estaba por charlar con él cuando un maullido salió entre la basura.

La pobre peluda criaturita lloraba por la falta de aire, aquel indigente tuvo la amabilidad de tomarlo entre sus manos a pesar de estar mojado de algún líquido contaminado.

—No tengas miedo, no te haré daño— susurro en voz baja para que solo le escuchara el minino, lo llevo hasta su pecho y este se calmó, con unas cuantas palabras consigue ganarse su confianza y afecto.

El corazón de Amy se enterneció ante tal gesto, fue entonces cuando sus ojos se encontraron, que sintió que este le había robado el aliento. Ojos de color escarlata brillaban con tal intensidad debido al reflejo del sol que no notó la incomodidad del caballero, su mirada estaba fijada en el pecho afelpado del desconocido que junto al gatito le daban una apariencia tierna.

Sospechó de inmediato de su origen extranjero, no había visto a nadie con tal apariencia en todos sus años de vida. Lo miro de pies a cabeza, aquellas franjas rojas con grises contrastaban tan bien a su pelaje oscuro, incluso esa camiseta de botones que se encontraba medio abierta le permitía ver un poco de su piel junto a unas marcas que solo le incitaban su curiosidad.

—¿Se te ofrece algo?— esa tonalidad en su voz provocó escalofríos bajo su piel. Pidió disculpas en su mente por tales sensaciones, sobre todo a su amado por pensar en alguien desconocido de esa forma.

Tomó aire por la boca y lo soltó para controlarse, ya no era una joven adolescente, debía comportarse acorde a su madurez.

—Disculpé usted, estaba paseando por aquí cuando vi algo sospechoso— miró al gatito con dulzura y sonrió —no sabía que encontraría un caballero que rescate felinos—

El desconocido se perdió entre esa sonrisa, no podía observar sus ojos debido al sombrero, pero aquella sencillez le fascino. Pocas veces tenía la oportunidad de hablar con mujeres, por lo que a la inexperiencia no supo qué contestar.

—¿Te importa si lo cargo?— se acercó a una prudente distancia para tomarlo entre sus manos al pequeño, apenas y lograba abrir sus ojitos, se trataba de un recién nacido. —que pecado tan grave asfixiar a un indefenso, esos bastardos deben pagar por tal crimen—

El otro solo asentía a su comentario, los nervios le impedían articular palabra alguna, ¿qué respuesta podría ser de su agrado?, mucho antes de que llegarán al silencio incómodo, pensaba en un montón de respuestas.

—Mi nombre es Amelia Rose, es un gusto conocerlo caballero de guante negro— extendió la palma libre como mera formalidad.

—Shadow, el gusto es mío—

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La calidez de la noche era acompañada por un buen vino, la rosada se encargaba de sacarle plática mientras que Shadow se encargaba de preparar un platillo de origen asiático. Amy lo miraba desde el otro lado de la mesa admirada por ingredientes y condimentos desconocidos.

—Entonces dices que su nombre es Kom Kai, pero que se traduce como ¿sopa de pollo?— soltó una carcajada por la rareza del nombre, el alcohol en su mente hacía verle que todo era gracioso, apenas era su primera copa pero ya se encontraba seriamente ebria.

—Es Tom Kha Kai, originario de Tailandia, combina sabores cítricos, dulces y un ligero picante— colocó en una olla hirviendo el galangal, citronela, ajos, chiles y unas cuantas hojas de lima kafir. Cubrió la olla para evitar que el contenido se evaporara, debían esperar al menos unos cinco minutos para añadir la proteína. —fue suficiente vino para ti, así no podrás saborear bien la comida— tomo su mano con delicadeza para quitarle su copa, dejándola en el fregadero junto a los otros trastes sucios.

Amy no paraba de admirarlo, había ciertamente algo en él desde aquel día en que se conocieron. Su apariencia siempre era de las más elegantes, nunca lo verías puesto en pantalones cortos, ni mucho menos en colores llamativos como el amarillo. Se sorprendió al descubrir que tenían la misma edad, con una mínima diferencia de dos años. ‘Todo un traga años’, pensó.

—¿Por qué viajabas tanto? ¿no tenías una novia o amante a quien ver?— su lengua se volvía cada vez más suelta, sin una pizca de consideración preguntando cosas personales cuando ella misma había dicho que no compartiría información personal.

Ninguno de los dos quería hacer mención sobre su pasado, como si eso mismo fuera un tormento del cual no quieren recordar.

—No tengo a nadie importante esperándome en casa, mis viajes solo se tratan de trabajo— se acerca con pasos tímidos a la rosada, moviéndose de un lado a otro temía por su seguridad, la toma del brazo para servir de apoyo —te llevare al sofá para que estes cómoda.—

Una ligera melodía sonaba por la radio, tarareo la melodía como si la conociera de toda la vida, sus propios pies tomaron fuerza y corrió a subir el volumen.

—¡Ven, ven bailemos un poco!— tropezó con sus pies, siendo capturada por los bien formados brazos del otro. —Perdona, estoy algo mareada, pero realmente quiero bailar contigo.—

La canción era algo rápida para realizar un vals, que con el poco conocimiento de baile de Shadow se encontraba en un aprieto, además la canción extranjera tenía dobles intenciones que para Amelia, eran desconocidos. Sus músculos se tensaron debido al nerviosismo, nunca había sentido otra vez incomodidad desde que la conoce, solo que detrás de esa inquietud se encontraba un sentimiento tan único, que solo ella provocaba en él.

Con valentía se atrevió a tomarla de las caderas con firmeza mientras que las manos contrarias viajaron hasta la anchura de sus hombros.

—¡Estás demasiado rígido!— se quejó su compañera, masajeo los músculos provocándole escalofríos.

—Amy… detente— contuvo la respiración con tal de no dejar salir un sonido en particular. Para él esa era una zona sensible, tenía un dolor que ni los doctores podían confirmar con certeza que era.

Alright now, are you on my side?

La canción estaba al tanto de su situación en cuanto Amy obedeció. Lograron mantenerse al ritmo de la melodía con un baile bastante improvisado.

How I’ve got a secret to tell you

Cause I know that you haven’t heard

But what if I told you just how much I need you

I’ve got some news to tell you

Do you need me too?

El corazón del caballero estaba latiendo con fuerza que incluso los dedos de sus manos comenzaban a enfriarse. La sangre no circulaba de forma adecuada, ya que toda se iba a sus mejillas levente sonrojadas, estaría mintiendo si no se sentía algo identificado con la letra de la canción, y es que con cada salida casual con Amelia, todo se sentía irreal. Ni siquiera las experiencias que tuvo tras visitar otros países se comparaba con su compañía.

Ella siempre lograba sacarle una sonrisa de alguna manera, su forma pasivo-agresivo de responder, la forma en que cuidaba de su jardín con tanta dedicación, cada conjunto de moda que se inventaba era tan único que le quedaba a la perfección. Conoció sus costumbres como el por qué siempre cubría la mitad de su rostro, no le gustaba mostrar al mundo lo bella que era.

Ante sus ojos era así, hermosa, tanto por fuera como por dentro no había nada más puro que ella. Y su nombre, cielos, no había nombre más perfecto que ese.

Por muchos años todo le parecía tan insignificante que tener el gusto de conocerla le cambio su perspectiva. Estaba tontamente enamorado del color rosa que representaba mas la vergüenza y miedo a perder su preciada amistad, le impedían decir lo mucho que la amaba.

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Con la mirada perdida en su vaso vacío, su amiga tenía la ligera sospecha de que Shadow estaba perdidamente en el amor. Esa actitud malhumorada e indiferente había cambiado por una más tímida y silenciosa. Era increíble verlo en esa faceta de tonto enamorado que estaba deseosa de interrogarlo para sacarle toda la verdad, algo que disfrutaría como parte de su diversión nocturna.

—Y bien, ¿quién es esa señorita que te tiene bien adiestrado?— sirvió sobre la barra del bar un champagne espumoso hasta el límite de la copa.

—Se llama Amelia— la respuesta inmediata por parte del otro la mantuvo inquieta, ¿Shadow confesando el nombre de su amada? ¿estaba ya borracha? —tiene el cabello rosado, siempre se la pasa en su jardín, sus flores favoritas son las camelias, ella siempre huele a vainilla, su color favorito es el lila, se pondrá inquieta sino tiene su sombrero al salir, también...—

—Espera, espera, espera…— tomó un gran trago a su bebida, era tanta información por procesar que realmente lo necesitaba —¿estás enamorado de ella?—

El largo silencio y su rostro oculto entre sus brazos, era la confirmación que necesitaba. Rouge pasó una mano por su cara para cubrir su felicidad. Su amigo de tantos años finalmente estaba dándole una oportunidad al amor. Deseaba conocerla en persona y agradecerle por existir.

—Otra pregunta ¿es de tu edad, cierto?— como mera precaución para confirmar que no era una jovencita aprovechándose de la inocencia de su compañero.

Lo único que escucho fue el golpe del vaso sobre la mesa —de acuerdo, solo quería asegurarme, como buena amiga que soy, me preocupo mucho por ti—

—Solo son dos años de diferencia, no es para tanto— se levantó de su asiento para tomar del bolsillo en su abrigo algunos billetes. Lo dejo sobre la mesa para irse a la salida, en unos treinta minutos tenía que reunirse con ella.

—¿Y cuándo piensas decírselo?— esa misma pregunta se la hacía él mismo, aquel miedo interminable de perderla no se comparaba con la emoción de querer gritarlo a los cuatro vientos.

—No lo sé— susurro cabizbajo, eran tantas emociones con las cuales lidiar —me gusta lo que construimos, no pienso romperlas solo por estos estúpidos sentimientos—

—¡Oye! ¿crees que María y Sonic aceptarían que dijeras algo así? Ellos deseaban tu felicidad, y estoy seguro de que Amelia siente lo mismo— se interpuso en su camino para que no diera un paso más. Ahora Shadow estaba molesto por la mención de esos nombres.

—Apartate de mi camino Rouge, eso ya pasó hace años, esta olvidado— su fuerza abrumó por un momento a la albina, pero no se rendiría tan fácil

—¡Escucha lo que dices Shadow! Si tanto aseguras que los ‘olvidaste’ ¿qué te impide ser sincero por una vez en la vida?—

—¡No quiero hacerla sufrir!— elevo su voz que se sintió apenado por ello. Tomó un poco de aire para calmarse y continuó —tú sabes por qué deje esta ciudad, el por qué hasta este año no dejaba de vagar por el mundo, ese mismo motivo por el cuál no he dejado de pelear contra estas malditas alucinaciones, no es fácil hacer el trabajo de Sonic, todos lo admiraban como un héroe, era la esperanza que ellos necesitaban, pero se fue hace muchos años. Yo... no soy... nadie, ni nada que se le pueda comparar y aún asi me encargo de limpiar su desastre desde la oscuridad, porque es algo que le prometí, a él y a ella.— su habla se entrecortaba mientras más recordaba el pasado, no quería rememorar esos eventos, odiaba sentirse atrapado en ese tiempo —Amelia necesita a alguien mucho mejor que yo. Necesita de alguien que pueda ser su apoyo, su compañero de vida, que esté presente cada segundo, minuto, hora, hasta el último suspiro, no sabes cuanto es mi deseo de ser yo esa persona, ser su compañero de vida, pero no puedo, yo no soy...— Contenía con todas sus fuerzas las ganas de llorar. En verdad la amaba, así como a su hermana María, quien falleció durante la guerra. Incluso a Sonic le tenía cierta estima, ya que fue quien lo acompaño durante su estrés pos-traumático. Cuando se enteró de que ambos perecieron, toda esperanza se apagó, así como sus ganas de vivir.

No podía contaminar algo tan puro y noble como ella, no soportaría saber que podría lastimarla, de solo pensarlo se horrorizaba. Aún tenía pesadillas del pasado, esas imágenes son tan vívidos que lo ponían violento, a tal grado que tenía que ser detenido por la policía. La guerra había acabado desde hace años, pero su pobre mente lo enviaba a aquel lugar de muerte.

—Shadow, tú al igual que otros merece ser amado, todos tenemos algo que no nos gusta, pero las personas que te aprecian, así como Amelia y yo, aceptaremos cada defecto de ti, por el simple hecho de que te amamos— tomo entre sus brazos al cuerpo inmóvil del erizo, acariciando lentamente su espalda en forma de consuelo —perdóname por no estar ahí para ti, necesitabas una amiga que te apoyara, que te escuchara, no tenía idea de cuan aterrado estabas.—

El otro sollozaba en silencio, estaba cansado de vivir pero necesitaba permitirse ser sincero con lo que verdaderamente sentía, necesitaba a Amelia en su vida, y decirle lo locamente enamorado que está.

—¿Sabes? Se me ocurre una idea genial, ¿por qué no traes a tu dama especial? Prepararé una cena especial en el techo, beben un poco, bailan, charlan, lo que quieran, pero debes decírselo—

No hubo respuesta, al menos había logrado calmar su respiración. En tanto a Shadow se le bajara el bochorno por mostrarse débil, le agradecería porque un peso que llevaba cargando por tanto tiempo se había desvanecido.

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Tocó tres veces el timbre de la casa. El corazón le latía tan rápido como si hubiera recorrido un maratón pese a ir en coche, si seguía así se desmayaría de los nervios. Esperó y esperó, mas no recibía respuesta. La preocupación iba en aumento, una dama que vive sola podría estar en peligro ¿qué tal si se cayó de la ducha? o peor aún ¿estaba en medio de un ataque cardíaco?

Siendo de vida o muerte, decidió tomar el juego de llaves oculto tras una maceta. Adentrándose al hogar que estaba en completa oscuridad, logró escuchar sollozos en la planta alta. No pensó en nada más que en ir corriendo al segundo puso.

Mientras tanto, Amy yacía sobre un montón de fotografías junto a su marido, no dejaba de llorar recordando su rostro, aquellos recuerdos de la juventud donde se hicieron un montón de promesas sin cumplir. Estaba hundida en la más profunda miseria ya que había dejado entrar a otro hombre que no fuera él en su corazón.

Pedía perdón de tantas inimaginables, por la forma en que anhelaba el calor del otro, de convivir juntos en la cocina, por bailar cerca uno a lado del otro, por estar estúpidamente enamorada de Shadow The Hedgehog. Aquellas mariposas decrépitas no dejaban de revolotear por todo su sistema digestivo, como si esa versión joven de sí misma tuviera vida una vez más.

No podía aceptar esa realidad, una en la que poco a poco se estaba olvidando de su marido, y comenzaba una vida nueva a lado de otro. No estaba lista, aún no.

Se asustó en cuanto vio al origen de tantas emociones, tembló ante su mera presencia, que aquellas revoltosas bailaron con más fuerza. Tendría que vomitarlas solo si eso ayudaba a dejar de sentir tales sentimientos.

—Amy, ya estoy aquí— se agacho junto a ella al suelo e intento tomar sus manos para levantarla. Ella fuera de sí, lo aparto de un manotazo, estaba furiosa, nadie tendría porque verla débil, mucho menos llorando.

—¿Cómo entraste?— su dulce voz se transformó en una hostil, esa mirada sin vida y esas ojeras oscuras solo demostraban lo corrompida que se encontraba. —lárgate no quiero verte ahora— una punzada en su corazón le atormento, era mentira, una muy cruel, como deseaba estar ahora entre sus brazos, abrazarlo y obtener algo de calidez, pero no podía hacerlo, ¡no debía!

—Amy escúchame, incluso si me odias no puedo dejarte de ese modo, háblame, dime que puedo hacer por ti— Shadow intento mantenerse fuerte, los nervios que antes tenía ahora se volvieron en una profunda frustración, tenía muchas preguntas que hacerle, pero esperaría a que se tranquilizara.

—¡Déjame sola!— alzó la voz alterada, ya no podía soportarlo, estaba totalmente rota, la culpabilidad solo se hacía más y más grande —¡vete, no quiero verte ahora, lárgate déjame sola!— sus lágrimas por más que intentaba contenerlas no podía detenerlas. Le había gritado, lo estaba alejando, negaba a toda costa cualquier sentimiento romántico, aún tenía un marido a quien le guardaba fidelidad y respeto.

El azabache grisáceo se levantó, estaba destrozado por cómo iban las cosas, no era lo correcto, esa frustración solo iba en aumento, no podía dejarla así sin nada más, no cuando comprendía el terror de amar a alguien —Amelia Rose yo…— su voz titubeo, aquella seguridad que siempre portaba se desvanecía a cada segundo —estoy profundamente enamorado de ti, tenía que decírtelo, necesitabas saberlo— su corazón estaba al mil, quizás su oxigenación estaba dentro del límite más bajo y por eso la sensación de que se desvanecía, pero mantuvo la compostura firme.

—Yo no te amo…— la respuesta inmediata de la dama hizo que su corazón se quebrara, —no te amo, así que ahora lárgate de aquí—

Ni siquiera miró cuando se marchó por la puerta, solo cuando la puerta se cerró fue que pudo gritar y llorar, como desde un principio quería.

Amaba a Shadow, pero ¿que debía hacer con los recuerdos de su marido? Ambos tenían 28 años en aquel entonces, fueron dos años de matrimonio y siete de noviazgo. Eran hechos el uno para el otro, pero el cruel destino tenía que separarlos a una edad tan temprana, cuando apenas florecía el amor más duradero y eterno.

El trabajo de Sonic nunca fue algo fácil de llevar. Siempre lo podías ver ir de un lado a otro, ayudando a cada persona necesitada. Durante la guerra se encargaba de estar frente a las líneas enemigas, era el más rápido de entre tantos soldados, incluso le otorgaron medallas por su papel tan importante. Amelia sufría en cada partida, tenía miedo de que un día de esos no volviera, que se lo arrebataran. Una de esas promesas era que se casarían tras finalizar la guerra, fue un hombre de palabra que en esa misma semana contrajeron matrimonio.

Esos dos años fueron lo más felices de su vida, que ninguno de los dos espera esa enfermedad recién conocida como leucemia. Lo amo de principio a fin, que verlo en aquel ataúd parecía irreal, una pesadilla. ¿Cómo alguien quién decía ser tan libre como el viento, termina enterrado bajo tierra? No podía aceptarlo, era una mentira, ¿a dónde se había ido su marido? ¿dónde estaba aquel chico que amaba?

Quería irse con él, cuando estuvieran arrugados como pasas. Deseaba que fuera el padre de sus hijos. Su duelo era tan grande que no podía seguir respirando, un mundo donde le hacía falta su otra mitad. Intento quitarse la vida, pero en cada intento sucedía algo sobrenatural que no podía lograr tal cometido, pensó que se trataba de un castigo por parte de su marido.

Desde que conoció a Shadow, hace meses; dejó de escribir en su diario su sentencia de muerte. Ya no necesitaba de pastillas para conciliar el sueño, podía hacer cosas que antes le hacían feliz sin esa urgente necesidad de llorar.

Ahora su mente estaba inundada de Shadow, de lo mucho que le agradaba su compañía, junto aquellas peculiaridades que le hacían tan distinto de su marido. Su timidez era lo que más le gustaba, verlo nervioso por cosas tan sencillas como bailar, ese silencio que transmitía le daba calma, la forma tan atrayente de vestir tan elegante junto a su dialecto cuando hablaba otros idiomas, esa modestia en demostrar que no era bueno en todo, el olor a lavanda le daban paz, algo que buscaba desde hace muchos años.

Estaba cautivada, su perfección era incomparable a Sonic, quien siempre fue desordenado y caótico, no había situación donde no metiera la pata, que hasta fragancia exclusiva fue de chili con carne.

Por primera vez en mucho tiempo, logró sonreír ante sus recuerdos. Entre sus memorias recordó su primera cita como novios, estaba empapado de sudor y tierra, traía unos girasoles maltratados por la prisa. Pese a todo siempre sabía que decir y hacer para enamorarla, nunca le falto cariño. Se sentía tan segura y protegida en sus brazos, que deseaba que ese calor jamás se apartara.

Las cosas ahora eran diferentes, Shadow estaba dominando cada uno de sus recuerdos. Cuando lo vio cargar ese gatito supo de inmediato que era todo un caballero. Le transmitía su mera presencia seguridad y protección, con solo una palabra, el mínimo contacto de sus manos, deseaba más de él.

Volvía a derramar lágrimas, dijo cosas que no sentía en realidad, lo alejó sin estar consciente de sus palabras. Necesitaba buscarlo cuanto antes, disculparse y decirle la verdad, no podía perder otra vez el amor de su vida. Ya no tenía tanto tiempo como antes, necesitaba confesarse.

Ella lloraba, dijo cosas que no sentía, lo alejó sin querer. Debía buscarlo cuanto antes, disculparse y decirle la verdad, no iba a perder otra vez al amor de su vida.

Afuera estaba por oscurecer que aun así tomó su sombrero para buscar a su amado. Ninguno de los dos usaba teléfono por lo que sería difícil encontrarlo, tuvo que vagar por todos los lugares que habían visitado, los parques, museos, jardines botánicos, restaurantes, pasó más de dos horas recorriendo media ciudad sin ninguna pista.

Estaba comenzando a perder las esperanzas, ¿y si jamás volvía a verlo? Le picaban los ojos de tanto llorar, sus pies ya estaban inflamados debido a la insuficiencia venosa, necesitaba tomar un descanso, pero no podía, no debía darse por vencida.

Un último lugar le faltaba por visitar, recordó entre sus más íntimas conversaciones como le gustaba visitar un bar refinado, con mejor licorería, aunque dejó el alcohol hace años siempre iba por la buena música y ambiente.

Llegó arrastrando los pies hacia el local, y ahí estaba, sentado sobre una silla de cuero, con medio cuerpo acostado sobre la barra de licores.

Se acercó lo suficiente para ver que su vaso estaba tirado sobre la mesa a su lado había una botella de agua mineral, sonríe de alivio porque está libre de alcohol. Si se hubiera emborrachado se sentiría más culpable.

Intento despertarlo, acariciando su mejilla con delicadeza después continuo con esas líneas rojas sobre sus párpados. A esa distancia podía ver como tenía arrugas más marcadas en su frente, causadas probablemente por fruncir tanto.

—Shadow despierta, hay algo que quiero decirte…— estaba cerquita de su oreja que le provocó cosquillas, con eso logró entreabrir los ojos.

Estaba medio consciente qué creyó que estaba alucinando, murmuró el nombre de su amaba, y ella logró ver las ojeras bajo sus ojos, había llorado tanto como ella. Se irguió sobre su silla, y toco su frente para recordar donde estaba. El sueño aún pesaba sobre sus párpados.

—Shadow perdóname, no quise gritarte ni mucho menos quería lastimarte, yo… no, sé que ahora mismo me odias, y lo siento tanto de verdad, no quería… no era verdad nada de lo que- —

—Amy, ¿eres realmente tú?— sus manos tocaron sus mejillas con tal delicadeza que pudo sentir el calor a través de sus guantes. Estaba por llorar por el simple contacto, esas mariposas tan hermosas revolotearon sobre su estomagó que esta vez era agradable.

—Shadow yo- —

El sobrero que portaba Amy cayó en cuanto Shadow la acerco para besar sus labios. Esta vez, en vez de alejarlo lo acercó más hacia ella. Estaba lista para dejar atrás a su marido y empezar de nuevo.

En cuanto al erizo se enteró de su atrevimiento, quiso alejarse por la vergüenza, pero no lo permitió aplastando con más fuerza sus labios. Eso hasta que el aire era insuficiente para procesar todo lo que estaba pasando.

Un estruendoso aplauso espanto a la pareja, alejándose uno del otro con sus rostros colorados. No tenían donde ocultar la cara ante tal descaro.

—¡¡Bravo!! Felicidades a esta parejita, por favor no se avergüencen, estamos en confianza—

Shadow fue el primero en despertar del trance en el que estaba. No era un sueño lo que estaba pasando, había besado a Amelia, y se sentía como el hombre más feliz de la tierra, mas su indecoroso movimiento aún le generaba bochorno que se arrodillo en un pie frente a ella para disculparse —Perdóname Amy, creí que estaba en un sueño, no quise ser irrespetuoso—

—No Shadow, yo debo ser quien se disculpe no debí gritarte ni pedirte que te fueras de esa forma— su rostro estaba escondido por sus manos, al no tener su sombrero sentía inseguridad con Rouge ahí presente.

Se levantó y la guio a la azotea del establecimiento para hablar, había olvidado un detalle, y es que las decoraciones que había preparado su amiga seguían ahí. Dándole su espacio a la recién pareja, lograron hablar con más calma sobre lo sucedido.

Ella le dijo todo, que enviudo joven y que aún no podía superar el duelo. Como también que el detonante de su locura fue cuando acepto que estaba enamorada de él.

—Entonces estabas casada— afirmó Amy con un simple gesto. Saco de su cuello una cadena junto a una sortija de la cual nunca se quitaba, ni siquiera para bañarse. Ahí guardaba con tanto recelo el anillo de matrimonio. Estaba lista y decidida para mostrárselo a Shadow.

—Fueron solo dos años de matrimonio ya que enfermo, los médicos no lograron detectar su enfermedad a tiempo, falleció de leucemia en la mejor etapa de su vida— Observó la inscripción impresa en el anillo, se sorprendió en cuanto leyó el nombre de su mentor, Sonic Maurice The Hedgehog.

—Amy, yo conocí a tu marido—

—¿Qué...?— Era imposible que Shadow conociera a su marido, ¿o tal vez sí? Después de todo, también estuvo en la guerra, pero que fuera él era una coincidencia muy exacta.

—Me ayudó cuando era prisionero de guerra, aún después de recibir tratamiento médico se quedó conmigo hasta estar seguro de que podía seguir por mi cuenta. Era molesto metiéndose donde no le importaba, pero... fue un gran chico, lo más probable es que ya estuviera podrido en esa celda, de no ser por su amabilidad—

Amy seguía sin poder creerlo. Tal vez y solo eso era obra del destino. Uno que Sonic tenía planeado desde mucho antes, como si supiera prever lo que sucedería en un futuro. Abrazo por el costado a Shadow, estaba agradecida por los cuidados de Sonic hacia él. Sus dos personas favoritas no estaban tan lejos como creía.

—Gracias por quedarte—

—Lo mismo podría decirte—

Aún había mucho que decir, pero nada importaba más que ser solo ellos dos. El silencio, la brisa, la tenue luz de la luna. Desde ahora podían estar juntos sin ninguna restricción por parte de ambos, aprenderían a vivir lado a lado, como uno solo.

—Te amo, Shadow The Hedgehog—

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Ver los primeros rayos de sol sólo significaban una cosa; uno donde su deseo por dejar el alcohol no se cumplía, una vez más.

Su cabeza sufre de lo que es la peor resaca de su vida, además hay un dolor peculiar en la espalda baja. Se remueve el cabello y las púas para ver mejor. Intenta levantarse pero un peso ajeno se lo impide. Mira a su lado esperando ver a su amiga Rouge, grande fue la sorpresa al ver que entre sus sábanas se encontraba el mejor amigo de ella.

Los nervios le invaden, no recuerda nada de anoche, se mira a sí misma como vil pecadora, en busca de marcas que revelaran tal acto indecoroso. No esperaba que su primera vez fuera con alguien a quien apenas conocía, estaba entre llorar de la frustración o golpear al erizo atractivo con la almohada hasta asfixiarlo. Tenía mucho miedo en quedar embarazada.

Finalmente, recobro la cordura e hizo lo que cualquier mujer sensata haría.

Huir.

—¿A dónde vas?— la voz ronca y viril le hicieron recorrer chispas en cada terminación nerviosa de su cuerpo. Voltea temerosa hacia su acompañante. La verdad, es que feo, feo, no era; todo lo contrario, era el sujeto más atractivo que había visto. Si es que sale embarazada criaría a sus hijos por su propia cuenta y los amaría.

—Yo... eh, no recuerdo que paso anoche— confesó con cierta timidez, no sabía dónde esconder la cara, ¿cómo pudo olvidar a un hombre tan jodidamente atractivo?

—Será mejor que no te levantes— el desconocido se fue al otro lado de la cama para buscar su ropa. Amy pudo confirmar con solo ver su espalda lo inevitable, rasguños, y eran demasiados. Quería morir ahí mismo.

—Oye, anoche tú y yo...— se cubrió con las sábanas su rostro, no podía con la vergüenza.

—No— dijo a secas.

—¡¿QUÉ?! ¡Y, y, ¡¿qué hay de esas marcas que tienes en la espalda?!— la sábana que servía como escudo fue arrancada por el otro.

—No sucedió nada, tuviste una intoxicación y Rouge me pidió que te cuidara, como no dejabas de moverte me quede a tu lado toda la noche— su mirada inexpresiva casi me hace creerle, pero algo no concordaba con esa historia.

—¿Y qué me dices de esas marcas en tu espalda?— aún no podía mirarlo directamente a los ojos, el bochorno aún seguía presente, su corazón latía como loco.

—¿Eso? Ah... son cicatrices, ya las tenía desde mucho antes de conocerte— termina de colocarse su playera, que al parecer estaba manchada por algún líquido. —por cierto, me debes una camiseta nueva— sin más que decir toma sus cosas y se va.

Amy no sabe qué hacer pero, definitivamente dejara de beber si es que quiere vivir por más años.

—Al menos Shadow fue amable en cuidarme...— meditó en sus palabras, descubriendo que de alguna manera solo conocía el nombre del erizo. Había algo en él que se le hacía familiar, debe ser el sueño tan raro que tuvo, ya que es lo único fresco en su memoria.

Se acuesta en la cama por completo, se siente rara, su corazón no ha dejado de latir y tiene algo en el estómago que revolotea de una forma que no le incomoda. Quizás ese sueño extraño era un anhelo bastante escondido en su mente de cómo quiere un romance, pero que sea Shadow el coprotagonista de su historia le genera inquietudes.

La próxima vez que lo vea comenzara las cosas con el pie correcto.

FIN

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Finalmente logré mi propósito en este año, publicar una historia de mi ship favorito y no borrarlo en el primer intento.

Tengo muchas cosas que decir al respecto, pero he preferido guardarme todo para mis pensamientos, quiero que cada quién de su propia interpretación de este fic.

Pero si quieren saber la mía, es que si sucedió lo que ‘soñó’ Amy. Claro que, en un tiempo diferente, entre lo que fue la Segunda Guerra Mundial. Tuvo la oportunidad de ver su antepasado, ¿qué cómo?, es un fanfic, ya no quiero pensar en la lógica de todo esto.

Intentare hacerme una meta, que cada mes haga publicación de una historia que tenga, sea one-shorts o una historia completa. Ahí me dicen si lo cumplo o no, je.

Gracias a esas personitas que me apoyaron desde el principio en esta idea, solo ellas saben (si es que se acuerdan) como surgio esta idea.

Me gusto, y pues así queda. Mientras sea de mi agrado no importa lo demás, ni las visitas, ni las estrellitas, etc. Soy feliz de mi primer fic Shadamy.

Nos vemos el siguiente mes (si es que sobrevivo).